Uno de cada 10 mexicanos conoce al menos un caso de abuso sexual infantil en su familia
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Cuartoscuro Archivo

Uno de cada 10 mexicanos conoce al menos un caso de abuso sexual infantil en su familia

La organización civil Guardianes presentó un estudio sobre la percepción de los mexicanos acerca del abuso sexual infantil; 10% de los encuestados aseguró que durante su infancia o adolescencia sufrió abusos.
Cuartoscuro Archivo
15 de noviembre, 2018
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Uno de cada 10 mexicanos admite conocer al menos un caso de abuso sexual infantil al interior de su familia, mientras que casi también el 10% de los encuestados reconoce que durante su infancia o adolescencia sufrió abusos sexuales por parte de un adulto.

Estos son dos de los principales hallazgos documentados por la organización civil Guardianes en el informe “Percepción del abuso sexual infantil en México”, para el que realizaron 400 encuestas a hombres y mujeres en toda la República que son padres de menores.    

En la encuesta, que se presenta este jueves, se documenta que hasta 8 de cada 10 personas conocen algún caso de abuso sexual infantil en México, aunque la mayoría, el 52%, asegura que solo lo escuchó en las noticias; y el 26% que se lo platicaron terceras personas. Por su parte, un 10% dice que conoce un caso cercano, en su propia familia, y el 0.7%, casi 1 de cada 10 encuestados, denuncia que fue abusado sexualmente en su infancia.  

Para Rosario Alfaro, directora de Guardianes, estas dos últimas cifras, a pesar de que son muy menores en comparación con quienes escucharon casos de abusos en la televisión o por terceras personas, muestra la importancia, el tamaño, y la gravedad del abuso sexual infantil en México, máxime si tenemos en cuenta que es un tema con una elevada ‘cifra negra’ de casos no denunciados ante las autoridades, ni ante la sociedad públicamente.

“En una encuesta sobre abusos sexuales, muchas veces los adultos no quieren hablar de este tema –plantea Alfaro-. Por eso, que 1 de cada 10 entrevistados nos dijera que conoce un caso en su familia, o que fueron abusados en su infancia, nos parece sumamente significativo, y nos habla también de que la situación del abuso infantil en México es grave”.

Otro punto que destaca la directora de Guardianes acerca de ese 10% que admitió haber sido abusado, es que, poco a poco, los mexicanos se están atreviendo a hablar más del abuso sexual infantil.

“Que se empiece a hablar más abiertamente de este tema es algo muy positivo –recalca Alfaro-. Porque en el abuso lo que más daño hace es el silencio y el secretismo que lo protege, que va generando en las víctimas sentimientos de vergüenza que, cuando se enquistan, pueden generar trastornos en la vida del menor cuando sea adulto”, como trastornos de la alimentación y del sueño, autoagresiones físicas, adicciones a drogas, o tener relaciones dependientes.

La violación no es la única forma de abuso

Por otra parte, el estudio arroja otros resultados positivos, destaca la directora de Guardianes. Por ejemplo, en comparación con 2016, cuando la organización civil lanzó su primera encuesta sobre percepción del abuso sexual infantil, hoy más mexicanos entienden que la violación con penetración no es la única forma de abuso, sino que hay múltiples formas de abuso que deben identificarse.

Así, mientras en 2016 el 74% de los entrevistados reconoció como otra forma de abuso los tocamientos “eróticos” a menores; hoy, lo reconocen un 4% más, el 78%. Hace dos años, el 69% identificaba los “tocamientos al agresor” como abuso, y hoy lo hace el 73%. Enseñarle pornografía a un menor fue entendida como abuso infantil por el 61% en 2016, y ahora por el 63%.

En cuanto a quiénes son los principales agresores de menores, la encuesta revela que los entrevistados comienzan a identificar más a “personas cercanas” a la familia y al menor como posibles agresores, y no solo a las personas “extrañas”.

En la encuesta de hace dos años, el 49% apuntó a “alguien extraño” como los más agresores sexuales de menores; esa cifra se redujo nueve puntos este 2018, hasta caer al 40%.

Por el contrario, en 2016, el 41% identificó como posible agresor a “un familiar cercano hombre”, y ahora lo hace el 43%, dos puntos más.

Otro cambio en la percepción de los mexicanos en cuanto a este tema tiene que ver con dónde ocurre el abuso sexual infantil.

Rosario Alfaro señala que, “positivamente, nos encontramos con que hoy entendemos que el riesgo no solo está en la calle, sino en todas partes, en la casa, en las escuelas, en la casa de un familiar, o en la casa de un amigo”.

Y la encuesta así lo refleja: en 2016, el 34% pensaba que el riesgo estaba en todas partes; hoy, lo piensa así el 55%, 21 puntos más.

“La combinación de estos tres elementos es importante porque, entonces, ya estamos entendiendo que incluso familiares que no sean los padres y madres son posibles agresores, que la agresión no siempre se da de forma violenta, que no hay un único lugar para agredir, y que el abuso no solo es a través de la violación”, subrayó la directora de Guardianes.

La autoestima protege al menor

Al margen de estos resultados positivos, Guardianes también detectó varios focos rojos en las respuestas de la encuesta.

El estudio arrojó que los padres y madres entrevistados no entienden que la autoestima y el buen trato a los menores son elementos que determinarán la capacidad de éstos para hacer frente a un entorno de riesgos, y para prevenir el abuso sexual.

En 2016, el 38% creía que una opción eficaz para prevenir el abuso era que los niños tengan alta autoestima; dos años después, lo piensa así el 32%, seis puntos menos.

“Este dato es preocupante porque, aunque la autoestima por sí sola no previene el abuso, sí es una herramienta que va a hacer a los niños más fuertes para poder detectar el abuso, y comunicarlo a alguien que los pueda proteger, porque por sí solos ellos no pueden poner un límite al agresor”, apunta Rosario Alfaro.

Por otra parte, la mayoría de los entrevistados, el 92%, cree que la mejor forma de prevenir el abuso es “hablar con los niños del tema”.

No obstante, a pesar de este dato, Guardianes ve con preocupación cómo han aumentado los castigos físicos a los menores, como nalgadas, manotazos, y también la violencia verbal: en 2016, el 6% de los entrevistados dijo corregir a su hijo dándole “nalgadas”; hoy lo hace el 10%. Hace dos años, el 5% le daba un “manotazo” al menor, y hoy lo hace el 7%. Mientras que en 2016 el 1% le daba gritos al niño, y hoy lo hace el 3%.

Checa aquí los resultados de la encuesta de Guardianes.

El ‘Chiquiclub’ que detecta casos de abuso

La organización civil Guardianes, antes conocida como Asexoría, se dedica desde el año 2001 a detectar y prevenir casos de abuso infantil, a través de herramientas psicológicas, emocionales y cognitivas que preparan a niños y niñas, padres y madres de familia, y a cuidadores y docentes.

Una de sus iniciativas es el ‘Chiquiclub’, un camión en el que la organización civil ya ha viajado a múltiples ciudades de la República para entrevistar a más de 150 mil menores de primaria y a 50 mil adultos, con el fin de detectar posibles casos de abuso infantil.

Otra herramienta es la enseñanza del modelo educativo ‘Habilidades para la vida’, que dirigen no solo a los menores, sino también a los padres y docentes, a quienes capacitan a través de talleres para la rápida detección de las señales de abuso infantil y también para la no revictimización de los niños que hayan sufrido agresiones.

Aquí puedes consultar la web de Guardianes

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Viruela del mono: ¿es hora de preocuparse o de ignorar el brote detectado en varios países?

Muchos de los casos que han aparecido en el mundo parecen no estar relacionados, por lo que faltan enlaces en una cadena que se extiende ya por varias regiones.
22 de mayo, 2022
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Si sientes que el mundo aún se está recuperando de la pandemia de COVID-19, lo siento, pero hay otro virus con el que lidiar.

Esta vez se trata de la viruela del mono y hay más de 90 casos confirmados en al menos 14 países donde normalmente no se esperaría que se registrara esta enfermedad.

¿Qué está pasando? ¿Es hora de preocuparse o nos estamos alterando demasiado por haber vivido la COVID?

Seamos claros: esto no es otra pandemia de COVID-19 y no estamos cerca de volver a ver confinamientos para contener la propagación de la viruela del mono.

Sin embargo, este es un brote inusual y sin precedentes que tomó completamente por sorpresa a los científicos que se especializan en la enfermedad y siempre es una preocupación cuando un virus cambia su comportamiento.

Hasta ahora, la viruela del mono era bastante predecible.

El hogar natural del virus son los animales salvajes, y en realidad se cree que son roedores y no monos los que lo están transmitiendo.

Cuando alguien en las selvas tropicales de África occidental y central entra en contacto con una criatura infectada, el virus salta entre especies. Su piel estalla en una erupción, que se ampolla y luego se forma una costra.

El virus ahora está fuera de su hogar habitual y se esfuerza por propagarse, por lo que necesita un contacto cercano prolongado para reproducirse. Por lo tanto, los brotes tienden a ser pequeños y a desaparecer por sí solos.

Una pequeña cantidad de casos surgieron antes en otras partes del mundo, pero todos podían vincularse inmediatamente con alguien que había viajado a un país afectado y lo había traído a casa.

Ese ya no es el caso

  • Por primera vez, el virus se encuentra en personas sin una conexión clara con África occidental y central.
  • No está claro de quién se está contagiando la gente.
  • La viruela del mono se está propagando durante actividades sexuales y la mayoría de los casos tienen lesiones en los genitales y el área circundante.
  • Muchos de los afectados son jóvenes gays y bisexuales.

“Estamos en una situación muy nueva; eso es una sorpresa y una preocupación”, me dijo Peter Horby, director del Instituto de Ciencias de la Pandemia de la Universidad de Oxford (Reino Unido).

Si bien dijo que esto “no es COVID 2, acotó que “debemos actuar” para evitar que el virus se afiance, ya que esto es “algo que realmente queremos evitar”.

El médico Hugh Adler, que ha tratado a pacientes con viruela del mono, está de acuerdo: “No es un patrón que hayamos visto antes, es una sorpresa”.

Entonces, ¿qué está pasando?

Sabemos que este brote es diferente, pero no sabemos por qué.

Hay dos opciones amplias: el virus cambió o el mismo virus antiguo se encontró en el lugar correcto en el momento adecuado para prosperar.

La viruela del mono se contrae por un virus de ADN, por lo que no muta tan rápido como la covid o la gripe.

Partícula del virus de la viruela del mono.

Science Photo Library
Partícula del virus de la viruela del mono.

Un análisis genético muy temprano sugiere que los casos actuales están muy estrechamente relacionados con las formas del virus observadas en 2018 y 2019. Es demasiado pronto para estar seguros, pero por ahora no hay evidencia de que se trate de una nueva variante mutante en juego.

Pero un virus no tiene que cambiar para aprovechar una oportunidad, como hemos aprendido de los grandes brotes inesperados de los virus ébola y zika en la última década.

“Siempre pensamos que el ébola era fácil de contener, hasta que no fue así”, dijo el profesor Adam Kucharski, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres.

No está claro por qué los hombres gays y bisexuales se ven afectados de manera desproporcionada. ¿Los comportamientos sexuales facilitan la propagación? ¿Es solo una coincidencia? ¿Es una comunidad más consciente de la salud sexual y de hacerse chequeos?

También puede ser que se haya vuelto más fácil la propagación de la viruela del mono.

Costras en las manos de una persona debido a la viruela del mono.

Getty Images
La viruela del mono causa una erupción que puede provocar mucha picazón, que cambia y pasa por diferentes etapas antes de formar una costra.

Las vacunaciones masivas contra la viruela en el pasado pueden haber brindado a las generaciones mayores cierta protección contra la viruela del mono, estrechamente relacionada.

“Probablemente se está transmitiendo de manera más efectiva que en la era de la viruela, pero no vemos nada que sugiera que podría extenderse”, dijo Adler, quien todavía espera que este brote se desvanezca por sí solo.

¿Cuál es la conexión?

Comprender cómo comenzó este brote ayudará a predecir lo que sucederá a continuación.

Sabemos que solo estamos viendo la punta del iceberg, ya que los casos que se detectan no encajan en una imagen clara de “esta persona se la pasó a esta otra”.

En cambio, muchos de los casos parecen no estar relacionados, por lo que faltan enlaces en una cadena que parece extenderse por toda Europa y más allá.

Un reciente evento masivo de superpropagación, en el que un gran número de personas se reunieran y contrajeran la viruela del mono en el mismo lugar, como un festival, y luego se la llevaran a diferentes países, podría explicar la situación actual.

La explicación alternativa para que tantas personas no conectadas se infecten es si el virus realmente estuvo merodeando desapercibido durante bastante tiempo e involucrando a muchas personas.

De cualquier manera, podemos esperar que se sigan encontrando más casos.

Viruela del mono bajo el microscopio.

SPL

No creo que la gente en general deba preocuparse en esta etapa, pero tampcoo creo que hayamos descubierto todo y no tenemos el control de esto”, dijo el profesor Jimmy Whitworth, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres.

Pero recuerde que no estamos en la misma situación que estábamos con la covid-19.

Este es un virus conocido, no uno nuevo, y ya tenemos vacunas ytratamientos. En la mayor parte de los casos se pasa como una enfermedad leve, aunque puede ser más peligroso en niños pequeños, mujeres embarazadas y personas con sistemas inmunológicos débiles.

Pero se propaga más lentamente que la covid-19, y el sarpullido distintivo y doloroso hace que sea más difícil pasarlo por alto que una tos que podría ser cualquier cosa.

Esto facilita el trabajo de encontrar a personas que puedan haberse contagiado y vacunar a quienes corren el riesgo de contraerla.

Sin embargo, el director regional para Europa de la Organización Mundial de la Salud, Hans Kluge, lanzó una advertencia: “A medida que entramos en la temporada de verano (…) con reuniones masivas, festivales y fiestas, me preocupa que la transmisión pueda acelerarse”.


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