México necesita un instituto nacional forense que identifique cada resto humano encontrado: víctimas
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México necesita un instituto nacional forense que identifique cada resto humano encontrado: víctimas

"Si ellos de verdad quieren, lo pueden hacer, pueden dar los pasos que se necesitan para crear un verdadero sistema de búsqueda", dijo la madre de un joven desaparecido, sobre las expectativas ante el nuevo gobierno, encabezado por Andrés Manuel López Obrador. 
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11 de octubre, 2018
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“En México, lo primero que necesitamos las madres que buscamos a nuestros hijos desaparecidos es que haya una autoridad que haga esas búsquedas, porque nosotras no tendríamos que estar haciéndolas”, esa es la respuesta de Julia, mamá de un joven raptado en Nuevo León en 2008, cuando se le pregunta ¿qué espera, en concreto, de las próximas autoridades federales?

Julia Alonso Carbajal es mamá de Julio Alberto López Alonso, por quien ha realizado búsquedas de campo a lo largo de diez años, acumulando así experiencias que luego aprovechó en la búsqueda de otros hijos como el suyo, de otras madres como ella.

“Las promesas de las próximas autoridades (encabezadas por Andrés Manuel López Obrador) son mi última esperanza –reconoce Julia, aunque no con júbilo, sino con escepticismo–, porque pienso que si ellos de verdad quieren, lo pueden hacer, pueden dar los pasos que se necesitan para crear un verdadero sistema de búsqueda, que es lo que las madres queremos: que exista búsqueda, real y efectiva. Eso debe ser lo primero, porque para nosotras es lo más importante: la búsqueda, para encontrarlos”.

Como parte del movimiento de víctimas de la violencia en México, Julia ha participado en los distintos foros y encuentros (formales e informales) a los que las próximas autoridades han convocado a la ciudadanía, específicamente a los afectados, para analizar estrategias y propuestas de acción durante el próximo sexenio. Y en ellos, lamentó, “los representantes de Andrés Manuel no han planteado realmente nada”.

Por una parte, detalló, “un grupo del próximo gobierno hace los foros que llamaron ‘Escucha’, mal organizados, dando espacio sólo a algunos grupos y a otros no, a unas familias y a otras no, sin tener la gente del próximo gobierno la menor idea de qué es lo que se debe discutir, y lo que hicieron fue revolvernos a todas las víctimas, cuando cada tema se debe abordar con estrategias específicas: el tema de los desaparecidos no puede atenderse de la misma forma que el de los homicidios, o los feminicidios”.
El resultado, narró Julia, fue nulo.

“Acudí al foro de Guerrero (de donde ella y su familia son originarios) y no se trató de un encuentro para analizar la problemática y buscar soluciones, como no había metodología, ni orden alguno, todo se convirtió en un encuentro catártico, donde las víctimas hablamos, y las próximas autoridades no dijeron nada”.

Luego, continuó, “otro grupo del próximo gobierno organizó el encuentro con Andrés Manuel en Tlatelolco, y ahí se comprometieron a crear mesas de trabajo sobre temas específicos, y qué pasó, que hasta la fecha no han dicho nada de esa propuesta: cuándo van a empezar, cómo van a funcionar, quiénes van a participar, cómo se van a tomar las decisiones”.

Así, el tiempo pasa, y el verdadero trabajo no comienza.

“Las víctimas, las madres, claro que hemos discutido qué se debe hacer, qué esperamos, en concreto, y hemos planteado nuestras propuestas, sin respuesta –señaló–. Lo que se necesita, por ejemplo, en concreto, es un instituto forense nacional, que sea autónomo e independiente, que cuente con todos los recursos para concentrar todos los cuerpos sin identificar que están repartidos por todo el país, y también todos los restos humanos sin identificar, y los identifique”.

Es urgente, señaló Julia, “terminar con eso de que cada autoridad, cada agencia del MP, hace las cosas como les da la gana, y hay que rescatar todos los cuerpos, todos los restos, que están en cajones de escritorios, en bodegas, en tráilers, arrumbados, por todo el país”.

Hasta la fecha, lamentó, “quienes hemos hecho el esfuerzo real por buscar a los miles de desaparecidos del país somos sus familias, pero eso ha sido por la necesidad nuestra y la falta de interés de las autoridades, pero eso no nos corresponde, para eso se necesitan expertos, de primer nivel y suficientes, y si las próximas autoridades tienen verdadera voluntad, podrían enfrentar ese reto”.

Pero aún si esto se diera, subraya Julia, “crear un instituto forense autónomo, dotarlo del personal y el equipo suficientes, es una labor que llevaría años, y muchas de nosotras no vamos a vivir tanto… entonces, creo que hay cosas que por pura lógica se pueden empezar a hacer: si las autoridades reconocen al menos 30 mil casos de desaparición, y al mismo tiempo reconocen que hay más de 30 mil cuerpos no identificados en servicios forenses, en tráileres, en fosas comunes, por qué no se hace lo que en Estados Unidos cuando la tragedia de las Torres Gemelas: contratar a todos los laboratorios privados acreditados en identificación genética, que ya tienen personal y equipo activos, para iniciar desde ya el proceso de identificación, sin tener que esperar a que quede creada una institución nacional”.

Por otra parte, subrayó, las búsquedas de campo no pueden seguirlas realizando las familias de forma improvisada o empírica, porque “es algo que exige el nuevo sistema penal acusatorio: sólo las personas acreditadas pueden manipular evidencias o, de lo contrario, éstas se vuelven prueba ilícita en un juicio, entonces, si ante la emergencia nacional se reconoce que las familias somos quienes debemos y podemos hacer estas búsquedas, entonces eso se debe formalizar: quien esté interesado en hacer búsquedas de campo debe recibir capacitación técnica y científica; tiene que ser acreditado por la autoridad, por este instituto forense autónomo que menciono, debe ser dotado del instrumental necesario y debe ser integrado a la nómina”.

Desde siempre, subrayó Julia, las familias buscadoras han debido financiar estas actividades con sus propios recursos, “las mamás han dejado de trabajar, han dejado de percibir recursos, para poder ir a buscar a sus hijos, y aparte tienen que pagar todo, eso no es justo, eso está mal”.

Esto además garantizaría, subrayó, que quien realice las búsquedas lo haga profesionalmente y, sobre todo, se ejerza esta la labor responsablemente.

“En Iguala –ejemplifica–, donde yo participé en búsquedas, vi cosas que no pueden ser, y que son producto del desconocimiento que tenemos: la gente iba abriendo fosas, encontraban cuerpos, pero por algo veían que no eran los 43 normalistas de Ayotzinapa, y entonces volvían a tapar la fosa. ¿Y los que estaban ahí quiénes eran? Quien sabe… No podemos hacer las cosas así, debemos reconocer que no somos expertos, que urgen expertos de primer nivel, y nosotros debemos recibir capacitación, trabajar con protocolos bien establecidos”.

El caso de Jalisco

Desde Jalisco, la defensora de derechos humanos Teresa Sordo, integrante del colectivo de familias de desaparecidos Por Amor a [email protected], coincide con Julia.

“Desde junio, semanas antes de la elección en la que resultó triunfador Andrés Manuel López Obrador, nosotros formulamos la propuesta a su equipo –narra Teresa–: es urgente, para antier, que en México se conforme un instituto de antropología forense de alcance nacional, no importa cómo se llame, que le pongan el nombre que les dé la gana, pero que lo hagan, que sea un equipo autónomo, independiente y transparente, que se dedique a encabezar la búsqueda de desaparecidos y la identificación de cuerpos y restos humanos que van encontrándose, eso es lo que nosotros pedimos, en el primer encuentro con víctimas al que convocó el equipo de López Obrador, en junio, y que estuvo encabezado por Olga Sánchez Cordero”.

El mejor ejemplo de la necesidad de contar con un instituto forense nacional autónomo, señala Teresa, es el gobierno de Jalisco y sus tráileres con cientos de cadáveres almacenados por años, sin que se les hayan practicado diligencias para su identificación.

“A mediados de septiembre, cuando se hizo el escándalo por los tráileres, el gobernador del estado, Aristóteles Sandoval, dijo públicamente que no sabía nada de eso, que era una sorpresa, y eso era una mentira –denunció la defensora de derechos humanos–: casi un mes antes, el 26 de agosto pasado, hubo un encuentro del gobernador con víctimas, y ahí, el colectivo Por Amor a [email protected] fue precisamente lo que denunciamos: que el instituto forense estatal está en crisis, que los cuerpos se acumulaban en tráileres, que eso no podía continuar”.

La respuesta del gobernador, lamentó Teresa, “fue que no hay presupuesto, que el instituto forense estatal es lo que hay y que con esto nos tenemos que conformar. Pero no, no nos conformamos”.

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Alejandro Madrigal, el científico mexicano honrado en el cumpleaños de la reina Isabel II

Dos veces al año, en Reino Unido, se entregan honores para reconocer los aportes extraordinarios y el servicio al país de personas de diferentes ámbitos. Este año, en la lista está incluido un médico mexicano. Esta es su historia.
3 de junio, 2022
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Cuando en su adolescencia Alejandro Madrigal iba de puerta en puerta vendiendo ropa y zapatos para ayudar a mantener a su familia, poco se imaginaba que sería condecorado por la reina de Inglaterra.

“Tuve que buscar todo tipo de oficios”, cuenta este doctor mexicano. “Pero fue un periodo que me ayudó mucho y vino la medicina a buscarme”.

Y se “enamoró” de ella. Las ganas “locas” por estudiar no se comparaban con las que frustró un maestro de primaria que le pegaba con una regla por escribir con la mano izquierda.

Con su “zurdera y dislexia”, llegó a universidades como Harvard, Stanford y University College of London (UCL), y se convirtió en una eminencia mundial en el trasplante de médula ósea.

Y es su aporte al campo científico el que le abrió un espacio en la lista de figuras cuyos logros y servicios al país son reconocidos por la monarca.

“No lo podía creer, uno nunca espera que estas cosas lleguen”, dice Madrigal a BBC Mundo con la carta en la mano.

Reina Isabel II

EPA
Isabel II cumple 70 años en el trono británico.

En la misiva, se le informaba que su nombre le había sido “recomendado a su Majestad la Reina para el honor de Oficial de la Orden del Imperio Británico (OBE) en la lista de honores del cumpleaños de 2022″.

OBE significa Officer of the Most Excellent Order of the British Empire y es una de las categorías de un sistema de reconocimiento a la labor extraordinaria de civiles y miembros de las Fuerzas Armadas.

Madrigal fue el fundador y director científico, por 27 años, del Instituto de Investigación de la fundación británica Anthony Nolan, que se especializa en combatir el cáncer de sangre.

Como investigador y profesor ha hecho contribuciones en el campo de la hematología en el University College of London y en el Hospital Royal Free de la Universidad de Londres.

Lideró la Asociación Europea de Trasplante de Médula Ósea y ha recibido múltiples distinciones.

Esta es su historia.

El recuerdo del maestro

Madrigal creció en la Ciudad de México y tiene recuerdos muy bonitos de su infancia en familia, no así de la primaria.

Madrigal cuando era niño

Cortesía: Alejandro Madrigal
Madrigal creció en Ciudad de México, vivió en la colonia Juárez.

“Llegué muy emocionado y contento al primer día de escuela porque veía que mi hermano mayor regresaba muy feliz a la casa”.

“Cuando el maestro Méndez me vio agarrar el lápiz con la mano izquierda, me dijo que eso no lo podía hacer en su salón”.

Intentó escribir con la mano derecha, pero inconscientemente pasó el lápiz a la izquierda, algo que el docente interpretó como un “acto de rebeldía”.

Le arrebató el lápiz y le dijo que no toleraría a “insolentes”.

“Además, con la dislexia empecé a tener problemas para escribir ciertas palabras. El maestro me ponía en el pizarrón a escribir horas y horas con la mano derecha”.

“Me decía una frase que siempre me molestó: ‘La vergüenza la llevas en la suela de los zapatos’, y me hacía sentar en el fondo del salón, viendo a la pared”.

Junto a sus hermanos.

Cortesía: Alejandro Madrigal
Junto a sus hermanos.

Los intentos de escribir con la mano izquierda terminaron muchas veces en insultos, golpes con una regla sobre la palma de la mano y días sin recreo.

“Con suerte la educación ha cambiado, pero fue un periodo bastante difícil que me llevó a un inicio en el sistema educativo muy complicado”.

Odiaba la primaria, no me sentía diestro en muchas cosas, el futbol no se me daba y la secundaria tampoco fue de lo mejor”.

Una misión

A los 17 años, sufrió “una de las pérdidas más grandes”.

Su padre murió de un infarto cuando se encontraba en uno de sus tantos viajes por el país vendiendo diferentes tipos de productos.

Como sus otros tres hermanos, tuvo que trabajar.

Madrigal en el día de su graduación en la UNAM.

Cortesía: Alejandro Madrigal
Madrigal en el día de su graduación en la UNAM.

Esa es la época en la que iba de casa en casa con un maleta llena de cosas, en la que fue mesero y en la que intentó abrir un restaurante con su familia, que “fracasó”.

Se ganó una beca para estudiar computación y eso le permitió conseguir un trabajo en programación.

“Empecé a estudiar como loco, terminé la preparatoria con grado de excelencia y luego vino la UNAM”.

“Como Neruda dice en su poema que la poesía vino a buscarlo, yo digo que la medicina me encontró. Ya sentía que tenía una misión”.

Con 19 años, iba a la universidad en la mañana y poco antes de las 3:00 de la tarde se salía de la clase.

“Tenía que recorrer prácticamente toda Ciudad de México para llegar al trabajo. A veces me tenía que ir de aventón porque no tenía para el camión”.

Su jornada laboral terminaba en la noche y repasaba las materias en la madrugada. “Pero estaba enamorado de mi carrera“.

“La mejor universidad del mundo”

La situación económica en la casa comenzó a mejorar y las buenas calificaciones se volvieron, “para su sorpresa”, una constante.

En el día de su boda.

Cortesía: Alejandro Madrigal
Conoció a María Elena cuando tenía 14 años y se casó a los 23. Ha sido un gran apoyo en su carrera.

Se fue a Tijuana a hacer las prácticas en un hospital.

“Un maestro me preguntó qué iba a hacer después y le respondí que quería ir a la mejor universidad del mundo”.

“Se rió y me dijo: ‘¿Y cuál es esa universidad?’, y le contesté: ‘Pues, no sé, ¿cuál sería?’. A lo que me respondió: ‘Harvard’, y le dije: ‘Ah, bueno, esa, voy para allá'”.

El docente se volvió a reír y le dijo: “Alejandro, te estoy invitando a almorzar, tienes un agujero en el zapato, y ¿vas a ir a Harvard?”.

La respuesta fue un contundente: “Sí”.

Y lo consiguió. Harvard lo aceptó, tras ganarse una beca de la Organización Mundial de la Salud.

Madrigal en Harvard

Cortesía: Alejandro Madrigal
En Harvard conoció a dos grandes científicos: Baruj Benacerraf y Edmond Yunis.

En la universidad estadounidense conoció a los profesores Baruj Benacerraf, Premio Nobel de Medicina nacido en Venezuela, y Edmond Yunis, destacado investigador de inmunología y cáncer, que se convertiría en su mentor.

“Llegué con un inglés básico, lo estudiaba cada vez que podía. A veces, no les entendía nada, la ventaja era que Edmond es colombiano”.

“Estaba en Harvard y era la persona más feliz del mundo”.

Como una margarita

Después vino el doctorado en la Universidad de Londres, el postdoctorado en la Universidad de Stanford y una oportunidad laboral que vio en un anuncio de la revista Nature y que terminó marcando su destino.

Alejandro Madrigal en la Universidad de Londres

Cortesía: Alejandro Madrigal
En Londres, ciudad que se convirtió en su hogar.

Entre unos 60 candidatos, fue escogido para liderar, desde 1993, la investigación científica en la organización Anthony Nolan, creada en 1974.

El hijo de su fundadora, Shirley Nolan, había nacido con un raro trastorno sanguíneo llamado síndrome de Wiskott-Aldrich y la única manera de salvarlo era con un trasplante de médula ósea.

Como ningún familiar era compatible, comenzó la búsqueda de un donante, pero no lo encontró y Anthony murió, a los siete años, en 1979.

En el proceso de búsqueda, Shirley ayudó a concebir un sistema pionero: el primer registro de donantes de médula ósea en el mundo para el tratamiento de leucemia y otros tipos de cáncer.

De acuerdo con la organización, ese registro “ha ayudado a 22 mil personas a recibir un trasplante que les salvó la vida”.

Shirley Nolan junto a su hijo Anthony.

Evening Standard/Hulton Archive/Getty Images
Shirley Nolan junto a su hijo Anthony.

La flor favorita de Anthony era la margarita.

“Shirley la puso como símbolo (de la fundación) porque una margarita tiene muchos pétalos y, aunque le quites uno, seguirá siendo una margarita: puedes dar médula”.

“Ese mensaje lo llevé a todo el mundo, a las conferencias que iba, y empecé a generar registros, a ayudar a varios países a crearlos y actualmente hay 40 millones de donantes en todo el mundo”, cuenta Madrigal.

Formando en el camino

El doctor también ayudó a establecer el primer banco de cordón umbilical de Reino Unido, con fines de trasplante e investigación.

Madrigal junto a estudiantes

Cortesía: Alejandro Madrigal
El primer grupo de investigadores que ayudó a formar cuando arrancó como director del Instituto de Investigación de la fundación Anthony Nolan. Eran estudiantes de doctorado y posdoctorado que procedían de México, Venezuela, Alemania e Inglaterra.

“En el Antony Nolan hay unos 10 mil cordones y eso ha permitido salvar a muchos pacientes”, indica Madrigal.

En 2020, fue nombrado miembro honorario de la Sociedad Europea de Trasplante de Sangre y Médula Ósea en reconocimiento a sus aportes en el campo del trasplante de células madres hematopoyéticas (HSCT).

“Tuve la fortuna de estudiar en universidades muy reconocidas y por eso me dicen que tengo muy buen pedigrí, pero cuando me preguntan cuál es la universidad que más quiero, digo que es la UNAM“, cuenta.

“Me abrió las puertas y me cambió el universo”.

Madrigal dando una conferencia

Cortesía: Alejandro Madrigal
Madrigal ha visitado decenas de ciudades para ofrecer conferencias.

El investigador ha publicado más de 500 artículos en revistas especializadas y ha dictado cientos de conferencias en más de 50 países.

En su casa, muestra los cuadros que ha pintado y los dos libros que ha escrito: Nosotros y Días de rabia.

Libros

Mariana Castineiras/BBC Mundo

Dice que su “pelea a muerte” es contra el cáncer.

Actualmente, trabaja en un proyecto para desarrollar terapias celulares contra diferentes tipos de esa enfermedad, no solo leucemia.

Tras el retiro de Madrigal de Anthony Nolan, su directora, Henny Braund, ofreció un discurso en su honor.

Enumeró varios logros y añadió que su legado iba más allá de lo científico: “Más que cualquier cosa, su contribución al mundo de los individuos a los que se les ha dado una segunda oportunidad de vida, directamente gracias a su investigación, no se puede subestimar”.

Y concluyó: “En nombre de Anthony Nolan, la comunidad científica global, los pacientes cuyas vidas has salvado, nunca serás olvidado. Gracias”.


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