Madres migrantes dejan familia, trabajo y gastan sus ahorros por una pista de sus desaparecidos
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Ana Alicia Osorio

Madres migrantes dejan familia, trabajo y gastan sus ahorros por una pista de sus desaparecidos

Las mujeres que necesitan recorrer México lo hacen porque de otra manera no obtienen información sobre sus familiares desaparecidos en su tránsito por el país, aquí buscan aunque sea una pequeña pista; muchas viajan de El Salvador, Honduras, Nicaragua y Guatemala.
Ana Alicia Osorio
Por Ana Alicia Osorio
28 de octubre, 2018
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Durante días Yolanda Ramírez no durmió. Ella tenía que terminar las faldas y vestidos que le habían pedido, antes de poder viajar a México a buscar a su hija.

Yolanda vive en un poblado de El Salvador de donde su hija, Ana María Ramírez Recinos, salió hace 11 años con el sueño de llegar a Estados Unidos, como muchas otras personas lo hacen. Pero como también muchos otros −70 mil, según estima el Movimiento Migrante Mesoamericano −desapareció en su intento de cruzar México.

Desde entonces, Yolanda dedica todos sus esfuerzos, tiempo y dinero a buscarla sin importar que para eso deba tener más de un trabajo informal o simplemente no duerma.

Ella vive de confeccionar ropa y cocinar popusas (una comida salvadoreña), lo que le permite tener ingresos, pero al mismo tiempo contar con tiempo para viajar a las búsquedas, si lo requiere.

Durante más de tres semanas su puesto estará cerrado y su máquina de coser mecánica detenida, pues se unió a la Caravana de Madres Migrantes que viajaron de El Salvador, Honduras, Nicaragua y Guatemala para buscar a las personas desaparecidas en su tránsito por México.

Esas tres semanas no tendrá ingreso alguno y además deberá gastar en el viaje t todo lo que ello implica; sus primos decidieron ayudarla económicamente.

El trabajo no es lo único que Yolanda dejó para recorrer más de 40 mil kilómetros en México con la fotografía de su hija colgada al pecho y la esperanza de que alguien la haya visto. También dejó a su nieta de 5 años de quien nunca se despega, aunque decidió no despedirse de ella para evitar el llanto.

Como ella, 30 mujeres, entre madres y hermanas, se unieron a la Caravana, dejando en su país a sus hijos pequeños al cuidado de otras personas y trabajos (muchos informales) o gastan el ahorro de sus vidas. Todo por volver a ver a su ser querido.

Lee: Caravana migrante rechaza plan de empleo de EPN; llega a Oaxaca pese a cerco de la PF

Gastan todos sus ahorros

Rosa Idalia Jiménez dejó el sueño americano que estaba viviendo por recorrer una ciudad tras otra, con el rostro cansado, para hallar a su hijo Roberto Donai Canales. Ahora gasta en la búsqueda todos los ahorros que logró.

Ella y su esposo habían viajado a Estados Unidos con la intención de establecerse con toda su familia allá, por eso en cuanto pudieron, en 2013, le pidieron a su hijo que viajara desde El Salvador con ayuda de un “coyote”. Les llamó desde México y les dijo que necesitaba dinero. No volvieron a saber de él.

De Estados Unidos regresaron a El Salvador para poder darle seguimiento a la denuncia que había presentado la abuela de Roberto, pero de la que hasta ahora no han tenido avances.

La misma Fiscalía les mandó con el Comité de Familiares Migrantes Desaparecidos de El Salvador (Cofamide) para que les apoyara en la búsqueda. Con ellos Rosa Idalia conoció la caravana por México y salió al camino.

“Me tuve que venir, perdimos todo, nosotros perdimos todo, todo, todo por venir a buscarlo (…) nos está costando 9 mil 500 dólares, con los ahorros, uno por sus hijos hace todo, no le importa a uno quedarse sin nada”, dijo.

Para las mujeres que integran la Caravana implica un gasto, pero no todo lo que sería venir por su propia cuenta.

Las organizaciones que la dirigen buscaron diversos donativos y fondos para poder cubrir parte de los gastos como el camión en el que viajan todas juntas y algunos hospedajes en humildes hoteles.

Además, asociaciones civiles que las van recibiendo en el camino se solidarizan con ellas y les entregan agua, comida, o en el caso de los albergues un lugar donde pasar la noche para al día siguiente continuar con su búsqueda.

Ana Alicia Osorio

Buscar a la distancia 

El viaje no lo hacen por gusto o desconfianza. Las mujeres que necesitan recorrer México lo hacen porque de otra manera no obtienen pistas de sus seres queridos.

Los países centroamericanos tienen sus mecanismos para presentar denuncias por quienes desaparecieron en el extranjero, pero que según las familias no están funcionando.

Por ejemplo, informó Eva Ramírez de la Unión Nacional de Familiares de Migrantes Desaparecidos de Honduras (UNFMDH), hace unos 5 años fue creado el Mecanismo de Apoyo Exterior, donde reciben las denuncias para hacer la búsqueda en México.

Pero éste solamente recibe casos recientes pues aquellos de más de una década los descarta; además, pese a las denuncias no les dan a conocer ningún tipo de avance.

“Hasta en nuestro propio país nos sentimos fracasados (…) hemos recibido una bofetada de nuestro gobierno porque no nos ha ayudado a buscar”, sentenció.

Reina, integrante de la UNFMDH, afirmó que por eso los familiares, en su mayoría mujeres, deben realizar la búsqueda por sus propios medios.

Señaló que según un estudio que hicieron en conjunto con una organización de médicos, la mayor parte de las familias de personas migrantes desaparecidas tienen enfermedades como depresión y diabetes, derivados de la situación que enfrentan.

En ese panorama de enfermedades, pobreza e inseguridad, las mujeres recorren la ruta migratoria con un poco de esperanza que les deja el saber que alguien, aunque sean ellas, está buscando a su ser querido.

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Birmania: decenas de miles se manifiestan contra el golpe de Estado en las mayores protestas en décadas

Este sábado la ciudad más grande del país asiático vivió las protestas más multitudinarias hasta la fecha contra el nuevo régimen militar, que se impuso en el poder con un golpe el pasado 1 de febrero.
Por BBC News Mundo
7 de febrero, 2021
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Birmania vive días convulsos.

Los gobernantes militares, que tomaron el poder el lunes con un golpe de Estado que atajó abruptamente la frágil democracia birmana, han bloqueado la internet en el país mientras miles de personas salen a la calle a protestar.

A la multitudinaria manifestación del sábado en Yangón, la antigua capital, le siguió otra este domingo que no solo es la más grande hasta la fecha contra el nuevo régimen militar, sino la mayor en décadas.

“No queremos una dictadura militar. Queremos democracia “, coreó la multitud, ataviada con camisas rojas y sostenía globos del mismo color, que es el del partido de la depuesta Aung Suu Kyi.

Los automóviles y autobuses reducían la velocidad para hacer sonar sus bocinas en apoyo, con muchos haciendo el saludo de tres dedos, un símbolo de desafío contra el autoritarismo en la región.

También se re realizaron manifestaciones en más de una docena de otras ciudades.

“Tenemos que acabar con esto ahora”

Los manifestantes son trabajadores de fábricas y estudiantes, pidieron la liberación de los detenidos por el ejército, incluida la líder electa Aung San Suu Kyi.

“Estamos aquí para luchar por nuestra próxima generación, para liberarlos de una dictadura militar“, dijo una manifestante a la agencia AFP. “Tenemos que acabar con esto ahora”.

Hasta ahora Birmania, se había mantenido mayoritariamente en calma después del golpe, aunque se produjeron algunas manifestaciones en diferentes partes del país.

Las autoridades militares están atrincheradas en la capital, Naypyidaw, y hasta ahora han evitado entablar contacto directo con los manifestantes.

Policía bloqueando las calles en Yangón.

EPA
La policía bloqueó las calles en Yangón, la ciudad más grande del país.

Nyein Chan, corresponsal de la BBC en Yangon, dice que los birmanos conocen muy bien la violencia de las que son capaces los militares, pero ahora que la gente tuvo tiempo de digerir lo que está sucediendo están encontrando diferentes formas de hacer oír su voz.

El país fue gobernado por un gobierno militar opresivo desde 1962 hasta 2011.

Pero según Chan, aunque la atmósfera estaba cargada, los manifestantes se mostraron desafiantes.

“Están enojados pero también silenciosamente asustados. Saben que los militares son capaces de utilizar la violencia para reprimir la disidencia, pero sienten que no tienen otra opción”, explicó.

“Cuando un grupo de manifestantes se encontró con una fila de soldados, les gritaron: ‘Están entrenados para ser soldados profesionales, no maten a civiles‘”, relató.

Regresó internet

Por lo demás, el servicio de internet, que había sido interrumpido, ya fue restablecido.

El apagón de internet hizo que la conectividad cayera a un 16% de los niveles normales, dijo NetBlocks Internet Observatory, un organismo que monitorea las redes.

Pero el tráfico ya había aumentado a un 50% a las 14:00 hora local (07:30 GMT) de este domingo, aunque el acceso a las redes sociales, incluídas Facebook y Twitter, permanecía bloqueado.

Muchos usuarios evadieron las restricciones en las redes sociales mediante el uso de redes privadas virtuales (VPN), pero el apagón más general interrumpió gravemente su actividad.

mujer protestando en Yangón

AFP
El miércoles hubo protestas, pero no fueron tan multitudianrias como las de este sábado.

El grupo de derechos humanos Amnistía Internacional calificó el cierre como “atroz e irresponsable.

Organizaciones de la sociedad civil instaron a los proveedores de internet y redes móviles a desafiar la orden del apagón.

Mientras tanto, Suu Kyi está bajo arresto domiciliario, según su abogado. Documentos policiales muestran que está acusada de importar y utilizar ilegalmente equipos de comunicaciones (walkie-talkies) en su casa de la capital.

Además, Sean Turnell, un académico australiano exasesor económico de Suu Kyi, fue detenido en Yangón.

Turnell le dijo a la BBC que lo han confinado en su hotel y que no sabe de qué pueden acusarlo.

El golpe tuvo lugar cuando se inauguró una nueva sesión del parlamento, tras la aplastante victoria electoral de noviembre del partido Liga Nacional para la Democracia (NLD) de Suu Kyi.

Aung San Suu Kyi en 2020.

Getty Images
Aung San Suu Kyi en 2020.

Muchos birmanos vieron cómo se desarrollaban los eventos a través de Facebook, la principal fuente de información y noticias en el país.

Tres días después, se ordenó el bloqueo de plataforma por “razones de estabilidad”.

Una vocera de Twitter dijo que la prohibición socava “la conversación pública y los derechos de las personas a hacer oír su voz”. Facebook, propietaria de Instagram, pidió a las autoridades que “restablezcan la conectividad”.

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