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Alumnas de El COLMEX denuncian casos de acoso sexual; institución trabaja en protocolo para atender los casos

La alumnas aseguran que el acoso es constante por parte de alumnos, trabajadores administrativos y profesores. La institución responde que trabaja en un protocolo para atender los casos y anuncia que se reunirá con ellas este miércoles.
Twitter @limonadade_coco
Por Eréndira Aquino y César Reveles
14 de noviembre, 2018
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Alumnas de El Colegio de México (COLMEX) pegaron hojas por todo el plantel con denuncias de acoso sexual por parte de estudiantes, profesores y trabajadores administrativos, que fueron compartidas en redes sociales con la consigna #AquíTambiénPasa.

#AquíTambiénPasa Los profesores son misóginos. Mis compañeras no podían salir al baño sin que le vieran el trasero. Me llamó a su cubículo en repetidas ocasiones sin razón aparente”, se lee en uno de los mensajes.

Las estudiantes también denunciaron que las “toman por la fuerza”, y que cuando tienen buenas calificaciones, las acusan de “hacerle un favorcito al profesor en su oficina”.

Ante las denuncias, El COLMEX emitió un comunicado donde se anuncian las acciones que se llevarán a cabo para atender los casos de acoso sexual. 

Las expresiones recientes de nuestra comunidad destacan la urgencia de concluir y poner en marcha el Protocolo para prevenir y atender el acoso y hostigamiento sexuales, y refuerzan el compromiso de esta administración para continuar con la estrategia encaminada a salvaguardar el ambiente seguro y de respeto que debe prevalecer entre las personas que integramos la comunidad de El Colegio”.

Este protocolo, en el que se trabaja desde hace año y medio, forma parte de la construcción de un “Modelo de Igualdad de Género”.

El modelo y el protocolo han sido elaborados a partir de experiencias y marcos normativos de otras instituciones de educación superior que ya atienden este tema, así como consultas hechas con expertos en la materia.

Aunado al comunicado, este miércoles la presidencia de COLMEX sostendrá una reunión con las alumnas denunciantes.

La Sociedad de Estudiantes de El COLMEX también emitió su postura con relación a las acusaciones y exhortó a las autoridades de la institución dar una solución inmediata a la problemática.

Luego de que se dieran a conocer las denuncias en redes sociales, grupos de estudiantes del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) expresaron su apoyo con las alumnas de El COLMEX.

Por su parte, la organización de alumnas del ITAM “Cuarta Ola” llamó a las estudiantes de este Instituto a denunciar casos de acoso y violencia sexual.

En la UNAM no cesan las acusaciones

El pasado 8 de noviembre, alumnas de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM montaron un tendedero de denuncias, en el que denunciaron a profesores y estudiantes.

En la Escuela Nacional de Trabajo Social, también en la UNAM, el 19 de octubre se denunció a los estudiantes, trabajadoras y académicas en situaciones de violencia por parte de profesores y alumnos.

Entre septiembre de 2016 y junio de 2018, la UNAM registró 485 quejas por violencia de género, principalmente por violencia sexual, psicológica, física y física.

En entrevista para Animal Político, la estudiante y consejera técnica de la  FCPyS, Verónica Tenería, explica que los casos de acoso sexual en la UNAM se siguen dando debido a los vacíos administrativos y de ejecución que presenta el protocolo.

“A pesar de que la mayor parte de los casos se involucran a los alumnos, en la UNAM también hay un gran número en los profesores y los trabajadores que son responsables del acoso, pero oficialmente la cifra de éstos es menor porque muchas veces las personas prefieren no denunciar por el cargo o grado que ocupan y los procedimientos administrativos que se deben de seguir para denunciar los hechos”. 

Verónica agrega que el protocolo tiene algunos procesos muy subjetivos como el hecho de que los abogados de la institución universitaria son quienes determinan qué tan grave es o no la falta cometida, además de algunas clausulas relacionadas con la temporalidad de la denuncia, que estipulan que los hechos denunciados tienen que haber ocurrido hace no más de 12 meses. 

“En muchos casos hay agresores que durante años han cometido acoso pero solo tienen una denuncia en su contra porque las otras ocurrieron hace más de 12 meses, es decir, los mismos procesos obstaculizan que se haga justicia e impiden que se inicie un proceso contra el responsable”.

Agrega que las campañas de información para que los estudiantes conozcan este protocolo y se animen a denunciar, han sido insuficientes para combatir el problema.

Desde su punto de vista no hay un compromiso por parte de las autoridades universitarias para detectar el problema de fondo y modificar el protocolo para que el proceso de denuncia sea más amable paras las víctimas y eficaz.

“Este tipo de denuncias, tanto en la UNAM como en COLMEX, hablan de una problemática real al interior de las instituciones educativas y que, lamentablemente, son el reflejo del contexto de la violencia de género y los altos índices de feminicidios que atraviesa el país”, finaliza.

Escuela Libre de Derecho se suma a las denuncias

Este jueves, a través de redes sociales, alumnas de la Escuela Libre de Derecho (ELD) también denunciaron actos de acoso con el hashtag #AquíTambiénPasa.

Gracias hermanas de El COLMEX e ITAM  por su sororidad y valentía. [email protected] y [email protected] de la ELD nos toca hablar, se lee en su publicación en la cual anexan un formulario para que las afectadas escriban su denuncia de forma anónima.

 

Nota del editor: esta nota se publicó originalmente el martes 13 de noviembre en este enlace . Por un error, al momento de actualizar el texto, se borró permanentemente por lo que la subimos de nuevo. Lamentamos la confusión generada.

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Cómo acariciar a un gato, según la ciencia (y cómo saber si de verdad lo disfruta)

Para darle cariño a un gato (y evitar ser mordido o arañado en el proceso) es importante que el animal manifieste si desea recibir cariño y que controle la zona de su cuerpo en la que está dispuesto a ser acariciado y durante cuánto tiempo.
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8 de agosto, 2019
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No somos pocas personas las que hemos conocido a un gato de lo más cariñoso que parece estar encantado con las caricias que le propinamos y, un minuto después, nos muerde o nos da un zarpazo.

Lo más fácil cuando eso ocurre es culpar al gato, pero cabe la posibilidad de que no lo estuviéramos acariciando correctamente.

Para comprender el porqué, primero es importante conocer un poco más sobre los antepasados de estos animales.

Es probable que el gato salvaje africano, el antepasado más inmediato del gato doméstico, fuera utilizado únicamente para el control de plagas.

En la actualidad, en cambio, los felinos son considerados una valiosa compañía, hasta el punto de que para mucha gente son “bebés peludos”.

Se cree que esta metamorfosis social de la relación entre humanos y felinos tuvo lugar hace alrededor de 4,000 años, un poco después de la aparición del “mejor amigo del hombre”.

Aunque podamos considerar que 4,000 años es una cantidad de tiempo suficiente para que una especie se adapte completamente a la vida en sociedad, no parece ser el caso de nuestro bigotudo compañero.

Y es que los gatos domésticos muestran una divergencia genética relativamente reducida respecto a sus ancestros. Es decir, sus cerebros todavía están programados para pensar como un gato salvaje.

Estos llevan vidas solitarias e invierten un tiempo y un esfuerzo considerables en comunicarse de manera indirecta, mediante mensajes visuales y químicos, para evitar relacionarse demasiado. Así pues, no parece muy probable que los gatos domésticos hayan heredado las complejas habilidades sociales de sus predecesores.

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A los gatos les encanta que les toquen alrededor de las zonas en las que se localizan las glándulas faciales, como la base de las orejas, bajo la barbilla y cerca de las mejillas.

Los humanos, por su parte, somos seres inherentemente sociales para los que el acercamiento y el contacto son muestras de afecto.

Además, nos sentimos atraídos por los rasgos estéticos infantiles (ojos y frente grandes, nariz pequeña y cara redondeada), motivo por el que a muchos nos parecen tan bonitos los gatos.

Sabiendo esto, no es ninguna sorpresa que nuestra reacción inicial al ver uno sea querer acariciarlo, hacerle carantoñas o simplemente sonreír embobados. De igual manera, tampoco debería sorprender que algunos gatos consideren este tipo de interacciones un poquito abrumadoras.

El cariño en los gatos

Aunque a muchos gatos les gustan las caricias y, en determinados contextos, nos elegirían antes que a la comida, deben aprender a disfrutar de la interacción con humanos durante su corto período de adaptación (de las dos a las siete semanas de vida).

Al hablar de la relación entre gatos y humanos, las características de las personas también son importantes. Aspectos como nuestra personalidad y género, las partes de la anatomía del gato que tocamos y cómo solemos manejarlos son muy importantes a la hora de entender cómo el animal responde a nuestras muestras de cariño.

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Es importante prestar atención al comportamiento y a las posturas que adquiere el felino durante las interacciones para asegurarnos de que está cómodo.

Algunos gatos reaccionan con agresividad al contacto físico no deseado, mientras que otros pueden tolerar nuestros acercamientos a cambio, simplemente, de comida y un sitio donde dormir.

A pesar de ello, un gato tolerante no es necesariamente un gato feliz. De hecho, los niveles más altos de estrés se observan en gatos cuyos dueños afirman que se muestran conformes con las caricias en lugar de demostrar que no les gustan.

Cómo acariciar a un gato

La clave para triunfar en nuestra gatuna empresa es conceder al felino la capacidad para elegir y controlar las interacciones. Por ejemplo, es importante que manifieste si desea recibir cariño y que controle la zona de su cuerpo en la que está dispuesto a ser acariciado y durante cuánto tiempo.

Debido a nuestra naturaleza táctil y a la atracción que sentimos hacia los animales bonitos, puede que nos cueste ignorar nuestros instintos y que precisemos de altas dosis de autocontrol.

Sin embargo, el esfuerzo podría ser compensado, ya que un estudio demuestra que es más probable que las interacciones duren más cuando es el gato, y no la persona, el que las empieza.

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Entre los signos para saber si el gato está disfrutando de las caricias está el ronroneo y una expresión facial relajada, con las orejas apuntando hacia delante.

También es importante prestar atención al comportamiento y a las posturas que adquiere el felino durante las interacciones para asegurarnos de que está cómodo.

Al establecer contacto físico, menos es más, y no solo en los reconocimientos veterinarios, sino también cuando el gato se relaciona con gente en un entorno más relajado.

Como norma general, a la mayoría de los gatos les encanta que les toquen alrededor de las zonas en las que se localizan las glándulas faciales, como la base de las orejas, bajo la barbilla y cerca de las mejillas.

Por el contrario, no disfrutan tanto del contacto en la barriga, el lomo y la base de la cola.


Signos de disfrute del gato:

• Mantiene la cola erguida e inicia el contacto.

• Ronronea y hace algo parecido a amasar con las patas delanteras.

• Mueve suavemente la cola de lado a lado mientras la estira en el aire.

• Exhibe una postura y una expresión facial relajadas, con las orejas apuntando hacia delante.

• Te empuja con cariño si detienes las caricias, para indicar que continúes.

Signos de rechazo o tensión:

• Mueve o voltea la cabeza en tu dirección contraria.

• Se muestra pasivo (no ronronea ni busca el contacto físico).

• Parpadea de forma exagerada, sacude la cabeza o el cuerpo o se lame la nariz.

• Se asea repentina y apresuradamente durante poco tiempo.

• Se le eriza el pelo o contrae la espalda.

• Mueve o agita la cola o golpea con ella.

• Aplana las orejas y las orienta hacia los lados o hacia atrás.

• Gira bruscamente la cabeza para enfrentarte a ti o a tu mano.

• Te muerde, aparta o golpea tu mano con una pata.

Así las cosas, es discutible si los gatos pueden ser considerados unos “bebés peludos”.

A muchos les encanta que les toquen, mientras que otros, como mucho, lo soportan. En cualquier caso, es importante respetar los límites que establece el gato salvaje que llevan dentro, aunque eso suponga admirar su belleza desde lejos.


*Lauren Finka es investigadora postdoctoral asociada de Nottingham Trent University.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Está reproducido bajo la licencia Creative Commons.

Haz clic aquí para leer la nota original.


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