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Cuartoscuro

Equipo de AMLO anuncia inversión para aeropuertos de CDMX y Toluca, sin importar consulta

El próximo titular de la SCT informó que destinarán 3 mmdp para el AICM y 2 mmdp para el Aeropuerto Internacional de Toluca, principalmente, para ampliar la capacidad de servicio.
Cuartoscuro
11 de octubre, 2018
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Sin importar el resultado de la consulta pública sobre si continúa o no la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), el próximo gobierno invertirá 5 mil millones de pesos para la modernización del Aeropuerto Internacional de Ciudad de México Benito Juárez (AICM) y el relanzamiento del Aeropuerto Internacional de Toluca.

Lo anterior fue dado a conocer este jueves por el próximo secretario de Comunicaciones y Transportes (SCT),  Javier Jímenez Espriú, quien detalló que la intención de dicha inversión es ampliar la capacidad de servicio para atender a 60 millones de pasajeros.

Leer: Pobladores que se oponen al NAIM muestran al equipo de AMLO los daños ambientales por la obra

Jiménez Espriú dijo que los actuales gestores de la obra del Nuevo Aeropuerto Internacional de Mexico (NAIM) les comunicaron que, a pesar de que estaba previsto que finalizara para 2018, el proyecto Aeropuertario no terminaría hasta finales de 2022, aunque el próximo titular de la SCT señaló que prevén que la obra pueda, incluso, retrasarse hasta 2024.

“No podemos esperar a solucionar el problema de saturación del AICM hasta 2024. El NAIM no estaría al final del sexenio, por lo que tendríamos que tomar medidas de inmediato”, señaló Espriu.

Una de esas medidas inmediatas, que se realizará tanto si en la consulta se decide que continúen las obras del NAIM, o se opta por construir un aeropuerto en la actual base militar de Santa Lucía, será realizar una “cirugía mayor” al actual aeropuerto de la Ciudad de México.

Para esa “cirugía” del actual aeropuerto se invertirían 3 mil millones de pesos, dijo Jiménez Espriú. Y esta consistirá, básicamente, en obras de rehabilitación y modernización, “como resolver problemas de hundimiento, agua, drenaje, y buscar más espacio para los aviones”.

El objetivo, recalcó Jiménez Espriú, es que el actual aeropuerto pueda tener cabida para atender a 50 millones de pasajeros.

La segunda medida, que también se llevará a cabo independientemente de que se decida en la consulta ciudadana, será invertir entre mil y dos mil millones en “incorporar” al aeropuerto de Toluca. Este aeropuerto tiene una capacidad actual de atender en promedio a 4 millones de pasajeros. Sin embargo, solo está atendiendo a 400 mil. Por lo que Jimenez Espriu dijo que ya están “en conversaciones” con las aerolíneas para que tomen también como opción para sus vuelos este aeropuerto y así aliviar la saturación del aeropuerto capitalino.

“Hemos hablado con muchas aerolíneas y si están dispuestos a ir a Toluca”, dijo Espriu.

De esta forma, prevé que, entre el aeropuerto actual y el de Toluca, se atendería a una media de 60 millones de pasajeros. Una cifra similar a los 70 millones que se proyecta que atienda el nuevo aeropuerto, en caso de que la ciudadanía vote por esta opción.

Ahora bien, si gana la opción del aeropuerto de Santa Lucía, entonces la capacidad sería superior a la de los 100 millones de pasajeros, aseguró Jiménez Espriu. Puesto que permanecerían activas las 3 opciones de aeropuerto: el que ya opera en la ciudad, el de Santa Lucía, y el de Toluca.

En cambio, Jiménez Espriú dijo que si gana en consulta el NAIM, solo operaría este aeropuerto por incompatibilidad del espacio aéreo. Por lo que el actual aeropuerto dejaría de operar y se perdería la inversión de 3 mil millones de pesos en su remodelación que, dijo, empezaría al arrancar el nuevo sexenio.

Jiménez Espriú precisó que luego de un análisis a un estudio que organizó la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), el próximo gobierno contempla dos opciones:

La primera: continuar con la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) en Texcoco, contemplando costos extras para urbanización y vialidades que trasladen a los usuarios hasta ese lugar, incluida la posibilidad de una nueva línea del Metro, además de cerrar la actual terminal aérea y la Base Militar de Santa Lucía por ser incompatibles con el actual proyecto.

Y la segunda: suspender la construcción en Texcoco, “hacer una cirugía mayor” al aeropuerto “Benito Juárez”, ordenar un estudio que tardaría cuatro meses para construir dos pistas en Santa Lucía y sumar la ampliación y modernización del Aeropuerto Internacional de Toluca, en el Estado de México.

Este miércoles, Jiménez Esptriú se reunió con los habitantes de los municipios mexiquenses afectados por la extracción de material pétreo utilizado para el NAIM. Al realizar un recorrido por al menos 5 municipios corroboró el daño ambiental que han sufrido minas y cerros. Sin embargo comentó a los habitantes que aunque los daños ecológicos son notorios, será la consulta ciudadana la que decida el futuro de las acciones en este rubro.

El próximo lunes Jiménez Espriú ofrecerá una conferencia de prensa para dar a conocer mayores detalles sobre la organización y costos, de la consulta ciudadana sobre el NAIM, que se realizará del 25 al 28 de octubre. 

Santa Lucía sí es viable, dice estudio

Por otra parte, Javier Jiménez Espriú informó que, de acuerdo con un estudio de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) del año 2013, y que no conocían previamente a detalle, señala que existe viabilidad y factibilidad para que operen al mismo tiempo el actual aeropuerto capitalino Benito Juárez y las dos pistas en la Base Militar de Santa Lucía.

“Las trayectorias principales de operación son compatibles entre ambos aeropuertos, pero no así con un nuevo Aeropuerto en Texcoco (el NAIM)”, dijo el próximo secretario de la SCT.

A raíz de este estudio de 2013, Jiménez Espriú explicó que contactaron a la OACI para cuestionarles si la conclusión del informe de 2013 aún estaría vigente cinco años después.

La organización les contestó que sí el 3 de octubre por medio de un escrito dirigido a López Obrador, aunque, en caso de que en consulta ciudadana se elija la opción de Santa Lucía, se deberá hacer un nuevo estudio “complementario” para “redefinir el espacio aeronáutico”, que tardaría en realizarse entre 4 y 6 meses, y que costaría 600 mil dólares.

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Aracely Quispe

Aracely Quispe, la peruana que nació en un pueblo sin electricidad y ahora es ingeniera de la NASA

La ingeniera peruana trabaja en la NASA como ingeniera senior de sistemas de vuelos en el proyecto del telescopio James Webb, programado para reemplazar al telescopio Hubble a partir de 2021.
Aracely Quispe
7 de noviembre, 2019
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Una escena en la televisión disparó el deseo de Aracely Quispe de trabajar en la NASA, la agencia espacial estadounidense.

Tenía alrededor de 6 años y vio una retransmisión de Neil Armstrong, el primer hombre en pisar la Luna, caminando por el satélite en 1969.

Fue impactante ver que los humanos podíamos pasar esa frontera. Con el tiempo, supe que era algo que me interesaba demasiado y que debía empezar estudiando algo en ciencia”, dice la ingeniera peruana a BBC Mundo, desde Maryland, EE.UU., durante una conversación telefónica.

Quispe mantuvo su objetivo pese a haber nacido en un país subdesarrollado, donde las desventajas y carencias juegan en contra de los sueños, mucho más de aquellos de magnitud astronómica.

Pero Quispe se abrió camino a patadas, literalmente, hasta llegar a dirigir misiones en la NASA.

Cinturón negro

La ingeniera nació en Marripón, un distrito rural de Lambayeque, en el norte de Perú, en el que no había electricidad.

Su familia usaba lámparas de kerosene para iluminarse. O la luz de la luna, recuerda, con cierta nostalgia.

“Fueron episodios muy bonitos para mí, los recuerdo con mucho cariño. Digo ‘guau, pasaste todo esto’. Fue divertido y fue único”, dice a BBC Mundo.

Aracely Quispe

Aracely Quispe
Una de las aspiraciones de la ingeniera peruana es trabajar en alguna misión de la NASA relacionada con Marte.

Luego se mudó con su familia a otras ciudades del norte de Perú, donde estudió en escuelas públicas y se graduó en Ingeniería de Sistemas.

Cuando aún cursaba la secundaria, encontró un anuncio sobre una beca para practicar tres meses de karate.

Quispe aprovechó la oferta y en pocos años llegó a obtener el cinturón negro.

“Se me dio la oportunidad de competir en torneos regionales, también viajé a varios países y uno de ellos fue Estados Unidos”, cuenta.

“Cuando ya me había graduado, averigüé sobre la posibilidad de estudiar Ciencias o Ingeniería y fue cuando solicité una residencia permanente por habilidad extraordinaria“, detalla.

Orbitador de Reconocimiento Lunar

Centro Espacial Goddard
El Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO), un satélite no tripulado, salió de la Tierra en 2009.

“Fue difícil demostrar, fue un caso largo, debía mostrar que tenía reconocimientos a nivel nacional e internacional, no solo en el ámbito deportivo, sino también profesional, mostré las tesis que había escrito, el trabajo académico, notas, mostrando que había un equilibrio entre lo académico y lo deportivo”, sostiene.

Finalmente obtuvo la residencia y decidió quedarse a vivir en EE.UU., para estudiar lo que había planeado y llegar a la NASA.

Pero no sabía inglés.

Construcción de naves espaciales

Así que al llegar, Quispe tuvo que estudiar el idioma durante más de un año.

Después se inscribió en la carrera de Ingeniería Tecnológica Espacial en el colegio comunitario Prince George, del estado de Maryland.

Un asesor en esa escuela le dijo que si quería entrar a la NASA, debía continuar sus estudios con Ingeniería Astronáutica o Aeroespacial.

Aracely Quispe

Aracely Quispe
Quispe nació en un pueblo rural del norte de Perú que no tenía electricidad.

Quispe siguió el consejo y se trasladó a Capitol Technology University (CapTechU), en Maryland, a estudiar Astronáutica, una especialidad centrada en la construcción, operación y seguimiento de naves espaciales.

CapTechU tenía un convenio para enviar a sus mejores estudiantes a hacer prácticas a la NASA.

Entonces, Quispe se trazó la pasantía en la NASA como su siguiente paso.

Pero al inicio, no cumplía con todos los requisitos que pedían para participar en el programa.

Contra el “no puedo”

Una de las condiciones, por ejemplo, era ser ciudadano estadounidense, y Quispe todavía no lo era.

Pero afortunadamente, más adelante eliminaron esta formalidad y la joven pudo acceder a las prácticas en la NASA, en la Misión de Medición de Lluvia Tropical (TRMM, por sus siglas en inglés).

“Fue un reto tras otro, un reto tras otro, es lo que siempre cuento en mis conferencias de ‘Rompiendo el paradigma del no puedo'”, dice Quispe, que ahora se está lanzando como conferencista internacional.

Luego de la pasantía ganó una beca para hacer una maestría con una tesis sobre el derretimiento de los glaciares en Cusco, Perú, usando imágenes satelitales de la NASA.

El trabajo oficial en la agencia espacial llegaría poco después.

Parte del telescopio James Webb

NASA/Chris Gunn
Cuando salga al espacio, el telescopio James Webb tratará de estudiar las galaxias desde la época del Big Bang.

El gran deseo

En 2011, Quispe postuló a la misión del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO, por sus siglas en inglés) de la NASA, un satélite no tripulado que desde 2009 orbita la Luna y manda información a la Tierra cada cierto tiempo.

El orbitador también busca lugares con potenciales recursos que permitirían enviar misiones tripuladas al satélite.

Quispe ingresó como ingeniera de vuelos y operaciones a la LRO y, unos tres años y medio después, ascendió a líder del equipo.

“Se me concedió mi gran deseo”, dice.

El trabajo “era tener información de primera mano de la Luna y distribuirla entre la comunidad científica, y sentir que eres parte de un proyecto que va a aportar a la ciencia y por ende a la humanidad”, cuenta.

Después de seis años en la LRO, la ingeniera se trasladó a otra área de la NASA, aunque igual de fascinante.

A base de esfuerzo

Ahora Quispe es ingeniera de sistemas de vuelos en el proyecto del telescopio James Webb, programado para salir al espacio en 2021 y reemplazar al telescopio Hubble.

El James Webb se pondrá en órbita con el fin de estudiar las galaxias desde la época de su formación, es decir, desde el mismo Big Bang, y todas las fases de la historia del universo, según explica la NASA.

“Tener la oportunidad de participar y colaborar y llevar esta misión a un lanzamiento exitoso me hace sentir especial y también muy orgullosa de que, siendo peruana, podamos hacer historia”, dice Quispe a BBC Mundo.

Aracely Quispe

Aracely Quispe
El primer trabajo oficial de Aracely Quispe en la NASA fue en el Orbitador de Reconocimiento Lunar (Foto: Laboratorio de Imagen Conceptual del Centro Espacial Goddard de la NASA).

Mientras cumple con sus tareas astronómicas, la peruana también da charlas para motivar a otras mujeres a seguir carreras científicas y está escribiendo un libro sobre su vida.

“Es importante hablar de ciencia, que la gente no la vea como algo inalcanzable”, opina. Aunque reconoce que llegar a la NASA fue difícil.

“ todos esos recursos que algunas personas tienen a la mano para surgir, en mi caso hubo muchas limitaciones, carencias económicas”, dice.

“Pero creo que eso me hizo ser una persona que valora más cada cosa que ha logrado porque ha sido todo a base de esfuerzo. Tenía optimismo. Mi actitud siempre fue de perseverar y buscar los recursos”, asegura.

Más adelante, Quispe espera formar parte de alguna misión de la NASA que tenga que ver con Marte.

De aquí en algunos años, ¿alguna otra niña verá una imagen de Quispe en el planeta rojo y pondrá sus sueños en el espacio?

* Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Arequipa, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad peruana entre el 7 y el 10 de noviembre.


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https://www.youtube.com/watch?v=vmn_Arwoev4&list=PLLhUyPZ7578eOhaDzuQaUohvgFzplupf-&index=3&t=0s

https://www.youtube.com/watch?v=wdeCiZtTwgI&list=PLLhUyPZ7578eOhaDzuQaUohvgFzplupf-&index=5&t=0s

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