La austeridad en el Senado provocó casi 2 mil despidos, solo 11 % son mandos
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La austeridad en el Senado provocó casi 2 mil despidos, solo 11 % son mandos

Empleados del Senado acusan que las medidas de austeridad no está afectando a mandos altos, sino también medios y bajos que ya tuvieron hasta 20 % de disminución en sus percepciones y prestaciones.
Cuartoscuro
16 de enero, 2019
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Las medidas de austeridad establecidas en la Ley de Administración Pública Federal aplicadas en la Cámara de Senadores adelgazó la nómina y terminó con 1,949 personas despedidas entre septiembre y diciembre de 2018, de los cuáles solo 220 (el 11 %) fueron mandos, de acuerdo con información del Legislativo.

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Del total, 1,122 estaban contratados por honorarios legislativos; 375 por honorarios en comisiones; 163 en honorarios administrativos; 55 en servicios técnicos y 220 en mandos; mientras que operativos de confianza fueron 14, según información elaborada por el área de Servicios Administrativos del Senado entregada a Animal Político.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha insistido permanentemente en que la austeridad en la administración pública está en la eliminación de privilegios en los mandos altos. Sin embargo, el impacto también está en funcionarios de otros niveles.

Empleados del Senado que pidieron anonimato por temor a represalias, acusan que las medidas de austeridad aprobadas en el Senado no está afectando solo a mandos altos, sino también medios y bajos que ya tuvieron hasta 20 % de disminución en sus percepciones y prestaciones. Mientras que el impacto para los cargos altos y senadores se traduce apenas en la eliminación de privilegios como pago de telefonía o chofer y sus sueldos eran tan altos que la austeridad no les afecta en realidad.

La información oficial confirma que la eliminación de prestaciones como seguro de gastos médicos mayores, seguro de separación individualizado, complemento de aguinaldo de 40 días y estímulo por evaluación de desempeño al personal de mando representó un ahorro de 241.9 millones de pesos entre septiembre a diciembre de 2018.

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Sin embargo, en la administración pública no solo incluye a mandos altos, sino también medios, varios de ellos con muchos años laborando en el Senado y sometidos a evaluaciones permanentes a través del Servicio Civil de Carrera.

Se trata del personal que prácticamente mantiene la labor legislativa en el Senado y que ha permanecido pese a los cambios de legislaturas entre los partidos políticos y cuyas remuneraciones estaban acorde a la demanda de trabajo y nivel de responsabilidades, pero nunca tuvieron privilegios.

Los mandos altos, en cambio, gozaban de vales de gasolina, pago del servicio de celular e incluso hasta chofer o automóvil. Además, el seguro de gastos médicos mayores también era para sus familiares. Por lo tanto, la eliminación de esas prestaciones no significa una reducción real en sus ingresos, acusan los funcionarios entrevistados.

En cambio, los empleados de mandos medios ya tuvieron una disminución de entre 10 y 20% de sus percepciones, incluso sin tener ningún aviso de por medio. Desde septiembre comenzaron a ver los cambios en los recibos de ingresos, pero nadie les ha informado al respecto ni siquiera a través de algún oficio.

El aguinaldo también bajó de 80 a 40 días, tampoco tendrán el bono semestral por desempeño, al que podían acceder por el resultado de sus evaluaciones en el Servicio Civil de Carrera y cuyo máximo a lo que podían aspirar era lo comparable a un mes de salario. Esto no era un privilegio, dicen, sino un incentivo que se podía conseguir solamente con un buen trabajo.

Los mandos medios tenían seguro de gastos médicos pagados a la mitad por la Federación y la otra mitad por ellos, lo mismo que el seguro de separación individualizado. Efectivamente, dicen, eran buenas prestaciones, pero que compensaban las jornadas de trabajo hasta las madrugadas o la falta de contrato por una plaza de base.

En esta situación están aproximadamente entre 300 y 500 empleados del Senado y, a diferencia de otros cambios en la Legislatura y en la Presidencia, ésta es la primera vez que tienen este nivel de incertidumbre y, sobre todo, afectaciones salariales.

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La senadora del PAN Xóchitl Gálvez alertó que las prestaciones estaban disminuyendo justamente para trabajadores y no jefes, por lo que había solicitado que el Senado acudiera a expertos para que realizaran “un estudio técnico hecho por una universidad, con un sustento y no solo lo que le lata al Presidente o al Senado. Tiene que establecer los salarios en función de responsabilidades, pero se ha hecho a raja tabla”. Sin embargo, no ha habido ningún estudio hasta el momento.

Incluso, durante la comparecencia de la titular de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, en el Senado, Gálvez insistió en el tema, pero no lo abordaron al asegurar que era un tema distinto. El presidente del Senado, Martí Batres, dijo que no era cierto que se estuviera afectando a los empleados de rangos medios o bajos, pues sólo se habían acabado “los privilegios”.

A los recortes se suma, dice un empleado, que debido al discurso del presidente Andrés Manuel López Obrador “nos identifican como la mafia del poder” y no es así, pues son empleados de la administración pública que trabajan como el resto. “No somos funcionarios desleales sino mexicanos de carne y hueso”.

“Lo más lamentable es que un gobierno que dice defender a la sociedad trate de manera tan despiadada a quienes durante años han trabajado en esa institución”, dice un empleado con casi 20 años de antigüedad en el Senado.

Por eso muchos buenos elementos están abandonando la administración pública porque no pueden sostener todos los gastos como hipoteca, colegiaturas o absorber los pagos de enfermedades de familiares con la reducción de sus ingresos. Solo de su área han renunciado ya 25 personas en los últimos tres meses, dice uno de los entrevistados.

Otros funcionarios operativos (de rango menor) se enteraron que fueron despedidos simplemente porque en noviembre, su tarjeta de acceso dejó de funcionar, pero no hubo aviso previo.

En septiembre pasado, el Congreso aprobó la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos  que establece que ningún servidor público debe ganar más que el presidente y limita las prestaciones para el resto de servidores públicos, lo que forma parte de las promesas de campaña del presidente Andrés Manuel López Obrador sobre las medidas de austeridad en la administración pública.

Sin embargo, desde el pasado 7 de diciembre, tras una acción de inconstitucionalidad interpuesta por senadores de oposición y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en contra de la ley, la máxima sala ordenó suspender la aplicación de la misma.

Esto significa que para fijar los salarios de los servidores públicos no debería ser con base a la nueva ley, porque si se aplica podría haber afectaciones “irreparables” aseguró el ministro Alberto Pérez Dayán en sus argumentos.

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Kate McHenry

'La pérdida de olfato por coronavirus hizo que la carne me sepa a gasolina'

Un fenómeno llamado parosmia ha dejado a algunos sobrevivientes de coronavirus en un mundo de esencias distorsionadas.
Kate McHenry
31 de agosto, 2020
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Perder la facultad de oler y degustar son dos síntomas asociados a la COVID-19.

Mientras muchos han recuperado sus sentidos, otros sufren un fenómeno llamado parosmia en el que tienen los sabores y olores distorsionados.

Para Kate McHenry, el agua de la pila deja un hedor horrible. Eso, junto a otro desagradable olor que destila al ducharse, significa que incluso el aseo se ha convertido en algo que debe enfrentar.

“Mi champú favorito tiene ahora el olor más asqueroso del mundo”, dijo McHenry.

Tras caer levemente enferma en marzo, esta inglesa de 37 años fue incapaz de oler algo durante cuatro semanas. Su sentido regresó poco a poco, pero a mediados de junio las cosas “empezaron a oler muy raras” y fueron reemplazadas por un “hedor químico horrible”.

Este hecho ha cambiado la vida de McHenry. Ha perdido peso, tiene ansiedad y añora el placer de comer, beber y socializar. Su problema es tan fuerte que este hedor le desborda incluso en lugares donde simplemente se cocina comida.

Le aterra pensar que ha perdido el sentido de olfato para siempre.

Kate McHenry y su pareja Craig Gordon.
Kate McHenry

Kate se siente culpable cuando su pareja le pregunta qué le apetece comer.

“Me encanta las buenas comidas, salir a restaurantes y beber con amigos, pero todo eso se ha ido. La carne me sabe a gasolina y el prosecco a manzana podrida. Si mi novio Craig se come un curry el olor es horrible. Le sale de sus poros y es difícil estar cerca de él”.

“Me entristezco cuando cocino en las tardes. Craig me pregunta qué quiero comer y me siento mal porque no hay nada que me apetezca. Sé que todo tendrá un sabor horrendo. Me asusta quedarme así para siempre”.

Comida que McHenry puede comer.

Kate McHenry
La pasta con queso es uno de los pocos platos que McHenry puede tolerar.

Las personas con covid-19 pueden perder su sentido del olfato porque el virus daña los nervios terminales de sus narices.

La parosmia puede producirse cuando esos nervios se regeneran y el cerebro es incapaz de identificar debidamente el olor real de algo.

Esta condición está habitualmente vinculada a los resfriados comunes, la sinusitis y las lesiones en la cabeza. Los que los sufren describen oler a quemado, humo de cigarro o carne podrida. En algunos casos el olor es tan fuerte que induce al vómito.

Aunque los profesionales reconocen que la parosmia es un signo de recuperación del olfato, para algunas personas puede tardar años en pasar.

Pasquale Hester

Pasquale Hester
Pasquale Hester afirma que lidiar con la parosmia le quita fuerzas.

Lavarse los dientes con sal

Para Pasquale Hester, también de Inglaterra, la pasta de dientes es uno de sus peores enemigos.

El gusto químico que desprende le produce tantas arcadas que ha empezado a lavarse los dientes con sal, que sabe normal para ella.

Como muchos otros afectados por coronavirus, pasaron semanas hasta que mejoró su sentido del olfato. Pero entonces comió curry por su cumpleaños en junio y se dio cuenta de lo distorsionado que estaba su gusto.

“Escupí la comida porque sabía a pintura. Algunas cosas se toleran mejor. El café, el ajo y la cebolla son lo peor. Puedo comer judías verdes y queso. Lo que me está pasando me afecta. No se lo desearía ni al peor enemigo”, dice Hester.

Lo que comer Pasquale Hester

Pasquale Hester
Un plato de judías verdes y queso es de lo poco que Pasquale puede comer.

Brooke Jones empezó con síntomas en abril y dio positivo por covid-19 una semana más tarde. Describe casi todo lo que huele como “carne podrida con algo sacado de una granja”.

Esta estudiante de 20 años hizo una lista de comida que puede tolerar: gofres tostados, pepino y tomate. Lo demás le disgusta.

“Trato de imaginarme el sabor de las cosas. Si como comida china, incluso si no sabe tan bien, me convenzo de que en realidad no está tan mal”.

Brooke Jones

Brooke Jones
Brooke Jones perdió el sentido del gusto y del olfato.

Impacto psicológico

Se desconoce el número de infectados por covid que han tenido parosmia, pero se estima que cientos de miles han perdido el olfato o gusto de forma temporal.

La profesora Claire Hopkis, presidenta de la Sociedad Rinológica Británica, advierte que hay una “creencia incorrecta generalizada” de que la pérdida de olfato por el virus es a corto plazo”.

“Sí, hay una gran probabilidad de recuperación, pero también muchas personas que perderán este sentido por un período largo de tiempo y ese impacto se está infravalorando“, agrega la especialista.

El olfato juega un rol importante en la memoria, el estado de ánimo y las emociones. Aquellos que sufren alguna disfunción se sienten recluidos.

“Cuando intento explicarlo, algunos piensan que es gracioso. Sé que las secuelas del coronavirus pudieron ser mucho peores, pero me afecta y asusta que nadie es capaz de confirmar si mejorará”, confiesa Jones.

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