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Cuartoscuro Archivo
2018, el año más violento con más de 34 mil homicidios; en diciembre aumentaron 9%
Fue el diciembre más violento del que haya registro. El promedio diario de homicidios fue de 91 víctimas, muy arriba de los 79 reportados por gobierno de López Obrador.
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21 de enero, 2019
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El año 2018 es, oficialmente, el más violento del que haya registro en México. Con un saldo final de 34 mil 202 personas asesinadas (entre víctimas de homicidios dolosos y feminicidios) el año pasado registró un aumento de 15% en el total de personas asesinadas en 2017, año que ostentaba hasta ahora el récord de violencia.

En total, los homicidios dolosos repuntaron el año pasado en 24 de las 32 entidades federativas.

Los datos actualizados del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) arrojan que en diciembre de 2018 (primer mes del sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador) se registraron 2 mil 842 víctimas de homicidio intencional y 74 de feminicidio. En total 2 mil 916 personas asesinadas.

Estos datos convierten a diciembre de 2018 en el diciembre más violento de todos. En comparación con diciembre de 2017 (correspondiente al sexenio de Peña Nieto) la tasa de homicidios dolosos creció de 1.79 casos  a 1.95, que equivale a un alza del 9%. Y en comparación con diciembre de 2011 – el año más violento del sexenio de Felipe Calderón – es un incremento del 33.5%.

Lee: Sexenio de Peña Nieto cerró con 14% más homicidios que el de Felipe Calderón

De las 34 mil 202 personas asesinadas en todo 2018, 33 mil 341 corresponden a víctimas de homicidio doloso y 861 a mujeres víctimas de feminicidio. Estos datos significan que durante el año pasado fueron asesinadas, en promedio, casi 94 personas todos los días, un aproximado de cuatro personas asesinadas violentamente cada hora.

Este balance también confirma un incremento de los homicidios dolosos por cuarto año consecutivo. Mientras que en 2014 la tasa de homicidio doloso era de 12.96 casos por cien mil habitantes, para 2015 pasó a 13.32, en 2016 ascendió a 16.49, en 2017 se disparó hasta 20.27 casos, y 2018 cierra con 23.1 casos.

Lo anterior significa que en cuatro años el nivel de los homicidios dolosos en México ha crecido, sin detenerse, más de 74%. Para ponerlo en proporción, en 2014 el total de personas asesinadas (siempre de acuerdo con los datos del SESNSP) fue de  17 mil 336 víctimas, mientras que en 2018 asciende 34 mil 202, es decir, 16 mil 866 asesinatos más.

El mes con más víctimas de homicidio doloso en 2018 fue julio con 3 mil 58 registradas.

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En cuanto al caso específico de los feminicidios, delito del que hay datos estadísticos de 2015 a la fecha, el número de víctimas registradas en 2018 asciende a 861 mujeres. En comparación con 2017, en el que se registraron 759 víctimas, es un incremento del 13.4%. La tasa pasó de 1.1 a 1.3 casos por cada cien mil mujeres.

Los totales anuales de feminicidio se han mantenido con un alza constante. En 2015 se registraron 422 víctimas, en 2016 ascendieron a 623, y en los últimos dos años llegaron a las cantidades arriba referidas. Es un alza en este periodo de más del doble de casos.

El incremento de los feminicidios, han explicado autoridades y especialistas, no necesariamente obedece a que la incidencia de este delito se encuentre en aumento sino a que las autoridades han construido recientemente los protocolos para tipificar este lícito, y su implementación se realiza de forma gradual. Hasta antes de 2014 aun existían varios estados que no tenían tipificado el feminicidio, y aun hoy hay entidades como que reportan cero casos.

Registro oficial supera las cifras de AMLO

Desde hace varias semanas el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador comenzó a publicar una nueva estadística sobre víctimas de homicidio doloso generado por lo que ellos denominan un “equipo interdisciplinario” generado por distintas dependencias federales.

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A diferencia de los datos del SENSP esta es una estadística que se publica diariamente sin embargo, como el gobierno aclara en la nota metodológica, se trata de información con fines estratégicos pero no de datos oficiales pues esos corresponden al SESNSP.

Como los números comenzaron a publicarse desde el 5 de diciembre no es posible hacer una comparación mensual, sin embargo, el informe del gobierno reporta un promedio diario de 79.7 víctimas de homicidio doloso en diciembre.

Los datos oficiales del SESNSP muestran, por el contrario, que en diciembre se registraron 2 mil 842 víctimas, que equivalen a un promedio diario de 91.6 personas asesinadas. Esto es casi 15 por ciento arriba de los casos que informa el gobierno federal en su propio conteo.

Incremento en 3 de cada 4 estados

El gobierno del presidente Enrique Peña Nieto sostuvo en reiteradas ocasiones que el incremento de la violencia estaba focalizado en sitios en específico y no era una condición general. No obstante, los datos de 2018 arrojan que el alza en los homicidios es un fenómeno que se registró en 24 de las 32 entidades federativas.

Más sobre el tema: En México cada vez hay más homicidios y menos sentencias; Oaxaca y Morelos con 99% de casos impunes: estudio

Lo anterior significa que el año pasado los homicidios dolosos se elevaron en 3 de cada 4 estados del país.

Guanajuato es el caso más dramático. Su tasa de homicidios dolosos pasó de 18.3 casos en 2017 a 43.8 en 2018, que equivalen a un alza del 138.8%. Le sigue Quintana Roo donde la tasa de homicidios evolucionó de 21.5 casos a 44.6, que es un incremento del 106.9%. Después se ubica Jalisco donde la tasa anual pasó de 16.5 a 24 homicidios, que representan un ascenso del 45%.

La lista de los 10 estados con el mayor incremento de asesinatos en 2018 la completan Baja California con 32.8%; Nayarit con 29.3%; Yucatán con 28.2%; Puebla con 22.4%; Tabasco con 20.9%; Nuevo León con 20.05% y Morelos con un alza del 19.2%.

Las ocho entidades federativas en donde los homicidios no crecieron el año pasado respecto a 2017 fueron Baja California Sur, Sinaloa, Veracruz, Durango, Colima, Guerrero, Aguascalientes y Querétaro.

Estados más violentos

De acuerdo con los datos del SESNSP la entidad con la mayor tasa de homicidios por tercer año consecutivo es Colima con 81.09 homicidios dolosos por cada cien mil habitantes. En segundo lugar se encuentra Baja California con 77.19 casos.

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Guerrero que a mediados del sexenio de Enrique  Peña Nieto era la entidad federativa más violenta, hoy se ubica en el tercer sitio con una tasa de 61.35 casos por cien mil habitantes. Luego le siguen Chihuahua en cuarto sitio nacional con una tasa de 47.16 casos y Quintana Roo con 44.63 homicidios dolosos por cien mil habitantes.

La capital del país, Ciudad de México, se ubica en la posición 22 nacional con una tasa de 13.94 homicidios por cada cien mil habitantes.

La entidad federativa con mayor población del país, el estado de México, reporta una tasa de 13.36 casos, para ubicarse en lugar 23 nacional.

Por otro lado, las entidades con la menor tasa de homicidios dolosos en 2018 son Yucatán con 2.18 casos por cien mil habitantes, Aguascalientes con 5.61, Hidalgo con 6.81, Campeche con 7.27 y Coahuila con 7.47,

En cuanto al delito de feminicidio las entidades con la mayor tasa de incidencia el año pasado son Colima con 3.37 casos; Sinaloa con 3.09 casos Nuevo León con 2.96. Eso sin olvidar las deficiencias que aún existen en  varias entidades para tipificar y registrar adecuadamente este ilícito, y a que hay estados que reportan cero casos.

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¿Por qué hay más hombres víctimas de suicidio pero más mujeres que lo intentan?
Alrededor del mundo, es más probable que las mujeres sean diagnosticadas con depresión e intenten suicidarse. Entonces, ¿por qué la tasa de suicidio masculino es varias veces superior a la de las mujeres?
3 de abril, 2019
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Hace seis años, mi hermano se quitó la vida. Tenía 28 años.

Trágicamente, el suicidio no es tan raro como se podría pensar: en 2016 -el último año para el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene cifras globales, se produjeron aproximadamente 793.000 muertes por suicidio. La mayoría, de hombres.

En Reino Unido, la tasa de suicidio masculina es la más baja desde 1981: 15,5 muertes por cada 100.000 habitantes. Pero el suicidio sigue siendo la principal causa de muerte para hombres menores de 45.

Y también sigue habiendo una importante brecha de género. Entre las mujeres británicas, la tasa es un tercio de la de los hombres: 4,9 suicidios por cada 100.000.

Lo mismo pasa en muchos otros países.

Si se los compara con las mujeres, los hombres tienen tres veces más posibilidades de morir por suicidio en Australia, 3,5 veces en EE.UU. y más de cuatro veces en Rusia y Argentina.

Las cifras de la OMS muestran que casi el 40% de los países registran más de 15 suicidios por cada 100.000 hombres. Solo 1,5% tienen una tasa mayor entre las mujeres.

Es una tendencia bastante vieja.

“Desde que llevamos registros, hemos visto esta disparidad”, dice la psicóloga Jill Harkavy-Friedman, vicepresidenta de la Fundación Estadounidense para la Prevención del Suicidio.

Problema complejo

El suicidio es un problema extremamente delicado y complejo en el que se mezclan muchas causas, y por su misma naturaleza nunca podemos entender todas las razones detrás de una muerte por suicidio.

Pero en la medida que hay mayor conciencia sobre los temas de salud mental, también hay una mayor comprensión pública acerca de los factores que pueden contribuir a tomar una decisión semejante.

La brecha de género, sin embargo, sigue generando muchas preguntas.

Parece especialmente grande si se considera que las mujeres tienen una mayor tasa de diagnósticos de depresión. Y las mujeres también tratan de suicidarse más.

En EE.UU., por ejemplo, se reporta una tasa de intento de suicidio entre las mujeres adultas que es 1,2 veces superior a la de los hombres.

Pero los métodos de suicidio de los hombres a menudo son más violentos, lo que aumenta la probabilidad de muerte antes de que alguien pueda intervenir.

Y el acceso a medios letales es un factor importante: en EE.UU., por ejemplo, 6 de cada 10 dueños de armas son hombres, y las armas de fuego están involucradas en más de la mitad de los suicidios.

Muchos hombres, sin embargo, también eligen estos métodos porque están más decididos a llegar hasta el final.

Un estudio de 4.000 pacientes de hospital que se habían autolesionado encontró, por ejemplo, que los hombres registraban una intención suicida mayor que las mujeres.

¿Qué les está pasando a los hombres? ¿Y qué se puede hacer?

Factores de riesgo

Un elemento clave es la comunicación.

Decir que las mujeres están más dispuestas a hablar de sus problemas mientras que los hombres los reprimen es demasiado simplista.

Pero es cierto que, por generaciones, muchas sociedades han alentado a los hombres a mostrarse “fuertes” y no admitir públicamente sus problemas.

A menudo empieza en la infancia.

“Le decimos a los niños que los hombres no lloran“, dice Colman O’Driscoll, exdirector ejecutivo de operaciones y desarrollo en Lifeline, una organización australiana que ofrece servicios de prevención de suicidio y manejo de crisis las 24 horas.

“Condicionamos a los niños desde muy temprano a que no expresen emociones, porque expresar emociones es ‘debilidad'”, agrega.

Y Mara Grunau, directora ejecutiva del Centro para la Prevención del Suicidio en Canadá también destaca la forma en la que hablamos con nuestros hijos y cómo los alentamos a comunicarse.

“La madres por lo general hablan más con sus hijas que con sus hijos… y también comparten e identifican más sus sentimientos”, explica.

“Prácticamente esperamos que las mujeres sean más emotivas“, dice.

Así, los hombres son menos dados a admitir que se sienten vulnerables, ya sea a ellos mismos, a sus amigos o a profesionales. Y también van menos al doctor que las mujeres.

Un estudio del British Medical Journal encontró que las tasas de consultas primarias en Reino Unido entre los hombres británicos eran un 32% menor que la de las mujeres. (Mientras que las tasas de consultas por depresión, definidas por la prescripción de medicamentos antidepresivos, también eran menores en un 8%).

“Los hombres buscan ayuda para problemas de salud mental menos a menudo”, dice Harkavy-Friedman.

“No es que los hombres no tengan los mismos problemas que las mujeres, pero es un poco menos probable que estén conscientes de padecer estrés u otras condiciones de salud mental que los ponen en mayor riesgo de suicidio”, agrega.

Y si una persona no sabe que padece una condición que la puede estar haciendo sentir mal, entonces es menos probable que sepa qué se puede hacer para ayudarle.

De hecho, solo una de cada tres personas que se suicidan estaba siguiendo algún tipo de tratamiento para salud mental en ese momento, dice Harkavy-Friedman.

Y, peligrosamente, en lugar de buscar ayuda a través de canales establecidos, algunos hombres tratan de “automedicarse”.

“Hay mayor tendencia al abuso de sustancias y del alcohol entre los hombres, lo que puede ser simplemente un reflejo de la angustia que están sintiendo, pero que sabemos agrava el problema del suicidio”, destaca Harkavy-Friedman.

Efectivamente, los hombres tienen casi el doble de probabilidades que las mujeres de cumplir los criterios para ser considerados dependientes del alcohol.

Y beber puede profundizar la depresión y aumentar los comportamientos impulsivos. El alcoholismo es, de hecho, un conocido factor de riesgo para el suicidio.

Fuera de control

Otros factores de riesgo pueden estar asociados a la familia o al trabajo.

Cuando se registra una recesión económica que provoca un aumento del desempleo, por ejemplo, por lo general se observa un aumento en los suicidios, típicamente 18 a 24 meses después del inicio de la recesión.

Un estudio de 2015, por ejemplo, encontró que por cada 1% de aumento del desempleo había un aumento de la tasa de suicidio del 0,79%.

Tener que preocuparse más por las finanzas o tratar de encontrar un trabajo puede exacerbar los problemas de salud mental de cualquiera. Pero también hay elementos de presión social y crisis de identidad.

“Toda la vida nos han criado para que nos juzguemos a nosotros mismos en comparación con nuestros pares y para que seamos exitosos económicamente”, explica Simon Gunning, director de la Campaña Contra Vivir Miserablemente (CALM, por sus siglas en inglés), una organización británica de prevención del suicidio masculino.

“Y cuando hay factores económicos que no podemos controlar, se hace muy difícil”, puntualiza.

Eso también puede generar un efecto de espiral.

En EE.UU., por ejemplo, el seguro de salud a menudo está vinculado al empleo. Y si esa persona está siendo tratada por depresión o abuso de sustancias, puede perder el derecho a la atención junto con el trabajo.

Otro factor de riesgo es un sentimiento de aislamiento, como explica en su libro “Por qué la gente muere por suicidio” el doctor Thomas Jonier.

El aparentemente exitosos profesional que ha priorizado su carrera en detrimento de todo lo demás, incluyendo las relaciones sociales, puede encontrarse “en la punta de la pirámide, solo”, concuerda Grunau.

Pero es importante recordar que si bien factores externos pueden precipitar el comportamiento suicida en una persona que ya está en riego, nunca son la única causa.

“Millones de personas pierden sus trabajos, y casi todos hemos fracasado en alguna relación, y no terminamos suicidándonos”, dice Harkavy-Friedman.

Posibles soluciones

No existen soluciones sencillas para un tema tan complejo. Pero varios programas, políticas y ONGs están logrando progresos.

En Australia, por ejemplo, los grupos de salud mental y de prevención de suicidio están tratando de modificar el paradigma cultural.

Y una iniciativa que ha logrado tracción es el día RU OK? (“¿Estás bien?”), que alienta a la gente a apoyar a aquellos que la están pasando mal iniciando una conversación.

Otro enfoque es el “principio hombro a hombro”, que alienta a los hombres a hablar mientras están ocupados en otras actividades, por ejemplo viendo fútbol o andando en bicicleta.

Mientras que “Amigos en la Construcción”, un programa de apoyo y entrenamiento, genera conciencia en las altas tasas de suicidio en esa industria y le enseña a los trabajadores de la construcción a ser parte de la solución.

En general, el énfasis está en “hacer que sea normal para los hombres hablar de sus sentimientos, y que eso sea reconocido como un signo de fortaleza”, dice O’Driscoll.

La tecnología también ofrece opciones.

No todo el mundo quiere desahogarse con otra persona, incluso a través del teléfono. Pero la inteligencia artificial -como los chatbots- puede ayudar a que una persona vulnerable se comunique y consiga la ayuda que necesita sin temor a ser juzgada.

Otra estrategia es enfocarse en el impacto que el suicidio tiene sobre los seres queridos.

La campaña Proyecto 84 de CALM -bautizada así para representar a los 84 hombres que mueren por suicidio semanalmente en Reino Unido- se enfoca en la devastación que provoca, desmontando así la creencia de algunos hombres que “lo correcto es borrase de la ecuación”, dice Gunning.

“Quedarse es siempre una opción”, enfatiza.

Y otras soluciones simplemente tienen que ver con hacer más difícil completar el suicidio.

Luego de que se instalaran barreras en un puente en Bristol, por ejemplo, un estudio encontró que se habían reducido a la mitad las muertes por lanzarse de ese puente sin que aumentaran los suicidios por lanzarse de otros lugares de la zona.

Pero, obviamente, todavía hay que hacer mucho más.

O’Driscoll destaca la mayor atención que se pone a tratar de reducir las muertes por accidentes de tránsito que a la prevención de suicidios, a pesar de que en muchos países los suicidios cobran más vidas.

En Australia, por ejemplo, la tasa de suicidio en 2015 fue de 12,6 por cada 100.000 habitantes –la más alta en una década– por 4,7 por cada 100.000 habitantes para las muertes por accidentes de tránsito.

También se necesita más investigación.

“Hay diferencias claras entre hombres y mujeres en materia de biología, estructuras hormonales y la forma es la que se desarrollan y funcionan nuestros cerebros”, dice Harkavy-Friedman.

Pero a menudo se estudia juntos a hombres y mujeres, y los esfuerzos por controlar estadísticamente las diferencias no son suficiente, por lo que ella cree que se necesita estudiarlos separadamente.

Hay, sin embargo, signos positivos. La misma Harkavy-Friedman destaca un cambio gigante a nivel profesional, recordando que al inicio de su carrera era muy difícil publicar trabajos académicos sobre el suicidio porque se pensaba que era algo que no se podía prevenir.

Ahora sabemos que eso no es así.

Y Harkavy-Friedman también destaca que cada vez hay más involucramiento gubernamental.

Durante el Día de la Salud Mental de 2018, por ejemplo, el gobierno británico anunció su primer ministro para la prevención del suicidio.

“Reino Unido ha sido un pionero”, dice, agregando que está convencida de que la tasa de suicidio en el país se ha reducido porque se está implementando una estrategia nacional.

Y Grunau también cree que no hay duda en que las cosas están mejorando.

“Estamos viendo un impulso como nunca antes. Todavía se puede hablar sobre el suicidio y las personas todavía se estremecen, pero están más dispuestas a mantener la conversación”, dice.

Eso ha tenido efectos positivos, como demuestra la reducción de los suicidios en Reino Unido.

Pero, aún así, no es suficiente. Cualquier vida perdida por causa de un suicidio, sea de hombre o mujer, es una de más.

Puedes leer el artículo original de BBC Future (en inglés) haciendo clic aquí


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