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Cuartoscuro

Forense de Jalisco incineró desde 2006 más de 1,500 cuerpos sin identificar

En al menos la mitad de los casos no guardó muestras de ADN, lo que imposibilita saber quiénes eran, de acuerdo con información de la ONG Cepad.
Cuartoscuro
31 de enero, 2019
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Ana Enamorado ya nunca sabrá si el cuerpo que le dijeron que era de su hijo, desaparecido en 2010, realmente lo es. El forense de Jalisco lo incineró sin haberle hecho pruebas de ADN y solo ofreció a Ana algunas fotografías en las que ella no está segura de reconocerlo, después de cinco años que tenían sin verse, cuando Óscar Antonio López Enamorado salió de su natal Honduras con apenas 17 años.

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Además, las autoridades que han llevado el caso, tanto federales como estatales, le han pedido aceptar —incluso con intimidaciones— la versión de que el joven se suicidó colgándose de un puente peatonal, como le dijeron que encontraron ese cuerpo que nunca pudo ver, cuando todo indica que a su hijo lo había atrapado un grupo del crimen organizado.

El caso de Ana no es una excepción: de 2006 a 2015 el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses incineró entre 1,560 y 1,581 cuerpos sin identificar por saturación de sus instalaciones, de acuerdo con datos que obtuvo la organización Centro de Justicia para la Paz y el Desarrollo (Cepad) mediante solicitudes de transparencia.

De muchos de esos cuerpos —sin que esté clara la cifra—, ya no habrá manera de confirmar quienes eran, porque quedaron reducidos a cenizas sin que el Instituto les haya practicado pruebas científicas para tener su ADN y otros datos en caso de que haya un familiar u otra información contra los cuales compararlos.

Gobierno de Jalisco construirá cámara frigorífica para más de 300 cadáveres tras hallazgo en tráileres

Ana Karolina Chimak, activista de Cepad, explicó en conferencia de prensa que en una solicitud de información de 2015, el Forense dijo que había incinerado 1,581 cuerpos. En otra, de 2017, señaló que eran 1,571 y solo le hicieron pruebas genéticas a 141. En octubre pasado, la respuesta a otra solicitud fue que los cadáveres cremados eran 1,560, más una osamenta y 32 restos óseos, y que le habían tomado muestras biométricas solo a 803.

“Estos datos confirman que la mayoría de los cuerpos incinerados nunca se encontrarán en ninguna base de datos genéticos. Lo que significa que miles de familiares de personas desaparecidas son brutalmente privadas de la posibilidad de encontrar un día información alguna sobre su ser querido. Su búsqueda incansable nunca va a concluir y su duelo nunca va a cerrar. Se borraron las evidencias y las historias de miles de personas, convirtiéndolas en cenizas”, sentenció.

Fotografías y un celular desechado, únicas pruebas

Dos veces le dijeron a Ana que un cadáver encontrado en Zapopan, Jalisco, era el de su hijo Óscar. La primera le dijeron que un perfil genético descartaba que fuera él. Pero año y medio después se enteró de que era mentira: nunca hicieron tal prueba.

Su hijo se fue de Honduras en 2008 desanimado por la violencia y con ganas de buscar un mejor futuro en Estados Unidos. Logró llegar y luego de un año conoció a unos mexicanos que lo convencieron de ir a Jalisco por un trabajo en el que, le dijeron, iban a pagar muy bien. Meses después, su madre recibió una llamada de un hombre que le pidió dinero porque supuestamente Óscar había chocado su camioneta. Ella hizo el depósito, ya con dudas, y en enero de 2010 perdió contacto con su hijo.

Pasaron casi dos años hasta que Ana se unió a la caravana de madres centroamericanas que entraron a México a buscar a sus hijos desaparecidos. El 8 de febrero de 2013 llegó hasta Guadalajara a presentar una denuncia ante la entonces Procuraduría General de la República (PGR) y decidió quedarse en el país. Se instaló en la Ciudad de México, y tres meses después recibió una llamada en la que le dijeron que el 17 de febrero, nueve días después de su denuncia, había aparecido un cuerpo ahorcado en un puente que parecía el de Óscar.

Como solo le enviaron dos fotos, pidió un perfil genético. El resultado, le dijeron, fue negativo, así que continuó su búsqueda. Pero en 2015 se enteró de que habían pasado el caso al fuero común y cuando exigió avances al ministerio público de Puerto Vallarta al que lo habían enviado, le contestaron que el cuerpo de su hijo ya había sido encontrado: era del puente de Zapopan y la causa de muerte era suicidio.

Su sorpresa fue que cuando pidió ver el cuerpo, la respuesta fue que ya no lo tenían, porque había sido incinerado desde mayo de 2013, a los pocos días del primer aviso que le dieron. Pidió entonces los exámenes científicos que ella solicitó que le hicieran y que le aseguraron habían sido negativos, pero resultó que no estaban en el expediente ni los tenía el médico forense, y solo después de insistir le mostraron un oficio sin fecha ni firma.

Como únicas pruebas, además de las fotos, le dijeron que al encontrar el cuerpo había un teléfono celular donde el contacto guardado como “mamá” era un número de Honduras. Pidió también ver ese teléfono, la ropa, algo más… y la respuesta fue la misma que con el cuerpo: todo había sido desechado. Lo único que sí conserva el Forense son huellas dactilares, pero no han sido comparadas con registros previos del gobierno hondureño.

“Sí me llaman la atención las fotografías, sí se parece a mi hijo, pero no puedo aceptarlas así, a mí lo que me podría garantizar que es mi hijo es una prueba genética. Porque no puedo yo quedarme con esa duda, que se cierre el caso y quedarme con la duda para siempre. Como no es suficiente lo que está en el expediente, no puedo aceptarlo; tiene que haber claridad”, dijo en entrevista.

¿Cómo estar seguro de quién es un cuerpo?

Para tener la certeza sobre quién era una persona encontrada muerta, no basta ni siquiera con el ADN. Chimak explicó que a partir de la crisis vivida en septiembre pasado cuando fueron hallados dos tráileres refrigerantes con 444 cuerpos que la Fiscalía abandonó, se creó una comisión de acompañamiento de observación para los procesos de identificación e inhumación de los cuerpos que estableció al menos siete elementos para considerar que se tiene la identificación plena.

“Tomamos en cuenta las pruebas de ADN, la necropsia, los datos odontológicos, la cuestión antropológica, huellas dactilares, entre otra información. Son siete elementos en total, pero antes no se hacía”, dijo.

A pesar de esta falta de garantías, el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses ha entregado a 140 familias bolsas con cenizas que les asegura que son de sus familiares, de acuerdo con la información obtenida por Cepad. Ana Enamorado es uno de al menos cuatro casos que se conocen de quienes se negaron a aceptar esas cenizas sin mayores pruebas.

Jalisco dejó de incinerar cuerpos en 2015, a pesar de que la Ley General de Víctimas, que entró en vigor dos años antes, prohibió hacerlo hasta no concluir los procesos de investigación en cada muerte. Pero en 2018, todavía fueron entregadas siete bolsas de cenizas a familias que ya no pudieron ver si el cuerpo que recibieron realmente era el de la persona que buscaban.

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"Creía que el machismo y la homofobia ya se habían superado": Fabián Cháirez, autor del cuadro de Zapata

El cuadro representa al héroe revolucionario montado desnudo sobre un caballo, con tacones altos y un sombrero rosado.
12 de diciembre, 2019
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El cuadro "La Revolución" muestra a un Zapata desnudo, con tacones y sobrero rosado, sobre un caballo sexualmente excitado

Getty Images

Unos han pedido que a una pintura de un héroe patrio la saquen de una exposición, que la escondan o que la quemen. Otros la han abrazado como símbolo de la libertad artística o para exigir que lo femenino o lo “queer” se deje de ver como algo negativo en México.

Todo por un Zapata con zapatos de tacón.

No esperaba esta reacción“, le dice el artista Fabián Cháirez, autor de la polémica pintura de Emiliano Zapata, a BBC Mundo.

“Hay temas que creía ya superados o bajo control: la inclusión, el respeto a la diversidad o a lo diferente. Temas como el machismo, la misoginia, la homofobia…”, señala.

Su cuadro del líder revolucionario luciendo la bandera mexicana sobre su cuerpo desnudo, a caballo, con unos zapatos de tacón que a su vez son pistolas, forma parte de una exposición en el Palacio de Bellas Artes, en Ciudad de México, donde se exponen otro centenar de obras que interpretan la figura del héroe de la lucha campesina en el marco del centenario de su muerte y de la Revolución.

Pero solo la de Cháirez, que según el autor se concibió como una contraposición a la imagen predominante del hombre blanco, masculino y “fortachón”, fue interpretada como un intento premeditado de deshonrar a Zapata por parte de sus descendientes.

“¿Qué le parecería a cualquier persona que denigren de esa forma a su abuelo?”, cuestionó el nieto del revolucionario, Jorge Zapata González, quien dijo que presentaría acciones legales para exigir la retirada de la obra.

“Cuando me invitan a participar en esta exposición el sentimiento era de felicidad de exponer junto a grandes íconos de la plástica nacional e internacional. Todo estaba hasta hace unos días en lo contento que estaba”, añade el pintor.

Y entonces se armó la revolución.

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Foto: @ekiro

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“Falta de respeto”

Las quejas de la familia por retratarlo como “gay” las repitieron otros en redes sociales y hasta en el exterior de Bellas Artes, donde este martes hubo una protesta de agricultores comuneros admiradores de Zapata y su legado, por considerar la obra una falta de respeto, que acabó en enfrentamientos con defensores del cuadro.

“Creemos que es una ofensa a la memoria del general y si el pintor, en su libertad, quiere pintar penes de caballos, de burros, lo puede hacer, pero no atentar contra la figura de Zapata”, dijo Álvaro López Ríos, líder de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas.

Otros se sumaron al rechazo en redes sociales: “Es un icono mexicano y se debe conservar su imagen. Pinten a gente que lo sea (gay) y listo. Esto es oportunista y abusivo”, reza un tuit.

“Qué dirán los niños si llegan a ver esto, se imaginan la confusión a la que se enfrentará su mente, en la escuela ven a Zapata como el caudillo de la Revolución Mexicana y en esta pintura ven otra cosa”, dice otro.

protesta de agricultores comuneros

Getty Images
Admiradores de Zapata protestaron al considerar la obra una falta de respeto.

El pintor se crió con esos mismos símbolos, pero su punto de vista es muy diferente.

“Cuando vas creciendo y ves que la forma en que tu cuerpo o tus gestos se manifiestan no encajan dentro de los estereotipos o las expectativas de otras personas resulta doloroso e incómodo. Estamos acostumbrados a que la imagen del héroe esté cerca de esa masculinidad hegemónica y resulta triste que no estamos abiertos a otras posibilidades”, considera.

“Mi papel como artista es cuestionar y hacer una propuesta donde se valorice y se exponga otra forma de representar al cuerpo masculino”.

Las autoridades culturales mexicanas aseguraron que la pintura seguirá expuesta y defendieron su inclusión en la muestra.

El presidente Andrés Manuel López Obrador defendió por su parte que “los artistas tienen toda la libertad y no puede haber censura“.

Una figura “intocable”

¿Habría sido igual la polémica de haber sido otro personaje histórico el protagonista del cuadro? Al fin y al cabo Cháirez ya había retratado en un estilo similar a otros personajes de la cultura mexicana, desde el luchador enmascarado a figuras religiosas, sin despertar esta reacción.

La razón por la cual el caso de Zapata es diferente, asegura el politólogo, activista y autor mexicano Genaro Lozano, es que “muchos héroes de México son intocables, igual que los símbolos patrios”, y escandaliza que se le represente como afeminado.

Zapata es una figura recurrente en marchas y protestas de los campesinos, pero no son el único grupo que reivindica su legado y su lucha, de ahí que sea un personaje celebrado ampliamente como referente nacional mexicano.

Hombre toma una foto del cuadro de Zapata

Reuters
La “feminización” de Zapata ha enardecido a los admiradores del líder revolucionario.

La interpretación de Cháirez rompe con la “hipermasculinización de los héroes revolucionarios y los roles de género que la Revolución dejó: el hombre que salía a luchar por la tierra; la mujer, la Adelita, que lo seguía para alimentarlo”.

“Esta pintura incomoda esos roles tan fuertes que hay en el machismo mexicano“.

La realidad detrás de un cuadro

Cháirez, que considera a Zapata como parte del imaginario público mexicano, defiende su derecho como artista a cuestionar e interpretar su realidad.

Pero el debate sobre esta pintura es, en realidad, parte de un cuadro más complejo.

Por un lado, México ha sido pionero en el reconocimiento legal de las personas LGBTIQ y su capital se convirtió en 2010 en la primera administración en legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo en América Latina.

Por otro, “a pesar de que México cuenta con legislación de avanzada, particularmente a nivel federal, la garantía y ejercicio de estos derechos está lejos de poder ser una realidad en la vida diaria,” explica el activista Alex Orué, coordinador global de la organización pro LGBTIQ It Gets Better.

Manifestantes en México de la comunidad LGBTI.

Getty Images
Miembros de la comunidad LGBTIQ se manifestaron a favor de la pintura.

En México, el matrimonio igualitario y las leyes sobre identidad de género se deciden en las legislaturas de cada estado, por lo que no todos los congresos las han aprobado aún. Y grupos de derechos LGBTIQ alertan que las llamadas terapias de conversión aún son legales en el país.

Además, más de 500 personas LGBTIQ fueron asesinadas en el país en los últimos 7 años por su orientación sexual, su identidad o su expresión de género, según un informe de la organización Letra S, que alerta de la especial vulnerabilidad de la comunidad trans.

En México, añade Orué, “la feminidad es castigada y vista como desechable para el machismo”. “Que nos ridiculicen en la ‘comedia’ parece no despertar la misma indignación” por parte de algunos sectores que esta pintura, protesta.

“Y mucho menos los crímenes de odio por homofobia o transfobia ni los feminicidios”.


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