En dos años, los robos en el Metrobús de la CDMX se disparan 198%
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En dos años, los robos en el Metrobús de la CDMX se disparan 198%

Según datos de la Procuraduría capitalina, también aumentaron las denuncias por robo en tren ligero, trolebús, y taxis; bajaron en el Metro.
Cuartoscuro
5 de diciembre, 2018
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En 2018, las denuncias por robos en diferentes transportes públicos de uso masivo en la Ciudad de México se dispararon, a excepción del Sistema Transporte Colectivo Metro, que registró un descenso.   

De acuerdo con la Procuraduría de Justicia capitalina, entre enero y octubre de este año, que es el dato más actualizado a la fecha, se registraron 525 denuncias por robos a bordo del Metrobús, hasta un 78.5 % al alza en comparación con el mismo periodo de 2017, cuando se registraron 294 denuncias.

De hecho, la estadística de robos en el Metrobús de este 2018 es, hasta ahora, la más alta en los últimos cinco años: es 198 % mayor a la de 2016 –se registraron 176 denuncias–; 48 % mayor que la de 2015 –356 denuncias– y 97 % mayor que la de 2014–266 denuncias–.

Además de los porcentajes, la comparación con el año 2016 muestra con claridad cómo se disparó el número de denuncias por robos en el Metrobús: mientras hace tan solo dos años se cometían, en promedio, 17 robos al mes, y 0.5 al día, en este 2018 la estadística aumentó a 52.5 por mes, y casi 2 robos al día (1.75).

Otros servicios de transporte públicos de la capital que en 2018 registraron alzas importantes en cuanto a denuncias por robo son el tren ligero, el trolebús, y los autobuses de la Red de Transporte Público (RTP).

Para este caso, la Procuraduría capitalina no especifica cuántos asaltos se cometieron en cada uno de los transportes, ni cuántos fueron cometidos con violencia y sin violencia. Pero, en total, la dependencia registró mil 289 robos a bordo del tren ligero, trolebús y autobuses de la RTP.

Esta cifra también es la más elevada en los últimos cinco años: supone un alza del 43 % en relación a 2017 (901 denuncias); 121 % más que en 2016; 152 % más que en 2015 y 130 % más que en 2014.  

Los robos a bordo de taxis de la Ciudad de México también repuntaron en este 2018, aunque en menor medida: hasta octubre de este año, van contabilizadas 244 denuncias por robo; 19 % más que el año pasado, con 205 denuncias, y otro 19 % más que en 2016, cuando se registraron 204 denuncias.

No obstante, si se compara el dato de 2018 contra el de 2015, entonces la cifra actual supone un descenso del 2 % (en 2015 se registraron cinco asaltos más, 249 en total); y si la comparación es con 2014, el descenso es un poco mayor: 5 %.

Por otra parte, el descenso más pronunciado este año de robos en el transporte púbico se registró en el Metro: hasta octubre de 2018, suman 625 robos, un descenso del 62 % en comparación con 2017, año en que se interpusieron 1,670 denuncias por este delito.

Pero la estadística de robos en el Metro de 2018 no es la más baja en los últimos cinco años. De hecho, es 6 % mayor a la de 2016, cuando se contabilizaron 590 denuncias, y hasta un 83 % y 88 % mayor a las de 2015 y 2014. La tendencia delictiva este 2018 en el Metro es, de nuevo, al alza.

“Me das el celular robado y ahí queda”

Animal Político buscó desde el lunes pasado al director del Metrobús, Guillermo Calderón, para cuestionarle sobre cuáles son los factores que han originado el aumento en las denuncias por robo en este 2018, pero el funcionario no dio respuesta alegando que se encontraba en el periodo de ‘entrega-recepción’ del encargo a la administración entrante de Claudia Sheinbaum.

Francisco Rivas, director del Observatorio Nacional Ciudadano, organización civil especializada en temas de seguridad, opinó que el aumento en las denuncias puede responder a varios factores. Por ejemplo, que en el Metrobús hay menos elementos de seguridad y menos cámaras de vigilancia custodiando el transporte.

“En el Metro es más fácil que tengas muchas cámaras y que puedas captar a alguien robando y que la policía lo detenga casi de inmediato. Pero en el caso del Metrobús, por las mismas condiciones de infraestructura, no hay tantas cámaras, y no hay, por tanto, esa facilidad de identificar rápido a quien está robando para imputarle el delito”, expuso Rivas.

En cuanto al descenso pronunciado en las estadísticas de robos en el Metro, Rivas consideró que si bien ha aumentado la presencia de policía capitalina, existen otros factores que explicarían el porqué de la caída.

“La seguridad en el Metro se ha incrementado, eso es cierto”, subrayó Rivas. “Pero lo que también está sucediendo es que se está recurriendo mucho al sistema restaurativo de justicia”.

“Es decir –detalló el especialista–, en los operativos policiacos en el Metro detienen a alguien porque robó un celular, lo presentan ante la víctima, y ésta, como lo que quiere es recuperar rápido sus pertenencias, acepta el celular de vuelta, y no pone una denuncia ante el MP”.  

De acuerdo con Rivas, esto no quiere decir que el descenso en las estadísticas suponga en automático una caída real de los robos: “En el Metro tienes a más policías deteniendo a más personas, pero se inician menos carpetas de investigación porque las partes se van a un proceso rápido de restauración del daño. Mientras que, en el Metrobús, no hay tantos policías, ni tampoco la facilidad de identificar rápido al agresor, por lo que es mucho más fácil que no haya perdón legal, y la víctima sí levante una denuncia”.

90 % de los robos en microbús, con violencia

Los robos en los microbuses, popularmente conocidos como peseros, también registraron un leve descenso; según la Procuraduría, en 2018 se denunciaron 518 robos, 16 % a la baja en comparación con 2017; 12 % menos que en 2016; 35 % que en 2015 y 44 % menos que en 2014.

Pero hay un matiz: la proporción de asaltos con violencia aumentó ligeramente en relación al año pasado: de los 518 robos cometidos a bordo del microbús en 2018, 458 fueron con violencia. Es decir, el 90 % fueron violentos.

Mientras que, en 2017, de los 589 robos, 535 fueron con violencia: el 87 %.

Estas cifras también indican que, a pesar de que el número total de robos en el microbús es inferior al del Metro, o incluso al del Metrobús, la probabilidad de sufrir un asalto con violencia es mucho mayor a bordo de un pesero.

Así, mientras en el Metro solo el 7.5 % de los robos son violentos, ni siquiera 1 de cada 10, en el microbús hasta 9 de cada 10 robos son con violencia.

El taxi es otro transporte público donde, si bien el número de denuncias total por robo es muy inferior a la del Metro (244 en taxi frente a 625 en el Metro), la proporción de robos con violencia también es muy superior.

En 2018, del total de robos que ciudadanos sufrieron a bordo de un taxi, el 58 % fue con violencia; en 2017, el 61 % y en 2016, el 65 %. Para 2015 y 2014, la proporción de robos violentos fue todavía mayor: 73 % y 75 %, respectivamente.

En total, en los últimos cinco años se registraron 1,160 denuncias por robo a bordo de un taxi, de las cuales prácticamente 7 de cada 10 (67.2 %) fueron por asaltos con violencia.

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Cómo nuestro cerebro puede hacernos más pobres (y qué hacer para evitarlo)

Estudios han demostrado que con frecuencia tomamos decisiones irracionales que perjudican nuestra salud financiera. Aquí te contamos algunos de los errores más comunes y cómo evitarlos.
9 de octubre, 2021
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Estás navegando por una tienda en internet y tienes la tentación de comprar un producto.

Es un poco más caro de lo que permite tu cuenta bancaria, pero se convierte en lo más urgente del mundo en este momento. ¿Qué pasa si el precio sube y pierdes la oportunidad? ¿Y si te quedas sin él?

Siguiendo un impulso, haces los cálculos en tu cabeza y decides comprar. Ni siquiera necesitas ingresar el número de tarjeta, que ya está guardado en el navegador de la computadora.

Días después llega el arrepentimiento. O peor aún, la deuda.

En los últimos años, estudios en los campos de la economía del comportamiento y la neuroeconomía han demostrado que estas situaciones, en las que tomamos decisiones irracionales que dañan nuestra salud financiera ocurren con frecuencia.

Pero, ¿cuáles son nuestros errores económicos más comunes? ¿Y cómo no caer en las “trampas” de nuestro cerebro?

Una buena forma es comprender lo que han descubierto estas áreas de estudio y aplicar sus enseñanzas a nuestra vida diaria.

¿Eres racional?

“La economía tradicional ha considerado durante mucho tiempo al individuo como alguien racional, frío y objetivo y que querrá maximizar su bienestar, su beneficio económico y su propio interés”, dice la profesora Renata Taveiros, coordinadora del curso sobre neurociencia y neuroeconomía de la Fundación Instituto de Administración (FIA) de Brasil.

Mujer rodeada de ilustraciones de bombillos.

Getty Images
No haga nada de forma impulsiva sin antes evaluar si el sentimiento de culpa posterior le va a arruinar la alegría.

La toma de decisiones inconsciente, que escapa a la racionalidad, era considerada una anomalía. Y, por ello, no se convirtió en objeto de estudio.

Pero a fines de la década de 1970, un grupo de investigadores revolucionó la economía al observar precisamente estas anomalías.

Entonces, nació el campo de la economía del comportamiento, cuyo principal representante es el psicólogo -sí, un psicólogo- Daniel Kahneman, ganador del Premio Nobel en 2002.

“Ellos abren este espacio de conversación para que nos demos cuenta de que hay otras cosas que influyen en la toma de decisiones y no solo la idea de maximizar la utilidad, el bienestar y el beneficio. ¿Qué son estas cosas? Las emociones”, explica Taveiros.

A finales de la década de 1980, otro campo de estudio fue incluso más allá.

Reuniendo los descubrimientos de la economía del comportamiento y las técnicas de la neurociencia, la neuroeconomía intenta desentrañar lo que sucede en el cerebro de los individuos cuando deciden realizar una compra innecesaria, por ejemplo.

“Ahora tenemos la posibilidad de abrir la caja negra, que es como los economistas se refieren a la mente de las personas. De hecho, se puede mirar y comprender lo que está sucediendo en el cerebro cuando el individuo va a tomar una decisión“, dice Taveiros.

“Cuando estudias neuroeconomía, la idea de que podemos controlar el comportamiento, la toma de decisiones, todo lo que hacemos se desvanece. Porque el motivador de la toma de decisiones no es el aspecto racional, cortical, lógico y analítico. La decisión está mucho más conectada con la emocionalidad”, agrega.

Aprende a decirte ‘no’

En primer lugar, es bueno dejar claro que los afectos y las emociones no son necesariamente malos. Al contrario, son de suma importancia para nuestra supervivencia.

“La selección natural nos trajo la combinación de afecto y razón. Y no fue en vano. Esto maximiza nuestro compromiso con el mundo. Cuando te deshaces de las emociones, quitas la empatía por el otro. Nuestras decisiones se vuelven más egoístas y la sociedad como un todo se derrumba “, dice el neurocientífico Álvaro Machado Dias, profesor de la Universidad Federal de Sao Paulo y socio del Instituto Locomotiva.

Ilustración que muestra un dólar deshaciendose.

Getty Images

Pero es un hecho que las emociones también pueden llevarnos a cometer errores graves, que derivan en sentimientos de culpa y en nuevas deudas.

Es en este sentido que las enseñanzas de la economía conductual y la neuroeconomía pueden sernos útiles: hacer predecible nuestra irracionalidad y evitar malas decisiones.

El primer consejo parece simple, pero en la práctica es bastante difícil. Debes aprender a decirte que no a ti mismo.

No hagas nada por impulso sin antes evaluar si la culpa no arruinará la fiesta. Comprende mejor tu ‘yo futuro’, con tus horarios y demandas. Decirse que no a uno mismo es como decirle que no a un niño: es difícil, pero puede ser positivo”, advierte Álvaro.

Según Renata Taveiros, una de las razones que dificultan esta negación de los propios impulsos es la creciente facilidad para realizar los pagos. Códigos QR, Pix, tarjetas de crédito que se guardan en sitios web de compras son algunos ejemplos.

Además, el neurotransmisor llamado dopamina, que activa el llamado “sistema de recompensa” del cerebro, también puede interferir.

Cuando la dopamina funciona, estimula el comportamiento impulsivo. ¿Cómo funciona? Tienes la expectativa de ganar algo. Puede ser dinero, bienestar, placer, una buena imagen frente a los demás, etc. Y este comportamiento impulsivo hace que inmediatamente quieras esa recompensa “, explica.

Un ejemplo de cómo se explota actualmente este sistema de recompensas es la adopción de mecanismos propios de los juegos al proceso de consumo. Es decir, la transformación del acto de comprar en un juego.

Las aplicaciones de los supermercados y de las tiendas online prometen recompensas (descuentos, productos gratis, etc.) por alcanzar una determinada cantidad de puntos, por ejemplo.

Taveiros señala que en Brasil este tipo de mala decisión se puede identificar en los altos niveles de endeudamiento de los ciudadanos.

Un estudio de la Confederación Nacional de Comercio de Bienes, Servicios y Turismo de agosto de 2021, muestra que uno de cada cuatro brasileños (25,6%) no pudo saldar sus deudas dentro de ese mes.

“Tenemos problemas muy graves en Brasil y todo este estímulo al consumo que fomenta el comportamiento impulsivo empeora aún más estas condiciones”, dice la neuroeconomista.

Por eso, un consejo de oro para evitar este tipo de decisiones impulsivas es siempre “dar una vuelta más” antes de decidir hacer la compra.

“Por lo general, pongo una pegatina en las tarjetas de crédito de los clientes que dice ‘da un paseo más, espera un poco más, respira’. Cuando alguien va a hacer otra cosa y regresa, la dopamina baja, ya que es una sustancia química que tiene efecto por un tiempo determinado. Pronto, la sensación de ‘lo quiero, lo quiero’ pasará y la persona llegará a la conclusión de que puede usar este dinero en otra cosa. Pero tiene que ser más tarde, no es posible en ese instante”, explica.

No haga los cálculos en su cabeza

Pero estas malas decisiones se pueden evitar incluso antes de la compra.

Iustración de un cerebro formado con billetes.

Getty Images
No haga cálculos mentales, lo mejor es sumar sus gastos con lápiz y papel.

Renata Taveiros explica que cuando tienes una idea exacta de cómo va tu vida financiera, es más difícil endeudarte.

“Es muy importante para una persona tener coraje y saber que va a ser genial acercarse a la vida financiera y mirar las cuentas. Mucha gente dice que es difícil, pero después de hacer eso, hay una sensación de alivio. Si tiene miedo de mirar, caerá en todo tipo de trampas mentales”, dice.

Una de estas trampas es la “contabilidad mental”, esa manía de hacer cálculos, la mayoría de las veces incorrectos, sobre nuestra situación financiera.

“Hacemos los cálculos. ‘Gano 100, así que puedo gastar 50 en el supermercado, 20 en el bar, solo 10 en el almuerzo, también puedo tener una cuota mensual de 15 …’. Compara 15 con 100, 10 con 100, pero no cuadra. Entonces se asusta y ve que está en números rojos “, advierte el neuroeconomista.

Lo que debe hacer es escribir sus gastos con un lápiz. Sume todas sus ganancias y sus costos de vida. Solo entonces tendrá una idea real de cuánto dinero puede gastar.

Cuida tu ‘yo futuro’

Una de las decisiones más importantes que debemos tomar, pensando en nuestro futuro, es ahorrar dinero.

Una persona pone dinero en una alcancía.

Getty Images
Ahorrar es una de las decisiones más importantes que podemos tomar.

Está claro que el contexto de muchas economías que tienen desempleo, informalidad y alta inflación, hace que esto sea cuesta arriba para muchas personas.

Pero, ¿por qué es tan difícil hacer esto incluso cuando hay condiciones favorables?

Un efecto conocido como “descuento intertemporal” en la economía del comportamiento puede explicarlo.

“Imagina que coges unos prismáticos y les das la vuelta. ¿Qué pasa? Lo que está lejos es diminuto. Y lo que está cerca obtiene un valor, un tamaño gigante”, explica Renata Taveiros.

Queremos la recompensa inmediata, ahora mismo, porque parece ser mucho más grande que una recompensa que es muy misteriosa, que no sabes qué va a pasar en el futuro”, agrega.

Los estudios neuroeconómicos muestran que algunas áreas del cerebro que se activan cuando piensas en ahorrar dinero para tu futuro son las mismas que lo hacen cuando piensas en darle dinero a un extraño.

Lo que puede significar que, para nuestro cerebro, ahorrar dinero para el Yo futuro y dar la misma cantidad a otra persona es casi lo mismo.

Según Renata Taveiros, una solución puede ser crear un “empujón”, es decir, un pequeño estímulo para que pienses más detenidamente en tu futuro.

“Una idea que suelo aplicar es usar una de esas aplicaciones que te hacen ver mayor en una foto. Te hace conectar con esa imagen. Luego, debes hacer el ejercicio de pensar en lo que quieres para la vida de esa otra persona. Entonces, se va a crear un circuito neuronal que conecta su yo futuro con su yo de hoy “, dice.

También aprende a decirte ‘sí’

El neurocientífico Álvaro Machado Dias advierte que si bien es importante ahorrar dinero, también debe saber darse permisos.

Una persona hace con la mano una señal de aprobación.

Getty Images

“No asumas que siempre es malo permitirse (gastar) y no caigas en la falacia de que debemos posponer continuamente el placer para que un día podamos disfrutarlo en mayores intensidades. Hoy lo que vemos es un mar de gente sin ganas para vivir. Sal de este mar”, dice.

Según Álvaro, no todas las decisiones que tomamos en la vida, sean económicas o no, se pueden tomar de forma puramente racional, y ni siquiera es deseable que eso suceda.

“A veces somos dominados por componentes emocionales y, de hecho, esto puede conducir a malos resultados, incluido el arrepentimiento”, dice.

“Pero la entrada en juego de estos componentes que no son formales, lógicos, es lo que finalmente hace que nuestras decisiones sean mejores para el grupo, la especie y la cultura en su conjunto”, agrega.

Por tanto, el consejo es saber distribuir mejor tus energías e inquietudes.

No hay tiempo -ni tiene sentido- para tratar de optimizar cada decisión. Elija sus batallas. Concéntrese en las opciones que más importan; son las que finalmente definirán quién es usted”, afirma el experto.


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