Madre de familia inicia lucha legal para que la ONU pueda investigar desapariciones en México
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Cuartoscuro Archivo

Madre de familia inicia lucha legal para que la ONU pueda investigar desapariciones en México

María Herrera Magdaleno, madre de tres jóvenes desaparecidos, busca derribar una barrera para que las víctimas mexicanas puedan acceder a un mecanismo internacional que les ayude en sus casos.
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19 de noviembre, 2018
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México suscribió en 2007 la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas (de la ONU), sin embargo, las autoridades nacionales se han negado desde entonces a aceptar que el Comité que vigila la aplicación de este ordenamiento pueda analizar casos concretos de desaparición ocurridos en el país.

Se trata, pues, de una barrera que impide a las víctimas mexicanas acceder al marco internacional de protección, barrera que una mujer de 68 años, madre de tres jóvenes desaparecidos, se propone derribar. Su nombre es María Herrera Magdaleno, fundadora del Movimiento por la Paz, de la Red de Enlaces Nacionales, y del Colectivo Familiares en Búsqueda.

Tal como establece el artículo 30 de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas, el Comité de expertos encargado de velar por su aplicación tiene entre sus facultades la de examinar “de manera urgente” aquellas denuncias de desaparición que les hagan llegar familiares o personas con legítimo interés, con el objetivo de que este órgano internacional emita “recomendaciones al Estado Parte”, así como “medidas cautelares para localizar y proteger” a la víctima.

Además, una vez que el Comité tome cartas en el asunto, la Convención ordena que “proseguirá sus esfuerzos para colaborar con el Estado Parte, mientras la suerte de la persona desaparecida no haya sido localizada”.

Sin embargo, en México esto no ocurre debido a que, para que el Comité de expertos de la ONU intervenga en casos concretos, antes cada país debe expresamente aceptar la competencia de dicho comité, algo que el gobierno mexicano se ha negado a realizar, aún cuando la ONU así se lo ha pedido.

En contra de esta omisión de las autoridades mexicanas (que se ha prolongado por más de 10 años), el pasado 3 de marzo de 2018, la señora María Herrera –originaria de Michoacán y mamá de tres jóvenes desaparecidos–, decidió emprender una batalla legal para obligar al Estado mexicano a admitir la intervención del Comité de Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada en casos específicos.

Raúl y Salvador, dos de los hijos de la señora María Herrera, desaparecieron en 2008 en Atoyac de Álvarez, Guerrero, en donde se encontraban para la compra de pedacería de oro para elaborar joyería artesanal. Ambos llegaron a Atoyac, junto con cinco compañeros, horas después de que en la zona se desarrollara un operativo de fuerzas de seguridad en contra de grupos del crimen organizado. Raúl tenía 19 años, y Salvador 24, al momento de su desaparición.

Dos años después, en 2010, Luis Armando, también hijo de María Herrera, desapareció junto con otros dos familiares, luego de que les marcaran el alto en un retén militar en Veracruz.

En la demanda de amparo interpuesta por la señora María Herrera, ésta hace un detallado recuento de las averiguaciones previas iniciadas por las autoridades “sin ningún resultado”, y de la lucha por encontrar a sus hijos a través del Movimiento por la Paz, de la Red de Enlaces Nacionales y del mismo colectivo que ella encabeza, Familiares en Búsqueda.

“A partir de esta experiencia –detalla–, hemos constatado que, dada la insuficiencia de las garantías nacionales de los derechos humanos, en la crisis de impunidad que vive nuestro país se vuelven fundamentales las garantías internacionales (…) Hemos verificado que solo mediante el estrecho y continuo monitoreo internacional se generará la presión requerida para que los desaparecidos le importen al gobierno federal, y para que sean buscados.”

Por ello, se subraya en la demanda de amparo, es fundamental que el Comité de Naciones Unidas contra las Desapariciones Forzadas pueda intervenir ante casos concretos ocurridos en México.

Cabe destacar que, desde el año 2016, la Organización de las Naciones Unidas solicitó “enérgicamente al Estado parte (México) a reconocer la competencia del Comité para recibir y examinar” denuncias sobre desaparición forzada.

En respuesta, emitida en febrero de 2018, las autoridades mexicanas notificaron a la ONU que “el Estado mexicano ha tomado nota de la recomendación”, pero se negó a acatarla bajo el argumento de que es una decisión que “involucra la opinión de un gran número de instituciones relevantes”, razón por la cual “continúa bajo consideración”, aun diez años después de que la Convención fue ratificada por México.

La respuesta otorgada a la ONU, destacó la señora María Herrera, deja ver “la ausencia de voluntad del Estado Mexicano, representado por el gobierno federal y específicamente por la Secretaría de Relaciones Exteriores, para reconocer dicha competencia (del Comité). Y con ello, a quienes tenemos familiares desaparecidos se nos quita la posibilidad de acudir a una garantía internacional de nuestros derechos, que compense las deficiencias de las garantías nacionales”.

Tras la interposición de la denuncia, el Juzgado Tercero de Distrito en Materia Administrativa de la Ciudad de México determinó que el razonamiento expuesto por la señora Herrera “es fundado”.

Para poder determinar si las autoridades mexicanas han omitido injustificadamente otorgar reconocimiento al Comité de la ONU en casos específicos de desaparición, un juez federal de amparo ordenó a la Secretaría de Relaciones Exteriores que presentara las pruebas de que, en estos diez años, ha estado realizando consultas interinstitucionales.

No obstante, aclaró la abogada Araceli Olivos, del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro –que da acompañamiento legal a la señora María Herrera y su familia–, la documentación proporcionada por el gobierno federal fue entregada al juez en sobre cerrado, y con la advertencia de que la señora María Herrera no podía acceder a ella, por ser “reservada”, según estipuló la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Este intento por mantener oculta la información, sin embargo, fue considerado por el juez como una transgresión a las normas en materia de transparencia, según las cuales “no podrá invocarse el carácter de información reservada cuando se trate de violaciones graves de derechos humanos” y ordenó que la señora Herrera y sus representantes legales puedan “conocer las causas por las cuales la autoridad responsable se ha abstenido de atender la recomendación de reconocer la competencia del Comité de Naciones Unidas contra las Desapariciones Forzadas”.

Lo que se busca con este amparo, explicó la abogada, es “exponer cómo una política exterior, en este caso la negativa a reconocer al Comité de la ONU, afecta el ejercicio de derechos, y cómo por esta vía se obstruye a las víctimas el acceso a la justicia internacional”.

Tanto la Presidencia de la República como la SRE, en contra de quienes fue interpuesta la demanda de amparo, “siempre han mantenido un discurso de apertura a los tratados internacionales en materia de derechos humanos –detalló la abogada–, y repiten siempre que México es uno de los países que más tratados en la materia ha firmado. Pero eso contrasta con la realidad: que en México actualmente ningún familiar de personas desaparecidas tiene la posibilidad de exponer su caso ante la ONU”.

Según los registros oficiales, en México hay al menos 38 mil víctimas de desaparición.

El juicio iniciado, detalló la representante legal de la señora María Herrera, está en marcha, pero ahora cuentan con la posibilidad de acceder a los argumentos de las autoridades, para rebatirlos, y “lograr que todas las familias de personas desaparecidas en México puedan acceder a la justicia universal”.

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Qué es el 'efecto Matilda' que invisibiliza a las mujeres en la ciencia

Existe un prejuicio sistemático en contra de reconocer sus logros y cuyo trabajo a menudo se atribuye a sus colegas masculinos. El "efecto Matilda" responde a este fenómeno y una campaña busca visibilizarlo y revertirlo.
8 de marzo, 2021
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Fotografía del libro de cuento de @NoMoreMatildas

@NoMoreMatildas
¿De qué se trata el “efecto Matilda”?

“¿Te imaginas qué hubiera pasado si Einstein habría nacido mujer? Probablemente hoy no sabríamos quién es Einstein”.

Con esta pregunta disparadora y una respuesta para la reflexión, comienza la campaña “No more Matildas” (No más Matildas), impulsada por la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) de España.

La iniciativa -que empezó en el país europeo en enero y ya traspasa fronteras traducida a varios idiomas- busca concientizar a la sociedad sobre la poca visibilidad que tienen las mujeres en el ámbito científico.

También pretende recuperar los nombres de las mujeres de la ciencia que fueron silenciados y olvidados, llevándolos a los libros escolares con la idea de despertar ejemplos y la vocación científica de las niñas.

“Ya iba siendo hora que se recuperen tantas figuras perdidas, no solo porque es de justicia histórica, sino porque pueden ser modelos que cambien para siempre la percepción que tienen las niñas acera de la ciencia y lo adecuadas que son para ellas”, le dice a BBC Mundo Carmen Fenoll, presidenta de AMIT.

Pero ¿por qué les dicen Matildas a las mujeres de diferentes ámbitos de la ciencia que fueron silenciadas? ¿Quién empezó a llamarlas así?

“Efecto Matilda”

Este fenómeno de suprimir la contribución de las mujeres en el desarrollo de inventos o en la investigación, y también el reconocimiento frecuente de su trabajo a sus colegas masculinos no es nuevo. Ha pasado durante siglos.

Una de las primeras mujeres en denunciarlo públicamente fue Matilda Joslyn Gage, una sufragista y abolicionista de finales del siglo XIX en Estados Unidos que luchó por los derechos de las mujeres y de las minorías.

Matilda Joslyn Gage

Getty Images
Matilda Joslyn Gage fue una de las primeras que denunció la invisibilidad de las mujeres en la ciencia.

Ella escribió un ensayo publicado en 1883 con el nombre Woman as an inventor (“Mujeres inventoras”) en el que describe este fenómeno pero no le pone un nombre.

“Aunque la educación científica a la mujer le fue negada enormemente, algunos de los inventos más importantes del mundo se deben a ella”, escribió enumerando varios ejemplos.

Sin embargo, “la proporción de inventores femeninos (con patentes) es mucho menor que la de masculinos, lo que se debe al hecho de que la mujer no posee la misma de libertad que el hombre“, analizó Gage en el artículo publicado en la revista The North American Review.

Ella fue víctima de ese mismo efecto que denunciaba. No porque fuera una inventora opacada por un hombre que le robara crédito sino porque fue silenciada por sus colegas y no reconocida debidamente por la historia, opinan investigadores.

Gage era una ferviente luchadora del derecho al voto de las mujeres y, sin embargo, fue apartada por sus propias compañeras feministas Susan B. Anthony o Elizabeth Cady Stanton (con quién escribió History of Woman Suffrage) y escasamente recordada en la historia del movimiento.

“Se pelearon y luego, cuando se escribió la historia, se eliminó a Matilda (…) Ella no recibió crédito”, dice Margaret W. Rossiter, la historiadora científica estadounidense que acuñó la expresión “efecto Matilda”.

Ilustración de una científica con una brújula.

@NoMoreMatildas
Aún existen muchos estereotipos que alejan a las mujeres de la ciencia.

Rossiter, quien es profesora retirada de la Universidad Cornell, de Estados Unidos, dedicó toda su vida a buscar nombres perdidos de mujeres científicas no documentadas en los libros. Y escribió tres. “Mientras más buscaba, más encontraba”, asegura.

En su investigación, observó que este patrón de invisibilidad femenina se repetía una y otra vez en la ciencia.

Desde el hecho de que los hombres toman el crédito del trabajo de las mujeres, que las mujeres no ganan tantos premios como ellos, que no consiguen empleo en campos científicos o que son recluidas.

Claro que hay nombres conocidos como la doble Premio Nobel Marie Curie. “Ella era notable, pero era la excepción”, advierte Rossiter.

Así en 1993 la historiadora decidió que este efecto de invisibilizar a las mujeres debería tener el nombre de Matilda Gage y lo escribió en un artículo académico.

“Fue más como una broma, pero llamó la atención de todo el mundo, lo cual es sorprendente”, cuenta en una conversación telefónica con BBC Mundo.

“Microdesigualdades”

La desigualdad de género no es una novedad. Hasta hace no mucho tiempo, las mujeres en países occidentales no tenían derecho a estudiar en una universidad, por ejemplo.

Y pese a que esto ya no es así, hay muchas inequidades y prejuicios que siguen vigentes en la sociedad.

Marie Curie.

PA Media
La científica Marie Curie es la excepción al “efecto Matilda”.

“En muchas disciplinas científicas no es fácil entrar, tampoco hay modelos para las propias universitarias y las aguerridas interesadas que se animan a hacerlo pueden encontrarse con entornos que son bastante hostiles, muchas veces de un modo subconsciente o no explícito”, describe Fenoll.

“Los estereotipos que hay acerca del papel que juegan las mujeres en la ciencia siguen estando: ‘las mujeres son menos brillantes’, ‘las mujeres se esfuerzan menos’; ‘está bien que las mujeres estén en los equipos de investigación, pero los que son brillantes normalmente son ellos'”, enumera.

A nivel global, las mujeres son menos de un tercio de los investigadores y solo el 3% de Nobel en ciencia han sido otorgados a mujeres, señala la Organización de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres en un estudio de septiembre de 2020.

“Para la región de América Latina y el Caribe, en 2017, del total de investigadores en ingeniería y tecnología, solo el 36% eran mujeres en Uruguay; el 26%, en Colombia; el 24%, en Costa Rica; el 17%, en El Salvador; en Honduras el 21,5%; y en Bolivia y Perú alrededor del 19%”, añade el reporte.

Según la presidenta de la AMIT, en el mundo científico español hay solo entre un 20 y 25% de mujeres.

Y con la pandemia este número se agravó. “El 40% de las científicas tuvo que dedicar bastante tiempo a los cuidados de los hijos y a veces al de sus padres, contra solo el 15% de los hombres”, añade Fenoll, citando fuentes del Ministerio de Ciencia e Innovación de España.

Entre las disciplinas donde hay menos mujeres están las ciencias más duras y las tecnologías, como matemática, física, informática y el desarrollo de la inteligencia artificial.

Fenoll ve una probable explicación de este escaso número es el perjuicio.

Una parte importantísima del problema es la percepción que tiene la sociedad de que las niñas son peores en matemáticas, que no tienen visión espacial, que son incapaces… Y si son capaces, se piensa que no les va a ir bien. Si eso te lo están diciendo en tu casa o en el colegio continuamente terminas creyéndotelo”, opina.

Ilustración de una científica con hombres detrás.

@NoMoreMatildas
Si hay menos mujeres en la ciencia, también hay pocas mujeres en la toma de decisiones.

“Hay menos mujeres tomando las decisiones. Claro que no todo el mundo quiere estar en la cúspide, pero no me creo que de entrada las mujeres prefieran no llegar a ser catedráticas”, afirma.

“Hay muchas microdesigualdades, por sí solas ninguna de ellas es suficiente para explicar lo que pasa pero cuando todas se suman terminan siendo determinantes”.

“No encajaba”

El movimiento #NoMoreMatildas no solo está respaldado por científicas, sino por escritoras, instituciones y medios de comunicación.

La iniciativa incluye la publicación gratuita de cuentos sobre Einstein, Fleming y Schödinger, como si hubiesen sido mujeres, y biografías de científicas reales como la geóloga danesa Inge Lehmann, la bióloga estadounidense Bárbara Mcclintock y la química británica Rosalind Franklin, por nombrar algunas.

Ilustración científica.

@NoMoreMatildas
“Hay muchas microdesigualdades” en la ciencia, dice Carmen Fenoll, presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) de España.

La campaña busca visibilizar e inspira a las niñas a que persigan carreras científicas.

“No se dejen intimidar por las científicas famosísimas. La mayoría de las científicas no somos famosas, somos personas normales que hacemos un trabajo que nos gusta mucho”, dice Fenoll.

La historiadora científica Margaret Rossiter también alienta a las niñas a que sigan sus pasiones científicas.

“Siempre me dijeron que no encajaba. Y pensé. Entonces eso es algo bueno. Yo no quiero encajar. No es mi objetivo en la vida”, afirma.

“¡Sigue adelante, no sabes lo que depara el futuro! Y si los niños aún dicen que las niñas no pueden estudiar matemáticas. Deberías responder: ‘¡Oye, lo hacemos igual de bien!'”.


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