Qué requisitos requiere una obra de infraestructura (el Tren Maya aún no cumple ninguno)
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Foto: Martín Zetina / Cuartoscuro.com

Qué requisitos requiere una obra de infraestructura (el Tren Maya aún no cumple ninguno)

La Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria establece una serie de estudios que debe cumplir toda obra de infraestructura, con los cuales aún no cuenta el proyecto del Tren Maya que empezará a construirse el próximo 17 de diciembre, según se anunció.
Foto: Martín Zetina / Cuartoscuro.com
Por Claudia Ramos
14 de noviembre, 2018
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La obra del Tren Maya propuesto por el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, ya tiene fecha de inicio pero aún no cumple con ninguno de los requisitos técnicos, legales, ambientales y de costo-beneficio social que todo proyecto de infraestructura requiere para ser aprobado, de acuerdo con el propio equipo de transición y especialistas.

Rogelio Jiménez Pons, propuesto como titular del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) y coordinador del proyecto, informó este martes en entrevista con WRadio que lo único con que se cuenta hasta el momento es “el proyecto donde se tiene ya la vía (parte oeste)”, y que la documentación completa estará lista “hasta dentro de un año”.

“La parte que va de Escárcega hacia el oriente, Chetumal, y luego hacia el norte, Tulum, que ahí sí no hay nada (…) ése se convocaría a una licitación para el proyecto ejecutivo que llevaría prácticamente casi un año para realizarse (…) Se está integrando todo eso (…), con consultores muy buenos en el aspecto ambiental, para presentar toda la documentación una vez oficializado todo”.

Informó que a partir del próximo lunes irán “subiendo” lo que tienen de información a una plataforma digital, porque quieren demostrar “la viabilidad social, económica y política” del proyecto.

Los estudios y evaluaciones que requiere cumplir una obra de ese tamaño están especificados en la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria y deben ser aprobados por una comisión intersecretarial antes de que la Secretaría de Hacienda dé luz verde al proyecto, explicaron en entrevista el director del Centro de Evaluación de Proyectos del ITAM, Efraín Gala, y la coordinadora del Programa de Presupuesto y Rendición de Cuentas de México Evalúa, Mariana Campos.

Ambos especialistas coincidieron en que todos los requerimientos que se necesitan difícilmente podrán estar listos para el 17 de diciembre, fecha anunciada para iniciar la obra, e incluso para el 31 de diciembre, fecha límite para aprobar el Presupuesto de Egresos del próximo año. Esto también implica no contar con la información para someter éste y otros proyectos a consulta los días 24 y 25 de noviembre, como se ha anunciado.

Incluso el secretario de Medio Ambiente del actual gobierno, Rafael Pacchiano, confirmó que aún no ha ingresado ningún proyecto de infraestructura relacionado con el aspecto ambiental del propuesto Tren Maya.

Entrevistado al término de un evento en el Museo Universum, indicó que los plazos de ley para evaluar las manifestaciones de impacto ambiental de una obra de infraestructura son 60 días, prorrogables hasta 120, dependiendo de si la información está completa o no. “Cualquier obra que sea sujeta por ley a la presentación de una manifestación de impacto ambiental o de cambio de uso de suelo forestal, si no la tiene, tiene que entrar la autoridad competente, en este caso la Profepa, para sancionar”.

Indicó que la manifestación de impacto ambiental que requiere el Tren Maya debe ser regional, ya que involucra a cinco entidades de la República, lo cual implica más detalle en su elaboración. Si se presentara hoy el estudio de impacto ambiental, su aprobación no estaría a tiempo para iniciar la obra en la fecha prevista.

¿Qué tipo de estudios requiere una obra de infraestructura?

De acuerdo con Efraín Gala, toda obra de infraestructura necesita contar con un estudio técnico o de ingeniería, que detalle la parte técnica del proyecto; un estudio de mercado, que explique la demanda, en este caso cuántas personas usarían el tren y cuánta carga llevaría; un estudio legal y administrativo, que verifique que el proyecto no viole ninguna ley, que cumple con el derecho de vía y que se hayan pagado los derechos correspondientes a los afectados por la obra; un estudio de impacto ambiental, que detalle cómo se va a mitigar la afectación al ecosistema donde va a operar el proyecto, y un estudio financiero que explique de dónde va a salir el dinero para construir la obra.

Estos estudios determinan si el proyecto es rentable y si aporta un beneficio social al país, “y es imposible que desde que ganó la elección a cuando lo anunció haya tenido ya estos estudios y con ellos saber si el proyecto le conviene al país o no”, consideró el especialista. De acuerdo con lo anunciado, el proyecto del Tren Maya tendrá un presupuesto de 150 mil millones de pesos y una longitud de 1,500 kilómetros que atravesarán los estados de Chiapas, Tabasco, Campeche, Quintana Roo y Yucatán.

Leer: El Tren Maya, peor que el proyecto de Peña Nieto

Mariana Campos indicó por su parte que hasta el momento el Tren Maya es apenas un concepto, pues un proyecto ejecutivo implica contar con toda la evaluación de factibilidad que permita saber si el proyecto es viable, desde la ingeniería a detalle de lo que se va a construir, el control y mitigación de los riesgos ambientales en el transcurso de construcción de la obra, la certidumbre de la tenencia de la tierra por parte del gobierno, el derecho de vía que determina el tamaño, largo y ancho del terreno que se tiene que reservar para toda la obra, hasta los estudios de sociorentabilidad.

“Esto es así porque se requiere que la obra sea legal, que cumpla con lo ambiental y que sirva a la sociedad. Es una manera de calcular que el costo va a redituar en un beneficio económico y además será rentable socialmente, es decir, que los beneficios sociales valdrán la pena como para endeudar cuánto al país y por cuántas generaciones”.

Especificó que las evaluaciones de factibilidad a partir de los estudios que pide la normatividad lo que buscan es evitar que casos como el del Paso Exprés de Cuernavaca se repitan, con obras que superen el presupuesto aprobado, se hagan mal y tengan consecuencias sociales negativas como pasó en este caso con la muerte de dos personas.

“No es lo mismo una idea a un proyecto, porque lo segundo implica tener a los especialistas con los análisis listos respecto a qué costo la obra es viable. Por eso los proyectos cuando se construyen requieren todos estos estudios, porque tenemos que estar muy seguros de que valen la pena”.

“Como lo están haciendo se está exponiendo a muchos riesgos inesperados, que te van agarrando en el camino y que hacen que los proyectos se atrasen. Si tienes una planeación sólida y oportuna, se pueden controlar los imprevistos. No hay política de austeridad que funcione con proyectos sin planeación”, advirtió.

Gala llamó al equipo del presidente electo a someter el proyecto ejecutivo del Tren Maya y cualquier otra propuesta de obra a una instancia adicional, que podría ser una auditoría ciudadana donde académicos, ingenieros y especialistas revisen los estudios antes de que los proyectos estén registrado en la cartera de inversión de Hacienda y cuenten con recursos presupuestales.

“El Tren Maya sí puede tener un beneficio económico y social”, especificó Campos, “pero la pregunta siempre va a ser si a ese costo el beneficio valió la pena. Puede ser una idea atractiva, pero todavía no tenemos esa información”.

En ese sentido consideró que las consultas en obras de infraestructura tienen un costo de oportunidad, siempre y cuando se usen para entender las necesidades de la población y el impacto del proyecto en la gente. “No se trata de preguntar si lo quieren o no, sin información, sino más bien si lo van a utilizar, si les beneficia o les afecta. Esto es una buena práctica porque permite entender cómo se están repartiendo los costos y beneficios de la obra, hacer un primer catálogo de los impactos, y controlar riesgos y conflictos sociales”.

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Mutaciones del coronavirus: ¿cómo será su evolución?

Expertos explican la importancia de conocer las mutaciones del SARS-CoV-2 no sólo para hacer una vigilancia genómica de la pandemia, sino también para conocer el impacto que pueda tener la evolución del virus sobre ella.
19 de agosto, 2021
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Las mutaciones de los virus ocurren por errores al azar en la replicación de su genoma cuando se multiplican dentro de la célula. Esos errores generan la diversidad biológica necesaria para que sobre ella actúe la selección natural.

Los virus no tienen voluntad ni controlan sus mutaciones, pero el proceso evolutivo siempre da como resultado una mejor adaptación al medio. En este caso, a nosotros.

¿Cómo actúa la selección natural sobre el SARS-CoV-2? Básicamente de dos formas: o bien hace desaparecer mutaciones que son deletéreas o perjudiciales o bien selecciona mutaciones favorables porque tienen un valor adaptativo.

Conocer las mutaciones del coronavirus SARS-CoV-2 es interesante para realizar una vigilancia genómica de la pandemia, pero también para conocer el impacto que pueda tener la evolución del virus sobre ella.

Evolución del SARS-CoV-2 a lo largo de la pandemia

Desde que el SARS-CoV-2 realizó el salto a nuestra especie ha acumulado más de 12.700 mutaciones. La mayoría no tienen consecuencias biológicas. Otras han dado lugar a nuevas variantes. Algunas de ellas se denominan variante de interés (VOI) o de preocupación (VOC).

  • Variante de interés (VOI): variante del SARS-CoV-2 que porta cambios genéticos que pueden causar una enfermedad más severa, escapar al sistema inmune, afectar al diagnóstico de la enfermedad o a su transmisibilidad, provocando transmisión comunitaria en varios países, aumentando su prevalencia con un impacto notable sobre la salud pública.
  • Variante de preocupación (VOC): es una VOI que haya demostrado una mayor transmisibilidad, peor pronóstico, mayor virulencia o una menor eficacia de las medidas de salud pública, incluidos los tratamientos conocidos y las vacunas.

Al inicio de la pandemia (antes de febrero de 2020), cuando todavía no se tenía un control sobre la transmisión comunitaria del virus, hubo un periodo de rápida diversificación genética del virus coincidente con su transmisión en cada región geográfica.

Ilustración de anticuerpos atacando el SARS CoV-2.

Science Photo Library
Ilustración de anticuerpos atacando el SARS CoV-2.

A partir de marzo de 2020, con la llegada de los confinamientos en casi todo el mundo, ocurrió una extinción masiva y una homogeneización de mutaciones (variantes). Los confinamientos frenaron la expansión de algunas variantes.

Tras la relajación de las restricciones, se produjo una nueva diversificación, esta vez de forma más progresiva. Esta fase de la evolución del coronavirus tuvo un importante componente geográfico, donde la aparición de mutaciones y variantes se agruparon por regiones geográficas.

¿Qué hubiese pasado sin confinamientos? No lo sabemos, pero posiblemente habría ocasionado una mayor y más rápida diversificación de las mutaciones.

Y, por tanto, la aparición de un mayor número de variantes. La evolución del virus se habría acelerado y con ella su adaptación al ser humano. Esto hubiera sucedido con un alto coste en vidas y pérdida de salud para millones de personas.

Selección convergente

Hasta la fecha han aparecido más de 100 mutaciones que dan lugar a cambios en la secuencia de aminoácidos de las proteínas del virus.

Científico

Getty Images

Algo a tener en cuenta es que algunas de estas mutaciones han surgido recurrentemente durante la pandemia en diferentes variantes o linajes a lo largo de todo el planeta de una manera completamente independiente.

Esto indica que hay una fuerte presión selectiva actuando sobre dichas posiciones: es lo que se conoce como convergencia evolutiva. El virus encuentra una y otra vez las mismas soluciones (mutaciones) para adaptarse mejor al ser humano y asegurar su supervivencia.

También pueden ocurrir mutaciones que suponen una desventaja para la supervivencia o replicación del virus. Esto es una selección purificante.

Por ejemplo, una mutación que sea reconocida por determinado tipo de anticuerpo muy prevalente en una población hará que esa variante desaparezca en favor de otras que no la tengan. Esos casos son difíciles de detectar sin una secuenciación de todos los casos de la población.

Hay tres posiciones en el genoma que han sufrido mutaciones claves en la evolución de la pandemia hasta la fecha. La primera es la mutación D614G en la proteína de la espícula. Las otras dos son la R203K y la G204R, que han ocurrido en la proteína de la nucleocápside del virus.

Mutaciones relevantes en la espícula

La espícula del virus es la llave que abre la entrada a la célula humana. Así que no es de extrañar que haya habido una selección positiva en el sitio de unión al receptor, favorecida por aquellas mutaciones que son más eficientes en la infección.

La mutación D614G apareció hacia febrero de 2020. Esta mutación se ha detectado en la variante alfa, contribuyendo a su expansión a otras zonas geográficas, principalmente europeas en su inicio. Pero también surgió en prácticamente todas las variantes de interés como la beta y la delta.

Virus

Getty Images
La mutación D614G se sitúa dentro de la proteína espiga, la que el virus utiliza para penetrar en nuestras células.

Curiosamente, este sitio es más propenso a cambios, y la mutación podría ser debida a múltiples ganancias del aminoácido ácido aspártico, para una posterior pérdida y substitución por la glicina.

Algunas regiones del genoma son más susceptibles a mutaciones que otras. Por ejemplo, en el sitio de unión de la espícula han aparecido otras 31 mutaciones.

Las diferentes variantes se determinan en función de estas mutaciones. Son una huella de selección que aparecen en los diferentes linajes del virus.

Otras mutaciones de la espícula que han aparecido en las VOC son la N501Y y la E484K, que se ha asociado con una disminución de la respuesta de los anticuerpos neutralizantes.

Estas mutaciones indican una rápida adaptación del virus a los humanos, permaneciendo aquellas que facilitan el contagio entre personas, y su entrada en las células humanas.

Mutaciones en la nucleocápside

Si la espícula es la llave de entrada a la célula, la nucleocápside es la armadura que protege su información dentro de la célula y asegura su transcripción.

La región que codifica para la proteína de la nucleocápside parece acumular la mayor proporción de mutaciones positivas en el genoma del SARS-CoV-2, como la R203K y la G204R. Las mutaciones que ayudan a proteger este material genético del virus proporcionan una ventaja evolutiva.

Aunque la nucleocápside ha recibido menos atención que la proteína de la espícula, parece desempeñar un papel fundamental en la evolución del virus y su adaptación para sobrevivir en las células humanas.

Es previsible que se sigan acumulando mutaciones en esta región del genoma a lo largo de la pandemia. Estas mutaciones tendrán como resultado una replicación más eficiente en nuestras células.

Futuro de la evolución del SARS-CoV-2

En el año y medio que ha pasado de pandemia, el SARS-CoV-2 está adaptándose a los humanos, así como a diferentes especies animales. Las principales mutaciones están favoreciendo la transmisibilidad, sobre todo en su rapidez (selección positiva). En menor medida están favoreciendo la resistencia a la inmunidad (selección negativa).

Científicas

Getty Images

La transmisibilidad del virus es alta en comparación con otros virus respiratorios, lo que juega a favor de su supervivencia, al igual que su ventana de contagio relativamente amplia en algunos infectados asintomáticos o presintomáticos. Aunque la mortalidad es relativamente baja en el conjunto global de la población, el virus es capaz de saturar el sistema sanitario y tener una alta letalidad en grupos de edades avanzadas.

Las tasas de letalidad globales del virus no son determinantes en la supervivencia del SARS-CoV-2, ya que las principales tasas de ataque ocurren en estadios menos graves de la enfermedad. Esta circunstancia hace que la evolución del coronavirus no esté determinada por lo que ocurre tras el proceso de infección, en el curso de la enfermedad y la subsiguiente convalecencia en el hospedador.

Por tanto, es poco probable que ocurran mutaciones en el virus que supongan un cambio drástico en su letalidad (mayor o menor). Será cuestión de azar que algunas mutaciones acaben siendo más o menos letales.

Sí que es esperable que surjan nuevas mutaciones que aumenten la capacidad de transmisión del virus. También son posibles las mutaciones que supongan una menor eficacia de las vacunas. Su éxito dependerá de lo rápido que se consiga inmunizar a un elevado porcentaje de la población mundial.

Cortar las cadenas de contagio con las medidas preventivas que conocemos y las vacunas siguen siendo las medidas principales para acabar con la pandemia.

Aunque es pronto para saberlo, no se puede descartar que haya que variar la composición de las vacunas en un futuro para incluir variantes nuevas que puedan inducir una respuesta inmune más eficaz.

*Óscar González-Recio es genetista e investigador Científico del INIA-CSIC, Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA)

María de Toro es responsable Plataforma de Genómica y Bioinformática, Centro de Investigación Biomédica de La Rioja (CIBIR)

Miguel Ángel Jiménez Clavero es virólogo y profesor de Investigación, Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA)

**Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons.Haz clic aquí para leer la versión original.


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