Con todo y Gendarmería, la Policía Federal tiene ahora mil agentes menos que al inicio del sexenio
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Con todo y Gendarmería, la Policía Federal tiene ahora mil agentes menos que al inicio del sexenio

Para conformar la Gendarmería se tomaron elementos de otras divisiones de la Policía Federal. Se prometieron más de 100 mil agentes en total, para esa corporación, pero hoy no llegan a 40 mil.
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3 de octubre, 2018
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La Gendarmería Nacional que prometió el presidente Enrique Peña Nieto como una estrategia para abatir la violencia, se quedó muy corta. Planteada como una nueva fuerza que tendría 40 mil elementos, terminó convertida en una división más dentro de la Policía Federal, con menos de cinco mil efectivos.

No solo eso. Para conformarla se tomaron elementos de otras divisiones de la Policía Federal que ya existían – algunas claves como las de investigación e Inteligencia – y hoy, en conjunto, dicha corporación tiene casi mil elementos menos que antes del inicio de sexenio.

En marzo de 2013 el entonces comisionado Nacional de Seguridad, Manuel Mondragón y Kalb, calculaba que al finalizar el sexenio la Policía Federal tendría al menos 60 mil elementos, mientras que la Gendarmería contaría con 40 mil efectivos. Es decir, una fuerza total de más de 100 mil personas.

Pero datos obtenidos vía transparencia por Animal Político arrojan una realidad muy distinta. En 2012, último año del sexenio de Felipe Calderón, la Policía Federal contaba con 38 mil 285 elementos (sin que aun existiera la División de Gendarmería). En tanto en 2018, ya con la División de Gendarmería incluida, la Policía Federal reporta un total de 37 mil 293 elementos.

Es decir, el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto concluye con mil policías federales menos que antes de arrancar, y con 60 mil agentes por debajo de la meta planteada por Mondragón y Kalb.

Sobre este tema el actual comisionado de la Policía Federal (y quien fuera el primer jefe de la Gendarmería), Manelich Castilla, reconoció que lo deseable es contar con un mayor número de elementos, aunque sostuvo que hoy se privilegia la capacitación en vez de un crecimiento desordenado.

Accidentado arranque y debilitamiento en otras áreas

Una de las promesas de campaña del presidente Enrique Peña Nieto fue la creación de la Gendarmería Nacional, que sería una nueva fuerza de seguridad en el país con disciplina e instrucción militar, y que tendría como misión reforzar la vigilancia en aquellas zonas consideradas como focos rojos de violencia.

En 2013 el comisionado Nacional de Seguridad, Manuel Mondragón y Kalb, detalló que la Gendarmería sería en realidad una división más de Policía Federal, la cual arrancaría con una fuerza inicial de 10 mil efectivos, que crecería a 40 mil al finalizar la administración del presidente Peña Nieto. Para su puesta en marcha se autorizaron, en el presupuesto del ejercicio fiscal 2014, más de 4 mil 500 millones de pesos.

La Policía Federal inició entonces los programas de reclutamiento de futuros gendarmes pero estos no dieron el resultado esperado. Primero porque la mayoría de los aspirantes que se postulaban querían ser policías federales, no gendarmes, y segundo porque muchos cadetes no superaban los procesos de control de confianza.

Se ordenó entonces otra estrategia: reclutar a elementos de otras divisiones de Policía Federal para incorporarlos a la nueva División de Gendarmería. De acuerdo con la abogada Reyna Velasco – quien ha llevado la defensa jurídica de múltiples policías federales – esto se intentó con ofrecimientos de ascensos, pero en algunos casos con amenazas también.

“A personal de la División de Seguridad Regional les ofrecían incluso darles un cargo y un grado solo por pasarse de un lugar para otro, por cambiarse de uniforme literal. Pero también había casos como el de elementos de la División de Investigación y de Inteligencia a los que les dijeron que si no se pasaban a la Gendarmería tendrían que presentar su renuncia” dijo la abogada.

¿El resultado? La División de Gendarmería arrancó a finales de 2014 con un estado de fuerza inferior a cinco mil elementos, es decir, la mitad de lo que se había prometido.

Los datos oficiales proporcionados por la corporación vía transparencia muestran que el nacimiento de esta nueva división coincide con el decremento del estado de fuerza de otras divisiones de Policía Federal, lo que confirma la versión de que se tomaron elementos de otras áreas.

Por ejemplo, la División de Inteligencia de Policía Federal cerró el 2014 con 3 mil 72 elementos, casi 400 elementos menos que el año anterior; la División de Investigación cerró ese año con 1 mil 361 elementos, 150 menos que el año anterior; la División de Fuerzas Federales cerró con 14 mil 744 efectivos, mil menos que el año anterior, y la de Seguridad Regional concluyó 2014 con 8 mil 540 elementos, que fueron 600 menos que en 2013.

Fracaso en tamaño… ¿y en resultados?

Con el paso de los años la División de Gendarmería se ha quedado lejos no solo de los 40 mil elementos que se prometió que tendría, sino incluso de los 10 mil que se contemplaban de arranque.

Las cifras oficiales muestran que, para 2015, la División de Gendarmería tuvo un ligero crecimiento a 5 mil 124 elementos, mientras que el 2016 lo cerró con 5 mil 146. Pero en 2017 su estado de fuerza volvió a caer a 4 mil 900 gendarmes, y en 2018 retrocedió a 4 mil 751.

En proporción, ese estado de fuerza equivale a un 47.5 por ciento de lo prometido de arranque, y a solo el 11.8 por ciento de lo que tendría en el último año de sexenio.

Pero más allá del número de elementos, hay otros datos y análisis que ponen en duda el impacto positivo que ha tenido la gendarmería.

Por ejemplo, en el análisis de la Cuenta Pública 2015 la Auditoría Superior de la Federación detectó deficiencias en el diseño y desarrollo de los operativos de la Gendarmería lo que, dijo, impide “determinar su contribución en la reducción de los delitos de alto impacto”.

Los auditores explicaron que no había un estudio serio respecto al comportamiento de la criminalidad en el país que sirviera de sustento para enfocar los distintos operativos reportados por la División de Gendarmería, a lo que se suma la carencia de mecanismos de seguimiento y evaluación de los operativos implementados.

Además la ASF alertó de deficiencias en los mecanismos de selección de elementos para este cuerpo policial, luego de que más del 80 por ciento de los gendarmes que fueron sometidos al proceso de control de confianza terminaron reprobándolo.

Los índices delictivos también generan cuestionamientos serios sobre el impacto positivo de la División de Gendarmería. De acuerdo con datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública en 2013, un año previo a su creación, la tasa de homicidios en el país era de 15.29 casos por cada cien mil habitantes. En 2017, ya con tres años de gendarmes en las calles, la tasa de homicidios fue de 20.51 casos, una cifra record de violencia.

Preferible calidad que cantidad: comisionado

Manelich Castilla Craviotto, actual comisionado General de Policía Federal (y que antes fue el primer jefe de la División de Gendarmería, sostiene que aun cuando se requieren más elementos hoy se privilegia la formación de los agentes antes que su número. Es decir, se prioriza calidad sobre cantidad.

“Si bien lo deseable es poder contar con un mayor número de elementos,  es preferible mantener el estado de fuerza actual, con personal más capacitado, en lugar de un crecimiento desordenado. No solamente se puede crecer en número, también en capacidades, en preparación y técnica, hoy prevalece la calidad del personal operativo” ha sostenido en entrevistas.

En ese contexto el comisionado destacó que el modelo de proximidad e inteligencia social de la División de Gendarmería ha sido emulado por gobiernos locales,  y a la fecha suman 8 mil policías estatales y municipales capacitados en el mismo.

Entre los datos positivos que registra la Gendarmería destacados por la Policía Federal se encuentra que, de acuerdo con encuestas del Inegi, el 68 por ciento de la corporación dice confiar en los elementos de esta corporación, indicador que supera al de fuerzas estatales.

Y entre los operativos en los que se ha ordenado su despliegue se destaca el abatimiento de los índices de secuestro que venían al alza en la localidad de Valle de Bravo en 2014, o el reforzamiento de la seguridad en el puerto de Acapulco. Esto además de su despliegue en Veracruz para la detención de todos los involucrados en las desapariciones de cinco jóvenes, ocurrida en el municipio de Tierra Blanca en Veracruz.

Otro aspecto resaltado por la Policía Federal es la creación de la Misión Ambiental de Gendarmería, que ha permitido combatir actividades ilícitas como la tala clandestina, que pone en riesgo los santuarios de la mariposa monarca.

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La Tierra alcanza los 8.000 millones de habitantes: ¿a cuántas personas puede albergar nuestro planeta?

Se espera que este 15 de noviembre la población humana alcance los 8.000 millones. BBC Future analiza uno de los temas más controvertidos de nuestro tiempo: ¿somos demasiados?
Foto: Alamy
15 de noviembre, 2022
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La Organizaciones de Naciones Unidas (ONU) predijo lo que hoy se cumplió: ya hay 8 mil millones de habitantes en la Tierra.

Con la expansión de la población ha llegado una gran división. Algunos ven nuestros números crecientes como una historia de éxito sin precedentes.

De hecho, hay una escuela de pensamiento emergente que defiende que en realidad necesitamos más personas.

En 2018, el multimillonario tecnológico Jeff Bezos predijo un futuro en el que nuestra población alcanzará un nuevo hito decimal, en la forma de un billón de humanos dispersos por nuestro Sistema Solar, y anunció que está planeando formas de lograrlo.

Mientras tanto, otros, incluido el locutor británico e historiador natural David Attenborough, han etiquetado a nuestro masivo enjambre humano como una “plaga para la Tierra”.

Desde este punto de vista, casi todos los problemas ambientales que enfrentamos actualmente, desde el cambio climático hasta la pérdida de biodiversidad, el estrés hídrico y los conflictos por la tierra, se remontan a nuestra reproducción desenfrenada durante los últimos siglos.

Allá por 1994, cuando la población mundial era de “apenas” 5.500 millones, un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford, en California, calculó que el tamaño ideal de nuestra especie estaría entre 1.500 y 2.000 millones de personas.

Entonces, ¿está sobrepoblado actualmente el mundo? ¿Y qué podría deparar el futuro para el dominio global de la humanidad?

Una preocupación ancestral

En la obra magna de Platón, “La República”, escrita alrededor del año 375 a.C., el filósofo describe dos ciudades-estado imaginarias. Una es saludable y la otra es “lujosa” y “febril”.

En esta última, la población gasta y devora en exceso, entregándose al consumismo hasta “sobrepasar el límite de sus necesidades”.

Imagen de Platon

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En la Antigua Grecia, el filósofo Platón abogó por el control de la población y del consumo.

Esta ciudad-Estado moralmente decrépita finalmente recurre a apoderarse de las tierras vecinas, lo que naturalmente desemboca en una guerra: simplemente no puede mantener a su gran población codiciosa sin recursos adicionales.

Platón se había topado con un debate que todavía está vivo hoy: ¿el problema es la población humana o son los recursos que consume?

En su famoso trabajo, “Un ensayo sobre el principio de la población”, publicado en 1798, Thomas Malthus, un clérigo inglés con una inclinación por el pesimismo, comenzó con dos observaciones importantes: que todas las personas necesitan comer y que les gusta tener relaciones sexuales.

Cuando se lleva a su conclusión lógica, explicó, estos simples hechos conducen a que las demandas de la humanidad superen los suministros del planeta.

“La población, cuando no se controla, aumenta en una proporción geométrica. La subsistencia aumenta solo en una proporción aritmética. Un ligero conocimiento de los números mostrará la inmensidad del primer poder en comparación con el segundo”, escribió Malthus.

El futuro de los habitantes en la Tierra

En otras palabras, un gran número de personas conduce a un número aún mayor de descendientes, en una especie de circuito de retroalimentación positiva, pero nuestra capacidad para producir alimentos no necesariamente se acelera de la misma manera.

Estas simples palabras tuvieron un efecto inmediato, encendiendo un miedo apasionado en algunos y la ira en otros, lo que continuaría reverberando en la sociedad durante décadas.

El primer grupo pensó que había que hacer algo para evitar que nuestros números se descontrolaran. El segundo, que limitar el número de personas era absurdo o poco ético, y en su lugar se debería hacer todo lo posible para aumentar el suministro de alimentos.

Cuando se publicó el ensayo de Malthus, había 800 millones de personas en el planeta.

Sin embargo, no fue sino hasta 1968 que surgieron las preocupaciones modernas sobre la sobrepoblación global, cuando un profesor de la Universidad de Stanford, Paul Ehrlich, y su esposa, Anne Ehrlich, escribieron “La bomba demográfica”.

Portada de "La bomba demográfica" de Paul Ehrlich

Sierra Club/Ballantine Books
Este libro dio pie a la preocupación actual por la sobrepoblación.

Se inspiró en la ciudad india de Nueva Delhi. La pareja regresaba a su hotel en un taxi una noche y atravesó un barrio pobre, donde se vieron abrumados por la cantidad de actividad humana en las calles.

Escribieron sobre la experiencia de una manera que ha sido muy criticada, especialmente porque la población de Londres en ese momento era más del doble que la de Nueva Delhi.

La pareja publicó su libro debido a la preocupación por la hambruna masiva que creían que se avecinaba, particularmente en los países en desarrollo, pero también en lugares como Estados Unidos, donde la gente comenzaba a notar el impacto que estaba teniendo sobre el medio ambiente.

El trabajo ha sido ampliamente acreditado con (o acusado de, según el punto de vista) desencadenar muchas de las ansiedades actuales sobre la sobrepoblación.

Visiones encontradas

Las estimaciones varían, pero se espera que alcancemos el “punto más alto humano” entre los años 2070 y 2080, momento en el que habrá entre 9.400 y 10.400 millones de personas en el planeta.

Puede que sea un proceso lento: si llegamos a los 10.400 millones, la ONU espera que la población se mantenga en ese nivel durante dos décadas, pero finalmente, después de esto, se prevé que la población disminuya.

Esto ha generado visiones encontradas sobre nuestro futuro.

En un extremo del espectro se encuentran aquellos que ven como una crisis las tasas de fertilidad bajas de algunas regiones del planeta.

Un demógrafo está tan preocupado por la caída en la tasa de natalidad en Reino Unido que ha sugerido gravar a las personas sin hijos.

En 2019, en el país nacían en promedio 1,65 niños por mujer. Esto está por debajo del nivel de reemplazo (la cantidad de nacimientos necesarios para mantener el mismo tamaño de población) de 2,075, aunque la población siguió creciendo debido a la inmigración.

Una muchedumbre de gente en un concierto

Getty Images
Algunos están preocupados por la sobrepoblación mientras que otros advierten que la natalidad está cayendo en casi todo el mundo, lo que podría traer problemas.

El punto de vista opuesto es que desacelerar y eventualmente detener el crecimiento de la población mundial no solo es eminentemente manejable y deseable, sino que puede lograrse a través de medios totalmente voluntarios, métodos como simplemente proporcionar anticonceptivos a quienes los deseen y educar a las mujeres.

De esta manera, los defensores de esta posición creen que no solo podríamos beneficiar al planeta, sino también mejorar la calidad de vida que experimentan los ciudadanos más pobres del mundo.

Por otro lado, otros abogan no fijarse en el número de personas en el mundo y centrarse en nuestras actividades.

Argumentan que lo importante es la cantidad de recursos que utiliza cada persona y señalan que el consumo es significativamente mayor en los países más ricos con tasas de natalidad más bajas.

Reducir nuestras demandas individuales sobre el planeta podría reducir la huella de la humanidad sin sofocar el crecimiento en los países más pobres.

De hecho, el interés occidental en reducir el crecimiento de la población en las partes menos desarrolladas del mundo ha sido acusado de tener matices racistas, cuando Europa y América del Norte están más densamente pobladas en general.

El impacto ambiental con 8 mil millones de habitantes en la Tierra

Más allá de este debate, las estadísticas sobre el impacto que hemos tenido sobre la Tierra son alarmantes.

Según el organismo de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el 38% de la superficie terrestre del planeta se utiliza para cultivar alimentos y otros productos (como combustible) para los seres humanos o su ganado: cinco mil millones de hectáreas en total.

Y aunque nuestros antepasados vivían entre gigantes, cazando mamut y pájaros elefantes de 450 kg, hoy somos la especie vertebrada dominante en la Tierra.

En peso, los humanos representamos el 32% de los vertebrados terrestres, mientras que los animales salvajes representan solo el 1% del total. El ganado representa el resto.

Animales migrando

Getty Images
Las migraciones naturales de muchos animales salvajes ahora son imposibles de hacer sin deambular por asentamientos humanos o infraestructura humana.

El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) descubrió que las poblaciones de vida silvestre disminuyeron en dos tercios entre 1970 y 2020; durante el mismo período, la población mundial se duplicó con creces.

De hecho, a medida que aumenta nuestro dominio, se han producido muchos cambios ambientales en paralelo, y varios ambientalistas prominentes, desde la primatóloga Jane Goodall, famosa por su estudio de los chimpancés, hasta el naturalista y presentador de televisión Chris Packham, han expresado su preocupación.

En 2013, Attenborough explicó su punto de vista a la revista Radio Times: “Todos nuestros problemas ambientales se vuelven más fáciles de resolver con menos personas, y más difíciles y en última instancia imposibles de resolver con cada vez más personas“.

A algunos la alarma por la huella ambiental de la humanidad los ha llevado a decidir tener menos o ningún hijo, incluidos el duque y la duquesa de Sussex, Harry y Meghan, quienes anunciaron en 2019 que no tendrían más de dos por el bien del planeta.

En el mismo año, Miley Cyrus también declaró que aún no tendría hijos porque la Tierra está “enojada”.

Un número creciente de mujeres se están uniendo al movimiento antinatalista y han declarado una “huelga de natalidad” (BirthStrike), hasta que se aborde la emergencia climática actual y la crisis de extinción.

La tendencia se vio impulsada por una investigación de 2017, que calculó que el simple hecho de tener un hijo menos por mujer en el mundo desarrollado podría reducir las emisiones anuales de carbono de una persona en 58,6 toneladas de “CO2 equivalente” o CO2e, más de 24 veces el ahorro de no tener un auto.

Hoy en día, se acepta ampliamente que las personas están ejerciendo una presión insostenible sobre los recursos finitos del mundo, un fenómeno que se destaca en el “Día del exceso de la Tierra”, la fecha en la que cada año se estima que la humanidad ha agotado todos los recursos biológicos que el planeta puede brindar de manera sostenible.

En 2010 cayó el 8 de agosto. Este año fue el 28 de julio.

Conmemoración del "Día del exceso de la Tierra" en Berlín, en 2018.

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Conmemoración del “Día del exceso de la Tierra” en Berlín.

Ya sea que el problema sea que hay demasiados humanos, los recursos que usamos o ambos, “no puedo siquiera imaginar cómo más humanos podrían ser mejores para el medio ambiente”, dice la académica Jennifer Sciubba, autora del libro “8.000 millones y contando: cómo el sexo, la muerte y la migración dan forma a nuestro mundo”.

Sin embargo, Sciubba señala que la idea de una inminente “bomba demográfica” que viene a destruir el planeta -como sugiere el libro de los Ehrlich- está desactualizada.

“Cuando lo escribieron creo que había 127 países en el mundo donde las mujeres en promedio tenían cinco o más hijos en su vida”, dice.

En esa era, las tendencias de la población realmente parecían exponenciales, y ella sugiere que esto infundió pánico sobre el nivel de población en ciertas generaciones que aún están vivas hoy.

“Pero hoy solo hay ocho ”, expone Sciubba. “Así que creo que es importante que nos demos cuenta de que esas tendencias cambiaron“.

Un futuro más feliz

La demografía no solo influye en el medio ambiente y la economía: también es una poderosa fuerza oculta que da forma a la calidad de vida de las personas en todo el mundo.

Según Alex Ezeh, profesor de Salud Global en la Universidad de Drexel, en Pensilvania, el número absoluto de personas en un país no es el factor más importante.

En cambio, es la tasa de crecimiento o disminución de su población lo que es clave para las perspectivas futuras de un país: esto determina qué tan rápido están cambiando las cosas.

Tomemos África, donde Ezeh explica que actualmente se están produciendo tasas de crecimiento de la población radicalmente diferentes, dependiendo de dónde se mire.

“En varios países, particularmente en el sur de África, las tasas de fertilidad realmente han disminuido y el uso de anticonceptivos ha aumentado: la tasa de crecimiento de la población se está desacelerando, lo que en cierto modo es una buena noticia”, dice Ezeh.

Al mismo tiempo, algunos países de África Central todavía tienen altas tasas de crecimiento demográfico, como resultado de la alta fecundidad y una esperanza de vida más larga.

En algunos lugares está muy por encima del 2,5% anual, “lo cual es enorme”, dice Ezeh. “La población se duplicará cada más de 20 años en varios países”.

Personas en un mercado de alimentos

Getty Images
Hoy usamos el 38% de la superficie terrestre para cultivar alimentos u otros productos para los humanos.

“Creo que la conversación sobre el tamaño y los números está fuera de lugar”, dice Ezeh.

“Piensa en una ciudad que se duplica cada 10 años, como varias ciudades en África. ¿Qué gobierno realmente tiene los recursos para mejorar cada infraestructura que existe actualmente cada 10 años, a fin de mantener el nivel correcto de cobertura de esos servicios?

“Los economistas piensan que una gran población es excelente para muchos resultados diferentes, pero ¿se logra esa gran población en 10 años, 100 años o 1000 años? Cuanto más se tarde en llegar, mejor se pueden establecer las estructuras correctas en el sistema que sostendrá a esa población”, añade Ezeh.

Una presencia en expansión

Aunque aún no se ha decidido el grado en que la humanidad continuará expandiéndose por el planeta, ya se han establecido algunas trayectorias.

Y una es que es probable que la población humana continúe creciendo durante algún tiempo, independientemente de cualquier posible esfuerzo por disminuirla.

Un estudio publicado en 2014 encontró que, incluso en el caso de una gran tragedia global como una pandemia mortal o una guerra mundial catastrófica, o una política draconiana del hijo único implementada en todos los países del planeta -nada de lo cual nadie espera, por supuesto- nuestra población aún crecerá hasta los 10.000 millones de personas para 2100.

Con la humanidad lista para volverse aún más dominante en los próximos años, encontrar una manera de vivir juntos y proteger el medio ambiente podría ser el mayor desafío de nuestra especie hasta el momento.


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