¿Por qué la justicia es cara en México? No solo son los sueldos de ministros, también burocracia y prestaciones
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¿Por qué la justicia es cara en México? No solo son los sueldos de ministros, también burocracia y prestaciones

En México, contrario a otros países, se destina mucho más dinero al Poder Judicial federal que al local, pese a que más del 80% de asuntos competen a los jueces en los estados.
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11 de diciembre, 2018
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En los últimos ocho años el presupuesto que se destina al aparato de justicia federal en México casi se ha duplicado. Y sí, hoy un ministro de la Corte gana casi 600 mil pesos mensuales, como ha dicho el Presidente. Los datos oficiales lo prueban. Sin embargo, lo costoso del aparato de justicia federal en el país va más allá de los sueldos de dichos funcionarios.

Una revisión de estudios elaborados por investigadores y datos oficiales publicados en los últimos años sobre los recursos que se destinan al sistema de justicia en nuestro país revelan, por ejemplo, el exceso de la burocracia en la Corte (tiene siete veces más personal que la estadounidense). Sin embargo, la Corte mexicana a su vez tiene una mayor carga de trabajo– más de 14 mil asuntos – frente la estadounidense que solo dicta de 8 a 10 sentencias por año.

Y también hay una inequitativa repartición de recursos: contrario a la tendencia internacional en México se destina menos dinero a la justicia local, pese a la carga de trabajo es mucho mayor en los estados que en los juzgados federales.

Además los expertos cuestionan algunas prestaciones como los bonos de riesgo para todos los jueces y magistrados. Por otro lado un análisis elaborado por un ministro en retiro en México reconoce que sus homólogos en Estados Unidos tienen un salario inferior, pero en cambio, reciben mejores prestaciones, como una casa gratis o tres meses de vacaciones pagadas.

A continuación Animal Político detalla los costos clave del sistema de justicia en México.

¿Los ministros ganan 600 mil como dice AMLO?

De acuerdo con el Presupuesto de Egresos de la Federación del Ejercicio Fiscal 2018, todos los ministros de la Corte perciben un ingreso bruto total al año – sin descontar impuestos – de 6 millones 938 mil 234 pesos. Es decir, un promedio mensual de casi 578 mil 186 pesos.

Dicha cifra comprende tanto lo que se percibe nominalmente como salario, así como un conjunto de pagos que cada ministro recibe por múltiples prestaciones que van desde un bono especial por riesgo, hasta concepto de prima vacacional, aguinaldo, gratificación de fin de año, prima quincenal, ayuda para despensa, seguro colectivo de retiro, seguro de gastos médicos mayores, seguro de separación individualizado, apoyo económico para adquisiciones de vehículo, entre otros.

La Corte publicó ayer en su cuenta oficial de Twitter que ningún ministro gana 600 mil pesos e hizo referencia a un manual de pagos publicado en el Diario Oficial de la Federación, sin embargo, en dicho documento las cantidades que se muestran son netas, es decir, incluyen los salarios menos impuestos. Lo que ahí se indica es que el salario mensual neto de los ministros es de 269 mil 215 pesos, más un pago anual de 444 mil 380 pesos por aguinaldo-prima vacacional, y otro anual de 554 mil 595 pesos por riesgo.

En la Suprema Corte explicaron que antes de la reforma constitucional de 2009 que buscaba igualar los salarios con los del Presidente de la República, el salario promedio de cada ministro era superior al actual.

No obstante, luego de esa reforma, la Corte acordó de forma interna aplicar un recorte de 40% a la remuneración salarial para tratar de igualar dicho salario con lo que percibe el presidente, incluyendo sus prestaciones.

Un ensayo publicado en noviembre pasado denominado “¿Absolutismo Constitucional?”, elaborado por el ministro en retiro Serio Aguirre Anguiano, sostiene que la reforma de 2009 es inequitativa pues bajo el argumento de igualar los salarios con el del Presidente, no tomó en cuenta todas las percepciones extra que este recibía e incluso también los apoyos a sus familia.

Por otro lado en el Consejo de la Judicatura Federal precisaron que aun cuando el ministro Luis María Aguilar podría percibir un segundo salario por fungir como presidente del Consejo de la Judicatura, el decidió renunciar al mismo al igual que su antecesor. Es decir, su único sueldo es el de ministro.

¿Ganan más los ministros aquí en otros países? Antes sí, ahora no tanto

Un análisis denominado “¿Por qué nos cuesta tanto la Suprema Corte?” elaborado por los investigadores Ana Laura Magaloni y Carlos Elizondo Mayer-Serra y publicado por el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) revela que al menos hasta 2011 los salarios de los ministros en nuestro país no solo eran elevados, sino superaban a las de naciones de primer mundo. Hoy dicho escenario se ha matizado.

De acuerdo con el análisis, hace ocho años los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación aun percibían ingresos netos anuales (ya con impuestos descontados) de poco más de 4.1 millones de pesos anuales.

Para ponerlo en proporción, en Canadá ministros del mismo rango percibían 3.8 millones anuales libres de impuestos, en Estados Unidos 2.9 millones de pesos, en Alemania 2.5 millones; en España 2.2 millones, en Colombia 1.7 millones de pesos y Perú 1.3 millones de pesos. Todos por debajo de México.

Sin embargo, de acuerdo con los expertos, han ocurrido dos situaciones que han emparejado hoy esos salarios. Por un lado el recorte salarial que se aplicó luego de la reforma de 2009 y que de acuerdo con datos de la propia Corte fue de 40%.

Y la otra situación que remarcan los analistas es el encarecimiento del dólar. En 2010 los ministros ganaban más de 300 mil pesos con una paridad de dólar de 10 pesos. Hoy perciben menos y con un dólar que ya vale 20 pesos. Ello ha contribuido a emparejar el salario respecto a países de primer mundo, aun cuando se mantengan por encima de América Latina.

Por otro lado el ensayo “¿Absolutismo Constitucional?” del ministro Anguiano sostiene que si bien puede parecer que ministros en Estados Unidos ganan menos dinero, las comparaciones no toman en cuenta que, por ejemplo, al ser nombrados estos reciben una casa habitación sin tener que cubrir pago alguno de mantenimiento, gozan de tres meses de vacaciones al año con todos los pagos que hagan reembolsables, entre otros.

Prestaciones excesivas: bonos de riesgo ¿sin riesgo?

Para los investigadores desde hace años existe un exceso en cuanto a las prestaciones que reciben los ministros, magistrados y algunos jueces.

Por ejemplo, en el referido decreto publicado en febrero pasado se establece entre las prestaciones algo denominado “Pago por Riesgo”, y que se define como un bono extra “por la naturaleza y complejidad” de las funciones encomendadas. En el caso de los ministros de la Corte dicho pago es de más de 554 mil pesos al año (853 mil pesos sino no se descuenta el impuesto); en el caso de los magistrados es de 472 mil pesos anuales; y de jueces de distrito es de 422 mil pesos.

No obstante, los analistas advierten que dicha prestación es excesiva pues no debería aplicarse de forma general, sino solo a los funcionarios judiciales que, en efecto, operen temas penales y en zonas de riesgo. En este esquema no entraría ningún ministro de la Corte quienes viven en Ciudad de México.

El referido informe publicado por el CIDE identifica además prestaciones que, sostiene, son excesivas. Por ejemplo pensiones vitalicias superiores a los 150 mil pesos, o un pago promedio de 54 mil pesos diarios en viáticos destinados a funcionarios asignados a comisiones.

Una Corte “gorda” y cara

Aun cuando los salarios de ministros se hayan emparejado, el costo de la Suprema Corte es elevado en comparación con las cortes y tribunales de funciones similares de otros países, de acuerdo con el análisis de Magaloni y Elizondo.

De acuerdo con su estudio, en 2009 el presupuesto total dicho organismo ascendía a 3 mil 224 millones de pesos. En comparación el presupuesto de la Suprema Corte en Estados Unidos era de mil 192 millones de pesos – menos de la mitad -, y el de la Corte Suprema de Canadá fue de 491 millones de pesos, apenas una sexta parte.

Y más llamativo es el contraste con el Tribunal Constitucional de España cuyo presupuesto era de 411 millones de pesos, mientras que el de la Corte Constitucional fue de 107 millones de pesos (3.3 por ciento en comparación con el presupuesto de México) y el del Tribunal Constitucional de Perú fue de apenas 93 millones de pesos (2.9 por ciento respecto a De México).

En 2018 esta brecha puede ser mayor pues el presupuesto de la Suprema Corte de Justicia se ha elevado. Mientras que en 2010 el presupuesto fue de más de 4 mil 400 millones de pesos, para 2018 superó los 5 mil 600 millones de pesos. Esto de acuerdo con los reportes de egresos publicados por la Secretaría de Hacienda.

¿Por qué es tan cara la Suprema Corte en México? El estudio lo atribuye a su “enorme y gorda burocracia”. Esto ya que emplea a más de 3 mil funcionarios, mientras que, por ejemplo, la Corte en Estados Unidos emplea siete veces menso personal (483 personas), la de España 278 personas, la de Perú 175 personas y la de Chile a apenas 75 personas.

Los analistas explican que ello obedece que la SCJN no es un tribunal que se limite solamente a su función jurisdiccional, sino que además administra casas de cultura en todo el país, organiza eventos, publica libros, entre otros, lo que encarece su operación. De hecho, se estima que 2 de cada 3 servidores públicos de la Corte son ajenos a la labora jurisdiccional, y en realidad hacen funciones administrativas.

Lo anterior provoca que su presupuesto sea mucho mayor.

En el Poder Judicial acotaron que el elevado costo de la SCJN respecto a similares como la de Estados Unidos también se debe a que atiende una mucho mayor cantidad de asunto: 14 mil asuntos al año por apenas 10 de su homóloga estadounidense. En ese contexto señalaron que es necesario reducir el número de temas que aborda, pero ello requiere una reforma legislativa que pase por el Congreso.

Justicia de cabeza: menos dinero a quien más trabajo tiene

Otro estudio del CIDE denominado “La justicia de cabeza: la irracionalidad del gasto público en tribunales” evidencia la disparidad que existe en México en cuanto a los recursos asignados a la justicia federal respecto a la justicia local.

Por ejemplo, en 2010 se destinaban en México 34 mil millones de pesos al aparato de justicia federal (303 pesos per cápita), y solo 18 mil 833 millones de pesos (168 pesos per cápita) a la justicia local. De acuerdo con los investigadores dicha disparidad persiste hasta la fecha.

El estudio subraya que el asignar casi el doble a la justicia federal no tiene lógica con la práctica real. Esto ya que el 80 por ciento de los asuntos judiciales que se inician en México competen a los juzgados y tribunales de los estados, es decir los locales, y solo el 10 por ciento a los federales.

Esta disparidad no concuerda con la de otros países de la región en donde la asignación de recursos es a la inversa: se asigna más presupuesto a la justicia local que a la federal. Por ejemplo en Brasil el gasto per cápita en justicia local es del doble respecto a la federal, en Argentina el triple, y en Estados Unidos y Canadá el gasto en justicia local era 8 veces superior al federal.

Y en comparación con esos mismos países el gasto per cápita para justicia local en México (168 pesos) era significativamente menor, al menos en 2010, año que revisa el estudio. En Brasil se destinaron 758 pesos per cápita en justicia local, en Argentina 710 pesos, en Canadá 1 mil 442 pesos y en Estados Unidos 1 mil 619 pesos.

El análisis de Magaloni y Elizondo también destaca que si bien hay similitud en el nivel de salario que un juez federal recibe en México respecto a los países antes mencionados, no ocurre así con el sueldo de jueces locales que en Argentina, Brasil, Canadá y Estados unidos es similar al de su homologo federal mientras que en México perciben casi una cuarta parte.

Una revisión hecha por Animal Político a los presupuestos de egresos confirma que el aparato de justicia federal es cada vez más caro.

Y es que mientras en 2010 el presupuesto para el Consejo de la Judicatura Federal era de 33 mil 600 millones de pesos, para 2014 había ascendido ya a más de 47 mil millones de pesos, y este año llegó hasta casi 68 mil millones de pesos.

 

Con información de Yuriria Ávila.

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Los miniórganos creados por científicos que revolucionan el conocimiento sobre COVID

Desde minipulmones a minivasos sanguíneos. Técnicas desarrolladas hace pocos años permiten evaluar rápidamente posibles tratamientos y entender mejor cómo el coronavirus afecta a diferentes partes del cuerpo.
5 de diciembre, 2020
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Imagina tomar un puñado de células humanas de diferentes tipos y, después de una serie de procedimientos, transformarlas en un órgano en miniatura, que funciona y puede ser observado a simple vista.

Esto ya es posible hoy: los miniórganos (u organoides, nombre preferido entre los científicos) son una herramienta poderosa, que ayuda a comprender cómo el SARS-CoV-2, el coronavirus responsable de la pandemia actual, causa daños en diferentes partes de nuestro cuerpo.

Gracias a esta tecnología, los expertos evaluaron varios tratamientos posibles y entendieron rápidamente que la covid-19 no era solo una enfermedad que afectaba al sistema respiratorio, sino que tenía repercusiones en el corazón, intestino, riñones e incluso en el cerebro.

¿Pero cómo se crea un miniórgano? ¿Y qué ventajas tiene en comparación con otros métodos más antiguos, como los cultivos celulares y las cobayas de laboratorio?

Volver al pasado para proyectar el futuro

La materia prima básica para la construcción de un organoide son las células simples presentes en la piel o el sistema urinario. Tras la selección, los científicos realizan un procedimiento que hace que estas unidades se conviertan en células madre.

Es como si esas células retrocedieran en el tiempo. A través de una transformación genética se vuelven células madre nuevamente”, señaló la neurocientífica Marília Zaluar Guimarães, del Instituto D’Or de Investigación y Educación, en Río de Janeiro (IDor).

La descripción de este proceso biológico y la tecnología capaz de hacerlo factible le valieron al británico John Gurdon y al japonés Shinya Yamanaka el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 2012.

Placa de petri circular con pequeñas esferas dentro que representan los minicerebros

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Esta ilustración muestra el tamaño de minicerebros en una placa de Petri y cómo pueden ser apreciados a simple vista.

Pero esa es apenas una parte de la historia. Después de que las células “retroceden en el tiempo”, es preciso realizar otro paso. “Hacemos que estas células madre se diferencien y se especialicen nuevamente”, agregó Guimarães, quien también es profesora de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) en Brasil.

En otras palabras, es posible tomar una célula de la piel y, siguiendo unos pocos pasos, lograr una metamorfosis para que se convierta en una neurona o en un glóbulo rojo.

La gran ventaja es que los organoides no son solo un montón de células que pueden ser analizadas con la ayuda de un microscopio. Hablamos aquí de formaciones más complejas, que agrupan a más de un tipo de célula y, a menudo, son visibles a simple vista. Realmente se trata de un órgano en escala reducida.

“Los minicerebros, por ejemplo, son esféricos, pero no tienen la misma forma que el órgano real. Lo que nos permite saber que esa estructura se asemeja al original son sus características celulares y bioquímicas”, explicó el biólogo Daniel Martins de Souza, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) en Brasil.

Los orígenes

En una perspectiva histórica, la posibilidad de construir miniórganos es muy reciente. Los científicos solo han podido avanzar significativamente en este tema en los últimos 10 años.

Pero en este período breve los organoides ya hicieron grandes contribuciones a la ciencia. Uno de los mayores ejemplos de esto ocurrió durante la epidemia de Zika, que preocupó al mundo en 2015 y 2016.

Bebé en Brasil que padece microcefalia con una médica

Getty Images
Investigaciones con las nuevas técnicas permitieron demostrar que el Zika afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito que causa microcefalia en bebés.

Transmitido por la picadura del mosquito Aedes aegypti, el virus causa síntomas relativamente simples, como fiebre baja, dolor y enrojecimiento de los ojos.

Pero la explosión de casos de microcefalia (cuando el bebé nace con un cráneo y un cerebro más pequeños de lo habitual) en la región noreste del país fue una señal de alerta: ¿podría una infección de zika durante el embarazo estar relacionada con esta complicación grave?

La sospecha se confirmó gracias a la investigación con organoides. En el laboratorio, un equipo liderado por el neurocientífico Stevens Rehen, de UFRJ e IDor, utilizó minicerebros para demostrar que el Zika en realidad afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito asociado con la infección, que causa microcefalia y otros problemas de salud en los bebés.

“Esta fue la primera vez que se utilizó el modelo de los organoides para comprender una enfermedad viral”, recordó Guimarães.

Las ventajas

En las últimas décadas, los cultivos celulares y las cobayas han sido los principales medios para realizar estudios preliminares con candidatos a fármacos o vacunas.

La idea es comprender cómo actúan estas nuevas moléculas a una escala menor y más controlada antes de pasar a los ensayos clínicos con seres humanos.

Estas metodologías también permiten comprender cómo una determinada enfermedad afecta al organismo, aunque sea en forma simplificada.

Ilustración que muestra coronavirus y el cuerpo de un hombre

Getty Images
Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible.

Pero las alternativas más antiguas tienen una serie de limitaciones, comenzando por su propia simplicidad, que no reproduce las mismas características de la vida real.

“Los organoides, en cambio, están compuestos por diferentes células y tienen una estructura tridimensional. Por eso, tienen funciones más similares a lo que sucede en la realidad“, afirmó el experto en farmacéutica Kazuo Takayama, profesor de la Universidad de Kioto en Japón.

En el caso de las cobayas también existe una limitación en la cantidad de animales disponibles para su uso en experimentos. “Es posible cultivar miniórganos en el laboratorio casi infinitamente, por lo que pueden usarse para probar nuevos medicamentos a gran escala”, agregó Takayama.

Conocimiento optimizado

Durante una pandemia como la que estamos viviendo, este enfoque moderno también permitió acelerar algunos procesos y obtener información esencial rápidamente.

Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible. Esto, a su vez, obstaculizaría el avance de la ciencia y retrasaría aún más la llegada de métodos seguros y eficaces de diagnóstico, prevención y tratamiento.

Ilustración de un vaso sanguíneo, células de la sangre y un coronavirus

Getty Images
Las investigaciones con miniórganos permitieron entender qué células invade el coronavirus. Actualmente se sabe que el patógeno puede afectar los vasos sanguíneos.

Veamos ejemplos prácticos de cómo sucedió esto en los últimos meses. Ante la emergencia sanitaria mundial, muchos expertos quisieron evaluar si ya existían medicamentos disponibles en el mercado que pudieran combatir el virus o mitigar sus daños.

Muchas de estas terapias se probaron en organoides. Aquellos tratamientos que no funcionaron de inmediato fueron descartados. Y los medicamentos que mostraron algún efecto positivo inicial evolucionaron más rápidamente hacia las siguientes fases de investigación. Imagina cuánto tiempo se ahorró con esta evaluación inicial.

Pero las aplicaciones fueron más allá del área farmacéutica. Investigadores en Japón y Estados Unidos se centraron en los minipulmones y descubrieron que el SARS-CoV-2 invade y destruye células del sistema respiratorio. Esto, a su vez, puede generar una respuesta inflamatoria muy fuerte y dañina para la salud de la persona afectada por la infección.

“En general, los organoides nos permitieron comprender qué células humanas invade el coronavirus y utiliza para replicarse. Nuestro grupo demostró que esto sucede en el intestino, lo que explica los síntomas gastrointestinales que se observan en muchos pacientes”, señaron los investigadores Joep Beumer y Maarten Geurts, del Instituto Hubrecht, en Holanda.

Otro experimento realizado en la Universidad de la Columbia Británica en Canadá y en el Instituto de Biotecnología Molecular en Viena, Austria, construyó vasos sanguíneos en miniatura. De esa forma se pudo observar que el virus de la covid-19 invade el endotelio (la capa interna de las venas y arterias).

Esto tiene dos implicaciones principales. El primero es la formación de coágulos que bloquean el paso de la sangre y pueden desencadenar un ataque cardíaco, un derrame cerebral o una trombosis. En segundo lugar, existe la sospecha de que a través de la circulación sanguínea el patógeno puede “filtrarse” a diferentes áreas del cuerpo y afectar otros órganos importantes.

Las iniciativas no terminan ahí. Se sigue trabajando con organoides para evaluar posibles huellas del coronavirus en el hígado, los riñones, el corazón y el cerebro.

Foto tomada con un microscopio que muestra neuroesferas y coronavirus

Carolina Pedrosa – IDor
Neuroesferas infectadas por SARS-CoV-2. Los puntos azules son los núcleos de las células. La zona verde es el coronavirus.

Los límites

A pesar de tener tantas ventajas, los organoides no son perfectos y no permiten encontrar todas las respuestas.

“Esta es un área que está dando sus primeros pasos y enfrenta importantes desafíos. Muchas de estas estructuras están hechas con células aún inmaduras, lo que significa que no son 100% comparables a los órganos de un adulto“, afirmó Núria Montserrat Pulido, profesora del Instituto de Bioingeniería de Cataluña, España.

La bioquímica Shuibing Chen, de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, destacó la gran variabilidad entre los modelos de miniórganos utilizados por los grupos de investigación.

“Necesitamos estandarizar este material para comprender las aplicaciones de nuestros esfuerzos en el mundo real”, advirtió.

La inversión financiera es otra barrera a considerar en este contexto. “Los materiales que utilizamos son caros y estamos trabajando para crear sistemas rentables”, añadió Chen.

Souza destacó un impedimento más: los miniórganos son (aún) estructuras aisladas, que no interactúan con otros sistemas del cuerpo humano. Por ello no es posible comprender cómo los efectos del coronavirus en los riñones, por ejemplo, repercuten en el corazón o en el intestino.

“Tal vez en el futuro tendremos diferentes organoides conectados, para que interactúen en el laboratorio”, agregó Souza.

Si los organoides ya han aportado tanto conocimiento en sus primeros pasos, imagina lo que podrán hacer cuando sean perfeccionados.


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https://www.youtube.com/watch?v=3KQvURTJmgA

Si los organoides ya han aportado tanto conocimiento en sus primeros pasos, imagina lo que podrán hacer cuando sean perfeccionados.

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