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Cuartoscuro Archivo
Madres centroamericanas llegan a México este martes en busca de sus hijos desaparecidos
En medio del éxodo de miles de ciudadanos hondureños que ingresaron a México y buscan cruzar hacia Estados Unidos, madres centroamericanas buscarán a sus hijos desaparecidos, del 23 de octubre al 7 de noviembre.
Cuartoscuro Archivo
Por Ana Alicia Osorio
23 de octubre, 2018
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Este martes llegó a México la caravana de madres centroamericanas que buscan a sus hijos desaparecidos.

En medio del éxodo de miles de ciudadanos hondureños que ingresaron a México y buscan cruzar hacia Estados Unidos, hay madres centroamericanas para las cuales este país es sinónimo de violencia y desaparición.

Tal y como lo han hecho desde 2015, este martes un grupo de más de 30 madres centroamericanas que conforman la caravana recorrerán el país para buscar a sus hijos desaparecidos.

Portando banderas de países como Nicaragua, El Salvador y Honduras, el grupo de mujeres arribó a las oficinas de migración localizadas en la ciudad de Talismán, proclamando consignas de justicia para sus familiares.

Las madres formaron una fila, donde sostenían también las fotografías de sus hijos que buscan, esta caravana que se realiza año con año ingresó a la oficina de las autoridades migratorias mexicanas para hacer el trámite correspondiente y continuar con su paso por la nación mexicana.

Se prevé que las mujeres puedan llegar a la Ciudad de México en los próximos días para sostener un encuentro donde resalten sus demandas de justicia.

El Movimiento Migrante Mesoamericano ha estimado que más de 70 mil personas de Centroamérica, entre hondureños, guatemaltecos y salvadoreños, desaparecieron en territorio mexicano.

Diversos organismos, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), han documentado los riesgos de los migrantes en México y los delitos de los que son víctimas.

“La población migrante es particularmente vulnerable a una desaparición forzada debido a su estatus de indocumentada y la falta de recursos financieros, leyes efectivas, programas destinados a protegerlos o recursos judiciales a su disposición. Muchos de los 150 mil migrantes que viajan a través de México anualmente hacia la frontera norte lo hacen por rutas donde el crimen está presente y donde son fácilmente víctimas de secuestro o extorsión”, indica un informe del grupo de trabajo de Naciones Unidas sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias.

Las mujeres, que integran colectivos de búsqueda en El Salvador, Guatemala y Honduras, estarán en México del 23 de octubre al 7 de noviembre, donde recorrerán 4 mil kilómetros de la ruta migratoria en estados que se han caracterizado por la violencia que han vivido, como Tabasco, Veracruz y Michoacán.

Allí se reunirán con colectivos locales de búsqueda, recorrerán albergues y lugares donde pudieron estar sus hijos, y buscarán a autoridades locales actuales y electas.

Además, en esta cuarta edición de la caravana, las madres participarán en la Ciudad de México en la Cumbre Mundial de Madres de Migrantes Desaparecidos que sucederá en paralelo y como parte del Foro Social Mundial de Migraciones, los días 2, 3, y 4 de noviembre del presente, donde por vez primera se dará un encuentro histórico entre madres de países del Magreb: Mauritania, Senegal, Argelia, Túnez, además de Italia, áreas del Pacifico Asiático, Estados Unidos, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y también madres mexicanas.

“El propósito fundamental de esta experiencia es enlazar a las organizaciones emergentes de familiares, madres en particular, que comparten la lucha por encontrar a sus seres queridos y reunir a sus familias rotas por el fenómeno del desplazamiento forzado, compartir experiencias de búsqueda y de sanación, alimentar la esperanza y reconocer que el problema de las desapariciones de personas en movimiento es mundial, diverso y extremadamente complejo”.

Esta es la ruta de la Caravana de Madres >> https://movimientomigrantemesoamericano.org/2018/10/05/ruta-de-la-caravana-de-madres- de-migrantes-desaparecidos-2018/

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El conmovedor reencuentro entre un niño robado y la familia que llevaba buscándolo casi 40 años
Javier Matías Darroux Mijalchuk se convirtió en el "nieto 130", el más reciente caso de un argentino al que las Abuelas de Plaza de Mayo ayudaron a descubrir su identidad.
14 de junio, 2019
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Durante casi 40 años, Roberto Mijalchuk dejó activa una línea de teléfono, con la esperanza de que algún día sonara el aparato y pudiera reencontrarse con su hermana desaparecida.

Pero cuando sonó, no fue su hermana la que apareció, sino su sobrino, que en el momento de la desaparición estaba con su madre y entonces tan solo tenía pocos meses de vida.

“Gracias, tío, por no dejar de buscarnos”, manifestó Javier Matías Darroux Mijalchuk esta semana ante la prensa, tras descubrir que es hijo de desaparecidos durante el último régimen militar en Argentina, entre 1976 y 1983.

Darroux Mijalchuk, de 41 años, fue presentado esta semana como “el nieto 130”, el más reciente argentino al que las Abuelas de Plaza de Mayo ayudaron a descubrir su identidad.

El joven protagonizó un emotivo reencuentro público con su tío en una multitudinaria presentación, con el objetivo de llegar a conocer más detalles de su pasado y animar a otros a dar un paso al frente, “juntar coraje” y descubrir la verdad.

“Muchos en situación similar”

Javier Matías Darroux Mijalchuk siempre supo que los padres que le criaron no eran su familia biológica, pero no se interesó por su pasado hasta hace unos años.

“Para mí, desde un convencimiento muy interno, tenía la certeza de que mis padres podrían haber sido desaparecidos por la dictadura militar, pero yo estaba bien con quien era y no me interesaba en una búsqueda con resultado incierto que desgastaría mis energías vanamente”, recordó en la comparecencia pública celebrada en la sede de Abuelas en Buenos Aires.

Pero algo cambió en 2006. Fue entonces “cuando entendí el egoísmo de mi postura”, dijo.

“Si no era importante para mí —o eso creía—, tenía que ser consciente de que en el otro lado podía estar buscándome un hermano, un tío, una abuela”.

Animado por su pareja y dos amigos, Javier se acercó a la organización de Abuelas de Plaza de Mayo, que lleva más de cuatro décadas buscando a desaparecidos y sus hijos.

Ello activó el proceso para poder encontrar sus raíces y descubrir que era hijo de Elena Mijalchuk y Juan Manuel Darroux, desaparecidos en diciembre de 1977.

“Creo que hay muchos a quienes les pasa una sensación similar, así que los invito a juntar coraje y a acercarse” a Abuelas, instó.

La organización, presidida por Estela De Carlotto, estima que cerca de 500 bebés fueron robados por el gobierno militar, y calcula que el régimen hizo desaparecer a cerca de 30.000 personas de todas las edades y condiciones sociales.

La búsqueda y las dudas

Según explica Abuelas en su página web, los “secuestros” de la familia del “nieto 130” empezaron con su padre, Juan Manuel Mijalchuk, quien trabajaba en tareas administrativas en la Universidad de Morón, en la provincia de Buenos Aires, y desapareció a principios de diciembre de 1977.

La última vez que un familiar lo vio fue discutiendo “acaloradamente con cuatro hombres que lo subieron a una Chevy azul metalizada”.

Tras ello, su mujer, Elena, quien por entonces estaba embarazada por segunda vez, recibió una carta firmada por su marido en la que le indicó un lugar y una fecha para encontrarse. Sus padres le llevaron a ese enclave, junto a su bebé de pocos meses, y esa fue la última vez que los vieron.

Javier Matías fue encontrado abandonado en una calle que se encontraba a tres calles de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde funcionaba el mayor centro clandestino de detención del régimen militar, que apresó allí a cerca de 5.000 personas secuestradas, recoge la Agencia Efe.

Lo dieron en adopción legal a una familia que lo crió bien, que nunca le ocultó que era adoptado pero que no sabía su procedencia real, según esa misma fuente.

Desde entonces, el hermano de su madre, su tío Roberto, “nunca bajó los brazos ni perdió la esperanza”, destacó Javier Matías ante los medios.

El joven agradeció en numerosas ocasiones la persistencia de su tío, quien denunció a finales de los 90 la desaparición de su hermana, su cuñado y su sobrino, y acabó recibiendo la famosa llamada de Javier Matías hace unos años.

No obstante, el “nieto 130” matizó que la “alegría siempre es parcial”. El hecho de encontrarme implica que él nunca va a volver a ver a su hermana”, explicó.

Y es que las dudas persisten sobre el paradero de sus progenitores y qué ocurrió con el embarazo de su madre, una de las razones por las que Javier decidió contar su historia ahora e intentar conseguir así mayor información, según recogen los medios argentinos.

“La convicción de lucha y búsqueda no termina”, señaló.

“Yo necesito saber la verdad de qué sucedió con ellos. Y necesito saber si tengo un hermano o una hermana”.


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