Reforma educativa de AMLO elimina la evaluación docente, pero no define cómo asignarán las plazas
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Reforma educativa de AMLO elimina la evaluación docente, pero no define cómo asignarán las plazas

Al preguntarle sobre la manera en que se evitará la venta y herencia de plazas, el secretario de Educación, Esteban Moctezuma, sólo dijo que “todas las prácticas de corrupción van a ser atacadas, investigadas y obviamente sancionadas”.
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13 de diciembre, 2018
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La propuesta para derogar la Reforma Educativa presentada por el presidente Andrés Manuel López Obrador elimina la evaluación para el ingreso y permanencia en el servicio docente, pero no plantea cómo será el nuevo mecanismo para asignación de plazas docentes, a fin de evitar su venta y herencia, una práctica que ocurría en administraciones anteriores.

Con dicha iniciativa se pretende echar atrás la Reforma Educativa –la primera reforma estructural impulsada por el exmandatario Enrique Peña Nieto en 2013–; tiene como puntos principales eliminar la evaluación docente y desaparecer al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE).

Al preguntarle sobre la manera en que se evitará la venta y herencia de plazas, el secretario de Educación, Esteban Moctezuma, sólo dijo que “todas las prácticas de corrupción van a ser atacadas, investigadas y obviamente sancionadas”. Por lo que buscarán tener una mejor administración y en la medida que “liguemos de una manera mejor asignaturas con alumnos, con maestros, con escuelas, con presupuesto tendremos la posibilidad de un mucho mayor control”.

De acuerdo con el consejero jurídico de la Presidencia, Julio Scherer, el mecanismo para la asignación de plazas se establecerá en las leyes secundarias, que se harán en los 180 días posteriores a la publicación de la reforma, y en la que participarán todos los actores educativos, incluyendo al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

La abrogación de la Reforma Educativa fue una promesa de campaña de López Obrador y por eso este miércoles, al informar que la propuesta sería enviada a la Cámara de Diputados para su análisis, sentenció que se trataba de un “compromiso cumplido, maestros y maestras” y no se volvería a faltar “al respeto” a los docentes con evaluaciones “punitivas”.

Alertan sobre autonomía universitaria

La oposición y académicos alertaron que en la iniciativa presentada por el gobierno de López Obrador se desaparece la autonomía universitaria. Juan Carlos Romero Hicks, coordinador de los diputados panistas, publicó un comparativo, criticando el cambio propuesto para la fracción VII del artículo tercero constitucional.

Ante estos cuestionamientos, el secretario de Educación, Esteban Moctezuma, dijo que se trataba de una “falsa polémica”, y que se reuniría con el legislador Romero Hicks, para aclarar el tema.

“La polémica no es falsa porque sí borraron la fracción VII. Más bien, ¿por qué no nos explica Esteban Moctezuma qué pasó?”, cuestionó la investigadora Alma Maldonado.

Esto se elimina

La Reforma Educativa previa fue aprobada en 2013 y en las leyes secundarias se establecieron los parámetros de aplicación. Por eso se creó la Ley del Servicio Profesional Docente que, entre otras cosas, obligaba a los profesores a realizar exámenes para obtener una plaza y también a ser evaluados para continuar dando clases.

Incluso, en caso de reprobar las evaluaciones, los maestros eran separados del aula y asignados a tareas administrativas. 

Para el ingreso se estableció la organización de “concursos públicos” organizados por el INEE, y se prohibía la realización de cualquier pago para el ingreso, promoción en la función o promoción en el servicio profesional docente.

Toda vez que hasta antes de la Reforma las plazas eran vendidas o heredadas en contubernio con el SNTE, pero nunca hubo datos concretos al respecto al tratarse de una práctica irregular.

Aunque los concursos intentaron detener dicha práctica, su aplicación tuvo complicaciones. En 2015, por ejemplo, la Secretaría de Educación Pública ofertó sólo 10 mil plazas de educación básica, pero 60 mil maestros aprobaron el examen, por lo que la mayoría no consiguió un puesto de trabajo de primer ingreso.

Además, las evaluaciones de permanencia en el aula también tuvieron que ser modificadas a raíz de las protestas encabezadas por la disidencia magisterial de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). En 2016, el INEE anunció las modificaciones a la evaluación docente para el siguiente año, por lo que los exámenes fueron sólo para los profesores que habían reprobado en su primer intento, mientras que el resto pudo escoger la fecha en que serían evaluados.

La propuesta de López Obrador contempla eliminar la evaluación e incluso restituir en sus cargos a los maestros que habían reprobado. Se calcula que son mil profesores en esa situación, de acuerdo con el secretario Moctezuma.

El artículo tercero transitorio de la propuesta establece que “quedará suspendida la aplicación de cualquier forma de evaluación a los maestros así como cualquier efecto sobre la permanencia en el empleo, que derive de evaluaciones realizadas con anterioridad, hasta que entre en vigor la legislación secundaria que establezca los criterios y parámetros de verificación de resultados aplicables a las distintas actividades desarrolladas en el ámbito educativo del país”.

Por tanto, “cualquier efecto posterior derivado de los procesos aplicados con motivo de las disposiciones abrogadas (la evaluación) que implique un perjuicio a los derechos laborales de quienes tengan interés jurídico, no se aplicará en ninguna circunstancia”.

Adiós a un órgano autónomo

La propuesta presidencial también plantea la desaparición del Instituto Nacional de Evaluación de la Educación (INEE), un órgano autónomo que se dedica a la evaluación del sistema educativo y no sólo de los maestros.

Éste será sustituido por un el Centro para la Revalorización del Magisterio que será dirigido por un Consejo Directivo, integrado por siete miembros “designados por la autoridad educativa Federal”, es decir, por la SEP, y contará con un Consejo Consultivo conformado por “docentes distinguidos’ madres y padres de familia, representantes de la sociedad civil, investigadores y expertos”.

El Centro realizará “estudios, mediciones e investigaciones especializadas y la determinación de estándares e indicadores de resultados; que acredite a las instituciones autorizadas para certificar el desempeño de las instituciones, las autoridades y los distintos actores de la educación”.

A pregunta expresa respecto a cuál es la lógica de eliminar un órgano autónomo que evaluaba al sistema sin ser juez y parte, el secretario de Educación aseguró que la decisión responde a que el INEE “participó” en las evaluaciones “punitivas” que molestó a los profesores.

“El problema de fondo, es un problema en el cual se ligó a muchos procesos, muchas categorías, con una evaluación que el magisterio llamó punitiva (…) El INEE participó de una manera activa en ello y para el magisterio existe un tema muy importante que tiene que ver con eso y con conceptos como la misma calidad”.

Al respecto, los consejeros del INEE aseguraron que la desaparición del Instituto es un “atentado” a los órganos autónomos que representan un contrapeso en un sistema democrático.

“No podemos volver a dejar la evaluación de los diversos componentes del sistema educativo a la misma autoridad encargada de prestar el servicio, porque conocemos sus limitaciones e imprecisiones. Hacerlo es equivalente a que de nueva cuenta fuera la Secretaría de Gobernación la que organizara las elecciones y contara los votos”, aseguró Teresa Bracho, consejera presidente del Instituto.

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Wilson: la rara enfermedad que convirtió mi cerebro de 30 años en uno de 70

La periodista Carolina Roatta cuenta su historia con la rara enfermedad de Wilson. Se trata de "una rareza genética" que impide al cuerpo procesar o digerir el cobre.
6 de abril, 2022
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El paso del tiempo suele ser evidente en nuestro cuerpo cuando aparecen arrugas y canas, también cuando los músculos se desmarcan y los dientes se oscurecen.

Lo que le pasa a nuestro cerebro, en cambio, suele notarse menos.

Pero, ¿Qué pasaría, si ocurre lo contrario?

La periodista Carolina Roatta se enfrenta a una enfermedad rara que afectó su cerebro al punto de envejecerla el doble, aún cuando su cuerpo es joven.

BBC Mundo cuenta su historia:


Cuando cumplí 32 años me sentía la reina del mundo.

Era noviembre de 2012. Había terminado mi tesis de maestría y estaba de regreso a la soltería. Dictaba clases en una universidad y acababa de conseguir el trabajo de mis sueños como periodista.

El día que fui a firmar el contrato laboral, llegué tan segura de mí misma que logré controlar el temblor que tenía en mis manos desde hacía un tiempo.

Esa firma fue lo último que pude escribir.

El diagnóstico de Wilson

Empecé a temblar cada vez más fuerte. Primero mis manos y brazos se batían como alas de mariposa, luego les siguieron mi cabeza y mis piernas.

Opté por modificar mi rutina. Dejé de usar blusas de abotonar y zapatos de amarrar, me hice amiga de los pitillos y hasta llegué a contratar a un asistente para que escribiera por mí.

En algún punto también empecé un diario en audio para registrar todo lo que me pasaba.

Resistí como pude, pero al cabo de seis meses la situación se hizo insostenible.

Pasé por varias citas médicas que duraban 15 minutos. Es lo normal. En el sistema de salud colombiano, hay que pasar por un médico general para que éste ordene exámenes o remita al paciente a consulta con algún especialista.

En medio de eso me vio un neurólogo primerizo que me diagnosticó erróneamente con temblor esencial y me mandó unos medicamentos para esa condición. Esa medicina me relajaba, pero no me quitaba el temblor.

Irónicamente, después de haber consultado médicos, psicólogos, neurólogos, fue una médica bioenergética la que pensó en ordenarme un examen que mostrara imágenes de mi cerebro.

Mi papá y mi mamá me acompañaron al examen de resonancia electromagnética. Al otro día, mientras esperábamos los resultados, el técnico llamó preguntando si en mi trabajo manipulaba químicos. Las imágenes mostraban que mi cerebro estaba intoxicado.

El resto de mi familia prendió las alarmas. Me ayudaron a conseguir una consulta privada con un neurólogo reconocido. No fue barato, pero por primera vez sentí que alguien entendía lo que pasaba.

La cita duró tres horas, el doctor me hizo todo tipo de pruebas: debía tocarme la punta de la nariz con el dedo índice, dibujar un espiral, hacer marionetas con las manos, sostenerme en un solo pie. En todas me rajé y terminé sudando como si hubiese corrido una maratón.

Fue como haber perdido el examen de admisión al kínder, pero con un diagnóstico como premio de consolación.

Gracias a la cita y otros exámenes especializados, el neurólogo confirmó que tengo la enfermedad de Wilson. Es una rareza genética que lleva el nombre del neurólogo que la investigó, Samuel Alexander Kinnear Wilson, e impide que mi cuerpo pueda procesar o digerir el cobre.

¿Cobre? ¿el mismo metal naranja que hay en los cables?

Sí, el mismo.

Resulta que el cobre es un elemento que nos ayuda a tener nervios y huesos sanos, también contribuye con el colágeno y la melanina en la piel. El cuerpo humano no lo produce, pero lo adquiere por medio de un montón de alimentos.

Lentejas, almendras, chocolate, aguacate, langosta.. La lista sigue.

El cuerpo descompone esos alimentos, el hígado procesa el cobre que le sirve y elimina el que no necesita, usualmente por la orina.

El problema es que quienes sufrimos de Wilson, en vez de procesar y digerir el cobre, lo acumulamos hasta que el cuerpo no resiste más y colapsa. Lo usual es que el hígado sea el más afectado, después el cerebro, los ojos y los riñones.

Pero mi caso es aún más raro. A pesar de llevar 32 años acumulando cobre, mi hígado estaba sano. Mi cerebro, en cambio, envejeció el doble. El neurólogo dijo que parecía el de una persona de 70 años.

También tenía un aro de cobre alrededor de las pupilas de mis ojos, otro signo típico de la enfermedad.


Sobre la enfermedad de Wilson*:

  • La mayoría de las personas son diagnosticadas entre los 5 y los 35 años, pero también puede afectar a personas más jóvenes y mayores.
  • La enfermedad está presente al nacer, pero los signos y síntomas no aparecen hasta que el cobre se acumula en el cerebro, el hígado u otro órgano.
  • Los signos y síntomas varían según las partes del cuerpo afectadas por la enfermedad. Pueden incluir: Fatiga, falta de apetito o dolor abdominal – Una coloración amarillenta de la piel y el blanco de los ojos (ictericia) -Decoloración de los ojos de color marrón dorado (anillos de Kayser-Fleischer) – Acumulación de líquido en las piernas o el abdomen – Problemas con el habla, la deglución o la coordinación física – Movimientos incontrolados o rigidez muscular.
  • Para padecer la enfermedad se debe heredar una copia del gen defectuoso de cada progenitor. Si se recibe un solo gen anormal no se padece la enfermedad, aunque la persona se considerará portadora y es posible que sus hijos hereden el gen.
Un ojo con un aro de cobre alrededor

CRMR Wilson Paris
El aro de cobre en los ojos es uno de los síntomas de Wilson

Enferma de por vida

Ahora debía someterme a una desintoxicación. El tratamiento consiste en tomar durante toda la vida un medicamento quelante que literalmente “pela” el cobre que se acumula en los órganos para después eliminarlo a través de la sangre y la orina.

El médico me explicó que pasaría un tiempo antes de mejorarme, sin precisar si serían meses o años. Me recomendó no mirar Internet para no asustarme y precisó que de pronto los síntomas se agravarían durante el inicio del tratamiento.

Llegué a creer que iba a ser breve y que en poco tiempo retomaría mis actividades. La realidad es que en mi cotidianidad parecía una especie de “bebé grande”.

Pasé de ser una mujer super autónoma a depender de otros en cada aspecto de mi vida. Lo entendí poco después del diagnóstico, cuando mi mamá tuvo que ayudarme a lavar los dientes porque yo ya no podía. Recuerdo perfecto que mis ojos se llenaron de lágrimas cuando abrí mi boca y ella cuidadosamente comenzó a limpiar con el cepillo.

Lloraba porque sentía que ya no tenía dignidad. No podía ser una adulta, un individuo, una persona. Así me sentía cada vez que requería de su ayuda: me limpiaba cuando orinaba, me bañaba, me ayudaba a cambiarme la toalla higiénica cuando tenía la regla, me vestía.

Después de casi un año había llegado al límite de incapacidades médicas permitidas. No mostraba mejoría. El siguiente paso era que me dieran una pensión por invalidez. Al principio me sonaba hasta atractivo: tener 32 años, un salario de por vida, y poder dedicarle tiempo a mis hobbies.

Pero el espejismo tenía otra cara: ser así de joven y sentirme inútil, descartada para el mundo laboral, relegada y sentenciada a ganar un salario mínimo en Colombia, que para ese entonces era como 150 dólares americanos. Una cifra que, igual, me condenaba a depender de otros.

Carolina Roatta

Carolina Roatta
Carolina Roatta

El privilegio

Estaba lejos de imaginarme que Roatta, mi apellido, me salvaría. Mi familia paterna es francesa y gracias a esa herencia, yo recibí la doble nacionalidad, pude estudiar en un colegio bilingüe y hablo el idioma.

Por eso Francia empezó a sonar como una opción cuando entendimos que en Colombia no podía hacer nada más que esperar y depender sin mucha esperanza.

Una de mis hermanas ya vivía allá, se puso a investigar y encontró un centro de referencia en la enfermedad de Wilson que está ubicado en París.

Mis padres, mi hermana menor y yo decidimos emigrar para juntarnos con ella. Fue una decisión difícil, pero necesaria.

En el CRMR Wilson hay un equipo de especialistas que nos dio todas las respuestas. Como Wilson es una enfermedad genética, lograron diagnosticar a mis dos hermanas antes de que los síntomas aparecieran.

Las tres tenemos citas de seguimiento, con exámenes incluidos, cada seis meses. También tenemos acceso privilegiado a medicamentos y yo recibo una ayuda económica para compensar mi situación de discapacidad.

Desde que llegamos, a finales de 2014, estoy intentando crearme una nueva vida. Ha habido avances. Ahora tiemblo mucho menos, el aro de mis ojos desapareció y volví a ser totalmente autónoma.

Han sido ocho años en proceso de aceptación de mi diferencia: enferma, rara, mitad colombiana, desempleada y ahora con 40 años. Nada fácil. Intenté varios proyectos laborales pero no progresaron. Intenté varios proyectos amorosos y de vida en pareja pero tampoco funcionaron.

Hoy sigo en modo construcción. Estoy haciendo una nueva Maestría (mi revancha porque en Colombia nunca pude sustentar la tesis y nunca me dieron el diploma), tengo un nuevo amor, cambié el proyecto de tener hijos por el de tener gatos y me mudé a una ciudad cerca al mar, luego de aceptar que París es muy dura para vivir cuando eres vulnerable.

Pero claro, el desenlace de mi historia también es una rareza. Que yo tenga diagnóstico, tratamiento y acompañamiento, está lejos de ser la norma para quienes se encuentran en los países de América Latina.

En Colombia tuve suerte: La enfermedad de Wilson aparece en la lista de enfermedades raras del Ministerio de Protección Social, gracias a los esfuerzos de la Federación Colombiana de Enfermedades Raras (Fecoer), y por fortuna para el bolsillo de los pacientes, uno de los medicamentos está cubierto por el sistema de salud público.

El problema, en ese caso, es que las personas sean diagnosticadas a tiempo, por eso obtener estadísticas sobre el número de casos es difícil, aunque desde 2020 ha habido progresos gracias a un equipo de la Universidad de Antioquia.

Si yo no hubiera tenido cómo consultar a un especialista que conocía la enfermedad, es muy probable que ya hubiera muerto y mi familia aún estuviera buscando respuestas.

He sido consiente de mi privilegio y tengo mi lado activista, por eso desde que llegué a Francia me vinculé como voluntaria con la asociación de pacientes de Wilson y ahora soy la Presidenta.

Carolina Roatta con su bicicleta

Carolina Roatta
Carolina hoy vive en Francia, en donde recibe tratamiento completo

Esta red de apoyo es lo que me ha mantenido en pie. En ella he podido seguir compartiendo lo que sé hacer: comunicar, crear lazos, ayudar, empoderar a los pacientes y a sus familiares.

También milito para que en otras partes del mundo, incluida Latinoamérica, un diagnóstico rápido, el acceso al tratamiento y un seguimiento de calidad, sea posible.

Durante un tiempo gestioné un grupo en Facebook para conectar con pacientes hispanoparlantes.

Hubo mucha interacción, incluso me contactaron varias personas a mi cuenta personal, una de Cuba, una asociación de Costa Rica, otra paciente de Chile, una de Argentina, dos de Colombia. Todas con historias durísimas de falta de acceso a los medicamentos y larga espera para el trasplante de hígado, la solución extrema en los peores casos de Wilson.

Tres de esos pacientes murieron mientras estábamos en contacto.

La experiencia que más me marcó fue una mujer de Perú. Su esposo tenía la enfermedad y falleció a comienzos de la pandemia.

Durante varios meses no tuvieron acceso al medicamento y murió mientras esperaban un trasplante. La acompañé vía messenger durante tres días mientras su esposo agonizaba, con la tristeza de saber que los finales felices de pacientes con Wilson son más raros que la misma enfermedad.


* Fuente: Mayo Clinic

Si tienes dudas sobre esta enfermedad, necesitas orientación, o si eres un profesional de salud interesado en crear una red de apoyo en América Latina, puedes escribir a:[email protected]


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https://www.youtube.com/watch?v=YVLbq0MczGc

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