¿Qué pasará con quienes viven y trabajan en Santa Lucía? Nadie lo ha explicado y hay muchas dudas
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Foto: Elizabeth Cruz

¿Qué pasará con quienes viven y trabajan en Santa Lucía? Nadie lo ha explicado y hay muchas dudas

Animal Político hizo un recorrido por las localidades aledañas a la Base Aérea de Santa Lucía, en Tecámac, Estado de México, donde vecinos mostraron opiniones divididas en caso de que esa opción sea la elegida en la consulta ciudadana propuesta por Andrés Manuel López Obrador.
Foto: Elizabeth Cruz
23 de octubre, 2018
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Ciudadanos de localidades vecinas a la base militar de Santa Lucía, donde el presidente electo Andrés Manuel López Obrador propuso la construcción de dos pistas para que pueda operar como nuevo aeropuerto civil, no tienen una opinión unánime a favor de ese proyecto.

Entrevistados por Animal Político, los vecinos mostraron su preocupación sobre múltiples temas. Por ejemplo, qué pasará con los miles de personas que viven y trabajan en la base militar; qué se hará con la inversión en unidades habitacionales al interior de ese espacio; y cómo llegarían miles de pasajeros desde la Ciudad de México (CDMX) para tomar un vuelo, o para hacer trasbordo en una terminal que estaría ubicada a más de 30 kilómetros de la capital mexicana.

En contraste, hay vecinos que consideran que la llegada de un nuevo aeropuerto les traería más opciones de empleo, ahorro en transporte a la ciudad, y más seguridad, por lo que están a favor del proyecto.

“¿Qué pasará con quienes vivimos en Santa Lucía?”

Ernesto es militar, y no está autorizado a dar entrevistas. Pero cuando en la entrada de la Base de Santa Lucía, en Tecámac, Estado de México, el reportero le pregunta sobre la consulta que decidirá qué aeropuerto se construye para la CDMX, frena el paso y dice que, como ciudadano, se encuentra preocupado por los resultados de la consulta.

Con los brazos cruzados y dándole la espalda a las dos enormes fotografías de unos aviones cazas supersónicos y helicópteros de combate que custodian la entrada al recinto militar, Ernesto admite que existen muchos puntos en contra, como que aún no está del todo claro si es una opción realmente viable, desde el punto de vista el tráfico aéreo, y compatible con el actual aeropuerto Benito Juárez.

Sin embargo, lo que realmente le preocupa a Ernesto es qué va a pasar con los más de 7 mil 250 elementos del Ejército que viven con sus familias en la Base de Santa Lucía, sea cual sea la opción que se elija.

“Santa Lucía no es solo una base militar, es un pueblito donde vivimos y trabajamos a diario en total más de 12 mil personas. Ahí adentro hay unidades habitacionales, escuelas militares, un hospital, instalaciones deportivas, un museo, y hasta un cine. ¿Qué pasará con todo eso si se decide abrir un aeropuerto comercial, o si se cierra la base porque van a abrir el de Texcoco?”.

Y, en efecto, nadie ha explicado, hasta ahora, qué va a pasar con las tres unidades habitacionales que hay en el interior de Santa Lucía, con 437 viviendas. De hecho, la última unidad habitacional con 90 viviendas, la Santa Lucía III, fue inaugurada apenas en febrero pasado.

Y tampoco se ha explicado qué pasará con la inversión de casi 40 millones de pesos que el Ejército mexicano tiene proyectado entre marzo y junio de 2019, según publica en una nota el diario Milenio, para construir otros dos edificios multifamiliares y una casa multifamiliar, como parte de la cuarta etapa de la unidad habitacional militar de la Base.

“En Santa Lucía también se ha invertido mucho dinero, y está previsto que se invierta en más viviendas. Pero nadie nos dice qué va a pasar con los que ya vivimos en la Base”, dice Ernesto.

Cristian camina por la banqueta que da acceso y salida a Santa Lucía junto a un reguero de personas, entre militares, ciudadanos con folders en las manos, adolescentes con uniforme escolar, y madres que llevan a sus hijos a una escuela cercana. No es soldado, pero Cristian plantea el mismo cuestionamiento que Ernesto.

“En la Base viven muchas familias, y si se construye un aeropuerto comercial las van a tener que sacar de ahí”, dice Cristian, que con el dedo señala a un costado de la rotonda que da acceso a la instalación militar, donde a lo lejos se levantan los bloques de cuatro niveles en los que viven los soldados con sus familias.

Cristian recuerda que, al margen de la tercera fase de unidades habitacionales, en febrero pasado también se acaba de inaugurar las instalaciones de la nueva Escuela Militar de Materiales de Guerra. Por lo que, si la Base aérea deja paso a un aeropuerto civil, “toda esa inversión se perdería”.

“El nuevo aeropuerto en Santa Lucía no me parece una buena idea. Creo que hay muchas cosas que faltan por explicar y que no están claras”, concluye Cristian, no sin antes cuestionar qué pasaría con el hospital del IMSS que está ubicado a solo un kilómetro escaso de la Base aérea, y si la reconversión en un aeropuerto comercial, con una nueva y más amplia terminal aérea para pasajeros, más la construcción de un hotel de 310 habitaciones, afectaría el suministro de agua de las localidades vecinas.

Quienes tampoco ven claro su futuro con un nuevo aeropuerto en Santa Lucía, son los taxistas del sitio que está ubicado a unos pocos metros de la entrada al recinto militar.

Esteban, por ejemplo, dice que, en caso de un nuevo aeropuerto, probablemente les van a pedir nuevos permisos para poder operar en la zona. Y, además, lamenta que tampoco les han explicado si los taxistas de la CDMX, al compartir los dos aeropuertos, también podrían operar en Santa Lucía, lo cual afectaría a sus puestos de trabajo.

“En un principio, a mí como taxista sí me beneficiaría que pusieran en Santa Lucía el aeropuerto, porque sería más trabajo. Pero si los taxistas de la capital se van a querer llevar también su parte del pastel y nos hacen a un lado, pues entonces no estaría de acuerdo”, señala Esteban.

Foto: Elizabeth Cruz

“No hay vías de comunicación”

Otro punto que no convence a Héctor Rodríguez, un urbanista de profesión y quien es vecino de la zona, es el tema de la infraestructura y de cómo se transportarían los pasajeros desde la capital hasta Santa Lucía, y viceversa.

“No es factible tener dos aeropuertos operando”, dice tajante. “Imagine que llego al aeropuerto Benito Juárez de un vuelo internacional, de Estados Unidos, por ejemplo. Y luego tengo que tomar en Santa Lucía otro vuelo nacional a Oaxaca. ¿Cómo le hago para transportarme desde la ciudad y llegar aquí rápido para no perder mi siguiente vuelo? No creo que tengamos las vías de comunicación necesarias para eso”.

Actualmente, y a falta de un hipotético plan de movilidad, hay varias formas de llegar a la Base aérea. La más rápida es en coche, ya sea privado, o en taxi, lo cual también aumentaría los costos del pasajero.

Mientras que en transporte público las opciones son variadas, aunque el tiempo de traslado se dispara.

Mario Domínguez es chofer de una de las muchas combis de pasajeros que está estacionada a unos pocos metros de la base militar, junto al sitio de taxis. Mientras espera clientes que llenen el vehículo para iniciar el viaje, Mario explica que, en su experiencia cotidiana, la forma más rápida es llegar a la estación del Metro Indios Verdes, al norte de la CDMX, en la delegación Gustavo A. Madero. Y de ahí, tomar una combi que se vaya directo por la pista de cobro México-Pachuca.

“Si no hay mucho tráfico, de Indios Verdes hasta la Base puedes tardar 35 minutos. Pero si está pesado en la caseta de cobro, entonces súmale otros 25 minutos”, dice Mario, a lo que habría que añadirle que Indios Verdes está a otros 15 kilómetros, aproximadamente, y a unos 25 minutos de trayecto en coche del actual aeropuerto Benito Juárez.

Si el pasajero opta por transporte público y carreteras que no son de cobro, el tiempo puede alargarse incluso más.

Así fue la ruta que tomó Animal Político: primero, Metro Sevilla, en la Línea 1 (Rosa), la estación más cercana al Ángel de la Independencia (a 1 kilómetro). De ahí, hasta la estación San Lázaro (terminal de autobuses Tapo). Luego, trasbordo en la Línea B (verde), hasta la Estación Plaza Aragón, ya en el municipio de Ecatepec, Estado de México.  Hasta aquí, 40 minutos de trayecto, aproximadamente.

Luego, combi en la avenida Carlos Hank González, que va haciendo paradas continuas a lo largo de otros 26 kilómetros, hasta Tecámac de Felipe Villanueva. Y una vez en esta localidad, otra combi que recorre siete kilómetros más hasta la Base de Santa Lucía.

En total, más de dos horas de trayecto desde el Ángel de la Independencia, en la CDMX, hasta la base aérea.

Ante este panorama, Héctor Rodríguez insiste en que la opción de Santa Lucía “no sería viable”, a menos de que se invierta en construir “una vialidad libre para poder llegar desde el aeropuerto Benito Juárez a Santa Lucía, como mucho, en 20 o 25 minutos”. Y eso, lógicamente, “también aumentaría el gasto de inversión” del nuevo aeropuerto.

Y lo mismo opina Pablo Rodríguez, vecino de Tecámac, quien dice que la carretera México-Pachuca (la libre) ya está de por sí saturada de tráileres, combis, y coches, como para añadirle, a diario, miles de pasajeros que buscarán cómo llegar lo más rápido posible a la ciudad de México, o a otros puntos de la República.

“Esta Base está lejísimos de todos los accesos para ir a la Ciudad de México –subraya Pablo-. Pero, además, si queremos atraer al turismo, necesitamos un buen aeropuerto que sea basto, moderno, y que sea el rostro de México ante el mundo. Y no creo que esta Base militar sea la mejor opción”.

“Traería más trabajo y seguridad”

A unos 16 kilómetros, en el municipio de Zumpango, la opinión de los vecinos es más favorable al proyecto de López Obrador de reconvertir Santa Lucía en un aeropuerto comercial.

Elsa Arellano despacha una modesta papelería, en una colonia que a las 10 de la mañana luce completamente desierta por dos motivos: el primero, la mayoría de la gente se va a trabajar a la Ciudad de México. Y el segundo, los que se quedan no salen por temor a los robos que proliferan en el lugar.

Por ello, la mujer dice que vería con muy buenos ojos que un proyecto de infraestructura como un aeropuerto pueda traer puestos de trabajo y seguridad a la zona.

“En Zumpango y en los pueblos de alrededor, casi todo el mundo se va a la ciudad a trabajar muy temprano, como a las 4 de la mañana. Y para nosotros sería muy beneficioso que llegara una fuente de trabajo que nos permita laborar aquí, poniendo negocios alrededor del aeropuerto, o incuso adentro”, comenta la mujer.

Carmelita López, otra vecina de la colonia, cree además que una fuente de trabajo del tamaño de un nuevo aeropuerto, reduciría considerablemente el número de personas que, a diario, toma el coche, combis, o transporte público, lo cual también aliviaría los accesos de la Ciudad de México.

En cuanto al ruido de los aviones despegando y aterrizando, una de las quejas frecuentes de los vecinos de las colonias aledañas a la Base, don Alejandro, de 70 años, cree que tampoco sería un impedimento mayor.

“En Santa Lucía se lleva haciendo maniobras de aviación desde los años 50 (la base se inauguró formalmente en 1952), así que ya estamos acostumbrados al ruido de los aviones”, dice el hombre riendo.

Además, a diferencia de lo que sucede en Texcoco, donde vecinos de la zona denuncian que fueron despojados de sus terrenos para la construcción del NAIM, aunado al fuerte impacto ambiental que se está generando en toda la zona del lago de Texcoco, don Alejandro ve como un punto favorable a Santa Lucía que la mayoría de los terrenos ya son propiedad del Gobierno federal, por lo que no habría afectaciones en este sentido.

“Yo lo tengo claro”, asegura Alejandro. “En la consulta, voy a votar a favor de Santa Lucía”.

En cambio, en Los Reyes Acozac, a 3 kilómetros de Santa Lucía, la estudiante de derecho Samantha Vergara opina que, precisamente, por esas expropiaciones de tierras que ya se han hecho, y por las pérdidas de 100 mil millones de pesos que se prevén si se cancela Texcoco, la opción de Santa Lucía no le parece viable. Aunque, en realidad, ninguna de las dos opciones le convence.

“Sea cual sea la opción, se va a tener que invertir mucho dinero en un nuevo aeropuerto que, en mi opinión, no es prioridad en un país donde hay tanta pobreza, y tantas personas analfabetas”, dice Samantha, que asegura que no votará en la consulta de cuatro días que inicia el próximo 25 de octubre.

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Cómo fue estar con Donald Trump el día que perdió la carrera por la Casa Blanca

Cómo el presidente que nunca ha dudado de sí mismo se enfrentó a la derrota después de cuatro años en el poder.
8 de noviembre, 2020
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En los últimos cuatro años he visto al presidente de EE. UU. en sus días buenos y en sus días malos.

Pero este 7 de noviembre, el día en que perdió las elecciones, fue un día muy distinto a todos esos otros.

Vestido con una chaqueta negra, pantalón deportivo oscuro y un gorro con la inscripción MAGA (las iniciales de su lema de campaña en inglés, Make America Great Again), Donald Trump dejó la Casa Blanca un poco después de las 10 de la mañana del sábado.

Antes, se la había pasado tuiteando sobre las elecciones y, sobre todo, sobre el fraude electoral que considera tuvo lugar en torno a los comicios generales del 3 de noviembre.

Salió por la puerta de la residencia presidencial y se subió a su vehículo oficial que lo llevó en dirección de su club de golf Trump National, en la ciudad de Sterling, Virginia, a unos 40 kilómetros de Washington.

En ese momento, proyectaba un aire de autoconfianza. Era un día precioso, perfecto para el golf, y por eso decidió que iba a pasarlo en su club.

Trump jugando al goflf.

Getty Images
Trump pasó gran parte del día jugando al golf.

Pero, a la vez, se notaba que las personas que trabajaban con él estaban incómodas. Como al borde de una situación muy tensa.

“¿Cómo la están pasando?”, le pregunté a una de sus empleadas.

“Bien”, respondió. Y sonrió, pero sus ojos se entrecerraron y bajó rápido la mirada hacia la pantalla de su celular.

Trauma electoral

La Casa Blanca ha estado en una especie de trauma en los días que han pasado desde la elección.

Aunque fue apenas el martes, parece que hubiera ocurrido hace mucho tiempo.

La mayoría de los escritorios del ala oeste de la Casa Blanca estaban vacíos cuando pasé por el edificio en la mañana de este sábado. Muchos miembros del personal han resultado infectados por el covid-19 y no pueden ir a la oficina. Los otros están en cuarentena.

Entonces, a eso de las 11:30 y mientras el presidente estaba jugando al golf, la BBC y varias cadenas comenzaron a proyectar que Joe Biden había ganado las elecciones.

Estaba sentada en un restaurante italiano ubicado a un poco más de un kilómetro de distancia del Trump National cuando recibí el dato.

Trump regresa a la Casa Blanca después de jugar al golf

Reuters
El presidente Trump se enteró de la noticia de la victoria de Joe Biden en su campo de golf en el estado de Virginia.

Yo hago parte del grupo permanente de periodistas que cubren la Casa Blanca, un conjunto de colegas de medios distintos que viajan con el presidente de EE.UU.

Todos estábamos esperando que saliera del club.

“Él es una persona tóxica”, dijo una mujer en las afueras del restaurante. Ella, como muchos de sus vecinos en ese distrito de mayoría demócrata, habían votado por el rival de Trump.

Otros se preguntaban en voz alta cuándo el presidente dejaría el club y volvería a la Casa Blanca.

Pasaron los minutos. Pasaron las horas.

“Se está tomando su tiempo”, le dijo un funcionario a otro.

El presidente no tenía prisa en marcharse. En el club estaba rodeado de amigos. Fuera de esas puertas, sus seguidores me gritaban a mí y a los otros periodistas “Acaben con los medios”.

Una mujer, vestida con tacones altos y un gorro rojo, azul y blanco, llevaba un cartel en el que se leía: “Detengan el robo”.

Un hombre pasó conduciendo su camioneta por enfrente del club mientras hacía ondear varias banderas, incluso una en la que se mostraba al presidente encima de un tanque, como si fuera el comandante de los ejércitos del mundo.

Críticos del presidente.

BBC
Un mensaje claro: “Usted está a punto de perder su trabajo”.

Era una muestra de cómo sus seguidores ven al presidente, e incluso cómo Trump se veía a sí mismo.

Finalmente, el presidente decidió abandonar el club y regresar a la Casa Blanca.

Allí, miles de sus críticos lo esperaban.

“Has perdido. Nosotros hemos ganado”

La caravana presidencial avanzó por Virginia. Yo iba en una camioneta que hacía parte de la caravana, que por poco se estrella en una de las calles del condado de Fairfax. Se encendieron las sirenas.

Entre más cerca estábamos de la Casa Blanca, más grande era el tumulto: la gente estaba en las calles celebrando la derrota del mandatario.

Alguien llevaba en alto un cartel: “Has perdido y todos nosotros hemos ganado”. Había clima festivo y cánticos.

Con un letrero de "Hasta nunca" algunas personas saludaron la caravana de Trump en el Sterling (Virginia).

Getty Images
Con un letrero de “Hasta nunca” algunas personas saludaron la caravana de Trump en el Sterling (Virginia). La campaña del mandatario estadounidense anunció este sábado que no reconocen los resultados y que la “elección está lejos de haber terminado”.

Cuando llegamos a la Casa Blanca, el presidente ingresó por una puerta lateral, una entrada que ha utilizado poco durante sus cuatro años de mandato. Sus hombros estaban hundidos y la cabeza, gacha.

Entonces levantó la vista hacia los periodistas que estábamos allí y levantó su pulgar. Fue un gesto a medias. No levantó su mano ni apretó su puño, como suele hacer.

Tanto en la Casa Blanca como en el club de golf, el presidente nunca vaciló: siempre hizo reclamos sin sustento sobre el fraude electoral e insistió que será reivindicado.

Durante toda esa mañana escribió en su cuenta de Twitter sobre los “votos ilegales” y por la tarde declaró, desafiante y en mayúsculas, “YO GANÉ ESTAS ELECCIONES”.

Pero eso fue Trump en Twitter. El hombre que yo vi me dejó una impresión muy distinta. Cuando entró por la puerta lateral de la Casa Blanca por la tarde, la arrogancia se había ido.

Texto de Tara McKelvey, corresponsal de la BBC en la Casa Blanca

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BBC

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https://www.youtube.com/watch?v=bW1ibaFkARg

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