Cuáles son las funciones del Instituto de Evaluación Educativa y las repercusiones que tendría su desaparición
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Cuartoscuro Archivo

Cuáles son las funciones del Instituto de Evaluación Educativa y las repercusiones que tendría su desaparición

Si se aprueba la reforma que propone López Obrador, la SEP sera juez y parte en la evaluación del sistema y sus propias políticas.
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14 de diciembre, 2018
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La desaparición del Instituto Nacional de Evaluación de la Educación (INEE) a propuesta del presidente Andrés Manuel López Obrador, como parte de la derogación de la Reforma Educativa, hará que la Secretaría de Educación Pública (SEP) sea juez y parte en la evaluación del sistema y sus propias políticas.

Esto porque el Instituto será sustituido por el Centro para la Revalorización del Magisterio, que también se encargará de evaluar al sistema educativo pero cuyos integrantes serán asignados por la SEP, según se establece en la iniciativa del actual gobierno.

De concretarse la propuesta sería una regresión a la política de evaluación que existía en 2002, cuando la dirección general de evaluación de la SEP realizaba estas tareas y tenía dos problemas: el primero era que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) intervenía en la determinación de las pruebas, y el segundo que la dependencia no rendía cuentas de los resultados porque no eran transparentes, asegura el investigador de la UNAM, Roberto Rodríguez.

A esto se suma la incertidumbre sobre el mecanismo mediante el cual se asignarán las plazas docente una vez eliminados los concursos de ingreso organizados por el INEE, a los que se sometían miles de aspirantes cada año para ingresar a la docencia, en un intento de sustituir la práctica de venta y herencia de plazas por un sistema meritocrático.

Para el investigador Roberto Rodríguez, desaparecer al INEE es una “decisión de política, un cambio de estrategia y habrá que ver qué resultados produce”, pero en lo que no hay duda es que se vuelve a acercar a la centralización de decisiones en un solo eje: el de la SEP”, y probablemente a una nueva relación con el sindicato.

Aunque el INEE se convirtió en un organismo autónomo gracias a la Reforma Educativa de 2013, fue creado desde 2002 y desde entonces se había dedicado a evaluar al sistema educativo nacional a través de pruebas estandarizadas de alumnos, pero la Reforma le dio nuevas obligaciones por ley, como la evaluación docente.

El Instituto sólo se encargaba de diseñar y aplicar las pruebas a los maestros, pero no tenía acceso a los resultados ni facultad para tomar decisiones respecto a las plazas. Eso era responsabilidad de la SEP.

Otra de sus funciones era evaluar la calidad, el desempeño y resultados del sistema educativo nacional en la educación preescolar, primaria, secundaria y media superior. Además “diseñar y realizar las mediciones que correspondan a componentes, procesos o resultados del sistema”.

También “expedir los lineamientos a los que se sujetarán las autoridades educativas federal y locales para llevar a cabo las funciones de evaluación que les correspondan, y generar y difundir información para, con base en ésta, emitir directrices relevantes para contribuir a las decisiones”.

Por eso es que uno de los errores del INEE fue justamente no comunicar el resto de las cosas que hacía, y hacía bien, asegura Lucrecia Santibáñez, profesora asociada de Claremont Graduate University.

Los errores: la relativa autonomía

Si bien la Reforma Educativa otorgó autonomía al INEE,  tuvo “relativa independencia” toda vez que al evaluar a maestros y determinar su permanencia en el sistema educativo a partir de los resultados, fue “hacerlo corresponsable junto con la SEP. La autonomía se convierte en relativa en función de esta tarea”, asegura el investigador de la UNAM, Roberto Rodríguez.

El resultado negativo hacia los maestros, lo que llamaron evaluación punitiva, hizo “muy vulnerable al INEE”.

A partir de los lineamientos de actuación establecidos en la Ley del Servicio Profesional Docente, una de las leyes secundarias de la Reforma Educativa, el Instituto tuvo “un margen de acción limitado al establecerse funciones y plazos que debía cumplir. Nació atado a esa circunstancia: autónomo, pero con funciones establecidas con la ley y trabajando con la SEP”, afirma Rodríguez.

También se dieron otras decisiones que comprometieron la autonomía del INEE, asegura Lucrecia Santibáñez, como la cancelación de la prueba Enlace para estudiantes de primaria y secundaria que se había realizado desde 2006 hasta 2013. Se sustituyó por la prueba Planea, que imposibilitaba la comparación de resultados anuales, pero también fue cancelada en 2016 debido a una intención de ahorrar recursos.

Esas decisiones fueron apoyadas por el Instituto, pese a las críticas de expertos en educación y de organizaciones civiles, señalando que se cancelaba la posibilidad de tener mediciones que permitieran conocer el estado de la educación.

Santibáñez también reconoce que la burocracia y presupuesto del INEE crecieron en el sexenio pero derivado también de las nuevas atribuciones. Sin embargo, también se podían hacer cambios a su estructura y atribuciones. “Se puede cuestionar su actuación, pero la opción no es eliminarlo”.

¿Por qué se requiere un organismo autónomo?

Lucrecia Santibáñez, quien fue consejera del INEE antes de la autonomía, afirma que en Estados Unidos, por ejemplo, el organismo de evaluación forma parte del gobierno, pero en México hay un panorama distinto por la desconfianza que hay en términos de las cifras y de que el gobierno quiera maquillar los resultados”.

Una muestra es que durante el sexenio de Ernesto Zedillo, cuando iniciaban las evaluaciones internacionales a través de pruebas estandarizadas a alumnos, los resultados se escondían en México porque los números eran malos.

Ahora, al tener un organismo de evaluación sin autonomía se corre el riesgo de caer en ese problema de nuevo, sobre todo porque en este momento el Ejecutivo tiene mucho poder, incluyendo mayoría en el Legislativo. “Y no hace bien para una democracia que una sola persona tenga todo el mando, insiste Santibáñez.

Se requiere certeza en las evaluaciones para saber si la implementación de políticas públicas del gobierno en turno funcionan. Mientras que regresar a ser juez y parte también impacta en la asignación de plazas docentes. “Se puede regresar a lo mismo, repartir plazas entre SEP y SNTE”, insiste la investigadora.

Y esto también afectará a los maestros porque con los concursos de ingreso se generó un verdadero orgullo entre aquellos que lograban entrar a la docencia a partir de sus méritos. Y lo mismo ocurría con quienes ascendían a puestos de director en las escuelas a través de exámenes, por eso es que hubo ya más jóvenes y mujeres en esos puestos.

Incluso, mil 600 académicos y especialistas enviaron una carta al entonces presidente electo López Obrador, en octubre pasado, para reconsiderar la propuesta de eliminar al INEE. Argumentaban que su desaparición cancelaba “la oportunidad de contar con datos, evidencias y conocimiento que enriquecen el debate público y permiten conducir la política educativa con base en información de calidad, lo cual resulta especialmente importante ante el complejo contexto de cambio que nos espera”.

Sylvia Schmelkes, consejera del INEE y quien ocupó la presidencia del mismo al iniciar el sexenio, calificó de lamentable la decisión de quitarle autonomía a la evaluación. “La sociedad tiene derecho a tener información de un juez imparcial”, dijo en entrevista con W Radio.

Advirtió que la evaluación “afectó intereses fuertes” porque las plazas se asignaban a través de métodos clientelares y daba un “enorme poder” tanto político y económico. “Estos intereses afectados se aprovecharon del malestar del desempeño docente y hubo un proceso de desinformación grande”, dijo.

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Las 2 causas científicas por las que se cayeron las Torres Gemelas tras el impacto de los aviones el 11 de septiembre de 2001

El violento choque de dos aviones contra los edificios más altos de Nueva York fue el comienzo de una secuencia de horror que redujo a escombros los emblemáticos colosos de acero y concreto.
7 de septiembre, 2021
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MITEl 11 de septiembre de 2001 dos aviones Boeing 767 embistieron las Torres Gemelas, que con sus 110 pisos eran los edificios más altos de Nueva York.

El primer avión chocó contra la torre norte a las 8:45 de la mañana. El edificio ardió durante 102 minutos y luego, a las 10:28 a.m. se derrumbó en solo 11 segundos.

Dieciocho minutos después del primer choque, a las 9:03 a.m., el segundo avión impactó la torre sur. El rascacielos resistió en llamas durante 56 minutos, tras lo cual, a las 9:59 a.m., colapsó en 9 segundos.

“Luego del increíble sonido del edificio colapsando, en pocos segundos todo se volvió más oscuro que la noche, sin sonido, y no podía respirar”, recuerda Bruno Dellinger, un sobreviviente que trabajaba en el piso 47 de la torre norte.

“Estaba convencido de que estaba muerto, porque el cerebro no alcanza a procesar algo como esto”, dice Dellinger en su testimonio compartido por el Museo y Monumento Conmemorativo del 11 de septiembre en Nueva York.

Trayectoria aviones

BBC

El saldo fueron 2.606 personas muertas.

Torres Gemelas

Getty
Las torres resistieron varios minutos antes de venirse abajo.

¿Por qué se cayeron las torres?

“La respuesta aceptada por toda la gente seria es que las torres se vinieron abajo porque fueron objeto de un ataque terrorista“, le dice a BBC Mundo el ingeniero civil Eduardo Kausel, profesor emérito en el Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Justo después de los ataques, Kausel fue el líder de una serie de estudios y publicaciones en las que expertos del MIT analizaron las causas de los derrumbes desde el punto de vista estructural, de ingeniería y arquitectónico.

La respuesta de Kausel encierra una serie de fenómenos físicos y químicos que desataron una catástrofe que nadie, para ese entonces, era capaz de imaginar.

Combinación fatal

Los estudios del MIT, que se publicaron en 2002, coinciden en gran parte con los hallazgos del reporte que el gobierno de Estados Unidos le encargó al Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST, por sus siglas en inglés) para averiguar por qué se cayeron las torres, y cuya versión final se publicó en 2008.

Torres Gemelas

Getty
En 2001 las Torres Gemelas eran los edificios más altos de Nueva York.

Tanto el MIT como el NIST concluyen que las torres se derrumbaron debido, principalmente, a la combinación de dos factores:

• El severo daño estructural que causaron los choques de los aviones en cada edificio

• La cadena de incendios que se expandieron a lo largo de varios pisos

“Si no hubiese habido incendio, los edificios no se habrían derrumbado”, dice Kausel.

“Y si hubiese habido únicamente incendio, sin el daño estructural, tampoco se habrían venido abajo”.

“Las torres tenían mucha resistencia”, dice el ingeniero.

El informe del NIST, por su parte, afirma que existen documentos oficiales que indican que las torres estaban diseñadas para soportar el impacto de un avión Boeing 707, que era la aeronave comercial más grande que existía al momento de ser diseñadas.

Torres Gemelas

Getty
Las torres quedaron reducidas a escombros.

Los investigadores del NIST, sin embargo, advierten que no encontraron información sobre los criterios y los métodos que se utilizaron para llegar a esa conclusión.

Lo que sí está claro es que, juntos, el impacto y el incendio, produjeron un desenlace fulminante: el colapso de ambas torres.

Cómo estaban construidas las torres

Las Torres Gemelas tenían un diseño que era estándar en la década de los 60, cuando comenzaron a ser construidas.

Cada edificio tenía en el centro un núcleo vertical de acero y hormigón, que albergaba los ascensores y las escaleras.

Cada piso se formaba con una serie de vigas de acero (horizontales) que partían desde ese núcleo y se conectaban con columnas de acero (verticales) para formar las paredes exteriores del edificio.

El entramado de vigas distribuía el peso de cada piso hacia las columnas, mientras que cada piso, a su vez, servía como un soporte lateral que evitaba que las columnas se torcieran, lo que en ingeniería civil se conoce como pandeo.

Torres Gemelas

Getty
Las torres tenían una columna central a partir de la cual salían las vigas que se conectaban con las columnas exteriores.

Toda la estructura de acero estaba recubierta por hormigón, que funcionaba como un protector de vigas y columnas en caso de incendio.

Las vigas y las columnas, además, estaban recubiertas por una delgada capa aislante a prueba de fuego.

Impacto, fuego y aire

Ambas torres fueron golpeadas por modelos distintos de aviones Boeing 767, que son más grandes que un Boeing 707.

El impacto, según el informe del NIST, “dañó severamente” las columnas y desprendió el aislamiento contraincendios que recubría el entramado de vigas y columnas de acero.

“La vibración del choque hizo que el recubrimiento antifuego del acero se fracturara, con lo cual las vigas quedaron más expuestas al fuego“, explica Kausel.

Así, el daño estructural le abrió camino a las llamas, que a su vez iban causando más daño estructural.

Torres Gemelas

Getty
Gran parte del combustible se quemó durante la bola de fuego que se produjo al momento del impactó de los aviones.

Mientras eso ocurría, las temperaturas, que llegaban a los 1.000 °C, hacían que los vidrios de las ventanas se dilataran y se rompieran, con lo cual entraba aire que servía de alimento al fuego.

“El fuego se autoalimentó de aire y por eso se propagó“, dice Kausel.

“Bombas voladoras”

Los datos oficiales estiman que cada avión cargaba cerca de 10.000 galones de combustible (más de 37.850 litros).

“Eran bombas voladoras”, dice Kausel.

Gran parte de ese combustible se quemó durante la bola de fuego que se formó en el momento del impacto, pero también hubo mucho combustible que se derramó a los pisos inferiores de las torres.

Eso hizo que el fuego se expandiera, encontrando a su paso varios objetos inflamables que le permitían seguir avanzando.

Torres Gemelas

Getty
El fuego causó daños severos a las columnas de las torres.

Ese incendio descontrolado tuvo dos efectos principales, explica el ingeniero del MIT.

Primero, el intenso calor hizo que se dilataran las vigas y las losas de cada piso. Esto causó que las losas se separaran de sus vigas.

Además, la dilatación de las vigas también empujó las columnas hacia afuera.

Pero luego hubo un segundo efecto.

Las llamas comenzaron a ablandar el acero de las vigas, volviéndolas maleables.

Eso hizo que lo que antes eran estructuras rígidas, ahora parecieran cuerdas que al arquearse comenzaron a impulsar hacia adentro las columnas a las que estaban unidas.

“Eso fue fatal para las torres”, señala Kausel.

Colapso

En ese momento ya estaban todos los ingredientes para desencadenar el colapso.

Torres Gemelas

Getty
El calor del fuego dilató las vigas, que a su vez empujaron las columnas.

Las columnas ya no estaban totalmente verticales, debido a que las vigas primero las empujaron hacia afuera y luego las halaron hacia adentro, así que comenzaron a pandear.

Así, según el informe del NIST, las columnas iniciaron el colapso arqueándose, mientras las vigas a las que estaban conectadas tiraban de ellas hacia adentro.

El análisis de Kausel, por su parte, añade que, en alguno casos, las vigas halaron tan fuerte de las columnas que destrozaron los pernos que las ataban a las columnas, lo que causó que estos suelos se derrumbasen y los escombros fueran causando sobrepeso en los pisos inferiores.

Esto produjo un estrés adicional a la capacidad de las ya debilitadas columnas.

El resultado fue una caída en cascada.

Torres Gemelas

Getty
Las paredes se derrumbaron “como quien pela un banano”.

Una vez que el edificio entró en caída libre, explica Kausel, el colapso expulsó progresivamente el aire que había entre los pisos, lo que causó un viento fuerte hacia la periferia.

Esto hizo que el derrumbe quedase envuelto en una nube de polvo, y que las paredes externas se derrumbasen hacia afuera, como quien pela un banano, dice el experto.

Ambos edificios se esfumaron en cuestión de segundos, pero el fuego entre los escombros siguió ardiendo durante 100 días.

Veinte años después, el horror y el dolor que causaron los atentados aún no se apagan.


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