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En 2018, el IMSS gastó 1.5 mdp en la renta de una camioneta de lujo blindada para su director

El contrato fue con una empresa favorecida por el gobierno de Peña Nieto para rentar vehículos.
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3 de enero, 2019
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En 2018, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) gastó 1 millón 560 mil pesos en el arrendamiento de una camioneta todo terreno 4×4, totalmente equipada, con capacidad para 7 personas y dotada además de uno de los blindajes más altos del mercado, la cual destinó para los traslados de su entonces director General, Tuffic Miguel Ortega, al trabajo.

El costo fue tres veces mayor al que la misma empresa que rentó la camioneta, Casanova Vallejo SA de CV, ofrece en su página por un vehículo idéntico, pero sin el referido blindaje.

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Para conseguir este vehículo el IMSS adjudicó a principios de 2018 un contrato tras un proceso de invitación restringida a la compañía Casanova Vallejo SA de CV, la empresa que en los últimos años –  y particularmente en el sexenio de Enrique Peña Nieto – ha sido la más favorecida en materia de renta de vehículos para el gobierno.

De acuerdo con datos de Compranet, dicha compañía ha obtenido en contratos con el gobierno más de 13 mil millones de pesos. El 75% de esos recursos fue adjudicado de forma directa, sin procesos de licitación abierta ni competencia.

La camioneta que usó el director del IMSS en 2018 ya fue devuelta a Casanova Vallejo por la nueva administración que encabeza Germán Martínez, tras considerar que no se justificaba su gasto ni utilización dentro del instituto, y que existen otras prioridades de inversión dentro del mismo IMSS.

Lee: Aunque ya había sido denunciada, IMSS volvió a dar un contrato a una empresa involucrada en una red de simulación

Este medio buscó a través de sus redes sociales y de su vocero a Tuffic Miguel Ortega con la finalidad de conocer su posición sobre la renta de esta camioneta así como el motivo por el cual era necesario blindarla. Hasta la fecha de publicación de esta nota no se ha recibido respuesta,

Todoterreno blindada… y con asistencia exprés

Animal Político tiene una copia del contrato número S7M1091 con el cual el IMSS adjudicó a Casanova Vallejo SA de CV el denominado “servicio integral de arrendamiento de transporte terrestre de vehículo blindado”. También se tuvo acceso a los anexos técnicos y financieros del mismo.

El contrato es por un monto de 1 millón 344 mil 827 pesos, que si se le agrega el IVA, asciende a 1 millón 560 mil pesos. La vigencia del mismo era del 1 de enero al 31 de diciembre de 2018 con posibilidad de renovarse para el siguiente año.

En el anexo técnico del contrato se establece que el vehículo requerido por el IMSS es una camioneta tipo “SUV”, como se le denomina a los vehículos utilitarios de carácter deportivo y todo terreno, con capacidad para 7 pasajeros, motor de alta potencia de seis cilindros, y blindaje de nivel “V”. Se pedía que dicha camioneta fuera modelo 2016 en adelante, y tuviera un recorrido menor a 25 mil kilómetros.

De acuerdo con dicho anexo el objetivo de este vehículo es contar con “un instrumento que permita salvaguardar la vida, la integridad y la seguridad del Director General del IMSS durante el desempeño de sus funciones”.

El sitio especializado blindajes.com.mx explica que un blindaje nivel “V” o 5 ha sido utilizado exitosamente en sitios de alto conflicto como Irak y Afganistán. Su capacidad de resistencia es adecuada para resistir el fuego de armas de poder considerable cono los rifles de asalto automáticos. Se detalla que se utiliza en México ante el riesgo de un ataque coordinado del crimen organizado.

Para atender los requerimientos del IMSS Casanova Vallejo SA de CV propuso una camioneta de la marca Chevrolet modelo Tahoe LTZ de tracción 4 x 4, la cual fue aceptada por el Instituto.

En el contrato no se establece que la empresa deba hacerse cargo del combustible del vehículo de seis cilindros,  por lo que el mismo no está incluido.

Lo que sí se establece como parte del contrato es la obligación de la empresa de otorgar el mantenimiento operativo y correctivo completo al vehículo, así como la revisión y cambio de neumáticos las veces que sea necesario. En el anexo se establece que cuando la camioneta ingrese al taller para cambio de llantas o verificación, el vehículo debe estar listo en un plazo máximo de 8 horas.

Lee: Dos bebés quedan ciegos por errores en diagnóstico en hospitales del IMSS: CNDH emite recomendaciones

Se establece como condición que cuando la camioneta presente la misma descompostura o falla en más de dos ocasiones esta deberá sustituirse por uno nuevo.

Además de eso y otros beneficios de cobertura, se definió como requisito que la empresa cuente con un “call center” que funcione a nivel nacional las 24 horas del día. Ello para atender cualquier solicitud de servicio o auxilio vial el cual debe ser proporcionado en el terreno en un plazo máximo de dos horas a partir de que se solicite telefónicamente.

Sobrecosto tras blindaje

De acuerdo con la página de la empresa Casanova Rent, propietaria del vehículo, el costo actual de la renta de una camioneta Tahoe es de 36 mil pesos mensuales que, al año, serían 432 mil pesos en total.

Dicha cantidad equivale apenas de la tercera parte de lo que en realidad pagó el IMSS a la misma compañía: 112 mil 68 pesos mensuales, que ascienden a 1 millón 344 mil pesos anuales (sin iva).

Este costo mayor puede obedecer, según se aprecia en los documentos a los que se tuvo acceso, al blindaje con el que además se tuvo que equipar al vehículo a petición del IMSS y que incluye protecciones en toda la carrocería y en aditamentos clave como la bomba de combustible.

Experimentados… y consentidos del gobierno

La empresa a la que el IMSS arrendó la camioneta es Casanova Vallejo SA de CV, cuyo nombre comercial es “Casanova Rent”, propiedad de los hermanos Carlos y Joaquín Echenique Casanova. Se trata de una compañía constituida hace más de 25 años y que según su página web señala que cuenta con seis sucursales en el Valle de México y con cobertura en todo el país.

Las empresas de los hermanos Echenique Casanova han sido ampliamente favorecidas con contratos gubernamentales en los últimos años.

Datos de Compranet – revisados por Animal Político a través de la página Contratobook – arrojan que el grupo es dueño de las empresas Casanova Vallejo SA de CV, Casanova Rent Volks SA de CV, y Casanova Rent SA de CV que en conjunto han recibido 13 mil 63 millones de pesos provenientes de contrataciones gubernamentales que se pagan con el erario público.

La empresa más favorecida es Casanova Vallejo SA de CV a la que se han adjudicado 344 contratos por un monto de 10 mil 689 millones de pesos. El 95% de ese monto fue adjudicado de 2013 en adelante, es decir, durante el sexenio del presidente Peña Nieto.

Los datos también muestran que solo 2 mil 373 millones de pesos ganados por Casanova Vallejo a través de un proceso de licitación pública, es decir en competencia abierta con otras empresas. En cambio obtuvo 8 mil 30 millones de pesos – el 75.1% del total – a través de adjudicaciones directas del gobierno federal.

Lo anterior significa que, en promedio, Casanova Vallejo ha ganado 3 de cada 4 pesos a través de adjudicaciones sin competencia.

En total son 48 las dependencias, instituciones y órganos federales los que han otorgado contratos a Casanova Vallejo todos ellos por rentas de vehículos con distintos fines. Destaca por los montos la Comisión Federal de Electricidad (CFE) con contratos por 3 mil 627 millones de pesos; el ISSSTE con 1 mil 165 millones de pesos; la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) con 1 mil 71 millones de pesos; la Secretaría de Comunicaciones y Transportes con 561.9 millones y el IMSS con 559. Millones.

Entre la larga lista de dependencias que han contratado a la mencionada empresa también figuran la Presidencia de la República; la SEDATU, Conagua, el hoy desaparecido CISEN, el Instituto Nacional de Migración, Caminos y Puentes Federales, la coordinación del programa PROSPERA, entre otros.

En su momento ya hubo señalamientos y hasta denuncias por estos contratos.  En 2015 el Partido Acción Nacional denunció ante la PGR que en el contrato que la CFE había adjudicado a Casanova por más de 3 mil 600 millones se habían violado distintas disposiciones de la Ley de Adquisiciones. Hasta el día de hoy no se conoce una resolución sobre esta averiguación.

En cuanto a las otras dos empresas del grupo, la información de Compranet arroja que Casanova Rent Volks SA de CV ha obtenido 1 mil 826 millones de pesos producto de la firma de 29 contratos con 8 dependencias federales y un gobierno estatal, y Casanova Rent SA de CV ganó 547 millones producto de 27 contratos con seis dependencias federales.

Martínez regresa la camioneta

Unos días antes de que concluyera la vigencia del contrato de arrendamiento la nueva administración del IMSS encabezada por Germán Martínez regresó a Casanova Vallejo la camioneta. Animal Político tiene copia del oficio de recepción del vehículo firmado por el representante legal de la compañía y el representante del IMSS fechado el 27 de diciembre.

De acuerdo con la nueva administración del IMSS, la razón por la cual se devolvió dicha camioneta es porque se consideró excesivo e innecesario el costo que se pagaba para trasladar al director en un vehículo de esas características, y con los requerimientos de mantenimiento que conllevaba.

Se adelantó además que no se erogaran recursos para arrendar nuevamente vehículos blindados ni de características similares.

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Ensayos clínicos remunerados: alquilan su cuerpo a la ciencia para subsistir en Estados Unidos

La industria farmacéutica estadounidense realiza miles de estudios clínicos remunerados cada año con el fin de obtener aprobación para sus medicamentos.
27 de julio, 2019
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¿Cómo buscar la cura para el cáncer o el sida si no hay personas dispuestas a someterse a tratamientos experimentales? Y ¿quiénes son estos voluntarios? ¿Qué los motiva a hacerlo? ¿A qué se exponen realmente?

Cada año se realizan en Estados Unidos miles de estudios clínicos remunerados.

Hay un gran número de voluntarios dispuestos a participar en estos experimentos. Algunos son migrantes y personas de bajos ingresos que buscan la manera de pagar gastos básicos como vivienda, alimentación y transporte.

Las grandes compañías farmacéuticas de EE.UU. —las conocidas como Big Pharma— no pueden poner a la venta sus productos si su eficacia y seguridad no han sido probadas antes en humanos. También tienen que contar con luz verde por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA, por sus siglas en inglés).

Gracias a estos estudios se logran importantes avances en el tratamiento de todo tipo de enfermedades, salvando la vida de millones de personas en todo el mundo.

Pero estas investigaciones con humanos también comportan riesgos, aunque no todos estos “conejillos de Indias” se exponen a los mismos.

Voluntario.

Getty Images
“L.” se inscribió en su primer estudio en 2013, cuando perdió su empleo como periodista independiente y no tenía suficiente dinero para pagar la renta (foto ilustrativa).

Mientras los estudios de primera fase pueden potencialmente ser más peligrosos —ya que sus voluntarios son los primeros humanos en probar esos fármacos o tratamientos—, los de fase dos, tres y cuatro no suelen implicar más que algunos efectos secundarios como náuseas, pérdida del cabello, erupciones cutáneas o visión borrosa.

En cualquier caso, antes de participar en un ensayo de este tipo, se recomienda consultar con un profesional médico.

Este es el testimonio de un ciudadano cubano de 49 años al que llamaremos “L.”, y que emigró a Miami (EE.UU.) en 2013.

Ese mismo año, debido a las serias dificultades económicas que atravesaba, se inscribió como voluntario en su primer estudio.

Desde entonces ha recorrido medio país, de una clínica a otra, participando en todo tipo de estudios clínicos a cambio de dinero.


Esta es mi filosofía: no le tengo mucho miedo a la muerte, ni mucho apego a la vida.

Si me pasa algo por una cosa que fue voluntaria, pues al carajo: me jodí.

Quizás cuando esté muriéndome en la cama me lamente de haber puesto mi salud en riesgo por ganar US$6.000 en 15 días. Pero ¿dónde tú ganas tanto dinero en tan poco tiempo en Miami?

El primer estudio clínico que hice fue por una situación de emergencia. Vivía solo, en un cuartico de 4×4 dentro de una casa tráiler. Trabajaba como periodista para una publicación digital que quebró.

Me quedaban US$250 en el bolsillo y no tenía con qué pagar la renta.

Una amiga cubana llevaba alrededor de seis años haciéndose estudios clínicos remunerados. Se ganaba la vida así porque no le gustaba trabajar para los gringos. “Los gringos son unos explotadores”, me decía.

Píldoras.

Getty Images
Las clínicas suelen pagar a los voluntarios un promedio de US$350 por cada día de ingreso.

Mi amiga no tenía casa. Vivía de hospital en hospital, sometiéndose a un estudio prácticamente todos los meses. Por ejemplo, si el estudio duraba 20 días, vivía allí ese tiempo y cuando salía se quedaba los diez días restantes del mes en la casa de algún familiar.

Le pagaban muy bien. A veces, me decía, podía ganar US$6.000 por solo 15 días de internamiento. Yo me la pasaba criticándola. Me reía de ella. Le decía que era una rata de laboratorio.

Pero como suele pasar en la vida, hay momentos en que te viene un golpetazo para arriba y dices: ¿de dónde saco dinero?

Yo me acordé de mi amiga y la llamé. Me dio la dirección de una clínica en Miramar (Florida, EE.UU.).

La pastilla “no hace nada”

Allí hice mi primer estudio, en 2013. Eran 180 personas, casi todos inmigrantes cubanos acabados de llegar a EE.UU. Ni un solo estadounidense.

Yo mismo acababa de emigrar al sur de la Florida. Había salido de Cuba a España, y de España a Canadá, donde crucé la frontera.

El estudio pagaba US$2.800 a cada voluntario por diez días de ingreso.

Unos días antes me había presentado en la clínica con mi identificación y número de seguro social. Me registraron en la base de datos y me dijeron que me iban a contactar.

A los dos o tres días me llamaron. El estudio se trataba de una tableta oral que estaban por sacar al mercado. La mujer al teléfono me dijo que la pastilla “no hacía nada”.

A los nuevos les dicen siempre esto. Generalmente nunca te advierten que el medicamento puede ser malo.

A lo sumo te hablan de efectos secundarios como picazón, diarrea, náuseas o dolor de cabeza. Cuando vas por primera vez no les importa, porque no te conocen.

Sangre.

Getty Images
Luego de que el voluntario es sometido al medicamento, durante las primeras horas se le extrae sangre con una frecuencia regulada para evaluar su impacto en el organismo.

Pero cuando has ido varias veces a la misma clínica y entras en confianza con ellos, muchas veces te aconsejan que no te sometas a algún medicamento en específico si ha habido personas que han sufrido vómitos o desmayos en las fases anteriores.

Ingresé en la clínica unos días antes de que comenzara el estudio. Allí te explican cuántas extracciones de sangre te harán en total y se cercioran de que no hayas usado drogas o alcohol antes de ingresar.

El día que te dan a tomar la tableta por primera vez se conoce como PK. Ahí es cuando más sangre te sacan.

Te pueden pinchar cada 15 minutos durante las primeras cuatro o seis horas, para ver el impacto del medicamento en tu organismo.

Como no te permiten salir del hospital, lo que los voluntarios hacen en el tiempo libre es mirar la televisión o jugar dominó o ajedrez. Otros hacen chistes, hablan mierda, comparten sus historias.

No se permite tener sexo y las mujeres duermen separadas de los hombres. Tampoco puedes comer más del desayuno, el almuerzo y la cena que te dan.

Si te sorprenden haciendo algo de eso, te sacan de la clínica y no te pagan.

Ganar dinero

Cuando acabó el estudio me dieron el cheque y me fui. Sentí un alivio… pero no porque se había terminado, sino porque tenía dinero.

También estaba contento de que no me había pasado nada. Lo único que tenía era algunos moretones en los antebrazos.

Eso fue lo más doloroso, además del hecho de haber tenido que vender mi sangre para subsistir.

Me fui a mi casa y pagué la renta. Mi habitación costaba unos US$500 al mes. Compré comida y el dinero restante me daba para varios meses de alquiler.

Cuando se lo conté a mi amiga, se puso alegre. Yo también lo estaba. Siempre le he agradecido por haberme dado la “luz”, porque en esta ciudad muchas veces es difícil encontrar la manera de ganar dinero.

En ese primer estudio conocí al “Nica”. Le decían así porque era de Nicaragua. Yo me burlaba de él por las cicatrices que tenía en los antebrazos, por haber estado tantos años pinchándose.

Donante.

Getty Images
Durante todo 2014 y parte de 2015, L. sobrevivió en Miami solamente con los ingresos que obtenía en estudios clínicos remunerados.

Él me decía: “Búrlate, que si sigues en esto las tendrás un día también”. Efectivamente (dice mientras muestra las marcas en forma de puntos en sus antebrazos).

El Nica me dijo que en pocos días iban a necesitar voluntarios para otro estudio en Daytona.

Pagaban US$6.390 por 18 días.

Cuando uno se mete en esto, a los 15 días de haber salido de uno ya empiezas a buscar el próximo.

En febrero de 2014 hice el segundo.

Era una pastilla también. Ese estudio estuvo tan bueno que el Nica, que había estado en esto por más de 15 años, decía que era el mejor que se había hecho.

El primer día nos dieron la pastilla a la ocho de la mañana y entre este momento y las diez de la noche solo nos sacaron sangre cuatro veces. El resto de los días fue solo una extracción diaria.

El Nica era buena gente, pero estaba feo con cojones. Le gustaban las jovencitas y andaba con una foto de una muchachita de 18 años. Decía que estaba enamorada de él y que se iban a casar.

Yo le decía: “Nica, eso es porque tienes billetes”.

Por cinco años estuve haciéndome estudios, a razón de seis o siete al año. Durante 2014 y la mitad de 2015 me sostuve solo con lo que ganaba en las clínicas.

He estado en Florida, Arizona, Texas, Illinois, Wisconsin. He atravesado EE.UU. por carretera para internarme en las clínicas.

En 2015 empecé con mi mujer y me mude a un apartamento con ella.

Persona sin hogar.

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Miami ha sido votada como una de las peores ciudades para vivir en EE.UU. por el alto costo de la vida y los bajos salarios.

Mi esposa y mucha gente me decían que los estudios clínicos eran un riesgo para la salud, que no había que llegar a eso, que yo tenía el talento para sobrevivir con otra cosa. Que era preferible estar ganando US$8.46 la hora.

En Miami hay gente que gana buen dinero, pero hay muchos otros que trabajan por el salario mínimo y no hacen ni US$2.000 al mes.

La gente que trabaja por el salario mínimo en una ciudad como esta tiene que hacer más de 40 horas a la semana para poder vivir. En parte, por eso me ha costado trabajo adaptarme aquí.

Si tú llegas a este país con 14 o 15 años, tienes una vida por delante. Pero yo llegué con más de 40.

En ese momento lo que quieres es apurar las cosas. Encontrar el momento, el lugar, la persona a la que demostrarle que tú tienes el conocimiento para hacer algo. Uno necesita avanzar a otro ritmo.

En todos los lugares por los que he pasado mis jefes se han dado cuenta de que yo trabajo cantidad, que me expreso bien, que soy educado. Pero no he visto una prosperidad.

Por eso pienso que los estudios son una buena ayuda económica y los de fase tres o cuatro, que son los que yo he hecho, no son tan peligrosos como se cree. Aunque mi esposa conoce el caso de un señor que perdió un ojo.

También se necesitan personas que ayuden a la ciencia a probar las medicinas nuevas. Yo me siento útil en ese sentido, pero lo que más me ha motivado es el dinero.

18 días de diarreas

Cada vez que yo regresaba de una clínica, mi esposa me decía que venía un poco alterado. Según ella, me duraba dos o tres días, aunque yo no me lo notaba.

A la amiga que me introdujo a los ensayos el novio la dejó porque, según él, la piel le olía a medicamentos todo el tiempo. A químicos. Ella llevaba muchos años haciéndose prácticamente un estudio mensual.

Emergencia médica.

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Antes de comenzar un estudio clínico, los voluntarios deben firmar un formulario de consentimiento que, entre otros puntos, les advierte los efectos adversos de las medicinas a las que serán sometidos.

Recuerdo la vez que se sometió a uno que la dejó con catarro y coriza (irritación nasal) por varios meses. Se asustó tanto que paró por un tiempo.

Yo nunca he estado en un estudio en el que le haya pasado algo malo a alguien. Sí he tenido amigos que se han desmayado y han tenido que abandonar el estudio. Si te desmayas o vomitas la pastilla, te sacan. Nada más te pagan la noche que estuviste ingresado y te jodiste.

Para cualquier contingencia, siempre hay un médico o un enfermero cerca.

Eso sí, en 2017 participé en un estudio en Dallas, Texas, que pagaba US$7.000 por 23 días de ingreso. De esos 23, estuve al menos 18 con diarreas.

No fue un estudio malo, porque solo me sacaban sangre dos veces al día. Pero tuve muchas diarreas y regresé a mi casa muy flaco.

Nunca he tenido miedo de los efectos a largo plazo que me puedan causar los medicamentos a los que me he sometido, pero sí he rechazado dos estudios.

El primero no lo hice porque la medicina no se había probado en humanos antes y cuando la probaron en ratas había causado palpitaciones e inflamación en el hígado. También pagaban muy poco. Unos US$4.950 por 20 días. Eso no conviene.

El otro lo rechacé porque sacaban demasiada sangre. No pagaban mal, pero era demasiado.

Cuando te sacan mucha sangre, la hemoglobina te baja mucho y así no te admiten en ninguna clínica.

El año pasado me lo pasé casi entero con la hemoglobina baja. Cada vez que me hacían los exámenes médicos para ingresar a un estudio, la tenía en unos 12,8.

Para que te acepten en una clínica, esos valores tienen que estar por encima de los 13 como promedio. Algunas personas recuperan la hemoglobina rápidamente. Otras no. Yo me recupero muy lento.

Por eso, muchas veces he tenido que reforzar mi dieta (comer mucha carne de res, huevo, espinaca, brócoli) para así poder entrar al próximo estudio.

Metas

Al principio, con cada estudio tenía un objetivo. Eran pequeñas metas.

Primero comprarme el carro, luego una computadora nueva. Después hacer un viaje a Orlando con mi esposa. Ir a México. A Costa Rica. A España.

Al final nunca fuimos a muchos de esos lugares. El carro sí me lo compré.

Es incorrecto pensar que todo el que se hace estudios clínicos es pobre.

Doctores.

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Cada año se realizan miles de estudios clínicos remunerados en EE.UU.

Hay muchos que lo hacen por necesidad, evidentemente. Una vez me encontré un muchacho que estaba estudiando para hacerse neurólogo, y así era como estaba pagando su carrera.

Pero otros lo que quieren es costear lujos. Yo he visto personas aparecerse en las clínicas en Mercedes-Benz y llenos de cadenas de oro.

A mí lo que me gusta hacer con el dinero que me gano en las clínicas es comer en los restaurantes. También aprovecho para ahorrar, pensando en lo que pueda venir.

Ya tengo 49 años y cuando pasas de los 55 quedan muy pocos estudios en los que te admiten. Las edades para las que más hay están en el rango de los 18 a los 45.

La persona que quiera vivir de esto tiene un tiempo limitado.


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