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Cuartoscuro Archivo

La Estafa Maestra: Vinculan a proceso al exsubsecretario de Sedatu por el convenio realizado con una universidad

Un juez federal determinó que la firma inscrita en el convenio con la Universidad Politécnica Francisco I. Madero, que derivó en el presunto desvío de recursos públicos, sí es de “puño y letra” del exsubsecretario de la Sedatu, Enrique González Tiburcio.
Cuartoscuro Archivo
Por Nayeli Roldán y Manuel Ureste
30 de enero, 2019
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El exsubsecretario de la Sedatu, Enrique González Tiburcio, fue vinculado a proceso por la posible comisión del delito de falsificación de declaración, toda vez que un juez federal determinó que existen pruebas suficientes para considerar que la firma inscrita en el convenio con la Universidad Politécnica Francisco I. Madero, que derivó en el presunto desvío de recursos públicos, sí es de “su puño y letra” y no fue falsificada, como había denunciado el exfuncionario.

A petición de la Fiscalía General de la República (FGR), el juez federal Orlando Íñiguez Delgadillo también impuso medidas cautelares, que consisten en que el exfuncionario acuda a firmar a juzgados cada 15 días y la prohibición de salir del país sin permiso de la autoridad judicial durante los siguientes tres meses, periodo en el que se desahogarán más pruebas.

La vinculación a proceso significa que el juez consideró que las pruebas son suficientes para señalarlo como posible responsable de haber “faltado a la verdad” al decir que su firma fue falsificada, por lo que continuará el proceso penal en su contra y tanto la FGR como la defensa del imputado presentarán más pruebas durante los próximos tres meses, para la próxima audiencia fijada en abril.

El lunes, Animal Político reveló que González Tiburcio, quien fue subsecretario de Ordenamiento Territorial durante la administración de Rosario Robles en la Secretaría de Desarrollo Urbano y Territorial, es uno de los exfuncionarios de más alto nivel implicado en un convenio que derivó en el presunto de desvío de recursos públicos, conocido como La Estafa Maestra.

Sin embargo, su abogado Julio Hernández Barros explicó que el exfuncionario detectó que su firma fue falsificada a raíz de una solicitud de información del 11 de abril de 2017, cuando un ciudadano pidió el documento que de inicio fue declarado como inexistente porque no se encontraba en el archivo de la subsecretaría. Luego de que el ciudadano interpuso un recurso de revisión ante el INAI, y los funcionarios de la Sedatu hicieron una búsqueda exhaustiva, localizaron dicho convenio en otra área.

Por ello, la supuesta falsificación de la firma fue denunciado por González Tiburcio ante el Órgano Interno de Control (OIC) de la Sedatu el 9 de junio de 2017, y horas más tarde realizó una declaración ante la misma instancia.

Un mes después, el OIC interpuso una denuncia ante la entonces Procuraduría General de la República (PGR) por la falsificación de la firma contra quien resultara responsable. Fue así como inició la investigación respecto a ese convenio, según sostiene la defensa.

Este martes González Tiburcio acudió a la tercera audiencia del caso realizada en el Centro de Justicia Penal Federal en la Ciudad de México, Reclusorio Norte, donde su defensa ofreció pruebas para comprobar la supuesta falsificación de su firma, mientras que los abogados de la Fiscalía, la parte acusadora, intentaron demostrar lo contrario.

La Audiencia

Al tratarse de una audiencia pública como parte del procedimiento del nuevo sistema penal acusatorio, Animal Político pudo estar presente y escuchar los argumentos de cada parte y las conclusiones del juez.

Entre las pruebas de la Fiscalía estuvo el dictamen de uno de sus peritos en grafoscopía quien concluyó que la firma sí correspondía al exfuncionario. Además, el exrector de la Universidad Politécnica Francisco I. Madero, Juan de Dios Nochebuena acudió a comparecer y confirmó la realización del convenio entre la dependencia y la institución educativa el 4 de enero de 2016.

La defensa del exfuncionario presentó el dictamen de la perito externa en grafoscopía “Elba”, quien sostuvo que la firma fue falsificada, aunque durante su exposición aseguró que la fecha del documento que había analizado era del 4 de diciembre de 2016, por lo que la Fiscalía señaló el error.

El juez Orlando Íñiguez consideró que dicha exposición y dictamen no estaba bien sustentada pues ni siquiera pudo explicar la metodología que hubiese seguido para obtener la conclusión de que la firma era falsificada, además de que la confusión de la fecha ponía en entredicho su análisis.

Esto, aunado a la declaración del exrector Nochebuena fue prueba suficiente para el juez para vincular a proceso a González Tiburcio. Incluso, en la argumentación de su decisión, el juez explicó que el exfuncionario había “faltado a la verdad” al denunciar la supuesta falsificación de la firma en el documento, toda vez que el perito de la Fiscalía concluyó que la rúbrica sí fue “de su puño y letra”.

Pese a que la denuncia ante el Órgano Interno de Control de la Sedatu ocurrió en junio 2017, el juez consideró que probablemente fue una estrategia del exsubsecretario para exculparse de alguna investigación futura, toda vez que dicho convenio derivó en otro convenio mediante el cual presuntamente se desviaron 185 millones de pesos de recursos públicos de la Sedatu. Por ello determinó que existe materia para seguir investigando al imputado.

En el convenio SEDATU-UPFIM/SOT/05/2016, obtenido por Animal Político vía transparencia, tenía como objetivo “la difusión y aplicación de los conocimientos científicos y técnicos en la implementación de proyectos y acciones en materia de ordenamiento territorial, desarrollo regional, urbano y metropolitano, equidad de género y propiedad rural y desarrollo agrario, en cumplimiento de sus fines institucionales”.

Para cumplir con ello, según establece la quinta cláusula, “las partes” acordaron la realización de convenios específicos a través de sus respectivos representantes. Así ocurrió. El convenio específico SEDATU/DGAPADN-UPFIM/33901.03/2016 fue firmado el 2 de febrero de 2018 entre el rector Juan de Dios Nochebuena y Armando Saldaña, director general de Ordenamiento Territorial de la Sedatu, subalterno de González Tiburcio.

En el anexo a dicho convenio se estableció el pago de hasta 224 millones de pesos, aunque sólo se pagaron 185 millones de pesos. Sin embargo, la universidad subcontrató a empresas para supuestamente realizar los servicios, pero se trató de compañías irregulares, según determinó la Auditoría Superior de la Federación en la auditoría 196-DS.

Al revisar la ruta del dinero, la Auditoría determinó “simulación de contrataciones y presentación de servicios”, comprobantes “apócrifos”, triangulación de recursos con empresas “de papel” involucradas con otras universidades y hasta pagos a funcionarios de 23 dependencias de gobierno.

Por ello, al considerar que hubo un presunto desvío de 185 millones de pesos, la Auditoría, interpuso una denuncia penal ante la PGR en contra de la Sedatu el 29 de octubre de 2018.

Por el convenio específico, Armando Saldaña también denunció ante el Órgano Interno de Control de la Sedatu y ante la PGR que su firma fue falsificada, a la par que su jefe. Sin embargo, su proceso ya concluyó y el juez determinó la falsificación de su rúbrica, según explicó la defensa de González Tiburcio.

El equipo legal del exsubsecretario explicó que las diferencias entre las firmas se nota incluso a simple vista, por lo que continuarán aportando pruebas en los próximos tres meses para confirmar que su cliente no firmó dicho convenio.

Aquí la denuncia que interpuso González Tiburcio ante el OIC 

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#YoSoyAnimal

Así canalizamos nuestras obsesiones en redes sociales (y por qué se nos puede ir de las manos)

Los comportamientos compulsivos en las redes sociales pueden salirse de control cuando tienes acceso a internet las 24 horas del día. ¿Cómo podemos evitar perdernos en el empeño de observar a otros de forma compulsiva e incontrolada?
19 de julio, 2019
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¿Es una pasión o una obsesión? A veces, la delgada línea entre una y otra puede ser difícil de distinguir cuando se trata de internet.

Pero pregúntate: ¿has buscado alguna vez a un ex en las redes sociales y te has encontrado mirando la pantalla tres horas después, todavía viendo fotos de esa persona y de su nueva pareja?

Tener una computadora en el bolsillo y acceso a Twitter e Instagram las 24 horas, puede hacer difícil manejar nuestras compulsiones.

La psicóloga social y presentadora de la BBC, Aleks Krotoski, explora cómo los comportamientos obsesivos pueden salirse de nuestro control.

Celos retroactivos

Hombr triste mirando el teléfono

Getty Images
Las redes sociales pueden amplificar nuestras compulsiones.

Cuando Zach Stockill era adolescente se enamoró.

Pero pronto desarrolló una obsesión insana con el pasado de su novia, a pesar de que nunca se había obsesionado antes con nadie o nada.

No era una persona celosa ni tampoco le preocupaba que le engañaran en aquel momento, pero un simple comentario de pasada sobre un ex activaba un interruptor en su cerebro.

“Esto es lo que me hacía volverme loco”, dice Zach.

“Básicamente, me obsesioné con los pequeños detalles sobre su pasado; tenía mucha curiosidad sobre qué había pasado en su vida romántica antes de conocerme”.

“También acechaba su perfil de Facebook”, cuenta. “¿Dónde se enmarca esta persona? ¿Quién sale en esa foto? ¿Qué significa ese comentario?”.

Zach se encontró en un bucle de curiosidad sobre el pasado de su pareja del que le era enormemente difícil escapar.

Intentaba calmar sus celos retroactivos buscando compulsivamente respuestas online, pero esto no hacía más que alimentar a la bestia.

Acoso cibernético

Ojo humano

Getty Images
Espiar es siempre espiar, pero mucha gente puede sentir que es algo diferente si lo están haciendo online.

El acoso cibernético es la forma que toma el acoso (el seguimiento no buscado de alguien) en el mundo digital, que tiene lugar solo en Internet y se ve facilitado completamente por la tecnología.

Stina Sanders es una periodista que escribe sobre su uso de las redes sociales.

Cuando su pareja la dejó sin explicación alguna hace seis años, empezó a monitorear de forma obsesiva sus cuentas en las redes sociales para intentar entender el porqué.

“Nunca realmente pude cerrar el tema de por qué me dejó”, dice Stina. “Así que mi única forma de hacerlo era observar online su nueva vida con su nueva pareja”.

Esto se convirtió en una obsesión, y a pesar de que rompieron hace años, ella todavía visita sus perfiles de Instagram, Facebook y Twitter.

“Con frecuencia miro las redes sociales de mi ex para ver en qué anda, y también para ver con quién sale y ver qué tiene ella que yo no tenga”.

Este tipo de acoso cibernético es más común de lo que quizás piensas.

Según las investigaciones llevadas a cabo por Veronika Lukacs, de la Universidad de Toronto, nueve de cada 10 personas entran en el perfil de Facebook de su ex.

El ciberacoso es más fácil porque nadie te ve

Una mujer viendo una pantalla

Getty Images
¿Actuarías de la misma manera si no pudieras mantenerlo en secreto?

Estas investigaciones también revelaron que alrededor del 70% de las personas admitieron ver el perfil de sus ex a través del perfil de un amigo en común, incluso si los habían bloqueado o los habían borrado de la lista de amigos, encontrando una forma encubierta de hacerlo.

Stina dice que creó un perfil falso para poder seguir a su ex y a la nueva pareja de este, “y nunca lo sabrán”.

Emma Short, psicóloga y directora del Centro Nacional de Investigación sobre el Ciberacoso en la Universidad de Bedfordshire, explica cómo Internet nos permite mantenernos escondidos, viendo cómo todo lo demás va sucediendo sin ser parte de ello.

Este distanciamiento nubla nuestro juicio sobre los límites.

Observar a la gente no es malo en sí mismo, pero las redes sociales nos permiten observar más a la gente: más de lo que deberíamos y más de lo que admitimos.

Ahora es posible continuar con comportamientos obsesivos sin interrupción, de una forma que puede parecer obsesiva en otro contexto.

Puedes ver el perfil de un ex cien veces al día, y seguir con tu vida normal: encontrarte con amigos, actuar con normalidad, aparentar que te cuidas… no hay ninguna señal externa de que algo va mal.

Pero si aparecieras en la puerta de la oficina de tu ex y miraras por la ventana ocho oras al día, sería muy distinto.

Tenemos acceso a información como nunca antes

Cuatro jóvenes con sus teléfonos

Getty Images
¿Sabes quién sigue tu rastro en las redes sociales?

Las redes sociales brindan una ventana a la vida de otra persona y ofrecen una gran cantidad de información que simplemente no estaba disponible antes.

Los detalles que ponemos online, cuando decimos que vamos al cine con esta persona, o estamos “en una relación” con esta otra, crean una mina de oro de indicios y posibilidades.

Para alguien con celos retroactivos, la tentación de lanzarse al pasado de su pareja puede ser demasiado grande.

En el pasado, tras una ruptura, un ex no tenía las mismas oportunidades para vigilar a la otra persona, pero ahora es muy fácil.

La comediante Andrea Hubbert dice que cuando ella tenía veintitantos años, su compañero le hizo “ghosting”: la dejó y luego ignoró completamente sus intentos de establecer contacto, actuando como si ella nunca hubiera existido.

Ella se convenció de que él estaba viendo a alguien nuevo y, tras la ruptura, comenzó a acosarlo obsesivamente online; una y otra vez entraba en sus perfiles.

“Cuando no hay nada que te detenga, puedes mirar el perfil de otra persona sesenta, setenta veces al día”, dice Andrea.

“Una forma muy sutil de hacerse daño”

Una mujer triste con un teléfono

Getty Images
¿Por qué llevarías a cabo una actividad que te hace daño?

Andrea dice que podría no parecer particularmente dañino el mirar algo en internet, pero “te estás socavando a ti misma”. “Es una forma extremadamente sutil de hacerse daño”.

Ella tenía muy claro que la tristeza que sintió después de la ruptura estaba siendo magnificada por su comportamiento en las redes sociales.

“Estás buscando algún tipo de certeza para detener el dolor que sientes, pero nunca encontrarás las respuestas que estás buscando”, explica.

La psicóloga Emma Short está de acuerdo en que el ciberacoso y otros comportamientos obsesivos online tienen un efecto negativo en la salud de quienes los practican.

Introducen a la víctima en un comportamiento repetitivo que no tiene ninguna o escasa recompensa: “No estás obteniendo una comunicación recíproca positiva. Para seres sociales, eso no es bueno”, dice Emma.

Además, poner tanta energía en algo y no obtener nada a cambio “no va a aumentar tu autoestima”, concluye.

¿Qué podemos hacer si creemos que tenemos un problema?

Manos con teclado

Getty Images
Siempre es mejor hablar.

Una de las cosas importantes que se desprenden de las últimas investigaciones es que cuando las personas sienten que están perdiendo demasiado tiempo investigando a otros en internet, o si se sienten culpables por su comportamiento, deben hablar de ello.

“Habla con tus amigos”, dice Emma. “Hay ayuda profesional para la gente que siente que sus vidas se han visto tan interrumpidas que están atascadas”.

Zach asegura que se dio cuenta de que el problema era totalmente suyo y de que las redes sociales estaban haciendo las cosas “mucho, mucho peores…”.

“Si tenía alguna oportunidad de recuperarme, sabía que tenía que dejar de usar estas plataformas más temprano que tarde”, afirma.

Redujo su tiempo en internet y fue extremadamente disciplinado para no observar secretamente a sus ex en las redes sociales.

“Necesitas ser lo suficientemente fuerte como para resistir esa tentación”, dice.

Andrea asegura que sabía que en el futuro tendría que hacer las cosas de manera diferente: en las rupturas posteriores, cortó deliberadamente todo contacto online porque no quería que nunca más el sentimiento de rechazo la hiciera comportarse de manera obsesiva.

Ella dice que tras “reconocer que era una pendiente resbaladiza”, desde entonces nunca ha mirado el perfil de un ex en las redes sociales.


Esta pieza ha sido adaptada del programa de radio de la BBC “The Digital Human” (El humano digital), de Aleks Krotoski.

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