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Cuartoscuro Archivo

Depuración fallida: estados tienen entre 30 y 50 % de sus policías reprobados

A diez años de que se acordó depurar a las fuerzas de seguridad, la situación es dramática en algunos estados, donde el porcentaje de policías reprobados en control de confianza va de 20 hasta 50%.
Cuartoscuro Archivo
28 de noviembre, 2018
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La depuración de las corporaciones policiales en México, prometida desde hace diez años como una medida para mejorar la seguridad y permitir el regreso de las fuerzas armadas a los cuarteles, no ha podido completarse hasta la fecha.

Actualmente, 1 de cada 10 policías (estatales y municipales) sigue en activo pese a haber reprobado las pruebas de control de confianza, y la cuarta parte de todos los agentes necesitan ser evaluados nuevamente pues sus certificados ya caducaron.

Los datos de seguimiento al Proceso de Evaluación de Control de Confianza del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) reflejan un estancamiento en este procedimiento. Desde hace un año se reportaba que casi 30 mil de los más de 300 mil policías en activo debería ser dado de baja por reprobar el proceso de evaluación, y hoy el porcentaje es casi el mismo.

Pero además se ha incrementado a casi 25 % el porcentaje de los agentes cuya aprobación ya perdió su vigencia.

De acuerdo con las cifras oficiales, en México hay un estado de fuerza de 334 mil 688 policías preventivos locales, entre estatales y municipales. De ellos solo 255 mil 632 se encuentran en una situación regular al haber presentado y aprobado los exámenes de control de confianza, que incluyen pruebas con polígrafo (detector de mentiras), toxicológicas, de conocimientos, entre otras.

En cambio, hay más de 79 mil agentes en activo que se encuentran en una situación irregular por causas distintas.

La situación anómala más común es en la que se encuentran poco más de 30 mil policías cuya aprobación ya no se encuentra vigente. Se trata de elementos que en un determinado momento superaron las pruebas y obtuvieron una certificación que por ley tiene vigencia de dos años. Sin embargo, dicha certificación ya caducó y tienen que ser evaluados nuevamente, algo que hasta el momento no ha ocurrido por lo que no hay certeza de que sean elementos confiables.

Por otro lado se encuentra la situación más grave: la de 28 mil 968 elementos (más del 9 por ciento de todos los policías) quienes ya fueron evaluados pero que reprobaron el proceso. Estas personas no pueden ser, por ley, policías de ninguna secretaría de Seguridad Pública. No obstante se mantienen en activo. Es decir, no deberían ser policías pero siguen trabajando como tales.

Las autoridades han explicado a Animal Político que la razón por la cual dichos elementos no son dados de baja varía en cada estado, aunque entre los factores comunes se encuentra desde la interposición de amparos para no ser corridos, hasta la falta de presupuesto de los gobiernos responsables para finiquitarlos y reclutar nuevos elementos.

Otro caso distinto es el de 7 mil 449 policías ya evaluados pero en donde no se conoce el resultado, y a ellos se suman 4 mil 707 más que hasta la fecha de corte del referido reporte (octubre 2018) ni siquiera habían sido evaluados todavía.

Cabe señalar que estos datos incluyen tanto a policías municipales así como a los estatales asignados a labores preventivas, los de investigación ministerial y los asignados a la seguridad de los reclusorios.

Las policías más atrasadas

A nivel nacional, existe un promedio de un policía por cada diez en activo que no debería seguir en funciones al no superar el control de confianza. Pero hay estados donde la falta de depuración es mucho más grave.

El caso más preocupante es el de Sinaloa, donde el 50 % de sus agentes estatales y municipales sigue en activo pese a no haber superado las evaluaciones.

Esto es lo mismo que decir que en dicho estado 1 de cada 2 policías no es confiable. A esto hay que sumarle que, en general, el porcentaje de todos los policías locales en Sinaloa con una certificación vigente es de apenas 43 %.

Le siguen en gravedad dos estados donde el porcentaje de policías reprobados en activo es superior al 30 %: Baja California Sur con 35 % y Nayarit con 31 %. Esto equivale a un promedio de 1 de cada 3 policías que no debería serlo. En estos estados menos del 60 % de los policías locales cuenta con una evaluación vigente.

Después se ubica Zacatecas con el 24 % de su fuerza policial total reprobada, y Guerrero con 23 %, lo equivale a un promedio de 1 de cada 4 policías que no es confiable en esas entidades. En el caso de Guerrero, con la suma de pruebas no aplicadas o caducas se obtiene un porcentaje de apenas 48 % de policías confiables en activo. Es menos de la mitad del estado de fuerza total.

Los casos de Sinaloa y Guerrero son especialmente graves ya que se trata de dos entidades federativas que se encuentran en los primeros sitios en cuanto a deterioro de la seguridad, a causa de sus elevadas tasas de homicidio doloso.

Y a los casos anteriores se suman diez entidades que reportan un porcentaje de 10 a 20 % de policías no confiables en activo. Se trata de Hidalgo, Sonora, Tlaxcala, San Luis Potosí, Veracruz, Jalisco, Oaxaca, Tabasco, Yucatán y Michoacán.

Por el contrario, hay algunos estados que reportan avances superiores al 90 por ciento en su proceso de depuración, sin que llegue a existir alguno que lo haya consumado al cien por ciento.

Campeche es la entidad que reporta los mejores indicadores al señalar que no tiene ni un solo policía reprobado en activo y que el 98 % de sus policías locales cuentan con una certificación vigente. Querétaro reporta una situación similar: solo 1 por ciento de policías reprobados en activo y un 93 por ciento de elementos con aprobación vigente.

En el caso de Ciudad de Ciudad de México se reporta solo un 2 % de agentes reprobados en activo. Los datos muestran además que el 91 % de todos los elementos capitalinos cuentan con pruebas de control de confianza aprobadas y vigentes.

A nivel federal, tampoco se ha cumplido

En México hay cuatro corporaciones federales en donde también existe la obligación de depurar a la fuerza operativa con controles de confianza: la PGR, Policía Federal, el Instituto Nacional de Migración (INM) , y los agentes asignados a penales federales (OADPRS). Y en este nivel la meta tampoco se ha alcanzado.

La estadística del SESNSP muestra que, en conjunto, estas instituciones agrupan a 65 mil 467 elementos pero de ellos, solo el 74 % (48 mil 373) cuenta con una aprobación vigente.

El rezago más grave se encuentra en la seguridad de los penales federales, en donde si bien en su momento se reportó que el 90 % de los elementos fueron evaluados positivamente, hoy menos de la mitad (44 %) tiene un certificado vigente.

En el caso del INM se reporta que solo el 59 % de los 4 mil 465 agentes cuenta con una aprobación vigente.

Y en el caso de la Policía Federal los datos muestran que si bien fueron evaluados los más de 41 mil elementos de esta corporación, actualmente solo el 77 % de los elementos tiene una aprobación vigente. Esto significa que necesitan ser revaluados al menos 1 de cada 5 policías federales para que puedan ser considerados, legalmente, como elementos confiables.

Larga promesa incumplida

Desde 2008, en el sexenio del presidente Felipe Calderón, se acordó con los gobernadores de los estados la necesidad de llevar a cabo procesos de depuración de las fuerzas policiales como un paso para recuperar la seguridad pública. Así quedó plasmado en el llamado Acuerdo Nacional por la Seguridad, Justicia y Legalidad publicado en el Diario Oficial en agosto de aquel año.

Un año después, en el 2009, se plasmó en la Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública la obligación de que los elementos de las instituciones de policía estén plenamente certificados en sus capacidades con evaluaciones como las de control de confianza. Sin ello no se puede desempeñar el trabajo de policía en México.

Pero a diez años de distancia este proceso nunca ha concluido. Organizaciones como Causa en Común que dirige María Elena Morera han advertido en distintas ocasiones sobre la lentitud de estos procedimientos y la necesidad de que se apliquen para contar con corporaciones policiales confiables.

Recientemente, al anunciar su plan de seguridad, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador sostuvo que México padece la falta de instituciones de seguridad pública confiables, motivo por el cual se optaría por crear una nueva institución (la Guardia Nacional), de corte y formación militar a para apoyar en las labores de seguridad.

Expertos y activistas como la propia Morera han advertido que aun cuando el diagnóstico es correcto, la solución no es apropiada pues se debe continuar con el fortalecimiento y depuración de las corporaciones de policía estatales, tarea para la cual se han invertido hasta ahora miles de millones de pesos.

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Llegada del Apolo 11 a la Luna: los 13 minutos en los que toda la misión estuvo a punto de fracasar

Los 13 minutos previos a que el Apolo 11 se posara sobre la Luna hace 50 años, las comunicaciones fallaron, la computadora disparó una alerta con un código extraño y la nave estuvo a 18 segundos de quedarse sin combustible.
20 de julio, 2019
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Se dice que Neil Armstrong es una de las pocas personas del siglo XX que todavía será recordada en el siglo XXX.

Pero antes de que el astronauta estadounidense pisara la Luna y diera “un gran paso para la humanidad” el 20 de julio de 1969, la misión Apolo 11 estuvo a punto de fracasar.

“Un mes antes del despegue del Apolo 11 decidimos que teníamos la confianza suficiente para intentar descender en la superficie”, contó Armstrong en mayo de 2012, tres meses antes de morir.

“Creía que teníamos 90% de posibilidades de volver sanos a la Tierra, pero solo 50% de aterrizar en un primer intento. Había muchas cosas desconocidas en ese descenso de la órbita a la superficie lunar que no se habían demostrado todavía”, recordó entonces.

Pero a medida que Armstrong y Edwin “Buzz” Aldrin comenzaron a recorrer los 15 kilómetros para el descenso a la Luna, las posibilidades de no lograrlo empezaron a crecer.

Los audios del centro de control de la misión de la NASA son una prueba de cómo la tensión atravesaba cada palabra y, sobre todo, cada silencio.

Como dijo Armstrong en otra entrevista, los 13 minutos previos a tocar la superficie lunar fueron un “desenfreno de incógnitas.

Sin miedo

Si bien unas 400.000 personas estuvieron involucradas en el Proyecto Apolo de la NASA, solo un reducido equipo de entre 20 y 30 personas estaban en el centro de control en el momento histórico.

Uno de los datos más sorprendentes de ese selecto equipo es que la edad promedio de los controladores de vuelo era 27 años.

“Si bien puede parecer extraño que una responsabilidad tan grande fuese volcada sobre un grupo de empleados nuevos que aún no habían salido de la universidad, su juventud fue mayormente considerada como un activo importante”, explica Kevin Fong, presentador del podcast “13 minutos a la Luna” de la BBC.

“No es que no entendieran los riesgos”, explicó el director de vuelo de Apolo, Gerry Griffin, a Fong. “Simplemente no tenían miedo“.

Esa audacia y compromiso con la misión terminarían siendo cruciales para el éxito del Apolo 11.

Como dijo ese día Gene Kranz, director de vuelo de la misión, a su equipo en el centro de control en Houston, Texas: “Estaremos aquí hasta que hayamos o bien alunizado, o bien abortado la misión, o la nave se haya estrellado“.

Incomunicados

Mientras la adrenalina crecía en la Tierra, a unos 400.000 kilómetros de distancia, el clima era relajado.

El módulo lunar o “Águila” con Armstrong y Aldrin a bordo ya se había desacoplado del módulo de comando o “Columbia”, piloteado por Michael Collins y que se mantuvo girando alrededor de la Luna.

Durante la preparación para el descenso final, Armstrong incluso bromeó con que había un cierto ruido en sus auriculares que parecía “viento soplando entre los árboles”.

Centro de control del Apolo 11.

NASA
Los audios del centro de control son una prueba de cómo la tensión atravesó cada palabra y cada silencio.

Pero en cuanto Aldrin dio la orden de activar P-63, el programa que controlaría los momentos exactos en los cuales los motores se encenderían y por cuánto tiempo, los problemas empezaron.

Kranz contó sobre ese momento: “Las comunicaciones con la nave espacial son absolutamente horribles: nosotros no nos podemos comunicar con ellos, ellos no se pueden comunicar con nosotros”.

El problema estaba en la llamada antena de alta ganancia, el enlace de radio que permitía al centro de control hablar con Armstrong y Aldrin, así como recibir datos de los sistemas del módulo lunar.

Y sin esa telemetría no podían aterrizar en la Luna.

El equipo de telecomunicaciones entonces decidió cambiar la orientación de Águila para así mejorar la señal de la antena con la Tierra.

Mientras tanto, los controladores debían transmitirle toda la información a Collins, quien a su vez se lo comunicaba a Armstrong y Aldrin.

A pesar del caos y la información fragmentada, los astronautas recibieron la orden de encender el motor y comenzar el estrepitoso descenso hacia la superficie lunar.

Steve Bales en el centro de control de la misión Apolo.

NASA
El guía de vuelo Steve Bales era uno de los jóvenes sentados en el centro de control de la misión Apolo 11 durante el momento histórico.

Demasiado rápido

Los problemas de comunicación se resolvieron, pero para el guía de vuelo, Steve Bales, los contratiempos recién empezaban.

“Estoy viendo mi monitor y estoy en grandes problemas, porque el vehículo está viajando hacia la Luna 20 pies por segundo (6 metros por segundo) más rápido de lo que debería”, contó Bales recordando ese momento.

“Oh, por dios”, pensó, “si crece otros 15 pies por segundo (4,5 m/s) tengo que abortar” la misión.

Es que llegar a los 35 pies por segundo (10,5 m/s) era indicador de que algo muy grave estaba pasando, probablemente con la computadora del módulo lunar.

Además, corrían riesgo de pasarse del área de aterrizaje establecida.

Armstrong también se dio cuenta de que estaban yendo demasiado rápido.

Como explica Fong en el podcast, desde que la superficie lunar apareció en su ventana, el comandante había estado cronometrando “la aparición de puntos de referencia, cráteres y montañas”, y comparando “con una lista de verificación que había preparado antes del lanzamiento”.

Foto de la Tierra y la Luna tomada por los astronautas del Apolo 11.

SSPL/Getty Images
Un retrato de la superficie lunar y, de fondo, la Tierra, tomada hace medio siglo.

Bales finalmente dijo: “Lo vamos a lograr creo“.

La frase no suena muy reconfortante, pero no hubo tiempo para pensar más al respecto porque, en cuanto la velocidad se mantuvo dentro del límite de seguridad, otro problema apareció.

Código 1202

Para aterrizar en la Luna, la tripulación dependía casi por completo de la computadora a bordo.

Lo que entonces era el dispositivo más complejo y sofisticado a bordo de la nave espacial, tenía la capacidad de procesamiento y memoria de una calculadora de bolsillo.

De hecho, la pantalla y teclado de la computadora se asemejaban a una calculadora gigante.

No obstante, “si se consideran las interconexiones, confiabilidad, resistencia y documentación, la computadora de guía Apolo es al menos tan impresionante como la PC en tu escritorio“, escribió el profesor en aeronáutica y astronáutica del MIT David A. Mindell en el libro “Apolo digital”.

“El software Apolo -agregó- es también un intrincado ballet producto del trabajo e ideas de muchas personas”.

El módulo lunar Águila.

Getty Images
Tras el dramático descenso, Armstrong y Aldrin pasaron 21 horas y 36 minutes en la superficie lunar.

En los hechos, esa rudimentaria pantalla solo podía mostrar una serie de números para arrojar información y ayudar a identificar problemas.

Cuando faltaban apenas 5 minutos para el alunizaje, un código apareció en la pantalla: “1202”, o como lo leyó entonces Armstrong, “doce-cero-dos”.

Fong, quien entrevistó a decenas de personas para el podcast, dice que todos coincidieron en que fue la primera y única vez en que el astronauta mostró estar urgido.

“En el control de la misión, nadie entendió lo que estaba sucediendo. ¿Estaba la computadora a punto de fallar? ¿Tendrían que abortar el aterrizaje? ¿Estaban en peligro las vidas de Armstrong y Aldrin?”, narra Fong.

Bales consulta al equipo de apoyo sobre la extraña alarma que no sonó una sino cinco veces durante el descenso del Águila.

Tras unos eternos 15 segundos, finalmente la respuesta llegó: el código 1202 quería decir que la computadora estaba sobrecargada de tareas.

Pero, como no era una computadora cualquiera, tampoco se colgó como lo haría una PC cualquiera.

La máquina había sido programada de tal forma que, en caso de estar sobrecargada, pasaba a priorizar las tareas críticas para la misión, como mantener al módulo volando a la velocidad y en la dirección correctas.

“Esta fue una característica de seguridad brillante diseñada por programadores del MIT”, dice Fong, quien explica que parte del equipo en la Tierra pasó a ocuparse de las tareas que la computadora ya no podía procesar.

“Esta capacidad de compartir una tarea compleja entre personas y máquinas”, afirma, “es emblemática de cómo la NASA operó durante el Proyecto Apolo y una razón clave de su éxito“.

Rocas y combustible

Pero antes de aterrizar, todavía faltarían otros dos grandes problemas. El primero fue el lugar.

La computadora estaba guiando automáticamente al Águila a la zona de alunizaje, cuando Armstrong logró verla por la ventana: “Área bastante rocosa”, dijo.

La nave se estaba dirigiendo al Mar de la Tranquilidad, el punto elegido, pero sobre el cráter oeste, un agujero gigante de unos 30 metros de diámetro con rocas del tamaño de autos.

“No era para nada un buen lugar”, recordó Armstrong en 2012. “Tomé el control manual y lo volé como un helicóptero en dirección oeste”.

Su decisión tuvo una consecuencia inesperada: la nave comenzó a quemar combustible mucho más rápido de lo esperado.

“Saber cuánto combustible quedaba en los tanques del Águila estaba lejos de ser sencillo”, cuenta Fong. “La cantidad de combustible consumido cambiaba segundo a segundo a medida que Armstrong aumentaba y disminuía el empuje del motor”.

Entonces desde control de misión, el controlador de vuelo Bob Carlton informó que restaban “120 segundos” de combustible. Luego, “60 segundos”.

“Y aún no estamos ni cerca de la superficie”, recordó Kranz.

Apolo 11 en la Luna

NASA
El módulo lunar aterrizó en el Mar de Tranquilidad el 20 de julio de 1969 a las 20:17:39 UT.

“Durante todo el tiempo, Aldrin está haciendo su trabajo, que es estar calmado, ser claro, leer los números, ayudar a su comandante a saber que están en buena forma”, dijo Paul Fjeld, historiador del Programa Apolo, a Fong.

“Sé, por haber hablado con él después, que lo que está pensando es: ‘¡Vamos, aterriza! ¡Aterriza! ¡Aterriza!'”, agregó.

Entonces, entre medio de los números que va leyendo, Aldrin afirmó: “Estamos levantando un poco de polvo“.

Armstrong se había quedado ya sin visibilidad por el polvo, cuando desde el control se escuchó un nuevo ultimátum por el combustible: “30 segundos”.

Pasaron otros 12 segundos. “Luz de contacto”, dijo Aldrin, refiriéndose a la luz azul en el tablero que indicaba que estaban a un metro de la superficie lunar y debían apagar el motor.

“Fueron 10 eternidades”, contó luego Carlton. “Estuvimos a 18 segundos de abortar. Tuvimos suerte de lograrlo”.

El módulo lunar aterrizó en el Mar de la Tranquilidad el 20 de julio de 1969 a las 20:17:39 UT.

Armstrong entonces dijo: “Houston, aquí base Tranquilidad: el Águila ha aterrizado“.

El resto es historia.


Esta nota está basada en el programa “13 minutos a la Luna”, conducido por Kevin Fong y producido por Andrew Luck-Baker. Puedes escucharlo (en inglés) en la página del Servicio Mundial de la BBC, en la BBC Sounds o en las principales plataformas de podcasts.


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