Propone AMLO alza al presupuesto del Ejército, pero reduce el del resto de las áreas de seguridad y justicia
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Propone AMLO alza al presupuesto del Ejército, pero reduce el del resto de las áreas de seguridad y justicia

El subsidio destinado en seguridad para municipios sufre una reducción de casi mil millones de pesos. También hay recortes en las áreas de penales, inteligencia y Policía Federal.
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16 de diciembre, 2018
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El proyecto de presupuesto para 2019 elaborado por el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador contempla un incremento de recursos para el Ejército Mexicano de 12 mil 648 millones de pesos, pero a su vez recorta los recursos destinados a todas las demás instancias de seguridad, justicia y migración.

Incluso, y pese a que se había dicho públicamente que al ser un tema prioritario no habría recortes, el presupuesto contempla una reducción superior a los 990 millones en los subsidios en seguridad para municipios y estados.

En el caso de la Secretaria de la Defensa Nacional (Sedena), la propuesta enviada al Congreso para su análisis prevé un presupuesto total de 93 mil 670 millones 187 mil 410 pesos. En 2018 se asignaron al Ejército 81 mil 21 millones de pesos, lo que equivale a un incremento (tomando en cuenta el factor de la inflación) del 11.3%.

Se trata no solo del mayor presupuesto para la Defensa Nacional por lo menos de 2010 a la fecha, sino además del mayor incremento de un año a otro.

El Gobierno Federal había adelantado ya que el presupuesto para el Ejército Mexicano se incrementaría, sobre todo porque sobre él recaerá el equipamiento, adiestramiento y pago de los elementos de la Guardia Nacional, un nuevo agrupamiento de corte militar (cuya existencia deberá aprobar el Congreso) con el que se pretende combatir principalmente a la delincuencia.

Recortes en dependencias, inteligencia y reclusorios

El resto de las dependencias del gobierno involucradas en tareas de seguridad, prevención e investigación de los delitos registran recortes presupuestales en lo proyectado para 2019, en comparación con este año.

La otra rama de las fuerzas armadas, la Secretaría de Marina, tiene proyectado un presupuesto de 29 mil 583 millones 375 mil 192 pesos, que de aprobarse equivaldría a una reducción en términos reales del 9%.

La Procuraduría General de la República (PGR), que se convertirá en Fiscalía General en los próximos días, tiene programado para 2019 un presupuesto de 15 mil 328 millones 222 mil 730 pesos, que en términos reales es una reducción del 9.1%.

Para la Policía Federal el proyecto de presupuesto contempla 26 mil 233 millones 830 mil 213 pesos, un presupuesto inferior al aprobado para 2018 que fue de 27 mil 571 millones 928 mil 196 pesos.

En cuanto a los recursos que se contemplan para Reclusión y Readaptación Social en 2019 (es decir para la operación de los penales federales), se prevén 17 mil 354 millones de pesos, que son 411 millones menos respecto a lo de 2018.

Este descenso en el presupuesto para las cárceles se registra pese a que en el Congreso avanza una reforma que amplía la lista de delitos que requieren prisión preventiva forzosa, entre ellos el de portación de armas de Uso Exclusivo del Ejército, que es un ilícito del orden federal. Esto significa un potencial crecimiento de la población penitenciaria federal para el próximo año.

Más ejemplos de recortes en seguridad: para el Sistema Nacional de Seguridad Pública se contemplan 4 mil 676 millones de pesos, que son mil millones de pesos por debajo de lo aprobado para 2018.

Y mientras que en el concepto denominado Inteligencia para la Seguridad Nacional este año se aprobaron 2 mil 888 millones de pesos, para 2019 lo que se propone es un recorte a 2 mil 490 millones.

Para Plataforma México, la base de datos contra el crimen que el gobierno federal ha señalado que hay que rescatar y reaprovechar, también se prevé un recorte. Su presupuesto pasaría de los 393 millones 228 mil pesos aprobados este año a 352 millones 113 mil pesos.

El proyecto enviado ayer al Congreso de igual forma plantea reducir los recursos de la Coordinación Nacional Antisecuestro de los 75 millones 280 mil aprobados en 2018, a 60 millones 255 mil en 2019.

De igual forma el presupuesto prevé reducir los recursos del Instituto Nacional de Migración de 1 mil 731 millones este año a 1 mil 330 millones para el próximo. Y se contempla una reducción en términos reales de 18% para la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal.

Recorte a subsidios, pese a promesa

En una reunión con gobernadores sostenida la semana pasada el secretario de Seguridad Pública Alfonso Durazo, prometió que los subsidios y apoyos para entidades y municipios en materia de seguridad se mantendrían al menos “al mismo nivel” que lo contemplado para 2018, y dijo que serían más de 11 mil millones de pesos.

El proyecto de presupuesto para 2019, en efecto, contempla una cifra similar -11 mil 219 millones en total -, pero sí equivale a un recorte pues lo aprobado para 2018 era superior.

La reducción se presenta en uno de los dos fondos que componen estos subsidios: el denominado “Subsidios en Materia de Seguridad Pública” (antes conocidos como subsemun). Para este se contemplan 4 mil 9 millones 124 mil 98 pesos en 2019, que son inferiores a los 5 mil millones de pesos que se autorizaron para 2018.

En el otro fondo denominado FASP se contempla para 2019 un total de 7 mil 210 millones, que es ligeramente superior a los 7 mil millones de 2018. Pero aun con ello, el presupuesto total para subsidios de 2012 sumando los dos ya mencionados era de 12 mil millones de pesos.

Recortes en el Poder Judicial Federal

El presupuesto proyectado para el Poder Judicial Federal en 2019 en su conjunto es de 65 mil 356 millones 725 mil pesos, que representa una reducción de seis mil millones de pesos si se compara con los 71 mil 366 millones de pesos autorizados para este 2018. En términos reales, ya considerando la inflación, es un recorte del 11.8%.

De aprobarse el proyecto el presupuesto específico para la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se reduciría en términos reales un 18.3%; mientras que el del Consejo de la Judicatura Federal caería 9.7%.

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Por qué hace 100 años muchos en EU se negaron a usar cubrebocas contra la gripe española

En el peor momento de la gripe española de 1918 muchos estadounidenses se negaron a usar tapabocas, algo que también está sucediendo este 2020 con la pandemia de covid-19.
9 de agosto, 2020
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Manifestación en Estados Unidos contra el uso de mascarillas

Getty Images
Durante la pandemia de covid-19, se han organizado manifestaciones en contra del uso de mascarillas en Estados Unidos.

Todos hemos visto los titulares alarmantes: los casos de coronavirus están aumentando en 40 estados de Estados Unidos, con nuevos fallecimientos y tasas de hospitalización aumentando a un ritmo alarmante.

Los funcionarios de salud advirtieron que EE.UU. debe actuar rápidamente para detener la propagación o se correrá el riesgo de perder el control sobre la pandemia.

Para controlarlo existe un claro consenso de que se deben usar mascarillas en público y practicar el distanciamiento social.

Si bien la mayoría de los estadounidenses apoyan el uso de tapabocas, el cumplimiento generalizado y constante ha resultado difícil de mantener en las comunidades de todo el país.

Manifestantes se reunieron frente a los ayuntamientos de la ciudad de Scottsdale, Arizona; Austin, Texas; y otras ciudades para protestar contra los mandatos locales respecto a las mascarillas.

Varios alguaciles del estado de Washington y de Carolina del Norte han anunciado que no harán cumplir las normativas de uso.

He investigado extensamente la historia de la pandemia de 1918.

En ese momento, sin vacunas o terapias farmacológicas efectivas, las comunidades de todo el país instituyeron una serie de medidas de salud pública para frenar la propagación de una epidemia de influenza mortal: cerraron escuelas y negocios, prohibieron reuniones públicas y aislaron y pusieron en cuarentena a los infectados.

Titulares de periódicos de Chicago relacionados con la pandemia de gripe española

Getty Images
Titulares de periódicos de Chicago relacionados con la pandemia de gripe española que incluyen: “Redadas policiales en bares en la guerra contra la influenza”, “Toque de queda en la ciudad” y “Quien estornude sin taparse será detenido”.

Muchas comunidades recomendaron o exigieron que los ciudadanos usaran mascarillas en público, y eso, no los onerosos encierros, fue lo que provocó la mayor ira.

Por la patria

A mediados de octubre de 1918, en medio de una terrible epidemia en el noreste y brotes de rápido crecimiento en todo el país, el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos distribuyó folletos recomendando que todos los ciudadanos usaran tapabocas.

La Cruz Roja sacó anuncios en los periódicos alentando su uso y ofreció instrucciones sobre cómo fabricar mascarillas en casa con gasa e hilo de algodón.

Algunos departamentos de salud estatales lanzaron sus propias iniciativas, sobre todo California, Utah y Washington.

En todo el país, los carteles presentaban el uso de mascarillas como un deber cívico: la responsabilidad social se había incrustado en el tejido social mediante una campaña de propaganda federal masiva en tiempos de guerra lanzada a principios de 1917, cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial.

barrendero con una máscara en Nueva York

Getty Images
Siguiendo la recomendación de la Junta de Salud de Nueva York, es “Mejor ser ridículo que estar muerto”, un barrendero usa una mascarilla en octubre de 1918.

El alcalde de San Francisco, James Rolph, anunció entonces que “la conciencia, el patriotismo y la autoprotección exigen un cumplimiento inmediato y rígido” del uso de tapabocas.

En las cercanías de Oakland, el alcalde John Davie declaró que “es sensato y patriótico, sin importar cuáles sean nuestras creencias personales, proteger a nuestros conciudadanos uniéndonos a esta práctica”.

Sin orden

Los funcionarios de salud entendieron que cambiar radicalmente el comportamiento del público era una tarea difícil, especialmente porque a muchos les resultaba incómodo usar mascarillas.

Los llamamientos al patriotismo solo podían llegar hasta cierto punto.

Como señaló un funcionario de Sacramento (California), las personas “deben ser obligadas a hacer las cosas que son mejores para sus intereses”.

La Cruz Roja declaró sin rodeos que “el hombre, la mujer o el niño que no use mascarilla es ahora un negligente peligroso“.

Numerosas comunidades, particularmente en todo el Occidente del país, impusieron ordenanzas obligatorias. Algunos condenaron a los delincuentes a penas de cárcel breves y las multas oscilaron entre US$5 y US$200.

Juicio en un parque en San Francisco

Getty Images
En San Francisco,los jueces se salieron de las cortes y los juicios se hicieron al aire libre… pero sin mascarillas.

La aprobación de estas ordenanzas fue con frecuencia un asunto polémico. Por ejemplo, el director de salud de Sacramento tuvo que intentar varias veces antes de lograr convencer a los funcionarios de la ciudad de que promulgaran la normativa.

En Los Ángeles, no fue aprobada. Un proyecto de resolución en Portland, Oregón, provocó un acalorado debate en el consejo de la ciudad y un funcionario declaró la propuesta como “autocrática e inconstitucional”, y agregó: “Bajo ninguna circunstancia me pondrán un bozal como a un perro hidrófobo“. La medida no prosperó.

La junta de salud de Utah consideró emitir una orden obligatoria de mascarillas en todo el estado, pero decidió no hacerlo, argumentando que los ciudadanos sentirían una falsa seguridad y relajarían sus cuidados.

A medida que la epidemia resurgía, Oakland debatió una segunda orden de uso de tapabocas después de que el alcalde contara enojado que lo habían arrestado en Sacramento por no llevar una puesta.

Un médico prominente que asistió al debate comentó que “si un hombre de las cavernas apareciera… pensaría que los ciudadanos enmascarados son todos lunáticos“.

Con orden

En los lugares donde las órdenes de usar mascarillas se implementaron con éxito, el incumplimiento y el desafío se convirtieron rápidamente en un problema.

Barbería en Chicago en 1918

Getty Images
En Chicago, solo uno de los barberos de este local usa mascarilla, algo que, en este caso, es imposible para cualquiera de los clientes.

Muchas tiendas que no estaban dispuestas a rechazar clientela, no prohibían el ingreso a los desenmascarados.

Los trabajadores se quejaron de que los tapabocas eran demasiado incómodos para usarlos todo el día.

Una vendedora de Denver se negó porque dijo que “se le dormía la nariz” cada vez que se ponía una. Otra dijo que creía que “una autoridad superior al Departamento de Salud de Denver se ocupaba de su bienestar”.

Como lo expresó un periódico local, la orden de usar máscaras “fue casi totalmente ignorada por la gente; de hecho, la orden es motivo de burla”.

La regla fue enmendada para aplicarse solo a los conductores de tranvías, quienes luego amenazaron con hacer huelga. Se evitó una huelga cuando la ciudad flexibilizó la norma una vez más.

Denver soportó el resto de la epidemia sin ninguna medida que protegiera la salud pública.

En Seattle, por su parte, los conductores de tranvías se negaron a rechazar a los pasajeros sin tapabocas.

Un conductor de tranvía rechaza la entrada a un viajero que no usa máscara, Seattle, Washington, diciembre de 1918.

Getty Images
Un conductor de tranvía rechaza la entrada a un viajero que no usa mascarilla en Seattle, Washington, diciembre de 1918.

El incumplimiento estaba tan extendido en Oakland que los funcionarios delegaron a 300 voluntarios civiles del Servicio de Guerra para conseguir los nombres y direcciones de los infractores para que pudieran ser acusados.

Cuando entró en vigencia una orden de mascarillas en Sacramento, el jefe de policía ordenó a los oficiales: “Salgan a las calles y siempre que vean a un hombre sin tapabocas, tráiganlo o manden a buscar el carro”. En 20 minutos, las estaciones de policía se inundaron de delincuentes.

En San Francisco hubo tantos arrestos que el jefe de policía le advirtió a los funcionarios de la ciudad que se estaba quedando sin celdas en la cárcel. Los jueces y oficiales se vieron obligados a trabajar hasta altas horas de la noche y los fines de semana para despejar la acumulación de casos.

Protestas

Muchos de los que fueron sorprendidos sin mascarillas eran personas que pensaron que podían ir a hacer un mandado o al trabajo sin que los atraparan.

En San Francisco, sin embargo, el incumplimiento inicial se convirtió en un desafío a gran escala cuando la ciudad promulgó una segunda ordenanza sobre tapabocas en enero de 1919, momento en que la epidemia se disparó nuevamente.

Muchos denunciaron lo que consideraron una infracción inconstitucional de sus libertades civiles.

Policía estadounidense con máscara.

Getty Images
La decisión de arrestar a quienes no usaran mascarillas llenó las cárceles de “delincuentes”.

El 25 de enero de 1919 aproximadamente 2,000 miembros de la Liga Antimascarilla hicieron una manifestación para denunciar la ordenanza de tapabocas y proponer formas de derrocarla. Entre los asistentes se encontraban varios médicos destacados y un miembro de la Junta de Supervisores de San Francisco.

Ayer y hoy

Es difícil determinar la efectividad de las máscaras utilizadas en 1918.

Hoy en día, tenemos un creciente cuerpo de evidencia de que los revestimientos faciales de tela bien confeccionados son una herramienta eficaz para frenar la propagación del covid-19.

Sin embargo, queda por verse si los estadounidenses mantendrán el uso generalizado de mascarillas mientras la pandemia actual continúa desarrollándose.

Los ideales profundamente arraigados de la libertad individual, la falta de mensajes cohesivos y liderazgo en el uso de mascarillas y la desinformación generalizada han demostrado ser los principales obstáculos hasta ahora, precisamente cuando la crisis exige consenso y un cumplimiento generalizado.

Ese fue ciertamente el caso en muchas comunidades durante el otoño de 1918. Esa pandemia finalmente mató a unas 675,000 personas en EE.UU.

Ojalá que la historia no esté repitiéndose.


* J. Alexander Navarro es el subdirector del Centro de Historia de la Medicina de la Universidad de Michigan.

Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

Lee la nota original en inglés aquí.

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https://www.youtube.com/watch?v=zdkwo02LwCs

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