¿Por qué quedó a medias la reforma para eliminar el fuero? Esto pasó en la Cámara de Diputados
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¿Por qué quedó a medias la reforma para eliminar el fuero? Esto pasó en la Cámara de Diputados

Los diputados avalaron en lo general la reforma, sin embargo, tres artículos fueron desechados. Con lo que los cambios quedan incompletos.
Cuartoscuro
Por Arturo Daen @arturodaen
28 de noviembre, 2018
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La reforma para eliminar el fuero del presidente y otros funcionarios públicos quedó incompleta, después de que en la Cámara de Diputados la mayoría de Morena y los partidos de oposición tuvieran una confrontación legislativa, en la que se acusaron de protagonismo y simulación.

PRI, PAN, PRD y Movimiento Ciudadano insistieron en que están a favor de eliminar el fuero, pero acusaron a Morena de “soberbia”, porque a su parecer ese partido y sus aliados no tomaron en cuenta la opinión de las minorías en la Cámara para enriquecer el dictamen que llegó desde la Comisión de Puntos Constitucionales.

Además, refirieron que había puntos en la reforma que iban en contra de la presunción de inocencia y los derechos de la gente común.

Morena, en tanto, criticó que la oposición había sido incongruente al votar a favor de eliminar el fuero en lo general, y luego en lo particular impedir el avance de artículos clave para que la reforma pueda funcionar. Pese a esto, el dictamen en lo general fue enviado al Senado.

El dictamen que se puso a discusión este martes 27 de noviembre, de la Comisión de Puntos Constitucionales, incluía reformas y adiciones a los artículos 38, 61, 74, 108, 111 y 112 de la Constitución, en materia de fuero e inmunidad, con el antecedente de iniciativas presentadas por Movimiento Ciudadano, el PES y Morena.

La iniciativa plantea que funcionarios como los legisladores federales ya no tengan la figura del fuero para quedar impunes si incurren en corrupción u otros delitos, y puedan ser sujetos de procedimiento penal al estar en funciones.

Respecto al presidente de la República, plantea que también pueda ser sujeto de responsabilidad por violaciones a la Constitución y leyes federales, manejo indebido de fondos u otros hechos de corrupción.

Para ambos casos, legisladores federales y el presidente de la República, en lugar de fuero se establece la figura de “inmunidad”.

Es decir, que cuando haya una acusación penal en su contra, sí puedan ser sujetos a ese proceso, pero sin que sean detenidos o no se apliquen contra ellos medidas cautelares como la restricción de su libertad, hasta que haya una sentencia condenatoria.

¿Qué sí se aprobó?

Este martes, los artículos del dictamen que sí fueron aprobados fueron el 61, 74 y 108, que establecen puntos como que los legisladores federales nunca podrán ser reconvenidos, procesados o juzgados por las iniciativas que presenten.

También se aprobó que la Cámara de Diputados ya no tenga la atribución de definir si se puede proceder penalmente contra un funcionario público, además de eliminar la limitante de que el presidente de la República sólo podía ser acusado por traición a la patria o delitos graves del orden común.

Sin embargo, el punto referente al titular del Ejecutivo, quedó trunco con la confrontación legislativa porque el artículo 108 propuesto en el dictamen refiere que el mandatario federal sólo puede ser acusado en términos del artículo 111…. y ese artículo fue desechado, ya que en la discusión en lo particular no obtuvo la mayoría calificada.

“Los artículos que están consolidados no tienen conexión, faltarían los fundamentales para hablar de la reforma en su conjunto”, dijo la diputada federal Aleida Alavez al canal del Congreso capitalino.

Durante su campaña, el ahora presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, prometió eliminar la protección del fuero para el mandatario federal.

Otro punto desechado al no obtener mayoría calificada (el voto de las dos terceras partes de la Cámara de Diputados) fue el artículo 38. La oposición votó en contra y fue uno de los puntos más señalados por la oposición a Morena.

En dicho artículo del dictamen se señala que los derechos o prerrogativas de un ciudadano se suspenden “por estar sujeto a un proceso criminal por delito que merezca pena corporal, a contar desde la fecha del auto de vinculación a proceso penal, salvo lo establecido en el artículo 111 de esta Constitución”.

Legisladores como Martha Tagle, de Movimiento Ciudadano, señalaron que lo propuesto para el artículo 38 era “inaceptable”, porque iba en contra de la presunción de inocencia, y por ejemplo, se podía impedir con ello que una persona contendiera por un cargo público solo por el hecho de estar siendo investigado, sin que hubiera un sentencia definitiva en su contra.

“Cualquier ciudadano vinculado a proceso iba a tener suspensión de derechos ciudadanos como mexicano. Esto vulnera totalmente las garantías constitucionales”, dijo al respecto el diputado panista José Elías Lixa.

Acusan protagonismo

Un punto en el que coincidieron legisladores de oposición, es el de acusar a Morena de querer tener el protagonismo de la eliminación del fuero, siendo que otros partidos, en legislaturas pasadas, y habían trabajado reformas en ese sentido.

Movimiento Ciudadano recordó a Morena que en abril pasado en la Cámara de Diputados ya había sido aprobada la eliminación del fuero, y que dicha minuta podría sacarse “de la congeladora”, ser llevada al pleno y ser aprobada, sin esperar a que vuelva a hacerse otro proceso legislativo desde el recinto de San Lázaro.

La diputada priista María Alemán Muñoz Castillo pidió en ese sentido la reactivación de la minuta enviada al Senado de la República el 24 de abril de este año, señalando que se encuentra vigente y con un mayor avance en el proceso legislativo, además de “una gran legitimidad” al haber sido aprobada por unanimidad de los grupos parlamentarios en la legislatura anterior.

Lucía Riojas, diputada sin partido, acusó que en la sesión del martes Morena y sus aliados se cerraron a discutir las propuestas de cambio al dictamen, lo que provocó la votación en contra de los artículos clave.

“Que no les mientan. Hay consenso en @Mx_Diputados para eliminar el fuero, pero hagámoslo bien. Escuchemos, debatamos y construyamos”, publicó Riojas en Twitter.

El PRI acusó arrogancia de la mayoría de Morena. “¿Por qué se generó este problema? Porque a lo largo de estos meses hemos venido observando arrogancia, total menosprecio por todo aquel que no piense igual a la mayoría, y eso no lo aceptamos”, dijo René Juárez, coordinador priista.

“No vamos a estar de rodillas, nunca vamos a aceptar un trato indigno, ha habido un total menosprecio a nuestras propuestas. Una cosa es la civilidad y otra es la sumisión”.

Morena, en tanto, indicó que en el próximo periodo ordinario de sesiones, en ambas cámaras, volverá a hacer un intento de que el dictamen avance, y acusó a la oposición de simular.

“Dicen estar a favor de eliminar el fuero y privilegios, pero siempre encuentran la manera para no aprobarlo, para seguir protegiendo sus privilegios”, dijo el coordinador de los diputados morenistas, Mario Delgado.

La legisladora Tatiana Clouthier expresó en redes sociales que “PRI, PAN y MC tiran la piedra y esconden la mano bloqueando el fuero”, e incluso pidió a la gente llamar a los diputados de esos partidos, para reclamarles.

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"Fue un capricho de Pinochet": la historia de los 15 mil libros de García Márquez que quemó el gobierno de Chile

En noviembre de 1986, el gobierno militar de Chile ordenó la incautación del libro 'La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile', del premio Nobel de Literatura, cuando un embarque se dirigía a Santiago.
5 de junio, 2022
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El 28 de octubre de 1986, después de varios días de viaje, el ‘Peban’, un vapor de bandera panameña, atracó finalmente en el puerto chileno de Valparaíso. Mientras se preparaba para diligenciar los papeles de aduana, la tripulación recibió la noticia de que se procedería con la incautación de una parte del cargamento.

El capitán, que estaba seguro de que todo lo que llevaba en su barco estaba en regla, preguntó cuál era la mercancía que iban a retener.

La respuesta oficial fue la que menos esperaba: “Los libros”, específicamente, 15 mil ejemplares de La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile, escrito por el ganador del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, que habían sido enviados desde el puerto de Buenaventura, en Colombia.

Y que debían llegar a manos de Arturo Navarro, el representante de la editorial Oveja Negra que publicaba los libros del Nobel en aquellos años en Chile.

El libro narraba las peripecias que había que tenido que sortear el cineasta chileno Miguel Littín, quien vivía en el exilio desde el golpe de Estado que llevó a Augusto Pinochet al poder en 1973.

Littín había vuelto a Chile durante dos semanas en 1985 para filmar en la clandestinidad un documental sobre lo que estaba pasando en el país 12 años después de la irrupción militar.

Arturo Navarro

BBC
Arturo Navarro era el representante de la editorial Oveja Negra en Chile.

Luego estrenaría el documental Acta Central de Chile en el Festival de Cine de Venecia del 86.

Pero el libro de García Márquez iba más allá: contaba sobre todo detalles que no aparecían en la cinta, como por ejemplo el encuentro de Littín, quien se había hecho pasar por un empresario uruguayo, con el propio Pinochet en los pasillos del Palacio de La Moneda, donde el presidente de facto no lo reconoció.

“Yo me enteré de la incautación de los libros dos semanas después porque estaba fuera del país”, recuerda Arturo Navarro, tomándose un café bajo la nave central del Museo Nacional de la Memoria en el corazón de Santiago.

Navarro había regresado de un viaje por EU para visitar a su familia cuando se encontró con un mensaje de alerta en el contestador automático de su casa. Era de su agente aduanero y le describía una situación crítica: “Arturo, me dicen que los libros fueron quemados”.

"Esto fue un capricho de Pinochet: no quería ver un libro, mucho menos después del atentado, en el que básicamente describen cómo le habían metido los dedos en la boca"", Source: , Source description: , Image:

Para Navarro, el cargamento era fundamental: era el principal producto que esperaba exponer durante la feria del libro de Santiago, que se iba a celebrar pocas semanas después del incidente.

Él, que había sido empleado de la Editorial Nacional Quimantú (ampliamente perseguida por el régimen) y había visto a los militares ejercer la destrucción de libros en primera fila, también sabía que el régimen de Pinochet había flexibilizado sus políticas de censura.

En ese contexto, creyó que la incautación debía ser más un malentendido que un acto de represión y decidió viajar a Valparaíso para resolver el problema personalmente.

“El libro ya había sido publicado en capítulos en Chile por una revista (Análisis) meses antes”, señala Navarro. “Sin embargo, lo que me preocupaba es que, de acuerdo a la prensa, la incautación de los libros se debía al mal estado de los contenedores, que me parecía una disculpa inusual”.

Los ejemplares habían quedado bajo el control de la jefatura de Zona en Estado de Emergencia, a cargo de militares.

Cuando Navarro se acercó al edificio castrense donde podría intentar rescatar los libros, percibió de inmediato la tensión que se sentía dentro del gobierno por esos días: un mes y medio antes, el 7 de septiembre, militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez habían estado muy cerca de acabar con la vida de Augusto Pinochet, en un feroz atentado cuando este regresaba a Santiago desde su residencia en el Cajón del Maipó, a unos 50 kilómetros de la capital.

El asalto había dejado cinco escoltas muertos y varios heridos.

“En el edificio logré hablar con un militar de rango medio al que le pedí que al menos me permitiera devolver los libros a Lima”, señala. “Pero después de hacer un par de llamadas, finalmente me dijo: ‘Navarro, no se preocupe, que los libros ya los quemamos'”.

La versión en los medios se mantenía: contenedores en mal estado, lo que podría explicar la incautación, pero nunca la incineración.

Para Navarro, era claro que la orden había venido de arriba y, aunque no tuviera pruebas, no se iba a quedar quieto hasta que la gente supiera que el régimen de Pinochet había mandado a quemar 15 mil volúmenes de nada menos que un premio Nobel.

“Yo sigo sosteniendo que esto fue un capricho de Pinochet: no quería ver un libro, mucho menos después del atentado, en el que básicamente describe cómo le habían metido los dedos en la boca”, afirma Navarro.

La noticia lo dejó abatido y sin ejemplares para la feria.

Entonces, convocó a ruedas de prensa para dar a conocer lo que había pasado, hizo la denuncia pertinente ante la Cámara Chilena del Libro y, aunque dentro del país no hubo mucho eco, en el mundo sí publicaron la noticia.

Navarro guarda recortes de prensa de medios de Grecia, Holanda y EU que hablan de los ejemplares calcinados.

Pero quedaba por saber qué era realmente lo que había pasado. “Yo de verdad no creía nada de lo que me habían dicho. Ni siquiera que los habían quemado”.

Uno de sus colegas le recomendó que el mejor camino para obtener una respuesta del régimen era la vía diplomática, por lo que decidió acudir a la embajada de Colombia, país de donde originalmente habían salido los libros.

“Ahí conocí a Libardo Buitrago, el cónsul colombiano, quien se ofreció a ayudarme”.

Poco después, gracias a la presión de un país extranjero, le llegó al cónsul un papel muy revelador, una carta fechada del 9 de enero de 1987, firmada por el vicealmirante John Howard Balaresque, en la que no solo se confirma la incineración de los libros sino también las razones: a los ejemplares de La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile se les impuso “una medida de censura previa” por considerar que el contenido “transgredía abiertamente las disposiciones constitucionales”.

“Ese papel es el único documento oficial que existe en el que el régimen de Pinochet acepta que quemó libros y que lo hizo por censura. Algo imposible de obtener en esos tiempos”, relata Navarro.

“Y ahora está acá, en el Museo de la Memoria”.

El documento, con firma oficial, le sirvió a la editorial Oveja Negra para poder cobrar el seguro por la pérdida, pero además implantó en la cabeza de Navarro una certeza que no lo abandonó nunca: la cultura sería clave en el fin del régimen.

“Esta represión a los libros, a la cultura, se daría vuelta y terminaría siendo uno de los principales motivos por los que Pinochet saldría del poder. Porque fueron los cantantes, los artistas, los escritores quienes serían fundamentales en la campaña de votar ‘No’ en el plebiscito de 1988 que acabaría con la dictadura”, concluye.


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