Pemex ha facilitado tomas clandestinas: este es el sistema de operación que heredó el nuevo gobierno
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Pemex ha facilitado tomas clandestinas: este es el sistema de operación que heredó el nuevo gobierno

La nueva administración federal heredó un Petróleos Mexicanos cuyas operaciones cotidianas están repletas de inconsistencias y huecos que facilitan el robo de petróleo crudo, refinados y demás hidrocarburos. Desde hace años, la Auditoría Superior de la Federación observó que Pemex no daba seguimiento operativo, jurídico ni contable a los volúmenes sustraídos de combustible.
Cuartoscuro
Por Ana Lilia Pérez /Newsweek México
27 de enero, 2019
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En el suroeste del Golfo de México, 140 kilómetros mar adentro al oeste de Campeche, en una zona de arrecifes hay una cadena de cayos rodeados de finas arenas blancas que a la vista resplandecen entre las aguas azul profundo. Se trata de los Cayos Arcas –Cayo Centro, Cayo Este y Cayo Oeste–, un paraíso para el pájaro bobo. En torno a los cayos se observan plataformas, barcos y estaciones donde se almacena buena parte del petróleo crudo que extrae Pemex.

Coronado por un alto faro, Cayo Arcas es un punto medular para la actividad petrolera y rebombeo de hidrocarburos en la Sonda de Campeche. Al oeste de Cayo Centro se encuentra un área de fondeo para remolcadores y, al suroeste, a unos dos kilómetros y medio, está la Terminal Marítima Cayo Arcas, donde hay una zona de fondeo para buquetanques.

Este es el sitio donde se realizan actividades de abastecimiento y transporte de hidrocarburos por el Golfo de México. Aquí Pemex mantiene un buquetanque anclado en las inmediaciones del arrecife. Y es que Cayo Arcas es la terminal portuaria más importante de exportación del crudo mexicano.

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La actividad aquí no para. Día y noche, durante toda la semana, en el extremo norte opera una plataforma de distribución que recibe petróleo y lo conduce a través de ductos submarinos que se extienden a lo largo de 72 kilómetros con dirección al sur. Las tuberías comunican esta plataforma al punto donde se encuentran las boyas de amarre dentro del área de la terminal.

Aquí solo ingresan buques petroleros en los que hombres de overol y casco se desplazan entre estas aguas para hacer posible que Pemex extraiga petróleo para exportar y abastecer el mercado nacional. El crudo que se saca de los diferentes yacimientos se transporta a través de ductos. Luego se procesa para obtener gas y aceite que se almacenan por separado. Posteriormente se distribuye a los diferentes centros de producción —tanto de exportación como de consumo interno—, por medio de monoboyas: unas instalaciones marítimas provistas de mangueras que se conectan a tubería submarinas que trasladan el crudo a los tanques de un buque.

La transferencia del crudo se hace principalmente para la Terminal Marítima de Dos Bocas, que es el puerto petrolero, industrial, comercial e internacional que Pemex comenzó a operar en los años 80 del siglo XX. Constituye uno de los puertos clave en la recepción de crudo.

Ubicado en la costa norte de Tabasco, a 160 kilómetros de Ciudad del Carmen, Dos Bocas es para Pemex su principal puerto para recibir, acondicionar, distribuir, embarcar y exportar petróleo.

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Más de la mitad de lo que Pemex produce lo exporta al mercado internacional vía Dos Bocas. Casi un millón de barriles diarios sale por este puerto, de acuerdo con datos oficiales.

También se lleva a las terminales de Veracruz (Tuxpan, Pajaritos) y Tamaulipas (Ciudad Madero). Desde estas se redistribuye a refinerías o se reembarca para exportación.

Todo parece un mecanismo perfectamente coordinado para que Pemex desarrolle sus labores. Solo que hay una peculiaridad: no hay concordancia entre la recepción y procesamiento de crudo, producción de gasolinas, ni en el almacenamiento, distribución y comercialización de productos pretrolíferos; esto, en el día a día de operaciones facilita la sustracción.

Lo anterior es parte del sistema que por muchos años ha operado en Pemex y que ha contribuido a aceitar la maquinaria que facilita el robo. Este es el sistema de operación habitual que heredó la nueva administración federal, y que ahora enfrenta el reto de corregir.

Un ingeniero con amplia experiencia en la sonda de Campeche accedió a conversar con Newsweek México y explicar lo que ocurre allí. Para ello pone un ejemplo:

“El activo Ku-Maloob Zaap tiene 14 plataformas productoras y de perforación. En cada una se registra lo que va saliendo de los pozos y se usan medidores de flujo básico. El crudo de las plataformas se va midiendo desde que sale del pozo. A la salida del pozo hay unos árboles de navidad (válvulas y carretos ensamblados en el tope de un pozo que sirven para controlar el flujo de crudo), y arriba, en la plataforma, hay tanques de separación donde ese crudo que sale de los árboles de navidad, se separa del gas y agua. Ese producto se mide a través de sistemas de monitoreo y control con medidores de flujo básicos, que indican lo que se recibe en metros cúbicos por hora, pero quien lo recibe no mide por metros cúbicos, simplemente registra una cifra que nadie coteja.

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“Cada plataforma satélite envía la producción, se concentra y se va por un ducto que llega a Dos Bocas o Frontera, pero se concentra lo que llega de cuatro complejos, y no se hace un cruce de información para confirmar que se recibe lo mismo que se extrajo de los pozos. En la práctica, tampoco hay un cruce de lo recibido con lo almacenado, porque los medidores de flujo básico solo reflejan flujo, y los medidores de la terminal con los que se reflejan los inventarios son medidores de nivel, y son incluso de otro tipo y de otro nivel de tolerancia”.

Así, explica el experto, hay incompatibilidad en los sistemas de medición del que transporta con el del que recibe y almacena. También hay incompatibilidad con el volumen movilizado mediante cabotaje para las terminales.

“Estamos hablando de mundos diferentes. Es prácticamente imposible conciliar cifras”, asegura.

En efecto, ya en las terminales se maneja un informe diario de movimientos de existencia. En este simplemente se escribe que tal o cual buque se reportó con cierto volumen, pero que a causa de “evaporaciones” mermó en proporciones que van del 10 al 12 por ciento. Ese es el porcentaje de tolerancia permitido, no obstante que la mayor parte del petróleo se transfiere en tanques cerrados y sellados con cúpula flotante, que evitan que el vapor se difumine o se disperse.

En la recepción, los embarques simplemente se marcan con el volumen que se recibe, pero las cifras no cuadran.

Es en altamar donde se realiza el trasiego ilegal del crudo: se emparejan los barcos, colocan mangueras, bombas sumergibles, y jalan una parte de la carga para luego llevarla “adonde lo tengan que llevar”. Además, estos barcos que transportan el crudo sustraído ilegalmente utilizan facturas apócrifas para sacar el producto de mares mexicanos y colocar el producto en el mercado internacional.

MERMA SIN CONTROL

Paralelamente, como reveló Newsweek México en octubre pasado, ha proliferado la sustracción ilegal de refinados (gasolina y diésel) vía marítima: barcos que en cabotaje transportan el producto también usando facturas apócrifas.

Otro eslabón de la operación cotidiana que facilita el robo ocurre en las terminales. Pemex tiene más de 80 terminales terrestres y marítimas de almacenamiento y despacho ubicadas en varios puntos de la república mexicana que son estratégicas porque forman parte de la cadena de suministro entre los centros productores, los puntos de importación y los canales de comercialización de productos petrolíferos. En estas también se normalizó la sustracción como “merma”. Ello ha ocurrido por mucho tiempo.

Uno de los problemas es que no hay un procedimiento para cruzar las cifras exactas con las que el barco sale y entra entre terminales; simplemente se registra con lo que llega, y si hubo diferencia también se registra como “merma”.

Entre los contralores de Pemex recuerdan un caso ocurrido en la Terminal de Almacenamiento y Despacho en Veracruz, conocida como El Sardinero. Se trata de una instalación que suministra gasolinas y diésel a 17 municipios de Veracruz.

Allí, uno de los encargados comenzó a sustraer esas “mermas” y sacarlas mediante pipas. Un día recibió la visita de policías que llegaron a indicarle que a partir de entonces por cada alijo (mercancía de contrabando) que sacara, una sería para ellos. Dicha exigencia fue subiendo en proporción, hasta que llegaron a pedirle tres pipas por cada una que sacara él.

El funcionario calculó que la “merma” no le daba para tanto, y comenzó a negarse. Primero le fracturaron un brazo, y él hizo rendir más la “merma”. Luego le exigieron una pipa por día, y como los barcos llegan cada semana, ya eran siete pipas por barco. Pero la “merma” ya no le alcanzó, y tras ser advertido de que no pasaría de ese día, acudió a denunciarse ante los auditores internos a cambio de protección.

Lee la nota completa en Newsweek México

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Día de Muertos: Pomuch, el pueblo de México donde sacan los cadáveres para limpiar sus huesos

La tradición de un pequeño pueblo en Campeche de limpiar los restos de sus familiares antes de cada 1 de noviembre atrae la atención desde hace décadas incluso de turistas.
1 de noviembre, 2021
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Atención: este artículo contiene imágenes que pueden herir la sensibilidad de algunos lectores.

Al entrar por primera vez en el cementerio de Pomuch es probable sentirse incómodo e incluso asustado al creerse observado por la atenta mirada de decenas de cráneos.

Aunque, durante esos primeros minutos de la visita, la persona que pasea por los estrechos y laberínticos callejones de este camposanto puede estar más preocupada incluso por no tocar y mucho menos tirar al suelo involuntariamente alguna de las cajas que contienen -y muestran- los huesos de los cadáveres.

Porque sí, en este poblado del estado de Campeche, en el sureste mexicano, los restos óseos de los fallecidos descansan todo el año en cajas entreabiertas que reposan en sus nichos del cementerio.

Sin embargo, es en esta época del año, justo antes del Día de Muertos, cuando sus vecinos protagonizan otra curiosa tradición que atrae a cientos de turistas: la limpieza de los huesos de sus familiares.

Este ritual, que en maya se conoce como Choo Ba’ak, se celebra en el pueblo desde hace al menos 150 años, según Hernesto Pool, promotor local de esta tradición.

“Nos basamos en la cosmología maya, que aseguraban que los muertos tenían más allá de una vida. Con esta tradición de tenerle culto a los muertos, entendemos que existe vida después de la muerte, que existe el paso del inframundo y luego regresa de nuevo”, le explica a BBC Mundo.

Cráneo en cementerio de Pomuch

Marcos González

El proceso de limpieza

Pomuch pertenece al municipio de Hecelchakán, un caluroso y tranquilo lugar en la península de Yucatán.

Map

El ambiente relajado que se percibe en su cementerio ayuda a que, pasados unos minutos, vaya desapareciendo ese impacto inicial durante una primera visita al lugar.

Desde mediados de octubre, parientes de los fallecidos acuden para hacer la limpieza de huesos de sus difuntos y tenerlos listos para el 31 de octubre y 1 de noviembre, días en los que se cree que regresan los niños y los adultos respectivamente.

Cementerio de Pomuch.

Marcos González

Las familias conversan tranquilamente entre sí mientras lo realizan. La mayoría trae flores y velas para adornar el nicho y también bellos paños bordados o pintados con flores y el nombre del difunto, sobre el que reposarán los huesos limpios y que permitirá retirar el usado el año anterior.

“Con la limpieza es como si se les bañara y con el nuevo paño es como cambiarles la ropa, porque están a punto de venir de visita y tienen que estar preparados. Las veladoras se ponen para que vean el camino y puedan regresar con nosotros”, cuenta Ricardo Yam, quien trabaja pintando los nichos y que se encarga cada año de limpiar los huesos de uno de sus gemelos, fallecido al nacer hace 28 años y por el que se sigue emocionando cuando lo recuerda.

Ricardo Yam

Marcos González
Ricardo Yam trabaja como pintor en el cementerio de Pomuch.

A algunos vecinos, sin embargo, les resulta duro ocuparse personalmente de limpiar los huesos de sus familiares, por lo que piden ayuda a personas como Venancio Tuz, sepulturero del cementerio.

Con asombrosa rapidez y tranquilidad, don Venancio limpia de manera mecánica el conjunto de huesos de quien se lo pide en menos de 15 minutos.

Uno a uno, va retirando el polvo de cada hueso con ayuda de una brocha y los vuelve a depositar en su caja sobre el paño nuevo.

Limpieza de huesos

Marcos González

“El orden para limpiarlos es como si ellos estuvieran parados (de pie), de abajo para arriba. Por eso a los lados de la caja van las costillas, luego los huesos de pierna y brazos, y lo último es el cráneo que va arriba en el centro. El cabello, como ve, nunca se pierde”, relata a BBC Mundo, sin dejar ni un minuto su trabajo.

El sepulturero cuenta que al menos deben pasar tres años desde la muerte de la persona para poder realizar la primera limpieza de huesos, una vez que el cuerpo se ha descompuesto.

Don Venancio

Marcos González
Don Venancio lleva 20 años limpiando huesos de cadáveres del cementerio.

Entiende que su trabajo no sea apto para todos. Cuenta que realizarlo “costaba al principio”, pero que ya está más acostumbrado tras 20 años dedicándose a ello. Durante estas semanas puede llegar a limpiar hasta 15 cuerpos al día. A cambio, pide 30 pesos (US$1,5).

Frente a él, dos jóvenes extranjeras observan el ritual en silencio mientras graban con su teléfono. Hay más localidades en la zona con tradiciones similares, pero es Pomuch la que atrae más atencion de turistas, especialmente desde que su práctica fue nombrada Patrimonio Cultural Intangible del estado de Campeche en 2017.

Cráneo en cementerio de Pomuch

Marcos González

El futuro de la tradición

Uno de los cuerpos limpiados por don Venancio es el del hermano de Carmen Naal. Ella dice que normalmente se suele encargar su marido, pero que este año decidió pedir ayuda al sepulturero ante el poco tiempo que quedaba para el 1 de noviembre.

“Además, esta vez están más sucios de lo habitual porque el año pasado no pudimos hacerlo por la pandemia y porque falleció mi mamá. Así que este año no podíamos faltar”, comparte con una sonrisa.

Carmen Naal

Marcos González
Carmen Naal acudió al cementerio para preparar a todos sus familiares tras no poder hacerlo en 2020 por la pandemia.

Esta vecina de Pomuch habla con pasión de esta tradición de la que siente gran orgullo. Para ella, la limpieza de huesos es un momento “muy íntimo y cercano, sientes como que estás abrazando con amor de nuevo a tu familia”.

La visita a este cementerio está marcada también por los alegres y llamativos colores que decoran los nichos, muchos de los cuales son pintados de nuevo antes del Día de Muertos.

“Se pintan y limpian como si fuera una casa en miniatura. Es como si los muertos se cambiaron de casa y hay que visitarles”, compara Naal.

Cementerio de Pomuch.

Marcos González
Cementerio de Pomuch.

Marcos González

Ella se muestra esperanzada de que la tradición no desaparezca con las nuevas generaciones y asegura que a sus hijos les ha inculcado que quiere que sigan la tradición con ella una vez que muera, pero lo cierto es que apenas se ven jóvenes en el cementerio.

Una de ellas es María José, una adolescente que acompaña a su mamá y que asegura que continuará la tradición cuando ella no esté.

Ligia y M. José

Marcos González
Ligia se esfuerza en que su hija María José continúe con la tradición de la limpieza de huesos.

Su madre, Ligia Pool, asiste a una de las limpiezas que probablemente sea más impactante: la de un bebé.

De su hija, fallecida recién nacida hace tres décadas, se conservan pocos restos pero se adivina su edad por el tamaño de los mismos y unas pequeñas botitas de tela que luce en la limpieza.

“Platicamos con ellos, es como si los tuviéramos con nosotros. Murió su cuerpo, pero la persona sigue con nosotros y estos días son para festejarlos a ellos. Por eso los padres inculcamos esta tradición a los hijos, yo le digo a la niña: ‘esta es tu hermana, aquí está con 30 años, como si fuera ayer…'”, dice conteniendo el llanto.

Cuando se le pregunta a Hernesto Pool si comprende que muchas personas no entiendan su tradición, responde sin dudar. “Esto no es algo macabro, no es algo de miedo. En Pomuch no se adora a la muerte, se le respeta y se da el valor que merece, que es el paso de la vida”.

Cráneo en cementerio de Pomuch

Marcos González

Sea como fuere, quienes ocupan este cementerio continuarán tras el Día de Muertos asomando parte de sus cráneos desde sus cajas como símbolo de que “están en vigilancia, pendientes de nosotros con su mirada al frente y viendo hacia nuestro mundo”, según el promotor local.

Es en esa posición que esperarán por 12 meses a ser meticulosamente limpiados por sus seres queridos. “Y es que yo creo que los muertos de Pomuch no mueren hasta que nosotros los olvidamos. Por eso la importancia de esta tradición”, concluye Pool.

Cementerio de Pomuch.

Marcos González

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