Amigo y operador: el Licenciado detalla en juicio cómo fue su relación con el Chapo
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Amigo y operador: el Licenciado detalla en juicio cómo fue su relación con el Chapo

Dámaso López Núñez relató cómo se daban sobornos a funcionarios del gobierno mexicano para que les informaran de operaciones en curso contra el Cártel de Sinaloa. Espera que su testimonio le libre de la cadena perpetua a la que fue sentenciado.
Cuartoscuro
Por Laura Bonilla / AFP
22 de enero, 2019
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Le llamaban el Licenciado y era el subdirector de la prisión federal de máxima seguridad Puente Grande en Jalisco, donde el capo del narcotráfico mexicano Joaquín “Chapo” Guzmán pasó ocho años tras su primer arresto en Guatemala en 1993.

El Mini Lic, hijo de Dámaso López, líder del Cártel de Sinaloa, se entrega a autoridades de EU

Dámaso López Núñez, también conocido como el Licenciado, conoció al célebre exjefe del cartel de Sinaloa en la cárcel en 1999, y le ayudó a conseguir nuevos zapatos, ropa, un teléfono celular y a recibir visitas clandestinas de su esposa Griselda.


A cambio, el Chapo le pagó una vez 10 mil dólares, le ayudó a pagar los gastos médicos cuando uno de sus hijos tuvo un accidente y le compró una casa de un millón y medio de pesos.

Dámaso López renunció a su puesto cuando el gobierno empezó a investigar la corrupción en el penal. Pero tras la increíble primera fuga del Chapo en un carrito de ropa sucia en 2001 -ayudado por otro empleado a cargo de la lavandería- el Licenciado comenzó a trabajar para el capo, de quien se declaró “muy cercano” hasta este 22 de enero, cuando lo traicionó en su juicio por narcotráfico en la corte de Brooklyn.

Testigo asegura que el Chapo entregó 100 mdd en sobornos a Peña Nieto

La fiscalía ha hecho desfilar desde el inicio del juicio el 5 de noviembre a más de una decena de exsocios y empleados del capo, e inclusive a una examante, con la estrategia de abrumar al jurado con pruebas de que el acusado traficó más de 155 toneladas de cocaína y otras drogas a Estados Unidos a lo largo de un cuarto de siglo.

Si es hallado culpable, puede pasar el resto de su vida en prisión.

El gobierno estima que terminará de presentar toda su evidencia y testigos entre el 24 y 28 de enero, tras lo cual toca el turno a la defensa. El juicio podría llegar a su fin hacia mediados de febrero, según fuentes judiciales.

Por aire, mar y tierra

Cargamentos de seis toneladas de cocaína en submarinos desde Colombia, avionetas ligeras cargadas de estupefacientes, transporte de droga desde Honduras hasta Sinaloa por tierra, compra de químicos para cortar el “perico”…

El Licenciado ató cabos sueltos de otros testimonios y relató a detalle lo que vio e hizo en sus años de trabajo para el Chapo, incluido cómo sobornaba a funcionarios mexicanos en su nombre, cómo se representaba frente a proveedores colombianos y coordinaba para embarques de cocaína y heroína a Nueva York y Canadá.

Arrestado en mayo de 2017 en Ciudad de México, acusado de narcotráfico y extraditado a Estados Unidos, el Licenciado, de 52 años, espera que su testimonio le libre de la cadena perpetua a la que fue sentenciado.

El acusado, de 61 años, y su actual esposa Emma Coronel, de 29, que ha asistido al juicio casi a diario, escucharon serios y atentos el testimonio del padrino de una de sus pequeñas hijas mellizas, ambos vestidos con chaquetas de terciopelo carmesí haciendo juego.

Primero, contó el Licenciado al jurado, su trabajo consistió en comprar ranchos y casas para el Chapo.

Luego empezó a sobornar en su nombre a funcionarios del gobierno mexicano para que les informaran de operaciones en curso contra el Cártel de Sinaloa.

Cártel de Sinaloa pagó millones en sobornos a EPN y FCH, dice abogado del Chapo; Calderón y el gobierno lo niegan

Tenía dos contactos en el gobierno, que con el dinero del Chapo pagaban a la Procuraduría General de la República, al ejército, a la policía federal o policía de carreteras.

“Javi pagaba a los contactos más de 100 mil dólares por mes (…) Roberto me comentó que pagaba más de 1.5 millones de dólares por mes”, dijo el Licenciado en la corte en referencia a dos de sus contactos.

La Fiscalía mostró asimismo al jurado algunos mensajes de texto entre el acusado y el testigo, parte de los más de un millón de mensajes de texto interceptados al Chapo y su entorno por las autoridades estadounidenses.

López explicó que en uno de ellos, el Chapo ordena matar a un policía a pedido de una alcaldesa de La Paz, posible candidata a gobernadora por el PRI. “Si es la favorita (en las elecciones) hay que hacerle el favor”, escribió el Chapo, que pide usar una pistola y no un rifle para que el crimen no parezca tan violento.

López también contó que el Chapo ordenó matar al capo rival Rodolfo Carrillo Fuentes el 11 de septiembre de 2004 porque éste no lo respetaba y también a su primo Juan Guzmán Rocha (“Juancho” o “Virgo”).

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El gas usado para "desinfectar" a mexicanos en EU que sirvió como ejemplo a la Alemania nazi

Durante décadas, trabajadores mexicanos que cruzaban a Estados Unidos fueron inspeccionados y fumigados con pesticidas para prevenir enfermedades infecciosas. Décadas después, cientos describieron la experiencia como humillante y vergonzosa.
4 de septiembre, 2021
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En 1956, los braceros eran fumigados con DDT como parte del proceso de entrada a Estados Unidos.

CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU

Muchos no sabían qué les estaban rociando, pero era tan extendido su uso que le apodaron “el polvo”.

La fotografía que abre esta nota es especialmente destacada por historiadores en Estados Unidos y algunos describen la escena capturada como “un momento atroz”.

En ella un funcionario enmascarado fumiga la cara de un joven mexicano desnudo con el pesticida DDT en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas, mientras que otros esperan en fila detrás mientras sujetan sus pertenencias.

La tomó el neoyorquino Leonard Nadel en 1956 mientras documentaba el programa Bracero, bajo el que al menos 4 millones de mexicanos migraron temporalmente a Estados Unidos para trabajar entre 1942 y 1964.

El esquema fue inicialmente establecido para compensar la ausencia de trabajadores estadounidenses debido al reclutamiento militar durante la Segunda Guerra Mundial.

Un trabajador se registra en el programa Bracero.

Getty Images
Millones de mexicanos campesinos y obreros participaron en el programa Bracero en Estados Unidos.

El DDT se empleó hasta mediados de los 60 en los inmigrantes para prevenir la propagación de malaria y tifus y su uso fue posteriormente prohibido en EE.UU. en 1972.

Hoy en día está clasificado por el gobierno de ese país y autoridades internacionales como un “probable carcinógeno humano”.

Pero este no fue el único pesticida empleado para “desinfectar” a inmigrantes mexicanos en la frontera entre México y EE.UU. por décadas.

Años antes de la implementación del programa Bracero, otro insecticida fue utilizado en centros de recepción de visitantes y pasaría a servir como ejemplo a funcionarios del nazismo en Alemania.

Zyklon B

David Dorado Romo, historiador y cronista de El Paso y Ciudad Juárez, dio con un artículo en una revista científica alemana de 1937 que lo dejó atónito.

El escrito incluía dos fotografías de “cámaras de despiojado” en El Paso, Texas.

Su autor, el químico alemán Gerhard Peters, destacaba las imágenes para ilustrar “la efectividad del Zyklon B (un pesticida a base de cianuro) como un agente para matar plagas indeseables”, escribe Romo en su libro Ringside Seat to a Revolution (“Asiento en primera fila a una revolución”).

“Peters se convirtió en el director de operaciones de Degesch, una de las dos firmas que adquirió la patente del Zyklon B en 1940 para producirlo masivamente”, describe.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis utilizaron el gas en dosis concentradas para matar a millones de judíos.

Un funcionario fronterizo estadounidense les habla a un grupo de refugiados mexicanos en el Puente Internacional de El Paso, en Texas. Año 1916.

Getty Images
Las inspecciones y requerimientos en la frontera entre EE.UU. y México en El Paso se endurecieron a partir de 1916.

Aunque en El Paso no se utilizó para el mismo fin, ya se estaba empleando desde 1929 por funcionarios fronterizos para fumigar la ropa y los zapatos de inmigrantes mexicanos en el Puente Internacional Santa Fe, que conecta esa ciudad con Ciudad Juárez.

Las inspecciones habían iniciado formalmente en 1917, amplía el historiador, cuando las autoridades estadounidenses empezaron a imponer restricciones sobre los cruces fronterizos en sectores como El Paso.

El alcalde de la ciudad en esa época, Tom Lea, se refería a los mexicanos como “sucios piojosos indigentes” que “sin duda, van a traer y propagar el tifus”.

Pero entre 1915 y 1917, menos de 10 residentes de El Paso habían muerto del tifus epidémico, recogió Romo en su libro.

Aún así, los mexicanos considerados de “segunda clase” eran sometidos a exhaustivos chequeos que incluían duchas con agua caliente y revisiones de los migrantes desnudos. A los que le encontraban piojos, “les rapaban la cabeza y les afeitaban todo el cuerpo”, señala Romo a BBC Mundo.

Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Tan solo en 1917, al menos 120.000 personas fueron examinadas en el centro de El Paso.

Romo y otros historiadores hablan de un contexto en el que las ideas eugenésicas cobraban fuerza y se manifestaban a través de nociones discriminatorias y racistas.

“No hay que comparar peras con manzanas, pero el Holocausto no fue un hecho aislado y la frontera entre EE.UU. y México sirvió como un centro de experimentación importante de esas ideas”, advierte Romo.

“¿Sabe qué es la vergüenza?”

Cuando inicia el programa Bracero en 1942 ya estaba extendido el uso de diferentes químicos como el kerosén en centros de inspección fronterizos.

Aunque el gobierno de EE.UU. alabó a los mexicanos que se enlistaban como “soldados de la producción” y de la tierra en ese tiempo, con los años surgieron cientos de testimonios de trabajadores que señalaron sus experiencias como vergonzosas y humillantes.

La historiadora Mireya Loza recuerda en conversación con BBC Mundo que la imagen del trabajador rociado con DDT en la cara era la que más afectaba a los antiguos participantes del programa con los que habló.

“Muchos decían que sentían los efectos del DDT en los ojos, que tenían reacciones alérgicas en la piel y entendieron que no era un tratamiento humano”, dice la profesora de la Universidad de Georgetown.

Un grupo de trabajadores del programa Bracero alzan los brazos y están alineados contra la pared mientras son inspeccionados en una habitación del Centro de Procesamiento en Monterrey, México.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores eran inspeccionados a ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. Aquí, en un centro de procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

La académica inició su investigación entrevistando a decenas de braceros para un proyecto llamado Bracero History Archive (Archivo Histórico de los Braceros), impulsado por el Museo Nacional de Historia estadounidense Smithsonian.

“Muchos de estos trabajadores dijeron haber sentido algo feo porque era la primera vez que eran desnudados públicamente y frente a varias personas. Para ellos era un shock tremendo estar ahí y que los doctores les hicieran abrir las pompis, la boca; todo revisaban”, describe.

Los trabajadores eran generalmente inspeccionados en sedes administradas por Estados Unidos dentro de México y en ciudades fronterizas como Hidalgo, en Texas.

Además de las fumigaciones, los vacunaban contra la viruela, les hacían exámenes de sangre y de rayos X y les revisaban las manos en busca de callos que demostraran que tenían experiencia en el campo.

Un bracero es vacunado mientras otros esperan en la fila en el Centro de Procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores también eran vacunados contra la viruela.
Un funcionario de gobierno revisa las manos de un aspirante al programa Bracero.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Era común que las manos de los trabajadores fueran revisadas en busca de callos como prueba de que ya trabajaban la tierra.

José Silva, un campesino oriundo de Michoacán que empezó a trabajar desde los 6 años, describió en 2005 con cierto enfado la experiencia que vivió mientras fue bracero durante una entrevista disponible en el Archivo Bracero:

“Por una parte sí fue un buen programa (…) No tuve problema, me ayudé económicamente. Lo que no me gustaba era que nos fumigaron. Sentí vergüenza. ¿Sabe qué es la vergüenza? Todos formados así, sin ropa, y salíamos así caminando y allá en la puerta estaba el hombre con el fumigador. Muy mal. No éramos animales, éramos cristianos, ¿por qué nos fumigaban?“.

Víctor Martínez Alemán, originario de Tlaquiltenango, en Morelos, se enlistó en el programa en 1956 y trabajó en California:

“Nos pasaron, encuerados, delante de todas las muchachas, ya no más nos tapábamos acá pero encuerados para pasar donde nos iban a fumigar, bien fumigados así y todo… A nosotros nos daba vergüenza porque teníamos que pasar como con 20 mujeres (…) Eran todas secretarias. Y con manos atrás, nada de taparse, nada… Nos quería hasta pegar (…) Nunca había yo pasado esas penas pero como yo lo que quería era llegar a Estados Unidos para hacer algo…”.

“Injusticias y abusos”

A través del Archivo Bracero, el gobierno de EE.UU., mediante el Museo Nacional de Historia y diferentes instituciones académicas, reconocen que los trabajadores fueron sometidos a una serie de “injusticias y abusos”.

“Muchos se enfrentaron a alojamiento deficiente, discriminación e incumplimiento de contratos, incluso fueron estafados al recibir sus salarios”, indica el sitio web.

Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Pese a estas investigaciones, ningún presidente o autoridad de alto cargo a nivel nacional en EE.UU. ha ofrecido disculpas públicas ni reparaciones por los efectos negativos que desencadenó el programa, indica la historiadora Mireya Loza.

Tampoco existe una investigación exhaustiva sobre el impacto de pesticidas, incluido el DDT, en la salud de millones de braceros que fueron fumigados.

Aunque el programa culminó hace casi seis décadas, aún queda una generación que vive para contarlo.

Carlos Marentes, activista por los derechos de los campesinos en El Paso, recogió también cientos de testimonios y denuncias de abusos laborales, y las fumigaciones sobresalían entre los recuerdos más amargos de los trabajadores.

“Naturalmente existía un miedo de que trajeran enfermedades contagiosas, pero eso conllevó a una estigmatización“, dice a BBC Mundo.

Para Marentes, el programa Bracero fue un ejemplo claro de “la contradicción en la política de inmigración” de Estados Unidos.

“Por una parte sabemos que los necesitamos (a los inmigrantes), para que hagan todo lo que no podemos o no queremos hacer, pero por otra parte nos han metido en la cabeza que hay que tenerles miedo”, sentencia.



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