close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Getty Images

La Guardia Nacional no es un tema resuelto, dice Encinas ante la crítica de la ONU

El próximo subsecretario de Derechos Humanos vaticina que el tema será debatido no solo en el Congreso, donde obtener una mayoría para su aprobación, dice, no será fácil, sino también en la sociedad.
Getty Images
Por Itxaro Arteta @iartetam
29 de noviembre, 2018
Comparte

Ante las críticas de un integrante del Comité de la ONU Contra la Desaparición Forzada por una posible militarización de la seguridad pública de México, el próximo subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, consideró que la creación de la Guardia Nacional todavía “no es un tema resuelto” y que “no va a ser sencillo” lograr la mayoría que hace falta en el Congreso para la reforma constitucional necesaria.

En la presentación de las observaciones de dicho Comité hacia México, Rainer Huehle mencionó que antes de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) declarara inconstitucional la Ley de Seguridad Interior, ellos habían señalado que la militarización de la seguridad no es el camino y en ningún caso en el mundo se han visto resultados, ya que cuando se mezclan competencias policiales y militares, casi siempre termina en “catástrofes”.

Al ser cuestionado específicamente sobre el Plan de Seguridad del próximo gobierno, que pretende crear un cuerpo policial con soldados y marinos y mando militar, Huhle dijo que aunque el Comité de la ONU aún no se ha pronunciado al respecto, él personalmente, como miembro de ese órgano, lo ve como un peligro.

“En la prevención de las desapariciones forzadas, no creo que la experiencia, hasta ahora, en México, nos podría dar argumentos en el sentido de que los militares lo harían mejor que la policía. Los militares son entrenados para matar, ese es su oficio, para eso van a la guerra. Los militares no tienen la formación que hay que darle a la policía de cómo hacer un interrogatorio, no tienen esa función. ¿Entonces por qué darle funciones que ingresan en el territorio de la policía y no mejorar los comportamientos, la formación, los conocimientos de las policías? No sólo enseñarles a respetar los derechos humanos, sino también cómo hacer un buen interrogatorio, una buena investigación que realmente sirva”, sugirió.

—Ya son muchas voces de organismos multilaterales incluso, y de organismos internacionales que hablan de no militarizar la seguridad, de cara a la creación de la Guardia Nacional. ¿Qué decir al respecto, el gobierno entrante va a repensar la creación de este cuerpo? —, se le preguntó a Encinas.

“La Guardia Nacional… Bueno, ustedes conocen cuál es mi posición al respecto de la participación de las Fuerzas Armadas en materia de seguridad pública, y no va a cambiar. Yo fui uno de los principales promotores de la acción de inconstitucionalidad contra la Ley de Seguridad Interior y, por supuesto, voy a seguir defendiendo esta convicción personal”, dijo el futuro funcionario.

Agregó que hay que analizar la estrategia completa, que incluye tener a los derechos humanos en el centro, dar garantías de justicia y no repetición del daño. También dijo que es necesario repensar a las Fuerzas Armadas en México, si realmente este país necesita un Ejército para exterminar, y no más bien que en lugar de una militarización de la seguridad, se dé una policialización de los militares.

“Y lo tercero: hay que debatir esto. Yo no creo que sea un asunto resuelto. Yo creo que esto es un tema que se va a debatir, o se tiene que debatir profundamente, y no en la Cámara de Diputados o en el Senado: tiene que ser en la sociedad. Y en lo personal creo que construir una mayoría calificada (para cambiar la Constitución) no va a ser sencillo.

”Yo creo que hay que ir a debatir esto al Congreso, que se debata abiertamente. Yo para empezar pienso que este no es un tema resuelto y el gobierno entrante escucha, está en la disposición de escuchar y creo que vale la pena alentar este esfuerzo. Y por eso lo digo yo desde mi posición personal, de forma tan abierta. Yo creo que es uno de los grandes temas de inicio de gobierno que va a ser un momento de inflexión de lo que van a ser los próximos seis años”, expresó.

Ante el representante del Comité de la ONU Contra la Desaparición Forzada y de algunos familiares de personas desaparecidas que acudieron al acto, Encinas hizo una serie de compromisos que asumirá el nuevo gobierno, empezando por atender las más de dos mil recomendaciones que la administración saliente ha recibido de distintos órganos internacionales y a las que no siempre ha dado respuesta.

Anunció como primera acción, el próximo lunes, la creación de una comisión especial para investigar el caso Ayotzinapa.

Corresponderá al gobierno entrante la implementación de la Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas, ya que pese a llevar un año de su aprobación, no está operando. Por ello, según Encinas, tendrán que empezar de cero, echando a andar el Sistema Nacional de Búsqueda, ya que se creó la Comisión pero no se le dotó de recursos, así que en el Presupuesto 2019 pasará de cero pesos a “varios cientos de millones”, aunque no adelantó todavía cuántos.

También ofreció la creación de un Sistema Nacional Forense, que permita cruzar en todo el país la información de cadáveres, ya que actualmente cada estado tiene sus datos y eso dificulta la identificación de personas. Para ello, anunció que se retomará el proyecto de una Cédula de Identidad para toda la población, ya que no puede ser que el Instituto Nacional Electoral (INE) tenga el monopolio de la identidad, cuando además deja fuera a todos los menores de edad, y prometió que en tres años ya habrá avances.

Por último, crear un protocolo de acompañamiento a las familias que buscan cuerpos en fosas clandestinas por su cuenta, y revisar el mecanismo de protección a periodistas y defensores de derechos humanos para que sea más eficiente.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Llegada del Apolo 11 a la Luna: los 13 minutos en los que toda la misión estuvo a punto de fracasar

Los 13 minutos previos a que el Apolo 11 se posara sobre la Luna hace 50 años, las comunicaciones fallaron, la computadora disparó una alerta con un código extraño y la nave estuvo a 18 segundos de quedarse sin combustible.
20 de julio, 2019
Comparte

Se dice que Neil Armstrong es una de las pocas personas del siglo XX que todavía será recordada en el siglo XXX.

Pero antes de que el astronauta estadounidense pisara la Luna y diera “un gran paso para la humanidad” el 20 de julio de 1969, la misión Apolo 11 estuvo a punto de fracasar.

“Un mes antes del despegue del Apolo 11 decidimos que teníamos la confianza suficiente para intentar descender en la superficie”, contó Armstrong en mayo de 2012, tres meses antes de morir.

“Creía que teníamos 90% de posibilidades de volver sanos a la Tierra, pero solo 50% de aterrizar en un primer intento. Había muchas cosas desconocidas en ese descenso de la órbita a la superficie lunar que no se habían demostrado todavía”, recordó entonces.

Pero a medida que Armstrong y Edwin “Buzz” Aldrin comenzaron a recorrer los 15 kilómetros para el descenso a la Luna, las posibilidades de no lograrlo empezaron a crecer.

Los audios del centro de control de la misión de la NASA son una prueba de cómo la tensión atravesaba cada palabra y, sobre todo, cada silencio.

Como dijo Armstrong en otra entrevista, los 13 minutos previos a tocar la superficie lunar fueron un “desenfreno de incógnitas.

Sin miedo

Si bien unas 400.000 personas estuvieron involucradas en el Proyecto Apolo de la NASA, solo un reducido equipo de entre 20 y 30 personas estaban en el centro de control en el momento histórico.

Uno de los datos más sorprendentes de ese selecto equipo es que la edad promedio de los controladores de vuelo era 27 años.

“Si bien puede parecer extraño que una responsabilidad tan grande fuese volcada sobre un grupo de empleados nuevos que aún no habían salido de la universidad, su juventud fue mayormente considerada como un activo importante”, explica Kevin Fong, presentador del podcast “13 minutos a la Luna” de la BBC.

“No es que no entendieran los riesgos”, explicó el director de vuelo de Apolo, Gerry Griffin, a Fong. “Simplemente no tenían miedo“.

Esa audacia y compromiso con la misión terminarían siendo cruciales para el éxito del Apolo 11.

Como dijo ese día Gene Kranz, director de vuelo de la misión, a su equipo en el centro de control en Houston, Texas: “Estaremos aquí hasta que hayamos o bien alunizado, o bien abortado la misión, o la nave se haya estrellado“.

Incomunicados

Mientras la adrenalina crecía en la Tierra, a unos 400.000 kilómetros de distancia, el clima era relajado.

El módulo lunar o “Águila” con Armstrong y Aldrin a bordo ya se había desacoplado del módulo de comando o “Columbia”, piloteado por Michael Collins y que se mantuvo girando alrededor de la Luna.

Durante la preparación para el descenso final, Armstrong incluso bromeó con que había un cierto ruido en sus auriculares que parecía “viento soplando entre los árboles”.

Centro de control del Apolo 11.

NASA
Los audios del centro de control son una prueba de cómo la tensión atravesó cada palabra y cada silencio.

Pero en cuanto Aldrin dio la orden de activar P-63, el programa que controlaría los momentos exactos en los cuales los motores se encenderían y por cuánto tiempo, los problemas empezaron.

Kranz contó sobre ese momento: “Las comunicaciones con la nave espacial son absolutamente horribles: nosotros no nos podemos comunicar con ellos, ellos no se pueden comunicar con nosotros”.

El problema estaba en la llamada antena de alta ganancia, el enlace de radio que permitía al centro de control hablar con Armstrong y Aldrin, así como recibir datos de los sistemas del módulo lunar.

Y sin esa telemetría no podían aterrizar en la Luna.

El equipo de telecomunicaciones entonces decidió cambiar la orientación de Águila para así mejorar la señal de la antena con la Tierra.

Mientras tanto, los controladores debían transmitirle toda la información a Collins, quien a su vez se lo comunicaba a Armstrong y Aldrin.

A pesar del caos y la información fragmentada, los astronautas recibieron la orden de encender el motor y comenzar el estrepitoso descenso hacia la superficie lunar.

Steve Bales en el centro de control de la misión Apolo.

NASA
El guía de vuelo Steve Bales era uno de los jóvenes sentados en el centro de control de la misión Apolo 11 durante el momento histórico.

Demasiado rápido

Los problemas de comunicación se resolvieron, pero para el guía de vuelo, Steve Bales, los contratiempos recién empezaban.

“Estoy viendo mi monitor y estoy en grandes problemas, porque el vehículo está viajando hacia la Luna 20 pies por segundo (6 metros por segundo) más rápido de lo que debería”, contó Bales recordando ese momento.

“Oh, por dios”, pensó, “si crece otros 15 pies por segundo (4,5 m/s) tengo que abortar” la misión.

Es que llegar a los 35 pies por segundo (10,5 m/s) era indicador de que algo muy grave estaba pasando, probablemente con la computadora del módulo lunar.

Además, corrían riesgo de pasarse del área de aterrizaje establecida.

Armstrong también se dio cuenta de que estaban yendo demasiado rápido.

Como explica Fong en el podcast, desde que la superficie lunar apareció en su ventana, el comandante había estado cronometrando “la aparición de puntos de referencia, cráteres y montañas”, y comparando “con una lista de verificación que había preparado antes del lanzamiento”.

Foto de la Tierra y la Luna tomada por los astronautas del Apolo 11.

SSPL/Getty Images
Un retrato de la superficie lunar y, de fondo, la Tierra, tomada hace medio siglo.

Bales finalmente dijo: “Lo vamos a lograr creo“.

La frase no suena muy reconfortante, pero no hubo tiempo para pensar más al respecto porque, en cuanto la velocidad se mantuvo dentro del límite de seguridad, otro problema apareció.

Código 1202

Para aterrizar en la Luna, la tripulación dependía casi por completo de la computadora a bordo.

Lo que entonces era el dispositivo más complejo y sofisticado a bordo de la nave espacial, tenía la capacidad de procesamiento y memoria de una calculadora de bolsillo.

De hecho, la pantalla y teclado de la computadora se asemejaban a una calculadora gigante.

No obstante, “si se consideran las interconexiones, confiabilidad, resistencia y documentación, la computadora de guía Apolo es al menos tan impresionante como la PC en tu escritorio“, escribió el profesor en aeronáutica y astronáutica del MIT David A. Mindell en el libro “Apolo digital”.

“El software Apolo -agregó- es también un intrincado ballet producto del trabajo e ideas de muchas personas”.

El módulo lunar Águila.

Getty Images
Tras el dramático descenso, Armstrong y Aldrin pasaron 21 horas y 36 minutes en la superficie lunar.

En los hechos, esa rudimentaria pantalla solo podía mostrar una serie de números para arrojar información y ayudar a identificar problemas.

Cuando faltaban apenas 5 minutos para el alunizaje, un código apareció en la pantalla: “1202”, o como lo leyó entonces Armstrong, “doce-cero-dos”.

Fong, quien entrevistó a decenas de personas para el podcast, dice que todos coincidieron en que fue la primera y única vez en que el astronauta mostró estar urgido.

“En el control de la misión, nadie entendió lo que estaba sucediendo. ¿Estaba la computadora a punto de fallar? ¿Tendrían que abortar el aterrizaje? ¿Estaban en peligro las vidas de Armstrong y Aldrin?”, narra Fong.

Bales consulta al equipo de apoyo sobre la extraña alarma que no sonó una sino cinco veces durante el descenso del Águila.

Tras unos eternos 15 segundos, finalmente la respuesta llegó: el código 1202 quería decir que la computadora estaba sobrecargada de tareas.

Pero, como no era una computadora cualquiera, tampoco se colgó como lo haría una PC cualquiera.

La máquina había sido programada de tal forma que, en caso de estar sobrecargada, pasaba a priorizar las tareas críticas para la misión, como mantener al módulo volando a la velocidad y en la dirección correctas.

“Esta fue una característica de seguridad brillante diseñada por programadores del MIT”, dice Fong, quien explica que parte del equipo en la Tierra pasó a ocuparse de las tareas que la computadora ya no podía procesar.

“Esta capacidad de compartir una tarea compleja entre personas y máquinas”, afirma, “es emblemática de cómo la NASA operó durante el Proyecto Apolo y una razón clave de su éxito“.

Rocas y combustible

Pero antes de aterrizar, todavía faltarían otros dos grandes problemas. El primero fue el lugar.

La computadora estaba guiando automáticamente al Águila a la zona de alunizaje, cuando Armstrong logró verla por la ventana: “Área bastante rocosa”, dijo.

La nave se estaba dirigiendo al Mar de la Tranquilidad, el punto elegido, pero sobre el cráter oeste, un agujero gigante de unos 30 metros de diámetro con rocas del tamaño de autos.

“No era para nada un buen lugar”, recordó Armstrong en 2012. “Tomé el control manual y lo volé como un helicóptero en dirección oeste”.

Su decisión tuvo una consecuencia inesperada: la nave comenzó a quemar combustible mucho más rápido de lo esperado.

“Saber cuánto combustible quedaba en los tanques del Águila estaba lejos de ser sencillo”, cuenta Fong. “La cantidad de combustible consumido cambiaba segundo a segundo a medida que Armstrong aumentaba y disminuía el empuje del motor”.

Entonces desde control de misión, el controlador de vuelo Bob Carlton informó que restaban “120 segundos” de combustible. Luego, “60 segundos”.

“Y aún no estamos ni cerca de la superficie”, recordó Kranz.

Apolo 11 en la Luna

NASA
El módulo lunar aterrizó en el Mar de Tranquilidad el 20 de julio de 1969 a las 20:17:39 UT.

“Durante todo el tiempo, Aldrin está haciendo su trabajo, que es estar calmado, ser claro, leer los números, ayudar a su comandante a saber que están en buena forma”, dijo Paul Fjeld, historiador del Programa Apolo, a Fong.

“Sé, por haber hablado con él después, que lo que está pensando es: ‘¡Vamos, aterriza! ¡Aterriza! ¡Aterriza!'”, agregó.

Entonces, entre medio de los números que va leyendo, Aldrin afirmó: “Estamos levantando un poco de polvo“.

Armstrong se había quedado ya sin visibilidad por el polvo, cuando desde el control se escuchó un nuevo ultimátum por el combustible: “30 segundos”.

Pasaron otros 12 segundos. “Luz de contacto”, dijo Aldrin, refiriéndose a la luz azul en el tablero que indicaba que estaban a un metro de la superficie lunar y debían apagar el motor.

“Fueron 10 eternidades”, contó luego Carlton. “Estuvimos a 18 segundos de abortar. Tuvimos suerte de lograrlo”.

El módulo lunar aterrizó en el Mar de la Tranquilidad el 20 de julio de 1969 a las 20:17:39 UT.

Armstrong entonces dijo: “Houston, aquí base Tranquilidad: el Águila ha aterrizado“.

El resto es historia.


Esta nota está basada en el programa “13 minutos a la Luna”, conducido por Kevin Fong y producido por Andrew Luck-Baker. Puedes escucharlo (en inglés) en la página del Servicio Mundial de la BBC, en la BBC Sounds o en las principales plataformas de podcasts.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=oFbgfkh4cj8

https://www.youtube.com/watch?v=J-7hKPwfNM0

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

¡Muchas gracias!


Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.