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Cuartoscuro

2 mil 200 migrantes son atendidos en albergue de CDMX; se espera el doble esta semana

Un primer grupo de migrantes se encuentra en el albergue que el gobierno capitalino instaló en el Estadio Jesús Martínez ‘Palillo’, en la alcaldía Iztacalco.
Cuartoscuro
4 de noviembre, 2018
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Alternando largas caminatas con tramos carreteros a bordo de autobuses, o en coches particulares que ofrecieron ‘aventones’, un primer contingente de aproximadamente 2 mil 200 personas de la Caravana Migrante arribó desde este domingo procedente de Veracruz a Ciudad de México, donde se instalaron en el estadio Jesús Martínez ‘Palillo’.

En este recinto, ubicado junto a la Ciudad Deportiva, en la alcaldía de Iztacalco, el gobierno capitalino instaló un albergue para atender a todos los migrantes que lleguen.

La CDHDF estima que para el jueves la cifra de migrantes atendidos sea de al menos 5 mil 500.

Este lunes se sumaron a la atención de los migrantes que han llegado a la capital del país la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred) y la Cruz Roja.

Hasta la noche de este domingo, en el deportivo se instaló una carpa y se preparan dos más. Personal del DIF capitalino que participa en las labores de apoyo a la población migrante, dijo a Animal Político que la prioridad para las carpas son las familias completas, madres y padres que viajen con menores, así como personas enfermas; el resto se quedará en las gradas del estadio.

Previo a la entrada al recinto deportivo, los migrantes formaron largas filas para recibir cobijas, ropa de abrigo, y calzado. Sin embargo, Carlos Roberto Martínez, integrante de la Comisión de Derechos Humanos de Ciudad de México (CDHDF), dijo en entrevista que se requiere el apoyo de la ciudadanía capitalina para poder seguir atendiendo a los miles de migrantes que se espera que lleguen en las próximas horas.

“Debido a las bajas temperaturas que estamos teniendo en la ciudad, lo más urgente que se necesita son cobijas en buen estado y ropa de abrigo para adulto, pero, sobre todo, para niños, porque casi no tenemos ropa para los menores”, expuso el integrante de la CDHDF, que señaló que la ciudadanía que quiera donar puede hacerlo yendo directamente al albergue ubicado en el estadio, muy cerca del metro Ciudad Deportiva, o trasladándose al zócalo capitalino, donde se instalará un centro de acopio de comida y enseres.

Otra de las cosas que más demandan los migrantes es calzado, debido que, ante las largas caminatas tras dos semanas de Caravana, muchos llegaron a Ciudad de México con los zapatos destrozados, o incluso descalzos.

“También serán bienvenidos productos de higiene personal, como toallas sanitarias, papel de baño, jabón, shampoo, o pasta de dientes”, añadió Carlos Roberto Martínez.

El doctor Emilio Mora, jefe de los servicios de Salud de la delegación Iztacalco, informó por su parte que, hasta las 5 de la tarde de este domingo, en los tres módulos que se instalaron con doctores en el albergue, atendieron a 30 personas con infección en las vías respiratorias, cinco de ellos menores de edad.

Por lo que, dijo, la prioridad es recibir antibióticos, analgésicos para el dolor, ibuprofeno, y antiparasitarios. “Hemos tenido bastantes casos de personas que llegan con diarrea y gastrointeritis”, apuntó el médico, quien agregó que también se recibirán vendas, gasas sanitarias, y guantes de látex.

Además, el personal médico y de enfermería que quiera prestar voluntariamente sus servicios puede hacerlo presentándose en el albergue.

Alma Orozco, subdirectora de Grupos Sociales de la alcaldía Iztacalco, apuntó que este domingo se repartieron más de 300 comidas, aunque para los próximos días la cifra se multiplicará al mismo ritmo que vayan llegando más migrantes.

“La gente que quiera puede colaborar trayendo latas de atún, comida preparada, café, pan, y, sobre todo, agua embotellada”, indicó Orozco.

Además de cobijas, alimentación, y atención sanitaria, el gobierno capitalino instaló módulos de servicios psicológicos y atención jurídica, y un fuerte operativo policiaco y de tránsito en la entrada y en los alrededores del estadio-albergue Jesús Martínez ‘Palillo’.

“Yendo en caravana nos sentimos más seguros”

Alejandro tiene 20 años y es de Guatemala. Acaba de salir del túnel de vestuarios del estadio, cargado con una cobija y una playera colocada sobre el hombro que le proporcionó personal del gobierno capitalino.

Con un ritmo de plática melodioso y pausado, el joven explica que ante la negativa del gobierno de Veracruz de proporcionar a la caravana 150 autobuses para que se trasladaran todos juntos –el gobernador Yunes primero les ofreció el transporte, y luego se los quitó alegando el corte de agua que afecta a la capital desde el miércoles pasado-, decidió emprender el camino junto a otros tres compañeros.

“Hemos llegado hasta aquí gracias a que mucha gente nos ha dado ‘aventón’ de pueblo en pueblo, y también caminando muchos kilómetros”, dice el joven centroamericano, que se queja del frío que soportó durante el trayecto, especialmente en la zona de Puebla.

“La verdad, estoy muy agradecido con el pueblo de México –añade-. Desde que entramos al país, la gente de acá nos ha apoyado mucho con comida, agua, y hasta con doctores. Es un gran apoyo, y ahora les queremos responder de la misma manera, portándonos bien y haciendo bien las cosas”.

Cuestionado por el motivo por el que se unió a la Caravana Migrante, Alejandro cuenta que en Guatemala se licenció en contabilidad, pero que, tras años de intentarlo, no ha encontrado empleo más que trabajos esporádicos y mal remunerados en la albañilería.

“Por mucho que uno sea estudiado, en Guatemala no hay trabajo. Y si lo encuentras, no se gana mucho. Además, allá hay también mucha delincuencia y no lo dejan a uno prosperar, te extorsionan a cada rato. Por eso aproveché esta caravana y me uní a ella, porque yendo todos juntos nos sentimos más seguros que por separado. Ahora mi meta es llegar a Estados Unidos”.

-Pero el presidente Donald Trump ya ha dicho que la Caravana no va a ser bien recibida –le plantea el reportero-. Incluso, amenaza con enviar tropas a la frontera.

Pero Alejandro encoge los hombros y con una sonrisa aniñada se aferra a la cobija que trae doblada bajo el brazo.

-Sé que va a estar difícil entrar a Estados Unidos. Pero dicen que Trump ya está cediendo y que sí nos va a dar permiso de entrar a su país a pedir refugio –responde el guatemalteco, que no sabe precisar, sin embargo, quién le dijo que Trump les abriría la frontera.

El hondureño Samuel Briseño, de 28 años de edad, dice que también salió de su país por la pobreza, pero, sobre todo, por las pandillas que lo extorsionaban a diario con cuotas.

Y como él, la mayoría de hondureños entrevistados en el albergue, alegan precisamente la violencia de las maras, como Barrio 18 o la MS 13, como el principal motivo por el que salieron huyendo de Honduras en busca de asilo en Estados Unidos.

“En Honduras el problema de las maras ya nos rebasó. Es demasiada la violencia y ni el gobierno de mi país, ni nadie, hace nada para ayudarnos. Y es por eso que estamos aquí. No es por gusto, créame. Nadie sale huyendo de su casa, cargado con niños, y con toda la familia”, expone Gladys, también hondureña, que viaja hacia la frontera norte acompañada de su hija de siete años.

“No somos polleros”

Por su parte, el activista Alejandro Solalinde descartó ayer la posibilidad de que los migrantes centroamericanos que han llegado, y los que seguirán llegando a Ciudad de México, sean trasladados en autobuses a Tijuana, Baja California, porque “no somos polleros”.

Ninguna autoridad, subrayó, lo va a hacer: “Nosotros estamos actuando como una ayuda humanitaria del sur al centro de la capital del país, aquí les podemos dar ayuda humanitaria, pero no somos polleros, no podemos llevar a nadie allá, si quieren ir es por su cuenta y riesgo”.

Otros integrantes de la caravana se reagruparon en la ciudad de Puebla, a unos 120 kilómetros de la capital.

El contingente más grande de migrantes provenientes de El Salvador, Honduras y Guatemala, salió la madrugada de este domingo de Ciudad Isla y se dirige a Córdoba, Veracruz.

Comentó que en el transcurso de esta noche y mañana lunes estarán llegando los migrantes centroamericanos y señaló que se harán dos grupos de interés, uno, la mayoría, los que quieran ir al vecino país del norte y los que necesiten ir a Estados Unidos por reunificación familiar o alguna otra razón, a quienes se les informará que situación prevalece en esa nación.

Las personas que decidan quedarse en la capital, porque tienen familiares en alguna ciudad, se quedarán y los que no tienen ningún conocido en la nación mexicana pero se quieren quedar, también lo podrán hacer, porque “ya hay ofertas concretas de empleo”, sobre todo a mujeres con niños, subrayó.

Ellas, enfatizó, van a poderse quedar no como esclavas sino como socias, pues, indicó, con los donativos del Congreso capitalino para el éxodo, que serán administrados por Hermanos en el Camino, se generarán proyectos productivos y “ya tenemos hasta cosas concretas en las que ellas pueden ser patronas”.

 

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El éxito de las 'barras sobrias', los bares para millennials donde no se sirve alcohol

Aunque la idea de un pub o un bar va estrechamente ligada a beber alcohol, cada vez son más los establecimientos que, en ciudades como Londres o Nueva York, apuestan por no servirlo. ¿Quiénes son sus clientes? Y ¿cuál es la clave de su éxito?
Getty Images
3 de junio, 2019
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Cuando entras a Getaway, un elegante bar en una avenida principal en Brooklyn, Nueva York, puede que te sientas como en uno de los tantos sitios bonitos de cócteles que aparecen en innumerables cuentas de Instagram.

Pero este bar cuenta con una diferencia crucial: es totalmente libre de alcohol.

Una barra sin alcohol suena como un oxímoron, como un acuario sin pescado o una panadería que no sirve pan.

Pero en ciudades como Nueva York y Londres, una opción de vida nocturna sin alcohol puede atraer a las personas que, por cualquier motivo, prefieren no beber.

Sam Thonis, quien es dueño del bar junto a Regina Dellea, tuvo la idea de Getaway hace tres años, cuando él y su hermano, que no bebe, intentaban encontrar un lugar para salir juntos por la noche.

“No había muchas opciones de vida nocturna en Nueva York que no giraran en torno al alcohol o que no trataran de presionarte de alguna manera”, dice Thonis.

Así que Thonis y Dellea hicieron de su bar un espacio libre de alcohol, lo que significa que ni siquiera venden cervezas sin alcohol porque tienen una cantidad mínima de esa sustancia.

Una mujer toma agua en un bar.

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Existe una creciente ola mundial de locales nocturnos que atienden a personas que evitan el alcohol.

En EE.UU. el término “sin alcohol” se puede aplicar a las bebidas hasta con un 0,5% de alcohol o menos, lo que significa que muchas cervezas populares sin alcohol no lo son en realidad.

“Si eres abstemio y el alcohol es un problema para ti, o si ni siquiera quieres el olor a alcohol a tu alrededor, este es tu lugar”, dice Thonis.

Getaway, que se inauguró en abril, es parte de una creciente ola mundial de locales nocturnos que atienden a personas que evitan el alcohol, pero que aún quieren salir y socializar en espacios que tradicionalmente han estado dominados por la bebida.

Existen otros sitios como Vena’s Fizz House en Portland, Maine y The Other Side en Crystal Lake, un suburbio de Illinois.

En Londres, el bar Redemption ahora tiene tres ubicaciones y en enero, The Virgin Mary, un pub sin alcohol, abrió en Dublín.

Zonas de templanza

Las barras sin alcohol no son un concepto nuevo.

A finales del siglo XIX, una serie de bares sin alcohol conocidos como barras de templanza se establecieron en Reino Unido a raíz del movimiento por la templanza o temperancia, que abogaba por no consumir alcohol.

Mesa con vasos y bebidas.

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La consultora AMR valoró el mercado de bebidas no alcohólicas en US$1.548 millones en 2015 y estimó que crecerá hasta alcanzar US$2.090 millones para 2022.

El Bar Temperance de Fitzpatrick, fundado en 1890 en Rawtenstall, en el norte de Manchester, todavía hoy vende cerveza de raíz (una cerveza fermentada elaborada con una combinación de vainilla y varias raíces, entre otros ingredientes) y vasos de diente de león y bardana (dandelion and burdock, en inglés), un refresco británico elaborado con raíces fermentadas de esas plantas.

Pero lo que es diferente de esta ola actual de bares sin alcohol es que no son promotores de la idea de la abstinencia total del consumo.

En Getaway, por ejemplo, los clientes no son solo no bebedores, sino cualquier persona que busque un ambiente divertido sin la amenaza de una resaca al día siguiente.

“Nada en nuestro espacio dice que debes estar sobrio, o no debes ir a otro bar y tomarte un shot de tequila”, opina Thonis.

Getaway se acerca así a un movimiento que hace que los millennials urbanos reconsideren el lugar que ocupa el alcohol en sus vidas.

Lorelei Bandrovschi, de 32 años, se identifica con esa categoría.

El año pasado, comenzó a organizar eventos sin alcohol con el nombre de Listen Bar para personas que querían divertirse sin que el alcohol estuviese presente.

Solía trabajar como consultora para marcas como YouTube y el Museo de Arte Moderno de Nueva York, pero ahora Listen Bar es su ocupación a tiempo completo.

“Los bares son un espacio de relajación y se nos hizo creer que el alcohol tiene que ser parte de eso”, dice Bandrovschi.

“Es realmente liberador crear espacios donde una fiesta alborotada no significa resaca y recuerdos borrosos”.

Jóvenes con alcohol en el metro.

Getty Images
En 2016, solo el 56,9% de los mayores de 16 años en Reino Unido había tomado una copa de alcohol la semana anterior a ser consultados. Se trata del porcentaje más bajo registrado desde que el gobierno comenzó a hacer esa pregunta en 2005.

Bandrovschi, sin embargo, no es abstemia, pero después de dejar de tomar por un mes notó la falta de opciones para las personas que querían salir con sus amigos y no tomar alcohol.

“Creo que la cultura de la barra, desde el menú hasta el personal y los clientes, tiende a hacer que quienes no tomen se sientan fuera de lugar”, opina.

“Mi filosofía personal es que beber sea una opción. Debe tener espacio tanto el que quiere beber como el que no en lugares divertidos y que a los que deseen ir”.

¿Sobriedad?

Es posible que esta idea de “bebida opcional” aún no sea común, pero hay indicios de que los jóvenes ya no beben tanto como antes.

En 2016, entre los adultos mayores de 16 años encuestados por la Oficina Británica de Estadísticas Nacionales, solo el 56.9% había tomado una copa en la semana anterior del estudio. Se trata del porcentaje más bajo registrado desde que se comenzó a formular la pregunta en 2005.

En febrero, el Registro Internacional de Vinos y Licores afirmó que el 52% de los adultos estadounidenses que encuestaron intentaban o habían intentado reducir su consumo de alcohol.

Mientras que una serie de artículos sobre tendencias recientes indican que los millennials están reconsiderando cuándo y cómo beben.

Una mujer recostada sobre un banco con botellas de cerveza en el suelo.

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Los millennials urbanos están reconsiderando el lugar que ocupa el alcohol en sus vidas.

Las ventas de cerveza están en declive en EE.UU. y, aunque eso puede significar que los consumidores están recurriendo a otro tipo de bebidas, la industria del alcohol respondió introduciendo más opciones de bajo contenido y sin alcohol.

Las bebidas sin alcohol pueden convertirse en un gran negocio, incluso en espacios que no son libres de alcohol.

Cada vez más, los restaurantes de alta gama incluyen un maridaje sin alcohol para sus menús de degustación, así como uno tradicional o un cóctel.

“Tantos invitados pedían opciones sin alcohol y no querían simplemente beber agua”, dice Chelsea Carrier, directora de bebidas de los restaurantes Covina y The Roof Top en Nueva York.

Ella estima que en la actualidad las bebidas sin alcohol representan aproximadamente el 20% de los pedidos en el restaurante y que los cócteles sin alcohol hacen que los clientes que no beben se sientan incluidos.

“Puedes estar sentada junto a alguien que esté bebiendo una botella de vino de un par de miles de dólares y estar tomando un cóctel sin alcohol y sentir que es tu lugar”, dice.

Beber en la barra seca

Dos mujeres brindan con jugos.

Getty Images
Las bebidas sin alcohol pueden convertirse en un gran negocio, dicen los especialistas.

En Existing Conditions, un bar en Greenwich Village de Nueva York, conocido por sus creativos cócteles, como incluir jarabe de arce con waffles, los tragos sin alcohol son importantes en el menú y, según su director de bebidas, Bobby Murphy, están entre los más caros que producen, tanto en términos de ingredientes como de mano de obra.

Una bebida, el Stingless, lleva miel de melipona, hecha por pequeñas abejas en México que puede costar US$100 el kilo.

“Servir una soda ya no es suficiente”, dice Murphy. “Cuando hacemos bebidas no alcohólicas, queremos que sean algo que no se puede conseguir en ningún otro lugar”. Estima que entre el 20% y 30% del total de las bebidas que venden no son alcohólicas.

Pese a esto, aún está por verse si esta oleada de bares sobrios prosperará.

En cuanto a Getaway, el negocio ha estado estable en el último mes. “Todos los días me preocupa que nadie vaya a entrar, y 20 minutos después está lleno”, dice Dellea.

Sus clientes incluyen vecinos curiosos, mujeres embarazadas y estudiosos sobrios. “Hay un millón de opciones. Si a la gente no le gustamos está bien. Estamos para aquellos que quieren estar aquí”, dice Thonis.

Si quieres leer este artículo en inglés puedes hacerlo aquí.


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