La Función Pública promete 2,500 auditorías y órganos internos de control independientes
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La Función Pública promete 2,500 auditorías y órganos internos de control independientes

De estas auditorías, 1, 637 serán financieras; 225 sobre obra pública y 688 en desempeño. Otro de los aspectos de atención será el uso de las nuevas tecnologías para la prevención y el combate a la corrupción.
Cuartoscuro
17 de enero, 2019
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En el primer año de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, la Secretaría de la Función Pública tiene como meta hacer 2,555 auditorías en la administración pública, 45 % más que en 2018, aplicar nuevas tecnologías para el “big data anticorrupción” y escoger a los “mejores perfiles” para encabezar los Órganos Internos de Control de las secretarías, capaces de investigar presuntos actos de corrupción.

Sin embargo, operará con 27 % menos presupuesto para 2019 con respecto a 2018, cuando recibió 1,237 millones de pesos. Para cumplir con sus metas dispondrá de 901 millones 819 mil pesos para este año, de acuerdo con el Presupuesto de Egresos aprobado por la Cámara de Diputados.

Una de las herramientas clave de la Función Pública para el combate a la corrupción  son los órganos internos de control, un puesto que en cada dependencia se encarga de vigilar la actuación de los funcionarios públicos de cada una y, en caso de encontrar alguna irregularidad, puede hacer una investigación interna.

Aunque la Ley Orgánica de la Administración Pública establecía que las asignaciones de estos cargos recaía en la Secretaría de la Función Pública, en la práctica, los secretarios de Estado recomendaban a sus allegados para el puesto durante el sexenio anterior.

De acuerdo con el coordinador general de Órganos de Vigilancia y Control de la SFP, Daniel García Cortés, en la nueva administración, los nombramientos de los titulares de los Órganos Internos de Control sí será facultad exclusiva de la dependencia y no de los secretarios de Estado.

“Se está haciendo un análisis para que las personas que se encargarán, tengan tanto las capacidades técnicas como las capacidades morales y de probidad necesarias para desempeñar estos cargos”, dijo en entrevista con Animal Político.

Pero aún se está trabajando en la definición del perfil específico y después de eso se podrán hacer las designaciones y aún no hay un tiempo estimado de cuándo concluirá porque el proceso “lleva tiempo”, dice García Cortés.

El Órgano Interno de Control es un puesto clave en la detección de posibles irregularidades al interior de cada dependencia, pero en caso de una actuación deficiente, los casos ni siquiera son ubicados.

Por ejemplo, el extitular del área de quejas del Órgano Interno de Control de la Sedesol, Mauricio R., exoneró a cuatro funcionarios presuntamente implicados en La Estafa Maestra y dio carpetazo al tema, sin justificación, a las investigaciones sobre supuestos desvíos millonarios en la dependencia.

Por eso, fue inhabilitado temporalmente por dos años del servicio público, aunque la sanción llegó un año después de que dejara su encargo en Sedesol en 2017 y tres años después de haber concluido la investigación en la que no encontró irregularidades, pese a que Animal Político publicó en septiembre de 2017 que las empresas utilizadas para hacer supuestos servicios a la Sedesol eran fantasma.

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En el sexenio anterior ningún Órgano Interno de Control encontró las irregularidades en casos que fueron documentados por la Auditoría Superior de la Federación o en investigaciones periodísticas como Odebrecht o el Paso Exprés de Cuernavaca, por ejemplo.

Las metas

Cada dependencia federal hace una evaluación del Sistema de Control Interno en noviembre de cada año, y en febrero establecen su Programa de Trabajo Institucional, en el cual determinan las acciones de mejora que aplicarán a dichos procesos.

Pero de acuerdo al análisis de la nueva administración, “la evaluación del sistema de control interno solo se refiere a aspectos aislados, sin vinculación hacia los elementos estratégicos y prioritarios de las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal; la evaluación de riesgo es aplicada de forma subjetiva y sin relacionarse a la funcionalidad del gobierno”, aseguró la secretaria de la Función Pública Irma Eréndira Sandoval durante un encuentro de trabajo con la comisión Anticorrupción del Senado el pasado 14 de diciembre.

Por eso es que promete fortalecer ese tema y vincularlo directamente con la realización de 2,555 auditorías que permitirá vigilar el cumplimiento normativo, financiero-presupuestal y cumplimiento de objetivos. De ellas mil 637 serán financieras, 225 a proyectos de inversión física (obra pública) y 688 a desempeño.

Esto significa un número mayor a lo realizado del 1 de enero al 30 de septiembre de 2018, cuando hubo 1,753 auditorías, en el último año de la administración de Arely Gómez en la Función Pública.

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Otro de los aspectos de atención será el uso de las nuevas tecnologías para la prevención y el combate a la corrupción. “Hablamos de usar de forma estratégica y coordinada los grandes volúmenes de información que tienen las diversas instancias del gobierno para identificar las áreas de riesgos de corrupción e investigar los actos de corrupción, lo que sería el Big Data Anticorrupción”, promete Irma Eréndira Sandoval.

El combate a la corrupción también pasará por el llamado a los funcionarios de la administración pública a denunciar posibles irregularidades, por eso se impulsará la “protección a alertadores internos”, es decir, impulsar la denuncia interna a través de una ley de protección a “informantes internos” que ofrezca garantías laborales, políticas y cívicas a ciudadanos para que presenten quejas confidenciales (no anónimas) contra funcionarios públicos y políticos que delinquen o malversen fondos.

También apelarán a la “ciudadanización” del combate a la corrupción y a la impunidad a través de impulsar la denuncia ciudadana de conductas irregulares de servidores públicos o particulares que pudieran constituir actos de corrupción.

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Cómo la pandemia de COVID puede llevar a una revolución de las vacunas

Una tecnología prometedora en desarrollo desde hace 30 años utiliza la ingeniería genética para crear vacunas que son más baratas y fáciles de producir a gran escala.
25 de septiembre, 2020
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La enfermedad covid-19 está cambiando radicalmente muchas cosas, una de ellas puede ser cómo funcionan las vacunas.

La pandemia se ha convertido en una oportunidad para probar una nueva tecnología que se viene desarrollando desde hace 30 años.

Algunos científicos están usando la ingeniería genética para hacer que nuestras células produzcan una parte de un virus y así enseñarle a nuestro sistema inmunológico a protegernos de él.

Esto permitiría crear vacunas de forma mucho más rápida. Incluso pueden ser más simples de fabricar y más seguras de usar. Probablemente también sean más baratas.

Solo tenemos que probar que las vacunas genéticas, como se conocen, realmente nos protegen.

¿Oportunidad?

Nunca se hizo. Hasta la fecha, no existe tal vacuna aprobada para su uso en humanos.

Pero dos de las ocho vacunas contra la covid-19 que están en una etapa más avanzada de la investigación utilizan esta tecnología.

Una la fabrican las empresas Pfizer (Estados Unidos), BioNTech (Alemania) y Fosun (China). La otra está siendo desarrollada por la empresa estadounidense Moderna.

Ambas llegaron a la tercera y última fase de pruebas en humanos y se están aplicando a miles de personas para ver si son efectivas.

Las perspectivas son prometedoras, dice Norbert Pardi, profesor e investigador de la Universidad de Pensilvania en Estados Unidos.

Los estudios realizados hasta ahora apuntan a que estas vacunas generan una buena respuesta de nuestro sistema inmunológico y que son seguras.

“Aún necesitamos ver los resultados de la última fase, pero soy optimista. Creo que una o más de ellas serán aprobadas. Esto tiene el potencial de revolucionar el campo de las vacunas para enfermedades infecciosas”, opina Pardi.

Cómo funcionan las vacunas

La mayoría de las vacunas que utilizamos suponen la inyección de un virus o una bacteria en nuestro cuerpo para que el sistema inmunológico pueda identificar la amenaza y crear formas de defendernos.

En el caso de los virus, estos pueden estar debilitados (su capacidad para enfermarnos se ha reducido a niveles seguros) o inactivados (no pueden reproducirse).

Hombre delante de un mural con un dibujo de mujer con máscara.

Getty Images
Más de 32 millones de personas fueron contagiadas con el nuevo coronavirus en todo el mundo.

Existen también las denominadas vacunas de subunidades, en las que solo fragmentos característicos de un virus, como una proteína, por ejemplo, se producen en el laboratorio y se purifican para su uso en la vacuna.

La propuesta de las vacunas genéticas es diferente. En lugar de inyectarnos un virus o parte de él, la idea es hacer que nuestro propio cuerpo produzca la proteína del virus.

Para ello, los científicos identifican la parte del código genético viral que contiene las instrucciones para elaborar esta proteína y nos la inyectan.

Una vez absorbida por nuestras células, funciona como un manual de instrucciones para la producción de la proteína viral.

La célula produce esta proteína y la exhibe en su superficie o la libera en el torrente sanguíneo, lo que alerta al sistema inmunológico.

Las ventajas de las vacunas genéticas

La inmunóloga Cristina Bonorino explica que, en el caso de vacunas atenuadas o inactivadas, es necesario cultivar una gran cantidad de virus para utilizarlo como materia prima.

Las vacunas genéticas no necesitan esto.

Simplemente basta con crear en el laboratorio la secuencia genética deseada.

Esto requiere una estructura de producción mucho más reducida.

“El costo probablemente también sea menor”, dice Bonorino, quien es profesora de la Universidad Federal de Ciencias de la Salud en Porto Alegre y miembro del comité científico de la Sociedad Brasileña de Inmunología.

Márjori Dulcine, directora médica de Pfizer Brasil, empresa que fabrica una de las vacunas genéticas, explica que, además de que este tipo de vacuna se produce más rápidamente a gran escala, también es flexible.

“Sabemos que el SARS-Cov-2 tiene una gran capacidad para mutar. Entonces, si eso sucede, podemos adaptarnos rápidamente”, asegura Dulcine.

Las vacunas genéticas también eliminan el riesgo de que una persona se enferme cuando se vacuna, lo que puede ocurrir cuando se utilizan vacunas con virus atenuados.

Los virus en ese estado se han manipulado para ser menos peligrosos, pero aun así pueden reproducirse lentamente.

Esto da suficiente tiempo al sistema inmunológico de una persona sana para que reaccione y, en el proceso, aprenda a combatir esa amenaza.

Pero, en casos más raros, si el paciente está inmunodeprimido, puede perder esta carrera contra el virus y enfermar.

“Con este tipo de vacuna no pasa eso, porque no usa un microorganismo vivo. Es completamente sintética“, dice Norbert Pardi, de la Universidad de Pensilvania.

El tiempo necesario para desarrollar una vacuna también se reduce drásticamente. Por lo general, lleva meses tener una vacuna lista para las primeras pruebas. Con las vacunas genéticas se tarda solo semanas.

Protesta antivacuna.

Reuters
Una parte de la población está en contra de las vacunas obligatorias.

“Moderna tardó 42 días desde el momento en que recibió la secuencia genética del virus para comenzar los estudios de la vacuna contra la covid-19. Esto es casi imposible con otras tecnologías”, afirma Pardi.

El científico también dice que las pruebas han demostrado hasta ahora que las vacunas genéticas contra la covid-19 han generado una reacción del sistema inmunológico al menos tan buena como la de las otras candidatas.

“Por lo tanto, no solo son más seguras y relativamente baratas de producir, sino que también son muy efectivas. Esto es muy importante”, analiza.

Vacunas de ADN vs vacunas de ARN

Pero si estas vacunas tienen tantas ventajas, ¿por qué todavía no hay ninguna aprobada para su uso en humanos? Una razón es que la tecnología es reciente.

La primera vacuna de la historia fue creada por el médico británico Edward Jenner hace poco más de 220 años, a principios de los siglos XVIII y XIX, para prevenir la viruela.

En contraste, las vacunas genéticas han estado en desarrollo durante poco más de tres décadas, y solo más recientemente han comenzado a dar resultados más alentadores.

En un principio se creía que sería mejor hacer este tipo de vacuna utilizando ADN, la molécula que contiene toda la información genética de un organismo y que nuestras células utilizan para fabricar las proteínas que componen nuestro cuerpo.

Pero para que esto suceda, el ADN primero debe transformarse en moléculas de ARN, que trasladan esa información a la parte de la célula donde se producen las proteínas.

Los científicos creían que al inyectarnos el ADN del virus, nuestras células podrían absorberlo y, una vez dentro de ellas, transformarlo en ARN para que luego se pudiera producir la proteína en ese microorganismo, lo que iniciaría la reacción inmune.

Pero las pruebas realizadas hasta ahora mostraron que las vacunas de ADN no producen una respuesta inmune lo suficientemente fuerte en humanos.

“No sabemos exactamente por qué”, dice Pardi.

Otra alternativa es usar ARN directamente. El problema es que esta molécula es capaz de generarnos una inflamación muy fuerte que nos puede matar.

También es mucho más inestable que el ADN y se descompone fácilmente en nuestro cuerpo.

“Tenemos en nosotros, en todas partes, enzimas que atacan al ARN. Si se inyecta sin estar protegido, se destruye rápidamente”, describe Jorge Kalil, director del Laboratorio de Inmunología del Instituto del Corazón (Incor).

Pero en los últimos 15 años, los científicos encontraron una forma de envolver esta molécula para evitar que se descomponga y llegue a la célula. También lograron reducir el potencial inflamatorio del ARN.

“La expectativa es que, en algún momento a partir de ahora, cuando dominemos esta tecnología, muchas vacunas en el futuro serán de este tipo“, asegura Kalil.

¿Cómo son las vacunas contra la covid-19?

La pandemia ha creado algunas condiciones que probablemente acelerarán este proceso.

Covid-19 es una enfermedad nueva, muy contagiosa y mortal, para la que aún no existe una vacuna. Crear una es urgente.

Hacerlo suele costar decenas o cientos de millones de dólares, pero ahora los gobiernos y las organizaciones están invirtiendo mucho dinero.

Y cuando una vacuna esté lista, los países de todo el mundo estarán interesados en comprarla.

Frascos de vacuna covid-19.

Reuters
Se están desarrollando más de 170 pruebas de vacunas de covid-19

“La mayor dificultad para hacer una vacuna es el dinero, porque la técnica es relativamente sencilla”, dice la inmunóloga Cristina Bonorino.

“Ya existen vacunas de ARN patentadas, pero no se han comercializado. La pregunta es: ¿tiene mercado? Ahora hay mercado y una necesidad insatisfecha”, describe.

Según la Organización Mundial de la Salud, hay 40 vacunas genéticas entre las 187 que se están desarrollando contra la covid-19. Diez ya se están probando en humanos y las dos mencionadas anteriormente se encuentran en la última etapa de esta parte de la investigación.

El estudio de la vacuna de Moderna involucra a 30.000 participantes en Estados Unidos.

La investigación de Pfizer/BioNTech/Fosun también cuenta con 30.000 voluntarios en EE.UU. y otros países, incluido Brasil.

En ambos casos, las empresas ya estaban desarrollando vacunas de ARN para combatir otros virus.

En el caso de Moderna, se trataba del Nipah, un virus que transmiten los murciélagos y puede causar problemas respiratorios e inflamación en el cerebro potencialmente mortales.

Pfizer y BioNTech estaban creando una vacuna de ARN contra la influenza, que causa la gripe.

https://www.youtube.com/watch?v=sVc_VPSn_FI

El objetivo es hacer que nuestras células produzcan la proteína del coronavirus conocida como espícula, que tiene una gran capacidad para generar una respuesta del sistema inmunológico.

“Creo que estas vacunas tienen potencial. Los resultados publicados muestran que inducen la producción de una gran cantidad de anticuerpos que neutralizan el virus. La prueba final será ver si esta protección es duradera”, dice el inmunólogo Jorge Kalil.

El estudio de Pfizer durará dos años, pero la compañía espera tener los primeros resultados para presentarlos a las agencias reguladoras a fines de octubre y principios de noviembre.

El momento nos obliga a actuar con rapidez, seguridad y calidad. Nuestro papel es presentar datos robustos a las autoridades”, afirma Márjori Dulcine.

“Ellos son los que nos dirán si son suficientes”, concluye.


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