El CIDE propone una justicia transicional que incluye amnistías y plan de desmovilización
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Cuartoscuro Archivo

El CIDE propone una justicia transicional que incluye amnistías y plan de desmovilización

El Centro de Investigación presentó un estudio que será entregado a Segob para ayudar a construir un modelo mexicano que lleve hacia la paz y la justicia para las víctimas.
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Por Itxaro Arteta
6 de diciembre, 2018
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Para lograr un modelo de justicia ante la violencia en México sí se podría otorgar amnistías y elaborar planes de desarme y desmovilización, entre otras herramientas, de acuerdo con un estudio elaborado por el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) a petición de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

Sobre amnistías, el informe advierte que no deben ser generalizadas para todos los participantes de un conflicto sin importar sus actos, sino que deben estar bien delimitadas.

“El primer criterio es material: en ninguna circunstancia son sujetas a amnistía las violaciones graves a derechos humanos o los crímenes internacionales (incluida la tortura, desaparición forzada, genocidio, crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad, etc.). El segundo es temporal: solo pueden incluirse los delitos cometidos durante el conflicto en cuestión. El tercero es personal: la amnistía debe definir con claridad a los potenciales beneficiarios (grupos beligerantes, exiliados políticos, etc.)”, explica.

Además, los beneficiados no deben volver a participar en actos de violencia y sí aportar información para clarificar la verdad sobre estas actividades.

Otro instrumento detallado por el estudio son los programas de desarme, desmovilización y reintegración. En el mundo, esta oferta suele ser para que combatientes de una milicia se reintegren a la vida civil sin caer en la delincuencia, para lo cual incluye oportunidades de empleo legal. Para el caso mexicano se plantea que pudiera darse no como una paz negociada con cabecillas de los grupos del crimen organizado, sino en forma individual.

“Los beneficios aplicarían en primer lugar a los miembros rasos y medios de los grupos criminales. Como en otros casos de Justicia Transicional, tales beneficios se recibirían a cambio de confesiones que esclarezcan los patrones y contextos de victimización, y a partir de las cuales podría identificarse a los máximos responsables y determinarse la responsabilidad estatal”, señala el documento.

El CIDE expone la utilidad de otras herramientas como las Comisiones de la Verdad, que independientemente de procesos penales, sirven para reconstruir la historia de lo que pasó en un contexto de violencia generalizada en un país, o en casos específicos —como la recién creada para el caso Ayotzinapa— y  explicarla a la sociedad para a partir de ahí buscar la reconciliación social.

Justicia transicional, ¿qué es y por dónde empezar?

En la presentación del informe, expertos en derechos humanos señalaron que el nuevo gobierno ha ofrecido la “justicia transicional” como la solución, pero hay que analizar las condiciones particulares de la violencia en México y construir el camino a la paz.

“Se generó entre la población la percepción de que la justicia transicional sería la receta que daría solución a los problemas del país en materia de seguridad y justicia. La justicia transicional, hay que decirlo, puede ser una vía que permita solucionar muchos de los retos que enfrentamos como país, pero no es una panacea o receta única para tales efectos. De hecho, uno de los retos es generar en México las condiciones que posibiliten su implementación”, señaló el ombudsman nacional, Luis Raúl González.

Mariclaire Acosta Urquidi, consejera de la CNDH, explicó que la justicia transicional se suele aplicar cuando hay una transición política, como en los países que pasaron de una dictadura a la democracia, pero en México ese momento de cambio de régimen ya pasó y el intento de crear una comisión de la verdad sobre la época de la guerra sucia fue más bien fallido.

Lee: ¿En qué consiste el Plan de Paz y Seguridad que anunció López Obrador?

También se aplica en el fin de un conflicto armado, pero aquí no se vislumbra que vaya a ocurrir pronto, consideró. Así que la transición que se propone es transitar de un estado de violencia de alto impacto y gran escala, hacia construir un verdadero Estado democrático de derecho. “Este documento realmente esclarece una enorme confusión que tenemos y nos señala caminos muy concretos”, dijo.

El informe identifica 2006 como el punto de partida de la violencia en el país, por la adopción de una estrategia estatal de combate al narcotráfico, con un despliegue de las fuerzas armadas, y el aumento, a partir de ese año, de las muertes violentas, que pasaron de 9.75 por cada 100 mil habitantes, a 25.13 muertes en 2017. Por ello, advierte que los perpetradores de violencia han sido tanto actores del Estado como organizaciones criminales sin ningún proyecto político o ideológico, lo cual es una particularidad del caso mexicano.

Identificar a las víctimas y reparar el daño

El estudio propone criterios para identificar a las víctimas que deberían ser atendidas por una política pública de justicia transicional. En primer lugar, por la gravedad de las violaciones a derechos humanos; segundo, por casos de alto impacto público y que llevan la intención de amedrentar a autoridades y sociedad, como en los ataques a periodistas o a candidatos; y finalmente, por los excesos del Estado cometidos en su política de combate a las drogas.

Jacobo Dayán, de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, criticó en la presentación que en México se empezó por el último paso, es decir, por las reparaciones del daño, antes de tener verdad, justicia y garantías de no repetición, que son los otros tres ejes de un proceso transicional.

Para ello se creó la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), que es una especie de ventanilla única que atiende hasta quejas de negligencias médicas o violencia intrafamiliar, en lugar de centrarse en casos de violencia extraordinaria.

En este sentido, el documento elaborado por el CIDE propone crear un programa administrativo de reparación de daños, que además de indemnizaciones, incluya otras acciones que den satisfacción a las víctimas, como disculpas públicas.

La propuesta incluye que se cree un órgano independiente para supervisión, seguimiento y evaluación de las medidas que se tomen; que se incorpore a actores internacionales que puedan prestar asistencia técnica en el proceso; y que en tres años se evalúe si las herramientas adoptadas han funcionado y hay resultados, o hace falta modificar el modelo.

El informe será entregado por la CNDH a la Secretaría de Gobernación y se sumará a otras propuestas que colectivos de la sociedad civil han venido trabajando desde septiembre con el entonces equipo de transición, un proceso en el que la Comisión no ha participado.

 

 

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Evolución del coronavirus: El covid-19 se comporta como si fuera una enfermedad de transmisión sexual

Desde el punto de vista evolutivo, el coronavirus se asemeja a una enfermedad de transmisión sexual: la persona infectada continúa viéndose y sintiéndose bien mientras contagia a otros. Y, dado a que en algunos casos provoca cuadros graves y en otros no, es un virus muy difícil de controlar.
Getty Images
18 de junio, 2020
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En el caso de los virus, hay una delgada línea entre la severidad y la transmisibilidad. Si son demasiado virulentos, matan o dejan incapacitado a su huésped, pero esto limita su habilidad de infectar a otros nuevos.

Por el contrario, si hacen poco daño, no pueden generar suficientes copias de sí mismos para volverse infecciosos.

Pero, el SARS-CoV-2, el coronavirus que causa la covid-19, esquiva esta compensación evolutiva.

Los síntomas, por lo general, no aparecen hasta que la persona infectada ha estado propagando el virus durante varios días.

Un estudio del SARS-CoV-2 estimó que la tasa más alta de transmisión viral tiene lugar uno a dos días antes de que la persona infectada comience a mostrar síntomas.

En términos más sencillos, sólo te sientes enfermo cuando el virus ha logrado cumplir con su meta evolutiva: propagarse.

Los virus que son buenos haciendo copias de sí mismos y haciendo que esas copias entren dentro de nuevos huéspedes, son más exitosos y se vuelven más prevalentes hasta la que inmunidad del huésped o medidas de salud pública lo contienen.

Como profesores que estudiamos medicina evolutiva, sabemos que la compensación entre la virulencia y la transmisibilidad ayuda a mantener a un patógeno bajo control.

Prueba de covid

Getty Images
Entre el 40% y el 45% de las personas infectadas con SARS-CoV-2 son asintomáticas.

La misma destructividad de un virus evita que se propague demasiado.

Esto ha sido el caso con otros patógenos pandémicos, incluyendo el virus de Marburgo, el ébola y el coronavirus original responsable del SARS.

Los brotes que causan consistentemente síntomas severos son más fáciles de acorralar con medidas de salud pública, porque los individuos infectados son fácilmente identificables.

El SARS-CoV-2, sin embargo, puede invadir comunidades sigilosamente, porque muchos individuos infectados no tienen ningún síntoma.

Como una enfermedad de transmisión sexual

Desde este punto de vista, la covid-19 se asemeja a una enfermedad de transmisión sexual.

La persona infectada continúa viéndose y sintiéndose bien, mientras propaga la enfermedad a nuevos huéspedes.

El VIH y la sífilis, por ejemplo, son relativamente asintomáticos por una gran parte del tiempo en que son contagiosas.

Con el SARS-CoV-2, investigaciones recientes indican que el entre el 40% y el 45% de las personas infectadas son asintomáticas.

Y estos portadores son capaces de transmitir el virus por un período más largo.

Hombre en un consultorio médico

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Al igual que enfermedades de transmisión sexual, lpersona infectada continúa viéndose y sintiéndose bien, mientras propaga la enfermedad a nuevos huéspedes.

La covid-19 tiene otra similitud con muchas enfermedades de transmisión sexual.

Su severidad no es la misma en todos los huéspedes y por lo general estas diferencias son dramáticas.

Hay evidencia de que la habilidad para luchar contra la infección difiere entre la gente. La severidad entre las cepas del virus también puede ser diferente, aunque aún no hay evidencia sólida al respecto.

Incluso cada cepa de SARS-CoV-2 puede afectar a la gente de diferentes formas, lo cual puede facilitar su propagación.

Hospital

Reuters
El virus es particularmente agresivo con las personas mayores de edad y con ciertas enfermedades preexistentes como diabetes o hipertensión.

El virus SARS-CoV-2 -o cualquier otro patógeno- no cambia deliberadamente lo que hace para explotarnos y usar nuestro cuerpo como vehículo de transmisión, pero los patógenos pueden evolucionar de modo que parezca que están jugando con nosotros.

Estudios muestran que los patógenos pueden expresar virulencia condicional -es decir, que pueden ser altamente virulentos en algunos individuos y menos virulentos en otros- dependiendo de características del huésped como la edad, la presencia de otras infecciones y la respuesta inmunitaria de cada individuo.

Esto puede explicar por qué el SARS-CoV-2 evita el mecanismo de compensación.

En algunos individuos maximiza la virulencia. En otros maximiza su transmisibilidad.

Cómo el SARS-CoV-2 se sale con la suya

La edad, hasta el momento, parece ser un factor crítico. La gente mayor tiende a sufrir infecciones altamente destructivas, mientras que los huéspedes más jóvenes, aunque pueden infectarse de la misma manera, se ven mayormente poco afectados.

Esto puede ser porque distintos huéspedes pueden tener distintas respuestas inmunitarias.

Otra explicación es que, a medida que nos volvemos mayores, somos más propensos a desarrollar otras enfermedades como obesidad e hipertensión, que pueden hacernos más susceptibles al daño provocado por el SARS-CoV-2.

Más allá del mecanismo, este patrón basado en la edad le permite al SARS-CoV-2 salirse con la suya desde el punto de vista evolutivo: devastando a las personas mayores con alta virulencia, pero manteniendo a las personas más jóvenes como vehículos de transmisión.

Hospital

Getty Images
Al ser una enfermedad nueva, todavía hay demasiadas incógnitas sin responder, cómo cuáles son sus efectos a largo plazo, por ejemplo.

Algunos estudios indican que la gente joven es más probable que sea asintomática.

Ambos, los asintomáticos y los presintomáticos pueden transmitir el virus.

¿Qué sabemos entonces de la evolución del SARS-CoV-2? Desafortunadamente, aún no mucho. Hay algo de evidencia de que el virus puede estar adaptándose a nosotros, como nuevos huéspedes, pero hasta el momento no hay evidencia que muestre que estas mutaciones están cambiando al virulencia o transmisibilidad del SARS-CoV-2.

Y como el SARS-CoV-2 puede esquivar la compensación típica entre la virulencia y la transmisibilidad, puede que haya poca presión evolutiva para transformarse disminuir su severidad a medida que se propaga.

De todos los misterios que rodean a la covid-19, una cosa es cierta: no podemos dejarnos llevar por una falsa sensación de seguridad. Como advirtió Sun Tzu en “El arte de la guerra”, conoce a tu enemigo.

Hay mucho más que saber sobre el SARS-CoV-2 antes de cantar victoria.

*Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original en inglés.. Athena Aktipis es profesora asistente de Psicología del Centro de Evolución y Medicina de la Universidad Estatal de Arizona en EE.UU. Joe Alcock es profesor de Medicina de Emergencia de la Universidad de México.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC


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