A tres semanas de gobierno, solo dos miembros del gabinete han presentado su declaración patrimonial
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A tres semanas de gobierno, solo dos miembros del gabinete han presentado su declaración patrimonial

Germán Martínez, del IMSS, hizo públicos sus bienes más allá del formato oficial; Irma Sandoval, de SFP, aclaró montos de sus propiedades días después de su primera declaración. El plazo vence a fin de enero.
Cuartoscuro
Por Itxaro Arteta
21 de diciembre, 2018
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A casi tres semanas de la toma de protesta de Andrés Manuel López Obrador como presidente, ni él ni la mayor parte de su gabinete han hecho pública su declaración patrimonial, que por ley deben presentar en los primeros 60 días del  nuevo gobierno. En una búsqueda de 30 miembros del gabinete legal y ampliado se comprobó que solo dos han transparentado esta información.

La primera en abrir su patrimonio fue Irma Eréndira Sandoval, secretaria de la Función Pública —dependencia que se encarga de administrar estas declaraciones—, con fecha de 5 de diciembre, aunque tras una polémica porque no estaban los montos de sus propiedades, los agregó en una nota aclaratoria el 14 de diciembre.

Este jueves, Germán Martínez, director del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), se convirtió en el segundo en declarar sus bienes. En conferencia de prensa, entregó un reporte mucho más detallado que el formato base que establece la Función Pública (SFP) para la plataforma Declaranet, que concentra las declaraciones de todos los funcionarios.

En el documento presentado, Martínez reconoció propiedades por 30 millones 550 mil pesos: su casa de 14 millones en San Ángel Inn, dos casas vecinas en Coyoacán de 9.1 y 6.8 millones que renta a una escuela y asociación administradas por su esposa, un departamento de 560 mil pesos y una tumba en Michoacán, donde están enterrados sus abuelos paternos, de 2 mil 190 pesos.

También declaró vehículos por valor de 2 millones 123 mil pesos: un Jetta 2001, y camionetas Sienna 2015, Expedition 2018 y Escape 2018. Así como otros bienes que suman 3 millones 804 mil pesos: joyas y relojes por 700 mil, muebles y electrodomésticos por 200 mil, obras de arte de 100 mil, y una membresía al Club Libanés de 105 mil pesos. Todo esto, en copropiedad con su esposa.

En las anotaciones extras, Martínez agregó que tiene una póliza de gastos médicos mayores desde 2004 que lo cubre a él, su esposa, sus cuatro hijos (una de las cuales sufre una enfermedad discapacitante) y sus padres, por la que paga anualmente casi 1.5 millones de pesos.

Aclaró detalles como que el sueldo de su cargo está estipulado en 177 mil 772 pesos, pero él desea ganar 105 mil, por lo que no ha cobrado nada, en espera de que se actualice la cifra que ganará. También aseguró que no recibirá del Senado ninguna compensación extra además de lo que cobró en los tres meses que fue legislador de Morena.

Martínez había sido secretario de la Función Pública en el sexenio de Felipe Calderón, por lo que en Declaranet está también la declaración del último año en el que fue funcionario público, 2007, en la que sólo contaba con una casa, un coche y bienes muebles por 1.8 millones de pesos.

Irma Eréndira Sandoval publicó una declaración parcial en la segunda semana del nuevo gobierno en la que decía tener tres departamentos y tres casas, pero no informaba de costos más que de una de ellas, señalado en mil 752 pesos. Sin embargo, en su aclaración posterior reconoció que eso había sido el precio de las escrituras y transparentó que el resto de propiedades sumaban un valor de 9 millones 255 mil pesos.

En su declaración original, los montos más altos reportados eran una cuenta bancaria con 1.3 millones de pesos y un reloj de 50 mil pesos. Negó tener vehículos y no informó de propiedades de su esposo.

En las notas posteriores, justificó que la ley no obliga a hacer público el patrimonio de su marido y que por ello no dijo originalmente el valor de sus casas, ya que son de ambos. Pero tras la polémica, agregó que a nombre de él están un Corolla 2012 y una Odyssey 2010, con valor de 751 mil pesos en total. Además, que entre muebles, computadoras y joyerías, la pareja posee bienes por aproximadamente 210 mil pesos.

En un mes tendrán que publicarse la información del gabinete

En julio pasado, después de ganar las elecciones, López Obrador anunció 50 puntos para el combate a la corrupción y la austeridad republicana que incluían hacer público el patrimonio de todos los funcionarios. Animal Político preguntó a comunicación social de Presidencia cuándo se haría pública la declaración del presidente y su gabinete, pero no hubo respuesta.

De la Secretaría de la Función Pública aclararon que esta dependencia sólo recibe y divulga las declaraciones en el portal Declaranet, pero cada funcionario decide la fecha para presentarla, dentro del plazo legal.

El artículo 33 de la Ley General de Responsabilidades Administrativas señala que la declaración de situación patrimonial se debe presentar en los 60 días naturales siguientes a la toma de protesta, es decir, que tendrán que hacerlo a más tardar el 29 de enero de 2019.

Al principio del sexenio pasado, el gabinete de Enrique Peña Nieto hizo un evento para presentar al mismo tiempo todas las declaraciones de integrantes del gobierno, el 16 de enero de 2013, días antes de vencer el plazo.

De 30 miembros del gabinete legal y ampliado, actualmente existen en la plataforma declaraciones viejas de siete que ya habían trabajado en gobiernos anteriores, pero de ellos, solo tres habían hecho público su patrimonio, mientras que cuatro lo ocultaron.

Estos son el secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, que negó hacer pública su información cuando trabajó como secretario particular del entonces presidente Vicente Fox en 2004; la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, que hasta abril de 2017 ocupaba una dirección general de la dependencia que hoy dirige; el director del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), Luis Antonio Ramírez, también ocultó su patrimonio cuando fue director general adjunto en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en 2003; y el director del Infonavit, Carlos Martínez Velázquez, como director adjunto en la Procuraduría Federal del Consumidor en 2014 declaró en blanco los datos referentes a bienes patrimoniales.

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Karol Czinege/EyeEm/Getty Images

¿Por qué nos gusta tanto la comida crujiente? (y cómo el sonido se convirtió en el sabor olvidado)

Decimos que comemos con los ojos, ¿pero sabías que también puedes comer con los oídos? Por extraño que parezca, los sonidos - y especialmente lo crujiente y crocante - tienen mucho que ver con la experiencia culinaria.
Karol Czinege/EyeEm/Getty Images
18 de octubre, 2020
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El sonido es el sabor olvidado. No solo comemos con la boca, con la nariz o con los ojos. También lo hacemos con el oído.

Lo dice el experto en psicología experimental Charles Spence, que lleva casi dos décadas investigando cómo nuestro cerebro procesa información de cada uno de nuestro sentidos, y cómo comprender eso puede ayudarnos a diseñar mejores alimentos (o unos que nos agraden más).

“Desde el crujido de la comida, hasta el ruido del empaquetado, el roce de la cuchara en el plato o la música que escuchamos mientras comemos; todos los sonidos afectan a nuestra experiencia culinaria, unos más que otros, y también al sabor”, le cuenta a BBC Mundo.

Spence, autor de Gastrophysics: the new science of eating (“Gastrofísica: La nueva ciencia de la comida“, 2017), dirige el laboratorio Crossmodal Research de la Universidad de Oxford, Reino Unido, integrado por especialistas en psicología, neurociencia y cocina. También colabora con chefs de renombre -como el español Ferrán Adriá o el británico Heston Blumenthal- para crear experiencias culinarias “multisensoriales”.

Y es que, según el científico, comer es una experiencia mucho más multisensorial de lo que solemos reconocer, sobre todo a nivel auditivo.

No es el único que lo piensa. “Hay varias cosas que nos hacen sentirnos satisfechos con la comida: el olor, el gusto y la textura, en la que incluimos el sonido”, le dice a BBC Mundo la consultora en alimentación Amanda Miles-Ricketts. “Y no hay nada más satisfactorio que algo crujiente o crocante”.

"No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella".", Source: Charles Spence, Source description: psicólogo experimental, Universidad de Oxford, Image:

Precisamente, la preferencia del ser humano por lo crujiente es algo que lleva años fascinando a Spence.

Uno de sus mayores logros es haber creado un ruido electrónicamente modificado de la papa frita para convencer al consumidor de que era más crujiente. Fue un experimento que surgió de la pregunta de si el sabor de una papa frita sería diferente si alteramos su crujido. Y resultó que sí.

La Universidad de Harvard le entregó por ello un Ig Nobel, una parodia del prestigioso galardón “para hacer reír, y luego pensar”.

Pero la cuestión de por qué nos gusta tanto la comida crujiente tiene un trasfondo más serio de lo que parece.

niño comiendo alitas de pollo

Chakarin Wattanamongkol/Getty Images
¿Te entró el apetito?

“Cuando hicimos ese experimento en 2009 era difícil creer que habría interés en el tema, pero desde entonces han surgido muchos trabajos y experimentos para combinar diferentes sonidos y sabores”.

¿Qué nos pasa con la comida crujiente?

“La comida rápida suele ser crujiente, crocante, casi siempre ruidosa”, dice Spence. “A nadie le gusta la idea de una papa frita esponjosa, incluso aunque sepamos que tiene todos los elementos que le dan ese sabor”, comenta el psicólogo.

En su laboratorio de Oxford, ha podido demostrar que las diferentes frecuencias de crujidos pueden alterar cómo percibimos su sabor o incluso que algunos alimentos nos parezcan de mejor o de peor calidad.

“Es una reacción instantánea en nuestro cerebro”, dice Spence. “Todavía estamos investigando por qué nos atrae tanto lo crujiente, pero existen varias teorías”.

“Una de ellas parte de que las verduras y los vegetales más ‘ruidosos’ suelen ser más frescos (y viceversa), por lo que asociamos lo crujiente con lo saludable“.

“Por otro lado (y paradójicamente), algunos alimentos crujientes -como las galletas, los cereales o las frituras- suelen tener un alto contenido en grasa…. y a nuestro cerebro le gusta la idea de grasa, lo cual explicaría nuestra preferencia por ese sonido”.

cereales

Getty Images
Cuando comes algo crujiente, prestas más atención a lo que ocurre dentro de tu boca.

A Miles-Ricketts -que tiene una marca propia de tés especializada en salud y bienestar que lanzó tras sufrir problemas en la piel- le preocupa eso. “Al margen de las manzanas, que obviamente son saludables, los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes. No es pura coincidencia“.

“Finalmente”, añade Spence, “otra teoría que surgió hace un par de años es que cuando empezamos a degustar algo nos suele resultar más sabroso, y nuestro cerebro se va adaptando y desconectando a medida que le parece menos ‘interesante’, pero cuando comes algo ruidoso eso dirige tu atención hacia tu boca, lo cual ayuda a que el sabor se quede por más tiempo”.

Eso significaría que puede que nos guste más la comida crujiente porque sentimos que su sabor dura más.

Pero la cuestión de la experiencia sensorial -y sonora- de la comida va más allá de lo crujiente.

Maridaje fonético

“Piensa en el sonido cuando abres una lata, una botella, el corcho del vino o incluso el del microondas. Todo ello afecta a nuestra experiencia y a cómo percibimos el sabor”, explica Spence. “No es casualidad que las papas fritas se vendan en bolsas de plástico especialmente ruidosas; es puro marketing intuitivo”.

Y así como los ruidos afectan al sabor, también lo hace la música.

"Los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes".", Source: Amanda Miles-Ricketts, Source description: consultora en alimentación y fundadora de Niche Tea, Image:

Spence y su equipo han investigado cómo los sabores dulces y agrios suelen asociarse con notas de alta frecuencia, mientras que los amargos equivalen a notas de baja frecuencia.

“Si, por ejemplo, escuchas cierta música mientras tomas una taza de café o comes una porción de chocolate, puedes intensificar su dulzura“, explica Spence.

Es lo que él llama “sazonar fonéticamente” la comida.

El científico asegura que muchas marcas y músicos se han interesado por esta técnica y ya están poniendo en prácticas maneras de combinar sabores y sonidos para mejorar la experiencia culinaria y responder a la pregunta de “cuál es el sonido de su sabor”.

Miles-Ricketts cree que cada vez más actores en la industria alimentaria tienen en cuenta la “funcionalidad y el propósito de sus productos” y el hecho de que la alimentación es “una experiencia multisensorial”.

papas fritas

Getty Images
¡Ese “crunch” es muy deseable!

“Podríamos incluso aprovechar esto para comer de forma más saludable”, propone Spence. “Podríamos comer con menos azúcar si añadimos un poco de ‘música dulce’ para sazonar alimentos, en lugar de la alta música de algunos restaurantes que, de hecho, suprime nuestra capacidad de saborear adecuadamente”.

“Así como maridamos ciertos alimentos con ciertos vinos, podemos maridar sabores con sonidos y formas“.

“Muchos nunca habrían imaginado que la música puede alterar el sabor de la comida, pero es todo un nuevo campo por explorar. ¿Por qué no maridar un sabor con un sonido?”

“No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella”.


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