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Cuartoscuro

Números dudosos, políticas cortas y calles peligrosas: así es el problema de seguridad vial en México

El próximo secretario de Movilidad de CDMX y uno de los principales especialistas en el tema del país analizan las deficiencias en torno a este problema de salud y seguridad pública.
Cuartoscuro
13 de noviembre, 2018
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El pasado 7 de noviembre un tráiler se impactó a más de 160 kilómetros por hora contra múltiples coches en la autopista México-Toluca. El saldo: 10 personas muertas. Este fue uno de múltiples accidentes vehiculares que a diario se registran en nuestro país, y que de 2015 a la fecha han dejado más de 40 mil personas muertas, en promedio 32 todos los días.

Pero pese a la gravedad de este problema, hay dudas y deficiencias sobre las cifras oficiales de las diferentes instancias de gobierno encargadas de documentar las muertes y los casos. De acuerdo con expertos en la materia, no hay claridad siquiera en cuantas personas son en realidad las que fallecen a causa de estos percances, pese a que existen varias bases de datos oficiales.

No existe una política pública nacional en materia de percances vehicular y, aunque se han hecho esfuerzos en distintos momentos para avanzar en este tema, hoy cada estado actúa por separado. Incluso en la misma Ciudad de México, donde los datos marcan un descenso de accidentes, se advierte una carencia de indicadores para medir la efectividad real de las acciones implementadas.

A lo anterior se suma un hecho innegable que los expertos destacan: México es un país donde el común denominador son las calles peligrosas. Arterias mal diseñadas que se pensaron solo para el paso de los automóviles, poniendo en riesgo constante a ciclistas y peatones.

A propósito de la publicación de Animal Político sobre los estados que son los más peligrosos en materia de percances vehiculares y del crecimiento de los mismos, se recabó la opinión de Andrés Lajous, maestro en planeación urbana por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y próximo secretario de Movilidad de Ciudad de México, y Xavier Treviño, quien cuenta con estudiosos urbanos por el Colegio de México, fue fundador de la oficina en México de ITDP y actualmente es co-director de Céntrico.

A continuación una síntesis de sus principales anotaciones:

El problema de las cifras

Los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) recabados a partir de las carpetas de investigación por homicidio culposo y lesiones culposas derivadas de accidentes vehiculares, arrojan que todos los días en el país mueren 32 personas en promedio por esta causa, mientras que 81 resultan lesionadas.

De acuerdo con dichos datos las víctimas por esta causa han crecido en los últimos tres años casi 18% mientras que en 25 de las 32 entidades federativas se ha incrementado la incidencia de estos casos.

Pero los expertos advierten que la tendencia al alza en la estadística del SESNSP se contradice con la del Inegi que marca un descenso en los últimos años en los percances viales, o con la de la Consejo Nacional para la Prevención de Accidentes (Conapra) que sí registra un incremento aunque menor al del Secretariado.

“Las fuentes son distintas y cada quien que lo mire tendrá una forma distinta de hacerlo. En ese sentido es lógico que los datos sean distintos pero no queda claro cuál es la más certera porque no tenemos una metodología definida” dijo Treviño.

Por su parte, Lajous destacó que los datos del Inegi, aun cuando no necesariamente están libres de un subregistro, pueden tener mayor solidez pues la línea de seguimiento es más antigua.

Las (no) políticas públicas

En México no existe una política pública nacional (vinculante o no para los estados) para tratar de reducir los accidentes de tránsito y las afectaciones humanas que conllevan en los estados. En ello coinciden los expertos aunque difieren respecto a las causas de esta situación.

Xavier Treviño opina que esto se debe principalmente a que el tema está mal sectorizado el problema desde su concepción. “Los accidentes de tránsito son vistos como un tema de salud por ser accidentes, pero en realidad son un tema de seguridad pública y desde ahí debería enfocarse una política de prevención que no tenemos” dijo.

Por su parte, Andrés Lajous  ve complejo que exista una política nacional dado que los temas de movilidad, en general, son responsabilidad de los gobiernos estatales y a veces de los municipales. Destacó que en distintos momentos se han dado pasos adelante, por ejemplo con la creación de la Iniciativa Mexicana de Seguridad Vial en 2008, pero dijo que incluso en localidades como ciudad de México  – donde hay una reducción de accidentes fatales – hace falta una mejor política pública.

Treviño subraya que ha habido esfuerzo sobre todo en algunas ciudades como la capital del país o Guadalajara para implementar acciones y programas encaminados a reducir las muertes por hechos de tránsito, pero que la realidad general es que no existe una política consolidada en la materia en el país.

Calles peligrosas

Los expertos coinciden en que una de las causas coyunturales detrás de los accidentes vehiculares con consecuencias fatales es el mal diseño de las calles.

“El diseño de una arteria es muy importante sobretodo en lugares donde sabes que suceden. Y cuando son recurrentes los accidentes viales en algunas zonas te tienes que preguntar cómo está la infraestructura. Los ejes viales por ejemplo, pensados para los autos, son sitios comunes de accidentes” dijo Lajous.

Una calle mal diseñada, detalla Treviño, es aquella que se construyó teniendo como prioridad el paso de los automóviles (más coches y más rápido) sin tomar en cuanto a otros actores del espacio público como los peatones o ciclistas.

“Un mal diseño provoca que los coches vayan muy rápidos en zonas urbanas. Sucede menos en el sur del país porque el parque vehicular es menor pero en el norte las calles son amplias y hay muchos coches. Por ello los datos de incidencia en el norte son peores que en el sur” explicó Treviño.

Lajous añade: “Muchas de las fatalidades en accidentes de tránsito son las que tienen que ver con atropellamientos y eso tiene que ver con que no tenemos una infraestructura accesible para los peatones y que la infraestructura esté diseñada de origen pensando que van a existir peatones y no solo a los automóviles. Hay cosas de infraestructura importantes que tienen que hacerse.

¿Por qué han descendido los accidentes fatales en CDMX?

De acuerdo con los datos el SESNSP, en los últimos tres años el número de personas muertas por accidentes de tránsito se ha reducido más de 30 por ciento en Ciudad de México. Es la segunda entidad federativa con mayor descenso del país y una de las siete que registra una caída en este rubro, contraria a la tendencia nacional que es al alza.

Sobre este tema Andrés Lajous, próximo secretario de Movilidad de la capital, advirtió que hay que tener precaución con estas cifras porque es posible que exista un subregistro en la capital o una medición imprecisa. No obstante, reconoció que otras fuentes como Inegi también identifican un descenso en los accidentes vehiculares en Ciudad de México el cual viene desde inicios de la administración de Marcelo Ebrard.

“De hecho el descenso de los muertos por accidentes de tránsito en Ciudad de México inicia desde 2007 y es coincidente con el tema del alcoholímetro. Desde ahí hemos tenido varias acciones más como el cambio del paradigma de la movilidad y la ley en la materia, el cambio en el Reglamento de Tránsito, las fotomultas… es difícil atribuir el descenso a una sola cuestión en específico” señaló.

En este contexto, Lajous adelantó que en la próxima administración que encabezará Claudia Sheinbaum se creará un catálogo bien definido de indicadores que permita medir adecuadamente el impacto de las acciones que se implementen.

La administración actual de Ciudad de México, encabezada primero por Miguel Ángel Mancera y actualmente por José Ramón Amieva ha defendido que el descenso en los percances vehiculares se debe a acciones específicas implementadas en este sexenio como la nueva Ley de Movilidad Vial, el Reglamento de Tránsito y la implementación del sistema de fotomultas.

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Ensayos clínicos remunerados: alquilan su cuerpo a la ciencia para subsistir en Estados Unidos

La industria farmacéutica estadounidense realiza miles de estudios clínicos remunerados cada año con el fin de obtener aprobación para sus medicamentos.
27 de julio, 2019
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¿Cómo buscar la cura para el cáncer o el sida si no hay personas dispuestas a someterse a tratamientos experimentales? Y ¿quiénes son estos voluntarios? ¿Qué los motiva a hacerlo? ¿A qué se exponen realmente?

Cada año se realizan en Estados Unidos miles de estudios clínicos remunerados.

Hay un gran número de voluntarios dispuestos a participar en estos experimentos. Algunos son migrantes y personas de bajos ingresos que buscan la manera de pagar gastos básicos como vivienda, alimentación y transporte.

Las grandes compañías farmacéuticas de EE.UU. —las conocidas como Big Pharma— no pueden poner a la venta sus productos si su eficacia y seguridad no han sido probadas antes en humanos. También tienen que contar con luz verde por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA, por sus siglas en inglés).

Gracias a estos estudios se logran importantes avances en el tratamiento de todo tipo de enfermedades, salvando la vida de millones de personas en todo el mundo.

Pero estas investigaciones con humanos también comportan riesgos, aunque no todos estos “conejillos de Indias” se exponen a los mismos.

Voluntario.

Getty Images
“L.” se inscribió en su primer estudio en 2013, cuando perdió su empleo como periodista independiente y no tenía suficiente dinero para pagar la renta (foto ilustrativa).

Mientras los estudios de primera fase pueden potencialmente ser más peligrosos —ya que sus voluntarios son los primeros humanos en probar esos fármacos o tratamientos—, los de fase dos, tres y cuatro no suelen implicar más que algunos efectos secundarios como náuseas, pérdida del cabello, erupciones cutáneas o visión borrosa.

En cualquier caso, antes de participar en un ensayo de este tipo, se recomienda consultar con un profesional médico.

Este es el testimonio de un ciudadano cubano de 49 años al que llamaremos “L.”, y que emigró a Miami (EE.UU.) en 2013.

Ese mismo año, debido a las serias dificultades económicas que atravesaba, se inscribió como voluntario en su primer estudio.

Desde entonces ha recorrido medio país, de una clínica a otra, participando en todo tipo de estudios clínicos a cambio de dinero.


Esta es mi filosofía: no le tengo mucho miedo a la muerte, ni mucho apego a la vida.

Si me pasa algo por una cosa que fue voluntaria, pues al carajo: me jodí.

Quizás cuando esté muriéndome en la cama me lamente de haber puesto mi salud en riesgo por ganar US$6.000 en 15 días. Pero ¿dónde tú ganas tanto dinero en tan poco tiempo en Miami?

El primer estudio clínico que hice fue por una situación de emergencia. Vivía solo, en un cuartico de 4×4 dentro de una casa tráiler. Trabajaba como periodista para una publicación digital que quebró.

Me quedaban US$250 en el bolsillo y no tenía con qué pagar la renta.

Una amiga cubana llevaba alrededor de seis años haciéndose estudios clínicos remunerados. Se ganaba la vida así porque no le gustaba trabajar para los gringos. “Los gringos son unos explotadores”, me decía.

Píldoras.

Getty Images
Las clínicas suelen pagar a los voluntarios un promedio de US$350 por cada día de ingreso.

Mi amiga no tenía casa. Vivía de hospital en hospital, sometiéndose a un estudio prácticamente todos los meses. Por ejemplo, si el estudio duraba 20 días, vivía allí ese tiempo y cuando salía se quedaba los diez días restantes del mes en la casa de algún familiar.

Le pagaban muy bien. A veces, me decía, podía ganar US$6.000 por solo 15 días de internamiento. Yo me la pasaba criticándola. Me reía de ella. Le decía que era una rata de laboratorio.

Pero como suele pasar en la vida, hay momentos en que te viene un golpetazo para arriba y dices: ¿de dónde saco dinero?

Yo me acordé de mi amiga y la llamé. Me dio la dirección de una clínica en Miramar (Florida, EE.UU.).

La pastilla “no hace nada”

Allí hice mi primer estudio, en 2013. Eran 180 personas, casi todos inmigrantes cubanos acabados de llegar a EE.UU. Ni un solo estadounidense.

Yo mismo acababa de emigrar al sur de la Florida. Había salido de Cuba a España, y de España a Canadá, donde crucé la frontera.

El estudio pagaba US$2.800 a cada voluntario por diez días de ingreso.

Unos días antes me había presentado en la clínica con mi identificación y número de seguro social. Me registraron en la base de datos y me dijeron que me iban a contactar.

A los dos o tres días me llamaron. El estudio se trataba de una tableta oral que estaban por sacar al mercado. La mujer al teléfono me dijo que la pastilla “no hacía nada”.

A los nuevos les dicen siempre esto. Generalmente nunca te advierten que el medicamento puede ser malo.

A lo sumo te hablan de efectos secundarios como picazón, diarrea, náuseas o dolor de cabeza. Cuando vas por primera vez no les importa, porque no te conocen.

Sangre.

Getty Images
Luego de que el voluntario es sometido al medicamento, durante las primeras horas se le extrae sangre con una frecuencia regulada para evaluar su impacto en el organismo.

Pero cuando has ido varias veces a la misma clínica y entras en confianza con ellos, muchas veces te aconsejan que no te sometas a algún medicamento en específico si ha habido personas que han sufrido vómitos o desmayos en las fases anteriores.

Ingresé en la clínica unos días antes de que comenzara el estudio. Allí te explican cuántas extracciones de sangre te harán en total y se cercioran de que no hayas usado drogas o alcohol antes de ingresar.

El día que te dan a tomar la tableta por primera vez se conoce como PK. Ahí es cuando más sangre te sacan.

Te pueden pinchar cada 15 minutos durante las primeras cuatro o seis horas, para ver el impacto del medicamento en tu organismo.

Como no te permiten salir del hospital, lo que los voluntarios hacen en el tiempo libre es mirar la televisión o jugar dominó o ajedrez. Otros hacen chistes, hablan mierda, comparten sus historias.

No se permite tener sexo y las mujeres duermen separadas de los hombres. Tampoco puedes comer más del desayuno, el almuerzo y la cena que te dan.

Si te sorprenden haciendo algo de eso, te sacan de la clínica y no te pagan.

Ganar dinero

Cuando acabó el estudio me dieron el cheque y me fui. Sentí un alivio… pero no porque se había terminado, sino porque tenía dinero.

También estaba contento de que no me había pasado nada. Lo único que tenía era algunos moretones en los antebrazos.

Eso fue lo más doloroso, además del hecho de haber tenido que vender mi sangre para subsistir.

Me fui a mi casa y pagué la renta. Mi habitación costaba unos US$500 al mes. Compré comida y el dinero restante me daba para varios meses de alquiler.

Cuando se lo conté a mi amiga, se puso alegre. Yo también lo estaba. Siempre le he agradecido por haberme dado la “luz”, porque en esta ciudad muchas veces es difícil encontrar la manera de ganar dinero.

En ese primer estudio conocí al “Nica”. Le decían así porque era de Nicaragua. Yo me burlaba de él por las cicatrices que tenía en los antebrazos, por haber estado tantos años pinchándose.

Donante.

Getty Images
Durante todo 2014 y parte de 2015, L. sobrevivió en Miami solamente con los ingresos que obtenía en estudios clínicos remunerados.

Él me decía: “Búrlate, que si sigues en esto las tendrás un día también”. Efectivamente (dice mientras muestra las marcas en forma de puntos en sus antebrazos).

El Nica me dijo que en pocos días iban a necesitar voluntarios para otro estudio en Daytona.

Pagaban US$6.390 por 18 días.

Cuando uno se mete en esto, a los 15 días de haber salido de uno ya empiezas a buscar el próximo.

En febrero de 2014 hice el segundo.

Era una pastilla también. Ese estudio estuvo tan bueno que el Nica, que había estado en esto por más de 15 años, decía que era el mejor que se había hecho.

El primer día nos dieron la pastilla a la ocho de la mañana y entre este momento y las diez de la noche solo nos sacaron sangre cuatro veces. El resto de los días fue solo una extracción diaria.

El Nica era buena gente, pero estaba feo con cojones. Le gustaban las jovencitas y andaba con una foto de una muchachita de 18 años. Decía que estaba enamorada de él y que se iban a casar.

Yo le decía: “Nica, eso es porque tienes billetes”.

Por cinco años estuve haciéndome estudios, a razón de seis o siete al año. Durante 2014 y la mitad de 2015 me sostuve solo con lo que ganaba en las clínicas.

He estado en Florida, Arizona, Texas, Illinois, Wisconsin. He atravesado EE.UU. por carretera para internarme en las clínicas.

En 2015 empecé con mi mujer y me mude a un apartamento con ella.

Persona sin hogar.

Getty Images
Miami ha sido votada como una de las peores ciudades para vivir en EE.UU. por el alto costo de la vida y los bajos salarios.

Mi esposa y mucha gente me decían que los estudios clínicos eran un riesgo para la salud, que no había que llegar a eso, que yo tenía el talento para sobrevivir con otra cosa. Que era preferible estar ganando US$8.46 la hora.

En Miami hay gente que gana buen dinero, pero hay muchos otros que trabajan por el salario mínimo y no hacen ni US$2.000 al mes.

La gente que trabaja por el salario mínimo en una ciudad como esta tiene que hacer más de 40 horas a la semana para poder vivir. En parte, por eso me ha costado trabajo adaptarme aquí.

Si tú llegas a este país con 14 o 15 años, tienes una vida por delante. Pero yo llegué con más de 40.

En ese momento lo que quieres es apurar las cosas. Encontrar el momento, el lugar, la persona a la que demostrarle que tú tienes el conocimiento para hacer algo. Uno necesita avanzar a otro ritmo.

En todos los lugares por los que he pasado mis jefes se han dado cuenta de que yo trabajo cantidad, que me expreso bien, que soy educado. Pero no he visto una prosperidad.

Por eso pienso que los estudios son una buena ayuda económica y los de fase tres o cuatro, que son los que yo he hecho, no son tan peligrosos como se cree. Aunque mi esposa conoce el caso de un señor que perdió un ojo.

También se necesitan personas que ayuden a la ciencia a probar las medicinas nuevas. Yo me siento útil en ese sentido, pero lo que más me ha motivado es el dinero.

18 días de diarreas

Cada vez que yo regresaba de una clínica, mi esposa me decía que venía un poco alterado. Según ella, me duraba dos o tres días, aunque yo no me lo notaba.

A la amiga que me introdujo a los ensayos el novio la dejó porque, según él, la piel le olía a medicamentos todo el tiempo. A químicos. Ella llevaba muchos años haciéndose prácticamente un estudio mensual.

Emergencia médica.

Getty Images
Antes de comenzar un estudio clínico, los voluntarios deben firmar un formulario de consentimiento que, entre otros puntos, les advierte los efectos adversos de las medicinas a las que serán sometidos.

Recuerdo la vez que se sometió a uno que la dejó con catarro y coriza (irritación nasal) por varios meses. Se asustó tanto que paró por un tiempo.

Yo nunca he estado en un estudio en el que le haya pasado algo malo a alguien. Sí he tenido amigos que se han desmayado y han tenido que abandonar el estudio. Si te desmayas o vomitas la pastilla, te sacan. Nada más te pagan la noche que estuviste ingresado y te jodiste.

Para cualquier contingencia, siempre hay un médico o un enfermero cerca.

Eso sí, en 2017 participé en un estudio en Dallas, Texas, que pagaba US$7.000 por 23 días de ingreso. De esos 23, estuve al menos 18 con diarreas.

No fue un estudio malo, porque solo me sacaban sangre dos veces al día. Pero tuve muchas diarreas y regresé a mi casa muy flaco.

Nunca he tenido miedo de los efectos a largo plazo que me puedan causar los medicamentos a los que me he sometido, pero sí he rechazado dos estudios.

El primero no lo hice porque la medicina no se había probado en humanos antes y cuando la probaron en ratas había causado palpitaciones e inflamación en el hígado. También pagaban muy poco. Unos US$4.950 por 20 días. Eso no conviene.

El otro lo rechacé porque sacaban demasiada sangre. No pagaban mal, pero era demasiado.

Cuando te sacan mucha sangre, la hemoglobina te baja mucho y así no te admiten en ninguna clínica.

El año pasado me lo pasé casi entero con la hemoglobina baja. Cada vez que me hacían los exámenes médicos para ingresar a un estudio, la tenía en unos 12,8.

Para que te acepten en una clínica, esos valores tienen que estar por encima de los 13 como promedio. Algunas personas recuperan la hemoglobina rápidamente. Otras no. Yo me recupero muy lento.

Por eso, muchas veces he tenido que reforzar mi dieta (comer mucha carne de res, huevo, espinaca, brócoli) para así poder entrar al próximo estudio.

Metas

Al principio, con cada estudio tenía un objetivo. Eran pequeñas metas.

Primero comprarme el carro, luego una computadora nueva. Después hacer un viaje a Orlando con mi esposa. Ir a México. A Costa Rica. A España.

Al final nunca fuimos a muchos de esos lugares. El carro sí me lo compré.

Es incorrecto pensar que todo el que se hace estudios clínicos es pobre.

Doctores.

Getty Images
Cada año se realizan miles de estudios clínicos remunerados en EE.UU.

Hay muchos que lo hacen por necesidad, evidentemente. Una vez me encontré un muchacho que estaba estudiando para hacerse neurólogo, y así era como estaba pagando su carrera.

Pero otros lo que quieren es costear lujos. Yo he visto personas aparecerse en las clínicas en Mercedes-Benz y llenos de cadenas de oro.

A mí lo que me gusta hacer con el dinero que me gano en las clínicas es comer en los restaurantes. También aprovecho para ahorrar, pensando en lo que pueda venir.

Ya tengo 49 años y cuando pasas de los 55 quedan muy pocos estudios en los que te admiten. Las edades para las que más hay están en el rango de los 18 a los 45.

La persona que quiera vivir de esto tiene un tiempo limitado.


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