65% del presupuesto 2019 iría a bienestar social; protección ambiental y cultura, con menos recursos
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65% del presupuesto 2019 iría a bienestar social; protección ambiental y cultura, con menos recursos

De un total de 5 billones 778 mil millones de pesos de gasto neto total para el primer año de gobierno, 3 billones 311 mil millones de pesos van para este rubro.
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17 de diciembre, 2018
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En el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) 2019 que entregó el sábado al Congreso el secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, el gasto público tiene directrices principales: paz, Estado democrático y de Derecho, desarrollo económico incluyente, y bienestar social e igualdad.

Para esta última directriz –que incluye promover el bienestar de los grupos vulnerables y del territorio, una educación con calidad, la salud para el bienestar, la alimentación, el deporte, el arte y la cultura, pero también los servicios urbanos y espacios públicos– en el ejercicio fiscal 2019 se destinarán 3 billones 311 mil millones de pesos.

De acuerdo con Alfredo Elizondo, coordinador de Proyectos de Gesoc Agencia para el Desarrollo AC, enfocada en políticas sociales, gestión pública, transparencia y rendición de cuentas, el porcentaje del gasto total dedicado a desarrollo social para este año sería de 65.70%, contra 62.60% de 2018, y 58% de 2012 y 2013.

Las líneas de acción en este ámbito consideran: el bienestar de los grupos vulnerables y en especial de los pueblos indígenas; la promoción del bienestar desde una perspectiva de derechos y de ciclo de vida; la lucha contra la contaminación; la educación, la enseñanza y la investigación; la promoción de la salud, el deporte, el arte y la cultura, así como la garantía del derecho a la alimentación.

Para educación, con enfoque en el bienestar y la igualdad, el PPEF 2019 contempla un presupuesto de 746 millones 742 mil pesos, lo que representa, según se registra en el portal de Transparencia Presupuestaria del gobierno federal, un aumento de 1.2% con respecto al presupuesto de 2018.

A protección social se prevé destinar mil 693 millones 328 mil pesos, lo que representa una variación real de 9.7% más con respecto al año anterior, de acuerdo con la misma fuente. Vivienda y servicios a la comunidad gana 6.2% y registra un total de 234 millones 948 mil pesos. En tanto que salud tendrá un monto de 234 millones 948 mil pesos, una variación hacia arriba de 1.7%.

Los que pierden son protección ambiental, con una variación real a la baja de 48.4%, para quedar en 15 millones 877 mil pesos; recreación, cultura y otras manifestaciones sociales que tienen un descenso de 9.4%, y obtendrán solo 18 millones 474 mil pesos. Y el rubro catalogado como otros asuntos sociales que muestra un descenso de 45.1% con respecto a 2018, variaciones de acuerdo a lo que se registra en el portal de Transparencia Presupuestaria.

Los programas prioritarios contemplados en bienestar social e igualdad son: pensión para adultos mayores, uno de los programas insignia del presidente Andrés Manuel López Obrador, con un monto total de 100 mil millones de pesos; apoyo a personas con discapacidad, con 2 mil 974 millones 577 mil 467; la Beca Universal para Estudiantes de Educación Superior Benito Juárez, con un monto de 17 mil 280 millones, y las Universidades para el Bienestar Benito Juárez García, con mil millones de pesos.

Entre estos programas prioritarios están también: el de becas para niños y jóvenes que estudien, con 2 mil 203 millones 870 mil 618 pesos. Mientras que en atención médica a toda la población, el IMSS-Prospera tiene un presupuesto de 5 mil 487 millones 673 mil 254 pesos.

Además se incluye el Programa Sembrando Vida, con 499 millones 999 mil 995 pesos. Éste fue diseñado para combatir la pobreza en comunidades rurales, contribuir a la preservación de selvas y bosques, generar 400 mil empleos permanentes y fortalecer el comercio nacional.

Esta iniciativa la implementará la Secretaría de Bienestar, encabezada por María Luisa Albores González. Contempla la siembra en 19 estados de un millón de hectáreas de árboles maderables, y milpa intercalada con árboles frutales.

Para armar el presupuesto en materia de bienestar social e igualdad, el sitio de Transparencia Presupuestaria del gobierno federal registra que se hizo una revisión del desempeño de 156 programas del ámbito social y se clasificaron con base en su nivel de (im) prescindibilidad. Los hallazgos reportados muestran que: 48% de los programas analizados se encuentran en la categoría de “altamente prescindible”, entre ellos: Agroasemex, Bansefi y Sectur.

En tanto que 31% fueron clasificados con prescindibilidad media, entre estos está Inmujeres. Y solo 7% se ubicaron en la categoría de imprescindible o imprescindible con oportunidad de mejora, uno de ellos es IMSS-Prospera.

Año Porcentaje para función Desarrollo Social
2012             58%
2013             58%
2014          58.50%
2015          58.60%
2016          61.70%
2017             63%
2018

2019

         62.60%

         65.70%

Fuente: Gesoc

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Tsunamis en el Ártico: la nueva y peligrosa amenaza del cambio climático

Geólogos advierten que Alaska está en puertas de un deslizamiento de rocas tan grande que puede ser capaz de provocar un tsunami no visto nunca antes.
28 de octubre, 2020
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Hielo en Alaska

Getty Images
Millones de toneladas de roca pueden deslizarse hasta el océano por el derretimiento del permafrost.

Barry Arm es una estrecha brecha de costa en el sur de Alaska.

No es muy grande si se la compara con el extenso borde de Norteamérica que colinda con el océano Pacífico, pero el lugar provoca una particular preocupación.

En Barry Arm, advierten geólogos, se puede llegar a producir un deslizamiento de hielo y roca capaz de desatar un tsunami catastrófico para la región.

Y ese sería solo uno de los posibles efectos del cambio climático que amenazan a Alaska y otras regiones del Ártico.

Por ello diferentes autoridades, científicos y activistas ambientales quieren llamar la atención sobre el peligro.

¿Alaska en peligro?

“Posibles efectos devastadores” es como califica Anna Liljedahl a lo que puede pasar en Alaska, que algunos científicos hablan incluso de en 12 meses o tan solo algunos años.

La geóloga le señala a BBC Mundo que su preocupación es muy grande debido a que existen condiciones para un deslizamiento mucho más grande que todos los vistos en el siglo XX.

“Se trata de fenómenos diferentes a los que conocimos antes. Y lo peor es que pensamos que se volverán cada vez más frecuentes”, señala la experta del Woods Hole Research Center de Alaska.

 

Liljedahl añade que la energía de un deslizamiento como el que considera es posible en Barry Arm puede superar al de un terremoto de magnitud 7.

“Se trata de una combinación muy peligrosa y es apenas un ejemplo de los peligros que tenemos en Alaska”, afirma.

Ante este tipo de advertencias, la División de Estudios Geológicos y Geofísicos de Alaska ha querido expresar cautela y señala que monitorea de manera permanente los posibles movimientos de tierra en la zona.

La entidad señala que se generaron modelos para el estudio de la geología de la región para predecir qué tan grande podría ser un tsunami y cómo se propagaría.

Se utilizan monitores con el sistema GPS (sistema de posicionamiento global) que funcionan con energía solar para detectar el potencial de deslizamientos que son los que preceden a los eventos sísmicos.

La preocupación

El estrecho de Barry Arm se encuentra en la bahía de Prince William Sound, en el golfo de Alaska.

Se trata de una zona con frecuente presencia de pescadores y que, antes de la pandemia, también recibía turistas en cruceros.

Ártico

Getty Images
El Ártico es una de las zonas que mayores riesgos corre ante el cambio climático.

Un deslizamiento de millones de toneladas de roca tiene potencial para eliminar esas actividades económicas en el lugar por un tiempo indeterminado.

Así lo advierte Steve Masterman, director de la División de Estudios Geológicos y Geofísicos de Alaska.

“El más notable de los tsunamis fue en 1958, cuando un deslizamiento de tierra generó una ola que se elevó a 1.700 pies (520 metros)”, señala el experto.

Masterman apunta que las rocas liberadas en esa ocasión eran apenas una décima parte del tamaño de un hipotético deslizamiento en Barry Arm.

Es por ello que la entidad dirigida por Masterman expresó su preocupación sobre los peligros geológicos que corren los habitantes de la zona.

Montañas de Alaska

Getty Images
Alaska puede estar a muy poco de un fenómeno climático devastador, advierten los expertos.

El paulatino del derretimiento del permafrost, la capa de suelo congelado existente en regiones como Alaska, el noreste de Canadá, Groenlandia (Dinamarca) o Siberia (Rusia), es apuntado como uno de los principales factores de riesgo de tsunamis en esa zona.

“El permafrost mantiene unida a la tierra y cuando ese hielo se convierte en agua de manera repentina cambian las condiciones y el suelo puede moverse”, explica Liljedahl.

La geóloga apunta que se trata de un asunto muy complejo porque es difícil hacer un diagnóstico de las condiciones en las que se encuentra esa capa congelada en la región, pese a las numerosas simulaciones con computadores que se realizan.

“Realmente necesitamos saber un poco más para determinar qué tan peligroso es el deslizamiento que se avecina. Por eso creemos necesario que se conozca de esta amenaza”, indica.

Liljedahl, al igual que Masterman y un grupo de científicos escribieron una carta pública a mediados de año advirtiendo del peligro de que un deslizamiento y un tsunami devastador se produzca en Alaska.

Otros peligros

Alaska no es la única región que se encuentra en peligro, explica la geóloga del Woods Hole Research Center.

También Columbia Británica, una provincia en el noroeste de Canadá, y Noruega se encuentran ante la posibilidad de deslizamientos y tsunamis por causa del cambio climático.

Terremoto Alaska

Getty Images
En 1964, Alaska vivió un terremoto que dejó decenas de muertos.

“A medida que el calentamiento global continúe derritiendo los glaciares y el permafrost, los tsunamis creados por deslizamientos de tierra están emergiendo como una amenaza mayor”, explica.

Durante el siglo pasado, 10 de los 14 tsunamis más altos registrados ocurrieron en áreas montañosas glaciares.

En 1958, el deslizamiento de tierra en la bahía de Lituya, en Alaska, creó una ola de más de 520 metros, la más alta jamás vista en la zona.

También, después de un el terremoto en Alaska en 1964, la mayoría de las muertes se debieron a tsunamis provocados por deslizamientos de tierra bajo el agua.

190 personas fallecieron aquella vez y se lo registra como el movimiento sísmico más poderoso en Estados Unidos.


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