Equipo de AMLO presume que programas obtuvieron más del 90% de aceptación; Tren Maya, el menos votado
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Equipo de AMLO presume que programas obtuvieron más del 90% de aceptación; Tren Maya, el menos votado

Además del tema del Tren Maya, el equipo de AMLO pidió a la gente que opinara sobre otros nueve proyectos. Según los resultados, todos, excepto el Tren Maya obtuvieron más de 90% de aceptación.
Cuartoscuro
26 de noviembre, 2018
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El equipo del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, presumió la alta participación de ciudadanos en la consulta de este fin de semana y que 9 de los 10 proyectos obtuvieron más del 90% de aceptación, excepto el Tren Maya que tuvo 89.9% y un 6.6 de rechazo.

El programa con más votos a favor, según los resultados presentados por la Fundación Rosenblueth, fue el programa de atención médica y medicinas para toda la población que no cuenta con ellos fue el más votado a favor, con un 95.1% por el sí; solo un 1.6 se pronunció en contra.

“La participación fue muy alta, vimos filas de ciudadanos en muchas plazas, y creo que eso es una buena señal, hay una consolidación de este ejercicio democrático”, dijo próximo vocero de la Presidencia, Jesús Ramírez.

Aseguró que la consulta ha tenido una buena recepción en todo el país, a pesar del poco tiempo con el que se convocó.

“La gente acudió voluntariamente a las mesas y así se expreso, familias enteras así lo hicieron”, dijo Ramírez.

Otros proyectos que obtuvieron más del 90% de aprobación fueron: la Refinería en Dos Bocas, Tabasco: 91.63 % (Sí) y 4.57 % (No); plantar árboles en un millón de hectáreas: 94.73 % (Sí) 1.67 % (No); aumentar la pensión para adultos mayores: 93.31 % (Sí) 3.15 % (No).

Becas y capacitación laboral a 2.6 millones de jóvenes: 91.09 % (Sí) y 5.16 % (No); becar a estudiantes de escuelas públicas: 90.11 % (Sí) 5.98 % (No); pensiones a personas con discapacidad: 92.91 % (Sí) 3.38 % (No).

Garantizar atención médica y medicinas a toda la población tuvo 95.07 % de votos a favor, 1.65 % en contra. Proveer cobertura gratuita de internet en carreteras, plazas públicas: 91.62 % (Sí) 4.45 % (No).

Aquí puedes consultar todos los resultados desagregados de la consulta nacional.

El equipo de transición dijo este domingo que, tras dos días de votación, se registró la participación de 925 mil 168 personas en la consulta sobre el Tren Maya y otros nueve proyectos del que será el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

La consulta tuvo un costo de 2 millones 400 mil pesos y fue financiada por senadores de Morena.

En la consulta sobre el aeropuerto, para definir si la gente prefería Santa Lucía o el aeropuerto en Texcoco, votaron 1 millón 67 mil 859 personas, según los datos del gobierno de transición, aunque fueron cuatro días de consulta.

Según los organizadores, se utilizó el mismo esquema en ambas consultas, en cuanto a instalación de mesas, procedimiento y tecnología, aunque en la consulta de este fin de semana hubo más preguntas.

En esta ocasión, de nueva cuenta fueron reportadas fallas en la aplicación que no permite duplicar votos.

De acuerdo con el equipo de transición, el sábado participaron 394 mil 677 personas, y el domingo la cifra se elevó hasta 925 mil 168.

Encargados de casillas en diversos puntos de la Ciudad de México dijeron a Animal Político que la asistencia de votantes había sido menor el sábado, en comparación con la jornada de votación sobre el NAIM. Sin embargo, al día siguiente, algunos mencionaron que esperaban más afluencia, ya que en sitios como parques o estaciones de transporte hay más personas transitando los domingos.

En la central de autobuses de San Lázaro, conocida como Tapo, por ejemplo, el encargado dijo que durante el sábado tuvieron un promedio de 80 votos por hora y el domingo se elevó a 95, por lo que pudo estimar que en los dos días votaron cerca de dos mil personas.

Foto: Claudia Altamirano

En los recorridos por las calles, se registraron opiniones contrastantes, de algunos ciudadanos que pensaron que la consulta es una buena idea, pero puede mejorarse, y otros que criticaron sus fallas y descartaron que fuera representativa.

Cuando se pidió a la gente votar por el aeropuerto que preferían, se registraron fallas como que algunos pudieron votar más de una vez, y políticos de oposición criticaron que este ejercicio convocado por López Obrador no tenía sustento legal y era un engaño, porque las mesas de votación habían sido ubicadas donde el presidente electo cuenta con más apoyo político, entre otros puntos.

Sobre el Tren Maya, acusaron que en realidad López Obrador ya tenía una decisión, más allá de lo que respondiera la gente.

Además, respecto a este proyecto, especialistas, académicos, ambientalistas, científicos y organizaciones solicitaron a López Obrador no llevar a cabo la consulta, principalmente por el daño ecológico que podría ocasionar el proyecto.

Leer: Les falta baño de pueblo, dice López Obrador a críticos del Tren Maya

La boleta de la consulta para este fin de semana se componía de 10 preguntas referentes a la construcción de dicho Tren; pero también sobre el desarrollo del Tren del Istmo de Tehuantepec; la refinería en Dos Bocas, Tabasco; la reforestación de selvas, bosques y plantación de árboles frutales, y el aumento de la pensión a adultos mayores de 68 años.

También se consultó la entrega de becas a todos los estudiantes de escuelas públicas de nivel medio superior del país; la entrega de pensiones a personas discapacitadas; garantizar atención médica y la cobertura gratuita de internet.

Con información de Claudia Altamirano y Arturo Angel

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El gas usado para "desinfectar" a mexicanos en EU que sirvió como ejemplo a la Alemania nazi

Durante décadas, trabajadores mexicanos que cruzaban a Estados Unidos fueron inspeccionados y fumigados con pesticidas para prevenir enfermedades infecciosas. Décadas después, cientos describieron la experiencia como humillante y vergonzosa.
4 de septiembre, 2021
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En 1956, los braceros eran fumigados con DDT como parte del proceso de entrada a Estados Unidos.

CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU

Muchos no sabían qué les estaban rociando, pero era tan extendido su uso que le apodaron “el polvo”.

La fotografía que abre esta nota es especialmente destacada por historiadores en Estados Unidos y algunos describen la escena capturada como “un momento atroz”.

En ella un funcionario enmascarado fumiga la cara de un joven mexicano desnudo con el pesticida DDT en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas, mientras que otros esperan en fila detrás mientras sujetan sus pertenencias.

La tomó el neoyorquino Leonard Nadel en 1956 mientras documentaba el programa Bracero, bajo el que al menos 4 millones de mexicanos migraron temporalmente a Estados Unidos para trabajar entre 1942 y 1964.

El esquema fue inicialmente establecido para compensar la ausencia de trabajadores estadounidenses debido al reclutamiento militar durante la Segunda Guerra Mundial.

Un trabajador se registra en el programa Bracero.

Getty Images
Millones de mexicanos campesinos y obreros participaron en el programa Bracero en Estados Unidos.

El DDT se empleó hasta mediados de los 60 en los inmigrantes para prevenir la propagación de malaria y tifus y su uso fue posteriormente prohibido en EE.UU. en 1972.

Hoy en día está clasificado por el gobierno de ese país y autoridades internacionales como un “probable carcinógeno humano”.

Pero este no fue el único pesticida empleado para “desinfectar” a inmigrantes mexicanos en la frontera entre México y EE.UU. por décadas.

Años antes de la implementación del programa Bracero, otro insecticida fue utilizado en centros de recepción de visitantes y pasaría a servir como ejemplo a funcionarios del nazismo en Alemania.

Zyklon B

David Dorado Romo, historiador y cronista de El Paso y Ciudad Juárez, dio con un artículo en una revista científica alemana de 1937 que lo dejó atónito.

El escrito incluía dos fotografías de “cámaras de despiojado” en El Paso, Texas.

Su autor, el químico alemán Gerhard Peters, destacaba las imágenes para ilustrar “la efectividad del Zyklon B (un pesticida a base de cianuro) como un agente para matar plagas indeseables”, escribe Romo en su libro Ringside Seat to a Revolution (“Asiento en primera fila a una revolución”).

“Peters se convirtió en el director de operaciones de Degesch, una de las dos firmas que adquirió la patente del Zyklon B en 1940 para producirlo masivamente”, describe.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis utilizaron el gas en dosis concentradas para matar a millones de judíos.

Un funcionario fronterizo estadounidense les habla a un grupo de refugiados mexicanos en el Puente Internacional de El Paso, en Texas. Año 1916.

Getty Images
Las inspecciones y requerimientos en la frontera entre EE.UU. y México en El Paso se endurecieron a partir de 1916.

Aunque en El Paso no se utilizó para el mismo fin, ya se estaba empleando desde 1929 por funcionarios fronterizos para fumigar la ropa y los zapatos de inmigrantes mexicanos en el Puente Internacional Santa Fe, que conecta esa ciudad con Ciudad Juárez.

Las inspecciones habían iniciado formalmente en 1917, amplía el historiador, cuando las autoridades estadounidenses empezaron a imponer restricciones sobre los cruces fronterizos en sectores como El Paso.

El alcalde de la ciudad en esa época, Tom Lea, se refería a los mexicanos como “sucios piojosos indigentes” que “sin duda, van a traer y propagar el tifus”.

Pero entre 1915 y 1917, menos de 10 residentes de El Paso habían muerto del tifus epidémico, recogió Romo en su libro.

Aún así, los mexicanos considerados de “segunda clase” eran sometidos a exhaustivos chequeos que incluían duchas con agua caliente y revisiones de los migrantes desnudos. A los que le encontraban piojos, “les rapaban la cabeza y les afeitaban todo el cuerpo”, señala Romo a BBC Mundo.

Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Tan solo en 1917, al menos 120.000 personas fueron examinadas en el centro de El Paso.

Romo y otros historiadores hablan de un contexto en el que las ideas eugenésicas cobraban fuerza y se manifestaban a través de nociones discriminatorias y racistas.

“No hay que comparar peras con manzanas, pero el Holocausto no fue un hecho aislado y la frontera entre EE.UU. y México sirvió como un centro de experimentación importante de esas ideas”, advierte Romo.

“¿Sabe qué es la vergüenza?”

Cuando inicia el programa Bracero en 1942 ya estaba extendido el uso de diferentes químicos como el kerosén en centros de inspección fronterizos.

Aunque el gobierno de EE.UU. alabó a los mexicanos que se enlistaban como “soldados de la producción” y de la tierra en ese tiempo, con los años surgieron cientos de testimonios de trabajadores que señalaron sus experiencias como vergonzosas y humillantes.

La historiadora Mireya Loza recuerda en conversación con BBC Mundo que la imagen del trabajador rociado con DDT en la cara era la que más afectaba a los antiguos participantes del programa con los que habló.

“Muchos decían que sentían los efectos del DDT en los ojos, que tenían reacciones alérgicas en la piel y entendieron que no era un tratamiento humano”, dice la profesora de la Universidad de Georgetown.

Un grupo de trabajadores del programa Bracero alzan los brazos y están alineados contra la pared mientras son inspeccionados en una habitación del Centro de Procesamiento en Monterrey, México.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores eran inspeccionados a ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. Aquí, en un centro de procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

La académica inició su investigación entrevistando a decenas de braceros para un proyecto llamado Bracero History Archive (Archivo Histórico de los Braceros), impulsado por el Museo Nacional de Historia estadounidense Smithsonian.

“Muchos de estos trabajadores dijeron haber sentido algo feo porque era la primera vez que eran desnudados públicamente y frente a varias personas. Para ellos era un shock tremendo estar ahí y que los doctores les hicieran abrir las pompis, la boca; todo revisaban”, describe.

Los trabajadores eran generalmente inspeccionados en sedes administradas por Estados Unidos dentro de México y en ciudades fronterizas como Hidalgo, en Texas.

Además de las fumigaciones, los vacunaban contra la viruela, les hacían exámenes de sangre y de rayos X y les revisaban las manos en busca de callos que demostraran que tenían experiencia en el campo.

Un bracero es vacunado mientras otros esperan en la fila en el Centro de Procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores también eran vacunados contra la viruela.
Un funcionario de gobierno revisa las manos de un aspirante al programa Bracero.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Era común que las manos de los trabajadores fueran revisadas en busca de callos como prueba de que ya trabajaban la tierra.

José Silva, un campesino oriundo de Michoacán que empezó a trabajar desde los 6 años, describió en 2005 con cierto enfado la experiencia que vivió mientras fue bracero durante una entrevista disponible en el Archivo Bracero:

“Por una parte sí fue un buen programa (…) No tuve problema, me ayudé económicamente. Lo que no me gustaba era que nos fumigaron. Sentí vergüenza. ¿Sabe qué es la vergüenza? Todos formados así, sin ropa, y salíamos así caminando y allá en la puerta estaba el hombre con el fumigador. Muy mal. No éramos animales, éramos cristianos, ¿por qué nos fumigaban?“.

Víctor Martínez Alemán, originario de Tlaquiltenango, en Morelos, se enlistó en el programa en 1956 y trabajó en California:

“Nos pasaron, encuerados, delante de todas las muchachas, ya no más nos tapábamos acá pero encuerados para pasar donde nos iban a fumigar, bien fumigados así y todo… A nosotros nos daba vergüenza porque teníamos que pasar como con 20 mujeres (…) Eran todas secretarias. Y con manos atrás, nada de taparse, nada… Nos quería hasta pegar (…) Nunca había yo pasado esas penas pero como yo lo que quería era llegar a Estados Unidos para hacer algo…”.

“Injusticias y abusos”

A través del Archivo Bracero, el gobierno de EE.UU., mediante el Museo Nacional de Historia y diferentes instituciones académicas, reconocen que los trabajadores fueron sometidos a una serie de “injusticias y abusos”.

“Muchos se enfrentaron a alojamiento deficiente, discriminación e incumplimiento de contratos, incluso fueron estafados al recibir sus salarios”, indica el sitio web.

Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Pese a estas investigaciones, ningún presidente o autoridad de alto cargo a nivel nacional en EE.UU. ha ofrecido disculpas públicas ni reparaciones por los efectos negativos que desencadenó el programa, indica la historiadora Mireya Loza.

Tampoco existe una investigación exhaustiva sobre el impacto de pesticidas, incluido el DDT, en la salud de millones de braceros que fueron fumigados.

Aunque el programa culminó hace casi seis décadas, aún queda una generación que vive para contarlo.

Carlos Marentes, activista por los derechos de los campesinos en El Paso, recogió también cientos de testimonios y denuncias de abusos laborales, y las fumigaciones sobresalían entre los recuerdos más amargos de los trabajadores.

“Naturalmente existía un miedo de que trajeran enfermedades contagiosas, pero eso conllevó a una estigmatización“, dice a BBC Mundo.

Para Marentes, el programa Bracero fue un ejemplo claro de “la contradicción en la política de inmigración” de Estados Unidos.

“Por una parte sabemos que los necesitamos (a los inmigrantes), para que hagan todo lo que no podemos o no queremos hacer, pero por otra parte nos han metido en la cabeza que hay que tenerles miedo”, sentencia.



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