Indefensos ante el ruido: no hay una ley clara, solo medidas conciliatorias
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Indefensos ante el ruido: no hay una ley clara, solo medidas conciliatorias

Ante la creciente contaminación acústica, no hay una normatividad clara de control sino medidas conciliatorias: no hay nada qué detenga a los infractores en la octava metrópoli más ruidosa del mundo.
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Por Azucena Pacheco y Ana Ávila (Newsweek en Español)
28 de octubre, 2018
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De ser un refugio, su departamento se convirtió en zona de guerra. Cuando llegó va vivir a la colonia Nápoles, en la Ciudad de México, Karla solía abrir el balcón para escuchar a los pájaros y sentarse a trabajar en paz. En 2015 todo cambió: el ruido por la construcción de un magno edificio aledaño al suyo se tornó insoportable. Al concluir la obra, Karla pensó que la pesadilla había terminado. No fue así. Comenzaron a sonar los aires acondicionados, las plantas de luz, los extractores de los restaurantes. Desde entonces, no ha vuelto a abrir su balcón ni las ventanas de su casa.

“Mi vida ha cambiado. Soy más intolerante, más impaciente, me peleo, me quejo, ha sido un desgaste con los dueños del edificio, con la delegación, con la Procuraduría Ambiental —cuenta en entrevista—. Estar en mi casa se ha vuelto una tortura china, como esa en la que a una persona le caía una gota de agua de manera constante hasta desquiciarla. Así me siento yo, ya no puedo vivir en mi casa y, aunque he pensado en mudarme, no me quiero ir porque no quiero que ganen ellos”.

Karla vive en la calle Ohio pero su balcón y la ventana de su recámara dan a la calle Colorado —que está justo a espaldas de un nuevo edificio de oficinas compartidas (Wework) y cuenta con un centro comercial y restaurantes, cuya entrada principal es por avenida Insurgentes—. Ella y sus vecinos han levantado denuncias en la Procuraduría Ambiental y de Ordenamiento Territorial (PAOT) capitalina. También han acudido a la delegación Benito Juárez pero pese al sinnúmero de quejas presentadas y reuniones con el administrador de su edificio nada cambia.

Lo más duro en estas situaciones, dice Jimena de Gortari, arquitecta especializada en ruido, es la indefensión ante el ruido. Este problema es muy complejo en CDMX, principalmente porque incide en la salud física, psíquica y mental. “No tenemos párpados en los oídos y estamos expuestos todo el tiempo”, comenta.

Ciudad de México es la octava ciudad más ruidosa del mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el Índice Mundial de la Audición, que analiza 50 ciudades del mundo. La capital del país es aún más escandalosa que Cantón y Pekín, en China; Nueva Delhi y Bombay, en India; El Cairo, Egipto; y Estambul, Turquía.

Karla está en un callejón sin salida. Ya no quiere vivir en la casa que con tantos esfuerzos compró y que además utiliza como oficina de trabajo. “Mi nivel de estrés ha subido y mi tolerancia ha bajado. Mis amigas me dicen que ya les deje de hablar del edificio; ya no puedo más”, dice desesperada.

La administración de su edificio le ha dicho a Karla que la PAOT sostiene que los decibeles de ruido están en el rango normal. El problema, explica la afectada, es que la gotita cotidiana de ruido constante es imparable.

Desde las ventanas de los departamentos de sus vecinos se pueden ver los extractores de los restaurantes. Ellos ya pueden identificarlos y saben a qué hora prenden y apagan: “Mira, ese es el del Toks y apaga a las ocho, ese otro es de Loma Linda…”

La plusvalía de este edificio se ha ido a pique y aunque Karla ha pensado en cambiarse de casa dentro de ella emerge un grito quedo y desconsolado: “por qué me voy a ir de mi casa, por qué si es un problema que ellos me causaron, por qué tengo que pagar yo las consecuencias”.

Las construcciones son una de los causantes más importantes de ruido. Imagen: Especial

PROBLEMA CULTURAL

A unos ocho kilómetros del edificio de Karla, vive Úrsula; justo detrás de Televisa San Ángel. Cuando los foros están en grabación durante el día, hay silencio en el entorno. El problema viene en las noches, cuando los tramoyistas y encargados de escenografía empiezan a taladrar, martillar, serruchar.

“El 80 por ciento de la colindancia de mi casa es Televisa San Ángel, da a los talleres de carpintería o donde, me imagino, están las tramoyas. De pronto empiezan a trabajar, a martillar o usar la segueta; puede ser en fin de semana a las siete de la mañana o a las nueve de la noche, entre semana. La PAOT llamó a Televisa y el mismo día que puse la denuncia dijeron que venían, antes de salir dijeron que me avisaban, el problema es que, cuando llegan, no hay ruido. Es como la ley de Murphy”, se lamenta.

“Hace poco —agrega— estuvieron con el ruido todo el sábado en la tarde, domingo desde temprano y lunes. Llamé a la patrulla: te llega un pobre policía en cuatrimoto, sin autoridad, pero me envalentonó y les toqué, porque tienen una puerta enorme que nunca abren. ‘Ya dejen de hacer escándalo’, grité. Entonces pararon la motosierra o segueta, se asomó un tipo, se callaron diez minutos y luego volvieron al ruido”.

Úrsula se siente impotente. “Como Televisa es tan grande, llamas al conmutador y no sabes a dónde o con quién pedir. El ruido es muy fuerte en el cuarto de mi hijo, haz de cuenta que le están taladrando la cabeza”.

A la PAOT de CDMX le corresponde generar acuerdos entre las entidades encargadas de la aplicación de la ley y crear conciencia en los involucrados.

El ruido generado en casa habitación o vía pública es una infracción contra la tranquilidad de las personas prevista en el Artículo 24, fracción III, de la Ley de Cultura Cívica de Ciudad de México y puede denunciarse ante el juez cívico o la Secretaría de Seguridad Pública de la CDMX. También se toma en cuenta la Norma Ambiental NADF-005-AMBT-2013, que establece los límites máximos permitidos en materia de emisiones sonoras: de 6:00 a las 20:00 horas, el límite son los 63 decibeles, y de las 20:00 a las 6:00 horas, 60 decibeles.

Las sanciones van de 11 a 20 días de salario mínimo o arresto de 13 a 24 horas, pero generalmente no se sancionan, pues la operatividad de la policía les permite solo advertir y solicitar que los infractores bajen el volumen.

El procurador Miguel Ángel Cancino explica a Newsweek en Español que “en los casos de ruido en la vía pública recurrimos a la Secretaría de Seguridad Pública y la alcaldía, según sea el caso. El primer acercamiento es por nuestra parte y casi de inmediato”.

En la PAOT se pueden denunciar emisiones de ruido que provengan de establecimientos industriales, mercantiles o de servicios que violen la norma ambiental —como bares, antros, salones de fiesta, restaurantes, tiendas como misceláneas, comercio informal, fábricas, talleres o plantas de energía eléctrica, así como ruido generado por construcciones.

“Tenemos la tecnología más avanzada en medición de sonido, con la cual nos dirigimos al punto de denuncia, generalmente la misma semana en que esta se realiza, tomamos las mediciones pertinentes, y si detectamos que se está infringiendo la Norma 005, tratamos de concienciar y generalmente la gente le baja. De no ser así, lanzamos operativos”, refiere el procurador.

Y pone como ejemplo el Operativo Mala Copa, que se realiza junto con la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) y la alcaldía y, en algunos casos, con la Procuraduría General de Justicia (PGJ), la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) y el Instituto de Verificación Administrativa (Invea). “Cuando se presentan situaciones de ruido constante se revisan las licencias de operación de bares y antros, y se verifica el ruido que se escapa del lugar con los sonómetros”, precisa.

Cancino explica que, para el caso de la contaminación acústica, la PAOT no es una entidad sancionadora. Se pide el apoyo de otras instituciones y se busca la conciliación también. El problema del ruido, abunda, es cultural, de no entendimiento y desconocimiento, entonces, la concienciación en términos de salud primero, después de convivencia y de calidad de vida, es lo más importante.

En esto último coincide Jimena de Gortari, quien considera que el mayor reto es la falta de aceptación generalizada del ruido como contaminante. Todas las personas contribuimos al incremento en los niveles sonoros. La también académica del Departamento de Arquitectura, Urbanismo e Ingeniería Civil de la Universidad Iberoamericana dice que se debe concienciar a la población e incorporar otras perspectivas de análisis.

“El trabajo sobre el ruido es interdisciplinario, se debe tomar en cuenta que el sonido habla de identidad, memoria y modos de vida, por lo que hay que tener mucho cuidado en la manera como se regula. Es una manifestación social y se necesita trabajar también con esa percepción ciudadana, pues mientras algunos lo disfrutan, considero que el 90 por ciento de la población tiene algún problema que denunciar”.

Existen muchas certificaciones ambientales internacionales que los dueños y administradores de grandes edificios quieren alcanzar para así atraer a clientes que buscan oficinas o tiendas. Por ejemplo, para obtener la certificación LEED se debe cumplir el punto relativo a la “Calidad del ambiente interior”, el cual contempla el manejo del ruido. Pero las certificaciones solo aplican en el interior de los edificios y no para las calles. Jimena De Gortari explica que hay problemas de reglamentación porque el espacio público no tiene un límite de decibeles.

Hace unos meses, narra, los vecinos de Santa María la Ribera la buscaron porque estaban cansados del ruido que provocaban las actividades públicas en el quiosco Morisco. Ella los refirió a la PAOT para que interviniera y la procuraduría emitió a su vez una recomendación a la alcaldía para que bajaran el volumen.

Lamentablemente, comenta Jimena, la respuesta fue algo radical porque la alcaldía decidió cancelar las actividades en el quiosco, entonces “otro grupo de vecinos salió furioso a decir que se estaba obstaculizando el uso y apropiación del espacio público, acusaron a los vecinos quejosos de elitistas, cuando lo más sencillo y que hubiera tenido contentas a ambas partes era bajar el volumen”.

Lee la nota completa en Newsweek en Español

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Qué puedes hacer para reducir el riesgo de contraer COVID cuando viajas en transporte público

Los ambientes ruidosos, donde la gente debe inclinarse y gritar para ser escuchada, tienen mayor riesgo que los espacios silenciosos.
9 de septiembre, 2020
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En el metro de Londres, los pasajeros más listos conocen algunos secretos para llegar más pronto a su destino.

En los túneles ubicados entre las plataformas de las estaciones, por ejemplo, hay rutas que no están señaladas y que ofrecen atajos.

Y si eliges ciertos vagones, éstos te llevarán exactamente al punto donde está salida en la plataforma para que puedas salir pitando antes que el resto.

Navegar el transporte público durante la pandemia, sin embargo, es algo que ni los pasajeros más experimentados habían tenido que hacer antes.

Transportarte de un lugar a otro rápidamente ahora parece mucho menos importante que hacerlo de manera segura.

¿Cómo pueden reducirse los riesgos?

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Getty Images
Durante el confinamiento el metro de Londres transportó sólo a una tercera parte del número normal de pasajeros.

Hay, por supuesto, algunas cosas esenciales: usar una mascarilla, tratar de evitar las horas más congestionadas y seguir las guías de distanciamiento físico.

Seguir los consejos de salud pública es lo más importante y esto reducirá el riesgo significativamente.

Pero hay otras medidas menos obvias que vale la pena conocer.

El análisis de la investigación del transporte y la psicología de pasajeros pueden ofrecer algunas claves, además de indicar los cambios que debemos llevar a cabo en los próximos meses.

Asuntos de ventilación y flujo de aire

Con una enfermedad como covid-19, entre más gente respire, tosa o hable en el mismo espacio confiando, mayores las probabilidades de que resultar infectado.

Tu mejor opción, si puedes, es optar por la bicicleta, caminar o un escúter, ya que así podrás mantener la distancia de los otros.

Los autos obviamente también son seguros, siempre y cuando viajes con gente que vive en tu casa. Pero si todos conducimos esto llevará al efecto de la “tragedia de los bienes comunes” de mayor tráfico y mayor costo medioambiental, así que es difícil recomendarlo como una alternativa socialmente responsable.

“Los autos son muy ineficientes al usar la infraestructura urbana. Si todos nos movilizamos en auto, nadie se mueve”, dice Carlo Ratti, director del Senseable City Lab del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).

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Getty Images
Entre más ventilación tiene tu medio de transporte, mejor.

Si viajas por tren, autobús o metro, un factor que tienes que considerar cuando planees tu ruta es cómo está ventilado, explica Nick Tyler, investigador de transporte de la Universidad de Londres, quien ha hecho modelos de la forma como el virus se propaga en los autobuses.

“Fuera, en el aire libre, las microgotas se disipan en el aire y el viento”, dice. “Una vez que están dentro, éstas tienen menos movimiento”.

Los diseños difieren pero entre más ventanas, mejor. Por esta razón, un subterráneo es más difícil de ventilar que un tren o autobús en la superficie.

Según un estudio de 2018 realizado por Lara Gosce de la Universidad de Londres, la gente que usaba el metro de la capital británica regularmente tenía más probabilidades de sufrir síntomas de gripe que los que no lo hacían.

En general, los sistemas de ventilación del transporte público terrestre son menos efectivos que los de los aviones.

El aire en los aviones es redistribuido a través de sofisticados filtros HEPA (recogedor de partículas de alta eficiencia) con una cierta frecuencia, lo cual debe bloquear la mayoría de las partículas virales.

“La ventilación en los aviones es muy criticada de muchas formas. En realidad es uno de los mejores sistemas que podemos encontrar”, afirma Tyler.

Y a diferencia de muchos trenes y autobuses, el flujo de aire viaja directamente desde el techo al piso. Esto significa que las microgotas son empujadas al piso, lejos de las manos y las caras, más rápidamente.

Un vagón de metro de Nueva York, por el contrario, empuja el aire de forma horizontal, y usa filtros con menor rendimiento que los aviones, clasificados con siete en una escala de 20 en términos de eficiencia.

La ciencia es oro

Cuando analices tu medio de transporte, vale la pena que consideres cuánto se habla y a qué volumen.

Los ambientes ruidosos, donde la gente debe inclinarse y gritar para ser escuchada, tienen mayor riesgo que los espacios silenciosos.

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Muchos critican la ventilación de los aviones pero es el sistema más eficiente que hay.

Se piensa que esta es una de las razones por las que los clubes nocturnos, bares o plantas de empacado de carne tan experimentado altos niveles de contagio.

Así, un vagón de tren con cacofonía donde viajan hinchas deportivos que cantan presentará más riesgo que un autobús silenciosos donde los pasajeros leen sus teléfonos.

Dónde sentarse

Una viñeta muy citada de la revista New Yorker dice: “Nunca te subas en un vagón vacío”. Lo que implica que no te gustaría descubrir por qué todos han evitado subirse a ese vagón, por ejemplo, por un mal olor, o, en el peor de los casos, porque allí te podrían asaltar.

Ese consejo sigue vigente, por ejemplo si eres mujer y viajas de noche. Pero en la pandemia, evitar las multitudes de otros pasajeros es lo más prudente, si puedes hacerlo.

Además de alentar el uso de mascarillas, muchas autoridades de transporte han introducido señales y anuncios para recordar a la gente que mantenga la distancia física cuando se siente, pero ¿qué otras cosas hay que saber sobre qué asientos elegir o evitar?

Un estudio reciente en China analizó cuánto afecta la proximidad en los asientos en los trenes para el riesgo de transmisión.

Al rastrear los viajes y el lugar del asiento de más de 2.000 personas que tenían el virus en la red de trenes de alta velocidad de China, entre diciembre de 2019 y marzo de 2020, lograron ver cómo el virus se desplazaba entre la gente.

Sentarse en la misma fila, especialmente una adyacente, tenía el mayor riesgo en este escenario en particular.

Al parecer los respaldos entre las hileras en el tipo de tren que estudiaron, un tren interurbano de alta velocidad, pudo haber ofrecido cierto tipo de barrera.

La gente sentada en la misma hilera en un viaje interurbano también necesitaba pasar frente a los otros pasajeros para ir al baño o a buscar refrigerios.

(Es importante notar que los investigadores no descartaron que la transmisión en las hileras era más alta debido a que la gente sentada de forma adyacente tenía más probabilidades de ser familiar o amigo, y que tenían contacto cercano).

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Getty Images
El virus también puede propagarse cuando tocamos superficies que están contamiadas.

Quizás no sorprende que los viajes más largos incrementaron el riesgo, incluso para quienes estaban sentados a dos filas de distancia.

Los investigadores encontraron que después de dos horas, una distancia de menos 2,5 metros y sin mascarilla fue insuficiente para evitar la transmisión.

Algo tranquilizador fue el hecho de que sentarse en el mismo asiento de alguien que tenía el coronavirus no incrementó significativamente el riesgo de contagiarse.

Dónde pararse

Un estudio sobre conducta de pasajeros de metro en la ciudad de Nueva York sugiere que la gente que viaja parada tiene más probabilidad de agarrarse a los postes verticales que a otros asideros, como correas o tiras de resorte.

Aunque se piensa que el virus se transmite principalmente por el fino espray de aerosoles y microgotas que producimos cuando hablamos, respiramos o tosemos, también puede propagarse cuando tocamos superficies que están contaminadas con el virus y después nos llevamos los dedos a la boca o nariz.

Los investigadores también encontraron que los neoyorquinos que deciden pararse en los vagones tienen más probabilidad de permanecer cerca de las puertas, debido a la proximidad de la salida, las divisiones para recargarse o la oportunidad de evitar el contacto visual con los pasajeros sentados.

Así, quedarse cerca de las puertas puede tener beneficios mixtos. Quizás es uno de los espacios mejor ventilados, pero también es el más congestionado.

Se encontró que los hombres tienen más probabilidad de permanecer parados que las mujeres cuando los vagones comienzan a congestionarse.

Quizás se debe a la antigua cortesía social o quizás los hombres prefieren quedarse de pie.

Pero si consideras que los estudios muestran que los hombres se lavan las manos con menos frecuencia que las mujeres, podrías concluir que es mejor no compartir un poste con un hombre que puede tener las palmas sucias.

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Todavía no se sabe cómo cambiará el transporte en las ciudadaes cuando pase la pandemia de covid-19.

Lo que se desconoce

Aunque viajar regularmente en transporte público involucra cambios en el riesgo para la gente, por ahora no se sabe cuánto.

Hay cierta razón para el optimismo, como informó recientemente Christina Goldbaum en The New York Times: el rastreo de contactos en Japón, Francia y Austria no encontró vínculos entre los brotes y las redes de transporte público.

Algunos modelos matemáticos también sugieren que el transporte público bien ventilado con el uso de mascarillas presenta menos riesgo que otros ambientes interiores, como un bar concurrido y poco ventilado.

Es posible que los viajes de corta distancia, la ventilación y permanecer callados también ayuden. Pero es necesaria más evidencia.

Lo que es claro es que regresar a las formas prepandemia no funcionará, al menos en el futuro cercano.

Los autobuses en Londres, por ejemplo, han limitado su capacidad a 30%, así que por cada pasajero que regrese a la oficina ahora, necesitarás 2 o 3 autobuses más en la hora punta para mantener el distanciamiento social, o la gente enfrentará retrasos.

E incluso al llegar a su oficina, un trabajador en un rascacielos deberá esperar más tiempo formado para poder entrar a un elevador con distanciamiento social, afirma Tyler.

Quizás debemos ver esto como una oportunidad para repensar el transporte.

“Durante la época de cambios es importante permitir la experimentación en las ciudades”, dice Ratti.

“La capacidad de probar algo, ver si funciona y transformar la ciudad es algo que deberíamos conservar en el mundo post covid-19”.

Así, aunque hay formas para reducir a corto plazo tu riesgo en el transporte público, una pregunta más importante que debemos plantearnos es si es momento de reexaminar cómo transportarnos de un lugar a otro.

¿Cómo será trasladarse en una ciudad después de un año o dos de enfocarnos en la seguridad y no en la capacidad o la velocidad?

No se sabe pero, por ahora, lo único que podemos hacer como pasajeros es aferrarnos a lo que ha sido comprobado y esperar que el futuro nos lleve a un mejor lugar.

Esta nota fue publicada originalmente en BBC Future. Haz clic aquí si quieres leer la versión original (en inglés).

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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https://www.youtube.com/watch?v=RaH9rA2Kdxw

https://www.youtube.com/watch?v=sVc_VPSn_FI

https://www.youtube.com/watch?v=Ujpo0T9Cz-0

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