Temblores en la CDMX: ¿Es normal que haya sismos con epicentros en la capital?
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Antonio Cruz

Temblores en la CDMX: ¿Es normal que haya sismos con epicentros en la capital?

Newsweek en Español charló con expertos para entender qué propicia los sismos con epicentros en distintos puntos de la capital del país.
Antonio Cruz
15 de octubre, 2018
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De pronto se escucha un estruendo, una ola expansiva que cimbra las ventanas y vitrinas. Luego una sacudida tan fuerte que te levanta de la silla, te tambalea casi hasta caer. Sientes como si “algo” estuviera bajo el suelo listo para salir rompiendo el piso. Dura unos segundos, los suficientes para asustarte, pero muy pocos para entender qué pasó.

Así se siente estar sobre el epicentro de un sismo, una sensación desconocida hasta hace unos meses para muchos habitantes de la Ciudad de México, habituados y marcados —históricamente— por fuertes temblores.

En febrero se registró un sismo de magnitud 2.5 con epicentro en la alcaldía de Venustiano Carranza. Elena no sintió una sacudida, pero sí escuchó un estruendo, “como una explosión que cimbró las ventanas”.

La mañana del 14 de septiembre Claudia estaba en su departamento en la colonia Narvarte cuando sintió un jalón tan fuerte que casi se cae; apenas duró unos segundos.

Ese día se registraron tres sismos de magnitud 2.2, 1.8 y 1.5, todos tuvieron como epicentro la alcaldía de Benito Juárez. No se activó la alerta sísmica, pero vecinos de calles como Palenque, San Borja y la avenida José María Vértiz evacuaron algunas viviendas y negocios.

Septiembre cerró con otro sismo el día 27 a las 22:56 horas, con epicentro en la alcaldía de Coyoacán.

Ahí mismo se originó otro la mañana del pasado 5 de octubre. Ese día, Gilberto desayunaba en un restaurante cuando escuchó un estruendo; una “ola” debajo de sus pies lo levantó a él y otros comensales de sus sillas. Ana estaba en su oficina, en un cuarto piso justo frente al Parque Hundido. De pronto sintió un jalón, duró unos segundos, nadie desalojó.

“Pregunte a un habitante de la zona costera de Guerrero o Oaxaca cómo sienten los sismos y le va a decir que sienten como que lo empujan para arriba, o lo jalan, de la misma manera como lo siente la gente aquí en el Valle de México, pero con mayor intensidad”, explica a Newsweek en Español Luis Quintanar Robles, investigador del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

No es lo mismo, dice, sentir un sismo de magnitud 5 o 6 que ocurre en las costas del Pacífico —a miles de kilómetros de la capital— que uno de magnitud 2 que se genera justo debajo de los pies.

¿Un fenómeno extraño?

Gilberto ha vivido los sismos más fuertes de las últimas décadas: desde 1985 hasta los de 2017, pero nunca había sentido un movimiento como el de octubre pasado.

Esas sacudidas también han desconcertado a Ana. “Se me hace un fenómeno superextraño. Son temblores muy raros, no es algo normal, o no es algo que yo supiera que existía antes”, señala en entrevista.

Sin embargo, estos sismos son normales y comunes, más de lo que los capitalinos pueden pensar… y percibir.

De 2008 a la fecha, se tienen registrados 81 sismos con epicentro en Ciudad de México. Sus magnitudes van, en promedio, de 1.3 hasta 3.5; en su mayoría se presentan en la zona sur-sureste. El 15 de noviembre de 2003 ocurrió uno de magnitud 4 —este ha sido el de mayor intensidad en los últimos 20 años.

El secretario de Protección Civil local, Fausto Lugo, señala que en 2017, se presentaron 26 sismos y en lo que va del año se tienen registrados 15.

“Es un fenómeno normal, parte de vivir en Ciudad de México y parte de vivir en el país, porque formamos parte del cinturón de fuego, no es ninguna condición atípica o anormal para la ciudad”, explica el funcionario.

Ciudad de México está catalogada como zona sísmica B, un área intermedia donde se registran sismos no tan frecuentemente, aunque sí es una zona afectada por altas aceleraciones de otros puntos del país, como son las costas, de acuerdo con el Servicio Geológico Mexicano.

El resto del país se divide en zona A, donde no se tienen registros de sismos en los últimos 80 años y comprende la península de Yucatán y parte del noroeste del país. La zona C, que también es un área intermedia con sismos no tan frecuentes; y la zona D, donde se han registrado grandes sismos y comprende el Pacífico mexicano.

El Valle de México es una zona densamente poblada, explica el investigador Luis Quintanar, por ello cualquier sismo con epicentro en Ciudad de México, por pequeño que sea, lo siente una buena parte de la población.

A mayor cercanía con el epicentro, las ondas sísmicas se atenúan menos y el sismo se siente más fuerte, como ocurrió en los sismos del 14 de septiembre en la capital, señala un reporte del Servicio Sismológico Nacional (SSM).

“Los sismos son muy pequeños, de magnitud 2, 2.5, 3 cuando mucho, pero ocurren y se sienten en un radio muy pequeño. Si se aleja unas cuantas cuadras, a otra colonia, ya no lo sintieron. Pero la gente dice ‘es que está temblando más’. Está temblando igual, lo que pasa es que ahora lo detectamos más y hay más gente que lo siente”, comenta Quintanar.

Por eso, mucha más gente percibe un movimiento en alcaldías como Miguel Hidalgo, Benito Juárez o Coyoacán, a diferencia de uno en zonas menos pobladas de Tláhuac o Xochimilco.

Los sismos en las costas del Pacífico —Guerrero, Oaxaca, Chiapas— y los del Valle de México se originan por fenómenos diferentes.

En la costa, explica Quintanar, la interacción entre placas tectónicas genera los movimientos. “La placa oceánica de Cocos se mete por debajo de la placa continental y entonces ese movimiento de fricción da lugar a rupturas considerables, produciendo sismos de magnitud 5, 6 o más como los ocurridos recientemente”, señala.

Mientras que los sismos que tienen epicentro en el Valle de México se deben al menos a tres factores, según el Sismológico Nacional: la existencia de pequeñas fallas activas y que atraviesan la zona; por la acumulación de tensión regional derivado del hundimiento del Valle o porque grandes sismos generan desequilibrios que ocasionan sismos locales.

El tamaño de las fallas (en el Valle de México) es mucho menor a las de la costa del Pacífico, por eso la magnitud también baja, aunque la manera como lo siente la gente es igual: un jalón, un empujón, porque se encuentra sobre el epicentro.

Como Gilberto, que sintió la fuerza de un estruendo debajo de sus pies. “Fue como una fractura que pasaba por debajo de nosotros. Como si algo estuviera debajo y fuera a salir por el piso. Fue tan fuerte, al grado que la onda nos levantó”, recuerda.

Cuando hay un sismo en la costa, en Ciudad de México se perciben de otra manera, dice el investigador, pues “sentimos que el movimiento es horizontal, que se mueve como un mecimiento, precisamente porque el sismo no ocurre aquí, sino a miles de kilómetros” y no bajo los pies.

El tamaño de los sismos también está relacionado con su duración. Los que se han sentido en la capital duran unos segundos porque tienen una magnitud baja. Entre mayor es la magnitud, también lo es la intensidad.

“Mientras más grande es el sismo, su duración es mayor, porque se generan muchos tipos de onda que empiezan a viajar. En los sismos muy pequeños, las ondas que se generan se atenúan rápidamente”, dice Quintanar.

Que el Valle de México haya sido un lago también es un factor relacionado a las fracturas y movimientos. La extracción de agua ha provocado que el terreno se hunda y se fracture, sobre todo en el oriente de la capital —Texcoco, Tláhuac, Ixtapaluca— donde han aparecido grietas en casas y calles.

“El fracturamiento puede originar pequeños movimientos como si fueran sismos pero son muy pequeños”, detalla el investigador.

Los temblores en el Valle de México suelen ser consecuencia de otros más grandes. Los sismos de ocurridos el 7 de septiembre de 2017 (de magnitud 8.2) y el del 19 del mismo mes (de magnitud 7.1) con epicentros en Chiapas y Morelos, respectivamente detonaron una serie de réplicas, entre ellas los sismos con epicentro en Ciudad de México.

No es la primera vez que esto ocurre. Tras los sismos del 19 y 20 de septiembre de 1985 se registró un aumento en la sismicidad en el Valle de México, sobre todo en la parte sur, comenta Quintanar.

“La energía llega con gran fuerza, entonces reactiva pequeñas fallas. El terreno está fracturado y si encima se mueve con un movimiento lejano, pero muy fuerte, se rompen esas pequeñas fallas y da origen a la pequeña sismicidad disparada por el sismo grande”, detalla.

Allen Husker, investigador del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica de la UNAM coincide en que en el último año se han registrado más sismos porque son réplicas de los movimientos ocurridos en 2017. Tras un sismo fuerte las rocas cercanas al epicentro se reacomodan, lo que genera una serie de temblores, denominadas réplicas. El número de las réplicas puede variar desde unos cuantos hasta cientos en los próximos días o semanas de ocurrido el temblor principal, señala un especial del grupo de trabajo del Sismológico Nacional.

Los sismos con epicentro en el Valle de México, por su tamaño, rara vez presentan réplicas.

“México es un país muy activo sísmicamente”, dice Husker, pues en promedio, cada 1.6 años se registra un sismo fuerte con magnitud por arriba de 7, según la revisión de los datos sísmicos de los últimos 100 años realizada por la UNAM.

Hasta ahora, los sismos con epicentro en la Ciudad de México han sido de baja intensidad, pero ¿puede presentarse uno de magnitud mayor? A ciencia cierta, no se sabe.  

Luis Quintanar señala que por el pequeño tamaño de las fallas que atraviesan la capital no se acumula tanta energía como en las costas, por lo que sería muy poco probable, aunque no hay una base científica sólida para descartarlo.

El titular de Protección Civil de CDMX señala que aunque no se tienen registros de sismos con magnitud superior a 4.4 en toda la historia de la ciudad, podría ocurrir, “existe el riesgo con cualquier sismo”.

Alerta para la CDMX

Gilberto y los demás comensales del restaurante no supieron qué hacer después de la sacudida. “Todos nos quedamos sorprendidos”, dice, pues esperaban el sonido de la alerta sísmica.

Después de sentir el jalón que casi la hace caer, Claudia se asomó a ver si en su edificio alguien más había sentido el movimiento, pero nada. “Chequé en redes sociales y vi que no era la única que lo sintió, así fue como supe que había sido un temblor”, dice.

Ana pasó por algo similar. Sintió el movimiento pero no le dio importancia hasta que otras personas en la oficina comenzaron a decir que también lo habían sentido. “Entonces me metí a Twitter a verificar qué onda y salió que había sido un temblor con epicentro en Iztacalco”.

“No evacuamos porque fue algo superrápido, sin alerta, sin nada, cuando ya nos damos cuenta de que sí tembló fue media hora después”, cuenta Ana.

La alerta sísmica se activa en Ciudad de México cuando se registra un sismo en las costas del país. Los temblores generan dos tipos de ondas, las P y las S. Las ondas P viajan rápidamente y son menos destructivas. Las ondas S viajan 58 por ciento más lento que una P, y tienen gran capacidad de destrucción, de acuerdo al Instituto de Geofísica de la UNAM.

La velocidad de las ondas S permite al Sistema de Alerta Sísmica avisar con al menos 50 segundos de anticipación la llegada de ondas sísmicas importantes a la capital.

“Una alerta sísmica se basa en la distancia que hay del lugar donde se origina el sismo a la capital, o a los grandes centros poblacionales. El tiempo que se da de alerta es el tiempo que tardan en viajar las ondas desde el lugar donde se originan, hasta la Ciudad de México”, detalla Quintanar Robles.

El sistema de alerta actual sirve para los capitalinos, pero no para quien vive en donde se genera el movimiento.

“Si las ondas se originan aquí, dentro del Valle de México, pues no existe ningún tiempo (para alertar) sería simultáneo”, añade.

Fausto Lugo explica que para la capital no funcionaría un sistema que dé un aviso previo, debería de ser un sistema de alarma que se activaría cuando el sismo esté ya en operación.

Al presentarse un sismo en la capital, las autoridades siguen un protocolo de revisión en el área donde se percibe.

Sin embargo, “los sismos son parte de la condición en la que vivimos en el país”, dice el encargado de Protección Civil de la capital, debido a la actividad de las placas que lo rodean.

Lo más importante, coinciden los especialistas, es que los habitantes de Ciudad de México y el resto del país, “tenga conciencia que vivimos en una zona sísmica y que se debe estar preparado”, dice Quintanar.

Revisar periódicamente las construcciones, reforzarlas o rehabilitarlas y saber qué hacer y cómo evacuar.  

Lee más en Newsweek en Español.

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COVID: 6 efectos de la catástrofe generacional en la educación en América Latina

En BBC Mundo te presentamos algunos de los efectos y soluciones de emergencia que se han implementado en varios países.
19 de septiembre, 2020
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Es tan alto el riesgo de contagio al reabrir las escuelas, que en muchos países de América Latina y otras partes del mundo, el sistema educativo tuvo que moverse de la noche a la mañana hacia las clases virtuales.

Pero en las zonas rurales más apartadas o los barrios vulnerables con poca conectividad, las clases online son prácticamente imposibles.

Es ahí, en medio de la emergencia, cuando los maestros reparten guías de trabajo puerta a puerta o dejan los deberes a través de una llamada telefónica.

Sin embargo, hay zonas donde la covid-19 se ha propagado con tanta fuerza que ni siquiera los profesores pueden acercarse a las casas. Y como muchas familias que viven en el campo no tienen teléfono, se ha perdido el contacto.

“Hay niños que se quedaron sin aprender a leer ni escribir”, le dice a BBC Mundo Wilson León, profesor boliviano de primaria en Loman, Chuquisaca, una zona agrícola y ganadera con mínimo acceso a internet.

Wilson León

Wilson León
“Hay niños que se quedaron sin aprender a leer ni escribir”, le dice a BBC Mundo Wilson León, profesor boliviano.

Una de las cosas que más le preocupa es la incertidumbre sobre el futuro de los estudiantes y la imposibilidad de llegar a ellos.

“Donde viven mis alumnos no hay señal de internet”, cuenta León, quien solía caminar durante horas para llevar material educativo casa por casa, algo que ya no puede hacer.

Primero porque en su distrito se han disparado los contagios. Y segundo, porque el gobierno de Bolivia anunció en agosto el cierre anticipado del año escolar, por la falta de condiciones para garantizar el acceso a la educación virtual.

Como resultado, los alumnos fueron promovidos automáticamente al curso siguiente, con un vacío de conocimiento que probablemente será difícil de recuperar.

En América Latina la pandemia de coronavirus provocó el cierre temporal de miles de colegios, afectando a 160 millones de estudiantes, según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

La conectividad debería ser un derecho humano“, argumenta Claudia Uribe, directora de Educación para América Latina de la organización, en diálogo con BBC Mundo.

Pero mientras eso no ocurra, la región está expuesta a “enfrentar una catástrofe generacional” en educación, advierte.

Niñas mexicana estudiando en casa

Getty Images
En América Latina la pandemia de coronavirus provocó el cierre temporal de miles de colegios, afectando a 160 millones de estudiantes.

De hecho, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), calcula que cerca del 20% de la población latinoamericana no tiene acceso adecuado a internet móvil.

Y si no están conectados, la posibilidad de que las familias con hijos sigan las clases, es bastante baja.

Estos son seis efectos que ha provocado la pandemia a nivel educacional:

1. Interrupción del aprendizaje

El efecto más evidente del cierre de escuelas es la interrupción del aprendizaje. Aunque es un problema en todos los niveles educacionales, quienes más lo sufren son los pequeños que están iniciando el ciclo escolar y aquellos a punto de egresar.

Los más pequeños porque, si no adquieren las destrezas básicas como leer y escribir o sumar y restar, se enfrentan a un déficit esencial para avanzar hacia los cursos superiores.

Y los más grandes porque se hacen más difíciles sus perspectivas de ingreso a la educación superior o al mundo laboral.

2. Falta de alimentación

Gran parte de las escuelas públicas en Latinoamérica reparten alimentación gratuita a los niños que no tienen los recursos económicos para financiar el desayuno y el almuerzo.

3. Familias sin preparación para enseñar

Ya sea que los niños se conecten virtualmente o que reciban guías de trabajo en papel, muchos padres no están preparados para responder preguntas y para asistir todo el proceso de enseñanza.

Niño frente a computador en México

Getty Images
Las familias han tenido que adaptarse a las duras condiciones que imponen los confinamientos y en muchas ocasiones no tienen los conocimientos necesarios para apoyar a los estudiantes de primaria.

Durante la pandemia les ha caído esta gran responsabilidad que habitualmente se suma a las responsabilidades laborales.

4. Desigualdad en el acceso a las clases digitales

En muchas zonas de la región no hay señal de internet y la posibilidad de que algún día llegue es bastante remota.

Hay países en África donde empresas como Google han invertido en planes piloto como el envío de señal a través de globos aerostáticos, pero son iniciativas muy complejas de replicar a una escala más masiva, como le explica a BBC Mundo Valtencir Mendes, especialista en programas de educación e innovación de la Unesco.

“Es difícil implementar esas alternativas porque el costo es muy alto”, apunta.

Estudiantes en México

Getty Images
Cerca del 20% de la población latinoamericana no tiene acceso adecuado a internet móvil.

También hay casas donde sí tienen acceso a internet -a través de la compra de minutos de conexión- pero es un acceso limitado.

Hay padres que me dicen que tienen que elegir entre comprar minutos o comprar comida”, dice una profesora chilena que se enfrenta a este tipo de problemas trabajando en zonas vulnerables de Santiago.

Los expertos coinciden en que, si bien la brecha digital siempre ha existido, la pandemia ha puesto en evidencia las huellas que deja la desigualdad en el acceso tecnológico.

5. Aumento del abandono escolar

Aunque aún no hay cifras sobre el abandono escolar en Latinoamérica durante la pandemia, fuentes consultadas por BBC Mundo en escuelas y organizaciones que trabajan en barrios pobres o zonas alejadas, dicen que hay estudiantes que abandonaron las clases en los últimos meses a raíz de la pandemia.

Niña estudiando

Dalia Dávila
Aún no hay estadísticas regionales, pero los expertos estiman que durante la pandemia aumentará la tasa de abandono escolar.

“El mayor problema es que algunos de esos estudiantes no van a regresar”, dice Uribe, porque algunos se integran directamente al mercado laboral o las niñas se quedan en la casa ayudando a cuidar a los familiares que necesitan asistencia.

6. Violencia doméstica y embarazos prematuros

“Esta crisis ha afectado más a las niñas”, comenta Mendes, porque al permanecer en la casa quedan expuestas a situaciones de abusos o porque simplemente quedan relegadas a las labores del hogar.

La cara más dramática de esta situación es que han aumentado los embarazos prematuros y en algunos países, los matrimonios forzados.

“La mayoría de esas niñas no va a volver al sistema educativo”, agrega, y su vida cambiará para siempre.


Dado que el cierre de escuelas es una situación tan grave, han surgido algunas iniciativas de emergencia que tratan de mitigar en parte los efectos del cierre de las escuelas por parte de gobiernos, empresas o la propia comunidad.

1. Un modelo “modelo híbrido” durante la pandemia

En muchos países de la región, incluidos Brasil y México, los gobiernos centrales y locales han puesto en marcha programas de educación a través de la televisión y la radio, pensando precisamente en las familias sin acceso a internet.

Sin embargo, expertos como Mendes de la Unesco, aseguran que los estudios han demostrado que las clases por televisión son una buena opción si van acompañadas de material impreso, tutorías por teléfono, o algún tipo de seguimiento a los alumnos.

Si son clases por televisión sin ningún otro complemento, no generan buenos resultados.

“Los más efectivos son los modelos híbridos”, plantea Mendes, y cita como ejemplo el plan que se está implementando en Sao Paulo, Brasil, donde combinan clases por televisión, recursos online y contenidos en papel.

Materiales escolares en una mesa

Getty Images
Expertos en educación recomiendan la aplicación de modelos híbridos de educación para enfrentar la emergencia.

Las clases en Sao Paulo se interrumpieron a mediados de marzo con el cierre de 5.400 escuelas y en septiembre han comenzado a reabrir sus puertas solo algunos establecimientos.

“Creamos una aplicación para celulares, negociada con operadores telefónicos, para ofrecer internet gratuito a los estudiantes más pobres y transmitimos clases en dos canales de televisión”, le explica a BBC Mundo Rossieli Soares da Silva , secretario de Educación del estado de Sao Paulo.

Y en México, desde fines de agosto los estudiantes comenzaron a tener clases por televisión tras un acuerdo del gobierno con las televisoras para impartir contenidos a distancia, dado que solo el 56% de los hogares tiene acceso a internet, según cifras oficiales.

Las autoridades esperan producir 4.550 programas de televisión y 640 de radio en español y en lenguas indígenas.

Niña mexicana estudiando en su casa

Getty Images
A fines de agosto el gobierno mexicano decidió impartir clases a través de la televisión.

Sin embargo, sindicatos de maestros han expresado reparos ante la iniciativa, argumentando que el aprendizaje no funciona con la observación de contenidos informativos, sino a través de la interacción con los alumnos.

2. Participación de empresas

Las alianzas entre empresas y gobiernos u organismos internacionales son uno de los caminos más utilizados para aumentar la conectividad. Este año, con la urgencia impuesta por la pandemia, surgieron nuevos proyectos o se expandieron aquellos que ya existían.

Por ejemplo, en Argentina, la empresa Telefónica hizo un acuerdo con el gobierno para dar acceso gratuito a sitios educativos de internet durante la pandemia a familias que no pueden pagar el servicio.

Y en Perú, la misma empresa junto a Facebook, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), crearon “Internet para Todos”, una firma que ofrece servicios a los operadores móviles locales para llegar a zonas remotas.

A escala más pequeña, hay organizaciones que reparten chips, celulares, paquetes con gigas y minutos de conexión, computadores y cualquier herramienta que ayude a mejorar el acceso a internet.

Niñas estudiando

Getty Images
Las alianzas entre empresas y gobierno ha sido esencial para facilitar el acceso a internet en algunas zonas de la región.

Y en las actuales circunstancias, en aquellas zonas donde las familias no tienen ninguna posibilidad de conectarse, hay organizaciones que reparten tinta para las impresoras en colegios, con el fin de que los padres lleven los deberes en papel a la casa.

También hay iniciativas para entrenar a los maestros en habilidades digitales básicas. Es el caso de Unicef y la empresa Tigo-Millicom que han entrenado a cerca de 130.000 docentes en Bolivia y Paraguay.

O lo que está haciendo Technovation Chile, con apoyo de la empresa telefónica Wom y otros fondos internacionales, al distribuir contenidos digitales -que también se pueden descargar e imprimir en papel- en colegios que entregan canastas de alimentos a sus alumnos.

3. Héroes anónimos de las propias comunidades

Aunque existen iniciativas del sector público y privado, lo cierto es que Latinoamérica está lleno de lugares donde los niños quedaron completamente excluidos del sistema escolar.

Mientras sigue propagándose la covid-19, hay ocasiones en que la única alternativa es la ayuda de los vecinos.

Dalia Dávila

Dalia Dávila
La mexicana Dalia Dávila comparte internet desde su tortillería a los niños del barrio.

Vecinos que se consiguen fotocopiadoras para compartir las lecciones, que hacen turnos para compartir los computadores o que se prestan internet.

Incluso hay personas que ayudan a los estudiantes desde su lugar de trabajo.

Eso hace Dalia Dávila, una mexicana de Tlalpan, que comparte el internet de su negocio, “Tortillerías La Abuela”, con los niños del barrio y les facilita un computador portátil, un celular y un televisor.

Para que no estuvieran sentados en el suelo, Dávila convirtió la cajuela de una camioneta en un lugar de aprendizaje. Y lo llamó “El rinconcito de la esperanza”.

Dalia Dávila

Dalia Dávila
Dávila comenzó habilitando la cajuela de una camioneta para que los niños del sector pudieran continuar aprendiendo.

Tanto éxito tuvo su iniciativa, que llegaron personas a ofrecer ayuda económica a través de un “apadrinamiento” a los niños y maestros voluntarios que refuerzan los contenidos que se transmiten por televisión.

“Me conseguí otros lugares cercanos a la tortillería donde los niños siguen aprendiendo”, le dice a BBC Mundo. Ahora tengo entre 50 y 60 niños que vienen a buscar ayuda.

“Estoy muy feliz“, dice emocionada. “Quisiera que todos los niños pudieran estudiar”.


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