Dos universidades públicas de EU y una trasnacional piratean maíz oaxaqueño
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Dos universidades públicas de EU y una trasnacional piratean maíz oaxaqueño

Por sus características genéticas únicas, este maíz oaxaqueño no requiere fertilizantes químicos y es considerado el santo grial de la industria agrícola mundial. La trasnacional Mars Inc. y dos universidades públicas de Estados Unidos se adjudican su descubrimiento.
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5 de noviembre, 2018
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En la Sierra Mixe de Oaxaca existe un maíz cuyas características genéticas son únicas: no requiere fertilizantes agroquímicos para su producción, lo que le confiere un enorme potencial comercial a escala mundial. Un gran negocio alimentario.

Esta especie de maíz fue desarrollada, durante siglos, mediante técnicas ancestrales de selección de semilla aplicadas por los pueblos indígenas de Oaxaca.

Sin embargo, las universidades Davis de California y Winsconsin-Madison (instituciones públicas de Estados Unidos) y la empresa Mars Inc. (dueña de marcas como Snickers, Pedigree, Wiscas, Orbit, M&M y Milky Way) aseguraron en una publicación científica que fueron ellas quienes descubrieron este tipo de maíz.

Sin embargo, según consta en documentación oficial recabada por Animal Político a través del Instituto Nacional de Acceso a la Información Pública (INAI), las universidades y la empresa trasnacional emprendieron las investigaciones del maíz de la Sierra Mixe sin contar con autorización alguna del gobierno mexicano.

En pocas palabras, “piratearon” las características genéticas del maíz mixe para aplicarlo en otras especies.

La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) anunció, a través de un comunicado —en agosto pasado—, el “descubrimiento” hecho por las universidades y la empresa, en conjunto con el Instituto Tecnológico del Valle de Oaxaca (de la SEP).

Según la Semarnat, la investigación que derivó en este descubrimiento no solo contó con todas las autorizaciones oficiales requeridas para su desarrollo, incluso se hizo respetando el Protocolo de Nagoya, instrumento internacional que busca garantizar el reparto justo y equitativo de las ganancias que gobiernos o empresas pueden lograr a través del aprovechamiento de recursos biológicos y genéticos para desarrollar productos alimenticios, farmacéuticos u otros.

La dependencia subrayó que el reparto de ganancias que generará la explotación de este maíz oaxaqueño fue aceptado por “la comunidad de la Sierra Mixe”, la cual, dijo, otorgó su consentimiento “previo, informado, y estableció los términos mutuamente acordados para la distribución de los beneficios que de ella se deriven”, tanto para el inicio de estas investigaciones con maíz nativo, como para su futura explotación comercial.

Pero la realidad fue otra: no hubo ninguna autorización del gobierno mexicano, ni de los pueblos oaxaqueños para estudiar el maíz.

De hecho, el permiso para tomar muestras de maíz de la Sierra Mixe se tramitó varios años después de que estas fueron sacadas de México, y solo hasta después de que dicho maíz lograra ser reproducido con éxito en Estados Unidos.

Las universidades presumen su descubrimiento

Las universidades Davis, Wisconsin-Madison y la trasnacional Mars Inc. presentaron los resultados de la investigación en la Sierra Mixe como una “revelación” científica, aunque en el artículo de Plos Biology Journal reconocen que esta especie de maíz “criollo” fue desarrollado mediante técnicas ancestrales de selección de semilla aplicadas por los pueblos indígenas de Oaxaca, durante siglos.

En el artículo, el grupo de investigación reconoció que las tres variedades de maíz que sometió a estudio son “cultivadas localmente” en la Sierra Mixe, y “conocidas como (maíz) rojo, piedra blanca y llano”.

En México, las variedades de maíz criollo “son bienes comunes, pertenecen a toda la comunidad”, explica en entrevista la doctora Yolanda Massieu Trigo, especialista de la Universidad Autónoma Metropolitana en sustentabilidad y soberanía alimentaria.

Las variedades de maíz criollo, detalla, son aquellas que se van desarrollando en los pueblos, en las regiones campesinas, a partir de procesos de selección de semilla que han existido desde milenios, “y en los pueblos hay gente que va haciendo sus propios experimentos, seleccionando semilla, y son conocidos por sus vecinos, con los que comparten e intercambian semilla, entonces, por eso las variedades de maíz criollo no pertenecen a una persona, sino a todas, es una propiedad colectiva”.

Estas comunidades, señala la especialista, “están a merced de compañías privadas que lo que buscan es convertir esa propiedad colectiva en propiedad intelectual individual para poder obtener ganancias”.

El informe de la investigación no aclara cómo las universidades Davis, Winsconsin-Madison y Mars Inc. detectaron la existencia y el potencial de este maíz oaxaqueño, solo señalan que “nos enteramos de variedades nativas aisladas de maíz en la región Sierra Mixe de Oaxaca que, según los informes, se cultivaron utilizando prácticas tradicionales con poco o ningún fertilizante”.

Fue como el grupo privado determinó iniciar en la Sierra Mixe una investigación de campo, en busca del “santo grial” de la industria agrícola mundial, debido a la “importancia económica” que puede alcanzar una variedad de maíz que prescinda de fertilizantes añadidos.

La investigación realizada por este grupo científico concluyó que, independientemente del lugar en el que sean plantadas, estas “razas” de maíz de la Sierra Mixe no necesitan fertilizantes nitrogenados (usados para estimular el crecimiento de la planta), ya que para crecer toman el nitrógeno directamente del medioambiente, gracias a asociaciones que entabla con microorganismos atraídos por la planta.

Muestras de maíz ‘irregulares’

Tras el ‘descubrimiento’, Mars Inc. afirmó en un boletín que “esta investigación fue facilitada por la tremenda cooperación de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Semarnat y Sagarpa, del gobierno mexicano)” y subraya que la autoridad municipal y la “comunidad en la aldea aislada en la región de Sierra Mixe” en donde se realizó el estudio “fueron una parte integral de este proyecto de investigación”.

Mars Inc. también asegura que, gracias a la aprobación de la comunidad que habita en esa “aldea aislada”, cuyo nombre no aclara, “se accedió a los materiales biológicos y se los utilizó, según un ‘Acuerdo de acceso y distribución de beneficios con la comunidad’, y con el permiso del gobierno mexicano”.

Sin embargo, las fechas no cuadran.

El estudio científico publicado por Mars Inc. y por las dos universidades estadounidenses asegura que la toma de muestras se inició en 2006 y que los experimentos con maíz de la Sierra Mixe comenzaron en 2010, cuando este tipo de maíz fue cultivado en el campus de la Universidad Wisconsin-Madison, Estados Unidos.

Luego, el estudio señala que las “observaciones” realizadas tardaron cinco años, es decir, hasta 2015. De esas observaciones se derivaron experimentos que continuaron hasta 2017.

De acuerdo con las fechas divulgadas por el mismo grupo científico privado, el permiso para obtener muestras y comenzar estudios tuvo que haberse solicitado y obtenido previo al inicio de la investigación, es decir, antes de 2006.

No obstante, el permiso tramitado ante el gobierno mexicano por la firma BioN2, filial de Mars Inc. (del que Animal Político posee copia), fue solicitado y obtenido en 2015, es decir, nueve años después de que las muestras fueron tomadas y extraídas de México, y cuando este equipo de investigación científica ya había concluido sus observaciones.

Según los artículos 87 y 87 Bis de la Ley General de Equilibrio Ecológico, antes de iniciar cualquier tipo de investigación sobre recursos biológicos mexicanos (como en este caso es el maíz criollo de la Sierra Mixe), los interesados deben obtener un permiso para el levantamiento de muestras, y existen dos tipos: uno para proyectos sin fines de lucro, y otro para investigaciones que persiguen un beneficio comercial.

La Norma Oficial Mexicana 126-ECOL-2000, que regula la colecta científica de material y recursos biológicos en el territorio mexicano, señala que esos permisos deben tramitarse antes de que se inicie el levantamiento de muestras, y el solicitante debe cumplir distintas condiciones, antes y después de hacer su levantamiento de recursos biológicos.

Para solicitar un permiso el interesado debe obtener antes una licencia como “colector científico”. Ya con esta licencia, el solicitante debe describir ante la Semarnat cuáles son los objetivos y alcances de su investigación y demostrar que cuenta con el “consentimiento previo, expreso e informado” del legítimo poseedor del recurso biológico en cuestión.

Si cumple con estos requisitos, el interesado puede obtener el permiso para el levantamiento de muestras, pero contrae una obligación: al terminar el proceso, debe compartir una parte de esas muestras con alguna institución científica mexicana.

Si no se cumple con este requisito, la Norma Oficial establece que el colector científico no puede proporcionar esas muestras a “colecciones extranjeras”. Además, esta Norma obliga a los colectores científicos autorizados a entregar a la Semarnat un informe anual de sus labores.

Mars Inc. y las universidades Davis o Wisconsin-Madison incumplieron con estos requisitos.

La Semarnat informó a Animal Político que este grupo no le solicitó autorización para iniciar su levantamiento de muestras en 2006, y que hasta la fecha no ha emitido ningún permiso relacionado con el maíz criollo de la Sierra Mixe y sus microorganismos asociados.

Semarnat subrayó que el único permiso existente es el otorgado en 2015, y que fue emitido por un organismo público distinto: el Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas, dependiente de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa).

A esto se suma otra irregularidad: cuando ese permiso fue tramitado, en 2015, el Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas consultó a la Semarnat para que “se pronunciara respecto de la solicitud de acceso, colecta y exportación de semillas y plantas realizada por el representante legal de la empresa BioN2 Inc.”.

Según la documentación oficial, de la que se obtuvo copia, Semarnat respondió que el tema estaba “fuera de su ámbito de competencia”, aun cuando la Ley General de Equilibrio Ecológico identifica a esta dependencia como la facultada para autorizar la colecta de recursos y material biológico y genético mexicanos.

Pero esta investigación privada estadunidense no solo se inició sin autorización del gobierno mexicano, también concluyó sin que este se diera cuenta.

Consultadas por Animal Político, tanto la Semarnat como la Sagarpa revelaron que no cuentan con ningún informe del grupo, formado por las universidades y Mars Inc., en que se presenten las conclusiones a las que llegó tras los experimentos con el maíz de la Sierra Mixe y sus microorganismos asociados.

La Semarnat reconoció que conoció los resultados de la investigación de las universidades y Mars Inc. solo hasta que fueron anunciados en Estados Unidos, el 7 de agosto pasado, cuando se publicó un artículo científico en la revista Plos Biology Journal que se refería al potencial de este “santo grial” de la industria internacional de granos.

Tras la publicación en la revista, la oficina central de la trasnacional Mars Inc. (con sede en Virginia, Estados Unidos) difundió un boletín en el que se congratula por el descubrimiento.

Agrega que aún falta tiempo para lograr trasladar este rasgo del maíz de la Sierra Mixe al “maíz comercial”, pero augura que sus mercados potenciales son los países “en desarrollo” con poco acceso a fertilizantes nitrogenados, aunque obviamente podría venderse a cualquier productor del mundo que no quiera seguir pagando por fertilizantes agroquímicos.

Oro por espejitos

La documentación oficial también señala que es falso que las comunidades indígenas de los 17 municipios que conforman la Sierra Mixe de Oaxaca hayan sido consultadas previamente respecto al inicio de la investigación y, por lo tanto, no existe una autorización de todos los pueblos indígenas de la zona para que sus recursos genéticos sean extraídos y explotados comercialmente.

La Semarnat, la Secretaría de Educación Pública, el Instituto Tecnológico de Oaxaca, la Secretaría de Agricultura, la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, así como el Sistema Nacional para la Inspección y la Certificación de Semillas (únicas instituciones facultadas para autorizar este tipo de investigaciones, o para autorizar la comercialización de recursos genéticos mexicanos), informaron que cuando el maíz de la Sierra Mixe fue extraído de México, ninguno de estos procedimientos había sido autorizado por las autoridades.

Según el Protocolo de Nagoya, los pueblos indígenas deben establecer, junto con el grupo de investigadores, un acuerdo para la distribución de los beneficios de las investigaciones.

Animal Político solicitó a Semarnat (dependencia que debe verificar que el Protocolo de Nagoya se aplique correctamente) una copia del acuerdo firmado entre “la comunidad de la Sierra Mixe” y Mars Inc., y avalado por las autoridades mexicanas, para conocer sus términos.

Semarnat respondió que no cuenta con copia de dicho acuerdo e informó que nunca verificó su contenido, ya que se trató de un acuerdo “entre particulares”.

Animal Político buscó a la Semarnat para saber cómo hizo este organismo de gobierno para determinar que el acuerdo fue justo y equitativo con la comunidad de la Sierra Mixe, como exige el Protocolo de Nagoya, si nunca conoció los términos de dicho acuerdo. No se obtuvo respuesta.

También se solicitó una copia de la consulta realizada entre los pueblos indígenas de la zona, mediante la cual se obtuvo su consentimiento al proyecto de Mars Inc.

La respuesta de Semarnat fue que nunca se hizo esa consulta, ya que el Protocolo de Nagoya no obliga a realizar consultas para obtener el consentimiento “previo informado”.

El organismo federal tampoco aclaró cómo se obtuvo el consentimiento de los pueblos de la Sierra Mixe, si no fue preguntándoles si lo otorgaban.

Por su parte, el Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas, de la Sagarpa, señaló en su oficio C00.03.2141, que el acuerdo de reparto “justo y equitativo” no requiere “ratificación o registro ante este Servicio Nacional”. Por lo mismo, tampoco este organismo de gobierno verificó si dicho acuerdo fue realmente justo con los pueblos indígenas de la Sierra Mixe.

Las omisiones no terminan ahí. Las leyes federales obligan a todo organismo público a poner a consulta de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas cualquier política o acción de gobierno que incida en la vida o territorios de estas comunidades. Sin embargo, esto tampoco ocurrió.

La Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas informó que ningún organismo de gobierno le notificó sobre el proyecto de investigación del maíz de la Sierra Mixe con fines comerciales, ni se le consultó su opinión.

Entonces, ¿qué comunidades indígenas de la Sierra Mixe aprobaron este proyecto de Mars Inc., si es que realmente existen? Y ¿qué fue lo que Mars Inc. les ofreció a los pobladores de esa “aldea aislada”, a cambio del maíz desarrollado mediante técnicas tradicionales y durante generaciones?

Mars Inc. rechazó dar una entrevista, pero envió una carta a Animal Político en la cual asegura que no puede proporcionar el nombre de “la comunidad” indígena de la Sierra Mixe que otorgó su consentimiento, para “mantener su privacidad”.

En su misiva, Mars Inc. no aclara tampoco qué le ofreció a dicha comunidad a cambio del maíz y del conocimiento asociado a su uso.

En la misiva, sin embargo, hay un dato relevante: aunque las autoridades mexicanas afirmaron que no conocieron el contenido del acuerdo, por tratarse de un asunto entre “particulares”, Mars Inc. reveló que dicho acuerdo también fue establecido con “la autoridad municipal”, aunque omite revelar de qué ayuntamiento se trata.

Eso quiere decir que este no fue solo entre particulares, pues sí estuvieron involucradas autoridades mexicanas.

Al mantenerse oculto el nombre de los municipios supuestamente involucrados, tanto las autoridades mexicanas como Mars Inc. garantizan que esta transacción quede fuera del escrutinio público.

También se buscó a otro de los involucrados: el Instituto Tecnológico del Valle de Oaxaca, órgano académico público que, según informó la Semarnat, fue parte del equipo científico que desarrolló la investigación sobre el maíz de la Sierra Mixe.

El Instituto, adscrito a la Secretaría de Educación Pública, aclaró que no tuvo nada que ver con esta investigación, ni con las presuntas irregularidades implícitas, aunque reconoció que el artículo científico en el que se divulgaron los hechos fue firmado, entre otros, por uno de sus académicos: el profesor Javier López Baltazar, quien tampoco respondió a la solicitud de entrevista.

La especialista de la Universidad Autónoma Metropolitana, Yolanda Massieu, asegura que es preocupante que tanto Mars Inc. como las autoridades mantengan en secreto con quién se hicieron estos supuestos acuerdos, “solo hablan de la ‘comunidad de la Sierra Mixe’, pero no dicen cuál, ni tampoco qué autoridad local participó en todo esto, ¿un comisariado de bienes comunales, una asamblea ejidal, una presidencia municipal?”.

Ninguna de esas figuras de autoridad, aclara, puede ejercer control sobre bienes comunes, cuya posesión comparten todos los pueblos indígenas de Oaxaca.

Mantener ese dato en secreto, subraya, impide ir al lugar y preguntar directamente con los responsables a cambio de qué se entregó a una trasnacional este patrimonio mexicano y los conocimientos ancestrales asociados a él.

“Esperemos no estar frente a un caso de biopiratería, simulada por las autoridades”, concluye.

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Cómo el encierro en India por el COVID-19 se convirtió en una tragedia humanitaria

Cientos de miles de trabajadores en India están abandonando las grandes ciudades y volviendo a sus lugares de origen en los pueblos ante la falta de empleo, comida y hogar, lo que aumenta el riesgo de una propagación interna del coronavirus.
31 de marzo, 2020
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Cuando hablé con él por teléfono, acababa de regresar a su aldea en el estado de Rayastán desde la vecina Guyarat, en el norte de India, donde trabaja como albañil.

En medio de un intenso calor, Goutam Lal Meena había caminado sobre asfalto caliente con sus sandalias. Dijo que había sobrevivido solo a base de agua y galletas.

En Guyarat, Meena ganaba hasta 400 rupias (US$5,34) por día y enviaba la mayor parte de sus ingresos a su familia en su pueblo natal.

El trabajo, y como consecuencia el salario, se terminó después de que India declarara un cierre de 21 días desde la medianoche del 24 de marzo para evitar la propagación del coronavirus.

India reportó más de 1.200 casos de covid-19 y 32 muertes hasta el lunes 30 de marzo, según el recuento de la Universidad John Hopkins, de Estados Unidos.

Trabajadores migrantes abandonan Hyderabad el lunes 30 de marzo.

AFP
Sin trabajo, ni alimento, millones de trabajadores abandonan las grandes ciudades para volver a sus pueblos natales en India.

La paralización de todo tipo de transporte significa que Meena se vio obligado a volver a pie.

Caminé durante el día y la noche. ¿Qué opción tenía? Tengo poco dinero y casi nada de comida”, le contó a la BBC, con voz ronca y tensa.

Una larga caminata

Meena no está solo. En todo India, millones de trabajadores migrantes están huyendo de sus ciudades bloqueadaspara regresar a sus hogares en las aldeas.

Estos trabajadores informales son la columna vertebral de la economía de las grandes ciudades: son los que construyen casas, producen alimentos, sirven en restaurantes, entregan comida, cortan el pelo en los salones, fabrican autos, desatascan sanitarios y entregan periódicos, entre muchas otras cosas.

Al escapar de la pobreza en sus pueblos, la mayoría de estos cerca de 100 millones de trabajadores residen en viviendas miserables, en guetos urbanos congestionados.

Trabajadores migrantes vuelven a sus hogares el 29 de marzo, en el quinto día de bloque decretado en India por la pandemia del coronavirus. Ghaziabad, India

Getty Images
Los trabajadores informales son quienes llevan adelante la economía de las grandes ciudades en India.

El cierre del país convirtió a estos trabajadores en refugiados de la noche a la mañana. Sus lugares de trabajo cerraron, y la mayoría de los empleados y contratistas que les pagaban desaparecieron.

Juntos, hombres, mujeres y niños comenzaron sus viajes de regreso a todas horas del día la semana pasada.

Llevan con ellos sus pocas pertenencias -generalmente comida, agua y ropa- en bolsas de tela baratas y mochilas gastadas.

“India está caminando a casa”

Cuando los niños están muy cansados ​​para caminar, sus padres los cargan sobre sus hombros.

Caminan bajo el sol y bajo las estrellas. Muchos -la gran mayoría- cuentan que se quedaron sin dinero y temían morir de hambre.

“India está caminando hacia casa”, decía el titular del periódico Indian Express.

El sorprendente éxodo recuerda la fuga de refugiados durante la sangrienta partición de India en 1947.

Millones viajaron al este y oeste de Pakistán, en una migración que desplazó a 15 millones de personas.

Una migrante con sus niños en una pausa de su caminata el 29 de marzo en Noida, India.

Getty Images
Los trabajadores migrantes indios sienten que tienen más seguridad social en sus pueblos.

Esta vez, cientos de miles de trabajadores migrantes están tratando desesperadamente de regresar a sus hogares en su propio país.

Luchando contra el hambre y la fatiga están obligados por una voluntad colectiva a volver de alguna manera a donde pertenecen.

El hogar en el pueblo asegura la comida y el bienestar de la familia, dicen.

Crisis humanitaria

Claramente, un bloqueo total del país para evitar que la pandemia se siga expandiendo se está convirtiendo en una crisis humanitaria.

Un grupo de hombres retorna a sus hogares en medio del cierre de India por la pandemia.

Reuters
Para muchos, el hogar en el pueblo asegura la comida y el bienestar de la familia.

Entre los numerosos refugiados de este encierro, hay una mujer de 90 años cuya familia solía vender juguetes baratos en los semáforos de un suburbio a las afueras de Nueva Delhi.

Kajodi camina con los suyos hacia Rayastán, su ciudad natal, a unos 100 km de distancia.

Comen galletas y fuman bidis, cigarrillos tradicionales indios hechos a mano, para matar el hambre.

Con un palo como ayuda, Kajodi llevaba caminando tres horas cuando el periodista Salik Ahmed la conoció.

La humillante salida de la ciudad no la había despojado de su orgullo.

“Dijo que habría comprado un boleto para irse a casa si hubiera transporte disponible”, contó Ahmed.



Este largo camino también incluye a un niño de 5 años que está en un viaje a pie de 700 kilómetros con su padre, un trabajador de la construcción, desde Nueva Delhi a su hogar en el estado de Madhya Pradesh, en el centro de India.

“Cuando se ponga el sol, nos detendremos y dormiremos”, le dice el padre a la periodista Barkha Dutt.

Otra mujer camina con su esposo y su hija de 2 años y medio, su bolso lleno de comida, ropa y agua.

Riesgo de muerte

Una mujer india y su hijo viajan a su aldea natal en medio de la pandemia.

Reuters
Muchos migrantes deben volver a sus pueblos natales caminando ya que el transporte está interrumpido.

Otro caso es el de Rajneesh, un trabajador de la industria automotriz de 26 años que camina 250 kilómetros hacia su pueblo cerca de Uttar Pradesh.

Le tomará unos cuatro días, calcula. “Moriremos caminando antes de que el coronavirus nos golpee”, le dice el hombre a Dutt.

No exagera. La semana pasada, un hombre de 39 años en una caminata de 300 kilómetros desde Nueva Delhi a Madhya Pradesh se quejó de dolor en el pecho y agotamiento y más tarde murió.

Y un hombre de 62 años, que regresaba a pie de un hospital en Guyarat, se desplomó frente a su casa y murió.

Otros cuatro migrantes de camino a Rayastán desde Guyarat fueron atropellados por un camión en una carretera oscura.

A medida que la crisis empeora, los gobiernos estatales se apresuran para organizar el transporte, el refugio y la comida.

Kajodi Devi

SALIK AHMED/OUTLOOK
Kajodi Devi, de 90 años camina desde Nueva Delhi hacia su pueblo natal.

Pero tratar de transportarlos a sus aldeas rápidamente se convirtió en otra pesadilla.

Cientos de miles de trabajadores se empujaron unos contra otros en una importante terminal de autobuses en Nueva Delhi cuando los autobuses llegaron para recogerlos.

El jefe de Gobierno de Nueva Delhi, Arvind Kejriwal, les pidió a los trabajadores que no abandonaran la capital. Solicitó que se quedaran donde sea que estuvieranporque en grandes aglomeraciones también corren el riesgo de infectarse con el coronavirus”.

También dijo que su gobierno pagaría el alquiler y anunció la apertura de 568 centros de distribución de alimentos en la capital.

El primer ministro de India, Narendra Modi, se disculpó por el bloqueo “que ha causado dificultades en las vidas, especialmente a los pobres”, y agregó que “se necesitan medidas duras para ganar esta batalla”.

Éxodo masivo

Cualquiera sea la razón, Modi y los gobiernos estatales parecen haberse equivocado al no anticipar este éxodo interno.

Modi también se ocupó de la difícil situación de los trabajadores migrantes indios varados en el extranjero: cientos de ellos fueron repatriados en vuelos especiales.

Pero el difícil escenario de los trabajadores dentro del país dio una nota discordante.

Una mujer migrante con un niño en sus brazos en la terminal de autobuses en Anand, India.

Getty Images
Existen varios antecedentes de éxodos en crisis en la historia de India.

“Querer volver a casa en una crisis es natural. Si los estudiantes indios, turistas y peregrinos varados en el extranjero quieren regresar, también lo hacen los trabajadores en las grandes ciudades. Quieren regresar a sus aldeas. No podemos enviar aviones para llevar a casa a un grupo, pero dejar a otro que regrese a casa caminando”, tuiteó el periodista Shekhar Gupta.

La escritora Chinmay Tumbe, autora de India Moving: A History of Migration (“India se mueve: una historia de migración”), dice que las ciudades ofrecen seguridad económica a los migrantes pobres. Pero su seguridad social reside en sus pueblos, donde tienen comida y alojamiento.

“Al detenerse el trabajo y desaparecer el empleo, ellos ahora buscan la seguridad social y tratan de regresar a sus hogares”, le cuenta Tumbe a la BBC.

Además, hay muchos precedentes para la fuga de trabajadores migrantes durante una crisis: las inundaciones de 2005 en Bombay vieron a muchos trabajadores huyendo de la ciudad.

La mitad de la población de la ciudad, en su mayoría migrantes, también había huido de la ciudad, a raíz de la pandemia de gripe de 1918.

Cuando estalló la peste en el oeste de India en 1994 hubo un “éxodo casi bíblico de cientos de miles de personas de la ciudad industrial de Surat”, relata el historiador Frank Snowden en su libro Epidemics and Society (“Epidemias y sociedad”).

Propagación del coronavirus

Trabajadores migrantes regresan a sus pueblos en una camioneta el 29 de marzo en en Noida, India

Getty Images
El masivo éxodo de migrantes dentro de India puede propagar la enfermedad hacia todo el país.

Ahora se teme que los cientos de miles de migrantes puedan ayudar a propagar la enfermedad covid-19.

Según un informe del gobierno, unos 56 distritos en nueve estados indios representan la mitad de la migración interestatal de trabajadores hombres.

Estos podrían convertirse en potenciales puntos críticos a medida que los migrantes regresen a sus hogares.

Partha Mukhopadhyay, miembro del Centro de Investigación de Políticas de Nueva Delhi, sugiere que 35.000 consejos de aldeas en estos 56 distritos potencialmente sensibles deberían evaluar el posible impacto del virus en los trabajadores que regresan y aislar a las personas infectadas en las instalaciones locales.

Los próximos días determinarán si los estados pueden transportar a los trabajadores a sus hogares o mantenerlos en las ciudades y proporcionarles alimentos y dinero.

La gente se está olvidando de lo que está en juego en medio del drama de las consecuencias del bloqueo: el riesgo de que millones de personas mueran”, dice Nitin Pai, de la Institución Takshashila, un destacado grupo de expertos de la India.

“Allí también los más afectados serán los pobres”.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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