Jugaré contigo, un libro que habla del erotismo como arte cerebral (capítulo de regalo)
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Portada del libro

Jugaré contigo, un libro que habla del erotismo como arte cerebral (capítulo de regalo)

La autora de esta novela toca los temas de sexualidad y prostitución como una decisión y no una imposición a la mujer, retomando nombres de personajes femeninos en la literatura.
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Susana es una joven de 21 años que decide salir de su entorno cotidiano y de su país porque, de alguna manera, siente que tiene que hacer un viaje. Esta decisión la pondrá a prueba a ella, así como a un hombre quien le propone un juego sexual.

Esto ocurre en el libro “Jugaré Contigo” de la escritora zacatecana, Maritza Buendía, donde la protagonista, Susana, inicia un juego erótico con Levent, un hombre turco, y el cual consiste en exhibirse durante cinco noches en un escaparate sexual de la ciudad de Amberes, Bélgica.

La novela presenta dos escenarios, en uno habitan las muñecas que formarán parte del carácter y decisiones de Susana, mientras que el segundo es casa donde se desarrollan gran parte de los recuerdos de la protagonista, así como de su madre y su abuela.


En entrevista con Animal Político, la autora explica que la Casa de las Muñecas resulta ser una analogía a los antiguos prostíbulos. “Las muñecas son altas, miden alrededor de 30 centímetros, son de porcelana, estilizadas hasta el cuerpo. Hay una clara referencia con los escaparates sexuales en los que ella pondrá en práctica su juego”, detalla.

“Jugaré Contigo” se compone de cuatro capítulos contados en diversos tiempos, donde podemos conocer a Susana desde que era una niña, una adolescente o una mujer adulta.

Prostitución y trabajo sexual

“Yo estoy en el terreno de la ficción y de tratar de hacer una propuesta diferente, hay, evidentemente un problema social todavía muy de fondo en torno a la prostitución y hay también un movimiento que es cada vez más fuerte, que es el de las prostitutas, quienes se unen para hacer una especie de congregación donde hay un sindicato donde defienden sus derechos laborales, tal cual”, explica la autora.

De acuerdo con Buendía, en América Latina cada vez más se busca y se lucha por un espacio de seguridad para todas estas mujeres, aunque sigue siendo un tema “que se presta a mucha maldad”.

“En la novela lo veo como una cuestión social o de denuncia”, añade la autora al hablar de la referencia que se hace en la Casa de las Muñecas, así como los nombres de mujeres que han sido parte de la literatura universal como “Alicia en el país de las maravillas”, de Lewis Carroll; “Paloma”, uno de los personajes de Juan García Ponce; “La Dama de las Camelias” de Alexandre Dumas (hijo), así como “Roberta” de Pierre Klossowski.

Erotismo, sin miedo a narrarlo

“Desde que empecé a escribir mis primeros cuentos, de alguna manera, siempre desembocaba en lo erótico y en lo amoroso. El erotismo es un fenómeno del pensamiento complejo y que tiene el mismo nivel que cualquier otro fenómeno del pensamiento”, explica Buendía.

Para la autora, quien cuenta con un doctorado en en teoría literaria y humanidades por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM),el erotismo “va más allá, va a acompañado de la muerte”.

“La fuerza del erotismo logra ponerte en esa encrucijada entre la vida y la muerte, entonces, creo que hay que ver al erotismo como una cuestión cabal e íntegra, que te cuestiona las raíces del ser humano”, menciona.

La novela, dirigida al público adulto, da “una postura de vida, una manera de conocer, de leer y enfrentarse el mundo que está basada evidentemente en lo sensorial, una herramienta para interrogarse y conocerse”.

La autora resalta que “el erotismo es un arte completamente cerebral, tenemos que conocernos en todos los sentidos y aprender a relacionarnos con ello. En ese sentido, mi libro funciona como una invitación a explorarnos en lo corporal y en mi relación con los demás”.

Maritza Buendía es licenciada en Letras y cuenta con una maestría en Filosofía e Historia de las Ideas. Además, ha realizado estancias de investigación en Argentina, Bélgica y Uruguay con residencias artísticas. Con autorización de la autora y la casa editorial Alfaguara, Animal Político te regala un capítulo de regalo de “Jugaré Contigo”:

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Las ‘Soñadoras afganas’, el equipo adolescente de robótica que recibió asilo en México

Las llaman las "Afghan Dreamers" y eran vistas como una de las promesas de la ciencia y la tecnología en Afganistán. Esta es su apasionante historia llena de desafíos.
26 de agosto, 2021
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Las llaman las “Afghan Dreamers” (las soñadoras afganas) y eran vistas como una de las promesas de la ciencia y la tecnología en su país.

Son un grupo de unas 20 adolescentes de entre 13 y 18 años que formaron el primer equipo femenino de robótica de Afganistán, una nación donde el desarrollo de la ciencia nunca fue una aspiración generalizada (y mucho menos hecha por mujeres).

Si lo lograron fue porque muchas de ellas nacieron -y todas crecieron y estudiaron- en un país que, de alguna forma, ya no existe.

El pasado 15 de julio, los talibanes -que gobernaron Afganistán con mano férrea y restringieron los derechos de las mujeres en la década de 1990- regresaron al poder, luego de que el gobierno huyera y el Ejército no ofreciera prácticamente resistencia a los militantes islámicos.

Desde entonces, miles de personas como las “soñadoras afganas” han tomado la difícil decisión de abandonar su país y buscar refugio por temor a represiones o ajustes de cuentas de los talibanes.

No todos han logrado escapar y las imágenes del caos en el aeropuerto de Kabul se repiten día tras día.

Sin embargo, después de cruzar por seis países y tras numerosos trámites consulares y burocráticos, las cinco adolescentes que formaron el equipo de robótica en sus inicios (Fatemah Qaderyan, Lida Azizi, Kawsar Roshan, Maryam Roshan y Saghar Salehi) recibieron este martes asilo temporal en México.

“Un mundo con igualdad de género”

Ellas fueron las primeras de un numeroso grupo de refugiados afganos que llegará a México y a otros países de América Latina en los próximos días mientras continúan los vuelos de evacuación y se resuelve su paradero final.

“Recibimos a las primeras solicitantes de estatus humanitario en México provenientes de Afganistán, ellas forman parte del equipo de robótica de ese país y defienden un sueño: un mundo con igualdad de género. Bienvenidas”, tuiteó el canciller mexicano, Marcelo Ebrard.

Según informó el gobierno, las jóvenes recibieron un visado por razones humanitarias con el cual podrán permanecer en el país por 180 días, con posibilidad de extensión.

Asimismo, indicó que recibirán alojamiento y alimentación gratis gracias al apoyo de varias organizaciones.

Grupos de derechos humanos agradecieron la iniciativa pero criticaron cómo la bienvenida a las jóvenes afganas contrasta con el trato que reciben otros migrantes en la frontera sur de México, que en ocasiones son retornados a sus países y muchos denuncian ser víctimas de abusos, malos tratos y violencia.

Esta madrugada, México recibió a otro grupo de 124 personas procedentes de Afganistán compuesto por periodistas y sus familiares.

Quiénes son las jóvenes

El grupo de “soñadoras afganas” fue creado hace cuatro años por Roya Mahboob, una emprendedora tecnológica que dirige el Digital Citizen Fund, un grupo que imparte clases para niñas en ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas y robótica.

El proyecto, que tuvo como centro la provincia de Harat, en el oeste de Afganistán, tenía como objetivo promover la ciencia y empoderar a las menores afganas en una nación donde el rol de las mujeres estuvo limitado al hogar durante los años del poder talibán.

Poco después de la creación del grupo, en 2017, las adolescentes comenzaron a recibir atención internacional cuando ganaron el Premio Especial en el Campeonato Internacional de Robótica celebrado en Washington DC.

Refugiados afganos en México

Getty Images
México recibió este miércoles a otro grupo de refugiados afganos, en su mayoría periodistas y sus familiares.

Su premio sorprendió no solo por tratarse de adolescentes que llegaban de un país donde las mujeres y niñas carecían de derechos elementales hasta hacía poco, sino también porque tuvieron que sortear numerosas odiseas para llegar a EE.UU.

Tras ser aceptadas para la competencia -la primera vez que alguien de Afganistán lo conseguía- recorrieron más de 800 kilómetros por carretera desde sus hogares en Harat hasta la embajada estadounidense en Kabul.

Al llegar allí, sin embargo, les negaron la visa. Lo intentaron otra vez y le fue denegada de nuevo.

Solo una intervención especial del entonces presidente Donald Trump permitió el viaje, aunque la visa no fue el final de sus peripecias.

Poco antes de del vuelo, el gobierno afgano les confiscó los materiales de robótica con los que pensaban presentarse a la competencia.

No obstante, lograron finalmente llegar hasta Washington donde captaron la atención de la prensa estadounidense tras todos los obstáculos vividos en su viaje.

En época de coronavirus

Después de esto, las adolescentes ganaron también renombre en Afganistán.

Cuando comenzó la pandemia el año pasado, fueron convocadas junto a un grupo de médicos, ingenieros y académicos para intentar buscar soluciones a un desafío.

Harat, la provincia donde vivían, estaba sufriendo los embates del covid-19 por una creciente escasez de respiradores artificiales.

Las jóvenes propusieron entonces un proyecto para tratar de ayudar a su comunidad: construir unos respiradores utilizando un diseño de ingenieros del MIT de EE.UU. y piezas de repuesto de autos Toyota Corolla.

Tras contactar a los expertos estadounidenses para usar el prototipo se pusieron manos a la obra. Muchas trabajaban en ayunas por encontrarse entonces en el mes de Ramadán, en el que los creyentes islámicos no comen hasta la puesta del Sol.

Las cuarentenas las obligaban además a trabajar de manera individual. Algunas incluso se reunían solo enel momento de ensamblar las piezas en la que trabajaba cada una (varias se enfermaron de covid en esos meses).

La huida

Con el paso del tiempo y al hacerse reconocidas internacionalmente, al grupo se le fueron sumando otras miembros nacidas casi todas después de 2001, cuando el Talibán perdió el poder tras la invasión de EE.UU.

Con el regreso del grupo islámico hace 10 días, muchas temieron ser víctimas de represalias. Tras varios intentos fallidos, lograron volar inicialmente a Qatar, donde las primeras cinco integrantes del grupo supieron que México les había aprobado el asilo.

“No solo salvaron nuestra vida sino también nuestros sueños, que buscamos se hagan realidad (…)”, dijo una de las jóvenes en una conferencia de prensa este martes tras llegar al aeropuerto de Ciudad de México.

Jóvenes afganas en México

AFP
Las jóvenes agradecieron a México por recibirlas.

La joven explicó que, dado que los talibanes retomaron el poder la situación ya no estaba “a nuestro favor”.

“En este régimen, las niñas nos vemos con dificultades (…) por eso agradecemos estar aquí”, dijo.

También indicó que, bajo la interpretación de la ley islámica que hace el grupo, sería muy difícil para ellas seguir dedicándose a la ciencia.

“Nuestra historia no terminará triste por los talibanes”, aseguró la joven.

Según reportes de medios de EE.UU. algunas ya han recibido ofertas de becas para estudiar en algunas universidades estadounidenses.


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