Sedatu reportó daños en 44 mil viviendas por los sismos, pero en todas aparece la misma dirección
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Sedatu reportó daños en 44 mil viviendas por los sismos, pero en todas aparece la misma dirección

La Sedatu reportó datos duplicados y dejó afuera a 8 millones de damnificados del censo, tras los sismos de septiembre, de acuerdo con la Auditoría Superior de la Federación.
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1 de noviembre, 2018
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La Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) reportó como viviendas dañadas por los sismos de septiembre del año pasado 44 mil casas que tienen la misma dirección, y dejó fuera del censo de damnificados a más de 8 millones de personas, a pesar de que éstas viven en municipios que fueron declarados oficialmente como zona de desastre.

Además, la dependencia presentó inconsistencias en el número de viviendas censadas con daños, y en los reportes de entrega de recursos para atender a los damnificados.

Estas son algunas de las principales irregularidades vinculadas a la reconstrucción de viviendas por los terremotos del 7 y el 19 de septiembre de 2017, que fueron detectadas por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) en su segundo informe de la Cuenta Pública 2017, y que el nuevo auditor, David Colmenares, presentó ayer ante la Cámara de Diputados.

En el informe, la ASF denuncia que las bases de datos de la Sedatu, que incluyen el censo de los beneficiarios por los daños de los sismos, presentan “inconsistencias” graves, como la existencia de datos duplicados.

Por ejemplo, en la base de viviendas dañadas que la Sedatu entregó al Banco de Ahorro Nacional y Servicios Financieros (Bansefi), para que éste liberara los recursos del Fondo Nacional de Desastres (Fonden), la Auditoría detectó que 44 mil 506 viviendas reportadas con daños por los sismos se encuentran ubicadas en la misma dirección; es decir, que todas tienen las mismas coordenadas y están en una sola ubicación.

La ASF denunció que a otras 13 mil 347 viviendas se les otorgó el mismo número de folio de afectadas, lo que para el órgano fiscalizador, “evidenció la ausencia de información confiable para contar con un padrón de beneficiarios”.

La Auditoría también detectó un “baile de cifras” en cuanto a las viviendas dañadas por los dos temblores de septiembre y los recursos entregados.

Por un lado, la Sedatu reportó al Bansefi 172 mil viviendas afectadas en su diagnóstico definitivo de daños, mientras que los 10 subcomités de Evaluación de Daños que se instalaron para la atención de 401 municipios afectados, reportaron 75 mil 945 casas afectadas, un 126 % menos.

En cuanto a los montos entregados por daños, la ASF señala que tras analizar 11 actas de reportes que le entregó la Sedatu, documentó 9 mil 442 millones de pesos por daños ocasionados por los temblores en viviendas, cifra que difiere en 688 millones 991 mil pesos respecto de los 10 mil 131 millones que la Sedatu reportó en su diagnóstico definitivo de daños.

Sobre este punto, la Auditoría denunció que “se desconoce el parámetro para calcular el monto total de daños ocasionados”.

El extraño caso de Santiago Miltepec

Como parte de las inconsistencias en el reporte de afectaciones, la ASF destaca como ejemplo el caso de Santiago Miltepec, en Oaxaca.

De acuerdo con datos del Inegi, este poblado contaba en 2015 con apenas 114 viviendas habitadas por 393 personas. Sin embargo, en el padrón de viviendas dañadas que la Sedatu entregó a la ASF, la dependencia que dirige Rosario Robles asegura que levantó información de 1, 603 viviendas habitadas por 6 mil 412 personas, “sin que se acreditaran las causas de dichas inconsistencias”.

Esta cifra indicaría que entre 2015 y 2017, cuando tuvieron lugar los sismos, las viviendas en esa pequeña localidad aumentaron 1,306 %, que la población se incrementó en 1,531 %, y que el 100 % de las viviendas de Santiago Miltepec tuvo daños por los temblores.

Todo esto llevó a la ASF a concluir que la Sedatu “no contó con un censo y un padrón suficiente y confiable para programar y priorizar los apoyos destinados a la reconstrucción y rehabilitación de las viviendas de la población afectada por los sismos ocurridos el 7 y 19 de septiembre de 2017”.

Dejan fueran del censo de daños a 8 millones de personas

Por otra parte, la Auditoría refiere en su informe que tras los temblores, 720 municipios en nueve entidades de la República, más la Ciudad de México, fueron enlistados como zonas de desastre natural y de emergencia extraordinaria, por lo que eran susceptibles de evaluación de daños en las viviendas, y de acceder a alguna de las ayudas gubernamentales.

Sin embargo, la Sedatu solo levantó información de posibles viviendas dañadas en 370 municipios y siete delegaciones de la capital, lo que representó una cobertura de apenas el 52.4 % de los 720 municipios y delegaciones declarados como zona de desastre.

¿Qué implicó esto? Que 343 municipios con declaratoria de emergencia se quedaron fuera del censo de damnificados, lo que, a su vez, se traduce en que 2 millones 451 mil 407 viviendas, en las que habitaban más de 8 millones de personas, fueron excluidas del diagnóstico de los daños “sin que la Sedatu explicara las causas”.

“La Sedatu no las consideró (a 8 millones 750 mil 407 personas) para elaborar el censo y padrón de beneficiarios, lo que impidió contar con información confiable para programar y priorizar la reconstrucción y rehabilitación de las viviendas afectadas”, recalca la ASF.

En cuanto al personal que realizó el levantamiento de información de viviendas dañadas, la Sedatu no aportó documentación a la Auditoría que acredite el número de personas que participaron en las brigadas de recolecta de datos, ni la información de quiénes llevaron a cabo la verificación de los daños sufridos en las viviendas.

La Sedatu, por su parte, alegó en respuesta a la ASF que en el país “no se tiene un equipo de brigadistas que se encargue, cuando se requiere, de levantar la información para conocer los saldos de los daños que resultan de la ocurrencia de sismos de magnitudes similares a las del 7 y 19 de septiembre de 2017”.

Por estas inconsistencias, la ASF realizó en total 9 observaciones a la Sedatu, que, a su vez, generaron 26 recomendaciones al desempeño de la dependencia en el tema de reconstrucción de viviendas ocasionadas por sismos.

Aquí puedes leer el informe completo de la ASF.

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Por qué en México están apareciendo “antimonumentos” (y cómo reflejan los episodios más oscuros de su historia reciente)

Instalados por movimientos sociales en las calles de la capital mexicana, los "antimonumentos" intentan que las víctimas de casos de violencia emblemáticos y a la espera de justicia no se olviden.
8 de diciembre, 2020
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En México, un país donde nueve de cada diez delitos denunciados quedan impunes, los familiares de las víctimas luchan por conseguir que sus casos no caigan en el olvido.

Con ese objetivo afloraron en los últimos años en el país los llamados “antimonumentos”, unos memoriales que simbolizan historias muy distintas pero que comparten una finalidad: el recordar que sus casos continúan a la espera de justicia.

Todos fueron colocados en espacios de la vía pública por ciudadanos y movimientos sociales al margen de las autoridades, ya que precisamente lo que persiguen es “denunciar la inacción o poca empatía del Estado”, le dice a BBC Mundo el doctor en Antropología Alfonso Díaz Tovar.

Autor de la investigación “Antimonumentos. Espacio público, memoria y duelo social en México”, el experto destaca cómo los monumentos “tradicionales” son instalados por el Estado para que perduren en el tiempo y representen “discursos oficiales y verdades históricas”.

“Pero los antimonumentos surgen para deconstruir esas posturas oficiales mediante una apropiación del espacio público, digamos ‘caótica’, y que sí tienen una temporalidad”, apunta.

Así, según Díaz Tovar, mientras los monumentos representan ideas generales sobre la historia de una nación, los antimonumentos simbolizan historias que aún no han terminado, que actúan como una memoria que no está cerrada sobre algo pendiente y que no ha podido acceder a la justicia.

Varios de estos conjuntos están distribuidos por buena parte de México, como la imponente cruz de clavos en Chihuahua (y su réplica en Ciudad Juárez) que fue uno de los primeros que se instaló para representar a cada una de las mujeres asesinadas o desaparecidas desde los años 90.

Sin embargo, probablemente son los antimonumentos de la capital del país los que logran mayor atención, al haberse levantado en puntos emblemáticos y muy transitados de una de las ciudades más pobladas del mundo.

Esta es la historia -y la reivindicación- de los siete antimonumentos de Ciudad de México.

1. Los 43 de Ayotzinapa

Antimonumento de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa.

Marcos González

El primer antimonumento fue levantado en 2015 en memoria de uno de los casos de desaparición forzada más escandalosos y reconocidos internacionalmente en la historia reciente de México.

Un año antes, 43 jóvenes estudiantes de una escuela de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero, desaparecieron en el municipio de Iguala.

Seis años después, el caso sigue sin resolver y está considerado como uno de los mayores episodios de violaciones de derechos humanos en el país.

El Paseo de la Reforma, una de las arterias principales de la capital mexicana, se convirtió en escenario de habituales protestas por este caso y fue el lugar donde sus padres inauguraron un gran “+ 43” en rojo, en alusión a las otras miles de personas desaparecidas en México.

“Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos”, se lee en la base del antimonumento.

2. La desaparición de David y Miguel

Antimonumento a la desaparición de Miguel y David

Marcos González

A pocos metros, se encuentra otro antimonumento que recuerda precisamente otro caso de desaparición que tampoco fue resuelto.

Se trata de David Ramírez y Miguel Rivera, dos jóvenes secuestrados en 2012 cerca de Ciudad Altamirano cuando se dirigían al estado de Guerrero para festejar el 20º cumpleaños de uno de ellos.

Los captores se comunicaron con la familia, que llegó a pagar un rescate. Las autoridades iniciaron una investigación pero, en todo este tiempo, ni los jóvenes fueron liberados ni se logró detener a los responsables.

Sus familiares, sin embargo, denunciaron en numerosas ocasiones “inacción” por parte de la policía, y aseguraron que fueron ellos mismos quienes investigaron el paradero de sus hijos rastreando por ejemplo la señal de sus teléfonos, que los secuestradores siguieron utilizando.

La instalación representa una forma de letra T azul que simula dos siluetas dividas a la mitad y los transeúntes son llamados a colocar un candado en su base como muestra de apoyo.

3. Incendio de la guardería ABC

Antimonumento a los 49 niños muertos en el incendio de la guardería ABC.

Marcos González

En el mismo Paseo de la Reforma, un “ABC” de colores recuerda a los 49 niños que murieron en 2009 en el incendio de la guardería que llevaba este nombre en Hermosillo, estado de Sonora. Más de un centenar resultaron heridos.

El fuego se originó en los archivos de un edificio del gobierno estatal contiguo a la guardería mientras los pequeños dormían la siesta. Parte del personal se encontraba en la hora de la comida, y otros ya habían concluido su turno.

Las labores de evacuación fueron caóticas y se prolongaron durante 30 minutos. Vecinos de la zona abrieron boquetes en las paredes incluso con vehículos ante la falta de salidas de emergencia y extintores suficientes.

Cerca de 20 personas, entre funcionarios y encargados del cuidado de los niños, fueron condenadas a prisión. Pero cuando el año pasado se cumplió una década de la tragedia, ninguna había ingresado en la cárcel mientras se resuelven sus recursos de amparo.

Los familiares denuncian que no se ha hecho justicia y por eso colocaron el antimonumento frente a las oficinas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), a través del cual la guardería prestaba sus servicios de manera subrogada.

4. La explosión en la mina de Pasta de Conchos

Antimonumento a los 65 mineros muertos en Pasta de Conchos.

Marcos González

Un gran “+ 65” pide justicia para los 65 trabajadores que fallecieron en 2006 atrapados por una explosión en la mina de carbón de Pasta de Conchos, en Coahuila.

Un año después, la compañía a cargo de la explotación de la mina suspendió las tareas de rescate tras haber recuperado solo dos cuerpos. Argumentó que se ponía en riesgo la vida de los equipos de emergencia.

Varias familias denunciaron que, de ser rescatados los cadáveres, podría evidenciarse que las condiciones de trabajo en la mina no eran adecuadas para garantizar la seguridad de los mineros, como concluyó después la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

El pasado octubre, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que en 2021 se reanudará el rescate de los cuerpos atrapados. También confirmó que este año los familiares de los fallecidos recibirían sendas indemnizaciones.

Su antimonumento se encuentra desde 2018 en Reforma, frente a la Bolsa Mexicana de Valores. Un año después, los familiares colocaron junto a él decenas de cascos como símbolo de los mineros que quedaban por rescatar.

5. La masacre de Tlatelolco

Antimonumento a la masacre de Tlatelolco.

Marcos González

El simbólico Zócalo de Ciudad de México fue el lugar elegido para inaugurar un antimonumento cuando se cumplieron 50 años de la masacre estudiantil del 2 de octubre de 1968.

Aquel día, miles de personas se reunieron en la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, Ciudad de México, convocadas por un movimiento de estudiantes cada vez más activo que protestaba contra el gobierno y la violencia de la policía.

Pero ese 2 de octubre la actuación fue aún más desmedida. Cientos de soldados y miembros de grupos paramilitares iniciaron una balacera contra la multitud que participaba en un mitin pacífico. No hay un balance oficial de víctimas, aunque se estima que mataron a cientos de personas.

No fue hasta 2006 que el expresidente Luis Echeverría -quien era secretario de Gobernación en 1968 en el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz- quedó en arresto domiciliario acusado de genocidio, aunque fue exonerado tres años después. Ningún funcionario fue declarado nunca culpable.

La emblemática frase “2 de octubre no se olvida” y otra que reza “Fue el Ejército, fue el Estado” pueden leerse en el antimonumento dedicado a una masacre que dio un vuelco a la vida política y social de México para siempre.

6. “Antimonumenta” contra los feminicidios

Antimonumento a los feminicidios

Marcos González

Un antimonumento para denunciar la violencia contra las mujeres parece inevitable en México, un país donde diez mujeres son asesinadas cada día.

El conocido como “Antimonumenta” fue inaugurado en el marco del Día Internacional de la Mujer del año pasado frente al Palacio de Bellas Artes.

Convertido en punto central de muchas de las marchas de mujeres organizadas en los últimos meses en la capital mexicana, junto a él suelen verse veladoras, flores, cruces rosas, fotografías de decenas de mujeres asesinadas o desaparecidas en el país y mensajes exigiendo justicia.

“Ni una más. No más feminicidios”, se lee en este antimonumento que fue saboteado durante una marcha de opositores al aborto el pasado año.

7. Masacre de migrantes de San Fernando

Antimonumento de la masacre de 72 migrantes en Tamaulipas.

AFP

El último en sumarse a la lista de antimonumentos de Ciudad de México fue un “+72” instalado el pasado agosto en Reforma, frente a la Embajada de Estados Unidos, para reclamar justicia por la masacre ocurrida en San Fernando diez años antes.

En agosto de 2010, 72 personas migrantes -la mayoría de origen centroamericano- fueron brutalmente asesinadas en esta localidad del estado de Tamaulipas, en la frontera norte de México.

El grupo fue secuestrado mientras viajaba en autobús por el cartel de Los Zetas, que los acribilló después de negarse a pagar el dinero que les exigían por dejarlos libres.

Los captores los vendaron, los obligaron a apoyarse contra un muro y luego los balearon. Solo dos personas lograron escapar. Ninguna persona llegó a ser condenada por este espeluznante hecho.

Con el mensaje “migrar es un derecho humano”, el antimonumento fue colocado como homenaje a las víctimas de esta masacre y a todos los migrantes muertos o desaparecidos en el peligroso viaje que emprenden cada año hacia territorio estadounidense.


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