El auge de México como potencia de la robótica en América Latina
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El auge de México como potencia de la robótica en América Latina

México es el único país de América Latina en ganar uno de los primeros tres lugares en WRO. Fue con un equipo de adolescentes de Robotecnia, en Qatar en 2015.
26 de diciembre, 2018
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“La robótica es mi pasión, le dedico horas después de la escuela y casi todo el tiempo de mis vacaciones”, dice Erika Aguilar, una estudiante mexicana de 12 años.

Dice que aprende a armar y programar robots, pero también lógica y a trabajar en equipo.

Está en un aula con otros ocho niños y adolescentes de entre 10 y 18 años que han viajado a concursos de robótica en distintas partes del mundo, a países como Costa Rica, Tailandia o Indonesia.

Tienen en común que hablan de robots como si fueran algo muy sencillo.

Asisten a clases en Robotecnia, una escuela privada en el sur de la Ciudad de México. Es una de las instituciones más reconocidas impartiendo esta actividad, pero no es la única.

En México hay un auge de escuelas de robótica en clases extracurriculares. En Brasil empieza este movimiento, en Costa Rica lleva un par de años, pero en México lleva una década”, dice Carlos Pérez, director en México de World Robot Olympiad (WRO), una competencia mundial de robótica para jóvenes.

Estudiantes de Robotecnia, una de las escuelas más reconocidas en robótica extracurricular en México.

BBC
Estudiantes de Robotecnia, una de las escuelas más reconocidas en robótica extracurricular en México.

México es el único país de América Latina en ganar uno de los primeros tres lugares en WRO. Fue con un equipo de adolescentes de Robotecnia, en Qatar en 2015.

“Los equipos de México son los que lo hacen mejor a nivel América Latina en este concurso”, dice Pérez.

También los equipos del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ganan premios a nivel universitario.

Juan Huberto Sossa Azuela, jefe del laboratorio de robótica e ingeniería mecatrónica del centro de investigación en computación del IPN explica que en México hay mucho potencial en ese campo, no sólo en los concursos.

Dice que México y Brasil son los “gigantes” en robótica en América Latina, aunque aclara que a nivel mundial están muy atrás de los países industrializados.

Juan Huberto Sossa Azuela, jefe del laboratorio de robótica y mecatrónica del IPN.

BBC
Juan Huberto Sossa, especialista en robótica del IPN.

“Creo que los jóvenes mexicanos son muy buenos porque tienen motivación, son muy creativos, curiosos, tienen imaginación y les gusta investigar por su propia cuenta“, dice.

Falta dinero

Pero, apunta, falta apoyo económico para que puedan llevar sus proyectos a un nivel más alto.

En México la robótica está en auge a nivel académico y teórico. Además, es el país de América Latina que más importa robots industrializados y el cuarto en todo el mundo según la Organización Mundial del Comercio.

“En México somos buenos en la teoría, y tenemos potencial. Pero falta dar un paso más y llegar a producir robots, aunque para ello falta una política de Estado y dinero”, explica el académico.

Hasta ahora, la producción de estas máquinas se circunscribe a pocos países en el mundo, entre los que están a la cabeza Corea del Sur, Singapur, Japón, Estados Unidos y China.

Sossa dice que México destaca en el diseño de redes neuronales artificiales y de sus algoritmos de aprendizaje para que sean implantadas en las computadoras a bordo de los robots.

También, hay talento para el control inteligente, por ejemplo, el control difuso, que significa que las máquinas razonen en una forma más parecida al ser humano. “Las personas entienden en un lenguaje que no es tan numérico, como cuando le dices a alguien: ‘gira a la derecha’ y no le dices cuántos grados”.

Shimizu probando su robot de construcción, Robo-Buddy

Getty Images
Muy pocos países producen robots, entre ellos está Japón, Corea, China y Estados Unidos.

El especialista apunta que se debería poner especial atención en desarrollar autos autónomos, pues se proyectan ganancias enormes.

Uno de los líderes mundiales en ese campo es precisamente el mexicano Raúl Rojas González, egresado del IPN y ahora profesor en la Universidad Libre de Berlín, en Alemania.

Otro aspecto por desarrollar es la robótica de servicios. “En los próximos 20 años vamos a ver las ciudades inundadas de máquinas desarrollando distintas tareas, como limpiar, servir el café, haciendo de guías turísticos, auxiliares de hospitales o cargando maletas en el aeropuerto“, dice el especialista del IPN.

El IPN también desarrolla un vehículo de exploración tipo ROVER, como los destinados a la exploración espacial, pero este es para utilizarse en tareas de búsqueda en la tierra.

Aunque no está definido todavía, podría realizar tareas como minería, labores de rescate o toma de muestras que podrían ser analizadas por el propio robot.


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“Julia” tiene 26 años. Terminó huyendo de la casa que compartía con su pareja, después de 3 años de relación, con miedo de terminar aumentando la estadística de que 10 mujeres son asesinadas al día. Pero antes de llegar a ese nivel de miedo recorrió un camino de violencias psicológicas y verbales que fue creciendo poco a poco.

“Empezó a decirme que me quería mucho, que me protegía. Que si me pedía mi ubicación era porque se preocupaba por mí. Pero después fui entendiendo que lo que él quería era mantenerme pues todo el tiempo con él, alejada de las personas que yo quería, de mi familia”, contó en un audio facilitado por la Red Nacional de Refugios.

Leer más: COVID19, la pandemia que agravó la desigualdad de género

Como ella, casi 35 mil mujeres han pedido ayuda a esa organización desde marzo pasado, y 740 mil han llamado al 911 por algún tipo de violencia familiar, de pareja o sexual.

Este año, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer que se conmemora el 25 de noviembre ocurre en un contexto sin precedentes por el confinamiento al que ha obligado la pandemia de COVID-19, y que ha agravado y hecho más visible que nunca la violencia que ocurre dentro de los hogares, alertó la ONU. “Es la pandemia en la sombra que crece en medio de la crisis de la COVID-19”.

Los feminicidios son la expresión más radical de las agresiones contra las mujeres, pero la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia reconoce cinco tipos de violencia: psicológica (desde celos, abandono, infidelidad, humillaciones o insultos), física, patrimonial (por sustracción o destrucción de documentos, vienes, valores y derechos), económica (si limita o controla el ingreso hasta afectar la supervivencia económica) y sexual. Además de cinco modalidades en las que se puede sufrir: en el ámbito familiar, en el laboral y docente, en la comunidad, violencia institucional y política.

El Banco Nacional de Datos e Información sobre Casos de Violencia contra las Mujeres (Banavim) registra 735 mil casos desde su creación, en 2010, de las que la gran mayoría, arriba de 500 mil, refirieron haber sufrido violencia psicológica. Mientras que según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la violencia por la que más han aumentado las denuncias en los últimos años es la sexual, tanto por abusos como por violación.

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Julia, 26 años

“Cuando teníamos reuniones antes de esto pues yo antes hablaba y decía lo que pensaba, pero él siempre se burlaba o decía que no era cierto, que yo mentía, que quería quedar bien. Y de pronto ya mejor me quedaba callada, ya no hablaba, ya no conversaba.

“Empieza a controlarte cómo hablas, cómo te vistes, qué haces, cómo lo haces, qué dices… Hasta que llega un momento en que ya no puedes hablar, ya no puedes ser tu misma. Empezó a decirme que realmente me comportara como una mujercita, que estuviera en mi casa, que no me vistiera así, que yo provocaba todo. Y de pronto, los insultos: eres una tonta, eres una inútil.

“Cuando fue lo del confinamiento, pues resulta que él se quedó más tiempo en la casa. Yo dejé de trabajar porque soy maestra y en un momento yo no tenía actividades, después todo el tiempo era estar vigilando con quién estaba yo en el zoom, si eran mis alumnos o era alguien más.

“Hasta que un día me salí de bañar y cuando vi, estaba revisando mi ropa interior y me decía que me faltaban unas pantaletas. Le dije que no, que estaba loco. Y bueno, empezó a insultarme, a decirme que cuando él se iba yo metía a hombres, y me dijo algo que me preocupó mucho, porque me dijo que yo no iba a salir, con una grosería, me iba a quedar ya con él para siempre, y al fin y al cabo no podía por la pandemia.

“Empezó a aventar las cosas, pateó a mi gato; él sabe que yo lo quiero mucho. Sentí impotencia y me di cuenta de que estaba descargando con él todo lo que quisiera hacer conmigo.

“No dije nada, al día siguiente él iba a salir así que preparé mis cosas, no lo pensé, y salí”.

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Vanessa (y sus hijas menores de 10 años)

“Crecí en una familia tradicional, sumamente machista. Y sin pensarlo, cuando me casé conocí en carne propia la violencia en todos sus tipos, una relación que me mutiló en muchos sentidos y que cuando caí en la cuenta de lo que vivía y decidí ponerle fin, me enfrenté con una violencia peor: la violencia sexual en contra de mis hijas. El agresor era su padre, el padre biológico que debió protegerlas y cuidarlas.

“Durante el matrimonio, este hombre hacía todo por anularme y relegarme de las tareas de cuidado y hoy sé la razón: buscaba romper el vínculo entre mis hijas y yo; sin embargo, le fue imposible y gracias a la confianza pudieron narrarme la violencia sexual que vivieron.

“Es indescriptible el dolor e impotencia que una madre puede sentir…

“Como madre cuidas a tus hijas de todos, menos de su propio padre. ¿Cómo iba a saber que por ello quería que trabajara con horarios imposibles? Todo el tiempo me decía que debía ser el ejemplo de mis hijas, y que él las cuidaría mientras yo no estuviera, o que podía irme tranquila.

“Y no solo eso; hoy sé que fueron amenazadas para no hablar y que los eventos fueron desde varios años atrás.

“Al día siguiente de haberme enterado, acudí a la Fiscalía para denunciar, y por si fuera poco lo que vives, te encuentras con funcionarios públicos carentes de empatía que no dejan de mirarte como un expediente más.

“Desde entonces mis hijas tienen terapia psicológica de manera ininterrumpida. Ha transcurrido más de una año sin que la Fiscalía ejerza acción penal, aún y cuando existen datos de prueba suficientes, dictámenes públicos y privados, informes de sus terapeutas, la identificación de los lugares en los que fueron violentadas… Pero lo más importante, su dicho frente a las autoridades: ambas narraron de viva voz las aberraciones ante el Ministerio Público, peritos y demás especialistas.

“Hoy las veo fuertes, seguras y más conscientes que nunca. Ninguna niña debe vivir esto. La culpa y vergüenza deben estar destinadas sólo para aquellos monstruos que atentan en su contra”.

Marta, 43 años

“El entorno en el que yo vivía era una vida llena de violencia, de armas, de groserías, de tristeza, de miedo, de pánico.

“Puse una denuncia a mi pareja, de que me había golpeado y me había sacado a golpes de mi lugar de trabajo. Si yo no llego golpeada a la Procuraduría, si no me mandan aquí al albergue, yo no sé de estos lugares, no sé que existen, no sé que alguien me puede ayudar. Ese fue un obstáculo.

“Lo que hacen las autoridades es pura pantalla; sí va la policía, sí ofrecen ayuda de protección hacia la mujer, pero van, dan la vuelta, ten te doy una feriecita, y me regreso. ¿Y la mujer sabe cómo queda? Desprotegida. Porque a mí me dieron mi casa, a mí me pusieron una orden de restricción… ¿sabe cuándo la respetó? Nunca… nunca.

“Incluso ese hombre podía con la camioneta destrozar el barandal de afuera de mi casa. Y llamaba a las autoridades y nunca hubo respuesta. Las llamé yo creo que… no sé… si las llamé unas cinco veces en un día fueron pocas, y le estoy hablando por día. Cada sábado, cada domingo era un estrés terrible, tenía que salirme con mis hijos. ¡Tuve que salirme con mis hijos de mi casa!, tuve que salirme con ellos, porque pues la respuesta de las autoridades nunca encontré”.

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