Adultos mayores y becas a jóvenes se llevan 57 % de recursos de programas prioritarios de AMLO
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Adultos mayores y becas a jóvenes se llevan 57 % de recursos de programas prioritarios de AMLO

En el presupuesto que propone el gobierno de López Obrador para 2019 se destinan 144 mil 300 millones de pesos a los dos programas; 57.3% de los 252 mil millones destinados para 18 programas prioritarios.
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Por Claudia Altamirano e Itxaro Arteta
17 de diciembre, 2018
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Para poder cumplir con una de sus más importantes promesas de campaña, el presidente Andrés Manuel López Obrador propuso en su proyecto de Presupuesto de Egresos 2019 destinar 144 mil 300 millones de pesos a dos programas: pensiones a adultos mayores y becas a jóvenes sin estudios ni empleo. Este monto es 57.3 % de los 252 mil millones destinados para 18 programas establecidos como prioritarios.

El documento entregado este sábado por el secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, a la Cámara de Diputados prevé destinar 100 mil millones de pesos a la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores, así como 44 mil 300 millones al programa Jóvenes Construyendo el Futuro. Se trata de los dos programas estrella del proyecto social de López Obrador, prometidos durante la campaña presidencial.

Este último programa consiste en becas de dos mil 400 pesos mensuales a 300 mil jóvenes que concluyeron la educación media superior pero no continuaron al nivel universitario; así como un apoyo de tres mil 600 pesos a 2.3 millones de menores de 30 años que ya no estudien ni tengan trabajo. Al tratarse de un programa nuevo, no tiene referente en las administraciones anteriores para comparar los presupuestos.

La Pensión para Personas Adultas Mayores, en cambio, tiene como antecedente la Pensión que otorgaba la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), que en el gobierno de López Obrador cambió su nombre a Secretaría del Bienestar. El programa de Sedesol proyectó para 2018 un presupuesto de 39 mil 472 millones, 980 mil pesos; mientras la nueva Pensión prevé para 2019 un monto de 100 mil millones: más del doble que su antecesor.

Esto se debe a que el programa de López Obrador entregará el apoyo cada mes y no cada bimestre como hacía la Sedesol, que entregaba mil 160 pesos cada dos meses a personas mayores de 65 años. De esta forma, la secretaría del Bienestar entregará dos mil 320 pesos en ese mismo periodo, a personas de 68 años en adelante.

En el caso de adultos mayores de comunidades indígenas, el programa los beneficiará desde los 65 años.

Otra diferencia del nuevo plan es que incluye a personas que ya tengan una pensión, ya sea laboral, tributaria o social, independientemente de su nivel socioeconómico; incluso a los jubilados y pensionados por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE).

En el Presupuesto 2019, la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores está incluida en distintos rubros para cubrir a varios grupos de población, como grupos vulnerables y comunidades indígenas; así como varios programas, entre ellos igualdad de género y desarrollo rural sustentable.

Este programa, junto con las becas para jóvenes, son dos de los programas prioritarios del proyecto de López Obrador para su sexenio. Para incluirlos, el equipo de Transición realizó una consulta el 24 y 25 de noviembre, en la que preguntó a los ciudadanos si estaban de acuerdo o no con una serie de planes como la construcción del Tren Maya y estos apoyos sociales. Según sus propios resultados, una abrumadora mayoría estuvo de acuerdo en su implementación.

Para determinar cuántas personas serán beneficiarias de estos apoyos, el equipo de Transición llevó a cabo un censo para contar en cada casa del país a los adultos mayores y jóvenes que calificaran para recibirlos; aunque el plazo para concluir el censo venció a finales de noviembre y no se había contabilizado ni siquiera la mitad de la población objetivo, según los coordinadores del proyecto.

No obstante, el plan establece empezar a entregar los recursos en enero de 2019. En el caso de la Pensión para Adultos Mayores la entregará la secretaría del Bienestar, a través de la Coordinación de Programas Prioritarios, encabezada por Gabriel García Hernández.

La entrega de las becas a jóvenes estará a cargo de dos secretarías: la del Trabajo –en el caso de la beca de Capacitación para el Empleo- y la de Educación Pública, en el caso del apoyo para universitarios. De acuerdo con la Secretaría del Trabajo, el 70 % de los beneficiarios serán vinculados con empleos en el sector privado, 20 % del sector público y 10 % en organizaciones de la sociedad civil. Cada beneficiario podrá acceder sólo a una modalidad (educativa o capacitación en el trabajo) y en una sola ocasión.

La información se alojará en una plataforma que, de manera automática, realizará los cruces para poder conectar los perfiles de los jóvenes según sus intereses y lugar de residencia, con los espacios disponibles en los centros de trabajo.

Actualmente en México hay casi 13 millones de adultos mayores, y el Consejo Nacional de Población (Conapo) prevé que los mayores de 60 años irán ocupando un porcentaje cada vez mayor: en 2020 llegarán a 11.4 % de la población; en 2030 serán el 15 % y para 2050 ocuparán el 22.9 %.

En cambio, los jóvenes son actualmente el grupo poblacional más grande, siendo más de 30 millones de mexicanos, es decir, una cuarta parte de la población total del país.

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Reuters

5 claves para entender la confusión sobre la cifra de muertos por COVID en México

Es una de las preguntas más repetidas en México desde la llegada del COVID-19: ¿son realmente las muertes por coronavirus muchas más de las que reporta y a qué se debe esa discrepancia de datos?
Reuters
6 de julio, 2020
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Es una de las preguntas más repetidas en México desde la llegada del coronavirus: ¿son realmente las muertes por COVID-19 muchas más de las reportadas oficialmente?

El gobierno ha recibido duras y repetidas acusaciones de querer ocultar la magnitud real de la pandemia.

Las autoridades lo niegan e insisten en que sus cifras oficiales solo reflejan las víctimas diagnosticadas con un test de la enfermedad. Por lo tanto, reconocen que por fuera se quedan todas las que fallecieron sin habérseles hecho la prueba.

Estas discrepancias entre el número total de muertes registradas en pandemia y las atribuidas oficialmente al coronavirus no son un fenómeno exclusivo de México.

Pero las críticas de quienes no creían en el balance oficial —30.639 muertos hasta la madrugada de este lunes— en un país de más de 125 millones habitantes llevaron al gobierno a encargar la revisión de miles de defunciones sospechosas en los últimos meses para tratar de arrojar algo de claridad.

Los resultados de estas análisis aún no se conocen, pero se da por hecho que el aumento en los números puede ser considerable.

El subsecretario de Salud de México, Hugo López-Gatell, reconoció la semana pasada que las muertes totales durante el brote podrían haber sido hasta el triple del balance habitual en años anteriores.

Hugo López-Gatell

Gobierno de México
Hugo López-Gatell es la cara visible del gobierno de México frente a la pandemia.

Estas son 5 claves para entender qué hace tan difícil conocer el balance real de víctimas por COVID-19 en México y si sus discordancias en los datos son mayores a las de otros países azotados por la pandemia

1. Las muertes sin diagnóstico de COVID-19

Al igual que muchos países, México solo contabiliza oficialmente las muertes por coronavirus que fueron confirmadas con pruebas de laboratorio.

Ello deja fuera del balance a miles que fallecieron antes de que se les tomara la muestra, ya sea porque llegaron muy graves al hospital o porque su empeoramiento fue muy rápido. Algo que también se ha visto en otros países como Ecuador o Brasil.

Esto fue más frecuente al inicio de la pandemia. “Al principio no se les practicaba la prueba porque, una vez ya fallecidos, no se creía importante para el reporte”, reconoce Gabriel O’Shea, secretario de Salud del Estado de México, el más poblado del país.

Eso, más las carencias y el desconocimiento general sobre cómo gestionar el nuevo coronavirus en sus inicios se tradujeron en miles de certificados de defunción con diagnósticos incorrectos.

“Muchas unidades médicas ni siquiera tenían acceso a las pruebas porque aún no se había establecido una red de laboratorios o porque no se contaban con insumos para la toma de muestras”, asegura el doctor Malaquías López, vocero de la Comisión COVID-19 de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Muestras de covid

Reuters
A muchos de los fallecidos por coronavirus en México al inicio de la epidemia no se les practicaba la prueba, lo que impidió confirmar su diagnóstico.

“Al principio no sabíamos ni cómo llenar ese certificado de defunción. El doctor decía: ‘Mi paciente se murió con estos síntomas, ¿qué pondré si no tengo el examen de laboratorio? Pues le pondré neumonía atípica'”, dice Gabriel O’Shea en entrevista con BBC Mundo.

Esto cambió, dice, con el lineamiento técnico sobre cómo certificar las muertes que el gobierno publicó con base en las recomendaciones de la OMS a mediados de abril, un mes y medio después de detectarse el primer contagio en el país.

También ayudó el cambio de estrategia y la decisión de realizar pruebas PCR a todos los pacientes de COVID-19, incluso después de fallecer, siempre que resulte posible.

Pero, para entonces, los registros ya se habían llenado con actas de defunción que mostraban diagnósticos confusos como “probable COVID, “sospechoso de COVID”, las citadas “neumonías atípicas” o conceptos similares, a falta de poder confirmarse sin la prueba de laboratorio.

Mujer a la que le toman una muestra

AFP
En la actualidad, la prueba de COVID-19 se realiza a pacientes tanto vivos como muertos, cuando las circunstancias permiten aún recoger la muestra.

Investigaciones periodísticas han resaltado el alto número de estos diagnósticos poco claros y muchos acusaron a las autoridades de querer maquillar la realidad, algo que el gobierno niega.

Las acusaciones de falta de transparencia sí llevaron al Ejecutivo a anunciar, a inicios de junio, la creación de una comisión técnica para analizar esas actas de defunción para determinar “la mortalidad no observable” y sumar sus datos al balance de muertes reportadas.

Sus conclusiones, al igual que las de un grupo de expertos similar creado específicamente para Ciudad de México, se darán a conocer próximamente y alterarán sin duda la huella oficial conocida hasta ahora de lo que el coronavirus ha supuesto en el país.

2. Las muertes en casa

Otro de los desafíos para tener diagnósticos de COVID-19 confirmados oficialmente se da en el caso de las personas que mueren mientras son llevadas al hospital o en su propia casa.

Pese a que no suponen un porcentaje muy elevado del total de afectados, tomar una muestra útil en estas personas para enviar al laboratorio puede seguir resultando difícil.

“Cuando el médico acude a la casa y sospecha de una posible muerte por COVID, debe pedir a la jurisdicción que vaya a recoger la muestra. Pero esta se debe tomar poco después del fallecimiento y no horas después para que sirva para llevar control”, subraya O’Shea, quien también resultó contagiado con el virus hace unas semanas.

Laboratorio de covid/19 en Mexico

AFP
Las muestras deben ser recogidas poco después del fallecimiento para poder ser analizadas en los laboratorios de COVID-19, lo que no siempre es posible cuando la persona muere en su casa.

Estos casos son más complicados por el hecho de que ni el propio médico que acude a la casa ha podido ver por sí mismo los síntomas del paciente, sino que se remite a las explicaciones de los familiares.

“A veces, solo te saben decir que por la mañana empezó a arrojar muchas flemas y al mediodía ya había muerto en casa. Entonces tenía un problema pulmonar, pero si esa persona tenía 85 o 90 años, ¿puedo yo decir que fue COVID? Se vuelve difícil”, le dice López a BBC Mundo.

El experto cree que el número de muertes en casas se puede ver acentuado por el hecho de que en México “hay segmentos de la población que no reconocen ninguna fuente formal de atención médica y no saben a dónde dirigirse”.

“No sabemos a dónde van estas personas cuando algo les sucede. O no buscan la atención, o lo hacen en algún servicio privado de bajo costo que no tiene capacidad ni los mecanismos para notificar algún problema”, agrega.

3. El exceso de muertes

El exceso de muertes es el número de fallecimientos ocurridos en esta pandemia por encima del promedio de muertes registradas en el mismo período de años anteriores.

Con base a este cálculo que López-Gatell reconoció la semana pasada al diario The Washington Post que la cifra general de muertos en Ciudad de México podría haber sido el triple de lo habitual, lo que después dijo que podría ocurrir también en todo el país.

Se contempla que la mayoría de este exceso de muertes corresponda a víctimas de covid-19 no registradas, aunque también incluiría fallecidos por otras causas.

Según O’Shea, en el Estado de México no se registró exceso de mortalidad por otras enfermedades, pero sí se dispararon los casos por causas respiratorias.

“En 2018 tuvimos reporte de 1,300 fallecidos por neumonía; 2,185 en 2019 y ahora en 2020 ya tenemos 7,924”, enumera con datos hasta el viernes 3 de julio.

Entierro en el Estado de Mexico.

Getty Images
Cerca de 8.000 actas de defunción sospechosas serán analizadas en el Estado de México para determinar si se debieron al covid-19.

Equipos de epidemiólogos revisan este alto número de neumonías para concluir si fueron o no debidas al covid.

Pero, basado en la positividad de casos vista en la evolución de esta pandemia, el secretario de Salud mexiquense calcula que “seguramente el 50% (de los 7,924) serán casos de covid”.

Estos se sumarían entonces a las más de 4,600 muertes confirmadas hasta ahora en el estado. Es decir, que la cifra actual de muertos en el Estado de México casi se duplicaría.

De nuevo, el exceso de muertes no es un fenómeno exclusivo de México sino identificado en buena parte del mundo durante esta pandemia.

Una investigación de la BBC sobre una treintena de países identificó al menos 130.000 personas fallecidas durante este período al margen de las muertes reconocidas como coronavirus.

Pero O’Shea sí señala un factor que puede contribuir a un mayor exceso de muertes en México respecto a otros países y a que la fase de máxima transmisión se haya convertido en “meseta” y los casos no acaben de disminuir visiblemente tras varias semanas.

“Aquí (en el estado de México) tenemos el primer y nada honroso lugar en obesidad, y también en pacientes diabéticos sin medicamento y sin control: cinco millones de los 13 que viven en el país”, recuerda.

“Es muy diferente la epidemiología de un mexicano que la de un noruego. Por estas comorbilidades de diabetes, hipertensión y obesidad es que el virus es más agresivo y, por ende, tenemos mayor mortalidad en nuestro país”.

4. La demora en los resultados de los tests

En este punto de la pandemia, el doctor López de la UNAM cree que el actual “cuello de botella” a la hora de tener mayor claridad sobre los casos es el rezago en la obtención de los resultados de las pruebas de laboratorio.

Así, en los datos que el gobierno publica diariamente, se observa cómo gran número de las nuevas muertes no ocurrieron realmente en las pasadas 24 horas, sino semanas o incluso meses antes.

Muestra

AFP
El retraso a la hora de analizar las muestras de posibles casos de covid-19 hace que algunos de los positivos se confirmen días o semanas después.

Ello dificulta enormemente el seguimiento epidemiológico y el conocer cuándo realmente la curva de casos comenzará a bajar, ya que las confirmaciones de las muestras de casos sospechosos recogidas hoy tardarán días o semanas en llegar.

Algo similar ocurrió en abril en Ecuador, cuando en un día duplicó su número oficial de contagios debido a la obtención de miles de resultados de pruebas retrasadas.

Y aunque en México se fueron abriendo laboratorios estatales para procesar las pruebas después de que inicialmente solo se realizaran en el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (Indre) de la capital, el alto número de tests aún mantiene saturados los sistemas.

"Ahora, el cuello de botella está en el tiempo que se tarda en regresar el resultado de las pruebas de covid-19 desde el laboratorio"", Source: Malaquias López, Source description: Profesor de Salud Pública y vocero de la Comisión Covid-19 de la UNAM., Image: Malaquías López, profesor de Salud Pública y vocero de la Comisión Covid-19 de la UNAM.

En el Estado de México, según su titular de Salud, se está a la espera de conocer el resultado de unas 4.000 pruebas de las 2,000 que se realizan diariamente.

O’Shea calcula que, actualmente, los resultados de los tests realizados en su estado demoran hasta una semana en ser publicados, frente a “los 15 o 20 días, o incluso un mes” que pueden llegar a tardar en laboratorios federales como el Indre, asegura.

5. La necesidad o no de contabilizar todas las muertes

Al igual que las autoridades federales, el secretario de Salud del Estado de México niega tajantemente tener interés en ocultar las muertes reales por COVID-19 y atribuye las discrepancias en los datos a los factores ya mencionados.

“Yo no veo el fin o la utilidad de que yo, como doctor, pudiera querer esconder o no informar de los casos. No veo que estemos luchando por tener un último o segundo lugar, de eso no se trata”, dice O’Shea.

“Al contrario, estaré muy feliz el día en que tenga la letalidad definitiva en mi estado, para ver cómo afectó a los mexiquenses. El índice de muertos que deje la pandemia es muy importante saberlo, el registro es vital para saber el comportamiento de este virus”.

Cementerio en Mexico.

Reuters
Expertos discuten sobre si registrar el 100% de muertes por COVID-19 es imprescindible o no para diseñar las estrategias sanitarias frente a la pandemia.

Pero López-Gatell insistió en los últimos días en que no es necesario tener una contabilidad completa de indicadores como las muertes para reconocer los patrones de ocurrencia de la enfermedad y poder así actuar frente a su propagación.

Y aunque subrayó no querer decir que no sea importante contabilizar todos los eventos, sobre todo los fallecimientos, aseguró que no es objetivo de ningún sistema de vigilancia epidemiológica contabilizar todos los casos.

“En ningún país del mundo se tiene un número del tamaño real de la epidemia”, dijo en varias ocasiones, y recordó cómo en Estados Unidos sus autoridades sanitarias reconocieron que la epidemia podría ser diez veces mayor.

"Yo no veo el fin o la utilidad de que yo, como doctor, pudiera querer esconder o no informar de los casos. No veo que estemos luchando por tener un último o segundo lugar"", Source: Gabriel O´Shea, Source description: Secretario de Salud del Estado de México., Image: Gabriel O´Shea, secretario de Salud del Estado de México.

Su planteamiento recuerda al utilizado para defender el método Centinela, empleado al inicio de la epidemia en México para contabilizar los casos con un sistema de muestreo similar al de las encuestas.

El Centinela permitía tener un estimado de casos de COVID-19, aunque lejos del número real, al considerarse que no era necesario para plantear las estrategias sanitarias, lo que provocó enfrentamientos entre defensores y críticos de este método.

“El argumento que se dio para usar el Centinela se basaba en la creencia de que estábamos ante una enfermedad casi idéntica a la influenza, con una variación muy predecible en términos de estacionalidad y de la cantidad de personas que pueden llegar a tener alguna forma grave”, dice López.

Con la influenza se considera pertinente enfocarse en ofrecer atención hospitalaria a los casos graves, pensando que todos los demás “se curarían solos”. Así que resulta suficiente con tener una idea del número de contagios, pero sin saberlo con exactitud.

“Cuando llegó el COVID a México se pensó que se podría tratar igual que la influenza, y creo que fue un error fatal, un error monumental por el que ahora ya no hay manera de reconstruir la realidad y conocer exactamente el alcance de la enfermedad”, concluye el experto de la UNAM.

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