Jóvenes centran sus esperanzas en programa de AMLO; quieren ganar dinero y también experiencia
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Antonio Cruz/Newsweek México

Jóvenes centran sus esperanzas en programa de AMLO; quieren ganar dinero y también experiencia

Rechazados de las universidades públicas, madres solteras, hijos del barrio, chavos y chicas que no consiguen trabajo son quienes le apuestan a la promesa del gobierno federal de recibir una opción de “futuro”. Empero, especialistas piden que la atención no solo sea en el empleo, de lo contrario, el programa quedará incompleto.
Antonio Cruz/Newsweek México
Por Andrea Vega y Ana Ávila/Newsweek México
27 de enero, 2019
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AQUÍ NO EXISTÍAN CALLES. Las familias se asentaban irregularmente y empezaban a construir cuartos, sobre todo después del temblor de 1985. Hasta el primer lustro de los años 2000 se pavimentó la colonia San Rafael Chamapa, en Naucalpan, Estado de México. Por ello, la orografía de las calles es muy irregular. Subidas y bajadas muy empinadas, calles sin banqueta, sin nombre ni señalización. A cinco minutos de distancia caminando de la casa de Jesús Saucedo, el Chuy, hay una vivienda acordonada con cinta amarilla. Era una casa de seguridad de secuestradores.

Al Chuy le cuesta hablar. Está seguro de que va a equivocarse. Se corrige y se retracta. Tiene escarchitas de sudor en la comisura de la boca. Es uno de los integrantes más nuevos en la agrupación de música urbana Hermanos de Escritura, que han conformado diez jóvenes, todos de la colonia Valle Dorado, de San Rafael Chamapa. Este es su terruño, “el barrio”.

Lee: Apuesta gobierno de México por capacitar a jóvenes para bajar la violencia

El Chuy, de 20 años, pero con el aspecto de un chico de 15, habita aquí solo en un cuartito que renta. Su madre, trabajadora del hogar, solo lo visita unas horas el domingo. A su papá no lo conoció. Sus amigos, sus compañeros de música, son su familia. Por años anduvo de un lado a otro, rentando o de arrimado. Solo pudo estudiar hasta la secundaria. Ha trabajado en obra, como plomero, como electricista. Ahora pinta casas y está “limpio”.

“Cuando llegué aquí a Valle yo me moneaba. Pero no era como luego dicen, porque pinche drogadicto ya no quiso estudiar y le gustó más la fiesta. No, pues qué pasó. Yo llegué aquí a Naucalpan solo y tenía frío. Nada más era eso. Andaba buscando un hogar”.

El Chuy y sus compañeros de Hermanos de Escritura forman parte de la población que busca atender el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, el cual se ha convertido en el estandarte del gobierno federal para el que se destinaron 44,300 millones de pesos del presupuesto federal.

Newsweek México entrevistó a una veintena de personas jóvenes que se han inscrito en el programa para conocer quiénes son, cuáles son sus aspiraciones y de dónde vienen. También habló con empresas y especialistas en juventudes para poder comprender, por parte de las primeras, los alcances del programa y, por parte de las segundas, cómo ven a las juventudes que han invertido sus carreras profesionales en ellos.

El programa busca beneficiar a 2 millones 300,000 jóvenes durante el sexenio. Fue creado para que personas jóvenes que no estudian y carecen de un trabajo puedan capacitarse en una empresa hasta por un año. Su sueldo será de 3,600 pesos mensuales y será pagado por el gobierno federal. Mientras estén en el programa, tendrán Seguro Social.

Las empresas que se han apuntado al programa, como Colgate, Bimbo, Kimberly Clark, Phillip Morris y el laboratorio AstraZeneca, tienen que presentar un plan de trabajo para los jóvenes.

Lee: AMLO pide a empresarios moralizar a jóvenes inscritos en su programa de becas

La Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) podrá revisar cómo se está ejecutando el programa en cualquier momento y los jóvenes también tendrán una función de contralores sociales ante la empresa. Después de un año de entrenamiento, quienes hayan concluido el programa recibirán un certificado. Si la empresa necesita que se cubra ese puesto y el joven lo desempeña bien, podrá ser contratado.

Gustavo de Hoyos, presidente de Coparmex, dice que ha habido un amplio proceso de diálogo con el gobierno y confía en que habrá un proceso de maduración del programa. Sin embargo, comenta, hay algunos elementos en los que no coinciden. Uno es el poco tiempo que dio el gobierno federal para revisar los lineamientos. La ley, explica, establece 15 días para que los interesados o involucrados en el proyecto o política pública den su retroalimentación ante la Comisión de Mejora Regulatoria, pero acá fueron dos o tres días, asegura.

También, agrega, hay puntos del diseño institucional que no comparten. “Nos hubiera gustado que el censo fuera a partir del Inegi porque nos hubiera gustado que se usara institución del Estado para tener mejores procesos y más transparentes”.

El Chuy conoció a Limberth Jareth Cabrera, el Negro, también en Valle Dorado, San Rafael Chamapa. Coincidieron en el gusto por el rap y el hiphop. Después conoció a Eduardo Gutiérrez, Sock, y a los demás integrantes de Hermanos de Escritura.

Eduardo o Sock, a sus 18 años, tiene todas las horas del día ocupadas. En la mañana estudia en el Conalep Plantel 1 Naucalpan. En la tarde trabaja en la empresa SPEM, Servicio de Personal del Estado de México. Ahí se encarga de llamar por teléfono a quienes podrían ser beneficiarios del Programa Jóvenes Construyendo el Futuro. Les cuenta qué es, les pide sus datos y los invita a inscribirse.

Él ya forma parte del programa desde hace mes y medio. Bajo esa figura entró en esta empresa con un doble rol: ser beneficiario de Jóvenes Construyendo el Futuro y también promotor. Le pagan los 3,600 pesos y también capacitación. Eduardo cuenta que hay otros 50 chavos como él en SPEM, con el mismo doble rol.

Eduardo ya le platicó del programa a sus compañeros de grupo, hasta los llevó a que atestiguaran el arranque del programa en Tlalnepantla. El Negro dice que nada más está esperando cumplir 18 años, eso será en mayo, para ver si se inscribe. Él quiere seguir en la música y ayudar a los demás chavos de Valle Dorado, Naucalpan, para que encuentren en el rap y el hiphop un medio para gritarle al micrófono lo que sienten, lo que no le pueden decir a otra persona.

“Estamos en un barrio donde es más fácil ser un adicto que un graduado en algo o un universitario”, dice el Negro.

La casa del Negro la conocen como la Ovni House porque ahí es donde tienen su estudio de grabación HDE Ovni Records (se compone de una silla, una mesa y una computadora dentro de su recámara, la cual comparte con una de sus hermanas). “Yo aquí acepto a todo el que quiera rapear para que encuentren en la música un gancho que los jale de las drogas y la violencia”.

El Negro aprendió solo a manejar los programas de la computadora para producir música. Y a eso está dedicado por ahora, pero no percibe ningún ingreso.

LOS GRUPOS CULTURALES

Grupos como el de Hermanos de Escritura tienen el perfil preciso que busca Jovany Avilés para su Escuela de Cultura Urbana, en donde encauza, y convierte en proyectos sustentables, colectivos de juventudes en riesgo.

Jovany Avilés es un sociólogo con 20 años de experiencia en juventudes, y su organización, Victoria Emergente, ha sido financiada bajo el programa Juntos para la Prevención de la Violencia de USAID, agencia del gobierno de Estados Unidos para el desarrollo internacional.

Jovany considera que el programa Jóvenes Construyendo el Futuro es positivo porque nadie había considerado en sus programas o políticas públicas a las personas de entre los 18 y 29 años. Además, al atacar el desempleo también se combate la violencia que genera la pobreza. Aunque, recalca, para atender verdaderamente la violencia, se deben cuidar el resto de los factores que la generan.

Al reflexionar a profundidad sobre el programa del Ejecutivo federal, Jovany afirma que es seguir reproduciendo un estereotipo de las juventudes, pues se maneja que su condición de pobreza y vulnerabilidad los lleva a la violencia. Se refuerza el binomio juventud-violencia.

La intención es buena. Sin embargo, abunda, es un modelo paternalista porque supone que las juventudes necesitan una guía, un maestro —en este caso, capacitador.

Las juventudes, asegura, siempre están haciendo algo. Tienen múltiples habilidades para resolver problemas, ganarse la vida, sortear los conflictos en casa y en la calle, se pueden encauzar, dirigir y enfocar en lo que les interesa, dice Jovany. Por ejemplo, él y los integrantes de su organización han convertido en microempresarios a malabaristas, raperos, tatuadoras.

Lee: Los puntos clave del programa de apoyo a jóvenes de AMLO que les dará capacitación y becas

PROBLEMAS MULTIFACTORIALES

En opinión de Jovany, para que Jóvenes Construyendo el Futuro funcione deberían atenderse los factores que ponen en riesgo a las juventudes.

Los chicos que viven en San Rafael Chamapa han normalizado situaciones de violencia y consumo de drogas porque es lo que sucede día con día en su entorno. Cuando su colonia sale en las noticias es, siempre, por una situación de este tipo. Basta con hacer una búsqueda sencilla en Google.

Jimena Cándano, directora de la organización Reintegra, posee un modelo de atención a jóvenes que han entrado en conflicto con la ley; su proyecto tiene una tasa de éxito de 96 por ciento.

La evidencia de su éxito está en la atención integral. Cuando llega un joven —casi todos varones— a su organización se le hace un diagnóstico. “Estamos convencidos de que se tiene que trabajar de forma integral: el consumo de sustancias, núcleo familiar violento, deserción, son factores, pero hay muchos otros que se deben atender, no nos podemos quedar cojos, se hace trabajo individualizado e integral”, asegura Jimena.

Luego del diagnóstico, se proyecta con ellos un plan de vida, explica. “Cuando le preguntas a los jóvenes: ¿qué quieres ser cuando seas grande?, te ven con cara de: yo no tengo esa opción. Dicen: yo tengo que vender piratería, vender en el puesto de mi tía, mi destino está en el giro familiar. Por ejemplo, en la Guerrero no hay prepa para el que ya acabó secundaria, pues ya llegó más lejos de lo que llegaron sus papás”.

Jimena dice que cuando se traza el plan de vida, se establecen los pasos que deben seguir para lograrlo y se les acompaña en el proceso; puede ser volver a la escuela, terapias individuales, grupales, etcétera. Un factor para que su plan de trabajo funcione, asegura, es que las personas jóvenes tengan a alguien que las acompañe en el proceso. No necesariamente tiene que ser familiar, puede ser un amigo o amiga, agrega.

Por ejemplo, el Negro cuenta con el apoyo de su familia. Sin embargo, su papá no quiso darle estudios más allá de la secundaria, “porque no creyó que fuera a aprovecharlos”, dice Alejandra, su mamá.

El muchacho manifiesta que sí le gustaría formar parte del programa de jóvenes en el que ya está Eduardo para “salir adelante y poder sacar adelante a los demás chavos del barrio que tienen algún talento, pero no tienen apoyo para demostrarlo”. A él le gustaría capacitase en alguna empresa de producción musical. Solo está esperando cumplir los 18 años.

A diferencia del Chuy y el Negro, para Eduardo la música es solo una parte de sus actividades. Él quiere terminar la preparatoria, pero necesita trabajar para costear sus gastos.

LA ESCUELA O GANARSE LA VIDA

Adolfo Madrigal, de 19 años, vive en Tlalnepantla, Estado de México. Ya se registró en la plataforma de Jóvenes Construyendo el Futuro. Aún no elige centro de trabajo donde capacitarse y solo ha visto la lista de las áreas de interés que hay como oferta, entre las que recuerda: administración, gastronomía, servicios agropecuarios, electricidad, informática, industrial y de servicios y ventas.

Se enteró del programa por redes sociales y va a elegir administración. Quiere capacitarse y ganar experiencia para entrar en una universidad privada a estudiar mercadotecnia, pues a una pública no puede ingresar. Cuando estaba en cuarto semestre de bachillerato tuvo que salirse de la escuela y ponerse a trabajar. Sus papás ya no podían apoyarlo con los gastos.

Después acreditó el bachillerato con la modalidad de examen único, pero obtuvo 6.8 de calificación. Eso se toma como promedio y no le alcanza para poder ingresar en una escuela pública. “Si quiero ir a la universidad tiene que ser a una privada”.

Antes de enterarse del programa estuvo casi un año buscando trabajo, en call centers, en ventas, en un banco, pero no consiguió. “Te piden experiencia y yo no tengo. Solo he trabajado en un café internet y en un Oxxo, y pues no me contratan. A ver si con la experiencia que agarre en la capacitación del programa de Jóvenes ya me contratan y puedo pagarme la universidad”.

Aunque el programa de Jóvenes Construyendo el Futuro tiene espacio para todas las personas de entre 18 y 29 años que no estudien ni trabajen, quienes tienen mayor oportunidad de incorporarse a una empresa son los muchachos, como Adolfo o Lalo, con preparatoria o universidad terminada o con carrera trunca.

En el laboratorio farmacéutico AstraZeneca, por ejemplo, este primer año esperan recibir a nueve jóvenes. “Estamos abiertos para ir incluyendo a más, pero por ahora estamos ya preparados para recibir a ese número”, dice Silvia Varela, directora general en México de esta empresa.

Guillermo Macorra, gerente de recursos humanos y de operaciones del laboratorio farmacéutico, y quien está liderando en su empresa el proyecto para capacitar a los chavos, cuenta que aún no tienen fecha para que lleguen a la compañía.

Explica que en AstraZeneca los becarios estarán tanto en la planta en Guadalajara, con perfiles tecnológicos de analistas juniors de sistemas, como en la parte operativa, en Lomas Verdes, Naucalpan, donde recibirán dos becarios para desarrollarlos como auxiliares de planta, y en la parte comercial, en la que capacitarán a auxiliares administrativos.

Macorra asegura que la Secretaría del Trabajo y Previsión Social ha estado a cargo y al pendiente. “Nos han dado la guía y el soporte desde el registro, aunque la plataforma es bastante amigable; después, en el conocimiento del programa, también en cómo participa el sector privado, y el acompañamiento en la parte administrativa de las certificaciones que nos ofrecen para los jóvenes a través de Conacyt o Conocer, que es el centro de certificación laboral”.

El líder del proyecto afirma que no solo se enfocarán en la capacitación per se, sino que cuidarán también desarrollar la parte socioemocional de los jóvenes. AstraZeneca va a trabajar las áreas sociales y emocionales a través de su proceso de inducción a la empresa, a su filosofía de valores y ética. Macorra dice que “una vez que los chicos estén en la compañía, buscarán un acercamiento más humano para conocerlos a ellos y su contexto y ver cómo apoyarlos”.

El objetivo final del programa, cuenta, es que los jóvenes salgan certificados en al menos dos competencias laborales y con un buen desarrollo socioemocional. Aunque la STPS considerará solo la certificación al final del año de capacitación, AstraZeneca hará una evaluación de los becarios cada tres meses, además de las que harán cada mes los mentores, que en el caso de este laboratorio será uno de sus exempleados, recién jubilado. “La idea es incorporar a más jubilados, hasta emparejarlos con cada uno de los becarios”, comenta Silvia Varela.

Lee la nota completa en Newsweek México

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Un Chernóbil en cámara lenta en el fondo del mar: los submarinos que Rusia se prepara para recuperar

Debajo de algunos de los sitios de pesca más activos del mundo, los submarinos radioactivos de la era soviética yacen desintegrados en el fondo marino. Décadas más tarde, Rusia se prepara para recuperarlos.
5 de septiembre, 2020
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Por tradición, los rusos siempre llevan un número impar de flores a una persona viva y un número par a una tumba o monumento.

Pero cada dos días, Raisa Lappa, de 83 años, coloca tres rosas o gladiolos junto a la placa a su hijo Sergei en su ciudad natal, Rubtsovsk, como si no se hubiera hundido con su submarino durante una desafortunada operación de remolque en el océano Ártico en 2003.

“Tengo momentos en los que no soy normal, me vuelvo loca y pareciera que él está vivo, así que traigo un número impar“, dice.

“Deberían reflotar el bote (el submarino), para que las madres podamos poner los restos de nuestros hijos (a reposar) en la tierra, y eso tal vez podría darme un poco más de paz”, agrega.

Después de 17 años de promesas incumplidas, finalmente podrá ver su deseo hecho realidad, pero no porque los huesos del capitán Sergei Lappa y los otros seis miembros de la tripulación preocupen.

Con un borrador de decreto publicado en marzo, el presidente ruso Vladimir Putin puso en marcha una iniciativa para reflotar dos submarinos nucleares soviéticos del fondo limoso, reduciendo la cantidad de material radiactivo en el océano Ártico en un 90%.

El primero en la lista es el K-159 de Lappa.

Antes de que a Rusia le toque presidir el Consejo Ártico el próximo año, el mensaje que llega parece ser que el país no solo es una potencia comercial y militar en un Ártico que se calienta, sino que también es un protector del medio ambiente.

Familiares de las personas que fallecieron en la tragedia del submarino de Kursk se reúnen para un evento conmemorativo.

Getty Images
Después de 17 años, Vladimir Putin puso en marcha una iniciativa para reflotar dos submarinos nucleares soviéticos.

El K-159 se encuentra en las profundidades marinas a las afueras de Murmansk en el Mar de Barents, la zona de pesca de bacalao más lucrativa del mundo y también un hábitat importante de eglefino, cangrejo real rojo, morsas, ballenas, osos polares y muchos otros animales.

Al mismo tiempo, Rusia lidera otra “nuclearificación” del Ártico con nuevos barcos y armas, dos de los cuales ya sufrieron accidentes.

Legado en decadencia

Durante la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética construyeron más de 400 submarinos de propulsión nuclear, lo que daba a los adversarios una forma de tomar represalias incluso si sus silos de misiles y bombarderos estratégicos habían sido eliminados en un primer ataque repentino.

A solo 97 km de la frontera con Noruega, miembro de la OTAN, el puerto ártico de Murmansk y las bases militares circundantes se convirtieron en el centro de la armada nuclear y de los rompehielos de la URSS, así como de su combustible altamente radiactivo derramado.

Después de que cayó el Telón de Acero, las consecuencias salieron a la luz.

Pueblo pesquero en el Ártico.

Getty Images
En el Mar de Barents, como en otros sitios del Ártico, la actividad pesquera es muy activa. Sin embargo, están muy cerca de los submarinos nucleares en descomposición en el lecho marino.

Por ejemplo, en 1982, en la bahía de Andreyeva, unas 600.000 toneladas de agua tóxica se filtraron en el mar de Barents desde una piscina de almacenamiento nuclear. El combustible derramado de más de 100 submarinos se mantuvo en parte en recipientes oxidados a cielo abierto.

Por temor a la contaminación, Rusia y varios países occidentales se embarcaron en una limpieza profunda, gastando casi US$1.300 millones para desmantelar 197 submarinos nucleares soviéticos, deshacerse de las baterías con el metal estroncio de unas 1.000 balizas de navegación y empezar a retirar combustible y desechos de la Bahía de Andreyeva y de otros tres sitios costeros peligrosos.

Sin embargo, como en otros países, los desechos nucleares soviéticos también se arrojaron al mar, y ahora el foco se trasladó allí.

Un estudio de viabilidad de 2019, realizado por un consorcio que incluye a la firma británica de seguridad nuclear Nuvia, encontró 18.000 objetos radiactivos en el océano Ártico, entre ellos 19 buques y 14 reactores.

Si bien la radiación emitida por la mayoría de estos objetos es baja gracias a la acumulación de sedimento, el estudio encontró que 1.000 todavía tienen niveles elevados de radiación gamma.

El 90% de esto está contenido en seis objetos que la corporación nuclear estatal rusa Rosatom sacará del agua en los próximos 12 años, según le dijo Anatoly Grigoriev, jefe de asistencia técnica internacional de Rosatom, a Future Planet de la BBC.

"Contienen una gran cantidad de combustible nuclear gastado que en el futuro seguramente se filtrará al medio ambiente".", Source: Ingar Amundsen, Source description: Jefe de seguridad nuclear internacional de la Autoridad Noruega de Seguridad Radiológica y Nuclear, Image: Vista aérea del Monasterio Solovetsky.

Se trata de dos submarinos nucleares y compartimentos de reactores de otros tres submarinos nucleares y el rompehielos Lenin.

“Consideramos que incluso la probabilidad extremadamente baja de que se produzcan fugas de material radiactivo de estos objetos representa un riesgo inaceptable para los ecosistemas del Ártico”, dijo Grigoriev en un comunicado.

Nunca se ha llevado a cabo una limpieza nuclear tan radical en el mar.

La recuperación de los compartimentos del reactor implicará trabajos de salvataje en aguas gélidas que son seguras para tales operaciones sólo tres o cuatro meses al año.

Los dos submarinos nucleares, que en conjunto contienen un millón de curios de radiación, o aproximadamente una cuarta parte de la liberada en el primer mes del desastre de Fukushima, plantearán un desafío aún mayor.

Uno de ellos es el K-27, alguna vez conocido como el “pez dorado” por su alto costo.

El submarino de ataque de 360 pies de largo (118 metros) -un submarino diseñado para cazar otros submarinos- estuvo plagado de problemas desde su lanzamiento en 1962 con sus reactores experimentales refrigerados por metal líquido.

Uno de ellos se rompió seis años después y expuso a nueve marineros a dosis fatales de radiación.

Submarino soviético.

Getty Images
Algunos submarinos soviéticos, como el K-159, similar a este submarino de la clase November, se están pudriendo en el fondo del mar.

En 1981 y 1982, la marina llenó el reactor con asfalto y lo hundió al este de la isla Novaya Zemlya a apenas 108 pies (33 m) de profundidad.

Un remolcador tuvo que embestir la proa después de que un agujero en los tanques solo hundiera el extremo de popa.

El K-27 se hundió después de que se instalaron algunas medidas de seguridad que deberían mantener el naufragio a salvo hasta 2032.

Pero otro incidente es más alarmante.

El K-159, un submarino de ataque de la clase November de 350 pies (107 m), estuvo en servicio desde 1963 hasta 1989.

Se hundió sin previo aviso, enviando 800 kg de combustible de uranio al fondo marino, justo por debajo de la actividad pesquera y de rutas marítimas al norte de Murmansk.

Thomas Nilsen, editor del medio en línea The Barents Observer, describe los submarinos como un “Chernóbil en cámara lenta en el fondo del mar”.

"Para todos los familiares sería un alivio si sus padres y maridos fueran enterrados, y no que solo estén en el fondo de un casco de acero".", Source: Dmitry Gurov, Source description: , Image: Un militar asiste a un evento conmemorativo.

Ingar Amundsen, jefe de seguridad nuclear internacional de la Autoridad Noruega de Seguridad Radiológica y Nuclear, dice que no es una cuestión de si ocurrirá o no, sino de cuándo sucederá que los submarinos hundidos contaminen las aguas si se dejan como están.

“Contienen una gran cantidad de combustible nuclear gastado que en el futuro seguramente se filtrará al medio ambiente, y sabemos por experiencia que solo pequeñas cantidades de contaminación en el medio ambiente generarían problemas y consecuencias económicas para los productos marinos y la industria pesquera”, analiza.

“Agosto maldito”

Sergei Lappa nació en 1962 en Rubtsovsk, una pequeña ciudad en las montañas de Altai cerca de la frontera con Kazajstán.

Aunque estaba a miles de kilómetros del océano más cercano, cultivó un interés por la navegación y después de la escuela fue aceptado en la academia superior de ingeniería naval en Sebastopol, en Crimea.

Alto, atlético y buen estudiante, fue asignado al servicio más prestigioso de la marina: la Flota Submarina del Norte.

Submarino K-159

Nucelar-Submarine-Decommissioning.ru
La operación de remolque del K-159 se vio afectada por el mal tiempo y el submarino terminó hundido.

Sin embargo, tras la desintegración de la Unión Soviética, el ejército entró en un declive que se reveló al mundo cuando el submarino de ataque de primera línea Kursk se hundió con 118 tripulantes a bordo en agosto de 2000.

Para entonces, Lappa estaba a cargo del K-159, que se había estado oxidando desde 1989 en un muelle en la aislada ciudad naval de Gremikha, apodada la “isla de los perros voladores” por sus fuertes vientos.

En la mañana del 29 de agosto de 2003, llegó la demorada orden de remolcar el decrépito K-159, que había sido amarrado a cuatro pontones de 11 toneladas con cables para mantenerlo a flote durante la operación.

El destino era una base cerca de Murmansk para su desmantelamiento, a pesar de que había pronóstico de viento.

Con los reactores apagados, Lappa y su tripulación de nueve ingenieros operaban el barco con una linterna.

Cuando el submarino fue remolcado cerca de la isla de Kildin a la medianoche, los cables de los pontones de proa se rompieron en un mar embravecido y media hora después se descubrió que el agua entraba en el octavo compartimento.

Pero mientras el cuartel general luchaba con la decisión de lanzar un costoso helicóptero de rescate, la tripulación siguió tratando de mantener el submarino a flote.

A las 2:45 de la madrugada, Mikhail Gurov envió una última transmisión de radio: “¡Nos estamos inundando, hagan algo!”

Para cuando llegaron los botes de rescate del remolcador, el K-159 estaba en el fondo cerca de la isla Kildin.

De los tres marineros que lograron salir, el único superviviente fue el teniente mayor Maxim Tsibulsky, cuya chaqueta de cuero se había llenado de aire y lo había mantenido a flote.

Map: Mar de Barents

Otro submarino nuclear se había hundido durante el mes “maldito” de agosto, escribieron los periódicos rusos, pero el incidente provocó poca atención en comparación con el Kursk.

La marina prometió a sus familiares que reflotarían el K-159 el año siguiente, pero luego retrasó repetidamente el proyecto.

Incluso después de 17 años de búsqueda y corrosión, es probable que al menos los huesos de la tripulación permanezcan en el submarino, según Lynne Bell, antropóloga forense de la Universidad Simon Fraser, de Canadá.

Pero las familias hace tiempo que han perdido la esperanza de recuperarlos.

“Para todos los familiares sería un alivio si sus padres y maridos fueran enterrados, y no que solo estén en el fondo de un casco de acero”, dice el hijo de Gurov, Dimitri.

“Solo que nadie cree que esto suceda”.

Lyudmila Zibulskaya, la madre del teniente Maxim Zybylski, el único sobreviviente del K-159.

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Los familiares de quienes iban a bordo del K-159 recibieron pocas respuestas sobre cómo y cuándo se podría reflotar el submarino.

Sin embargo, la situación ahora ha cambiado, ya que el interés de Rusia se reaviva en el Ártico y en sus desmoronados puertos y ciudades militares soviéticas.

Desde 2013, se han construido siete bases militares árticas y dos terminales petroleras como parte de la Ruta del Mar del Norte, una ruta más corta a China que Putin ha prometido que tendrá 80 millones de toneladas de tráfico para 2025.

El K-159 se encuentra debajo del agua en la parte este del final de la ruta.

Minimizar el riesgo

Rusia, Noruega y otros países cuyos barcos de pesca surcan las ricas aguas del mar de Barents ahora se han encontrado con la espada de Damocles colgando sobre sus cabezas.

Aunque una expedición ruso-noruega de 2014 al K-159 analizó el agua, el fondo marino y animales, como un ciempiés marino, y no encontró radiactividad por encima de los niveles naturales.

Un experto del Instituto Kurchatov de Moscú dijo en ese momento que una falla en la contención del reactor “podría suceder 30 años después de hundirse en el mejor de los casos; y después de 10 años en el peor”. Eso liberaría cesio-137 y estroncio-90 radiactivos, entre otros isótopos.

Si bien el gran tamaño de los océanos diluye rápidamente la radiación, incluso niveles muy pequeños pueden concentrarse en los animales en la parte superior de la cadena alimentaria a través de la “bioacumulación” y luego ser ingeridos por los humanos.

Pero las consecuencias económicas para la industria pesquera del Mar de Barents, “quizás sean peores que las consecuencias medioambientales”, dice Hilde Elise Heldal, científica del Instituto de Investigación Marina de Noruega.

Submarinos rusos siendo remolcados.

Getty Images
No hay barco en el mundo capaz de levantar el K-159, por lo que se tendría que construir un buque de salvataje especial.

Según sus estudios, si todo el material radiactivo de los reactores del K-159 se liberara, aumentaría los niveles de cesio-137 en los músculos del bacalao en el este del Mar de Barents al menos 100 veces. (Al igual que una fuga del Komsomolets, otro submarino soviético hundido cerca de Noruega que no está programado para ser reflotado).

Aún estaría por debajo de los límites establecidos por el gobierno noruego después del accidente de Chernóbil, pero podría ser suficiente para asustar a los consumidores.

Más de 20 países continúan prohibiendo los productos del mar japoneses, por ejemplo, a pesar de que los estudios no han logrado encontrar concentraciones peligrosas de isótopos radiactivos en los peces depredadores del Pacífico después del accidente de la planta de energía nuclear de Fukushima en 2011.

Cualquier prohibición de la pesca en los mares de Barents y Kara podría costarle a las economías rusa y noruega unos US$140 millones al mes, según un estudio de viabilidad de la Comisión Europea.

Submarino soviético en descomposición.

Getty Images
El desmantelamiento de los submarinos nucleares de la era soviética ha sido lento, mientras que el ritmo de construcción de nuevos buques nucleares se acelera.

Pero, por otro lado, un accidente mientras se eleva el submarino podría sacudir repentinamente el reactor, mezclando potencialmente elementos combustibles y comenzando una reacción en cadena descontrolada y una explosión.

Eso podría aumentar los niveles de radiación en los peces 1.000 veces más de lo normal o, si ocurriera en la superficie, irradiar a los animales terrestres y humanos, dice otro estudio noruego.

Noruega se vería obligada a detener las ventas de productos del Ártico, como pescado y carne de reno, durante un año o más.

El estudio estimó que se podría liberar más radiación que en el incidente de la bahía de Chazhma en 1985, cuando una reacción en cadena descontrolada durante el reabastecimiento de combustible de un submarino soviético cerca de Vladivostok mató a 10 marineros.

Amundsen argumenta que el riesgo con el K-159 o K-27 es bajo y podría minimizarse con una planificación adecuada, como lo fue durante la remoción de combustible gastado de alto riesgo de la bahía Andreyev.

“En ese caso, no dejamos el problema para que lo resuelvan las generaciones futuras, generaciones en las que el conocimiento sobre el manejo de estos residuos heredados puede ser muy limitado”, dice.

Sin embargo, la seguridad y la transparencia de la industria nuclear rusa a menudo han sido cuestionadas, más recientemente cuando las autoridades holandesas concluyeron que el yodo radiactivo 131 detectado en el norte de Europa en junio se originó en el oeste de Rusia.

Barco carga un submarino.

Nucelar-Submarine-Decommissioning.ru
El costo de reflotar submarinos hundidos con material radioactivo puede ser de cientos de millones de dólares.

La instalación de reprocesamiento de Mayak que recibió el combustible gastado de la bahía de Andreyev en tren tiene una historia problemática que se remonta al peor desastre nuclear del mundo en 1957.

Rosatom continúa negando los hallazgos de expertos internacionales de que la instalación fue la fuente de una nube radiactiva de rutenio-106 registrado en Europa en 2017.

Si bien es necesario rescatar el K-159 y el K-27, Rashid Alimov de Greenpeace Rusia, tiene sus reservas.

“Nos preocupa el seguimiento de este trabajo, la participación pública y el transporte (de combustible gastado) a Mayak”, dice.

Misión personalizada

Levantar un submarino es una extraña hazaña de ingeniería.

Estados Unidos gastó US$800 millones en un intento de levantar otro submarino soviético, un K-129 con motor diesel que transportaba varios misiles nucleares, desde 16.400 pies (5.000 m) de profundidad en el océano Pacífico, bajo la apariencia de una operación minera en un lecho marino.

Al final, solo lograron traer un tercio del submarino a la superficie, dejando a la CIA con poca información útil.

Ese fue el reflote más profundo de la historia. El más pesado fue el Kursk.

Cementerio en San Petersburgo, Rusia, donde descansan los restos de los marinos que murieron en el accidente del submarino Kursk.

Getty Images
El 20 de agosto de 2020 se cumplieron 20 años del accidente del submarino nuclear Kursk.

Para elevar el último submarino de misiles de 17.000 toneladas desde 350 pies (108 m) de profundidad en el mar de Barents, las empresas holandesas Mammoet y Smit International instalaron 26 grúas elevadoras hidráulicamente en una barcaza gigante y abrieron 26 agujeros en el casco de acero recubierto de goma del submarino operado por buzos.

El 8 de octubre de 2001, apresurándose a vencer la temporada de tormentas invernales después de cuatro meses de trabajo estresante y retrasos, las pinzas de acero instaladas en los 26 pozos levantaron el Kursk del lecho marino en 14 horas, tras lo cual la barcaza fue remolcada a un dique seco en Murmansk.

Con menos de 5.000 toneladas, el K-159 es más pequeño que el Kursk, pero incluso antes de hundirse su casco exterior era “tan débil como el papel de aluminio”, según Bellona.

Desde entonces se ha incrustado en 17 años de sedimentos. Un agujero en la proa parecería descartar poder bombearlo con aire y levantarlo con globos, como se ha sugerido anteriormente.

En una conferencia de donantes del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo en diciembre, un representante de Rosatom dijo que no había ningún barco en el mundo capaz de levantarlo, por lo que se tendría que construir un barco de salvataje especial.

Eso aumentará el costo estimado de unos US$330 millones para levantar los seis objetos más radiactivos.

Los donantes están discutiendo la solicitud de Rusia para ayudar a financiar el proyecto, dijo Balthasar Lindauer, director de seguridad nuclear del BERD.

“Hay consenso en que hay que hacer algo allí”, dice.

Soldados conmemorando los 20 años del hundimiento del submarino Kursk.

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En el hundimiento del submarino nuclear Kursk murieron 118 personas.

Cualquier buque construido a medida probablemente necesitaría un grupo de tecnologías especializadas, como propulsores de proa y popa, para mantenerlo posicionado con precisión sobre el naufragio.

Pero en agosto, Grigoriev le dijo a un sitio web financiado por Rosatom que un plan que la compañía estaba considerando involucraría un par de barcazas equipadas con grúas de cable hidráulico y aseguradas a amarres en aguas profundas.

En lugar de pinzas de acero como las que se insertan en los agujeros del Kursk, unas pinzas curvas gigantes agarrarían todo el casco y lo levantarían entre las barcazas.

Una barcaza parcialmente sumergible se colocaría debajo, luego se llevaría a la superficie junto con el submarino y finalmente se remolcaría a puerto.

Tanto el K-27 como el K-159 podrían recuperarse de esta manera, dijo.

Una de las tres empresas de ingeniería que trabajan en propuestas para Rosatom es la oficina de diseño militar Malachite, que redactó un proyecto para elevar el K-159 en 2007 que “nunca se realizó por falta de dinero“, según su diseñador principal.

Este año, la oficina comenzó a actualizar este plan, dijo un empleado a la BBC en el vestíbulo de la sede de Malachite en San Petersburgo. Sin embargo, quedan muchas preguntas.

“¿En qué estado está el casco? ¿Cuánta fuerza puede soportar? ¿Cuánto sedimento se ha acumulado? Necesitamos examinar las condiciones allí”, dice el empleado, antes de que llegue el jefe de seguridad para interrumpir nuestra conversación.

Paradoja nuclear

La operación de reflote de los seis objetos radiactivos encaja con una imagen de Putin diseñada como un defensor del frágil entorno ártico.

En 2017, inspeccionó los resultados de una operación para retirar 42.000 toneladas de chatarra del archipiélago de Franz Josef Land como parte de una “limpieza general del Ártico”.

Ha hablado sobre la preservación del medio ambiente en una conferencia anual para las naciones árticas.

Y el mismo día de marzo de 2020 en el que emitió su proyecto sobre los objetos hundidos, firmó una política ártica que enumera “proteger el medio ambiente ártico y las tierras nativas y los medios de vida tradicionales de los pueblos indígenas” como uno de los seis intereses nacionales en la región.

Submarino ruso.

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Al menos ocho submarinos nucleares más se agregarán a la Flota del Norte, mientras que los restos de la flota nuclear soviética yacen en el lecho marino.

“Para Putin, el Ártico es parte de su legado histórico. Debe estar bien protegido, brindar beneficios reales y ser limpio”, dijo Dimitry Trenin, director del centro de estudios Carnegie Center de Moscú.

Sin embargo, mientras busca un Ártico “limpio”, el Kremlin también respalda el desarrollo de gas y petróleo en el Ártico, que representa la mayor parte del transporte marítimo en la Ruta del Mar del Norte.

La estatal Gazprom construyó uno de los dos grupos de petróleo y gas en crecimiento en la península de Yamal, y este año el gobierno redujo los impuestos sobre los nuevos proyectos de gas natural licuado en el Ártico al 0% para aprovechar algunos de los billones de dólares de combustibles fósiles y riqueza mineral en la región.

E incluso mientras Putin limpia el legado nuclear soviético en el lejano norte, está construyendo su propio legado nuclear.

Una marcha constante de nuevos rompehielos nucleares y, en 2019, la única central nuclear flotante del mundo han vuelto a convertir al Ártico en el mayor sitio acuático nuclear del planeta.

Mientras tanto, la Flota del Norte está construyendo al menos ocho submarinos y tiene planes de fabricar varios más, así como ocho destructores de misiles y un portaaviones, todos ellos de propulsión nuclear.

También ha estado probando un dron submarino de propulsión nuclear y un misil de crucero.

En total, podría haber hasta 114 reactores nucleares en funcionamiento en el Ártico para 2035, casi el doble que en la actualidad, según un estudio de Barents Observer de 2019.

Este crecimiento no ha pasado sin incidentes.

Buques en el Mar de Barents.

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Para 2035, podría haber hasta 114 reactores nucleares en el Ártico, informó el Observador de Barents, entre ellos la planta de energía flotante Akademik Lomonosov.

En julio de 2019, un incendio en un sumergible nuclear de aguas profundas cerca de Murmansk casi provocó una “catástrofe de escala mundial”, según los informes, dijo un oficial en el funeral de los 14 marineros muertos.

El mes siguiente, un “sistema de propulsión reactiva de combustible líquido” explotó durante una prueba en una plataforma flotante en el Mar Blanco, matando a dos personas y aumentando brevemente los niveles de radiación en la cercana ciudad de Severodvinsk.

“Los esfuerzos conjuntos de la comunidad internacional, incluidos Noruega y Rusia después de la desintegración de la Unión Soviética, utilizando el dinero de los contribuyentes para limpiar los desechos nucleares, fue una buena inversión en nuestros sitios de pesca”, dice Nilsen de The Barents Observer.

“Pero hoy en día hay cada vez más políticos en Noruega y Europa que piensan que es una gran paradoja que la comunidad internacional esté brindando ayuda para asegurar el legado de la Guerra Fría mientras parece que Rusia está dando prioridad a la construcción de una nueva Guerra Fría”, opina.

Mientras la agencia civil Rosatom tenga la tarea de limpiar, el ejército ruso tiene pocos incentivos para frenar esta ola de armas nucleares, señala Nilsen.

“¿Quién va a pagar por la limpieza de esos reactores cuando ya no estén en uso?” pregunta.

“Ese es el desafío con la Rusia actual, que los militares no tienen que pensar qué hacer con el muy, muy costoso desmantelamiento de todo esto”, advierte.

Por lo tanto, si bien la limpieza nuclear que se avecina será la más grande de su tipo en la historia, puede resultar solo un preludio de lo que se necesita para hacer frente a la próxima ola de energía nuclear en el Ártico.

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