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Cuartoscuro Archivo
Las becas no bastan, se necesita atención integral para menores que delinquen: especialistas
Para enfrentar casos como el de los niños captados robando en avenida Constituyentes, se requiere de soluciones transversales, económicas y de oportunidades, sin apostar a un solo aspecto o simplemente a criminalizar, mencionaron especialistas. 
Cuartoscuro Archivo
9 de octubre, 2018
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El caso de los niños de 12 y 13 años que asaltaron a automovilistas en la Ciudad de México es una muestra de lo que está ocurriendo en nuestra sociedad, no se trata de sólo un caso aislado; por tanto, para afrontarlo se requieren soluciones transversales que pasan por la economía, las oportunidades para las familias, y no sólo becas educativas, coinciden especialistas.

En redes sociales circularon las fotografías y los nombres de los niños que fueron aprehendidos por policías capitalinos después de asaltar a automovilistas en avenida Constituyentes, en septiembre pasado.

Los comentarios de los usuarios eran en apoyo a la difusión de la identidad de los niños –pese a que significa una violación a la ley, puesto que el Nuevo Sistema de Justicia Penal Acusatorio establece el derecho de presunción de inocencia de cualquier individuo– e incluso pedían que fueran recluidos antes de que cometieran otro delito más grave.

Lo que ningún usuario preguntó fue bajo qué contexto han crecido estos niños, llevando a que cometan crímenes en lugar de preocuparse por exámenes o competencias deportivas, como debería ocurrir a esa edad. Para Paola Zavala, directora general del Instituto de Reinserción Social de la Ciudad de México, las respuestas para combatir la violencia en el país debe atravesar una visión integral.

“Al Estado le urge preguntarse qué estamos haciendo mal para que eso suceda, porque no son ellos dos o 5 o 30. Aquí hay un problema de inequidad social enorme, y que ha repercutido socialmente. Es gente que ya vio que sus papás y sus abuelos siguen cobrando salarios bajos, viven en colonias con círculos de violencia, son colonias muy específicas, donde hay abuso de sustancias, embarazos adolescentes”.

No significa justificar la comisión de delitos, sino de entender bajo qué condiciones se están desarrollando miles de jóvenes en el país con altos índices de violencia, con una economía desigual, y pocas oportunidades de desarrollo y ascenso social por la vía educativa o laboral.

De acuerdo con el informe Adolescentes: vulnerabilidad y violencia, realizado por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en 2017, de los jóvenes privados de la libertad por cometer algún delito que fueron encuestados, “89% habían trabajado antes de ser privados de su libertad, siempre en condiciones precarias y con bajos salarios, como jornaleros o vendedores de frutas, tacos, pizzas, flores, o bien, repartidores, cargadores, cerillos o ayudantes de albañil, mecánico, herrero, pintor”. Y 37% había trabajado antes de cumplir 12 años.

Además, 68% dijo que antes de ingresar al centro de internamiento, consumían droga diariamente (en su mayoría, mariguana, aunque habían probado todo tipo de drogas; otros consumían frecuentemente también cocaína, piedra, solventes y pastillas. Sólo unos cuantos habían llegado a consumir heroína o LSD).

Sobre el contexto familiar, 60% de las y los adolescentes dijeron que algún miembro de su familia ha estado en algún momento en prisión, con mayor frecuencia, el padre, los hermanos, los tíos y los primos.

Estos datos confirman lo que expertos han visto en la práctica.

“La gran mayoría vienen de comunidades donde el delito y la violencia está totalmente normalizado, donde muchas veces hay algún familiar en la cárcel y ha cometido delitos”, asegura Jimena Cándano, directora de Fundación Reintegra, una organización que ha trabajado 30 años en la  prevención del delito y es la única institución autorizada en el Ciudad de México para dar cumplimiento integral a las medidas impuestas a los adolescentes en conflicto con la ley.

Entre los aspectos que se encuentran en esas comunidades de riesgo está la deserción escolar y el consumo de sustancias es de riesgo. “Los hemos abandonado desde su familia, la comunidad, el gobierno y reaccionan con lo único que conocen”, insiste Cándamo.

Por eso es que se requiere una estrategia “macro, no sólo micro” que podría tener efecto en 10 años, pero “hay que empezar ya”, insiste Paola Zavala.

“Se deben hacer modificaciones importantes, no pagar 5 pesos más. Pasa por grandes decisiones económicas, redistribución de la riqueza, trabajar con la persona. No sólo es educativa, ni laboral, sino de qué colonias vienen, a cuáles regresan. Trabajar a nivel comunitario, familiar, porque la mayoría han tenido temas de abandono. Imagina dónde crecieron, cómo crecieron y cuántos más hay como ellos”.

Por eso es que ni más cámaras, ni más policías desalentarían a alguien a delinquir, tampoco sólo becas o empleos precarios, sino oportunidades reales, intervención en las comunidades, o de lo contrario el círculo de la violencia continuará igual.

Y Paola Zavala lo ha comprobado, debido a que en el Instituto de Reinserción tienen identificado el perfil de mayores de edad que salen de reclusión y el patrón se repite: son personas pobres, que sólo estudiaron hasta la secundaria y cometieron sobre todo delito de robo.

“Más cámaras, más policías, medidas alternativas, sólo son paliativos al fenómeno que de fondo no se va a arreglar hasta que no le entremos a los macros”.

Cándamo asegura que obviamente no se debe permitir que ni ellos ni otros niños sigan delinquiendo y debe haber una consecuencia, pero sobre todo una estrategia para recuperar. “Tenemos que buscar justicia y no venganza. Este tipo de actos tienen que tener consecuencias y los niños aprender a que no es camino a seguir, pero no castigo”.

“Criminalizar a los jóvenes no resuelve el problema sino que lo complica”, por eso es que en la organización Reintegra han desarrollado programas de prevención y reinserción basados en la responsabilidad y en el bien común y desde hace varios años han conseguido una tasa anual de 96% de éxito en evitar la reincidencia delictiva.

“Por muchos años hemos pensado que los jóvenes son un problema, sin darnos cuenta que en realidad son una solución, una solución que no sólo hemos abandonado y le hemos dado la espalda. Si los adultos hiciéramos nuestra parte no habría necesidad de criminalizarlos”, dice la directora de Reintegra.

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La difícil situación de los miles de médicos cubanos que se quedaron en Brasil tras la llegada de Bolsonaro al poder
Más de 2,500 médicos cubanos decidieron quedarse en Brasil tras retirarse Cuba del programa "Más Médicos" y ahora son considerados desertores por el gobierno de La Habana. BBC Mundo habló con varios de ellos sobre la difícil situación a la que se enfrentan.
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19 de marzo, 2019
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“Antiguamente nos veían como dioses, hoy en día nos ven como nada”.

La doctora cubana Yulia Molina Hernández no sabe qué otras puertas tocar para salir de la situación en la que se encuentra.

Molina llegó a Brasil hace cinco años como parte del programa internacional “Mais Medicos” (Más Médicos), una iniciativa puesta en marcha en 2013 por la entonces presidenta de Brasil Dilma Rousseff para facilitar la atención médica básica en áreas desfavorecidas y remotas del país.

El pasado mes de noviembre, Cuba anunció su retirada del programa por las condiciones impuestas por el nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.

La decisión dejó a más de 8,000 médicos cubanos ante el dilema de regresar a la isla o permanecer en Brasil y ser considerados desertores por el gobierno cubano.

Más de 2,500 optaron por quedarse y ahora denuncian la precariedad en la que se encuentran: no pueden ejercer la medicina y tampoco encuentran otro tipo de trabajos.

“Uno se cansa de ser explotado”

“Realmente liberarme o romper con Cuba -soy de la opinión de que no soy desertora porque nunca me interesó ser militar y nunca lo fui- es algo que ya venía pensando hacía mucho tiempo”, le cuenta la médica Surizaday Fernández a BBC Mundo.

Surizaday Fernández

Surizaday Fernández
La doctora cubana Surizaday Fernández, de 31 años, llegó a Brasil en agosto de 2017.

“Uno se cansa de ser explotado, al final pierdes años de vida, pierdes tiempo de estar con tu familia, pierdes muchas cosas. Tenía la decisión tomada”.

Pese a esto, Fernández, de 31 años, quedó paralizada cuando se enteró de que Cuba se retiraba del programa Más Médicos.

“Iba caminando y me quedé en shock, no sabía si ir para adelante o para atrás. Al ganar Bolsonaro sabía que Cuba nos iba a recoger, pero no imaginé que fuera así”.

Fernández vivía entonces en Cunha Porã, un pequeño municipio en el estado de Santa Catarina, en el sur del país, desde donde se trasladó a otros municipios para poder encontrar empleo.

Ahí empezó su odisea, semejante a la de muchos de sus colegas.

Una difícil búsqueda

Tras el anuncio de la retirada de Cuba del programa Más Médicos, Bolsonaro dijo que los doctores cubanos que quisieran quedarse en el país recibirían asilo y podrían trabajar como médicos si revalidaban su título.

Joan Rodríguez

Joan Rodríguez
Joan Rodríguez está viviendo con otra doctora cubana en casa de una mujer brasileña que no les cobra alquiler.

Sin embargo, la realidad está siendo mucho más complicada, como relata el médico Joan Rodríguez.

“Llegué a Brasil en junio de 2017 y estuve trabajando normal hasta la cancelación del programa. Aguanté dos meses con los ahorros que tenía. A finales de diciembre pasado, el gobierno brasileño creó un edital, que es como una convocatoria pública, para cubrir las 8,500 plazas que el gobierno cubano había sacado.

“Los cubanos pudimos inscribirnos, pero el día antes de poder optar a una plaza se nos eliminó el derecho. Se nos dijo que podíamos ir a las policías federales de cada estado para pedir refugio.

“Nos dieron un papel, la solicitud de refugio, con el que pudimos ir al Ministerio de Trabajo y pedir una cartera de trabajo, que es como el permiso para poder trabajar en Brasil”, explica.

La cartera de trabajo no le ha servido de mucho hasta ahora.

“Cuando caen en cuenta de que somos cubanos y que éramos integrantes del programa Más Médicos, ahí se nos cierran todas las puertas de trabajo“, lamenta.

Jair Bolsonaro, presidente de Brasil

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El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, anunció nuevas condiciones para el programa “Más Médicos” nada más ganar las elecciones presidenciales en su país.

“Muchas personas cuando se enteran de que somos médicos nos dicen que no nos pueden ofrecer trabajo porque nuestro nivel jerárquico es superior.

“Fuimos médicos, sí, pero hoy en estos momentos no somos nada, somos como cualquiera, necesitando trabajo para poder subsistir”, sostiene.

BBC Mundo intentó conocer la posición del Ministerio de Salud de Brasil, pero hasta el momento de publicación de esta nota no obtuvo respuesta.

Mala situación económica

Yulia Molina ha chocado con los mismos obstáculos que Rodríguez.

Yulia Molina y su enfermera

Yulia Molina
Yulia Molina (izquierda) lleva dos años sin encontrar trabajo en Brasil.

Su historia es similar a la de sus colegas, aunque con matices. Ella no salió del programa cuando Cuba lo cerró, sino hace dos años porque estaba embarazada, con una amenaza de embarazo pretérmino, y Cuba le exigía regresar en ese estado.

“Como no quise regresar para no poner en riesgo mi vida ni la de mi hijo, ellos me dieron como desertora. ‘O te vas o te quedas’. Esa fue la opción que me dieron, y me quedé”, le dice Molina a BBC Mundo.

Esta médica de 34 años vive en el nordeste del país, donde la economía no atraviesa su mejor momento.

“La entrada de dinero donde vivo es mucho más pobre porque las cosas son mucho más caras. Lo que compras en el sur por un precio, aquí te lo venden por el doble. Llevo dos años sin trabajar.

“No encuentro trabajo porque soy doctora, me da igual, ¡yo solo quiero trabajar!, ‘pero usted es una doctora’, me dicen.

“Son trabas que nos colocan, sin motivo ninguno. Lo que hay es una xenofobia con cualquier extranjero, no solo con los cubanos. Antiguamente nos veían como dioses, hoy en día nos ven como nada”, expone.

Médicos cubanos regresando de Brasil a Cuba

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Miles de médicos cubanos empaquetaron sus cosas y regresaron a Cuba tras la retirada de su país del programa internacional “Más Médicos”.

Molina se considera afortunada porque al menos su esposo tiene trabajo. Dice conocer a muchos compatriotas que están pasando por situaciones muy delicadas.

“Conozco casos de gente que viven 15 en una casa para poder pagar la renta, alimentándose de la forma menos saludable posible, colegas que están desesperados, muchos pensando en salir en caravanas”.

Objetivo Estados Unidos

Los médicos cubanos con los que habló BBC Mundo coinciden en que la opción de la revalidación del título es prácticamente inalcanzable. El principal obstáculo, cuentan, es que el gobierno cubano les retiene la documentación y sin estos papeles no hay nada que puedan hacer.

Volver a Cuba está fuera de la ecuación. Al ser considerados desertores, estos médicos no pueden regresar a la isla hasta dentro de ocho años. Si el gobierno cubano decidiera hacer excepciones y permitirles el retorno, los doctores temen el trato que recibirían.

Así, Yulia Molina, Joan Rodríguez, Surizaday Fernández y la mayoría de sus colegas paralizados en Brasil tienen la mirada puesta en Estados Unidos.

“El futuro de nosotros es bien incierto. Nos hemos dado cuenta de que en este país no nos podemos quedar. A principios del mes de enero, el senador republicano Marco Rubio llevó la propuesta de reapertura en EE.UU. del parole que Obama cerró en enero de 2017″, señala Rodríguez.

Senadores Marco Rubio y Bob Menéndez

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El pasado mes de enero, los senadores Marco Rubio (izquierda) y Bob Menéndez presentaron una propuesta de resolución para que se reabra el Programa de Permisos para Profesionales Médicos Cubanos.

El parole del que habla el médico es el Programa de Permisos para Profesionales Médicos Cubanos (CMPP, por sus siglas en inglés) que se puso en marcha en 2006 y por el que se le permitía al personal médico cubano que estaba en otros países (es decir, que no estaban en Cuba ni Estados Unidos) solicitar permiso de ingreso en una embajada o consulado estadounidense.

El 12 de enero de 2017, EE.UU. y Cuba firmaron un acuerdo para normalizar su relación en políticas migratorias y el Departamento de Seguridad Nacional estadounidense dio por terminado el CMPP.

Molina tiene la misma esperanza que Rodríguez.

“La única alternativa real sería la apertura del parole que es por lo que estamos luchando hoy en día. Esto no es una historia, no es que estemos fingiendo. Y no es que vaya a mejorar, no es que veamos un mejor futuro en Brasil”.

Doctores cubanos participantes en el programa Más Médicos en Brasil

Getty Images
Muchos de los médicos cubanos que se quedaron en Brasil no consiguen encontrar empleo, aunque sea en otros sectores.

Por su parte, Fernández tiene claro que no se va a quedar de brazos cruzados.

“Cuando decidí quedarme fuera de Cuba decidí tirar hacia adelante. Asumí que no ejercería la medicina por mucho tiempo, quizá nunca más”, admite.

Yo no voy para atrás ni para coger impulso. Siempre con la esperanza de que el parole se abra y tener la oportunidad de, más adelante, hacer otra formación. En EE.UU. tienen programas de estudio, más posibilidades de empleo, de tener una vida normal, digna.

“Estudié seis años que me costó mi sacrificio, mi esfuerzo y el de mi familia, de más nadie. No admito que una persona venga a tratarme como si yo fuera basura. Yo trabajo en lo que sea, en lo que me toque, pero que se me respete“.


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