Víctimas dan propuestas sobre cómo debe ser el mecanismo internacional que persiga delitos impunes en México
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Víctimas dan propuestas sobre cómo debe ser el mecanismo internacional que persiga delitos impunes en México

Andrés Manuel López Obrador se comprometió a crear un mecanismo internacional encargado de perseguir penalmente las graves violaciones a derechos humanos, y los crímenes de lesa humanidad cometidos en el país en las décadas pasadas.
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Por Paris Martínez / Itxaro Arteta
11 de diciembre, 2018
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Durante los diálogos sostenidos por Andrés Manuel López Obrador con víctimas de la violencia en México, primero como candidato a la presidencia y luego como candidato electo, el hoy presidente de la República se comprometió a crear seis instancias autónomas, para instrumentar la política de “justicia transicional” anunciada para su gobierno.

De entre ellas, destaca el “Mecanismo internacional contra la impunidad”, que se encargará de perseguir penalmente las graves violaciones a derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad cometidos en el país en las décadas pasadas, y que permanecen sin castigo hasta la fecha, pero, ¿qué será y cómo funcionará este organismo?

A continuación, te presentamos un resumen de la propuesta que colectivos de víctimas y de defensores de derechos humanos vienen construyendo desde septiembre pasado, y que será presentado a las nuevas autoridades federales en las próximas semanas, bajo la promesa de cumplimiento:

Mecanismo internacional, ¿para qué?

En México, el Ministerio Público ostenta la facultad exclusiva de perseguir e investigar los delitos que se cometen en contra de la ciudadanía. No obstante, destaca la propuesta civil, está “demostrada la falta de capacidad del sistema de justicia (nacional) para investigar a los máximos responsables” de graves violaciones a derechos humanos y crímenes de lesa humanidad cometidos en el país.

Por esta razón, se destaca, es necesario crear un ente que, de forma independiente a las instituciones actuales, investigue hechos tales como desapariciones forzadas, casos de tortura, ejecuciones extrajudiciales, y otras violaciones graves a derechos humanos cometidos desde 1968, así como las estructuras criminales y redes de corrupción que les han dado cobijo, para enfrentar a esas personas a proceso penal.

La propuesta elaborada por los colectivos civiles destaca que, además de la demanda de conocer la “verdad” histórica en torno a graves hechos de violencia ocurridos en México desde 1968 (que será atendida por la Comisión de la Verdad, otro de los órganos a cuya creación se comprometió el gobierno de López Obrador), también es necesario que el proceso nacional de pacificación incluya el esclarecimiento legal de estos hechos, mediante la identificación y consignación penal de los responsables, así como de los vínculos específicos entre graves violaciones a derechos humanos con intereses políticos y económicos.

Este “Mecanismo internacional contra la impunidad”, pues, debe esclarecer los casos que el Ministerio Público ha dejado sin investigar y sin procesar, en los últimos 50 años.

¿Por qué debe ser “internacional”?

Bajo el entendimiento de que las instituciones ordinarias de justicia en México están infiltradas por el crimen organizado, y por redes de corrupción, la propuesta aceptada por López Obrador en septiembre pasado establece que el problema de la impunidad en el país debe ser atendido por un órgano que cuente con la observación, la asistencia técnica e incluso la tutoría de un organismo multilateral con autoridad moral, demanda a la que el hoy presidente de la República no sólo accedió, sino que se comprometió a invitar a la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

En la propuesta de funcionamiento del Mecanismo Internacional contra la Impunidad formulada por los colectivos civiles, la intervención de la ONU adelantada por López Obrador no sólo es aceptada, sino que se propone que ésta se formalice mediante un tratado internacional, en el que se establezca que el titular del mecanismo sea designado directamente por el Secretario General de Naciones Unidas, y que su sede oficial sea México, “para que sus actividades se desarrollen lo más cerca posible de víctimas y comunidades afectadas”.

Las posibles fórmulas legales para crear este Mecanismo, se destaca, son diversas: en caso de que efectivamente el nuevo gobierno permita que la PGR se convierta en una Fiscalía autónoma del poder Ejecutivo (autónoma de hecho, no sólo de dicho), ésta podría albergar una fiscalía especial que bajo vigilancia y con la asistencia técnica de la ONU emprenda las investigaciones sobre graves violaciones a derechos humanos y crímenes de lesa humanidad impunes, identifique a los responsables y los lleve a juicio.

Otra posibilidad prevista por los colectivos civiles es el establecimiento de una misión especial de las Naciones Unidas (tal como ocurrió en Guatemala) que de forma independiente al Ministerio Público realice sus investigaciones, y que cuente con la facultad legal de llevar a posibles responsables ante la justicia, para ser procesados penalmente.

Una tercera opción es mixta: un órgano especial de la ONU instituido en México, que realice investigaciones de forma independiente al Ministerio Público, pero que cuente con la asistencia de éste para presentar consignaciones ante jueces penales. Esta opción conciliaría la existencia de un órgano extraordinario, con el monopolio exclusivo que la Constitución mexicana otorga al MP sobre la procuración de justicia.

Sin embargo, se destaca que en todos los casos es una condición irrenunciable que este Mecanismo cuente con autonomía absoluta para realizar sus investigaciones, y que bajo ningún esquema quede subordinado en sus labores a la aprobación del gobierno.

¿Cómo hacer lo que no se hizo en 50 años?

Si bien la misión del Mecanismo Internacional contra la Impunidad es abatir el rezago en materia de justicia penal que sobre violaciones graves a derechos humanos se ha acumulado desde 1968, la intención no es crear en México un órgano extraordinario compuesto por extranjeros, que haga lo que no quieren hacer los órganos ordinarios, como son las procuradurías y fiscalías estatales, o la nacional.

Por ello, se destaca en la propuesta de colectivos civiles, es necesario que este Mecanismo desde un principio tenga una composición mixta: con expertos nacionales e internacionales que trabajen en una línea de aprendizaje mutuo, bajo la idea de que en el mediano plazo se reduzca la necesidad de especialistas de otros países, y éstos sean relevados por mexicanos, capacitados bajo altos estándares en el mecanismo mismo.

Contar con “personal internacional designado por Naciones Unidas” permitirá garantizar la “independencia y capacidad técnica” de los investigadores de violaciones graves de derechos humanos impunes en México, y también permitirá “incrementar la confianza de las víctimas, como por ejemplo ocurrió con el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes” enviado a México por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ante la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, señala la propuesta de los colectivos civiles.

De forma posterior, la propuesta civil prevé que el personal mexicano que sea formado y capacitado por el Mecanismo Internacional en materia penal, pericial y de investigación, sea paulatinamente transferido “a fiscalías federal y estatales”, conforme éstas vayan consolidando su autonomía, “para fortalecer sus capacidades”.

La propuesta de los colectivos ciudadanos reconoce que un aparato de justicia extraordinario no puede crearse de la noche a la mañana, ya que su diseño y la selección de su personal requieren procesos muy cuidadosos.

Por ello, se plantea que la selección del personal se lleve a cabo durante 2019, mediante “concursos públicos de Naciones Unidas, que aseguren transparencia, experiencia, conocimientos técnicos nacionales e internacionales, igualdad de oportunidades”, para garantizar la “alta calidad moral” de este cuerpo de investigadores y especialistas, con el objetivo de que esté en pleno funcionamiento para 2020.

Una acotación discutida por los colectivos en las reuniones para afinar la propuesta es que aunque el mecanismo para operar plenamente se tome estos tiempos, empiece por algún caso emblemático en el que se pueda tener resultados en el corto plazo, para demostrar la utilidad del mecanismo y que la sociedad vea su efectividad. Esto sólo como inicio, sin caer en encapsular los casos y atenderlos de uno en uno, ya que lo importante será trabajar en desmantelar el sistema de corrupción que ha permitido el crecimiento de la violencia, y que quede claro que no se atiende sólo a algunas víctimas, sino a todas.

El objetivo a largo plazo, se concluye, no sólo es cerrar la brecha de impunidad en los casos de graves violaciones a derechos humanos y crímenes atroces en México, sino lograr el “fortalecimiento de las instituciones (ordinarias) de procuración de justicia a nivel federal y estatal, a través de la transmisión de competencias, conocimientos y buenas prácticas en materia de investigación”.

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Las rarezas del pueblo de EU al que solo se llega a través de Canadá

Cuando se trazó el límite entre Estados Unidos y Canadá, Point Roberts, una pequeña localidad en la punta de una península, se convirtió en un territorio estadounidense separado del resto del país. Y eso hace que tenga muchas peculiaridades.
25 de enero, 2020
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El tráfico fluye con facilidad por la calle 56, una carretera arbolada en los suburbios de Vancouver, Canadá, hasta que un laberinto de barreras de cemento lo interrumpe abruptamente.

Conduje mi auto alquilado a través de los obstáculos y me detuve en un quiosco, donde un guardia fronterizo de Estados Unidos escaneó mi pasaporte estadounidense. Le dije que acababa de llegar del otro lado del continente, y él se volvió para dirigirse a mí por lo que parecía ser una preocupación genuina.

“¿Sabe a dónde va?”, me preguntó, sugiriendo gentilmente que tal vez estaba perdido. No es común que Point Roberts reciba visitantes de fuera de la región.

Pero precisamente por eso había venido: a ver una mancha estadounidense de casi 13 kilómetros cuadrados que está unida a Canadá, pero físicamente separada del resto de Estados Unidos. Esta rareza geográfica es esencialmente una comunidad cerrada custodiada por el Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU.

Su presencia muestra cómo un acuerdo diplomático aparentemente simple puede tener profundas implicaciones en la vida cotidiana siglos después.

La frontera entre Estados Unidos y Canadá se estableció en el paralelo norte 49ºen 1846 y este cruza una península canadiense, de modo que su extremo inferior, a unos 40 kilómetros al sur de Vancouver, quedó como parte de EE.UU.

Los geógrafos lo llaman “exclave funcional“, un área de un país que, en términos prácticos, solo se puede alcanzar al pasar por otro país. A excepción de los pocos que llegan en avión privado o en barco, todos los que vienen a esta comunidad estadounidense conducen desde Canadá.

Barco en el mar

Larry Bleiberg
Solo se puede llegar a Point Roberts, Washington, en barco, avión o conduciendo a través de Canadá.

El historiador local Mark Swenson dice que Point Roberts no fue un descuido. Conservarlo le otorgó a EE.UU. valiosos derechos de pesca de peces y cangrejos y un punto de apoyo estratégico en el noroeste del Pacífico.

Durante décadas, este lugar remoto se mantuvo como reserva militar, pero en 1908, EE.UU. le otorgó la tierra a colonos; la mayoría, inmigrantes islandeses. Hace más de 30 años, el presidente de Islandia honró a estos colonos dedicándoles un monumento en el cementerio más antiguo de la comunidad.

Hoy, Point Roberts es una localidad rural boscosa, hogar de casi 1.300 residentes durante todo el año, cientos de águilas calvas y algunas manadas de orcas que pasan el verano aquí. Es un lugar con un semáforo intermitente, algunas tiendas y poco más.

El “suspiro” de Point Roberts

Los residentes que llegan desde la floreciente área metropolitana de Vancouver, donde la población está acercándose a los 2,5 millones, afirman que comienzan a relajarse en el momento en que cruzan a esta parte de Estados Unidos.

“Lo llamamos el suspiro de Point Roberts”, me dijo Pat Grubb, quien junto a su esposa publica el periódico local, el All Point Bulletin.

De hecho, visto el foco en temas de seguridad que se pone en la frontera entre Estados Unidos y México, la vida parece relajada en este límite con Canadá.

Conduciendo por Roosevelt Way, la calle más septentrional de Point Roberts, la frontera internacional es poco más que una zanja de drenaje que da a setos cuidadosamente recortados, plantados para preservar la privacidad del patio trasero de los propietarios canadienses, no su soberanía nacional.

Mapa

BBC

En otras partes, columpios y arcos de fútbol ocupan el límite. Lo más parecido a un muro fronterizo es una barrera de hormigón que llega a la altura de la espinilla y que marca el fin de una carretera local de la colindante ciudad canadiense de Tsawwassen.

Pero las cosas pueden no ser tan plácidas como parecen.

Existe un rumor persistente que describe a Point Roberts como un destino popular del Programa Federal de Protección de Testigos de EE.UU., una iniciativa para ayudar a los informantes que testifican contra criminales.

Según este rumor, a decenas de personas se les ha dado nuevas identidades y han sido reubicadas aquí. En 2012, Atlantic.com’s City Lab sugirió que 50 residentes podrían formar parte de este programa.

Después de todo, cualquier persona que llegue en automóvil desde cualquier otra parte de EE.UU. debe pasar por dos puestos fronterizos internacionales: uno para ingresar a Canadá y un segundo para volver a entrar a territorio estadounidense en Point Roberts.

Y Canadá tiene regulaciones especialmente estrictas que prohíben la entrada a personas con antecedentes penales, lo que proporciona garantías adicionales.

Point Roberts

Larry Bleiberg
Point Roberts es una porción de Estados Unidos en Canadá, unos 40 kilómetros al sur de Vancouver.

Tracy Evans, subgerente general del club de golf Bald Eagle de Point Roberts, se cree el rumor. Algunas personas e incidentes le han parecido sospechosos y algunos de sus vecinos se mantienen completamente aislados.

“Piénsalo. Es un buen lugar para poner a alguien. Es una ubicación remota. Si te metes en problemas en Miami, tendría sentido que vinieras aquí”.

Como muchos lugareños, Grubb se ríe ante la sugerencia. Pero sí comenta que alguna vez sacó su cámara en una reunión pública para tomar una foto para publicarla y que la gente prácticamente salió zumbando para evitar ser fotografiada.

Incluso si este rumor no se puede confirmar, la ciudad atrae a personajes distintos.

“Conocerás a alguien y preguntarás: ‘¿Cuál es tu historia de Point Roberts? “, me dijo Swenson, autor de Point Roberts Backstory(“La historia detrás de Point Roberts”), un libro sobre la historia de esta localidad.

“Tienes una divertida colección de espíritus libres. Tienes a gente a la que le gusta lo orgánico y otra que cuida a las águilas y las conoce por su nombre. Tienes a gente a la que le gusta hacer colchas, tienes apicultores, coleccionistas de sellos. Quizás muchas ciudades tengan lo mismo, pero el hecho de que todos estemos metidos en 13 kilómetros cuadrados lo hace más pronunciado”.

Los inconvenientes

La geografía también crea rutinas diarias inusuales. Point Roberts tiene una escuela primaria, pero los estudiantes que pasan del tercer grado deben tomar un autobús para ir a clase en Blaine, en el estado de Washington, un viaje de ida y vuelta de más de 80 kilómetros que pasa por Canadá para volver a ingresar a Estados Unidos, lo que requiere cruzar fronteras cuatro veces al día.

Un esfuerzo que se ha vuelto algo común para los residentes, que hacen viajes similares cuando tienen citas con el médico o deben recoger recetas o placas de automóviles.

Y luego están las peculiaridades y molestias de vivir al lado de una frontera. “Hay un gran libro de regulaciones sobre lo que puede pasar por la frontera y cambia con frecuencia, y es obligación de ellos mantenerse al día”, afirmó Swenson. “Estas reglas pueden ser muy, muy específicas”.

Point Roberts

Larry Bleiberg
Una barrera a la altura de la espinilla separa este pequeño enclave estadounidense de sus vecinos canadienses.

Algunas parecen desafiar la lógica, aunque están destinadas a proteger la agricultura estadounidense de plagas y enfermedades.

Por ejemplo, los residentes no pueden trasladar tomates enteros, pero si los llevan cortados en rodajas, no hay problema. Dado que traer cordero a los Estados Unidos está muy controlado debido a las preocupaciones sobre la introducción de enfermedades, los dueños de mascotas deben tener cuidado con la comida para perros que compran.

Durante el apogeo de los temores sobre la enfermedad de las vacas locas, a los escolares de Point Roberts les confiscaron sus almuerzos porque sus padres les habían mandado sándwiches de carne asada.

Para muchos, el atractivo de Point Roberts es puramente económico. Los canadienses poseen casas de verano aquí porque los inmuebles frente al mar son mucho más baratos que en el área de Vancouver.

Y hay un tráfico constante durante todo el año gracias a los precios más bajos de la gasolina, la leche y el alcohol, ya que los impuestos a estos productos en EE.UU. son de menor cuantía que en Canadá, donde además, la gestión de su producción láctea mantiene los precios altos.

Una encuesta de 2013 y 2014 del Instituto de Investigación de Políticas Fronterizas de la Universidad Occidental de Washington indicó que casi el 40% de los cruces fronterizos hacia Point Roberts tenían como objetivo comprar gasolina, según Swenson, lo que puede proporcionar a los conductores canadienses un ahorro de entre el 20% y el 30%.

Eso explica por qué la ciudad tiene 60 surtidores de combustibles y por qué los grifos no muestran los precios en galones, como se hace en EE.UU., sino en litros, que es cómo se vende el combustible en Canadá.

Otros vienen a recoger paquetes en uno de los varios negocios de envíos que hay en la ciudad. Al usar una dirección de Point Roberts, los canadienses pueden recibir sus compras por Internet en Estados Unidos.

Generalmente, el precio no solo resulta más barato, sino que existen productos que no se envían al extranjero. Como señaló el geógrafo Mark Bjelland en la revista académica Geographical Review, el número de canadienses con buzones registrados en Point Roberts es 40 veces mayor que el número de residentes permanentes de esta localidad.

Point Roberts

Larry Bleiberg
Los visitantes del exclave de Point Roberts deben conducir a través de Canadá para ingresar a Estados Unidos.

La ciudad también tiene un supermercado con más productos de los que se podrían consumir en esta pequeña comunidad.

La tienda de productos comestibles extranjeros International Marketplace trata de hacérselo fácil a sus clientes, indicándoles qué productos se pueden llevar a Canadá: patatas de Idaho, por supuesto que sí; manzanas Honeycrisp, claro que no. También tiene dos cajas para pagos en metálico: una para dólares estadounidenses y otra para dólares canadienses.

Los visitantes ocasionales pueden verse tentados a probar una hamburguesa a medio cocer. Los estrictos reglamentos sanitarios canadienses prohíben la venta de carne cuyo centro todavía esté rojo, ya que temen que transmita E. coli y otras enfermedades. Pero al sur de la frontera, todo vale, al menos cuando se trata de carne a la parrilla.

Según Evans, los clientes canadienses del club de golf nunca están seguros de cómo reaccionar cuando se les pregunta cómo quieren que cocinen su hamburguesa. “Muchos de ellos se sorprenden de que se les dé opciones”.

Tales rarezas forman parte de la vida aquí.

Al cruzar la frontera de regreso a Canadá al día siguiente, pensé en cómo Louise Mugar, coeditora del periódico local, describió a su comunidad. “Vivir en Point Roberts es como vivir en un sueño“, me dijo. “Cuando estás en ella, tiene sentido, pero cuando te alejas, dices. ‘¿De qué se trataba todo eso? ”

Pero lo que no mencionó fue cómo puedes encariñarte con la ciudad rápidamente. Unos minutos más tarde, sentado en el tráfico matutino de la hora pico del área metropolitana de Vancouver, detrás de filas kilométricas de autos, Point Roberts, con sus peculiaridades, personajes e inconvenientes, parecía muy lejano y aún más atractivo.


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