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Cuartoscuro

En los últimos seis años más de 3 mil niñas han desaparecido en México, alertan organizaciones

Las organizaciones señalaron que por cada cuatro desapariciones de menores (tanto niñas y niños), tres ocurrieron durante la administración pasada (75.3%).
Cuartoscuro
3 de enero, 2019
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Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto desaparecieron al menos 4,980 menores y adolescentes, de las cuales 3,067 fueron niñas (61.6 %), alertó a Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM).

Encuentran el cuerpo de menor reportada como desaparecida en Chalco, Edomex

Las organizaciones señalaron que por cada cuatro desapariciones de menores (tanto niñas y niños), tres ocurrieron durante la administración pasada (75.3 %).

En la presentación de su balance anual, la REDIM expuso que el fenómeno se relaciona a diversos factores, principalmente a los delitos de trata de personas, o los relacionados con violencia y explotación sexual, tráfico de niñas y niños, así como a la violencia ejercida por grupos armados y delincuencia organizada.

El Estado de México y Puebla son las entidades señaladas con el mayor número de casos; ambas acumulan 40.5 % de las desapariciones del país durante el último sexenio.

Sobre los municipios más preocupantes, las organizaciones enlistaron a Puebla (389 casos); Tijuana (249); Ciudad Juárez (206); Monterrey (182); Hermosillo (160); Toluca (155); Culiacán (132); Matamoros (131); Ecatepec (123) y Nezahualcóyotl (122).

Tres de los municipios pertenecen al Estado de México, con mayor proporción a víctimas mujeres que hombres; en Ecatepec, por ejemplo, tres de cada cuatro víctimas de desaparición infantil o adolescente fueron mujeres.

Balance Anual REDIM: Desafíos del nuevo gobierno para garantizar los derechos de niñas, niños y adolescentes en México.

Posted by Red por los Derechos de la Infancia en México on Thursday, January 3, 2019

“Los datos van en ascenso hasta ahora y lamentablemente, sobre todo, la cifra de niñas desaparecidas”,  dijo Juan Martín Pérez García, director del red al hablar del balance.

También dijo que lo más preocupante es que se comience a generar “un foco rojo que va a traer a más grupos criminales internacionales porque en México existe un paraíso impunidad”.

La REDIM alertó que actualmente en México hay 6,614 menores desaparecidos, el 17.7 % del total de desapariciones en el país. También destacó que ocho de cada 10 niñas y jóvenes desaparecidas se encontraban entre los 13 y 17 años.

Alerta por presupuesto

Las organizaciones explicaron también que el Presupuesto de Egresos de la Federación en los últimos años “no ha sido suficiente para que el Estado pueda cumplir lo señalado en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de 2014”, por lo que invitaron al nuevo gobierno a tomar más en serio sus compromisos con la niñez.

Sobre el presupuesto para este año, Redim dijo que solo para el ramo del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) hubo una reducción del 16 %, respecto al año anterior.

“Dicho presupuesto impacta los recursos de la Procuraduría de Protección a niñas niños y adolescentes, la cual tienen un papel relevante, entre otras, en la evaluación y determinación del Interés Superior de niñez y adolescencia, así como en el diseño y seguimiento a planes de restitución de derechos”, destacó.

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El Mago de Oz: los mensajes subversivos ocultos en el famoso clásico del cine

Una película que nos muestra un mundo de "líderes inútiles" y "crédulos seguidores". A 80 años de su estreno, algunos ven en El mago de Oz muchas similitudes con el estado de cosas en el mundo actual.
18 de agosto, 2019
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En diciembre de 1937, Walt Disney lanzó su primer largometraje: “Blancanieves y los siete enanitos”.

El filme pasó a ser el mayor éxito del cine en 1938, uno que no solo alentó a Disney a hacer otros dibujos animados de cuentos de hadas en las próximas décadas, sino también a otro estudio, Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), a probar su propio musical de fantasía sobre un niña huérfana y una bruja malvada: “El mago de Oz”.

Pero a pesar de todas sus similitudes con Blancanieves…, la versión de MGM es más bien un anti cuento de hadas. Basta con mirar al trío de inadaptados que, asustados y endebles, acompañan a su heroína a lo largo del camino de ladrillos amarillos. Ninguno de ellos es lo que se diría un príncipe guapo.

En el ruido que hacen las extremidades oxidadas del hombre de hojalata se pueden escuchar ecos de la armadura casera de Don Quijote. Mientras que los ruidos nerviosos del trío cuando se preparan para colarse en el castillo de la bruja nos remontan a la escena en que Westley, Iñigo y Fezzik están a punto de invadir el castillo de Humperdinc, en La princesa prometida.

Dorothy Gale (Judy Garland) luce tan inocente con sus dos motonetas trenzadas, las canciones de Harburg y Arlen son tan deliciosas y las aventuras de Technicolor son tan emocionantes que todavía hoy es fácil pensar que “El mago de Oz” no fue realizada hace tanto tiempo, aunque han pasado 80 años desde su estreno.

A pesar de ello, la película revierte las convenciones de la narración del bien contra el mal de una manera que habría provocado la furia de Walt Disney.

Burlas a políticos y veteranos de guerra

Al inicio del filme, en recuadros de tono sepia, se advierte al espectador que la magia que está a punto de ver podría no ser totalmente mágica.

Tras huir de su casa en Kansas para evitar que su perro Toto sea sacrificado, Dorothy conoce a un clarividente viajero llamado Profesor Marvel (Frank Morgan), un personaje que no figura en la novela original de L. Frank Baum, sino que fue creado por los guionistas Noel Langley, Florence Ryerson y Edgar Allan Woolf.

Aunque luce amable, el profesor es en realidad un estafador que finge tener poderes psíquicos, mientras mira una foto que Dorothy lleva consigo.

Otra película podría haber contrastado a este vendedor ambulante terrenal con las maravillas genuinas realizadas por el increíble mago de Oz, pero en ésta el mago es interpretado por el mismo actor que el Profesor Marvel, y resulta ser el mismo personaje: un patán que se expresa como showman de feria mientras se esconde detrás de una cortina, desde donde mueve palancas y usa trucos mecánicos para mantener a sus súbditos leales y asustados.

El mago admite que terminó en la tierra de Oz cuando el globo de aire caliente en que viajaba llegó hasta allí y reconoce que incluso es incapaz de controlar el artefacto. No hay muchas otras películas que muestren cómo algunos políticos son tan descaradamente incompetentes.

Mago de Oz.

Getty Images
El filme es visto como un producto “contracultural”.

Antes de que el mago desaparezca, les entrega al espantapájaros (Ray Bolger), al león cobarde (Bert Lahr) y al hombre de hojalata (Jack Haley) un regalo a cada uno (un pergamino, una medalla y un reloj), mientras les asegura que con eso ya están a la par de aquellos hombres “de donde yo vengo”.

De esta manera, académicos y filántropos son ridiculizados. Asimismo, la película se burla de los veteranos de guerra al presentarlos como personas que “sacan su fortaleza de bolas de naftalina y la exhiben en desfiles por la calle principal de la ciudad” una vez al año, pero “no tienen más coraje que ustedes”.

Es cierto que no podemos tomarnos demasiado en serio lo que dice el embaucador mago, pero estos no son sentimientos radicales que se escuchen en cualquier película de Hollywood y mucho menos en una dirigida a niños.

Una parodia estridente del mundo actual

El guion de la película se burla de la idea de que el poder y la prosperidad llegan a quienes los merecen, incluso cuando se trata de la propia Dorothy.

La niña mata a una bruja malvada al aterrizar accidentalmente con una casa sobre ella, y mata a otra (Margaret Hamilton) al salpicarla con agua. En ambos casos, los asesinatos son accidentes, el resultado de pura casualidad en lugar de la valentía o la virtud de Dorothy.

Sin embargo, en ambos casos Dorothy es aclamada instantáneamente como una heroína conquistadora, tal y como lo fue el mago cuando aterrizó en Oz.

Aquí el mensaje es que la gente marchará detrás de cualquier figura de autoridad que tenga carisma, por muy poco merecedores de sus alabanzas que sean. Se trata de un mensaje subversivo en 2019, y fue aún más puntiagudo en 1939, cuando los dictadores fascistas pisotearon Europa.

Si bien la novela de Baum fue publicada a principios de siglo, la película dirigida por Victor Fleming (junto con dos compañeros no reconocidos) es en gran medida un producto de la década de 1930.

El audiovisual salió tres años después de que se inaugurara una importante exposición de Surrealismo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, y la forma en que muchas de sus escenas se convierten en un sueño febril de monos voladores y guardias de cara verde no es otra cosa que surrealista.

Mago de Oz.

Getty Images
“El mago de Oz” ganó más de 5 premios Oscar, entre ellos Mejor Banda Sonora, Mejor Fotografía, y Mejores Efectos Visuales.

También comparte un esquema con otras obras clave de la cultura de la era de la depresión.

El mismo año en que Dorothy abandonó su hogar en Kansas en medio del azote de un tornado y viajó a una metrópolis centelleante, Tom Joad y su familia salieron del Oklahoma Dust Bowl hacia California en “Las uvas de la ira”, de John Steinbeck.

Y solo un año antes, Clark Kent (quien, como Dorothy, era un huérfano criado por ancianos agricultores de Kansas) se reinventó en la gran ciudad como Superman. Tom Joad descubre que las condiciones no son mejores en California y se convierte en un líder laboral.

Superman, en sus primeras apariciones en los cómics, es una bola de demolición anarquista que no lucha contra los supervillanos, sino contra los “peces gordos” responsables de los barrios pobres y las riesgosas e inseguras minas.

Líderes inútiles y crédulos seguidores

Dorothy no llega tan lejos, pero viaja desde la árida campiña en el centro de Estados Unidos hasta un reluciente centro urbano, solo para descubrir que está gobernada por falsificadores y poblada por tontos.

También es significativo que la Ciudad Esmeralda no sea la torreta de la Ruritania falsa-medieval donde vive Blancanieves, ni es la colección de cúpulas y agujas estilo Estambul dibujadas por WW Denslow en las ilustraciones del libro original.

En cambio, es una masa modernista de rascacielos pintados con rayas de neón y, como casi todo lo demás en la tierra de Oz, es descaradamente artificial.

La película no lleva al público “sobre el arcoíris” hacia un pasado mítico, sino a una parodia estridente del presente ruidoso e industrializado.

Si “El mago de Oz” hubiera salido en la patriótica década de 1940 ó 1950, es difícil imaginar que este clásico contracultural se hubiera salido con la suya creando un mono volador en base a la sociedad contemporánea.

Pero Fleming y su equipo conjuraron la más poderosa de las películas para niños: un tornado que nos lleva a un mundo de dificultades y caos, de líderes inútiles y sus crédulos seguidores, y luego nos recuerda que es el mismo mundo en el que vivimos.


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