Aumentan accidentes de tránsito en México: diario matan a 32 personas y 81 resultan heridas
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Aumentan accidentes de tránsito en México: diario matan a 32 personas y 81 resultan heridas

Datos del Secretariado de Seguridad Pública muestran un incremento de víctimas en los últimos tres años. Sinaloa, Tabasco y Colima los estados más peligrosos. En CDMX víctimas fatales se han reducido, contrario a tendencia nacional.
Cuartoscuro
12 de noviembre, 2018
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De 2015 a la fecha 44 mil 364 personas en México han muerto en accidentes de tránsito, mientras que 110 mil 427 personas han resultado lesionadas por la misma causa.

Las víctimas han crecido de forma sostenida en los últimos tres años en 25 de 32 estados. Sinaloa, Tabasco y Colima son las entidades donde hay mayor probabilidad de ser víctima de un percance fatal.

Esto es lo que muestran los datos oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), obtenidos a partir de las averiguaciones previas y carpetas de investigación que inician las agencias del Ministerio Público por los delitos de homicidio y lesiones no intencionales a causa de accidentes vehiculares.

En promedio, según la información del SESNSP, cada 24 horas mueren en el país 32 personas en accidentes de tránsito, mientras que 81 resultan heridas por la misma causa. La cifra incluye tanto a personas que iban en los vehículos involucrados así como a gente en el exterior de los mismos (peatones, ciclistas, etc.)

Y contrario a lo que muestran otras fuentes de información como INEGI, en el balance que hace el Secretariado el problema se ha ido agravando año con año.

Mientras que de enero a septiembre de 2015 el número de personas muertas en los incidentes viales reportado por las agencias del Ministerio Público fue de 8 mil 134 personas; para el mismo periodo de 2016 la cifra ascendió a 8 mil 504; en 2017 creció a 8 mil 867; y en este 2018 ya van 9 mil 583 víctimas.

Lo anterior equivale a un crecimiento sostenido en las víctimas fatales de hechos de tránsito en los últimos tres años de casi el 18 por ciento. La tasa creció también de 6.7 casos por cada cien mil habitantes en 2015 a 7.6 víctimas por cada cien mil habitantes en 2018.

Aunque en una proporción menor, el número de personas lesionadas en percances viales también se ha agravado. En los primeros 9 meses de 2015 la cifra era de 21 mil 538 personas lesionadas mientras. Al año siguiente hubo una ligera reducción a 20 mil 788 víctimas, pero en 2017 la cifra se volvió a incrementar a 21 mil 984, mientras que en este año ya suman 23 mil 178.

Lo anterior equivale a un incremento acumulado de 2015 a 2018 del 7.6 por ciento en la cifra de personas lesionadas. La tasa de incidencia en este lapso pasó de 17.7 lesionados por cada cien mil habitantes, a 18.5 casos.

Cabe señalar que de mantenerse la tendencia actual, el 2018 podría cerrar al finalizar con más de 12 mil personas muertas por incidentes de tránsito, rompiendo así el techo de los 11 mil que se había registrado en los tres años pasados.

Deterioro nacional

El incremento en la cifra de víctimas mortales en hechos de tránsito que reporta el SESNSP se extiende a 25 de las 32 entidades federativas del país. Y en los casos más graves la cifra de percances se ha duplicado y hasta triplicado.

Colima es el estado con el mayor crecimiento de muertos por hechos viales. La entidad pasó de registrar apenas 34 casos de enero a septiembre de 2015 a 108 en el mismo lapso de este mismo año. Es un alza superior al 217 por ciento en el número de víctimas de los últimos tres años.

Esto coloca a dicha entidad como una de las más peligrosas en materia de percances vehiculares. Es el único estado que se ubica entre los tres primeros sitios tanto en la tasa de víctimas fatales así como en la de personas lesionadas por esta causa.

A Colima le siguen en crecimiento de víctimas fatales San Luis Potosí donde, en un lapso de tres años, la cifra de muertos se incrementó 189 por ciento (118 casos de enero a septiembre de 2015 contra 341 casos de enero a septiembre de 2018); Y Michoacán con un disparo de los casos del 172 por ciento (189 muertos de enero a septiembre de 2015 contra 514 muertos de enero a septiembre de 2018).

La lista de los diez estados con mayor incremento de muertos por accidentes vehiculares la completan Nayarit con un incremento del 85 por ciento; Nuevo León con un alza del 52 por ciento; Quintana Roo con 50 por ciento; Guerrero con 44 por ciento; Hidalgo y Morelos con 41 por ciento; y Veracruz con 33 por ciento.

Solamente hay siete entidades federativas en donde se redujeron los muertos por accidentes vehiculares de acuerdo con las cifras del SESNSP: Tlaxcala con una caída del 81 por ciento entre 2015 y 2018, Ciudad de México con un descenso del 30 por ciento, Yucatán con una reducción de víctimas del 26 por ciento, Estado de México con 27 por ciento, Guanajuato con 14 por ciento, Chiapa con 11 por ciento, y Chihuahua con 4 por ciento.

Cabe señalar que el estado de Oaxaca no proporcionó al Secretariado Ejecutivo datos mensuales suficientes para poder hacer un balance, por lo que la evolución en la incidencia de estos homicidios no intencionales se desconoce en dicho estado.

Por otro lado, las cifras del SESNSP respecto a personas lesionadas en accidentes vehiculares también creció aunque en menor proporción. A nivel nacional las víctimas ascendieron en números absolutos 7.6 por ciento y en cuanto a la tasa por cien mil habitantes creció 4.4 por ciento. Esto al comparar las 21 mil 538 víctimas registradas de enero a septiembre de 2015 contra las 23 mil 178 víctimas en el mismo periodo de 2018.

¿Dónde es más probable ser víctima de un percance?

A partir de las cifras de víctimas mortales y personas lesionadas en accidentes vehiculares correspondientes al periodo de enero a septiembre de 2018, Animal Político calculó las tasas de incidencia para determinar en qué estado es más probable perder la vida de un hecho de tránsito y en cuál resultar lesionados.

En el tema de accidentes con consecuencias fatales, la mayor prevalencia se presenta en Sinaloa donde la tasa de muertos en lo que va del año es de 16.5 víctimas por cada cien mil habitantes, seguido de Tabasco con una tasa de 15.6 muertos por cien mil habitantes; Colima con 14,2 casos; Aguascalientes con una tasa de 12.7, San Luis Potosí con 12,1, Nuevo León con 11.9 casos y Sonora con 11.8.

En contraste los estados que presentan las tasas más bajas de homicidio imprudencial por accidentes de tránsito este año son Yucatán con 1.4 víctimas por cada cien mil habitantes; Tlaxcala con 1.9 casos; Estado de México con 2.9; Veracruz con 4.1 y Ciudad de México con 4.4.

Y por lo que respecta a casos de personas lesionadas, la mayor incidencia de enero a septiembre de 2018 se registró en Durango con una tasa de 70.7 víctimas por cada cien mil habitantes; seguida de Aguascalientes con 50.3 casos; Colima con 48.9 víctimas; Nuevo León con una tasa de 30.9 y Querétaro con 34.8 casos.

En cambio, los estados con menor registro de lesionados por accidentes de tránsito este año son Guanajuato con una tasa de 0.06 casos; Quintana Roo con 0.6 casos; Yucatán con 0.8; Puebla con 5.5 y Tlaxcala con 7.0 víctimas.

Cabe señalar que ni Morelos ni Nayarit aportaron información en cuanto a personas lesionadas en hechos de tránsito.

 

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"Perdí el mejor empleo de mi vida por una foto en redes sociales": los peligros de la cultura de la cancelación

Los llamados al boicot a empresas o personas que tengan comportamientos considerados “errados” o inadecuados divide a los progresistas y aviva el debate en Estados Unidos.
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23 de julio, 2020
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El pasado 3 de junio, el estadounidense Emmanuel Cafferty, de 47 años, volvía a su casa después de una jornada más de trabajo.

Su rutina consistía en pasar entre 8 y 12 horas al día inspeccionando las redes subterráneas de gas y electricidad de la ciudad de San Diego, California.

Caía la tarde y hacía calor.

Al volante de la camioneta de la empresa, mantenía la ventanilla abierta y el brazo izquierdo en el exterior.

Según Cafferty, juntaba dos dedos de la mano distraídamente, en un gesto que repitió varias veces durante la entrevista con BBC News Brasil.

“En ese momento, un desconocido con un celular y una cuenta de Twitter puso mi vida del revés“, cuenta Cafferty.

Una fotografía dañina

Hacía apenas una semana que George Floyd, un hombre negro desarmado, moría después de que un policía blanco le retuviera en el suelo durante varios minutos presionándole el cuello con la rodilla en Mineápolis.

Las imágenes de la muerte de Floyd desencadenaron lo que se considera la mayor ola de protestas contra el racismo en Estados Unidos en la historia reciente.

En ese contexto, el chasquido de dedos de Cafferty fue interpretado por otro conductor como un gesto específico: un símbolo usado por supremacistas blancos.

“Ese hombre comenzó a tocar la bocina y a insultarme. Gritaba: ‘¿va a seguir haciendo eso?’ y sacó el celular para fotografiarme. Pensé que tal vez le había cerrado el paso en el tráfico, por accidente. Pero estábamos los dos parados en el semáforo y yo no entendía nada”, relata.

Dos horas después del incidente, su supervisor le llamó para decirle que había sido denunciado como racista en las redes sociales y que le suspendía del trabajo sin sueldo.

Una hora más tarde, sus colegas llegaron a su casa para llevarse la camioneta y la computadora de la empresa. Cinco días después fue despedido.

“Así fue como perdí el mejor empleo de mi vida“, dice Cafferty. Sin estudios superiores, hijo de inmigrantes mexicanos, vivía su versión del sueño americano.

Ganaba 41 dólares la hora, el doble que en su empleo anterior, y tenía cobertura de salud y de jubilación por primera vez en su vida.

Cuando consiguió la plaza, seis meses atrás, él, sus tres hijas y sus nietos salieron a comer para celebrarlo.

¿Ok o supremacía blanca?

Cafferty explica que no tenía ni idea de que el gesto que se le atribuye, comúnmente asociado con un “OK” en Estados Unidos, pudiese tener connotaciones racistas.

De acuerdo a la Liga contra la Difamación, una organización centenaria que combate los discursos de odio en Estados Unidos, el símbolo del “OK” fue adoptado en 2017 por usuarios racistas en foros de internet como 4chan. La propia organización recomienda tener cuidado con la interpretación de la señal.

“La abrumadora mayoría de las veces el gesto significa consentimiento o aprobación. Por eso no se puede presumir que alguien que lo haga lo esté usando en un contexto de racismo, a menos que exista otra prueba para apoyar esa percepción. Desde 2017, muchas personas fueron acusadas erróneamente de ser racistas o supremacistas por usar el gesto en el sentido tradicional e inocuo”, alerta la organización.

George Floyd

Twitter/Ruth Richardson
George Floyd dijo en repetidas ocasiones que no podía respirar.

Eso es exactamente lo que le pasó a Cafferty. O peor.

“En mi caso, no era un símbolo. Solo estaba chasqueando los dedos. Pero un hombre blanco lo interpretó como un gesto parecido al ‘OK’, que sería racista, y se lo dijo a mis jefes, también blancos, que decidieron creerle a él, no a mí, que no soy blanco”, afirma exasperado, al tiempo que se frota los brazos para mostrar el color de su piel.

El autor de la fotografía y del primer post contra Cafferty admitió ante el equipo local de la cadena estadounidense NBC que quizá exageró en la interpretación que hizo del supuesto gesto y que, a pesar de haber etiquetado en su publicación a la empresa en la que Cafferty trabajaba, no quería que fuera despedido.

El usuario borró el mensaje original e incluso la cuenta de Twitter. Pero ya era tarde, el post se había viralizado y el empleo estaba perdido.

BBC News Brasil no logró localizar al autor del post original.

“Una multitud de Twitter me canceló. Ya llamé a todos mis exempleadores en las seis semanas desde que aconteció el episodio y nadie me llama de vuelta. Lo primero que hace un empleador a la hora de contratar es poner el nombre en Google. El mío quedó ligado a este episodio, sin importar si era cierto o no. No sé cómo voy a seguir con mi vida de aquí para adelante”, se desahoga.

Ha tenido que acudir a terapia semanal para lidiar con el dolor y el miedo que ha sentido.

Multitud online, efectos offline

El caso de Cafferty es emblemático de lo que se considera un peligroso efecto colateral de la llamada cultura de la cancelación.

El movimiento comenzó hace algunos años como una forma de llamar la atención sobre causas de justicia social y preservación medioambiental, como una manera de amplificar la voz de los grupos oprimidos y forzar acciones políticas de marcas o figuras públicas.

Funciona así: un usuario de redes sociales como Twitter o Facebook, presencia un acto que considera equivocado, lo graba en video o lo fotografía y lo publica en su cuenta, con el cuidado de etiquetar a la empresa empleadora del denunciado y autoridades públicas u otros influencers digitales que puedan amplificar el alcance del mensaje. Es común que, en cuestión de horas, el post haya sido replicado miles de veces.

La cascada de menciones a una empresa suele precipitar actitudes sumarias para frenar el desgaste de imagen, sin que la persona a la que se denuncia pueda defenderse adecuadamente.

“En mi caso, me escucharon una vez y luego ya me despidieron. Parece que concluyeron que era un racista”, señala Cafferty.

BBC News Brasil intentó hablar con la empresa SDG&E, donde trabajaba Cafferty, pero no obtuvo respuesta hasta la publicación de este reportaje.

Como reacción a las primeras denuncias de usuarios contra Cafferty en Twitter, la empresa afirmó: “Creemos firmemente que no hay espacio en la sociedad para ningún tipo de discriminación” y añadió que inició una investigación sobre la conducta del entonces todavía empleado.

La cancelación va más allá del típico troleo de internet, con insultos coordinados, frecuente en disputas de opinión entre usuarios de redes.

Es un ataque a la reputación que amenaza el empleo y los medios de subsistencia actuales y futuros de la persona cancelada.

Extremadamente frecuente en Estados Unidos, hoy desprestigia también a personas anónimas, gente común como Cafferty.

“Usted puede ser cancelado por algo que diga en medio de una multitud de completos extraños si alguno de ellos lo graba en video, o por un chiste que suene mal en las redes sociales, o por algo que usted dijera o hiciera hace mucho tiempo y de lo que quede algún registro en internet”, escribió el columnista del diario The New York Times Ross Douthat en un artículo sobre el fenómeno de la cancelación.

“Y no hace falta que sea prominente, famoso o político para ser públicamente avergonzado y permanentemente marcado: todo lo que usted necesita hacer es tener un día particularmente malo y las consecuencias pueden durar mientras Google exista

¿Injusticias en el movimiento por la justicia social?

El alcance de la cultura de la cancelación en Estados Unidos ha despertado dudas ante la posibilidad de que se cometan injusticias.

El de Cafferty no es un caso único.

A finales de mayo, un investigador contratado por una consultora política progresista compartió en Twitter el resultado de un estudio que indicaba que, en los años 60, las protestas raciales violentas aumentaron el porcentaje de votos para candidatos republicanos, en cuanto que los actos pacíficos favorecieron a los políticos demócratas en las urnas.

Activistas consideraron que su comentario era una reprimenda a los actos de protesta por la muerte de George Floyd y pasaron a exigir su dimisión. El investigador fue despedido días más tarde.

El mes pasado, una profesora de teatro en Nueva York fue acusada de haberse adormecido durante una reunión online en la que se hablaba de acciones a favor de la justicia racial en el curso.

Una petición firmada por casi 2.000 personas pidió su dimisión, acusándola de racista. La profesora lo niega y alega que estaba descansando la vista mirando para abajo momentáneamente cuando se hizo la foto.

Cruce de cartas

Ante lo que calificaron como “atmósfera sofocante”, un grupo de 150 periodistas, intelectuales, académicos y artistas, considerados progresistas, decidieron publicar en Harper’s Magazine un texto titulado “Una carta sobre la justicia y el debate abierto”.

Firmada por nombres de peso como el lingüista Noam Chomsky, los escritores JK Rowling y Andrew Solomon, la activista feminista Gloria Steinem, la economista trans Deirdre McCloskey, y el analista político Yascha Mounk, la carta afirma que “el libre intercambio de informaciones e ideas, fuerza vital de una sociedad liberal, se vuelve cada día más restringido”.

Y continúa: “Si bien esperábamos esto de la derecha radical, la censura también se está esparciendo ampliamente en nuestra cultura: una intolerancia a las visiones opuestas, una moda del señalamiento público y el ostracismo, y la tendencia a disolver cuestiones políticas complejas en una certeza moral cegadora”.

JK Rowling

Reuters
Acusada de transfobia, JK Rowling firmó una carta contra la cultura de la cancelación.

En la misma línea, una de las editoras de opinión de The New York Times, Bari Weiss, renunció esta semana por medio de una carta abierta en la que acusa a la publicación de promover un “nuevo macartismo”, en referencia a la patrulla ideológica anticomunista de los años 50 en Estados Unidos.

“Artículos que eran fácilmente publicados hace apenas dos años, ahora colocan a un editor o autor en problemas. Eso si no hace que sea despedido. Si un texto se percibe como probable fuente de reacción interna o en las redes sociales, el editor ni siquiera lo publica”, escribió Weiss, contratada por The New York Times poco después de la elección de Trump en 2016, en un esfuerzo por amplificar la diversidad de voces en el diario.

En un artículo para la publicación The Atlantic, en la que cita el caso de Cafferty, el analista político Yascha Mounk explica por qué firmó el manifiesto.

Mounk aplaude lo que llama “la nueva determinación estadounidense” para desenraizar preconceptos de la sociedad.

“No obstante, sería un enorme error, especialmente para quienes se preocupan por la justicia social, considerar lo que sucedió con Cafferty como un detalle menor o el precio a pagar por el progreso”, escribió Mounk.

La respuesta a la carta dentro del movimiento progresista no tardó en llegar.

Un grupo de periodistas, artistas e intelectuales acusó a los autores de la primera carta de, desde lo alto de su éxito profesional y cómoda posición en el mercado, ignorar las dificultades de las minorías -como la comunidad negra o la comunidad LGBTIQ- en el debate público, en el mundo académico, en las artes, en el periodismo, en el mercado editorial.

“Los firmantes, muchos de ellos blancos, ricos y dotados de grandes plataformas, argumentan que tienen miedo de ser silenciados, que la llamada cultura de la cancelación está fuera de control y que temen por sus empleos y por el libre intercambio de ideas, al mismo tiempo que se expresan en una de las revistas de mayor prestigio del país”, señalan los firmantes del nuevo documento, titulado “Una carta más específica sobre la justicia y el debate abierto“.

Algunos de los que suscribieron el texto prefirieron permanecer anónimos, citando apenas la institución en la que trabajan, por miedo a las represalias.

Los autores citan por su nombre a algunos de sus antagonistas: mencionan que la escritora JK Rowling estuvo involucrada recientemente en un debate sobre la palabra “mujer”.

Una protesta por los derechos de las personas transgénero

Getty Images
Las activistas transgénero defienden su derecho a autodefinirse como mujeres.

Al comentar un texto que hablaba de “personas menstruantes”, Rowling afirmó: “Si el sexo biológico no es real, la realidad que viven globalmente las mujeres queda borrada. Yo conozco y amo a personas trans, pero borrar el concepto de sexo biológico elimina la capacidad de muchas personas de analizar el significado de sus vidas. Decir la verdad no es discurso de odio”.

Su afirmación fue tachada de transfóbica y fue duramente criticada.

La discusión política en torno a la cuestión será larga y beligerante.

Ajeno a ella, Cafferty intenta recuperar su empleo. Demandó a la empresa en la que trabajaba y al hombre que lo fotografió, pero no espera que haya un veredicto antes de un año.

Cafferty dice simpatizar con los movimientos por la justicia racial, pero indica que nunca realizó activismo político en su vida.

“Ni cuenta de Twitter tenía antes de ser cancelado”, subraya.


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https://www.youtube.com/watch?v=QkzsUZOK6-0&t=28s

https://www.youtube.com/watch?v=82qlWHpSRaw&t=1s

https://www.youtube.com/watch?v=4hw6wlscdUk

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