Empresas telefónicas dan datos de usuarios a autoridades que no están facultadas para pedirlos, acusa ONG
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Empresas telefónicas dan datos de usuarios a autoridades que no están facultadas para pedirlos, acusa ONG

Al recibir 46,110 solicitudes de datos por parte de autoridades no facultadas o indeterminadas, en 40,839 casos (88.6%) las empresas telefónicas entregaron la información, indicó un estudio de la Red en Defensa de los Derechos Digitales (R3D).
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Por Redacción Animal Político
4 de octubre, 2018
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Entre 2016 y 2017, empresas de telefonía en México dieron datos de llamadas de miles de usuarios a autoridades que no están facultades para solicitarlos, acusó la Red en Defensa de los Derechos Digitales (R3D), en el reporte ¿Quién no defiende tus datos?.

La organización señaló incumplimiento de los lineamientos en materia de seguridad y justicia por parte de empresas de telecomunicaciones, en dicho periodo, violaciones sistemáticas al derecho a la privacidad y la protección de datos personales, y que el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) no está cumpliendo en su deber de dar información a los ciudadanos, sobre este tipo de procedimientos.

R3D recordó que, de acuerdo con una resolución de la Segunda Sala de la Suprema Corte, solo la Procuraduría General de la República, las procuradurías y fiscalías estatales, la Policía Federal y el CISEN están facultadas para solicitar a las empresas datos de llamadas de usuarios como el número entrante y saliente, duración de las llamadas, fecha y hora, datos de los dispositivos, y ubicación geográfica.

Sin embargo, entre 2016 y 2017 al recibir 46,110 solicitudes de datos por parte de autoridades no facultadas o indeterminadas, en 40,839 casos (88.6%) los datos fueron entregados por las compañías telefónicas, y solo fueron rechazadas 5,271 peticiones.

“Entre las autoridades no facultadas en el ejercicio de la vigilancia que obtuvieron acceso a datos de usuarios se encuentran los Institutos electorales de la Ciudad de México y de Oaxaca, los gobiernos del estado de México y de Colima, las Secretarías de Marina, de Comunicaciones y Transportes, la Procuraduría Federal del Consumidor”, apuntó R3D.

En los años mencionados, en total las empresas de telecomunicaciones reportaron haber recibido poco más de 140 mil solicitudes de acceso a datos de llamadas, y de localización geográfica, 140 mil 454 y 6 mil 099 solicitudes, respectivamente.

En el 97 por ciento de los casos, de ese total, las empresas accedieron a dar la información.

“De manera preocupante, el informe encontró que Telcel y Telmex entregaron información en el 100 por ciento de las solicitudes recibidas (110,214 y 6,402, respectivamente)”, detalló la organización.

“Movistar otorgó los datos en 83.4 por ciento de las ocasiones; y AT&T, en 61.5 por ciento. Merece la pena destacar que 31 por ciento de las solicitudes recibidas por Telcel (y entregadas en su totalidad) fueron efectuadas por autoridades sin facultades o no identificadas”, agregó.

Luis Fernando García, director ejecutivo de la Red en Defensa de los Derechos Digitales, dijo en entrevista que las empresas telefónicas no tienen procedimientos o protocolos adecuados, para identificar qué solicitudes de autoridades deben responder, y cuáles no.

“Las empresas deberían recibir las solicitudes, y cerciorarse de que la autoridad que requiere información está facultada para hacerlo, y de que haya autorización judicial”, dijo García.

“Son regulados por el Estado (los concesionarios o empresas telefónicas), y no se quieren meter en problemas con el Estado, quieren mantener al Estado feliz”, agregó.

Otra explicación, apuntó, puede ser que las empresas no quieran gastar en hacer un análisis jurídico de cada solicitud, por lo que optan por responder a la mayoría de ellas.

En su proceso de investigación, la organización acusó que el IFT incumplió con una obligación de publicar en su página de internet los datos de solicitudes de las autoridades sobre las llamadas, así que obtuvo la información vía transparencia.

IFT respalda la opacidad

Uno de los puntos que señala el informe, es la omisión de los sujetos regulados o compañías telefónicas, en su obligación de entregar reportes semestrales sobre el número de requerimientos que les hicieron las autoridades, para tener acceso a datos de las comunicaciones de los usuarios, o a localización geográfica de dispositivos.

Dicha obligación había sido establecida por el pleno del Instituto Federal de Telecomunicaciones en 2015, aunque este año fue eliminada.

En el primer semestre de 2017, por ejemplo, el 96.69 por ciento de las empresas incumplió con la entrega de reporte al IFT, en cuanto a “colaboración en materia de vigilancia”. En el segundo semestre, incumplió el 91.58 por ciento.

Para abril de 2018, acusó R3D, “desafortunadamente” el IFT eliminó la obligación de los sujetos regulados de entregar dichos reportes semestrales, lo que favorece la opacidad, y además incrementa el riesgo de invasiones ilegítimas en la privacidad de las y los usuarios.

“La sociedad no podrá seguir conociendo la manera en que las empresas de telecomunicaciones entregan datos de usuarios a las autoridades. Esto representa un grave retroceso en materia de transparencia”, señaló R3D.

García dijo que seguirán exigiendo al IFT que restituya la obligación de los reportes, aunque también hacen un llamado a las telefónicas.

“Lanzamos un desafío a las principales empresas de telecomunicaciones del país (AT&T, Telcel y Telefónica) a comprometerse públicamente a seguir produciendo y publicando informes de transparencia sobre este rubro, independientemente de la ausencia del requerimiento legal”, señaló la organización.

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'Yo no soy ni hombre ni mujer, soy trans y necesito que mi cédula lo diga'

Mike Nicolás Durán es el primer colombiano en ser reconocido como persona trans en el registro civil. Aunque su lucha aún no termina, porque le falta la cédula, el caso se ha convertido en un paradigma para esta comunidad en el país.
22 de octubre, 2021
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Mike Nicolás Durán, un jovial bogotano de 30 años que vive en Medellín, fue el primer colombiano en ser identificado como una persona transexual en el registro civil.

Tras una odisea legal de dos años que contó con la asesoría de Alejandro Diez y Manuela Gómez, abogados del grupo de sexualidad diversa del consultorio jurídico de la universidad EAFIT, el 7 de mayo de este año Mike celebró la T en la inscripción como quien se ganó la lotería.

Ahora, sin embargo, está en vísperas de saber si ganó su última batalla: que su cédula también lo identifique con una T.

“Yo no soy ni hombre ni mujer, soy trans y necesito que mi cédula lo diga para que se respete mi integridad y mi dignidad”, le dice a BBC Mundo.

El género trans en los documentos de identidad ya existe en países como Chile, México y Argentina. “Pero en Colombia, que es el país donde te piden la cédula para todo, estaba pendiente”, dice Durán.

Juli Salamanca, de la fundación Red Comunitaria Trans, celebra el caso de Mike como “un triunfo político para el movimiento trans, un paso hacia la igualdad de derechos”, pero añade que “el reto es pasar de lo simbólico a lo material, porque su implementación (para todos y todas) será una prueba para las instituciones”.

Mike Nicolás dedicó dos años a llamar, mandar cartas y radicar documentos; interpuso dos acciones legales —conocidas como tutelas— que debió impugnar e insistió de todas las formas posibles para que le reconocieran su género no binario en los documentos de identidad.

Él sabe que la lucha no es solo por su propio bien.

Mike Nicolás Durán

BBC
Mike Nicolás Durán en entrevista por Zoom con BBC Mundo.

En Colombia piden cédula para todo, desde para entrar a un edificio hasta a un banco.

Y yo, cada vez que voy a un banco, llego con el miedo de si me van a atender o no, porque cada vez que yo muestro mi cédula, la gente me mira como un bicho raro, (como pensando): “Acá dice que es mujer, pero usted parece un hombre.

Entonces sí o sí tienes que cambiar de cédula cuando haces una transición de género.

Porque, en mi caso, colocar una M tampoco está bien, porque si un policía me quiere requisar, por ejemplo, tengo que soportar que toque mis genitales.

Entonces, para proteger mi integridad y dignidad, una M o una F en la cédula no sirve: necesito la T.

Uno nunca termina de conocerse: cada día vas aprendiendo cosas nuevas. Y al irme conociendo me di cuenta que los no binarios existen, que tú puedes ser hombre con cuerpo de mujer o mujer con cuerpo de hombre sin tener que tomar hormonas o tomando.

Es decir: no hay una forma correcta de ser o no ser, porque la diversidad es algo que no se puede encerrar en un solo círculo.

Así fue como me di cuenta de que, si la ciencia me reconoce como persona trans, ¿por qué el Estado no lo hace?


Un decreto de 2015 les dio a las personas trans la posibilidad de cambiar la referencia a su género en sus documentos, pero las trabas en el proceso burocrático han impedido que la ley se cumpla.

Además, la T no estaba tipificada en el sistema de la Registraduría Nacional del Estado Civil y, en el caso de Mike, varias veces les dijeron a los abogados que no podían cambiar todo un sistema de registro nacional por una sola persona.

“Tenemos que continuar haciendo una veeduría para que las instituciones reconozcan las implicaciones de la T en el registro de nacimiento en áreas como la salud, educación, el servicio militar, entre otras”, dice Salamanca, la activista trans.


Algo que me gusta de mí ahora es mi voz, porque no es tan femenina ni tan masculina. A veces es un poco más lo uno y a veces más lo otro. Esa es la diversidad que a mí me gusta y me representa.

Para nosotros no hay nada más importante que nos reconozcan e identifiquen tal y como somos: no como hombres que ahora son mujeres o mujeres que ahora son hombres, sino como personas trans, punto.


Mike nació en Bogotá bajo el nombre de Eliana Mayerli. Allí tuvo a su primer hijo a los 15 años, luego tuvo otros dos y pasó 11 años con el padre de ellos.

Desde niño ha tenido una enfermedad cerebral y otra en los ojos. Y cuenta que fue por eso, además de por su proceso de transición de género, que dejó el trabajo al que se dedicó por una década: la vigilancia.

Hoy estudia inglés con una beca con la intención de irse a vivir a Canadá y tiene esposa: Linda María Cáceres, una estilista a la conoció casi al tiempo que empezó a tomar hormonas, en 2019.

Cáceres, así como los abogados de EAFIT, ha sido un acompañamiento clave en todo el proceso y le ha insistido en seguir luchando por sus derechos a pesar de todos los obstáculos legales y de salud.


Estuve 11 años viviendo una vida que quizás no quería, porque estaba ocultando mi propia identidad, hasta el punto de que explotó y la depresión me empezó a ganar. Llegué a pensar que me quería suicidar.

Eso, pensé, les podía generar problemas a mis hijos, y por eso hace siete años tomé la decisión de irme para Medellín.

Apenas llegué acá salí como lesbiana. La gente me dejó de llamar Eliana y apareció una nueva persona que se llamaba Mayerli.

Pero a medida que pasó el tiempo me di cuenta de que me gustaba más lo masculino, un estilo más brusquito, más de niño.

Y mi pareja de ese momento, una mujer, me decía que no me cortara el cabello. Pero sobrepuse el amor propio, me corté el cabello y empecé una nueva vida con el nombre de Mike Nicolás.

Cuando les quise contar a mis hijos de mi transición y la posibilidad de hacerme las cirugías, el mayor me dijo que él ya sabía que yo quería ser hombre. Me dijo que era normal, porque toda la gente cambia.

Eso fue el impulso más importante para tomar la decisión de cambiar.


Por la histerectomía —una cirugía para extirpar el útero— y una mastectomía con la que se le removió el tejido mamario, Durán no pagó un peso, gracias a que son tratamientos incluidos en el paquete de su prestador de salud.

En Colombia, así como en varios países de América Latina, la ley exige a las entidades de salud pública brindar el servicio de cambio de sexo, incluyendo el tratamiento hormonal.

Mike, a pesar de haber tenido que pelear contra la burocracia, logró hacer su transición en apenas un par de años y sin tener que pagar.


La presión social por mantener mi vida como era fue muy fuerte: me decían que era bonita, que lo mío era un problema psiquiátrico, que estaba poseída, que esto era una obra de satanás.

Me han dicho tantas cosas, que si yo fuera débil, me habría hecho daño a mí mismo o me habría echado para atrás. Yo digo que por eso es que muchos trans se suicidan.

Pero al final yo fui cogiéndole gusto, un sabor, a que la gente me mirara como el raro en la calle, porque me siento original, me siento diferente.

Ya no tengo problema con que me digan que estoy loco, que estoy endemoniado, porque esa es la forma de que la gente se eduque y entienda que los trans somos parte de la sociedad.


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