Temblores en la CDMX: ¿Es normal que haya sismos con epicentros en la capital?
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Antonio Cruz

Temblores en la CDMX: ¿Es normal que haya sismos con epicentros en la capital?

Newsweek en Español charló con expertos para entender qué propicia los sismos con epicentros en distintos puntos de la capital del país.
Antonio Cruz
15 de octubre, 2018
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De pronto se escucha un estruendo, una ola expansiva que cimbra las ventanas y vitrinas. Luego una sacudida tan fuerte que te levanta de la silla, te tambalea casi hasta caer. Sientes como si “algo” estuviera bajo el suelo listo para salir rompiendo el piso. Dura unos segundos, los suficientes para asustarte, pero muy pocos para entender qué pasó.

Así se siente estar sobre el epicentro de un sismo, una sensación desconocida hasta hace unos meses para muchos habitantes de la Ciudad de México, habituados y marcados —históricamente— por fuertes temblores.

En febrero se registró un sismo de magnitud 2.5 con epicentro en la alcaldía de Venustiano Carranza. Elena no sintió una sacudida, pero sí escuchó un estruendo, “como una explosión que cimbró las ventanas”.

La mañana del 14 de septiembre Claudia estaba en su departamento en la colonia Narvarte cuando sintió un jalón tan fuerte que casi se cae; apenas duró unos segundos.

Ese día se registraron tres sismos de magnitud 2.2, 1.8 y 1.5, todos tuvieron como epicentro la alcaldía de Benito Juárez. No se activó la alerta sísmica, pero vecinos de calles como Palenque, San Borja y la avenida José María Vértiz evacuaron algunas viviendas y negocios.

Septiembre cerró con otro sismo el día 27 a las 22:56 horas, con epicentro en la alcaldía de Coyoacán.

Ahí mismo se originó otro la mañana del pasado 5 de octubre. Ese día, Gilberto desayunaba en un restaurante cuando escuchó un estruendo; una “ola” debajo de sus pies lo levantó a él y otros comensales de sus sillas. Ana estaba en su oficina, en un cuarto piso justo frente al Parque Hundido. De pronto sintió un jalón, duró unos segundos, nadie desalojó.

“Pregunte a un habitante de la zona costera de Guerrero o Oaxaca cómo sienten los sismos y le va a decir que sienten como que lo empujan para arriba, o lo jalan, de la misma manera como lo siente la gente aquí en el Valle de México, pero con mayor intensidad”, explica a Newsweek en Español Luis Quintanar Robles, investigador del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

No es lo mismo, dice, sentir un sismo de magnitud 5 o 6 que ocurre en las costas del Pacífico —a miles de kilómetros de la capital— que uno de magnitud 2 que se genera justo debajo de los pies.

¿Un fenómeno extraño?

Gilberto ha vivido los sismos más fuertes de las últimas décadas: desde 1985 hasta los de 2017, pero nunca había sentido un movimiento como el de octubre pasado.

Esas sacudidas también han desconcertado a Ana. “Se me hace un fenómeno superextraño. Son temblores muy raros, no es algo normal, o no es algo que yo supiera que existía antes”, señala en entrevista.

Sin embargo, estos sismos son normales y comunes, más de lo que los capitalinos pueden pensar… y percibir.

De 2008 a la fecha, se tienen registrados 81 sismos con epicentro en Ciudad de México. Sus magnitudes van, en promedio, de 1.3 hasta 3.5; en su mayoría se presentan en la zona sur-sureste. El 15 de noviembre de 2003 ocurrió uno de magnitud 4 —este ha sido el de mayor intensidad en los últimos 20 años.

El secretario de Protección Civil local, Fausto Lugo, señala que en 2017, se presentaron 26 sismos y en lo que va del año se tienen registrados 15.

“Es un fenómeno normal, parte de vivir en Ciudad de México y parte de vivir en el país, porque formamos parte del cinturón de fuego, no es ninguna condición atípica o anormal para la ciudad”, explica el funcionario.

Ciudad de México está catalogada como zona sísmica B, un área intermedia donde se registran sismos no tan frecuentemente, aunque sí es una zona afectada por altas aceleraciones de otros puntos del país, como son las costas, de acuerdo con el Servicio Geológico Mexicano.

El resto del país se divide en zona A, donde no se tienen registros de sismos en los últimos 80 años y comprende la península de Yucatán y parte del noroeste del país. La zona C, que también es un área intermedia con sismos no tan frecuentes; y la zona D, donde se han registrado grandes sismos y comprende el Pacífico mexicano.

El Valle de México es una zona densamente poblada, explica el investigador Luis Quintanar, por ello cualquier sismo con epicentro en Ciudad de México, por pequeño que sea, lo siente una buena parte de la población.

A mayor cercanía con el epicentro, las ondas sísmicas se atenúan menos y el sismo se siente más fuerte, como ocurrió en los sismos del 14 de septiembre en la capital, señala un reporte del Servicio Sismológico Nacional (SSM).

“Los sismos son muy pequeños, de magnitud 2, 2.5, 3 cuando mucho, pero ocurren y se sienten en un radio muy pequeño. Si se aleja unas cuantas cuadras, a otra colonia, ya no lo sintieron. Pero la gente dice ‘es que está temblando más’. Está temblando igual, lo que pasa es que ahora lo detectamos más y hay más gente que lo siente”, comenta Quintanar.

Por eso, mucha más gente percibe un movimiento en alcaldías como Miguel Hidalgo, Benito Juárez o Coyoacán, a diferencia de uno en zonas menos pobladas de Tláhuac o Xochimilco.

Los sismos en las costas del Pacífico —Guerrero, Oaxaca, Chiapas— y los del Valle de México se originan por fenómenos diferentes.

En la costa, explica Quintanar, la interacción entre placas tectónicas genera los movimientos. “La placa oceánica de Cocos se mete por debajo de la placa continental y entonces ese movimiento de fricción da lugar a rupturas considerables, produciendo sismos de magnitud 5, 6 o más como los ocurridos recientemente”, señala.

Mientras que los sismos que tienen epicentro en el Valle de México se deben al menos a tres factores, según el Sismológico Nacional: la existencia de pequeñas fallas activas y que atraviesan la zona; por la acumulación de tensión regional derivado del hundimiento del Valle o porque grandes sismos generan desequilibrios que ocasionan sismos locales.

El tamaño de las fallas (en el Valle de México) es mucho menor a las de la costa del Pacífico, por eso la magnitud también baja, aunque la manera como lo siente la gente es igual: un jalón, un empujón, porque se encuentra sobre el epicentro.

Como Gilberto, que sintió la fuerza de un estruendo debajo de sus pies. “Fue como una fractura que pasaba por debajo de nosotros. Como si algo estuviera debajo y fuera a salir por el piso. Fue tan fuerte, al grado que la onda nos levantó”, recuerda.

Cuando hay un sismo en la costa, en Ciudad de México se perciben de otra manera, dice el investigador, pues “sentimos que el movimiento es horizontal, que se mueve como un mecimiento, precisamente porque el sismo no ocurre aquí, sino a miles de kilómetros” y no bajo los pies.

El tamaño de los sismos también está relacionado con su duración. Los que se han sentido en la capital duran unos segundos porque tienen una magnitud baja. Entre mayor es la magnitud, también lo es la intensidad.

“Mientras más grande es el sismo, su duración es mayor, porque se generan muchos tipos de onda que empiezan a viajar. En los sismos muy pequeños, las ondas que se generan se atenúan rápidamente”, dice Quintanar.

Que el Valle de México haya sido un lago también es un factor relacionado a las fracturas y movimientos. La extracción de agua ha provocado que el terreno se hunda y se fracture, sobre todo en el oriente de la capital —Texcoco, Tláhuac, Ixtapaluca— donde han aparecido grietas en casas y calles.

“El fracturamiento puede originar pequeños movimientos como si fueran sismos pero son muy pequeños”, detalla el investigador.

Los temblores en el Valle de México suelen ser consecuencia de otros más grandes. Los sismos de ocurridos el 7 de septiembre de 2017 (de magnitud 8.2) y el del 19 del mismo mes (de magnitud 7.1) con epicentros en Chiapas y Morelos, respectivamente detonaron una serie de réplicas, entre ellas los sismos con epicentro en Ciudad de México.

No es la primera vez que esto ocurre. Tras los sismos del 19 y 20 de septiembre de 1985 se registró un aumento en la sismicidad en el Valle de México, sobre todo en la parte sur, comenta Quintanar.

“La energía llega con gran fuerza, entonces reactiva pequeñas fallas. El terreno está fracturado y si encima se mueve con un movimiento lejano, pero muy fuerte, se rompen esas pequeñas fallas y da origen a la pequeña sismicidad disparada por el sismo grande”, detalla.

Allen Husker, investigador del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica de la UNAM coincide en que en el último año se han registrado más sismos porque son réplicas de los movimientos ocurridos en 2017. Tras un sismo fuerte las rocas cercanas al epicentro se reacomodan, lo que genera una serie de temblores, denominadas réplicas. El número de las réplicas puede variar desde unos cuantos hasta cientos en los próximos días o semanas de ocurrido el temblor principal, señala un especial del grupo de trabajo del Sismológico Nacional.

Los sismos con epicentro en el Valle de México, por su tamaño, rara vez presentan réplicas.

“México es un país muy activo sísmicamente”, dice Husker, pues en promedio, cada 1.6 años se registra un sismo fuerte con magnitud por arriba de 7, según la revisión de los datos sísmicos de los últimos 100 años realizada por la UNAM.

Hasta ahora, los sismos con epicentro en la Ciudad de México han sido de baja intensidad, pero ¿puede presentarse uno de magnitud mayor? A ciencia cierta, no se sabe.  

Luis Quintanar señala que por el pequeño tamaño de las fallas que atraviesan la capital no se acumula tanta energía como en las costas, por lo que sería muy poco probable, aunque no hay una base científica sólida para descartarlo.

El titular de Protección Civil de CDMX señala que aunque no se tienen registros de sismos con magnitud superior a 4.4 en toda la historia de la ciudad, podría ocurrir, “existe el riesgo con cualquier sismo”.

Alerta para la CDMX

Gilberto y los demás comensales del restaurante no supieron qué hacer después de la sacudida. “Todos nos quedamos sorprendidos”, dice, pues esperaban el sonido de la alerta sísmica.

Después de sentir el jalón que casi la hace caer, Claudia se asomó a ver si en su edificio alguien más había sentido el movimiento, pero nada. “Chequé en redes sociales y vi que no era la única que lo sintió, así fue como supe que había sido un temblor”, dice.

Ana pasó por algo similar. Sintió el movimiento pero no le dio importancia hasta que otras personas en la oficina comenzaron a decir que también lo habían sentido. “Entonces me metí a Twitter a verificar qué onda y salió que había sido un temblor con epicentro en Iztacalco”.

“No evacuamos porque fue algo superrápido, sin alerta, sin nada, cuando ya nos damos cuenta de que sí tembló fue media hora después”, cuenta Ana.

La alerta sísmica se activa en Ciudad de México cuando se registra un sismo en las costas del país. Los temblores generan dos tipos de ondas, las P y las S. Las ondas P viajan rápidamente y son menos destructivas. Las ondas S viajan 58 por ciento más lento que una P, y tienen gran capacidad de destrucción, de acuerdo al Instituto de Geofísica de la UNAM.

La velocidad de las ondas S permite al Sistema de Alerta Sísmica avisar con al menos 50 segundos de anticipación la llegada de ondas sísmicas importantes a la capital.

“Una alerta sísmica se basa en la distancia que hay del lugar donde se origina el sismo a la capital, o a los grandes centros poblacionales. El tiempo que se da de alerta es el tiempo que tardan en viajar las ondas desde el lugar donde se originan, hasta la Ciudad de México”, detalla Quintanar Robles.

El sistema de alerta actual sirve para los capitalinos, pero no para quien vive en donde se genera el movimiento.

“Si las ondas se originan aquí, dentro del Valle de México, pues no existe ningún tiempo (para alertar) sería simultáneo”, añade.

Fausto Lugo explica que para la capital no funcionaría un sistema que dé un aviso previo, debería de ser un sistema de alarma que se activaría cuando el sismo esté ya en operación.

Al presentarse un sismo en la capital, las autoridades siguen un protocolo de revisión en el área donde se percibe.

Sin embargo, “los sismos son parte de la condición en la que vivimos en el país”, dice el encargado de Protección Civil de la capital, debido a la actividad de las placas que lo rodean.

Lo más importante, coinciden los especialistas, es que los habitantes de Ciudad de México y el resto del país, “tenga conciencia que vivimos en una zona sísmica y que se debe estar preparado”, dice Quintanar.

Revisar periódicamente las construcciones, reforzarlas o rehabilitarlas y saber qué hacer y cómo evacuar.  

Lee más en Newsweek en Español.

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Coronavirus en Wuhan: diario de una joven sola en una ciudad china en cuarentena

Guo Jing tiene 29 años y vive sola en Wuhan, la ciudad china en el centro del brote del nuevo virus que tiene al mundo en alerta. Desde allí escribió un diario sobre cómo sobrelleva esta difícil situación. Estos son algunos fragmentos que compartió con la BBC.
4 de febrero, 2020
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Guo Jing vive en Wuhan, la ciudad china en el centro del brote del nuevo virus que preocupa al mundo.

Wuhan está en cuarentena desde el 23 de enero, en un intento por contener la infección. No hay transporte, la mayoría de las tiendas y negocios están cerrados, y las autoridades han recomendado a la población que permanezca en sus casas.

Jing es una trabajadora y activista social de 29 años que vive sola.

Durante una semana, escribió un diario que compartimos aquí.

Jueves 23 de enero: el día que empezó la cuarentena

No supe que hacer cuando me desperté y me enteré de la cuarentena. No sé qué significa, cuánto demorará y qué tipo de preparaciones debo hacer.

Hay muchos comentarios irritantes (en las redes sociales): que muchos pacientes no pueden ser hospitalizados después del diagnóstico por falta de lugar, que los pacientes con fiebre no reciben un tratamiento adecuado.

Muchos usan mascarillas. Mis amigos me dicen que me abastezca de suministros. El arroz y los noodles (fideos chinos) están casi agotados.

Un hombre estaba tratando de comprar mucha sal y alguien le preguntó por qué estaba comprando tanta.

Él respondió: “¿Y si el aislamiento dura un año entero?”

Fui a una farmacia. Allí estaban limitando el número de clientes que aceptaban. No les quedaban mascarillas ni alcohol desinfectante.

Wuhan
Getty Images

Guo Jing cuenta que cada vez se ven menos personas en las calles de Wuhan.

Después comprar mucha comida para almacenar, todavía estoy en shock.

Hay cada vez menos automóviles y peatones, y la ciudad se ha detenido de repente.

¿Cuándo volverá a vivir la ciudad?

Viernes 24 de enero: Nochevieja silenciosa

El mundo está en silencio, y ese silencio es espantoso. Vivo sola, solo me doy cuenta de que hay otros seres humanos alrededor por los ocasionales ruidos en el pasillo.

Tengo mucho tiempo para pensar en cómo sobreviviré. No tengo recursos ni conexiones.

Uno de mis objetivos es no enfermarme, por eso me obligo a hacer ejercicio. La comida también es crucial para la supervivencia, por eso tengo que saber si tengo suficiente.

El gobierno no ha dicho cuánto durará el aislamiento ni cómo podemos seguir funcionando. La gente dice que podría durar hasta mayo.

La farmacia y la tienda de abajo cerraron hoy, pero fue reconfortante ver que los mensajeros aún están entregando comida.

En los supermercados, los noodles están agotados, pero hay un poco de arroz. Hoy también fui al mercado, compré apio, ajo y huevos.

Ilustración de una mujer haciendo ejercicio

BBC

Después de regresar a la casa lavé toda mi ropa y me di una ducha. La higiene personal es importante: creo que me lavo las manos 20 o 30 veces al día.

Salir a la calle me hace sentir que sigo conectada con el mundo. Es muy difícil imaginar cómo las personas mayores que viven solas y aquellos con discapacidades podrán atravesar esta situación.

No quise cocinar menos de lo usual, porque fue la última noche del año del cerdo. Se supone que esa es una comida de celebración.

Durante la cena, hice una videollamada con mis amigos. Es imposible no hablar del virus. Alguna gente está en ciudades cercanas a Wuhan, algunos prefirieron no regresar a sus casas por la enfermedad, algunos insisten en reunirse a pesar del brote.

Una amiga tosió durante la conversación. ¡Alguien le dijo en broma que cortase!

Charlamos por tres horas y pensé que luego podría quedarme dormida con pensando en cosas lindas. Pero cerré los ojos y me aparecieron recuerdos de los últimos días.

Se me cayeron las lágrimas. Me sentí impotente, enojada y triste. También pensé en la muerte.

No tengo muchas cosas de las que arrepentirme porque mi trabajo es importante. Pero no quiero que mi vida se termine.

Sábado 25 de enero: Año Nuevo chino sola

Hoy es Año Nuevo Chino. Nunca me importaron mucho las celebraciones, pero ahora, el Año Nuevo me parece aún más irrelevante que nunca.

A la mañana, me salió un poco de sangre cuando estornudé. Sentí miedo. Mi mente está llena de preocupaciones en torno a la enfermedad. Me preguntaba si debía salir o no. Pero no tenía fiebre y tenía buen apetito, así que salí.

Dos personas caminando en Wuhan.

Getty Images
Las calles de Wuhan se ven sombrías en medio de la niebla, y desiertas.

Me puse dos mascarillas aunque la gente dice que no tiene sentido y que es innecesario.

Me preocupan las mascarillas falsas (de mala calidad), por eso ponerme dos me hace sentir más segura.

Todavía todo estaba muy silencioso.

Una tienda de flores estaba abierta, y la dueña había puesto algunos crisantemos (que se usan por lo general en los funerales) en la puerta.

No supe si eso quería decir algo o no.

En el supermercado, la sección de vegetales estaba vacía, y casi todos los dumplings y noodles se habían agotado.

Solo había unas pocas personas haciendo fila.

Sigo sintiendo la urgencia de comprar mucho cada vez que voy a la tienda. Compré otro paquete de arroz de 2,5 Kg, aunque en casa tengo 7 kg.

Tampoco pude evitar comprar unas batatas, dumplings, salchichas, frijoles rojos, judías verdes, mijo y huevos salados.

¡Ni siquiera me gustan los huevos salados! Se los daré a mis amigos después de que levanten la cuarentena.

Tengo comida suficiente como para un mes. Este comprar de forma compulsiva parece una locura, pero, en estas circunstancias, ¿cómo puedo culparme por ello?

Ilustración de una mujer saliendo a pasear

BBC
Cuando Guo Jing salió a caminar, se encontró con algunas personas que habían sacado a pasear a su perro.

Fui a caminar por la orilla del río. Dos tiendas de comida estaban abiertas, y había gente que había sacando a pasear a su perro. Vi a otros caminando, supongo que para no sentirse encerrados.

Nunca había caminado por esas calles. Sentí que mi mundo se ha había expandido un poquito más.

Domingo 26 de enero: mantener la esperanza

No es solo la ciudad la que está atrapada. También lo están las voces de la gente.

El primer día de la cuarentena, no pude escribir nada en las redes (por la censura). Tampoco pude hacerlo incluso en WeChat.

La censura en internet existe desde hace mucho tiempo en China. Pero ahora se siente como algo mucho más cruel.

Cuando tu vida está patas para arriba, es un desafío rehacer tu vida cotidiana.

Yo sigo haciendo ejercicio por las mañanas, usando una app, pero no puedo concentrarme porque mi mente está ocupada.

Hoy salí otra vez de la casa y traté de contar cuánta gente veía: me crucé con 8 en el camino a la tienda de noodles, a unos 500 metros de mi casa.

Wuhan

Getty Images
La ciudad parece un pueblo fantasma.

No quería regresar a la casa. Quería explorar más. Me he mudado a Wuhan hace solo dos meses. No tengo muchos amigos aquí y no conozco muy bien la ciudad.

Creo que en total vi a 100 personas el día de hoy. Espero que todo el mundo mantenga las esperanzas. Espero que en el futuro nos conozcamos y hablemos.

Acerca de las 20:00 horas, escuché gritos de “¡Vamos Wuhan!” que salían de las ventanas. El canto colectivo es una forma de empoderamiento.

Martes 28 de enero: finalmente sale el Sol

El pánico ha generado distancia entre la gente.

En muchas ciudades, las personas deben usar una mascarilla facial en público. A primera vista, la medida está destinada a controlar el brote de neumonía. Pero en realidad podría conducir a un abuso de poder.

Algunos ciudadanos sin ella han sido expulsados ​​del transporte público. No sabemos por qué no la usaban. Quizás no pudieron comprar ninguna, o no sabían nada del aviso. Más allá de los motivos, no deberían negarle sus derechos.

En algunos videos que circulan por internet, se ve a algunas personas sellando las puertas de gente que se puso en cuarentena por decisión propia.

Gente de la provincia de Hubei (donde está Wuhan) fue expulsada de sus hogares y no tenían a dónde ir.

Hombre con mascarilla

Getty Images
En algunos sitios el uso de mascarilla es obligatorio.

Pero, al mismo tiempo, hay que gente que le está ofreciendo albergue a gente de Hubei.

Hay muchas maneras en que el gobierno podría alentar a las personas a quedarse en casa. Tienen que garantizar que cada ciudadano tenga suficientes máscaras faciales, o incluso dar recompensas en efectivo a los ciudadanos que se quedan en casa.

Hoy, finalmente, está soleado, como mi estado de ánimo. Vi a más personas en el complejo en el que vivo, y había algunos trabajadores comunitarios. Parecían estar controlando la temperaturas de los no residentes.

No es fácil generar confianza y construir vínculos durante una cuarentena. La ciudad está cansada por este ambiente.

En medio de todo esto, no puedo evitar estar más en modo alerta.

Mi ansiedad por la supervivencia se ha ido disipando lentamente. Aventurarme más lejos en la ciudad no tiene mucho sentido si no hago ninguna conexión con la gente de aquí.

La participación social es una necesidad importante. Todos tenemos que encontrar un rol en la sociedad, eso hace que la vida de uno tenga sentido.

En esta ciudad solitaria tengo que encontrar mi rol.

Guo Jing publicó partes de su diario en WeChat. También conversó con Grace Tsoi, de la BBC.

Ilustraciones: Davies Surya.


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https://www.youtube.com/watch?v=FAfZ-GhFurA&t=21s

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