A 50 años de la masacre de Tlatelolco: estamos aquí para no olvidar
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Carlo Echegoyen

A 50 años de la masacre de Tlatelolco: estamos aquí para no olvidar

Estudiantes de universidades públicas y privadas y exintegrantes del movimiento de 1968 marcharon para conmemorar a las víctimas de la masacre del 2 de octubre. Todos bajo la misma consigna: Nunca más.
Carlo Echegoyen
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El 2 de octubre de 1968, desde el balcón del tercer piso del edificio Chihuahua, en Tlatelolco, el dirigente estudiantil Eduardo Valle se preparaba para dar lectura al discurso que llevaba escrito en un papel, guardado en su bolsillo izquierdo, ante los universitarios congregados en la Plaza de las Tres Culturas.

Sin embargo, un helicóptero, del que cayó una bengala encendida, desatando una lluvia de balas, se lo impidió, y el discurso se perdió, junto con sus lentes, en el caos de la masacre.

Marcha

Foto: Paris Martínez

Cincuenta años después, al pie del edificio Chihuahua, Ímuris Valle, hija de Eduardo, ya fallecido, lamentó la pérdida de ese discurso, en aquella noche en que su padre, como otros dirigentes e integrantes del movimiento estudiantil, terminaron en las celdas clandestinas del Campo Militar Número 1, o en las crujías de la penitenciaría de Lecumberri, conocida siempre como el Palacio Negro.

El discurso de su padre se perdió, pero Ímuris subrayó, en nombre de él y del Comité 68 –que integra a sobrevivientes y familiares del movimiento estudiantil de hace medio siglo–, que aún con el paso de las décadas, a pesar del aplastamiento por la vía militar de lo que no se pudo derrotar por la vía política, “no podrán borrar, aunque quieran, al movimiento del 68, porque es vida, y la vida florece”, y el ejemplo, asegura, está presente esta tarde del 2 de octubre de 2018 en la plaza, en la que ahora “sus hijos, sus nietos, estamos aquí para nunca olvidar”.

marcha

Foto: Carlo Echegoyen

Estas fueron las palabras con las que, formalmente, inició la marcha para conmemorar la masacre del 2 de octubre de 1968, cuando el Ejército disparó en contra de población civil, desarmada, que se manifestaba pacíficamente, en esta misma explanada.

Convocada para iniciar a las 16:00 horas, desde una hora antes la Plaza de las Tres Culturas ya se encontraba abarrotada por estudiantes de todo cuño, alumnos de la UNAM, el IPN, la UAM, la UACM, la ENAH, el Colegio de Bachilleres, todos los CCH, así como contingentes de Chiapas, Morelos y Guerrero, entre muchos otros, que ante la falta de espacio caminaron de la explanada hacia la avenida Ricardo Flores Magón, así como a Eje Central, para emprender el camino hacia el Zócalo de la Ciudad de México.

marcha

Foto: Lizbeth Padilla

La vanguardia de la marcha, encabezada por el Comité 68 –algunos de sus integrantes en silla de ruedas–, emprendió la caminata alrededor de las 16:10, y 50 minutos después, ya doblaba en la calle 5 de Mayo, para enfilarse al Zócalo.
Mientras tanto, dos kilómetros atrás, en la plaza de las Tres Culturas aún se formaban contingentes para marchar, y lo siguieron haciendo hasta poco antes de las 18:00 horas, es decir, casi dos horas después de que partiera el primer contingente.

En el Zócalo, pronto el flujo de estudiantes llenó la plaza al ritmo de la Banda de Tlayacapan, la misma que acompañaba a Emiliano Zapata en las plazas de Morelos durante la Revolución Mexicana, y que ahora abrió el mitin y saludó a los manifestantes.

marcha

Foto: Lizbeth Padilla

A 50 años de la masacre, luego de la tradicional banda de viento, las primeras palabras que se pronunciaron en la principal plaza del país son las de Rosario Castellanos, cuyo poema “Memorial de Tlatelolco”, retumba contra Palacio Nacional.

“No busques lo que no hay: huellas, cadáveres
que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa,
a la Devoradora de Excrementos.
“No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.
Mas he aquí que toco una llaga: es mi memoria.
Duele, luego es verdad. Sangre con sangre
y si la llamo mía traiciono a todos.
“Recuerdo, recordamos.
“Ésta es nuestra manera de ayudar a que amanezca
sobre tantas conciencias mancilladas,
sobre un texto iracundo sobre una reja abierta,
sobre el rostro amparado tras la máscara.
Recuerdo, recordamos
hasta que la justicia se siente entre nosotros.”

Los siguientes en escucharse fueron los ausentes, los caídos en la noche de Tlatelolco, hace medio siglo, y los que fueron muriendo después, los que “nos duelen en el corazón”, de entre los cuales algunos fueron mencionados por nombre, para representarlos a todos y a todas: Roberta Avendaño Martínez, Carlota Botey, Heberto Castillo, Elí de Gortari, José de Molina, José Piñero Guzmán, José Revueltas, Carlos Sevilla, Fausto Trejo Fuentes, Eduardo Valle, y Raúl Álvarez Garín, uno de los principales impulsores del Comité 68, fallecido en 2014, cuyo nombre se repitió tres veces, y por el que en tres ocasiones la multitud gritó “¡Presente!”

marcha

Foto: Carlo Echegoyen

En punto de las 18:10 horas, el mismo momento en el que hace 50 años inició el ataque en Tlatelolco, los manifestantes congregados en el Zócalo guardaron un minuto de silencio, sólo interrumpido por el rumor de los nuevos contingentes que seguían entrando a la plaza.

Tocó entonces el turno al habla a Félix Hernández Gamondi, integrante del movimiento estudiantil del 68, quien (quizás involuntariamente) retomó la misma idea que Ímuris Valle expuso al inicio de la marcha: que el movimiento del 68 florece.

marcha

Foto: Carlo Echegoyen

Luego de la masacre, narró Hernández Gamondi, “el movimiento estudiantil se fue a lamer sus heridas, a reorganizarse, a rediscutir y a redefinirse”, y tres años después se había recuperado a tal grado que, para detenerlo, el gobierno volvió a recurrir a la violencia, “engolosinado con su imagen de pistolero represor”.

Pero esa generación, siguió, no se detuvo. Unos optaron por la lucha armada, “y se fueron poniendo por delante su sangre y su vida, y lo hicieron heroicamente”, subrayó, mientras que “muchos otros nos fuimos a reproducir la experiencia política y organizativa del movimiento estudiantil del 68 en sindicatos, en organizaciones campesinas, populares, en universidades, unos como trabajadores que formaron sindicatos, otros como docentes que inyectaron nuevo impulso a la educación”.

marcha

Foto: Carlo Echegoyen

Ese “afán de libertad”, subrayó, es el que se expresó tras los sismos de 1985, cuando la respuesta ciudadana suplió la inoperancia de gobierno ante la emergencia; en 1988, “cuando vino la gran explosión electoral que puso en jaque al régimen”, y ahora en 2018, con la expulsión del PRI de Los Pinos.

La experiencia del 68, concluyó, “partió en 68, pero no es sólo el 68, sino que es una experiencia que se ha construido a lo largo de 50 años”.

Tras él, los padres y madres de los 43 normalistas detenidos y desaparecidos en Iguala, Guerrero, hace 4 años, hablaron para recordar que sus hijos fueron raptados cuando tomaban camiones para poder acudir, precisamente, a la conmemoración del 2 de octubre de 2014.

Para los sobrevivientes del 68 y los familiares de los caídos, las palabras de los padres y madres de los 43 normalistas fueron cortas y sencillas, tanto como profundas: “Estamos aquí presentes, con ustedes, su dolor es nuestro dolor, a 50 años de la masacre de Tlatelolco, la memoria está viva y honramos al movimiento estudiantil del 68”.

Por ello, se subrayó, para los responsables de la masacre del 2 de octubre de 1968, y para los responsables de la desaparición de los 43 normalistas de 2014, los papás y mamás de Ayotzinapa demandan lo mismo: “Exigimos cárcel para todos ellos, responsables, que esclarezcan los hechos es lo que exigimos como madres y padres de familia”.

Tan el dolor es el mismo, de hecho, que la consigna para las víctimas de ambos atentados de las autoridades es la misma: 2 de octubre no se olvida / es de lucha combativa… 26 de septiembre no se olvida, es de lucha combativa.

Foto: Carlo Echegoyen

Cuando aún faltaba la mitad de la marcha por ingresar al Zócalo, alrededor de las 19:30 horas (es decir, una hora y media después de iniciado el mitin en la explanada), los discursos concluyeron, con la lectura del pliego petitorio redactado por la Asamblea Interuniversitaria, que coordina al movimiento estudiantil iniciado tras el ataque porril contra estudiantes del pasado 3 de septiembre.

El pliego, cuyo cumplimiento exigen a las autoridades, es el siguiente:

1. Creación de una comisión independiente de las autoridades, para el desmantelamiento de los grupos porriles y el esclarecimiento del ataque del 3 de septiembre de 2018, así como el castigo a los responsables materiales e intelectuales de estos hechos.

2. Reestructuración de las estrategias de seguridad integral y no punitivas en las instituciones de educación superior y media superior, con una participación de la comunidad estudiantil, docente y trabajadora que priorice la seguridad de las personas sobre la del inmueble.

3. Reconocimiento de instancias resolutivas, con perspectiva de género, tripartitas e independientes, que se encarguen de la creación de mecanismos de prevención, atención y sanción a los casos de violencia de género, de forma transparente.

4. Elección democrática de todas las autoridades en las universidades, y la eliminación de las estructuras autoritarias de gobierno.

5. Garantizar la gratuidad de la educación en todos los niveles, enfatizando los niveles superior y medio superior, mediante la eliminación de todo tipo de cuotas.

6. Aumento del presupuesto a la educación, entrega incondicional y transparente de los recursos para el rescate de las instituciones en quiebra. Dignificación de la planta docente y no docente, y garantizar el acceso irrestricto a la educación superior y media superior, y que ésta sea pública, gratuita, humanística, artística, científica, popular y con perspectiva de género.

7. Abrogación inmediata de la reforma educativa y del nuevo modelo educativo.

8. Inclusión de la comunidad estudiantil y docente en la creación, diseño e implementación de los planes y programas de studio.

9. Verdad, justicia, reparación integral del daño y garantías de no repetición de todos los casos de violencia de género, asesinatos, feminicidios y desapariciones ocurridos contra miembros de las instituciones de educación superior y media superior.

10. Respeto a la liberta de expresión y garantía de no represalias contra la comunidad docente, estudiantil y trabajadora.

Tras la lectura de este pliego, el acto conmemorativo se dio por concluido, aunque sólo para permitir a la Banda de Tlayacaban retomar la música tradicional de viento. La protesta, sin embargo, continuó más allá del Zócalo, en las calles aledañas, especialmente 5 de Mayo de 16 de Septiembre, por las que miles de estudiantes aún marchaban para ingresar a la plaza, con una consigna común: “Nunca más”.

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¿Es posible saber cuál país está haciendo lo correcto ante la COVID-19?

Dominic Wilkinson, profesor de Ética Médica de la Universidad de Oxford, nos ayuda a entender el complejo proceso de tomar decisiones en un contexto como el actual, en el que “la ciencia no nos puede decir qué hacer”.
Getty Images
6 de septiembre, 2020
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“La ciencia no nos puede decir qué hacer”, reflexiona Dominic Wilkinson, profesor de Ética Médica de la Universidad de Oxford, en Inglaterra.

“La ciencia tiene que estar en el centro de la toma de decisiones, pero no te puede decir, por sí sola, qué decisión tomar. Eso se debe hacer sobre la base de la ética“, le dice el doctor a BBC Mundo.

Wilkinson fue consultado en el artículo: “The philosophy of COVID-19: is it even possible to do the ‘right thing’?” (“La filosofía de COVID-19: ¿es posible hacer lo ‘correcto’?)”, publicado en el sitio de la universidad británica.

En el texto se reflexiona sobre el hecho de que en los últimos seis meses, en todos los continentes, autoridades y científicos han estado tratando de determinar qué se debe hacer frente a la pandemia.

“Por primera vez, en mucho tiempo, las consideraciones filosóficas se han convertido en materia de debate político y de conversaciones cotidianas“, indica el blog del que está a cargo Sarah Whitebloom.

“¿Es correcto privar a la gente de su libertad o no; dictar el comportamiento personal o no; cerrar las fronteras o no; para proteger la vida o el servicio sanitario o la economía o no?”, pregunta.

Entre opciones

En ese artículo, el investigador resalta que nuestro conocimiento sobre la COVID-19 ha ido cambiando con el paso de los meses y eso es clave a la hora de tomar decisiones y de juzgarlas.

Profesor Dominic Wilkinson

Cortesía: Dominic Wilkinson
Como profesor, Wilkinson se especializa en ética médica y como médico, en neonatología.

“Entonces” -se plantea en el texto- “¿cómo interpretamos los intentos de los países para abordar la pandemia? ¿Alguien está haciendo lo correcto?”

Según el profesor Wilkinson, ‘No hay una única respuesta correcta, depende de cómo sopesas tus opciones. Debes distinguir entre varias cosas'”.

¿Serían todas las decisiones igualmente validas? “No” -responde- pues hay que tomar en cuenta el contexto: algo que podría ser correcto de implementar en un país, puede no serlo en otro.

Además, pese a la incertidumbre propia de un virus cuyas características y efectos seguimos descubriendo, hay opciones que son erróneas.

Por ejemplo, “recomendar intervenciones no basadas en evidencia (como la cloroquina) podría verse como opciones ‘moralmente incorrectas‘”.

La pandemia nos ha puesto cara a cara con dilemas éticos muy complejos.

“Hay muchos paralelismos con las profundas y difíciles preguntas que enfrentan los países cuando están en guerra“, señala Wilkinson.

La prioridad tiene que ser “salvar vidas”, destaca el profesor que conversó con BBC Mundo.

La entrevista ha sido editada por razones de claridad y concisión.


En términos de qué es correcto hacer. ¿Qué desafíos nos está presentando esta pandemia?

El desafío fundamental es lo que están enfrentando los gobiernos.

En cierto sentido, son problemas con los que las sociedades tienen que lidiar todo el tiempo: cómo equilibrar las diferentes y, algunas veces, contrapuestas necesidades de su población.

Un placa de los pulmones

Getty Images
Aunque nuestro conocimiento sobre el virus Cov-2 ha aumentado sustancialmente desde que se desató el brote hace seis meses, aún hay incógnitas que se están tratando de responder.

Lo que hace que la cuestión de la pandemia sea tan grave es la escala del problema y la necesidad de hacer concesiones muy difíciles.

Eso implica hacer sacrificios y buscar soluciones intermedias entre el bienestar de unos y de otros. Por ejemplo: entre las personas en riesgo de contraer COVID-19 versus otros miembros de la sociedad y los efectos en su bienestar desde la perspectiva económica y de empleo.

En adición, hay desafíos muy grandes debido a la incertidumbre que existe. Una de las razones que hace esta pandemia tan compleja es que los problemas que está suscitando no son los problemas estándar con los que los gobiernos están acostumbrados a encarar.

Obviamente, las enfermedades infecciosas y los temas de salud pública son asuntos con los que los gobiernos están relativamente familiarizados, aunque no siempre sean simples de enfrentar.

Pero estamos ante una nueva amenaza que trae muchos desafíos e incertidumbre sobre los beneficios, así como también sobre los costos, de las distintas maneras de responder a ella. Por ejemplo: las diversas formas de confinamiento y de distanciamiento social.

Quizás sin notarlo mucho, cada día, todos hemos estado envueltos en consideraciones filosóficas debido a la pandemia. ¿Por qué ocurre eso?

La pandemia ha resaltado ciertos asuntos éticos que son muy difíciles y que ameritan soluciones de compromiso, concesiones.

Una mujer frente a una pantalla

Getty Images
Varias economías ya han empezado a sentir los efectos de la crisis que desató la pandemia.

Algunos de ellos se presentan en tiempos de normalidad, pero quizás de una forma no tan visible o dramática.

Por ejemplo, evaluar el costo en la economía, en términos de dinero, y la cuestión de las vidas que son salvadas, es un planteamiento con el que están muy familiarizados los gobiernos. No es una pregunta muy cómoda de responder, pero a la que están acostumbrados todo el tiempo:

‘¿Cuánto dinero invierto en mejorar las carreteras para prevenir accidentes de tránsito? ¿Cuánto invierto en fármacos o en el sistema sanitario en general para mejorar la salud de las personas y evitar muertes?’

Le tienen que poner un precio a la cantidad que están dispuestos a pagar para salvar una vida.

Personas fuera de un hospital

Getty Images
En muchos países, gran parte de la atención médica se ha concentrado en atender a las personas afectadas por la COVID-19.

La misma pregunta, en esencia, se invoca cuando los gobiernos tienen que tomar decisiones sobre cómo intentar balancear los beneficios potenciales de salvar vidas versus el costo económico.

Obviamente, podrías salvar el máximo número de vidas manteniendo a todos los países en confinamientos totales hasta que haya una vacuna disponible. Pero eso va a provocar un costo económico muy grande y, la medida en sí misma, va a cobrarse vidas en diferentes maneras.

Existe evidencia de que las crisis económicas por sí solas acarrean graves consecuencias sanitarias, incluyendo: efectos en las tasas de pacientes con cáncer, personas con enfermedades mentales, suicidios.

Este tipo de cálculos son los que tienen que hacer los gobiernos todo el tiempo, pero en el contexto de esta pandemia se hacen muy visibles.

¿Cuán difícil es para quienes diseñan las políticas públicas tomar decisiones basados en un virus del cual aún se desconocen muchos aspectos porque es muy nuevo?

Es tremendamente difícil.

Hay dos tipos de incertidumbres: la científica y médica, que tiene que ver con el virus: que pasaría si los gobiernos no hacen nada, cuántas vidas se podrán en riesgo, que sucedería si se toman acciones, cuán efectiva será la vacuna cuando esté disponible.

Y está la incertidumbre ética: cómo actuar frente a esta amenaza.

En ese contexto, los diferentes gobiernos tomarán decisiones distintas y no sabremos hasta dentro de muchos años, cuando veamos hacia atrás, qué país hizo la elección que resultó siendo ventajosa, pero ahora es muy difícil saber cuál es la decisión correcta.

En el artículo de la Universidad de Oxford, usted señala que en el actual contexto, algunas decisiones son tomadas de buena fe. ¿Es eso suficiente?

Desde el punto de vista de la ética, todo lo que podemos hacer es tomar decisiones con la información que tenemos.

Médicos en un hospital

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Dilemas éticos y filosóficos que siempre han enfrentado médicos, legisladores y líderes políticos ahora son parte de las conversaciones de muchos ciudadanos en todo el mundo.

Cuando me refiero a tomar decisiones de buena fe, es hacerlo sobre la base de las motivaciones y las intenciones correctas y con la información con la que se cuenta.

Puede pasar que la información que tienes es incorrecta, que las estimaciones de las diferentes opciones terminen siendo erróneas, pero no puedes tomar decisiones sobre la base de información que desconoces.

Algo que tienes que hacer es tomar en cuenta la posibilidad de que puedes estar equivocado. Por eso, los gobiernos tienen que mirar un abanico de diferentes resultados potenciales y la incertidumbre que rodean las estimaciones.

Esa es una de las razones por las cuales no se trata simplemente de seguir la ciencia porque la ciencia no da una sola respuesta sobre lo que pasará o cuál podría ser el efecto de una particular acción.

Se trata más bien de una gama de diferentes posibilidades y sobre la base de eso, tomar las decisiones.

En el artículo se plantea que los esfuerzos internacionales buscan preservar la vida. “¿Pero la vida de quién? ¿un enfermo que sufre de COVID-19, un paciente con cáncer, una persona que pierde su trabajo?” Es un dilema inmenso para enfrentar en tan corto periodo de tiempo desde que comenzó el brote ¿no?

La dificultad es que no hay manera de evitar tomar decisiones. No hacerlo o no actuar es una resolución en sí misma.

Personas aplaudiendo

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Al inicio de pandemia, muchos ciudadanos en todo el mundo coincidieron con sus gobiernos en la necesidad de quedarse en casa.

Dado el número de decisiones que los gobiernos tienen que tomar y de lo cambiante de la situación que están enfrentando, es inevitable que no opten por algo determinado.

Y podrían llegar a tomar resoluciones que serán criticadas y que podrían terminar siendo, a la luz del conocimiento adquirido con posterioridad, no las mejores opciones.

Por eso, tienen que estar preparados para cambiar de idea, para revisar sus puntos de vista a medida que la ciencia evoluciona y para admitir que tomaron una decisión que no fue la mejor.

Muchas personas podrían pensar que, como se trata de una pandemia, la ciencia debería indicar qué se debe hacer, pero usted señala: “La ciencia no puede decirnos a qué valores debemos darle peso”. ¿A qué se refiere?

Cuando hablamos sobre lo que deberíamos hacer, sólo llegaremos a una respuesta con una serie de hechos y un conjunto de valores éticos.

Un ensayo clínico

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“La ciencia tiene que estar en el centro de la toma de decisiones pero no te puede decir, por sí sola, qué decisión tomar. Eso se debe hacer sobre la base de la ética”, indica Wilkinson.

La ciencia no genera valores éticos, la ciencia nos ayuda a entender los hechos.

Cuando queremos actuar en relación a ellos: ¿qué deberíamos hacer?, aparecen los valores éticos.

Por esa razón la ciencia no nos puede decir qué hacer o que deberíamos hacer, la ciencia sólo nos puede decir qué pasaría si actuamos de determinadas maneras.

Nosotros tenemos que decidir cómo balancear diferentes valores éticos que podrían estar en riesgo: cuál es el más importante, a cuál le vamos a dar prioridad, cuál precio estamos dispuestos a pagar y cuál no, y, entonces, tomar una decisión.

Considero que es profundamente engañoso sugerir que la ciencia, en sí misma, es la base de la toma de decisiones.

La ciencia tiene que estar en el corazón de la toma de decisiones pero no te puede decir, por sí sola, qué decisión tomar. Eso se debe hacer sobre la base de la ética.

Usted señaló que “el momento más complicado aún está por venir”, pues nos esperan más decisiones éticas difíciles que van más allá de los confinamientos, por ejemplo: quiénes recibirán las primeras vacunas. “No sabemos todavía qué tolerará la gente, qué harán”. En relación a eso, hay personas que sienten que los confinamientos han afectado sus derechos. ¿En este contexto, es difícil llegar a la decisión con la que todos estemos satisfechos?

La política está familiarizada con la idea de que no puedes complacer a todo el mundo.

Dos mujeres se saludan con una ventana de por medio

Getty Images
Las medidas para evitar la propagación del coronavirus han tenido impacto en los diferentes grupos de edad.

Uno de los aspectos interesantes es que en las fases iniciales de la pandemia, en muchos países, hubo un amplio apoyo hacia las acciones tomadas por los gobiernos, en algunos casos dramáticas y con un impacto significativo en las vidas de las personas.

Pero algo que se está volviendo evidente es que a medida que pasa el tiempo, parte de ese apoyo se ha disipado y hay más división sobre lo que debe pasar: algunos están a favor de continuar con las restricciones para evitar otras olas (de contagios); otros creen que los gobiernos no pueden seguir imponiendo restricciones y deben relajar las medidas para que la economía se recupere.

Esa es una de las razones por la cual los gobiernos están en una creciente presión para flexibilizar las medidas que tienen que ver con los confinamientos, pero, hasta que no haya una vacuna, la potencial consecuencia de eso es que hayan olas de infecciones, como hemos visto en Europa y en otras partes.

Y existe la posibilidad de que coincida, en el hemisferio norte, con el invierno, que es tradicionalmente una época difícil.

Hay una gama de razones por las cuales algunas de las decisiones más difíciles están por venir.

También ha dicho que no todas las decisiones pueden ser válidas y hace una especial reflexión sobre tratamientos que no han sido probados científicamente.

En la situación actual, los gobiernos tienen más de una opción razonable para escoger.

Personas con mascarillas

Getty Images
Existe evidencia científica de que el uso de mascarillas ayuda a frenar la propagación del coronavirus.

Para algunas naciones, puede ser razonable continuar con la decisión de mantener el número de casos muy bajo con la implementación de medidas restrictivas.

También pueden haber otros países que se inclinen por medidas más flexibles.

El decir que hay potencialmente más de un enfoque razonable no significa que cualquier enfoque es aceptable.

Claramente hay algunas respuestas que no son razonables y que debemos rechazar, incluyendo las que se apartan significativamente de una comprensión científica de lo que se pone en riesgo o de lo que puede ser útil.

Por ejemplo, quienes rechazan las mascarillas o quienes sugieren medidas que no tienen una base científica o que la ciencia ha demostrado que son perjudiciales.

Considero que es importante criticar cuando gobiernos o personas que hablan en público recomiendan cosas que son irrazonables.

Usted ha dicho que es muy difícil saber qué países están haciendo lo correcto en medio de estas dramáticas circunstancias y que sólo en varios años se podrán saber cuáles fueron las mejores estrategias. ¿Por qué hay que esperar años?

Estando en plena pandemia, es difícil conocer todos los impactos de las decisiones que estamos tomando, algunos no serán visibles por años.

Planeta

Getty Images
De acuerdo con Wilkinson, el tiempo es clave para poder evaluar el impacto de las medidas que se están tomando en plena pandemia.

Las comparaciones entre países, por ejemplo, sólo se harán patentes con el tiempo.

Cuando veamos todas las diferentes consecuencias en la salud de los pacientes -excluyendo quienes hayan sufrido covid-19- se verá el impacto en quienes sufren de cáncer, quienes no recibieron algún tratamiento, quienes desarrollaron enfermedades mentales o quienes sufren problemas de salud debido a la recesión económica.

Esos efectos no se sabrán hasta después de un tiempo, cuando tengamos suficiente información para juzgar.

Es decir, en su opinión, es casi imposible saber quién está haciendo lo correcto.

Así es. Vale la pena señalar que se puede distinguir entre una decisión correcta y un proceso correcto para tomar esa decisión.

Una trabajadora de la salud

Getty Images
La pandemia encontró a algunos países mejor preparados que otros para lidiar con sus efectos.

En las decisiones que se han tomado de una manera transparente, el público puede ver por qué los gobiernos están optando por determinadas alternativas, que se trata de decisiones guiadas por la evidencia científica y que son susceptibles a los cambios que se producen en la ciencia y a la incertidumbre que puede conllevar.

Eso es muy importante.

Que son decisiones que están abiertas a las revisiones y al cambio de opinión en el futuro en caso de que varíe la información.

Todas esas características son positivas en el proceso de toma de decisiones y los países en los que se han dado esos elemento, creo que tendrán una mejor probabilidad de justificar sus decisiones, incluso si, en retrospectiva, se les pueda cuestionar por haber tomado las decisiones equivocadas.

Desde la perspectiva de un doctor dedicado a la ética médica, ¿qué lecciones le está dejando esta pandemia?

Uno de los aspectos más sorprendentes es que algunos países se habían preparado extremadamente bien para tomar decisiones difíciles en el contexto de una pandemia, habían hablado con su población con anticipación y les habían dicho:

‘Si alguna vez nos enfrentamos a una pandemia de gripe realmente grave, ¿qué les gustaría que hiciéramos si tuviéramos que tomar decisiones relacionadas, por ejemplo, con los respiradores: ¿quién debería utilizarlos?”

Hace cinco o diez años, comunidades en algunos estados de Estados Unidos participaron en discusiones sobre esas decisiones. Eso las puso en una posición muy fuerte cuando llegó la pandemia para decir: ‘Está bien, ya tuvimos una discusión. Tenemos preparadas algunas pautas, ahora podemos implementarlas’.

Creo que la dificultad cuando estás en el ojo de la tormenta es que no hay una manera significativa de promover conversaciones hipotéticas con la comunidad, porque el desafío es reaccionar y muchas veces se hace de forma instintiva porque ya la tienes al frente.

Y eso podría llevar a que no se tomen las mejores decisiones.

Creo que una de las lecciones importantes es que debemos prepararnos para amenazas muy sustanciales como esta.

A algunos países les ha ido bien en esa preparación y a otros menos bien.

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