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Cuartoscuro

Los pueblos indígenas llevan mano sobre el futuro del Tren Maya, promete equipo de AMLO

La consulta de este fin de semana se tomará en cuenta como el ejercicio de un derecho ciudadano complementario, pero las consultas que definirán si el proyecto se realiza y en qué condiciones serán las que se hagan a los pueblos originarios, indicó el futuro titular del recién creado Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, Adelfo Regino.
Cuartoscuro
Por Claudia Ramos
26 de noviembre, 2018
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El recién creado Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) será el responsable de organizar las consultas con las cuales los pueblos originarios de Yucatán, Quintana Roo, Campeche, Chiapas y Tabasco decidirán si dan o no su consentimiento al proyecto del Tren Maya.

En ese sentido, la consulta que este fin de semana preguntó sobre este y nueve proyectos prioritarios del gobierno de Andrés Manuel López Obrador será tomada en cuenta en el marco del ejercicio de un derecho ciudadano complementario, pero las consultas que definirán si el Tren Maya se hace y en qué condiciones serán las que se hagan a los pueblos originarios, indicó Adelfo Regino, futuro titular del INPI.

“Algo que hay que distinguir y que se confunde mucho es entre una consulta ciudadana y una indígena. Una consulta ciudadana tiene como sujeto a un individuo, es un derecho individual y a menudo es un pronunciamiento respecto de un sí o un no. En cambio una consulta indígena tiene como sujeto a un colectivo, llámese comunidad o pueblo, con una forma de organización social específica, que se rige normalmente a través de sus asambleas comunitarias y estamos entonces frente al ejercicio de un derecho colectivo.

“Esto es importante distinguirlo porque la consulta que se hizo este fin de semana está en el marco del ejercicio de un derecho ciudadano que es complementario. Lo que está inaugurando Andrés Manuel López Obrador es una nueva forma de hacer política donde se toma en cuenta al ciudadano para que participe en la toma de decisiones.

“Qué bien que se abran estos cauces ciudadanos a nivel nacional, pero de manera más específica -porque así lo establece la ley- se tendrán que realizar las consultas indígenas. Este enfoque complementario ayuda a clarificar las cosas, porque al final se complementa uno y otro: la consulta ciudadana como expresión general y la consulta indígena como un proceso de diálogo que construye acuerdos”, precisó en entrevista.

Leer: La construcción del Tren Maya iniciará en año y medio, no el próximo 16 de diciembre

Para ello se elaborará un nuevo protocolo de consulta indígena cuya primera fase será definir quiénes pueden ser consultados y con qué instancias representativas se dialogará la “distribución justa y equitativa de los beneficios”, porque “los árboles, el bosque, los animales, los pajaritos son muy importantes, pero también son importantes la gente que ahí vive, los pueblos que ahí están”, consideró.

Con ese objetivo el INPI cuenta como atribución “establecer las bases para integrar y operar un sistema nacional de información y estadística sobre los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas, que contenga entre otros un catálogo de pueblos y comunidades indígenas con los elementos y características fundamentales de sus instituciones políticas, jurídicas, económicas, sociales y culturales, sus tierras, territorios y recursos, en tanto sujetos de derecho público”, de acuerdo con lo aprobado el pasado jueves en la Cámara de Diputados. Este catálogo será elaborado con el apoyo de un grupo de antropólogos para precisar cuáles son las comunidades con derecho a ser consultadas, según informaron.

“Cuando se reconoce a los pueblos y comunidades como sujetos de derechos, necesitamos tener la claridad de cuáles son esos pueblos. Y justo una de las atribuciones que tiene la nueva institución es ésa, ese padrón es importante y orientativo, no es atribución para decidir quién sí es o no es indígena. Será un trabajo que estaremos haciendo sin violentar el derecho de autonomía y en particular el derecho de autoadscripción que tiene cada pueblo y comunidad indígena”, explicó Regino.

Las siguientes fases del protocolo serán el establecimiento de acuerdos previos con las comunidades en función de sus afectaciones particulares o necesidades, la aportación de toda la información disponible sobre el proyecto en materia técnica, medioambiental, social y en general los costos que implicará, la etapa deliberativa donde las comunidades reflexionarán el proyecto a partir de la información disponible, la consulta propiamente dicha donde darán su consentimiento o no al proyecto en caso necesario, y finalmente el seguimiento a la implementación de los acuerdos.

A las comunidades indígenas se les consultará con traductores e intérpretes del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas cada parte del proyecto para que todos tengan claridad sobre sus implicaciones y sus consecuencias, y garantizar de esa forma su éxito, informó por su parte Alberto Lujambio, responsable de comunicación del Proyecto Tren Maya.

Entre los ejes principales del proceso de consulta se encuentra la clarificación sobre la tenencia de la tierra, la elaboración de los estudios pertinentes sobre el impacto y la mitigación en materia ambiental, y la distribución justa y equitativa de los beneficios, indicaron.

“Ya no es esta vieja lógica de haces un proyecto y arrasas con el medio ambiente, no tomas en cuenta a la gente, y dinamitas la integridad social, cultural de los pueblos que ahí están asentados. No. Aquí lo que hay que ver es cómo un proyecto de la índole que sea contribuye al bienestar, a la generación de ingresos, a la creación de empleos, a esto que podríamos llamar la distribución justa y equitativa de los beneficios, de los resultados. Eso es lo que hay en el fondo de estas complejas cuestiones y en el cual lo que va a ir definiendo todo es el proceso de diálogo y consulta”, enfatizó Regino.

Leer: Nadie nos ha consultado nada: comunidades indígenas rechazan construcción del Tren maya

Juan Carlos Martínez, del equipo de Regino, precisó que serán cuidadosos en proporcionar a los pueblos indígenas “toda la información que los deje tranquilos”, porque cuando se dice que la consulta tiene que ser “de buena fe” se refiere “justamente a crear un ambiente de confianza para que le crean a la gente, que van de buena fe a hacer algo que va a ser benéfico y no algo que por hacer un negocio les destruya su forma de vida. Ese es el punto central”.

En cuanto a los tiempos para realizar la consulta, Regino indicó que van a buscar conciliar los tiempos del proyecto y las necesidades de las comunidades, a fin de que haya “un equilibrio entre las visiones” de todas las partes.

“Esta consulta va a fijar el precedente de lo que van a ser las demás y por eso hay que ponerle mucha atención y cuidado. El diálogo de buena fe es la base, porque claramente se puede expresar qué tiempos y qué presupuesto se tiene y la gente entiende, puede comprender, y entonces ahí se establecen los acuerdos. Más que ir con la idea de que hay que engañarlos y dorarles la píldora, hay que hablar claro y así se construyen los acuerdos”, consideró.

Leer: Qué requisitos requiere una obra de infraestructura (el Tren Maya aún no cumple ninguno)

De acuerdo con el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, firmado y ratificado por el Estado mexicano en 1990, la consulta a los pueblos indígenas tiene que ser previa (a la decisión de realizar proyectos de desarrollo o infraestructura), libre (sin coacción ni amenazas), informada (las comunidades deben conocer los impactos ambientales y sociales del proyecto), de buena fe (sin engaños) y culturalmente adecuada (en su lengua y con respeto a sus formas de organización y de vida).

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El misterioso (y pestilente) olor de la Luna, según los astronautas que la pisaron

Mientras llevaban puesto el casco, los astronautas que llegaron a la Luna no lo notaron. Pero al quitárselo dentro de la nave les llegó un intenso hedor que describieron como “pólvora quemada”. ¿Por qué huele tan mal el polvo lunar?
Science & Society
15 de julio, 2019
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¿Cómo se siente? “—Suave como la nieve, aunque extrañamente abrasivo” (Gene Cernan, astronauta del Apolo 17).

¿A qué sabe? —”No está mal” (John Young, astronauta del Apolo 16).

¿A qué huele? “Huele como la pólvora quemada” (Cernan).

Suave, sabroso… y maloliente. Los adjetivos que algunos de los astronautas que pisaron la Luna usaron para describir el polvo lunar parecen desmentir la imagen romántica y nostálgica que muchos tenemos sobre el satélite terrestre.

Pero ¿cómo pudieron los astronautas oler el polvo lunar? ¿Y qué se sabe sobre su hedor?

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No se trata de ciencia ficción. Cada uno de los astronautas que pisó la Luna tuvo la oportunidad de comprobar el olor de la Luna después de su caminata espacial.

Fue al regresar a la nave y quitarse el casco cuando quedaron impregnados del hedor de aquella sustancia que, según se lee en las “Crónicas del Apolo de la NASA”, era “increíblemente pegajosa”, hasta el punto de que se adhería a las botas, los guantes y cualquier superficie expuesta a ella.

Gene Cernan

Donaldson Collection/getty Images
Gene Cernan fue la undécima persona en caminar sobre la Luna, en diciembre de 1972.

El polvo lunar -o “regolito,”, su otro nombre científico- parecía flotar sobre la superficie del satélite, adhiriéndose a cualquier objeto.

“No es como el polvo terrestre”, le dijo a la BBC Butler Hine, supervisor del proyecto LADEE, una misión que la NASA lanzó en 2013.

El científico también explicó que el polvo de la Luna es “áspero” y “un poco diabólico”, pues se incrusta en huecos imposibles al seguir las líneas de campo eléctrico. Por eso resultaba tan pegajoso para los astronautas.

Por más que éstos trataran de cepillar una y otra vez los trajes, al ingresar a la cabina tras el paseo siempre quedaba algo (y a veces mucho) de aquel extraño polvo que algunos describían como olor a pólvora.

Al quitarse los guantes y los cascos, los 12 astronautas de las seis misiones Apolo (1969-72) pudieron sentirlo, probarlo e incluso olerlo.

Al acabar la misión Apolo 17, en diciembre del 72, los trajes espaciales y cascos quedaron cubiertos de polvo lunar.

NASA
Al acabar la misión Apolo 17, en diciembre de 1972, los trajes espaciales y cascos quedaron cubiertos de polvo lunar.

El piloto del Apolo 11, Buzz Aldrin, dijo que aquel polvo que ensuciaba su traje tenía una fragancia “como a carbón quemado o similar a las cenizas de una chimenea, sobre todo si derramas un poco de agua sobre ellas”.

“Es un olor realmente fuerte”, dijo por radio Charlie Duke, piloto del Apolo 16 en abril de 1972. “Me sabe y me huele a pólvora”.

Ocho meses después, tras la misión del Apolo 17, Gene Cernan confirmaría las percepciones de Duke con estas contundentes palabras: “Huele como si alguien hubiera disparado una carabina (un arma de fuego similar al fusil) aquí dentro”.

Parece una referencia muy concreta. Sin embargo, otro de los tripulantes del Apolo 17, Harrison (Jack) Schmitt, explicaría después que “todos los astronautas del Apolo estaban familiarizados con el manejo de armas”, y por eso “cuando dijeron que ‘el polvo lunar huele como la pólvora quemada’ sabían de lo que hablaban”.

“No es que fuera metálico o agrio, pero era el aroma más parecido con el que lo podíamos comparar”, declaró.

Polvo… pero no pólvora

Y si huele a pólvora y sabe como pólvora…. ¿acaso no será pólvora?

"Viaje a la Luna", de Georges Melies, 1902.

Hulton Archive/Getty Images
El viaje a la Luna no fue como lo imaginó el director francés Georges Melies en 1902, pero tampoco fue idéntico a como lo planificó el Proyecto Apolo.

Fue la pregunta que probablemente muchos se hicieron y que la NASA no tardó en desmentir.

“El polvo lunar y la pólvora no son la misma cosa”, explicó la agencia espacial en sus “Crónicas del Apolo”. De ninguna manera se asemeja a la pólvora, agregó.

Gary Lofgren, del Laboratorio de Muestras Lunares, en el Centro Espacial Johnson de la NASA, dijo que las moléculas que componen la pólvora “no fueron encontradas en el suelo lunar”.

Por su parte, el profesor de astronomía Thomas Gold desmintió en 2004 que el polvo lunar fuera explosivo.

El polvo lunar está compuesto en su gran mayoría por dióxido de silicio y es creado por los impactos de meteoritos que golpean la Luna y la quiebran en pedazos minúsculos, dice la NASA.

También es rico en hierro, calcio y magnesio y en minerales como la olivina y el piroxeno.

¿Entonces por qué huele a pólvora?

Ese es un misterio todavía por resolver, pero hay algunas teorías.

Donald Pettit, un ingeniero químico y astronauta que experimentó largas estancias en la Estación Espacial Internacional (EEI), ofreció una explicación.

Apolo, 1990

Getty Images
Una posibilidad es que, al mezclarse con la atmósfera del módulo espacial, el polvo lunar se oxida.

“Imagínense en un desierto en la Tierra”. “¿A qué huele? A nada. Hasta que llueve. El aire se llena de repente de olores dulces, pastosos”. El agua que se evapora del suelo lleva a su nariz las moléculas que han estado atrapadas en el suelo seco durante meses”, detalló.

“La Luna es como un desierto de 4.000 millones de años. Es increíblemente seca”, agregó Pettit. “Cuando el polvo lunar entra en contacto con el aire húmedo en un módulo lunar, se consigue el efecto de la lluvia del desierto’ —y algunos olores”.

Lofgren dijo que el fenómeno podría deberse a que el polvo lunar, combinado con iones desprendidos del Sol que llegan hasta el satélite, se mezclan dentro de la cabina “produciendo quién sabe qué olores””.

El científico también dijo que otra posibilidad es que el polvo lunar “se queme” dentro de la atmósfera de oxígeno del módulo lunar a través de un proceso de oxidación, parecido a la combustión, pero muy lentamente, por lo que no produce llamas.

Un frasco con polvo lunar

Laura Murray Cicco
Esta pequeña muestra de polvo lunar fue recogida por Neil Armstrong, el primer ser humano en pisar la Luna, el 20 de julio de 1969.

Pero tal vez una de las cosas que más asombro generan es que el polvo lunar ya no huele al llegar a la Tierra. Existen varias muestras de polvo y roca lunares recogidas por los astronautas.

“No huelen como la pólvora”, dijo Lofgren.

La NASA dice que, una vez en la Tierra, esa sustancia perdió fuerza y fue “contaminada” por aire y agua, eliminándose de cierta manera los efectos de “cualquier reacción química olorosa” durante el viaje de regreso a la Tierra de los astronautas.

La solución será analizar ese polvo en la propia Luna.

Pero como desde 1972 no han habido nuevas misiones tripuladas a la Luna, todavía no hay nuevos recuentos de astronautas que hayan podido contar a qué sabe y a qué huele nuestro único satélite natural.


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