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Cómo fue el experimento de la cárcel de Stanford que se suspendió por su perversidad
Es uno de los estudios psicológicos más famosos de la historia e inspiró varios libros y películas. El experimento con estudiantes que simulaban ser guardias y prisioneros llegó a niveles tan perversos que debió cancelarse.
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3 de diciembre, 2018
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Esta imagen fue publicada originalmente en Flickr por Eric E. Castro. Ahora está disponible bajo licencia de Creative Commons Attribution 2.0 Generic license.

Eric. E. Castro
Placa que recuerda el experimento de la cárcel de Stanford, en 1971, que sigue siendo controversial.

Es uno de los estudios psicológicos más famosos de la historia y se ha contado tantas veces que algunos ya lo consideran un mito.

Quizás te suene: un profesor universitario de psicología recluta a un grupo de estudiantes y les pide que imaginen que están en una cárcel. Nombra a algunos guardias y a otros prisioneros.

En pocos días, los “carceleros” se tornan tan sádicos y abusan de tal forma de sus “presos” que el experimento debe ser suspendido.

Pasó de verdad, en 1971, y no en cualquier lado: en una de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos: Stanford, en California.

¿Cómo comenzó todo? Las raíces del experimento se han trazado hasta otro controvertido estudio psicológico llevado a cabo una década antes en otra famosa universidad estadounidense, la de Yale.

Ese estudio se conoce como “el experimento de Milgram” porque fue dirigido por el psicólogo de Yale Stanley Milgram.

Milgram quería analizar la obediencia a la autoridad.

Goering, Hess, Ribbentrop y Keitel en Nuremberg.

Getty Images
La mayoría de los nazis acusados en los juicios de Nuremberg dijeron que habían “obedecido órdenes” y por eso eran inocentes.

Su inspiración fueron los juicios de Nuremberg que juzgaron los crímenes del nazismo tras la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de los acusados había basado su defensa en el hecho de que simplemente estaban “siguiendo órdenes” de sus superiores.

Milgram quiso averiguar hasta qué punto un ser humano “bueno” es capaz de dañar a otro por seguir órdenes.

Su experimento fue muy controvertido porque engañó a los participantes, diciéndoles que se trataba de un estudio sobre memoria y aprendizaje.

Dividió a los 40 voluntarios en dos grupos aleatorios: a unos les dijo que serían profesores y a los otros que serían estudiantes.

Luego se llevó a los “estudiantes” a otra habitación y les pidió a los “profesores” que pusieran a prueba la memoria de sus presuntos alumnos.

Les dijo que si se equivocaban debían castigarlos con una descarga eléctrica. La máquina que utilizaban para esto emitía descargas que iban desde los 50 hasta los 450 voltios. La potencia máxima tenía escrita abajo una advertencia que decía: “PELIGRO: choque severo”.

Imagen extraída de las grabaciones del experimento de Milgram de 1963, emitidas en un documental de archivo de la BBC.

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A pesar de ello, siguiendo las órdenes recibidas, el 65% de los “profesores” terminó aplicando la descarga más alta, mientras se escuchaban los gritos de los supuestos estudiantes en la habitación contigua.

Resultó que la máquina no emitía voltaje y los gritos eran grabaciones. Pero lo cierto es que el controvertido experimento de Milgram comprobó que la mayoría de las personas estaban dispuestas a dañar físicamente a otro antes que enfrentarse a la persona que les había dado la orden.

La cárcel de Stanford

Una década más tarde, un profesor de psicología social de la Universidad de Stanford llamado Philip Zimbardo quiso llevar el experimento de Milgram un paso más allá y analizar cuán delgada es la línea que separa al bien del mal.

Zimbardo se preguntó si una persona “buena” podría cambiar su forma de ser según el entorno en el que estuviese.

Sacó un aviso ofreciendo 15 dólares diarios a los voluntarios que estuviesen dispuestos a pasar dos semanas en una prisión falsa.

El experimento fue financiado por el gobierno de EE.UU., que quería entender el origen de los conflictos en su sistema penitenciario.

Zimbardo seleccionó a 24 estudiantes, la mayoría blancos y de clase media, y los dividió en dos grupos, asignándoles aleatoriamente el rol de guardián de la cárcel o prisionero. Luego los dejó regresar a sus casas.

El experimento comenzó de forma brutal: policías verdaderos (que aceptaron participar en el proyecto) se presentaron en los hogares de los “prisioneros” y los arrestaron, acusándolos de haber robado.

Fueron esposados y llevados a la comisaría, donde se los fichó, y luego fueron trasladados -con los ojos vendados- hasta una supuesta prisión provincial (en realidad el sótano del Departamento de Psicología de Stanford, que había sido transformado en una cárcel de aspecto muy real).

Imagen extraída de las grabaciones del experimento de Stanford de 1971, emitidas en un reportaje de 2011 de la BBC.

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Imagen extraída de las grabaciones del experimento de Stanford de 1971, emitidas en un reportaje de 2011 de la BBC.

Allí, los voluntarios fueron desnudados, inspeccionados, despiojados, desinfectados y recibieron un uniforme que consistía en una camiseta larga con un número (sin ropa interior), unas sandalias de goma y una gorra de nylon hecha con calcetines de mujer.

En los tobillos, los voluntarios que hacían de guardias les colocaron una pesada cadena.

Lo que pasó después terminaría causando tanto shock que eventualmente inspiraría no una ni dos, sino tres películas (una alemana en 2001 y dos de Hollywood en 2010 y 2015) además de innumerables libros y artículos.

Sádicos

Apenas comenzó el experimento, los guardias comenzaron a mostrar conductas abusivas que al poco tiempo se convirtieron en sádicas.

Si bien habían recibido instrucciones de no dañar físicamente a los presos, llevaron a cabo todo tipo de violencia psicológica.

Identificaban a los prisioneros con números, evitando llamarlos por su nombre, los enviaban constantemente a confinamiento solitario, los desnudaban, los obligaban a hacer flexiones, a dormir sobre el suelo, les ponían bolsas de papel sobre sus cabezas y los obligaban a hacer sus necesidades en baldes.

“El primer día que llegaron, era una pequeña prisión instalada en un sótano con celda falsas. El segundo día ya era una verdadera prisión creada en la mente de cada prisionero, cada guardia y también del personal”, contó Zimbardo a la BBC en 2011, cuando se cumplieron 40 años desde su famoso experimento.

Varios de los presos empezaron a mostrar desórdenes emocionales.

“Lo más efectivo que hicieron (los guardias) fue simplemente interrumpir (nuestro) sueño, que es una técnica conocida de tortura“, le contó a la BBC en 2011 Clay Ramsey, uno de los prisioneros.

Sin embargo solo unos pocos de los estudiantes abandonaron el estudio.

Dave Eshleman, uno de los jóvenes que hizo de guardia, recuerda que tomó el experimento como una especie de juego actoral.

“Después del primer día, noté que no pasaba nada. Fue un poco aburrido, así que tomé la decisión de interpretar el papel de un guardia de prisión muy cruel”, reveló.

El llamado “experimento de la cárcel de Stanford” llegó a niveles tan perversos que debió suspenderse menos de una semana después de comenzar. En total duró seis días.

Imagen extraída de las grabaciones del experimento de Stanford de 1971, emitidas en un reportaje de 2011 de la BBC

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Iba a durar dos semanas pero se suspendió a los seis días.

La conclusión de Zimbardo fue clara: la situación influye en la conducta humana y poner a personas buenas en un lugar malo las hace actuar mal o resignarse a ser maltratadas.

Sin embargo, con el paso de los años empezaron a surgir muchos cuestionamientos a esta teoría de que todos somos potenciales sádicos o masoquistas.

El principal cuestionamiento tuvo que ver con el rol que jugó el propio Zimbardo, quien durante el experimento actuó como el “superintendente” de la cárcel y habría aconsejado y alentado la actuación de los “guardias”.

Pero a pesar de la controversia, Zimbardo, quien cobró gran notoriedad y hoy es considerado una eminencia en su campo, sigue manteniendo que su estudio fue una adición muy valiosa a la psicología y que sirve para entender fenómenos como los abusos cometidos en la cárcel iraquí de Abu Ghraib.

Zimbardo en el estreno de "The Stanford Prison Experiment" (2015), el film más reciente realizado sobre el controvertido experimento.

Getty Images
Zimbardo en el estreno de “The Stanford Prison Experiment” (2015), el film más reciente realizado sobre el controvertido experimento.

“(El estudio) nos dice que la naturaleza humana no está totalmente bajo el control de lo que nos gusta pensar como libre albedrío, sino que la mayoría de nosotros podemos ser seducidos para comportarnos de una manera totalmente atípica con respecto a lo que creemos que somos”, le dijo a la BBC.


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Cuartoscuro Archivo
El ISSSTE solo garantiza su operación hasta julio, ¿cómo aumentó su deuda hasta llegar a la quiebra?
El director de Administración y Finanzas acusó que gobiernos anteriores desmantelaron al ISSSTE con prácticas como comprar con sobreprecio y a discreción.
Cuartoscuro Archivo
23 de abril, 2019
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El Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) tiene un pasivo de casi 19 mil millones de pesos, causado por un abandono de los gobiernos anteriores que dejaron de darle recursos y lo desmantelaron, aseguró el director de Administración y Finanzas de ese organismo, Pedro Zenteno Santaella.

Debido a esta crisis financiera, el ISSSTE se encuentra en quiebra y sólo puede garantizar su operación hasta julio próximo, advirtió el funcionario al comparecer el 22 de abril ante la Comisión de Salud del Senado.

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Zenteno afirmó que los gobiernos “neoliberales” de las últimas administraciones federales llevaron al Instituto a una quiebra financiera, lo que queda en evidencia al revisar los pasivos de los últimos seis años: de 2012 a 2017 mantuvo un promedio de seis mil millones de pesos, y para 2018 ascendió a casi 19 mil millones.

“Dejó de pagar, de darle recursos al Instituto; no quiero pensar mal, si haya sido por el año electoral”, expresó el funcionario.

Agregó que gran parte (sin especificar cuánto) de ese pasivo se generó sin haber tenido insuficiencia presupuestal, lo cual significaría que las autoridades encargadas del Instituto en administraciones pasadas cometieron daño patrimonial en su contra; aseguró que “en su momento” darán a conocer los nombres de los responsables y procederán conforme a la ley.

“No puede haber impunidad. El ISSSTE es tierra de nadie (…) desmantelaron la institución, hasta el carrito de anestesia está subrogado. La realidad supera la ficción en el ISSSTE”, puntualizó el funcionario.

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Focos rojos

El director de Normatividad, Administración y Finanzas del ISSSTE detalló las causas de la “quiebra financiera” en la que se encuentra, empezando por la discrecionalidad en las compras.

“Tenemos el problema de las delegaciones, que al amparo de la autonomía de gestión realizan de manera libre muchas de las compras y ahí probablemente hay focos de corrupción muy importantes”, dijo, y admitió que en la administración actual no hay evidencia de que esas prácticas se hayan terminado.

Señaló que el Instituto ha sido un botín político para grupos que se los “entregaban” a candidatos que perdían una elección a gobernador o a diputado, y se comprometió a generar, en el nuevo gobierno, lo necesario para poner orden administrativo y entregar resultados.

“Espero que en octubre que nos volvamos a ver les podamos hacer un planteamiento muy claro de cómo se ha avanzado, pero reitero la quiebra del instituto, tampoco somos magos”, dijo.

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Otra de las causas que apuntó el funcionario fue el contrato que el ISSSTE firmó con el proveedor  SILODISA, que le presta servicios de distribución de medicamentos y material de curación, con vigencia del 6 de junio de 2017 al 5 de junio de 2020, por un monto de tres mil 331 millones. Esta empresa, indicó, le cuesta al instituto 13 mil 370 millones de pesos al año, siendo un servicio que la institución podría llevar a cabo por sí misma.

“Hay que recordar que nos encontramos con que el ISSSTE no tiene cadena de abasto, se desmantelaron los almacenes, lo que llevó a la contratación de esta empresa, se subrogó o se privatizó. Se ha hablado con el director general de la necesidad de recuperar la cadena de almacenamiento y distribución del instituto,  podemos tener ahorros sustantivos”, precisó.

Otra afectación al Instituto es que tiene 200 obras abiertas y en proceso de finiquito, lo que no se ha concretado por irregularidades en el proceso de construcción, “por corrupción de las empresas”.

También lo afecta que la contratación es descentralizada lo que ha provocado discrecionalidad en las compras, y que muchas de ellas se hagan con sobreprecio, como en el Hospital 20 de noviembre, donde aseguró que se compra un antibiótico fungicida en dos mil 640 pesos, cuando en el área central se adquiere en 208 pesos: 1,168% más caro. “Necesitamos controlar, centralizar, poner orden”, reiteró.

Agregó que hay pagos pendientes en la subdirección de personal; adeudos por vales de fin de año,  por el fondo de ahorro de personal civil y partes proporcionales de aguinaldo por más de mil 600 millones de pesos. El pasivo laboral, en tanto, asciende a cuatro mil 635 millones de pesos, por lo cual el ISSSTE tiene 17 mil 488 juicios laborales en curso, “que ponen al instituto en una situación muy grave desde el punto de vista presupuestal”, dijo.

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El presidente, Andrés Manuel López Obrador, rechazó que el ISSSTE atraviese por una crisis.

Existe un problema de déficit financiero heredado, pero se va a resolver, sobre todo porque hay disciplina en el manejo del presupuesto, no hay corrupción y ya no se condonarán impuestos a los grandes contribuyentes, dijo este martes durante la conferencia matutina.

El mandatario dijo que el caso del ISSSTE al igual que con Petróleos Mexicanos (Pemex) y en la Comisión Federal de Electricidad (CFE), dejaron al instituto muy mal: “Sí hay un problema heredado de tipo financiero, pero lo vamos a resolver”.

Precisó que el gobierno federal cuenta con un plan de rescate para el ISSSTE, como para todo el país, puesto que se debe garantizar la seguridad social de la población.

IMSS y PEMEX también denunciaron abandono

En la comparecencia ante legisladores también estuvieron presentes representantes del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y de Petróleos Mexicanos (Pemex), en tanto la petrolera tiene su propio servicio de salud para sus trabajadores. Flavio Cienfuegos, director de Administración del IMSS, denunció que entre 2013 y 2019 (la administración del expresidente Enrique Peña) casi el 70% de las adquisiciones de medicamentos se hizo sólo con cinco proveedores, por un monto de 150 mil millones de pesos.

Agregó que en algunas compras, como los guantes de látex, hay sobrecosto de 174 millones de pesos, que habrían sido suficientes para pagar a 425 enfermeras generales o para la renta de 418 ambulancias adicionales en un año.

Además, el funcionario aseguró que de 114 proveedores adjudicados en el IMSS, 96 han tenido algún incumplimiento, con un monto que supera los 400 millones de pesos.

En su oportunidad, Roberto Lehmann, subdirector de servicios de Salud de Pemex, aseguró que su administración recibe un sector salud en donde el mantenimiento “no existe”, con hospitales que no han recibido mantenimiento durante cuatro o seis años, bajo el argumento de que no había recursos para ello.

Coincidió en que otro de los grandes problemas de las instituciones de salud pública es el sobrecosto en las compras, que en Pemex llega a ser de 10 o 15 veces el costo real; y aseguró que la petrolera estatal tiene una deuda de mil 100 millones de pesos en contratos de subrogación.

“Tenemos equipos obsoletos que no dan una función adecuada. La mala planeación que nos entregaron del servicio médico no tiene presupuesto asignado para renovación de tecnología, por lo tanto no podemos redirigir recursos. Falta material humano, médicos con años haciendo comisiones sin base. No me pregunten por qué pero eso es lo que recibí”, puntualizó Lehmann Mendoza.

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