Por inseguridad, empresas pierden más de 155 mmdp, cierran más temprano y dejan de invertir
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Por inseguridad, empresas pierden más de 155 mmdp, cierran más temprano y dejan de invertir

Las entidades federativas con las tasas más altas de prevalencia delictiva contra empresas en 2017 fueron Campeche, Aguascalientes, Sonora, Michoacán y Baja California, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización de Empresas del INEGI.
Cuartoscuro
24 de octubre, 2018
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En 2017, un millón y medio de empresas (33.7% de las existentes en el país) fueron víctimas de algún delito. El costo total de la inseguridad y el delito en empresas representó un monto de 155.8 mil millones de pesos, es decir, 0.86% del PIB.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización de Empresas (ENVE) 2018, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en el sector comercio, el 38.4% de las empresas fueron víctimas de delitos; en el sector industria, el 30.6%, mientras en el sector servicio fue el 29.3%.

Con una tasa de 1,278 por cada 10,000 empresas, el delito que más se cometió fue el robo hormiga, seguido del robo o asalto de mercancía, dinero, insumos o bienes (1069) y de la extorsión (544).

Las empresas también reportaron ser víctimas de actos de corrupción (541), fraude (471), robo de mercancía en tránsito (425) y robo total o parcial de vehículo (407).

A nivel nacional, las empresas señalaron que han dejado de desarrollar algunas actividades, derivado de la inseguridad que viven, principalmente han dejado de manejar dinero en efectivo (19.4%), redujeron sus horarios de trabajo (18.2%) y cancelaron inversiones (13.1%).

Las entidades federativas con las tasas más altas de prevalencia delictiva contra empresas en 2017 fueron Campeche (4,613), Aguascalientes (4,419), Sonora (4,318), Michoacán (4,417) y Baja California (4,102).

Los estados con las tasas más bajas fueron Coahuila (2,190), Yucatán (2,243), Tamaulipas (2,386), Veracruz (2,678) e Hidalgo (2,705).

La encuesta señala que, en el 39.4% de los casos estuvieron presentes uno o más empleados o propietarios de la empresa durante la comisión del delito.

En el 51.5% de las ocasiones, los delincuentes no agredieron físicamente a las víctimas, a pesar de que en el 27.7% de los casos se reportó que los implicados portaban armas.

Al menos 8 de 10 delitos no se denuncian

De acuerdo con el INEGI, del total de delitos reportados por empresas en 2017 se inició averiguación previa o carpeta de investigación en el 13.4% de los casos, mientras que en el 86.6% de estos no hubo denuncia, por lo que no se investigó.

En 2017, la cifra negra en delitos cometidos contra negocios bajó un 3.7% en comparación con el porcentaje que tuvo en 2016, cuando se registró un 90.3% de casos en esta situación.

De acuerdo con los datos de la encuesta, del total de denuncias hechas ante el Ministerio Público por delitos contra empresas, en el 62.9% de los casos las víctimas señalaron que “no sucedió nada o no se resolvió”, o bien, que esta continúa en trámite.

Las principales razones por las que las víctimas señalaron que no denunciaron los delitos ante las autoridades son que consideran que es una pérdida de tiempo (35.6%), y que no tenían pruebas (15%).

A partir de la ENVE, el INEGI estimó que a nivel nacional el 63% de las empresas consideraron la inseguridad y la delincuencia como el problema más importante que les afecta, seguida del bajo poder adquisitivo de la población (35.4%) y la falta de apoyos del gobierno (33.4%).

En cuanto a la percepción de corrupción en autoridades a cargo de la seguridad pública y de procuración e impartición de justicia, el 75.9% de las empresas consideró que la Policía de Tránsito (75.9%), la Policía Preventiva Municipal (69%) y la Policía Ministerial o Judicial (66.8%) son las más corruptas.

Las dependencias percibidas como menos corruptas fueron la Secretaría de Marina (20.2%), el Ejército (26.2%) y la Policía Federal (58.2%).

Para elaborar la Encuesta, el INEGI entrevistó a 32 mil 588 empresas a lo largo de todo el país, entre el 15 de febrero y el 30 de abril de 2018.

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El duro testimonio de Matthew, el niño estadounidense que amenazó a Trump en un video de Estado Islámico

Matthew todavía recuerda cuando su vida cambió: la noche en que su madre y su padrastro cruzaron con él hacia territorio de Estado Isámico.
24 de noviembre, 2020
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Matthew todavía recuerda el momento en que su vida cambió: la noche en que su madre y su padrastro cruzaron con él las fronteras de Turquía hacia el territorio del autodenominando Estado Isámico (EI) en Siria.

“Corrimos por una zona muy oscura, llena de alambres… No pasaba mucho por mi cabeza, excepto, ‘necesito correr'”, recordó al contar por primera vez su terrible experiencia al programa Panorama de la BBC y a Frontline, de la emisora pública estadounidense PBS.

Matthew, nacido en EE.UU., fue llevado a Siria cuando tenía 8 años y su cara se hizo conocida cuando los militantes de EI lo utilizaron en un video en el que amenazaba al presidente Donald Trump.

Ahora con 13 años, está de vuelta en su país y vive con su padre, luego de que el ejército de Estados Unidos lo rescatara y lo llevara a casa en 2018.

Dice que es un “dulce alivio” estar de vuelta.

“Lo que pasó, pasó. Todo quedó atrás”, cuenta a la BBC.

“Era tan pequeño que no entendía lo que estaba sucediendo”, agrega.

Camino al infierno

Fue en abril de 2015 cuando una aparentemente común familia estadounidense cruzó al territorio de EI desde la provincia fronteriza turca de Sanliurfa.

En Raqqa, la ciudad reivindicada por los combatientes islamistas como su capital, el padrastro de Matthew, Moussa Elhassani, fue enviado a recibir entrenamiento militar y se convirtió en francotirador.

A sus 8 años, Matthew hizo todo lo posible para darle sentido a su nuevo hogar.

“Cuando estuvimos por primera vez en Raqqa, nos quedábamos en la ciudad. Era bastante ruidosa por los disparos. De vez en cuando se escuchaba una explosión, pero era lejana. Así que no teníamos mucho de qué preocuparnos”, recuerda.

Matthew in the US, aged 13

BBC
Matthew tiene 13 años actualmente.

A principios de 2017, la madre de Matthew, Samantha Sally, le envió un correo electrónico a una hermana en EE.UU.

Le pedía dinero de forma desesperada para ayudar a la familia a escapar.

Adjunto, le envió también algunos videos extremadamente inquietantes sobre Matthew.

En uno, el padrastro Moussa Elhassani, obligaba a Matthew a armar un cinturón suicida.

El niño, que seguía las instrucciones, recreaba cómo daría la bienvenida a posibles rescatadores estadounidenses, para luego matarlos detonando los explosivos.

En otro video, se le veía desmontando un AK-47 cargado, desafiado por su padrastro a hacerlo en menos de un minuto.

La pesadilla

Una noche, a medida que la coalición liderada por Estados Unidos intensificaba sus ataques aéreos contra Raqqa, una bomba golpeó una casa vecina, que se derrumbó sobre el lugar donde vivía Matthew con su familia.

El niño se salvó de milagro: logró salir a tientas entre los escombros y el polvo.

Poco después, en agosto de 2017, Raqqa estaba en ruinas, pero Estado Islámico todavía estaba seguro de su victoria.

Matthew aged 10 in a still from the IS propaganda video in which he was made to recite a message to Donald Trump

BBC
Matthew fue utilizado en varios videos de propaganda de EI.

Fue entonces cuando el grupo utilizó a Matthew para grabar un video de propaganda en el que amenazaba a Trump.

“Mi mensaje para Trump, el títere de los judíos: Alá nos ha prometido la victoria y te ha prometido la derrota“, dijo el niño, recitando el mensaje que le habían hecho aprender de memoria.

“Esta batalla no va a terminar en Raqqa o Mosul. Va a terminar en tus tierras… Así que prepárate, porque la lucha acaba de comenzar”.

Años después, el niño recuerda que fue su padrastro quien lo obligó a grabar el video y que durante la filmación lo amenazaba.

“Estaba empezando a perder el control, como si hubiera tenido problemas mentales”, cuenta.

Matthew on a fishing trip with his father, Juan

BBC
Matthew vive actualmente con su padre.

Poco después, Elhassani murió en un presunto ataque con drones.

“Me alegré porque no me agradaba, obviamente”, dijo Matthew.

“No creo que debería haber estado feliz porque una persona murió, pero lo estaba. Todos estábamos llorando…de alegría”.

El rescate

Tras la muerte del padrastro, la madre de Matthew, Samantha Sally, le pagó a unos traficantes de personas para que ella y sus cuatro hijos salieran del territorio de Estado Islámico.

Matthew fue escondido dentro de un barril en la parte trasera de un camión para poder pasar por los puestos de control.

Cuando llegaron al territorio controlado por los kurdos, fueron retenidos en un campo de detención, y fue allí en el invierno de 2017 donde la BBC comenzó a hablar con Sally.

La mujer contó que su marido la había engañado para que llevara a su familia a Siria y que no tenía idea de lo que estaba planeando.

Samantha Sally in a detention camp in Syria

BBC
Samantha Sally comenzó a hablar con la BBC en 2017.

Una vez en Raqqa, dijo, el hombre se había vuelto violento con ella.

La estadounidense reconoció que durante su estancia allí habían comprado a dos adolescentes yazidíes como esclavas y que su marido las violaba con regularidad.

Las pruebas

Tras su regreso a EE.UU., mientras estaba en la cárcel en espera de juicio, Sally continuó defendiendo su versión de que había sido engañada por su marido.

Aunque lo había apoyado “en sus estúpidas empresas“, insistió en que no era culpable de que se uniera al EI.

Sin embargo, la investigación de la BBC y de PBS descubrió pruebas que socavaron esta historia.

Un miembro de la familia Elhassani dijo que Moussa se había obsesionado con EI en los meses previos a la salida de la familia de EE.UU. y que lo había visto viendo propaganda del grupo, incluidos videos de ejecuciones, en la casa de la familia.

Una amiga de Sally también recordó una conversación con ella en la que le había dicho que su esposo sentía un llamado para unirse a “la guerra santa”.

La investigación también reveló que Sally había hecho una serie de viajes a Hong Kong en las semanas antes de que la familia dejara EE.UU. y que había depositado al menos US$30.000 en efectivo y oro en cajas de seguridad.

Después de casi 12 meses tras las rejas, Sally cambió su historia y se declaró culpable de financiar el terrorismo como parte de un acuerdo de culpabilidad.

Las pruebas mostraron después que Sally había ayudado a filmar los videos de su hijo con el cinturón suicida y el AK-47.

De acuerdo con los fiscales, es probable que nunca se sepa por qué ayudó a su esposo a unirse a Estado Islámico, aunque su defensa argumenta que fue coaccionada por el marido controlador.

Desde su regreso a EE.UU.. Matthew ha recibido asesoramiento para ayudarlo a lidiar con los traumas de todo lo que le sucedió.

Según sus médicos, ha mejorado y lo está haciendo bien.


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