El papa, en la encrucijada: ¿continuará con la limpia de curas pederastas?
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El papa, en la encrucijada: ¿continuará con la limpia de curas pederastas?

Entre las crecientes denuncias de víctimas de abusos sexuales eclesiásticos y los ataques de los sectores conservadores que lo tildan de hereje, el papa Francisco enfrenta una de las más agudas crisis de la Iglesia católica.
Foto: AFP
Por Eugenia Jiménez Cáliz /Newsweek en Español
7 de octubre, 2018
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El martes 18 de septiembre, el sacerdote Fernando Karadima se encontraba en el Convento Siervas de Jesús de la Caridad, en Santiago de Chile, cuando se hizo el anuncio: su colega Cristián Precht Bañados había sido expulsado del sacerdocio por sus “conductas abusivas con menores y mayores de edad”.

Siete años y ocho meses antes, en enero de 2011, Karadima (88 años), formador de obispos, también había sido sentenciado por el máximo tribunal de la Santa Sede. Se le obligó a recluirse lejos de la práctica pública por los abusos sexuales y psicológicos cometidos en contra de jóvenes cuando estaba al frente de la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús Providencia en El Bosque, una colonia de clase alta en la capital chilena. Pero dicha sentencia no supuso su expulsión del sacerdocio, como en el caso de Precht. Y las víctimas de Karadima comenzaron a manifestarse. ¿Por qué Precht sí y Karadima no?

Esta no era la primera vez que el reclamo de los chilenos se dejaba escuchar. En enero pasado, durante su visita al país del cono sur, el papa Francisco tildó de calumnias las acusaciones contra el obispo Juan Barros, a quien denunciaban por ser un cómplice de Karadima. “El día que me traigan una prueba, ahí voy a hablar”, sentenció el pontífice.

Las víctimas de Karadima no cedieron. Ese fue el caso de Juan Carlos Cruz, quien denunció que Barros, a quien el papa nombró obispo, había atestiguado los abusos sexuales de Kardima y optó por quedarse callado.

Lo ocurrido en Chile obligó al sumo pontífice a cambiar su postura frente a los escándalos que han ensombrecido la imagen progresista que vendió al inicio de su papado.

El pasado 27 de septiembre, Francisco decidió expulsar a Fernando Karadima del sacerdocio. “El papa Francisco ha dimitido del estado clerical a Fernando Karadima Fariña, de la Arquidiócesis de Santiago de Chile”, se informó en una nota oficial emitida por el Vaticano. “El santo padre —se precisó también— ha tomado esta decisión excepcional en conciencia y por el bien de la Iglesia”.

Aun con esta nueva actitud de escuchar a las víctimas de abusos sexuales de eclesiásticos, el jefe del Estado Vaticano sigue inmerso en la peor crisis de la Iglesia católica por los casos de pederastia denunciados en Estados Unidos, Alemania, Irlanda y Australia —así como en naciones latinoamericanas.

El papa se encuentra entre el fuego cruzado de grupos ultraconservadores que lo han acusado de hereje por sus ideas reformadoras y las críticas de que ha actuado de forma omisa ante las múltiples denuncias de víctimas de abusos sexuales a manos de sacerdotes de la Iglesia católica.

A esto se añade el estrepitoso descenso de sus adeptos de fe. Un sondeo realizado por el Latinobarómetro, en 2017, reportó que el número de católicos ha caído en las últimas dos décadas. En 1995, por ejemplo, los católicos representaban 80 por ciento de la población latinoamericana, y para 2017 ese porcentaje bajó a 59 por ciento.

Por ello, algunos expertos como la teóloga Judith Vázquez señalan que con el papa Francisco “se ha intentado crear una imagen adecuada al mundo de este tiempo, para que la gente regrese o no termine de irse”, pero en lo referente a consolidar un mandato progresista, “en concreto, no hemos avanzado en nada”. El sociólogo Bernardo Barranco destaca, a su vez, que en el Vaticano se vive una crisis por la lucha del poder entre conservadores y reformistas.

El 15 de agosto un informe reveló que unos 300 sacerdotes abusaron sexualmente de más de mil infantes durante 70 años en Pensilvania. Foto: AFP

POLÉMICA “ALEGRÍA DEL AMOR”

El 8 de abril de 2016, el papa Francisco publicó Amoris Laetitia (La alegría del amor), su segunda exhortación apostólica donde propuso que los divorciados que se volvieron a casar por lo civil puedan comulgar. Además, la creación de una comisión que analice la posibilidad de contar con diaconisas (mujeres que asisten al sacerdote e incluso pueden administrar sacramentos como el bautismo). Y también pidió el respeto a las familias con integrantes homosexuales, citando el informe del sínodo de 2015: “… la Iglesia hace suyo el comportamiento del Señor Jesús que en un amor ilimitado se ofrece a todas las personas sin excepción.

Con los padres sinodales he tomado en consideración la situación de las familias que viven la experiencia de tener en su seno a personas con tendencias homosexuales, una experiencia nada fácil ni para los padres ni para sus hijos. Por eso, deseamos ante todo reiterar que toda persona, independientemente de su tendencia sexual, ha de ser respetada en su dignidad y acogida con respeto, procurando evitar ‘todo signo de discriminación injusta’, y particularmente cualquier forma de agresión y violencia…”.

Las reacciones de grupos conservadores y ultraconservadores no se hicieron esperar.

El 19 de septiembre de ese año, cuatro cardenales —el italiano Carlo Cafarra (arzobispo emérito de Bolonia), el norteamericano Raymond L. Burke y los alemanes Walter Brandmüller y Joachim Meisner— le hicieron llegar al papa un documento donde le pedían clarificar la confusión que suscitaron algunos puntos de su Amoris Laetitia. Al no recibir respuesta del sumo pontífice decidieron hacer público el texto “Dubia” (Duda, en latín) una carta con cinco preguntas donde entre varias asuntos puntualizaban: “…queremos ayudar al papa a prevenir divisiones y contraposiciones en la Iglesia, pidiéndole que disipe toda ambigüedad”.

Tras el fallecimiento de los cardenales Caffarra y Meisner, Burke y Brandmüller se erigieron como los exponentes más aguerridos que buscaban frenar la “herejía” de Francisco.

Y a sus críticas se sumó también el cardenal Gerhard Müller, exprefecto de la congregación Doctrina de la Fe, quien en septiembre de 2017 retó al papa a sostener un debate formal sobre su polémica exhortación apostólica y lo acusó de sucumbir a un “enfoque marxista” de la fe: “Nuestras categorías no son la teoría y la práctica, sino la verdad y la vida”, precisó Müller.

Él junto con casi un centenar de religiosos, académicos e intelectuales firmaron y le pidieron a Bergoglio retractarse de su Amoris Laetitia. Entre quienes firmaron la carta “Correctio filialis de haeresibus propagatis” (Una corrección filial ante la propagación de herejías) aparecían, entre otros, el expresidente del Banco Vaticano, el economista Ettore Gotti Tedeschi, y el líder del movimiento ultraconservador de los lefebvrianos.

Foto: AFP

EL ESCÁNDALO DE PENSILVANIA

En medio de esta batalla, el 15 de agosto pasado salió a la luz el informe de un gran jurado de Pensilvania que reveló que unos 300 sacerdotes abusaron sexualmente de más de mil niños y niñas durante 70 años.

En la investigación, que duró dos años y documentó en 1,350 páginas los abusos eclesiásticos en Pensilvania, Estados Unidos, salieron a relucir las formas como los sacerdotes encubrían sus crímenes sexuales contra los menores de edad. El informe detalló, por ejemplo, el caso “de un sacerdote que habría violado a una niña de siete años cuando la visitó en el hospital después de que ella tuvo una operación en la que le quitaron las amígdalas. Otro forzó a un niño de nueve a darle sexo oral ‘y después lavó la boca del menor con agua bendita para purificarlo’”.

También reprodujo fragmentos del informe con revelaciones desquiciantes como que “Un sacerdote reconoció abusar de niños, pero negó los reportes de dos niñas que lo acusaron: ‘No tienen pene’, explicó. Otro sacerdote, ante la pregunta de si había abusado de sus feligreses, respondió de manera evasiva: ‘Con mi historial —dijo— todo es posible’. Y otro sacerdote al final decidió renunciar después de años de haber enfrentado denuncias, pero pidió –y recibió– una carta de recomendación para su siguiente trabajo, en Disney World”.

PIDEN RENUNCIA DE PAPA

Con el escándalo de Pensilvania en el cénit se inició el Encuentro Mundial de las Familia, que se realizó en Dublín, Irlanda, a mediados de agosto de este año.

En las actividades durante su visita, el papa Francisco se reunió con víctimas de abuso sexual cometidos por clérigos de ese país. Ahí les dijo que “el fracaso de las autoridades eclesiásticas —obispos, superiores religiosos, sacerdotes y otros— al afrontar adecuadamente estos crímenes repugnantes ha suscitado justamente indignación y permanece como causa de sufrimiento y vergüenza para la comunidad católica. Yo mismo comparto estos sentimientos”.

Poco antes de la llegada del pontífice a Dublín, el 26 de agosto, Carlo María Viganò, exnuncio apostólico en Estados Unidos, difundió una carta a través de medios digitales conservadores, como LifeSiteNews, en la que solicitó al papa su renuncia. Lo acusó de encubrimiento de los actos del cardenal Theodore McCarrick, quien fue suspendido por abuso sexual contra un menor de edad.

La arquidiócesis de Nueva York publicó en junio de este año que el denunciante, hoy un empresario de 62 años, había demostrado cómo en su adolescencia –al ser un seminarista en preparación para el sacerdocio– McCarrick abusaba de él en la sacristía.

Según Viganò, Benedicto XVI ya había sancionado al cardenal Theodore McCarrick, hacia 2009 o 2010, impidiéndole toda aparición pública –aunque se desconoce la existencia de un documento sobre ello.

El también exarzobispo Viganò acusó al papa de haber cancelado esa sanción y de haberlo rehabilitado como su consejero, así Viganò se sumó al grupo de jerarcas católicos que se han manifestado en contra del papa. De hecho, se le conoce como uno de los cardenales “dubia” que criticaron el “liderazgo informal” de Francisco.

En el vuelo de Irlanda a Roma, los periodistas cuestionaron al papa sobre el texto del exnuncio Viganó, y este se concretó a señalar: “Leí hoy en la mañana ese comunicado (…) creo que el documento habla por sí solo; ustedes tienen la capacidad periodística suficiente para sacar conclusiones”.

Así, Francisco guardó silencio ante las declaraciones de Viganò, aunque a diferencia de otras ocasiones, los medios de comunicación, a través de los vaticanistas, reaccionaron. Recordaron que Viganò había sido responsabilizado de filtrar documentos confidenciales en el primer escándalo de los Vatileaks, durante el pontificado de Benedicto XVI.

Apenas unos días habían pasado desde la carta de Viganò, cuando se inició otro ataque al papa Francisco. El periódico italiano Il Fatto Quotidiano informó que tiene una presunta lista de obispos, cardenales y laicos que pertenecen a un “lobby gay”, donde hay un dossier que circula en el interior del Vaticano.

Este expediente, aseguró el rotativo, podría ser el resultado de la investigación realizada por los cardenales Julián Herranz, Jozef Tomko y Salvatore de Giorgi, para ir a fondo del primer Vatileaks que fue entregado al papa Ratzinger antes de su renuncia en febrero de 2013. En el texto se denunció una “corrupción moral y material del clero”.

El periódico italiano indicó que no dio a conocer los nombres de la lista “por respeto a la privacidad” de los señalados.

Lee la nota completa en Newsweek en Español

 

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Huracán Laura: cómo se forman los ciclones tropicales y por qué son tan frecuentes en México, EU y el Caribe

La explicación científica es apasionante y te ayudamos a entenderlo con mapas, gráficos e imágenes satelitales.
26 de agosto, 2020
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Montaje con un huracán y un mapa de América

BBC

Los huracanes son las tormentas más grandes y violentas del planeta.

Cada año, entre los meses de junio y noviembre, azotan la zona del Caribe, el Golfo de México y la costa este de Estados Unidos, en algunas ocasiones arrasando con edificios y poblaciones.

Sus homólogos son los tifones, que afectan al noroeste del océano Pacífico, y los ciclones, que lo hacen al sur del Pacífico y el océano Índico.

Zonas donde se forman ciclones tropicales

BBC

Todos son ciclones tropicales, pero el nombre “huracán” se usa exclusivamente para los del Atlántico norte y del noreste del Pacífico.

Pero, ¿cómo se forman y por qué suelen afectar a esta zona del mundo?

Huracanes, bombas de energía

El mecanismo más común de formación de huracanes en el Atlántico — que provoca más del 60% de estos fenómenos — es una onda tropical.

La onda empieza como una perturbación atmosférica que crea un área de relativa baja presión.

Suele generarse en África Oriental a partir de mediados de julio.

Si encuentra las condiciones adecuadas para mantenerse o desarrollarse, este área de baja presión empieza a moverse de este a oeste, con la ayuda de los vientos alisios.

Origen de la onda tropical y los vientos globales

BBC

Cuando llega al océano Atlántico, la onda tropical puede ser el germen de un huracán, pero para que este se forme necesita fuentes de energía, como el calor y el viento adecuado.

En concreto, es necesario que la superficie del agua esté por encima de los 27ºC y que haya una capa espesa de agua caliente en el océano.

También tiene que haber, por un lado, vientos con un giro horizontal para que la tormenta se concentre. Por el otro, vientos que mantengan su fuerza y velocidad constante a medida que suben desde la superficie del océano.

Si hay cortante de viento, o variaciones del viento con la altura, esto puede interrumpir el flujo de calor y humedad que hace que el huracán se forme.

Además, tiene que haber una una concentración de nubes cargadas de agua y una humedad relativa alta presente en la atmósfera.

Ingredientes para un huracán

BBC

Todo esto tiene que ocurrir en las latitudes adecuadas, en general entre los paralelos 10° y 30° del hemisferio norte, ya que aquí el efecto de la rotación de la Tierra hace que los vientos puedan converger y ascender alrededor del área de baja presión.

Cuando la onda tropical encuentra todos estos ingredientes, se crea un área de unos 50-100 km, donde empiezan a interactuar.

“El movimiento de la onda tropical funciona como el disparador de esa tormenta”, explica a BBC Mundo Jorge Zavala Hidalgo, coordinador general del Servicio Meteorológico Nacional de México.

Y es esta tormenta la que hace de catalizador: empieza el baile de calor, aire y agua.

El área de baja presión hace que el aire húmedo y caliente que viene del océano suba y se enfríe, lo que alimenta las nubes.

La condensación de este aire libera calor y provoca que la presión sobre la superficie del océano baje aún más, lo que atrae más humedad del océano, engrosando la tormenta.

Los vientos convergen y ascienden dentro de este área de baja presión, girando en dirección contraria a las agujas del reloj — por influencia de la rotación de la Tierra — y dando a los huracanes esa imagen tan característica.

A medida que la tormenta se hace más poderosa, el ojo del huracán — el área central de hasta 10km — permanece relativamente tranquilo.

A su alrededor se levanta la pared del ojo, compuesta de nubes densas donde se localizan los vientos más intensos.

Más allá, están las bandas nubosas en forma de espiral, donde hay más lluvias.

La velocidad de los vientos es la que determina en qué momento podemos llamar a este fenómeno “huracán”: en su nacimiento es una depresión tropical, cuando aumenta de fuerza pasa a ser una tormenta tropical y se convierte en huracán cuando pasa de los 118 km por hora.

Pasos de depresión a ciclón tropical

BBC

A partir de ahí, se suelen clasificar en cinco categorías según la velocidad sostenida del viento. En el Atlántico, se usa la escala de vientos Saffir-Simpson para medir su poder destructivo.

Tal es su fuerza que los vientos de un huracán podrían producir la misma energía que casi la mitad de la capacidad de generación eléctrica del mundo entero, según la Administración Nacional de Océanos y de la Atmósfera de Estados Unidos (NOOA, por sus siglas en inglés).

Escala de vientos Saffir-Simpson

BBC

Sin embargo, no es el viento sino la marejada y las inundaciones que provoca la lluvia que descarga el huracán las que generalmente causan la mayor destrucción y pérdida de vidas.

En Estados Unidos, por ejemplo, la marejada provocada por ciclones tropicales en el Atlántico fue responsable de casi la mitad de muertes entre 1963 y 2012, según datos de la Sociedad Americana de Meteorología (AMS, por sus siglas en inglés).

Además de estos factores, la destrucción causada por un huracán va a depender de otras circunstancias, como la velocidad a la que pasa, la geografía del territorio y la infraestructura de la zona afectada.

Mujer en su casa inundada

Getty Images
“Amanda” y “Cristóbal” no llegaron a ser huracanes pero dejaron lluvias extraordinarias y mucha destrucción en México y Guatemala en mayo de 2020.

“No necesariamente el daño o el peligro asociado a un ciclón tropical corresponde a su categoría. Por ejemplo, el ciclón de mayor categoría no tiene porque tener asociada más precipitación”, dice Jorge Zavala Hidalgo a BBC Mundo.

México, Estados Unidos y el Caribe: las zonas más vulnerables

Uno de los factores que explica que esta parte del mundo sea propensa a los huracanes es que el océano Atlántico, en las latitudes tropicales, tiene la temperatura adecuada para su formación durante más meses al año.

Otro es el movimiento de las grandes corrientes de vientos que empujan los huracanes.

Los vientos alisios — las corrientes de vientos globales en el trópico — van de este a oeste llevándolos hacia las costas del Caribe, el Golfo de México y el sur de Estados Unidos.

El recorrido de estos vientos también está influenciado por la rotación de la Tierra — el llamado efecto Coriolis — que hace que tiendan a desviarse hacia el norte.

Recorrido de los huracanes en el Atlántico norte en 2019

Wiki Project Tropical Cyclones/Tracks
Los huracanes que se formaron en el Atlántico norte durante el 2019 siguieron distintos recorridos según las corrientes globales de viento u otros fenómenos – como los anticiclones – que encontraban en su camino.

En el Atlántico, mientras los huracanes avanzan se desvían levemente hacia el norte; y al superar aproximadamente los 30°N, suelen encontrase con los vientos del oeste, otra de las grandes corrientes globales, que hacen que se curven hacia el este.

En su camino van toparse con el anticiclón de Bermudas-Azores que va a determinar si se dirigen hacia el Golfo de México o hacia Estados Unidos.

Los anticiclones son regiones de alta presión atmosférica con aire más seco, menos nubes y vientos que giran en la dirección de las agujas del reloj en el hemisferio norte.

El anticiclón de Bermudas actúa como un obstáculo y si los huracanes quieren avanzar tienen que bordearlo. Por este motivo, el tamaño y la posición del anticiclón puede determinar hacia dónde va un ciclón tropical.

Localización del anticiclón de Bermudas

BBC

Si es débil y está más posicionado hacia el este, los huracanes lo rodean y siguen hacia el norte, alejándose del Caribe.

Por lo contrario, si es más fuerte y se encuentra al suroeste, un ciclón tropical puede dirigirse hacia el Golfo de México o hacia Florida.

La posición del anticiclón cambia según el año, las estaciones y puede variar en cuestión de días.

“A causa de esas variaciones, un huracán puede seguir una trayectoria muy distinta hoy que otro que pasa tres o cinco días después”, explica Jorge Zavala Hidalgo, del Servicio Meteorológico Nacional de México.

Siguiendo la mismo lógica, los anticiclones y otras masas de aire son responsables de que un huracán se recurve hacia el oeste, como pasó en 2012 con el huracán Sandy, por ejemplo.

Huracán Sandy en Nueva York

Getty Images
En su camino hacia el norte, el huracán Sandy (2012) se curvó azotando las costas de Nueva York y Nueva Inglaterra, en Estados Unidos.

Después de tocar tierra en Cuba, Sandy empezó a desplazarse hacia el noreste, pero un anticiclón en Groenlandia y un frente frío bloquearon su camino. Eso provocó que Sandy retrocediera hacia la costa oeste de Estados Unidos, causando destrucción en Nueva York y Nueva Jersey.

El Pacifico Este a pesar de ser una zona más activa que el Atlántico Norte, menos huracanes tocan tierra.

“Lo que sucede es que esas tormentas suelen dirigirse hacia el oeste o noroeste. Algunas pueden retroceder hacia las costas de México si los vientos son los adecuados, pero la mayoría se dirigen a latitudes más altas, encuentran aguas más frías y desaparecen”, dice a BBC Mundo Gary M. Barnes, profesor retirado de la Universidad de Hawái, Estados Unidos.

Por qué casi no vemos en Sudamérica

Si bien la parte norte del Atlántico puede ofrecer las condiciones ideales para la formación de huracanes, no ocurre lo mismo bajo la línea del Ecuador.

“El Atlántico Sur es más tranquilo porque no hay onda tropical — es un fenómeno más común en el hemisferio norte — y hay más variaciones en la velocidad y en la dirección del viento, algo que inhibe la formación de huracanes”, explica Barnes.

Simulación de todos los huracanes entre 1985 y 2015

NASA
El efecto Coriolis es demasiado débil en la línea del Ecuador para que los vientos giren y formen huracanes.

Además, los ciclones tropicales normalmente no se forman si no están al menos a unos 500 kilómetros del Ecuador, ya que el efecto Coriolis es demasiado débil para hacer que los vientos giren y formen un huracán.

Aunque es un fenómeno que pasa con poquísima frecuencia en Sudamérica, sí se han registrado huracanes en las costas del sur de Brasil.

En 2004, el ciclón tropical Catarina dejó 11 muertos y más de 30.000 personas desplazadas.

¿Y cómo puede impactar el cambio climático?

“El cambio climático provoca que la temperatura de la superficie del océano y la capa gruesa sean más calientes y eso es un problema. Tenemos teorías que dicen que si el océano es más cálido eso puede traducirse en tormentas más fuertes e intensas.”, dice el meteorólogo Gary M. Barnes.

Hay indicaciones de que las áreas en que un ciclón encuentra condiciones para mantenerse y sobrevivir se están extendiendo con el paso del tiempo, según Jorge Hidalgo, coordinador del Servicio Meteorológico Nacional de México.

“Quizás el número de ciclones no aumente pero la distribución de categorías puede cambiar. Es decir, que haya más huracanes de categoría mayor y menos de categoría menor”, añade Zavala.

Los científicos coinciden, sin embargo, que es muy pronto para medir el impacto del cambio climático en la formación y avance de los huracanes.

“Es probable que las tormentas se intensifiquen muy poco a poco, pero vamos a necesitar muchísima data para probar que el calentamiento global va a provocar huracanes más fuertes. En 25 años puede que tengamos evidencias”, concluye Barnes.

Agradecimiento a José Manuel Gálvez, meteorólogo del la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).


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